El cambio es uno de los temas que siempre me ha apasionado. Lo he
investigado a lo largo de toda mi carrera laboral. Lo experimenté y lo
continúo experimentando en mi vida personal.
Entre otras tantas cosas, se habla mucho del cambio. En palabras, todo
parece muy simple, es más, se lo expresa de tal manera que aquellos que
no podamos "subirnos al trencito" del cambio nos quedaremos para siempre
en el andén de la vieja estación. Las colas para sacar boletos son
largas y lentas, nos llenamos de ansiedad pensando que nos quedaremos,
irremediablemente, abajo.
Después de mucha cola, de mucho boleto y de mucha ansiedad, he concluido
que nadie puede cambiar a nadie, y mucho menos a través de unas líneas
escritas o unas frases con olor a profecía. El cambio no es un sitio, un
espacio. Es una sensación. A lo sumo, y con mucha suerte, es posible
acompañar a quien desea iniciar un proceso de cambio, que no es otra
cosa que comenzar a acercarse a su propia esencia, a su "si mismo",
despojándose de las máscaras y recetas compradas para el viaje.
¿Qué tiene que ver esto con las Empresas?
Todo. Tratamos (empresas, dirigentes y empleados) afanosamente de ser lo
que no somos, pensando que la panacea consiste en convertirnos en "eso"
que se dice que debemos ser. Nos comenzamos a esconder detrás de las
palabras, sueltas o en frases. Las palabras nos enmarañan y no nos damos
cuenta que de a poco se nos apaga la creatividad y nos alejamos cada vez
más de nosotros mismos.
Oscar Osvaldo Conti ocontiarrobascya.com.arJosé
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