Técnicas para el manejo de los conflictos

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A pesar de su afán por ser armónico, de su histórica búsqueda interior y espiritual, y de sus capacidades altruistas, el ser humano ha sido, es y probablemente será un ser conflictivo.

Procesos como el nacimiento, la crianza y la socialización se ven teñidos de experiencias que nos resultan tensas y nos enfrentan a personas y situaciones que muy frecuentemente señalamos de indeseables

Hace ya unos 2.500 años, los budistas decían que el egoísmo era la causa de todos los conflictos humanos.

En la obra, “Un curso de milagros” se afirma que el centro del conflicto entre las personas es “la necesidad de ser especial”, preferido, mejor o superior al resto.

Para Osho, la calamidad nace cuando intentamos reafirmar tercamente nuestro ego, que para este filósofo no es más que “un conjunto de creencias falsas acerca de lo que somos”.

Freud, el gran investigador de la psicología, otorgaba al sexo la prioridad en el origen del conflicto humano.

Alfred Adler lo veía en la necesidad de poder, reconocimiento e importancia, mientras que algunos biólogos y genetistas asientan como génesis del conflicto a una configuración biológica natal, que nos mancha de animalidad poco controlable. Marx, el gran filósofo social, puso en la sociedad y en las relaciones de producción, la semilla de la conflictividad.

Cualquiera que sea la causa, lo cierto es que basta con echar una ojeada a la realidad del comportamiento de individuos y grupos, para verificar una constante necesidad de tener razón; una tendencia a controlar a los demás y a dominar la naturaleza. En fin, a imponerse coercitivamente sobre quien estorbe al deseo personal.

Siguiendo la definición de Stephen Robbins diremos que conflicto es la percepción de diferencia incompatible que puede existir entre personas o grupos, y que tiende a generar como respuesta, la interferencia o la oposición.

A pesar de que es frecuente el conflicto intrapersonal (conflicto al interior de un individuo) nos referimos aquí de manera prioritaria las tensiones que se producen entre dos o más personas.

Aunque resulte curiosos o contradictorio, el conflicto nos necesariamente negativo. Puede afirmarse que un cierto nivel controlable o tolerable de conflicto puede generar consecuencias positivas, como: estimular un estado de alerta, impulsar la creatividad, enriquecer la toma de decisiones, favorecer la autocrítica, abrir las compuertas a la expresión de las diferencias, y posibilitar el mutuo conocimiento de ciertos aspectos de las personalidades de que se relacionan.

El mismo ejercicio que cansa el músculo, también lo desarrolla.

En general, cuando dos ideas chocan y las posibilidades de negociación o conciliación se reducen, nos acercamos a una situación de conflictos.

Podemos experimentar conflicto cuando deseamos dos cosas agradables a la vez (conflictos de atracción), cuando debemos elegir entre dos opciones que nos molestan (conflictos de evitación-evitación), o cuando quiero algo que me impone dolor o sufrimiento para conseguirlo (conflictos de atracción-evitación).

También puede hablarse de conflictos de deseos, de intereses, de necesidades, de valores, de creencias. Además, dependiendo de las áreas en que se presente, solemos referirnos a conflictos económicos, políticos, sociales, culturales, legales, armados, etc.

Algunos de los agentes psicológicos que favorecen la aparición y sostenimiento del conflicto son: dependencia, subjetividad, desinformación, incomunicación, insatisfacción, incompatibilidad, estrés y envidia, entre otros.

Algunas sugerencias útiles para el abordaje positivo de situaciones de conflicto, son:

  •  Acepte que el conflicto es normal y frecuente en la vida humana.
  •  Aconseje sólo cuando le pidan consejo.
  •  Presente sus ideas sin imponerlas.
  •  Respete a todos de palabra y obra.
  •  Reconozca sus errores y desear necesario discúlpese, pues no siempre tendrá razón.
  •  Empatice, póngase en el lugar de los demás.
  •  Reduzca la tendencia a juzgar la conducta o las preferencias de sus semejantes.
  •  Vea lo positivo. Halague más y critique menos, busque puntos de coincidencia.
  •  Sugiera y proponga en vez de ordenar o mandar.
  •  Acepte que sus interpretaciones de los hechos no son ni únicos, ni “la verdad”.
  •  Absténgase de hacer bromas pesadas.
  •  No se inmiscuya en la vida privada de los demás.
  •  Aprenda técnicas de comunicación efectiva para escuchar y hablar adecuadamente.
  •  Evite discusiones y enfrentamientos innecesarios.
  •  Acepte a las personas y cambie usted en lugar de querer cambiarlos.

Estas recomendaciones la ayudarán a alcanzar mejores relaciones y a vivir de forma más alegre, armónica y productiva.

Recuerde que no hay felicidad sin paz, no hay paz sin armonía y no hay armonía sin conciencia.

Si ha de defenderse, que sea de peligros reales, y no de enemigos creados desde el orgullo, la necesidad de llamar la atención o la ligereza del carácter.

Es valioso pensar en lo que decía Norman Vincent Peale: “no te estrelles contra los obstáculos, deja que ellos se estrellen contra ti”.

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Yagosesky Renny. (2005, abril 17). Técnicas para el manejo de los conflictos. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/tecnicas-manejo-conflictos/
Yagosesky, Renny. "Técnicas para el manejo de los conflictos". GestioPolis. 17 abril 2005. Web. <https://www.gestiopolis.com/tecnicas-manejo-conflictos/>.
Yagosesky, Renny. "Técnicas para el manejo de los conflictos". GestioPolis. abril 17, 2005. Consultado el 16 de Octubre de 2018. https://www.gestiopolis.com/tecnicas-manejo-conflictos/.
Yagosesky, Renny. Técnicas para el manejo de los conflictos [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/tecnicas-manejo-conflictos/> [Citado el 16 de Octubre de 2018].
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