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CONDENADOS A VIVIR ENTRE LA CHUSMA EMERGENTE

Autor: Renato Blanco 

MACROECONOMÍA

03 / 2005  

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Si creía que obtener el grado de inversión era la cura de todos nuestros dolores, simple y sencillamente se equivocó. Seguimos igual de amolados. El grado de inversión que hoy tenemos solamente reconoce la adecuada liquidez temporal de nuestro país para afrontar los compromisos externos, mientras que la semilla de nuestros males radica más bien en un problema histórico de solvencia. 

Tanto Moody´s, como Fitch Ratings y Standard & Poors coinciden en considerar la deuda soberana de México dentro de la zona del grado de inversión.

Los motivos que las llevaron a esta determinación son muy similares en los 3 casos.

Podríamos afirmar que el grado de inversión es el reconocimiento final a las autoridades financieras mexicanas por una labor de reconstrucción de la economía del país que inició el ex presidente Zedillo luego de la crisis del 95 y que permitió evitar en el año 2000 la acostumbrada crisis de final de sexenio. 

En general estos son los principales puntos que movieron a las agencias calificadoras a otorgarnos el anhelado grado de inversión: 

- La experiencia y capacidad de las autoridades mexicanas para sortear sin fuertes sobresaltos la colección de choques externos que nos han amenazado en los últimos años.

Si hacemos un recuento veremos que la mezcla adecuada y congruente de políticas fiscal y monetaria de los últimos años nos permitieron salir ilesos o con daños menores de sucesos como la crisis asiática, la rusa, la brasileña, soportar la fuerte caída de los ingresos petroleros en 1999, evitar casi por completo el contagio del efecto tango y sortear la actual recesión económica sin dramáticos y añejos dolores como las terribles mega devaluaciones, las fugas de capitales, el descontrol de la inflación, el desbordamiento de las tasas de interés, etc. 

Hoy en día estamos aprendiendo como país que se puede vivir en un entorno adverso (como éste que se origina por la recesión en EUA) y también mantener bajo control la estabilidad de los indicadores macroeconómicos que nos permitirán retomar el crecimiento con mayor facilidad cuando el ciclo económico dé la vuelta. 

- Disposición y capacidad del gobierno mexicano para mantener la disciplina y promover la transparencia en el renglón fiscal. En este sentido se reconoce el compromiso de las autoridades mexicanas por ajustar automáticamente el gasto público en épocas de vacas flacas.

El mecanismo de ajuste al gasto permite adecuar el presupuesto de egresos a eventuales caídas en los ingresos del gobierno (como la disminución en los precios internacionales del petróleo). 

Las calificadoras también aplaudieron el hecho de que la recaudación de impuestos se elevó en el 2001 con respecto al año anterior a pesar de haber sido un año de recesión económica.

El reconocimiento pleno del gobierno mexicano del verdadero monto del déficit público (aproximadamente 4% del PIB al agregar el saldo de los requerimientos financieros del sector público) también fue bien visto por las agencias calificadoras. 

- La fuerte y cada vez mayor integración económica y financiera entre México y EUA. Para bien o para mal la economía mexicana está completamente amarrada de las patitas a la economía estadounidense. Que mejor ejemplo que los efectos actuales de la recesión de EUA sobre la actividad económica en nuestro país. 

Esta fuerte dependencia comercial, acelerada con el Tratado de Libre Comercio, abre la posibilidad de continuos y mayores flujos de inversión extranjera hacia nuestro país y una mayor generación de divisas, producto de las exportaciones a EUA, una vez que este gigante despierte de nuevo. 

Esta misma integración ha ocasionado que los mercados financieros mexicanos se vean más influenciados por lo que pasa con el Nasdaq y el Dow Jones que por los movimientos en mercados latinoamericanos y otros emergentes. Por esta cuestión es que México ha logrado evitar algún contagio fuerte proveniente de otras latitudes. 

- La reestructuración de la deuda externa y una mejor posición de liquidez para afrontar cualquier eventualidad. El gobierno mexicano logró renegociar en el 2001 un perfil de vencimiento promedio de la deuda externa a 17.5 años (comparado con el perfil a 9 años que mantenía en el 2000) además de que se consiguieron tasas fijas para el 73% de esa deuda externa.

Este aplazamiento en la amortización de la deuda externa junto con la fuerte acumulación de reservas a lo largo del 2001 permite al gobierno gozar de una adecuada liquidez para enfrentar cualquier eventualidad. 

Si bien estos elementos convencieron a las calificadoras para darnos el grado de inversión, también hay que señalar la verdadera naturaleza de este diploma que acabamos de recibir. 

- El grado de inversión no nos convierte de un día para otro en primer mundistas. Tener este título "privilegiado" de inversión no es sinónimo de que seamos un país desarrollado, donde no existan desigualdades económicas, fuertes rezagos sociales ni problemas de índole política. Seguimos siendo los mismos tercermundistas de siempre, lo único que ese título garantiza es que tenemos la capacidad para pagar nuestra deuda externa al menos en este momento. 

- El grado de inversión que hoy tenemos no iguala nuestra capacidad de pago con la de los países desarrollados. Nos quedan muchos escalones por avanzar para codearnos con los grandes. A pesar del exclusivo título, nuestro nivel de riesgo crediticio se compara con el de países como Croacia, Omán, Lituania, Tailandia, Trinidad y Tobago, Uruguay, Filipinas, Egipto, Túnez, Qatar, Barbados o Sudáfrica, entre otras naciones según las distintas escalas de cada calificadora. Como verá seguimos viviendo en el mismo vecindario y con la misma chusma emergente. 

- Así como nos ganamos nuestro grado de inversión, así mismo podemos perderlo. Las calificaciones de riesgo crediticio no son contratos fijos multianuales, más bien dependen de la capacidad de pago del deudor y pueden variar en cualquier momento ante un cambio drástico en las condiciones económicas del país evaluado. Aunque usted no lo crea, Enron, la compañía energética más quebrada del mundo, tenía hace más de un año la calificación AA y mire usted por donde anda ahora… 

También Argentina gozaba no hace muchos años del famoso grado de inversión. Así que obtener ese diploma tampoco garantiza el éxito económico en el futuro. 

- No hay que olvidar que las agencias calificadoras también son negocios privados. Por esta razón otorgar mejores calificaciones o ser más "barcos" al calificar, implica generar mayores simpatías entre los clientes que lógicamente buscarán a las agencias calificadoras más "blanditas" para conseguir créditos en el exterior a menores tasas de financiamiento. 

De este modo las calificadoras en su afán por hacer negocio pueden en ocasiones otorgar ratings que no corresponden con la realidad del país evaluado. Por ejemplo en marzo del 2000 se notó descaradamente como Moody´s nos daba el grado de inversión más por cuestiones de estrategia de mercado que por un análisis imparcial de nuestro balance de riesgos. 

Para ese entonces México entraba apenas a la interrogante del proceso electoral más competido de toda su historia y nadie sabía cómo iba a terminar aquello. Incluso estaba latente el riesgo de una crisis sexenal. 

Evidentemente Moody´s se adelantó para ganar el mercado de estados y municipios en México que justamente en ese momento se autorizaba su apertura al financiamiento en los mercados internacionales. Así que las calificadoras no tienen la verdad absoluta cuando otorgan sus ratings, eso depende del color del cristal con que se mire. 

Parece que las 3 calificadoras coinciden en que México no podrá aspirar a alcanzar mejores notas mientras no se trabaje decididamente en asegurar la solvencia del país. 

El problema está en que no sabemos distinguir entre liquidez y solvencia, frecuentemente usamos los términos como sinónimos cuando en realidad no lo son. 

La liquidez tiene que ver con nuestra disponibilidad de efectivo para afrontar compromisos en el corto plazo mientras que la solvencia es un concepto más amplio que hace referencia a la estabilidad y solidez financiera en el mediano y largo plazo. Un país líquido pero insolvente no puede llegar muy lejos. 

La economía mexicana muestra serias deficiencias en materia de solvencia que deben reducirse sensiblemente si no queremos llevarlas en unos años a una situación insostenible.

 Los focos amarillos señalan 3 bombas de tiempo: el elevado monto del verdadero déficit público (4% del PIB) que no se ha visto reducido desde el año 2000; la persistente escasez de recursos fiscales ante la incapacidad de las autoridades de llevar a buen fin una reforma fiscal eficiente capaz de generar recursos suficientes que minimicen nuestra dependencia petrolera; y la urgencia de concretar las reformas estructurales que serán la base del crecimiento futuro de nuestra economía. 

Definitivamente preocupa el hecho de que nuestras autoridades no han tenido la capacidad de conseguir consensos para empujar las reformas necesarias para crecer sostenidamente.

 Ya vimos el lío que se volvió la reforma fiscal y sinceramente no quiero pensar cuál será el rumbo de la reforma eléctrica y la petrolera. La estabilidad que hoy tenemos no nos sirve de nada si no aseguramos desde hoy nuestra capacidad de generar ingresos futuros.

 La solvencia es la clave si no queremos estar eternamente condenados a vivir entre la chusma emergente. 

 

Lic. Renato Blanco

 Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM 

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