Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes

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INTRODUCCIÓN

Trabajar mediante psicoterapia de grupo con adolescentes, implica crear las condiciones necesarias y suficientes para la “cura”: el proceso grupal es el contexto social natural dentro del cual se producirá el cambio individual.

Desde nuestro punto de vista, crear estas condiciones implica necesariamente incluir en la tarea la indagación de algunos factores etiológicos que, inevitablemente, en el proceso terapéutico, nos conducirán a la evidencia de eventos traumáticos (tanto hechos aislados, como situaciones sostenidas en el tiempo). Se puede observar que prácticamente todos estos acontecimientos han tenido lugar en contextos grupales o colectivos. Teniendo en cuenta la evidencia clínica, los “grupos de pares” en la pubertad y adolescencia, son los principales promotores, o al menos vivido como tales, de estas sobrecargas o injurias sobre el narcisismo que entorpecen la construcción de la identidad y los procesos adaptativos.

El grupo de psicoterapia, al contar con unas características específicas, un método operativo y unas “reglas del juego” (setting),  se convierte en un escenario social “seguro” en el cual se pueden trabajar estos sucesos de la historia personal: “el grupo como agente generador” vs. “el grupo como agente corrector”.

En esta dialéctica micro social, desarrollada mediante el procedimiento hermenéutico del coordinador, actúan  diferentes factores terapéuticos sobre lo traumático (Esquema del Cono Invertido)[1]:

  1. El desarrollo de un sentimiento de pertenencia, antagonista del aislamiento y del sentimiento de melancolía y soledad. Vector Pertenencia.
  1. El trabajo en común sobre la tarea que los convoca, dejando fuera los prejuicios, los juicios de valor y la discriminación. Vector Pertinencia.
  1. La cooperación social desde la diferencia personal, y el establecimiento de nuevos vínculos superadores de estereotipos previos. Vector Cooperación.
  1. La comunicación posible y fluida sobre sentimientos y hechos bloqueados que no se han podido metabolizar en otros tiempos y escenarios. Vector Comunicación.
  1. El aprendizaje en común sobre el funcionamiento de la propia psicología humana, los factores añadidos, o artificialmente adquiridos, al sufrimiento natural, y los mecanismos de cura ahora aprendidos en un mismo plano de igualdad. Vector Aprendizaje.
  1. La destrucción del prejuicio mediante el conocimiento del otro, de manera especular y desde una perspectiva superadora de lo ya conocido. Vector Tele.

EL OBJETO

La epistemología de la psicopatología infantil y juvenil nos obliga a situarnos ante el auténtico objeto de conocimiento, el sujeto en desarrollo y en integración con sus sistemas: biológico, psicológico y social.

No es admisible pensar y actuar clínicamente sobre supuestos que prescindan de la adecuación de los modelos teóricos existentes al objeto y de sus métodos de investigación y práctica clínica; es decir, debemos hacerlo desde una lectura comprensiva de lo que estamos observando bajo la óptica del cambio y de la interdisciplinariedad. Cualquier manifestación psicopatológica es, al fin y al cabo, la única conducta posible de ese sujeto, en esas circunstancias y en ese momento determinado. En realidad, una foto fija de una película que se está rodando aquí y ahora.

La no epistemología de la taxonomía psicopatológica clásica, resulta particularmente contraproducente cuando se usa en la infancia y en la adolescencia. La clasificación predispone a formas estereotipadas de manejo clínico, pudiendo incluso suponer una huella indeleble que marcará al sujeto de por vida. Esto nos puede hacer olvidar que estamos ante un fenómeno inacabado, en movimiento, en constante desarrollo y cambio. Un conjunto plástico donde no hay enfermedades, sino sujetos aún inacabados, una cualidad emergente de un micro sistema genético social.

Desde un punto de vista metapsicológico, los síntomas aportan información sobre las perturbaciones ocurridas durante el proceso de aprendizaje de cada persona (acontecimientos vitales y “sobrecargas emocionales”). Es decir, sobre experiencias que el psiquismo no pudo elaborar en el  momento temporal en que ocurrieron, por interferencias en la comunicación en el escenario familiar y social, la situación vital. En síntesis, dichos síntomas son capaces de significar un déficit en la tramitación lingüística de las emociones.

La expresión fenomenológica del síntoma, cristaliza un núcleo traumático latente o “Situación Depresiva Básica” (Pichón-Rivière), que se encuentra bajo la represión de la consciencia mediante los  mecanismos de defensa del psiquismo (fundamentalmente la desmentida –renegación-, la disociación, la negación, el desplazamiento y la proyección). Así, la frustración y las pulsiones agresivas asociadas, quedan sostenidas en el cuerpo y en el tiempo dando paso, como probable primera opción, a la alexithymia, silencio por respuesta, ante situaciones de estrés agudo o trauma emocional, que se consolidará como psíquico, y sobre una base de vulnerabilidad dada fundamentalmente por las circunstancias y la edad. Por lo tanto, nuestra tarea, no es solo interpretar esta respuesta, sino más bien traducirla a lo verbal.

La situación depresiva básica es inherente a cualquier traumatismo emocional, o vivencia límite de necesidad (Rosenthal), suele dar lugar a la paralización de las defensas instrumentales que quedan en latencia, para luego pasar a posiciones pato genéticas y a la configuración de la pato plastia clínica. Este es, en síntesis, el núcleo de la “Teoría de la Enfermedad Única,” que además de brindar un modelo de comprensión de la psicología individual y social, sustenta los principios técnicos del método de los “grupos operativos”[2].

En este sentido, la patoplastia social de los trastornos de la conducta alimentaria, considerados como trastornos psicosomáticos, representan con sus síntomas, la irrenunciable experiencia humana ante el amor anhelado (“ideal del yo”, Freud) y sus carencias hipnóticas. El afecto como alimento del alma, el amor como alma del cuerpo, la profundidad de la piel como envoltura del cuerpo, son paradigmas de la complejidad de estas formas que adquieren las heridas narcisistas, y que se muestra como melancolía inhibitoria del desarrollo (“el amor es demasiado joven para tener consciencia”).

EL MÉTODO[3]

Expuesta estas consideraciones sobre el objeto en estudio, proponemos el método institucional e integrado de psicoterapia que implementamos y venimos utilizando, a título personal y de manera profesional desde hace cuarenta años,  y desde noviembre de 1996 en el “Hospital Universitario Infantil Niño Jesús” en Madrid (*), mediante diferentes organizaciones grupales, que abarcan los aspectos biológicos,  conductuales, familiares, sociales y psíquicos de cada sujeto en un momento determinado, y que por su valor empírico, permiten analizar la reciprocidad entre texto y contexto. Dicha práctica se basa en la creación de grupos abiertos y plásticos que admiten la incorporación de nuevos pacientes y el tránsito a otros niveles de tratamiento en función de las características y evolución de cada caso. Debido a la masa crítica de la organización resultante, se incorporan sinérgicamente las fuerzas operantes de los mecanismos de condicionamiento de la Institución y del sistema creado, dando lugar a un proceso de aprendizaje dinámico, integrado e integrador.

Mediante el método sistémico, se pretende modelar el objeto actuando sobre la relación entre sus componentes (estructura y dinámica  del conjunto). Este sistema de organización del tratamiento se basa y se articula en métodos grupales adaptados, utilizando las diversas formas de relación propiciadas por el sistema creado. Puede ser considerado como un abordaje institucional y una psicoterapia relacional desarrollados en etapas sucesivas en diferentes niveles de integración. Por lo tanto, dicho sistema contempla, necesaria y fundamentalmente, el tratamiento de los vínculos de apego y las personalidades asociadas frecuentemente a los trastornos abordados.

El modelo específico alcanzado -método de tratamiento-, debe resultar isomorfo al objeto; es decir, un sistema institucional de cuidados intensivos continuados e integrados, que abarca los aspectos somáticos, las relaciones primarias de apego y los grupos de pertenencia, por lo que los grupos de referencia del paciente y la organización psíquica de cada sujeto entran en  relación con este contexto social clínico.

El objetivo es proporcionar un espacio vincular creado artificialmente con el objetivo de investigar y favorecer el desarrollo y/o la modificación de los vínculos perturbados y patogénicos acontecidos en el aprendizaje temprano. Generamos de esta manera, una forma distinta  de,  y a través de, un tipo de socialización específica que se consigue a través del grupo terapéutico y la relación recíproca de influencia.

Con la utilización del vínculo como concepto reactivo, creamos diferentes momentos en un espacio virtual, simbólico, imaginario que permite profundizar el tratamiento de una manera intensiva y breve,  y al mismo tiempo, se incentiva la creación de nuevas oportunidades de interacción social en un clima de aceptación y tolerancia.

El sistema resultante puede ser considerado como un continuo espacio y tiempo, “una película paralela” (la vida paralela de los sueños), en donde convergen la dimensión personal (coordenada vertical) y la grupal (coordenada horizontal), confluencia del comportamiento, y en la que se facilita la percepción del otro y del sí mismo: “yo soy tú, tú eres yo”, ya que la interacción del grupo devuelve al paciente múltiples imágenes de sí mismo (fenómeno especular). La percepción y confrontación de la propia existencia somática (el yo corporal), se consolida así en la comunicación: “El cuerpo crea el espacio como el agua al vaso” (Iel-Hakim, citado por Sami-Ali).

En ese espacio y en ese tiempo de tratamiento (el Hospital, la sala de hospitalización, los hospitales de día, el tratamiento ambulatorio y el seguimiento intervencionista), en la sincronización sinérgica, se genera y desarrolla la transferencia y la proyección simbólica imaginaria de escenas familiares biográficas que actuaron como desencadenantes de lecturas que condicionan la realidad actual.

En el grupo familiar se da el aprendizaje primario, la forma, el significante y significado de un denominador común con frecuencia universal, lo evolucionado en un determinado tipo de “urdimbre afectiva” (Rof Carballo). Esa envoltura física, emocional y social en la que el sujeto desarrolla cuerpo, sentimiento y mente; el nido y el apego, con sus definitivas funciones evolutivas es la que se repite y revisa, “aquí, ahora y conmigo”, en la “matriz grupal” (Foulkes).

El abordaje terapéutico de estas realidades biográficas en la urdimbre grupal, la interacción y profundización relacional, y las condiciones del trabajo clínico (setting), operan como factores hipnagógicos que facilitan la caída de la represión y la aparición de la emoción expresada. Siendo así, se presenta en ese contexto una excelente oportunidad para la elaboración simbólica de lo traumático; un viaje imaginario hacia aquel espacio-tiempo fagocitado en el agujero negro del psiquismo, lo inconsciente, y por último, la depresión de la cura.

La dialéctica de esa lucha entre Eros (“amor”) y Thanatos (“muerte”), se recrea en el espacio terapéutico, unido al ser del lenguaje, perceptible en el tiempo, como sucesión de fenómenos que van irreversiblemente del recuerdo del pasado a la proyección, hacia la prospectiva de un futuro, hasta ahora, probablemente inexistente. Se presenta, a fin de cuentas, una zanahoria para el burro, un sentido de la  caminata en la vida.

En ese clima y en esa textura que crea el propio grupo, las emociones se expresan través de las palabras, se  reescribe colectivamente lo imaginario. Además, se movilizan nuevas orientaciones de la libido, en el intercambio de  experiencias biográficas, se descarta lo banal, lo superficial y se da la  posibilidad de liberar lo encriptado en el reservorio del cuerpo y en el discurso profundo.

En ese contexto, se brinda entonces la posibilidad de mentalizar, de unir la oscuridad biográfica heredada, a la luz posible proyectada en el espacio psicoterapéutico. Para lograr esto, el terapeuta deberá mostrar la capacidad de acercar y alejar el foco de espacio y tiempo, para poder así entender y hacer comprender al paciente y a su grupo el proceso, integrando la experiencia mediante el lenguaje y suturando la disociación que subyace al sufrimiento. Y lo más complicado, la coordinación operativa de los grupos familiares implicados, el sistema clínico y  la institución madre (en nuestro caso hijo: el “Hospital Infantil Universitario Niño Jesús”).

CONCLUSIONES

En los métodos de psicoterapia del siglo XXI, se vislumbran  nuevos conceptos en los tratamientos sistematizados, al menos en la problemática adolescente, con un cambio de paradigmas que avanzan desde la semiología clínica a la semiótica social.

Quizás nos acercamos y encontramos también con otro modelo cultural e instrumental de lo místico, donde alma, psiquismo y cuerpo se nos muestran como aspectos complementarios de una misma realidad. Real e imaginario en proceso dialéctico, en relación recíproca de influencia, de percepción y proyección: emoción expresada y trabajo psíquico en un conjunto social revolucionado en las nuevas formas de  la no comunicación: los significantes de “los egos inflamados” (Mario Andrade), quizás porque están desinflados, si fuese así tiene fácil cura: aire, agua y buena conversación con semejantes de calidad. Recuerdo emocional vs. memoria racional.

[1] Esquema del Cono invertido: las fuerzas intrínsecas del grupo (Pichón-Rivière)

[2] El Grupo Operativo se centra en la tarea manifiesta del cambio y en la remoción de los obstáculos al conocimiento, lo hace mediante el análisis sistemático de las emociones no expresadas y de lo latente, en un proceso de dialéctica grupal.

[3]  El sistema grupal evolucionó durante su desarrollo en los siguientes módulos ambulatorios grupales (MAG) integrados, estables, simultáneos , consecutivos y aleatorios según evolución clínica):

  1. Grupo de Plan de Vida.
  2. Grupo de Psicoterapia
  3. Grupo de Padres
  4. Grupo de Grupos (Grupos Multifamiliares)

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Paolini Ramos Eduardo. (2016, marzo 14). Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/
Paolini Ramos, Eduardo. "Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes". GestioPolis. 14 marzo 2016. Web. <https://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/>.
Paolini Ramos, Eduardo. "Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes". GestioPolis. marzo 14, 2016. Consultado el 20 de Septiembre de 2018. https://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/.
Paolini Ramos, Eduardo. Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/> [Citado el 20 de Septiembre de 2018].
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