En Mayo de 2002 la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) reveló la
existencia de 203.934 personas (60,2% de la población total del
aglomerado urbano Santiago del Estero-La Banda) bajo la línea de
pobreza. Esto significaba que sus ingresos resultaban insuficientes para
costear las necesidades de sus presupuestos familiares, al margen de la
alimentación. Asimismo, en ese mismo mes la EPH registró la existencia
de 94.176 personas indigentes (27,8%) a las que sus ingresos no les
alcanzaban para comprar una Canasta Básica de Alimentos para cubrir sus
necesidades alimentarias básicas.
En Octubre, -segunda medición anual de la EPH- crecieron tanto el número
de pobres como indigentes. Bajo la Línea de Pobreza, se ubicaron 205.800
personas (66,5%) o sea un 6% más que en mayo. Por debajo de la Línea de
Indigencia, cayeron 102.900 personas (31,7%) o sea un 3,9% más que en
mayo.
En valores absolutos, el número de pobres creció en 6 meses de 203.934 a
205.800 y el de indigentes aumentó de 94.176 personas en esa situación a
102.900. Esto significa que una población de 10.590 personas bajaron un
escalón del segmento social y se convirtieron en pobres y otros pasaron
a ser indigentes.
En este punto cabe aclarar que el Indec señala como “pobre” a aquella
persona/s que no llegan a cubrir un valor determinado de la Canasta
Básica Total (CBT) compuesta por -además de alimentos- otras necesidades
no alimentarias como indumentaria, servicios, transporte, etc.
Por otro lado, la misma fuente describe como “indigente” a aquella
persona que con sus ingresos no logra adquirir una canasta básica de
alimentos que le permita cubrir sus necesidades calóricas básicas de
nutrición.
En este mismo lapso de mayo/octubre de 2002, la población del aglomerado
Santiago-La Banda creció en 4.239 personas, mientras que el número de
pobres e indigentes superó en más del doble el crecimiento poblacional.
Es decir, el avance de la pobreza fue mayor en un 100% que el incremento
poblacional.
En la actualidad existen 308.700 personas entre pobres e indigentes en
Santiago-La Banda sobre una población total de 343.000 personas en estos
dos principales núcleos urbanos de la provincia.
El efecto inflacionario
Una familia tipo de 4 personas -dos adultos y dos menores como lo es el
número promedio de población en los hogares de Santiago del Estero-
necesitaba en marzo de 2002 un presupuesto de $215,78 para cubrir sus
necesidades alimentarias básicas.
En marzo de 2003 la misma familia demanda $333,19 para satisfacer las
mismas necesidades. Ello implica un aumento en su presupuesto familiar
de $ 117 solamente para cubrir necesidades alimentarias básicas.
Asimismo, una familia compuesta por 4 personas demandaba en marzo de
2002 un presupuesto de $524,35 para cubrir además de su alimentación
otras necesidades como transporte, servicios, indumentaria, etc.
mientras que en marzo de 2003 demanda $723,03. O sea casi $200 más.
Un dato para tener en cuenta es que el ingreso promedio de un asalariado
santiagueño es de $366,90. Esto significa que el salario de una persona
con empleo apenas alcanza para cubrir la canasta básica de alimentos y,
a su vez, representa sólo la mitad de lo que necesitaría para escapar a
la línea de pobreza, por debajo de la cual se encuentra.
Los sectores económicos
El año 2002 fue crítico en materia de pérdida de empleos. Sólo el
comercio perdió 1500 fuentes laborales en toda la provincia según los
informes oficiales publicados por el área de Previsión Social del
Sindicato de Empleados de Comercio. Esta cifra es una cuarta parte de la
totalidad de empleados del sector a nivel provincial.
La Cámara de Comercio e Industria (CCI) de Santiago del Estero realizó
una encuesta en febrero de este año que recogió el efecto de la crisis
de 2002 en este ámbito. Sólo en el sector céntrico de la ciudad se
relevaron 1.564 negocios en funcionamiento y otros 247 (un 16%) que
cerraron en 2002.
Entre los negocios de los rubros más afectados fueron la venta de
electrodomésticos y de muebles y artículos para el hogar que, en
conjunto, superan la decena de negocios de primera línea y las grandes
superficies que desaparecieron de la faz comercial. Algunas de las que
cerraron, eran representantes locales de firmas nacionales. Además, las
firmas que quedaron hicieron un recorte de gastos y una gran cantidad de
trabajadores del sector pasó a revistar en las filas de los desocupados.
En forma paralela a los cierres, surgieron pequeños negocios como
kioskos y “drugstores” que en pequeñas superficies ofrecen amplia
variedad de productos, atendidos por una sola persona.
Durante el año 2002 la falta de crédito, el deterioro del poder
adquisitivo de la gente con una inflación del 30% a mediados de año y
que cerró el 2002 por arriba de un 40%, ocasionó un golpe a las ventas
de todos los comercios.
A su vez, mientras los sueldos siguieron en pesos y en cuasimonedas
(Lecops) los diferentes productos de bienes durables especialmente, se
valuaron al ritmo del dólar. Es decir, triplicaron su valor.
Sin crédito y con precios tres veces más altos que en 2001, una gran
cantidad de negocios y empresas prestadoras de servicio se vieron
asfixiadas financieramente. También, los proveedores endurecieron las
condiciones de venta y en una gran cantidad de rubros -por ejemplo
alimentos- la mercadería se entregó a cambio de pagos adelantados.
Toda esta situación llevó a un grupo de 23 instituciones locales a
elevar un pedido de moratoria al gobierno provincial para lograr un poco
de oxígeno en el pago de sus impuestos (Ingresos Brutos, Rentas, Sellos,
Automotor, Inmobiliario) y evitar las posteriores ejecuciones
judiciales. Pero, la moratoria nunca llegó a aplicarse.
Más demanda de seguros
Un dato revelador de lo que sucedió con el empleo durante el 2002 lo
muestra las estadísticas de Seguros de Desempleo otorgados por la
Administración Nacional de Seguridad Social (Anses). Estos seguros, se
pagan a los empleados registrados, siempre que hayan sido despedidos de
sus empleos y realizado aportes por más de un año al Sistema de
Seguridad Social.
De esta forma, durante el 2002, la cantidad de seguros de Desempleo
otorgados por la Anses llegó a casi 25.000 personas. Las mensualidades
que se pagan van desde un mínimo de $150 a un máximo de $300 y ese monto
varia acorde a los aportes realizados por el beneficiario.
En este sentido, el 2002 recogió en promedio, 2.041 solicitudes
mensuales. Al finalizar el año, fueron un total de 24.498 personas que
fueron despedidas de sus empleos las que pidieron este beneficio
otorgado por el Estado. Fue ésta la mayor cantidad de seguros otorgados
desde que se puso en marcha el sistema en Santiago del Estero.
Uno de cada cuatro
Hoy, en la provincia de Santiago del Estero por cada 4 personas
ocupadas, hay una que tiene problemas de empleo. Ya sea porque carece de
un trabajo o bien, está subempleado -trabaja menos de 35 horas
semanales- y en condiciones laborales precarias o marginales.
Asimismo, sobre la Población Económicamente Activa (PEA) que se ubica en
una cantidad de 118.000 personas, están ocupadas y con trabajo
registrado 106.000 personas mientras que entre desocupados y subocupados
hay 27.000 con problemas para conseguir trabajo. Están desempleadas
12.000 personas y subocupados 15.000.
Una estimación sobre los datos oficiales indica que la salida del
mercado laboral formal de estas 12.000 personas implicó la salida de
circulación del circuito económico de $ 4.380.000 mensuales sólo en
salarios que dejaron de pagarse, teniendo en cuenta el promedio de
ingresos de los asalariados locales. Trasladado a los doce meses de un
año, ello implica un monto de $56,9 millones menos que salieron de
circulación del mercado de bienes y consumo local.
Menos ingresos
Asimismo, el descenso de ingresos de aquellas personas que tenían un
empleo formal y pasaron a revistar en la informalidad a partir de estar
subempleados (15.000 personas) ó en los planes sociales, marca una caída
de ingresos que va de un salario promedio de $365 a las prestaciones por
los planes Jefes de Hogar que se ubican en $150.
La brecha, es de $215 menos por cada asalariado que pasó a ser un
subempleado. Multiplicado por las 15.000 personas que se ubicarían en
esta situación, implica que otros $ 3.225.000 salieron de circulación
del mercado. Trasladado a un año, ello implica un monto aproximado a los
$41,9 millones.
Si se suman los montos de los ingresos que se esfumaron del circuito
económico por el avance de la desocupación y la subocupación en 2002, se
obtiene que casi $100 millones, más exactamente $98,8 millones salieron
del mercado de consumo de bienes y servicios local.
Los planes asistenciales
Otro dato más que marca la emergencia social que vive la provincia desde
el inicio del año 2002 fue la cantidad de beneficiarios de los planes
Jefes de Hogar que revistan en estos programas.
En febrero de 2002 cuando se inició la inscripción para estos planes que
contemplan una mensualidad en cuasimoneda de 150 Lecops (Letras de
Cancelación de Obligaciones Provinciales), se anotaron menos de 10.000
personas. Pero, en los dos meses siguientes el número llegó a 40.000
para estabilizarse luego hacia fin de año en un total de 55.000
beneficiarios.
De esta forma, el Estado nacional asiste a través del Ministerio de
Trabajo y Seguridad Social (MTSS) de la Nación a estos beneficiarios,
cuyo requisito principal para acceder al beneficio es estar desempleado
y tener carga de familia.
En toda la provincia, hay 55.000 beneficiarios de los planes Jefes y
Jefas de Hogar. Son la primera fuerza laboral de la provincia ya que ni
el Estado provincial con toda su administración pública consigue igualar
este número. Menos aún la suma de empleos del sector privado que suman
menos del 50% de los empleados públicos.
Aportado por: Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas.
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