Reformas institucionales en la ONU

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De nuevo en la última cumbre de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se ha impuesto la “diplomacia tradicional”, aquella que considera a la prisa como algo “plebeyo”, la que acostumbra deambular y subsistir en hoteles cinco estrellas; en esos mundos no generalizables, donde no existen devaluaciones, ni procesos inflacionarios; en donde no se enfrenta la incómoda presencia de los pobres.

Lo que observamos como producto de este último período de sesiones de la organización que cumple 60 años de fundada, es producto de líderes políticos renuentes a asumir sus responsabilidades, a esas actitudes populistas que prefieren hacer lo fácil y “aceptable” en lo inmediato, en vez de lo necesario, urgente e importante. Es producto de burocracias aletargadas, acostumbradas a laborar con sofocante lentitud, jugosos ingresos y notables beneficios.

En verdad los resultados no son alentadores. En la pasada cumbre de la ONU, para sintetizar de manera rápida un tema complejo, y de cómo lo detallara El Tiempo de Bogotá, se tenían fundamentalmente cinco temas que abordar. Veamos sus características y un resumen de sus conclusiones.

Un tema de gran calado era la propuesta de reforma interna de la organización. Se sabe que es un tema espinosísimo, en donde es virtualmente imposible salir bien librado en términos políticos. La presión existe en cuanto a reestructurar el poder real de la organización: el Consejo de Seguridad.

Se trata de ampliar el “candado” que representan los votos permanentes con derecho a veto de las potencias que ganaron la Segunda Guerra Mundial –a las que se agregó China. Se planteó como medular, la necesidad de incorporar permanentemente a dos naciones africanas, y dos latinoamericanas, al tiempo que Japón y Alemania trataban de hacerse de sillas individuales en ese codiciado centro de poder mundial.

No se tomó una medida al respecto. Lo acordado sería la creación de una “oficina ética” a la que se dotaría de independencia. Es evidente la dudosa eficiencia de tal apartado organizacional, a no ser la de crear puestos burocráticos para los que no habría tardanza en ocupar.

Un segundo aspecto fue la ayuda al desarrollo. Desde 1992 con la Cumbre de la Tierra en Brasil, se ha insistido en que las naciones más desarrolladas deberían destinar un monto de 0.7% de su producción total anual en ayuda al desarrollo. Las únicas naciones en hacerlo son las nórdicas. Estados Unidos se opuso furiosamente a esta iniciativa. Los representantes terminaron exhortando a cumplir con las Metas del Milenio de la organización, y a combatir la pobreza. Retórica de la más añeja.

Un tercer y cuarto aspecto están entrelazados: combate al terrorismo y mantenimiento de la paz. Aquí se “pidió” un esfuerzo adicional a los países para lograr un acuerdo respecto a una convención contra el terrorismo internacional. Se omitió el derecho de los países a resistir ocupaciones. Además se decidió constituir la Comisión para la Construcción de la Paz. Otra instancia burocrática. No se especifica número de miembros ni representaciones. Se dijo que estarían presentes las naciones que más contribuyeran con tropas y dinero.

La evidencia demostraría que se continúa con la debilidad institucional en la lucha contra el terrorismo. Como si la intención fuera dejar pasar las cosas.

Exactamente el criterio de imprevisiones que luego resultan muy costosas, y que a la postre terminan desacreditando al organismo, al tomar posiciones las potencias, al margen de la ONU, como sucedió con el caso de Irak en marzo de 2003.

En el fondo pareciera que se desea dejar a la organización mundial sin dos elementos: (i) capacidad de respuesta rápida; y (ii) autonomía de gestión que pudiera garantizar resultados tan urgentes como oportunos en muchas condiciones. He allí un factor que contribuya a que la ONU sea percibida como ineficaz, aparte, desde luego de la burocracia interna. Pero es de señalar como hay potencias que predisponen para ello y luego terminan culpando a la víctima.

Los casos que pueden identificar lo anterior son varios: Somalia (1992); Burundi y Rwanda (1994), Bosnia (1995). En todos ellos las respuestas ágiles no se manifestaron producto de la misma parsimonia en la toma de decisiones y del candado que representan los poderes de veto. En todo caso no es posible que ahora se venga a señalar todo ello, precisamente para recortar los aportes a la organización, como de hecho lo ha manifestado Estados Unidos.

Finalmente un quinto tema, en cuanto a derechos humanos sería substituida la desacreditada Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, por un nuevo Consejo de Derechos Humanos. No se establece si esta nueva creación sería permanente, ni sus funciones, ni mandato, tamaño, o como estaría conformada.

Todos esos detalles quedarán para ser discutidos en reuniones “técnicas”, para negociaciones que se espera puedan finalizar antes de septiembre de 2006. Si no se logra, como es de esperarse, se pueden autorizar tantas prórrogas como sea necesario. Véase la lentitud, la carencia de resultados. Y sin resultados, como en otros niveles de la vida –personal, institucional, de gobierno- no puede haber credibilidad consistente. Esos postulados no conforman el código actual.

Las conclusiones han sido textos generales, la ambigüedad de buenos propósitos. Ello permite que todos salgan satisfechos al no haberse comprometido a nada, dispuestos a los brindis del cierre de actividades.

La ONU, surgida con tantas esperanzas, y de quien se esperaba fuera el actor central sobre el uso de los “dividendos de la paz” luego de finalizada la Guerra Fría, continúa en condiciones de letargo, de transición. Una transición sin llegar a ninguna parte.

Sin embargo, la responsabilidad no es totalmente de la ONU. La entidad responde a la real voluntad política de los países. Es consecuencia de ello. De allí que las potencias más desarrolladas tengan una indispensable responsabilidad, que hasta ahora no asumen.

Seguimos presenciando retórica en lugar de compromisos, frases hechas en lugar de programaciones de trabajo, inculpaciones mutuas en vez de aportes substantivos. Los cambios de fondo, que promoverían resultados genuinamente eficaces, siguen esperando para mañana. Un mañana que parece nunca.

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Reyes Giovanni E.. (2005, octubre 17). Reformas institucionales en la ONU. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/reformas-institucionales-en-la-onu/
Reyes, Giovanni E.. "Reformas institucionales en la ONU". GestioPolis. 17 octubre 2005. Web. <https://www.gestiopolis.com/reformas-institucionales-en-la-onu/>.
Reyes, Giovanni E.. "Reformas institucionales en la ONU". GestioPolis. octubre 17, 2005. Consultado el 21 de Junio de 2018. https://www.gestiopolis.com/reformas-institucionales-en-la-onu/.
Reyes, Giovanni E.. Reformas institucionales en la ONU [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/reformas-institucionales-en-la-onu/> [Citado el 21 de Junio de 2018].
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