Basta con ver las columnas de negocios en la prensa. Siguen saliendo los mismos apellidos de empresarios de hace dos décadas, o simplemente los de toda la vida.
Si acaso ya no salen, es porque quebraron o vendieron -a
billetazos están sacando los extranjeros a los mexicanos de sus
empresas-.
Los emprendedores son el motor esencial de la economía; la mueven, le
exigen, abren espacios, demandan productos, servicio y talento.
Si no hay emprendedores, un país se detiene. Si no hay una estrategia
nacional para promover emprendedores, estamos fritos. Si no hay una
política con la intención de premiar a quien genera riqueza, estamos
refritos.
Parte del problema es que la mitad de los emprendedores de este país
están en la economía informal. Decidieron no darse de alta nunca y así
no tienen personalidad fiscal.
Un funcionario de gobierno lo decía hace algunos años: los emprendedores
en México son verdaderos héroes.
Si esto es cierto, entonces cómo emprender en un país que tiene que
enfrenta el siguiente contexto:
1.- Capital inaccesible. El acceso a capital para financiar empresas
sigue frenado en México desde 1995. Muchos empresarios todavía siguen
pagando las deudas y parece que las van a tener que heredar.
La banca en México -no se puede decir banca mexicana-, según diversos
estudios, reprueba estándares internacionales de servicio y
competitividad. Una banca débil es como un cuerpo con un corazón
infartado, varias veces.
Sólo los grandes grupos -que cada vez son menos- son los que tienen
acceso a financiamientos internacionales y capacidad para emitir bonos.
Más del 90% de las empresas que todavía son mexicanas son familiares, y
la mayoría son pequeñas y medianas.
¿De qué sirven las buenas ideas, el arrojo de empresarios, la mentalidad
emprendedora; si toda esta energía no puede financiarse?
Los extranjeros sí pueden y por eso andan de compras en México.
Pareciera que el empresario inteligente en nuestro país es aquél que
vende bien su negocio.
2.- Capacidad de compra. Wal-Mart, por ejemplo, tiene una capacidad de
compra impresionante. Es la tienda de menudeo más grande del mundo y
para otras cadenas, es prácticamente imposible obtener las ventajas y
facilidades que Wal-Mart demanda a sus proveedores.
3.- Escala. La maquila se convirtió en el gran programa nacional y
funcionó por un tiempo. Un programa de maquila es una aspirina para el
desarrollo; no soluciona el problema de fondo porque la riqueza se va y
los diseños y las marcas no pertenecen a los mexicanos. Ahora se
cuestiona su viabilidad.
Muchos exportadores -los únicos favorecidos en la masacre del ’95- se
acostumbraron a competir basados en la devaluación; ahora se trae el
grito de la productividad.
Pero ni la productividad parece ser suficiente. La escala de
norteamericanos y la de los chinos es arrolladora.
La respuesta parece estar en la redefinición de negocio y enfocarse a
nichos de mercado que demanden flexibilidad, más que la dimensión de
escala.
Los grandes negocios rara vez se hacen bajando costos y gastos.
4.- Mano de obra barata.- Por un lado está bien que no se paguen los
sueldos de miseria que se pagan en China. Pero la industria mundial se
está yendo para allá, incluso algunos audaces mexicanos lo están
haciendo.
5.- Mente global.- de las empresas más globales de México está Cemex.
Basta con ver cómo está compuesta su fuerza laboral, por ejemplo en
nuestro país, para confirmar que la globalización es mucho más que tener
presencia física en los países. Y aquí volvemos al principio, para
expandirse globalmente se requiere de financiamiento.
6.- Educación.- Para dejar de ser un país en "vías de desarrollo", la
solución permanente, definitiva, y contundente de México está en la
educación.
Siempre atrapados en lo urgente y en conflicto de prioridades, la
educación en nuestro país se ha rezagado. Y el país no despega.
Gente talentosa con preparación es el primer requisito para el
desarrollo de una organización y de un país.
7.- Propiedad Intelectual.- Una forma de medir el nivel de conocimiento
y el capital intelectual de un país es la cantidad de patentes que se
registran. Para ser competitivos globalmente, se tienen que generar
patentes a nivel mundial. En 1997 la oficina de patentes en México
recibió solicitudes por 10,531 patentes pero sólo el 4% eran de
mexicanos.
El dinero está en quien tiene la propiedad intelectual del concepto, del
diseño y la marca.
Comprar ropa en el extranjero es un ritual de clase media a
alta, y la sorpresa es que cada vez aparecen más etiquetas de made in
México; qué bien, pero qué miedo porque los Calvin Klein, los Boss, -o
en otros giros- Ford, VW o GM, pueden llevarse la manufactura a otro
país de la noche a la mañana.
Michael Porter, con su perspectiva foránea, acaba de recomendar a México
"estudiar otros mercados y aplicar la experiencia y conocimiento para
convertirse en proveedores de compañías trasnacionales". Michael,
gracias; pero justamente lo que necesitamos es sacudirnos ese marco
mental de país maquilador.
Los países líderes ya no están en la ola industrial; hay sobrecapacidad
instalada en el mundo.
Hacen falta mexicanos irreverentes, con ideas frescas, con ganas de
generar propiedad intelectual. Hace falta un cambio de fondo al sistema
económico del país para financiar a emprendedores.
Horacio Marchand - horacioarrobahoraciomarchand.com www.horaciomarchand.com
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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