Protección de ideas emprendedoras ante mercados regulados

Desarrollar una buena idea es una tarea relativamente sencilla y barata. Pero convertirla en una realidad es un proceso difícil y costoso. Por eso, patentar ideas es una mala idea que ahoga la innovación. Incluso las patentes en general pueden no ser beneficiosas o incluso contraproducentes. Tras esta declaración de intenciones puede costar entender que en ocasiones las ideas sí sean valiosas y se justifique la aplicación de estrategias para su defensa ante competidores poco creativos.

Loïc Le Meur defendió el nulo valor de las ideas de los emprendedores en una reciente conferencia en el Instituto de Empresa (a su vez basada en un artículo que publicó a inicios de 2004 en The Guardian, Minding your own business). Enrique Dans ha publicado un buen resumen de la conferencia donde explica las razones del nulo valor de las ideas:

Una idea no vale nada, otros la habrán tenido antes, otros la van a tener. Por tanto, no escondas tus ideas, en lugar de ello, compártelas todo lo que puedas. ¿Puede alguien robar tu idea? Pues entonces, corre, sé más rápido, construye ventajas positivas no basadas en lo que tienes, sino en la dirección y velocidad con la que vas. Dedicarte a la filosofía del NDA y de la patente no tiene sentido, de hecho él, en su faceta de business angel, no se lee ideas cuando le piden que firme antes un NDA.

En un entorno cada día más globalizado y transparente…, dedicarte a tratar a la gente como un sinvergüenza o a robar a tus clientes es arriesgarte a que cualquiera de ellos alce su voz, se haga oír, y te proporcione una reputación que seguro no quieres tener. En el mundo actual, optar por el corto plazo es decididamente una estrategia poco sostenible.

Lo mismo con respecto a los empleados: Loïc comentó acerca de la importancia de hablar con las personas de manera transparente, clara, con confianza, de repartir acciones, de crear ese clima en el que las personas trabajan en algo que realmente les apasiona.

En la economía de hoy, son las personas lo que importa, no las compañías, ni las tarjetas, ni los diplomas.

Si nos situamos ante un escenario, por lo demás común en ciertos sectores económicos y países, de mercados abiertos y eficientes esta propuesta es acertada. En un mundo abierto y competitivo, existe, de forma natural, una abundancia de ideas dado que la creatividad humana cuenta con todos los incentivos (rentabilidad, reconocimiento, placer) para expresarse.

En este escenario la mayor parte de actores son emprendedores y todos tienen, mejores o peores, ideas. Todas estas ideas son susceptibles de desarrollarse si cuentan con financiación y demanda, que se convierten en factores limitantes, y por tanto el verdadero valor está en la capacidad de desarrollar el proyecto que surge de una idea y no en la idea en si misma.

Pero, y aquí llegan mis críticas, situémonos ahora en un escenario de mercados intervenidos. En este contexto, existe una limitación artificial de las ideas que pueden ser desarrolladas, que serán aquellas seleccionadas por la autoridad política de turno o que sean permitidas por la legislación (que puede establecer monopolios u oligopolios). El mercado juega un papel secundario o nulo en la selección de ideas que se acabarán convirtiendo en proyectos.

Por tanto, el incentivo para la entrada de emprendedores con buenas ideas en el juego se reduce considerablemente y, por el contrario, surgen grandes oportunidades para otros actores que suplen su falta de ideas con sus contactos o su posición dominante (financiera y/o legalmente). Por tanto, surge un ecosistema de actores donde aparecen algunos, pocos, emprendedores y muchos otros adaptados al sistema burocrático.

Las ideas se convierten en un bien escaso y los interesados (con recursos y relaciones) en captar una buena idea ajena para convertirla en un proyecto son muchos. En este escenario, un tanto deprimente, el verdadero emprendedor necesita desarrollar estrategias para la protección de sus ideas por la perversidad del propio sistema.

Por desgracia, especialmente en Europa, existen muchos ámbitos económicos donde la intervención pública y las regulaciones limitan la capacidad de los mercados para crear riqueza. La teoría económica no es suficiente en estos casos, las ciencias políticas y la sociología pueden sernos de mayor utilidad para comprender la realidad.

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Freire Juan. (2006, julio 1). Protección de ideas emprendedoras ante mercados regulados. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/proteccion-de-ideas-emprendedoras-ante-mercados-regulados/
Freire, Juan. "Protección de ideas emprendedoras ante mercados regulados". GestioPolis. 1 julio 2006. Web. <https://www.gestiopolis.com/proteccion-de-ideas-emprendedoras-ante-mercados-regulados/>.
Freire, Juan. "Protección de ideas emprendedoras ante mercados regulados". GestioPolis. julio 1, 2006. Consultado el 26 de Abril de 2018. https://www.gestiopolis.com/proteccion-de-ideas-emprendedoras-ante-mercados-regulados/.
Freire, Juan. Protección de ideas emprendedoras ante mercados regulados [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/proteccion-de-ideas-emprendedoras-ante-mercados-regulados/> [Citado el 26 de Abril de 2018].
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