Programación neurolingüística

La Programación Neuro-Lingüistica es una técnica de comunicación y evolución personal desarrollada por Richard Bandler (Doctor en matemáticas y en psicología, cibernético) y John Grinder (Doctor en psicología y lingüista). Ellos y su equipo han analizado los comportamientos más eficientes en comunicación y desarrollo personal y se han esforzado en construir modelos, utilizando para ellos los conocimientos más actuales sobre la comunicación humana, el lenguaje y el funcionamiento del cerebro.

De sus trabajos ha nacido un conjunto de técnicas y procedimientos de probada eficacia y que permiten mejorar las capacidades relacionales así como iniciar procesos de cambios personales duraderos y profundos.

La PNL se revela como una herramienta privilegiada en todos los campos en los que importa comunicar mejor y con mayor eficacia: negociación, venta y dirección de un equipo humano por ejemplo.

¿Sus vendedores experimentan impaciencia cuando tratan de vender a un ingeniero, o cuando hablan con el responsable del departamento contable? La PNL explica por qué y aporta remedio.

“¡Uno de mis clientes es un mal educado!” me comentaba Juan P., un vendedor en uno de nuestros cursos de venta. “Cuando le explico detalles importantes, nunca me mira a los ojos”. Y a Usted ¿le ha pasado alguna vez? Pues en el caso de Juan después de dos preguntas de comprobación, resulta que no era un mal educado, sino un auditivo. Juan lo ha comprendido gracias a la PNL y ahora sabe como tratar a su cliente mejor que cualquier otro vendedor.

La PNL se basa en que hemos programado desde la infancia nuestras formas de pensar, sentir, y comportarnos. Algunos son programas eficaces, otros ineficientes y otros más: desafortunados.

Si nuestros programas resultan satisfactorios en sus resultados, sigamos con ellos, pero ¿si no lo son? pues ¡cambiemos!.

Es imprescindible concienciarnos de cuales son nuestros programas automáticos si queremos cambiarlos pero resulta extraño ver que cambiamos fácilmente un objeto que ha dejado de sernos útil pero que nos obstinamos a menudo con los mismos comportamientos ineficaces frente a situaciones que han evolucionado totalmente.

La PNL no es ningún planteamiento teórico sino todo el contrario: parte de la observación para construir modelos pragmáticos. La PNL se sitúa de forma paralela a los acercamientos psicológicos, no excluyendo a ninguno sino complementándolos.

No vivimos en la realidad

El mapa es diferente del territorio que representa. Y el mundo que nos rodea es un gran territorio en el que cada uno nos orientamos con un mapa personal. Cada mapa puede ser significativamente diferente de otros y todos diferentes de la realidad.

Esto es el primer problema de nuestra co­municación, porque no vivimos en la realidad sino en una representación personal de la misma.

Nuestra visión del mundo es subjetiva en función de nuestra cultura, expe­riencia, estado de ánimo, prejuicios, etc. que constituyen filtros de la observación.

La objetividad no consiste en des­cribir lo que vemos sino en precisar qué clase de gafas llevábamos en el momento de la observación“.

(Catherine Cudicio: Comprender la PNL.)

No actuamos, como pensamos, sobre la realidad, sino sobre la percepción personal del otro y lo hacemos a partir de nuestra percepción propia. Pero cuando comunicamos, solemos olvidarnos de que todo es percepción e imaginamos que el otro dispone del mismo mapa que nosotros, lo que gene­ra malen­tendidos, incomprensiones y tensiones.

Los canales personales de comunicación

Hemos aprendido todos en la escuela cuales son los cinco sentidos humanos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, pero la PNL ha agrupado juntos el gusto, el tacto y añadido las emocio­nes bajo el término de canal kinésico.

Por tanto, los principales canales de la comunicación personal son el Visual, el Auditivo y el Kinésico.

La PNL ha observado que todos tenemos un canal de comunicación dominante, o predilecto; para unos será la vista y para otros el oído, para otros el kinésico.

Es cierto que cuando comunicamos y a pesar de disponer cada uno de un canal dominante, utilizamos los tres en función de las circunstancias, sin embargo, es cuando la comunicación se hace más difícil que tendemos a ceñirnos al dominante. Lo malo es que no tiene porque ser necesariamente el mismo que el de nuestro interlocutor.

Canales de comunicación

Si nuestro canal dominante difiere del de nuestro interlocutor aparece una paradoja, o más bien un círculo vicioso. En efecto, cuanto menos se entienden dos personas, más se ciñe cada uno a su canal dominante lo que hace que se aíslan cada vez más. Este aislamiento aumenta la dificultad y, a su vez, refuerza el canal dominante.

Cuando mira, no oye. Y cuando oye, no ve

Ahora, seguro que me cree loco. Tal vez, pero no por eso. Veamos un ejemplo:

Seguro que cuando Usted conduce por autopista, no le molesta escuchar música en su lector de CD, ni siquiera si el volumen está alto. Pero si llega a la ciudad, si el tráfico se densifica, si hay que sortear obstáculos, me apuesto a que baja la radio. Y más aun si en lugar de música son palabras.

¿La razón? Cuando circula por autopista, solo necesita una concentración visual ligera, tomando impactos visuales relativamente espaciados, por lo que las señales auditivas que llegan a sus oídos no interrumpen la visión.

Pero cuando se halla en un tráfico denso, necesita más información visual y las solicitaciones auditivas que llegan a sus oídos interrumpen este flujo, provocando una pérdida de concentración visual.

Póngase las gafas para oír mejor

Los miopes, como yo, a veces nos quitamos las gafas en interior. En este caso ¿quién de vosotros, miopes, no se ha puesta la gafas para oír mejor a alguien que se encuentra lejos? ¿Os ha parecido ridículo? Sin embargo no es ninguna paradoja.

Si la persona que nos habla se encuentra en una zona de visión borrosa, debemos forzar la vista para verlo. Este esfuerzo incrementa la concentración visual pero a la vez resta concentración auditiva. Al ponernos las gafas, descansamos la vista y podemos oír mejor. Otra solución que adoptamos a veces, es cerrar los ojos.

Del mismo modo que la sucesión de imágenes fijas de una película proyectada en un cine nos da una impresión de movimiento, la sucesión de percepciones por canales diferentes nos da una ilusión de simultaneidad. Pero este equilibrio entre canales es susceptible de verse distorsionado, como lo hemos comentado en los ejemplos anteriores.

Por tanto, podéis imaginar las dificultades de comunicación que surgen cuando una persona a dominante visual intenta comunicarse con otra a dominante auditiva.

¿Podéis pensar en la negociación entre un vendedor Visual y un Cliente auditivo?

¿Imagináis la conversación entre un jefe de departamento Auditivo y un colaborador Kinésico?

Efectivamente, no se entienden y se ponen nerviosos o impacientes.

Por consiguiente, una primera condición para comunicar mejor es conocer nuestro canal dominante y, sobre todo, conocer el de nuestro interlocutor. A esto la PNL le llama calibración y nos propone distintas herramientas.

Calibración

Os propongo un ejercicio de PNL en forma de juego. Necesitáis un conocido, colega, familiar, amigo, para colaborar con vosotros.

Os tenéis que sentar uno en frente del otro, en una postura cómodo y relajada, como dos compadres que mantienen una conversación amistosa. Comenta a tu compañero que le vas a hacer algunas preguntas pero no le comentes de momento el por qué.

Cuando responda a tus preguntas, deberás observar los micro movimientos de sus ojos. Son desplazamientos rápidos del mismo que se aleja con rapidez del eje central de visión.

Puedes elegir como tema de la entrevista, por ejemplo, las últimas vacaciones. Después de unas pocas preguntas de calentamiento, pídele que describa el apartamento, o chalet, u hotel, en el que veraneaba. No dudes en pedirle más detalles descriptivos sobre colores, tamaños, estilos, qué veía, cómo era el cuadro, la estatua en la plaza, etc.

Si observas sus ojos, verás que se desplazan hacía arriba. Según las personas, puede ser hacia la derecha o hacia la izquierda. Esta zona del ojo se llama “Visual Recordado”.

Justo antes de describir una imagen la persona mueve rápidamente sus ojos hacia la esquina superior del V.R. para recordarla. Repite la operación provocando por tus preguntas el recuerdo visual de diversas escenas y memoriza el lado (frecuentemente será hacia tu derecha).

Después tantea si tu compañero conoce la letra de una canción, un poema, o si podría tatarearte una melodía. Del mismo modo, observa los micro movimientos de sus ojos y, justo antes de que hable, debieras observar que sus ojos hacen un movimiento horizontal en la misma dirección que anteriormente. Llamamos esta zona: Auditivo Recordado. También lo puedes comprobar jugando a los sinónimos.

¿Ya estás preparado para abordar temas más personales? Bien. Manteniendo un tono relajado, haz preguntas sobre gustos y sentimientos. Por ejemplo, quién es su mejor amigo, por qué le gusta, que siente para él. Si prefieres, puedes elegir el tema de su mascota o su película favorita, pero siempre debes preguntar sobre sus sentimientos al respeto.

Observarás entonces que esta vez, los ojos hacen excursiones, algo más largas, hacia la parte inferior de la órbita, como una persona que mira hacia abajo. Esta es la zona Kinésica del diálogo interior.

Claves visuales

Aunque determinar cual es el canal de comunicación dominante de una persona a través de los movimiento de sus ojos parezca mágico, resulta posible debido a que nuestro canal de comunicación con el exterior es el reflejo de nuestra canal interno de per­cepción.

Las personas, según su dominante visual, presentan actitudes físicas que les caracterizan que nos pueden dar una primera indicación. Veámoslas.

Actitudes físicas segun dominante visual

Bueno, ya tenemos algunas interesantes ideas sobre como calibrar a nuestro interlocutor, pero os preguntaréis qué interés práctico tiene eso, ¿verdad? Mejorar la comunicación es una de las respuestas.

Si intentáis convencer a un interlocutor que está, en este mismo momento, multiplicando mentalmente imágenes visuales, ¡no habléis!. Estarías cortando su estrategia de decisión y no decidirá.

Imaginemos la siguiente situación: pregunta a un candidato si le gusta trabajar en equipo, si relacionarse con la gente le llena de satisfacción. Entonces él mueve rápidamente los ojos horizontalmente a la izquierda (Auditivo Construido) y contesta a continuación:

– “me encanta, me siento un hombre de equipo, me gusta la ayuda recíproca entre las personas, es muy satisfactorio”.

pues… podéis estar casi seguro de que está mintiendo. Estas afirmaciones necesitan una incursión en la zona kinésica evocada (diálogo interior) para sentirse, y no el Auditivo Construido que consiste en fabricar la frase que caerá bien.

Para comunicar mejor y más a gusto con la gente, debemos intentar acoplarnos a sus canales de comunicación. Este mes os animo a práctica la calibración con vuestros interlocutores, Oh, no en cada momento, pero de vez en cuando. Como además os hará estar más atento, comprobaréis que tiene muchos beneficios.

Navegando por el mismo canal

Algunos de vosotros, o de vuestros conocidos, son diestros y otros zurdos, pero todos utilizan ambas manos. Aun así, tenemos una mano dominante que utilizamos cuando necesitamos precisión, fuerza o esmero.

Del mismo modo todos los que gozamos de total salud utilizamos todos los canales de comunicación, pero tenemos uno que es dominante y utilizamos prioritariamente en las situaciones que requieren mayor esfuerzo, concentración o esmero.

La práctica repetitiva de un canal también nos ha creado pequeñas manías. Aquí tenéis algunos ejemplos ¿os reconocéis en alguno?

Los visuales

Cuando una persona a dominante visual, llamémosle por simplificación “un Visual”, presta atención a otra, le mira fijamente a los ojos. Lo mismo cuando le dice algo que considera importante. El “enganche” visual refuerza, para él, la atención y la comunicación. Del mismo modo que para un Visual, prestar atención a alguien es mirarle atentamente a los ojos, él piensa: “aquel que me atiende y me escucha me mira a los ojos cuando hablo”.

Por una lógica inconsciente también deduce: “si no me mira, es que no me presta atención”. Nuestro visual insiste entonces hasta conseguir un claro contacto visual por parte del interlocutor y si no lo consigue, se siente molesto. O muy molesto.

Por lo tanto, el cliente Visual no soporta que su interlocutor le mire de otra forma que de frente (y a los ojos) porque él mismo necesita este contacto ocular.

Los auditivos

Por diferencia una persona Auditiva que presta atención se centra en lo que oye y sabemos, por lo comentado en el anterior Boletín, que cuando nos concentramos en un canal, las interferencias que proceden de otro estorban nuestra concentración.

Por tanto si un Auditivo fija su mirada en los ojos del interlocutor, pierde concentración en su canal favorito. Prefiere mirar de forma desenfocada un punto neutro y ladear un poco la cabeza para acercar el oído.

El auditivo piensa: “cuando escucho, se lo confirmo al otro con palabras: “sí, sí, bien”, o repitiendo las palabras claves de lo que me dice.”. Por tanto deduce que el que le escucha atentamente se comporta igual. El silencio, ni siquiera acompañado de esta molesta mirada clavada en los ojos, no aprueba ni confirma nada. Las palabras y sonidos es lo que cuenta.

Los kinésicos

Para un kinésico, comunicar es sentir y tocar. Cuando dice algo importante, acerca su mano para tocar nuestro brazo, hombro, etc.

El interlocutor kinésico presta más atención a los movimientos, posturas y actitud global que al propio discurso. Nota inmediatamente cuando nuestra atención se relaja y le da la impresión que pierde el contacto. Necesita acercarse físicamente, a veces tocar, para comunicar,.

El kinésico es el que habla más lentamente de todos, porque comunica desde un nivel más hondo. También necesita que vuestras explicaciones estén entrecortadas de pausas, para traducir las palabras en sentimientos.

Una mirada clavada en la suya es un impedimento a comunicar con sus emociones internas o su diálogo interior.

Los kinésicos necesitan un contacto físico para expresarse. Si explican algo relacionado con un libro que han leído, posiblemente cojan cualquier libreta, guía telefónica, cuaderno, que tengan a mano. Si comentan que han llamado a un amigo por teléfono, es muy posible que toquen o cojan el teléfono cuando lo relatan.

Facilitar la comunicación

Los Visuales se mantienen más rectos, para observar de forma un poco panorámica. Por el contrario los Auditivos tuercen la cabeza y se acercan un poco para oír mejor. Los kinésicos intentan sentir el ambiente para acomodarse en él.

Con un Visual, miradle a los ojos cuando habla. Y si requiere mucho esfuerzo para vosotros, mirad otro punto, solo uno, pero reformuléis brevemente lo que os ha dicho, esta vez clavando vuestros ojos en los suyos.

Con un Auditivo, no basta con aprobar con la cabeza ya que esto no le demuestra que le estamos escuchando. Cada vez que sea posible, es conveniente preguntar o observar utilizando las mismas palabras que él. En general, los Auditivos eligen más cuidadosamente las palabras que usan; reconocen alguien que les escucha al hecho que son capaces de memorizarlas y repetirlas.

Con un kinésico, si la situación de cara a cara resulta molesta, es posible mirar los dos a otra parte y colocarse uno al lado del otro.

Si queréis, o necesitáis, mejorar vuestra comunicación con alguien, intentad discernir sus “manías” de comunicación y si llegáis a sintonizar con ellas, a comportaros de una forma simétrica, observaréis que la comunicación es más relajada, más fluida, más fácil. No todo es contenido, entre las personas la forma puede importar aun más.

El camino hacia mi casa

Ahora os propongo un pequeño ejercicio que corregiremos en el próximo número. Es un ejercicio simple que solo necesita un papel y un bolígrafo. Para realizarlo, tendréis que escribir conforme os vienen las ideas, no debéis pensarlas para organizarlas, solo escribirlas tal como surgen. ¿De acuerdo? Vale, pero el papel primero, sino no servirá.

Imaginad que estáis en la estación de tren de vuestra ciudad. Si vivís en un pueblo pequeño, imaginad que estáis en la estación de tren de la gran ciudad más cercana.

Allí encontráis a un buen amigo, del colegio, de la mili, no tiene ninguna importancia, salvo que acordáis que vendrá a veros a vuestra casa en una próxima ocasión (la tendrá que encontrar). El ejercicio consiste en explicarle oralmente (o sea con frases y sin dibujar) cómo ir de la estación a vuestra casa. Con frases que escribís en el papel exactamente cómo si la pronunciarais en voz alta en la estación.

Ven a casa a tomar café

¿Habéis realizado el ejercicio?. Preciso que no es la forma normal de hacerlo, lo correcto es pedir a un amigo, o compañero, que lo haga. Pero si habéis aceptado el juego, debierais mirar ahora la descripción que habéis escrito para explicar el camino.

Vamos a diferenciar dos grandes tipos de explicación: la secuencial y la referenciada.

La explicación secuencial es aquélla que partiendo en nuestro caso de la estación, describe paso a paso el camino a seguir. Por ejemplo:

“Sales de la estación, coges la primera calle a la derecha, llegas a una rotonda y sigues recto. Cuando llegues al tercer semáforo, coges la calle de la izquierda hasta llegar al supermercado de la enseña “COMPRAFELIZ”, sigues recto y pasas.. una, dos, tres calles. A la derecha está el Teatro Municipal, … ” etc.

La explicación referenciada busca puntos de referencia conocidos por el interlocutor y no describe la forma de llegar a ellos. Solo pasa en secuencial cuando ya no hay puntos de referencia conocidos. Por ejemplo:

¿Sabes ir al COMPRAFELIZ? Pues pasas delante y sigues hasta el Teatro Municipal, coges la carretera que se dirige hasta El Pueblo y cuando veas una nave con colorines vivos con el letrero “COLORVIDA”, vivo en la primera calle a la derecha, casa nº 5″, etc.

La primera forma de explicar el camino, la secuencial, corresponde al Metaprograma Detallista y la segunda, la referenciada, al Metaprograma Global.

El Metaprograma Detallista llega al todo sumando los detalles, ve los árboles antes que el bosque; mientras el Metaprograma Global rechaza el amontonamiento de detalles si no les da, o encuentra, un significado general, una finalidad. Ve el bosque antes que los árboles.

Ninguna de las dos formas de pensar es exclusiva, en el sentido de que ambas verán los árboles y el bosque, los detalles y la globalidad, pero procederán por aproximaciones diferentes.

Solo frente al peligro

En lugar de la descripción de un camino, podéis utilizar el contar una película. Las personas que utilizan un MP detallista contarán la película de una forma cronológica, acumulando detalles sobre lugares, personajes y vestimenta mucho antes de precisar si es una película de amor, de intriga, de aventura, en qué época se desenvuelve, etc.

Las personas que utilizan un MP Global pueden llegar a proceder por analogías: “es la misma historia que , pero situada en el espacio. Los humanos han instalado una explotación minera en una luna de Júpiter y Sean Connery es el poli bueno que desenmascara un tráfico de drogas, por lo que la mafia le envía matones por el próximo trasbordador.” etc.

Estas preferencias de Metaprogramas pueden plantear dificultades de comunicación cuando una o ambas personas se encuentran bajo presión (prisa, dificultad de entendimiento, etc).

El acumula explicaciones detalladas y si percibe dificultades de entendimiento en su interlocutor, deducirá que debe precisar más detalles, imaginará que la causa de la dificultad es porque salta etapas. Por lo que incomodará aun más al cuya mente rechaza apilar detalles si no tiene primero una estructura mental para ordenarlos, una finalidad a la explicación. Este se mostrará impaciente, dirá “¡al grano!”, “¿Y qué?”, “Vale, ¿y qué?”, tal vez intente terminar la frase antes que el otro para cortar la avalancha de detalles.

Por el contrario un se apoyará en puntos de referencia aparentemente sin conexión, explicará varias cosas en paralelo, provocando dudas y dificultades a su interlocutor que no verá como se puede saltar tan directamente de una cosa a la otra.

Diálogo de besugos

¿Alguno de vosotros ha participado o asistido a una situación parecida a la siguiente?

G: Propongo que firmemos un acuerdo de cooperación con una empresa Alemana, y después montemos una sucursal en Frankfurt. A partir de aquí …

D: ¿Y cómo vamos a encontrar a una empresa Alemana?

G: Eso es lo de menos, tal vez vayamos a una feria de muestra. Gracias a nuestra sucursal…

D: ¿Qué es lo de menos? Pues a mi no me parece tan evidente.

G: Ya lo solucionaremos en su momento. Pero cuando tengamos la sucursal en …

D: Pero ¿cómo puedes pensar en una sucursal en Alemania si no tenemos recursos propios para montarla?

G: Con un socio Alemán.

D: Pero ¡cómo lo vamos a encontrar? No conocemos a nadie en Alemania.

G: ¿Qué más da? Enviaremos a un explorador, visitaremos una Feria de Muestra, …

D: ¿Y qué diremos cuando estemos allá?

La persona MP Global terminará acusando a la otra de obstrucción y mala voluntad, o de corto de mente. Mientras la persona MP Detallista acusará al otro de soñador, de vendedor de ilusiones o de intentar engañarle.

Sin embargo, ninguno tendría razón. Su oposición se debe a preferencias de origen biológico. Aunque en otro nivel, son diferencias parecidas a ser diestro o zurdo.

Nunca mejor dicho porque estos metaprogramas en hemisferios cerebrales distintos. El MP detallista se halla en el Córtex izquierdo del cerebro, y el global en el hemisferio derecho.

Os sugiero apuntar cual, del metaprograma Detallista o Global, se acerca más a vuestra forma de pensar. Porque si comprendemos mejor como somos y como son los demás, habremos hecho un gran paso hacia una mejor comunicación.

El tiempo es relativo

Mi tía Juana no sabía irse nunca. Cuando venía de visita, siempre con prisa (“solo me quedo un momento, que tengo muchas cosas pendientes”), los niños apostábamos cuantas veces se despediría y si la próxima sería la buena.

Nadie se creía el primer anuncio: “Bueno, me voy, que ya llego tarde”.

El segundo anuncio podía tardar unos diez minutos: “Oye, tráeme el abrigo porfa, que ya me voy”. Se lo traíamos, claro. Pero podía pasar otros diez minutos antes de que se lo pusiera.

Luego estaba la despedida en el recibidor, abrigo puesto, que podía durar… un tiempo indeterminado. A la tercera o cuarta vez de repetir: “Oye, que de verdad me tengo que ir”, solía añadir: “por favor echadme fuera”.

Abríamos la puerta y Nanú salía al rellano… para emprender otro tema.

A veces bajaba la voz como aquel que va a contarte un secreto y hacía ademán de volver a entrar. Permitírselo hubiera sido volver a empezarlo todo.

Las despedidas de mi tía Nanú eran toda una novela, con varios tomos, que podía durar entre media hora y dos horas.

Ahora, tantos años después, he comprendido que Tía Nanú funcionaba según el Metaprograma implicado.

Teoría de la relatividad…. del tiempo

El interlocutor que funciona en modo implicado se sitúa “dentro del tiempo”. No le importa ganar o perder tiempo porque al estar dentro, no tiene referencia para medirlo y cuando está discutiendo, suele dejarlo escapar.

El Metaprograma opuesto es el disociado. La persona disociada considera el tiempo desde fuera, como un elemento que interviene en sus relaciones con los demás, que se debe medir y cuidar.

Por tanto, la persona implicada desborda a menudo del tiempo previsto, mientras que a la persona disociada le disgusta mucho hacerlo.

Pocos son tan implicados como lo era mi tía, pero cuando se encuentran con personas disociadas, les provocan nerviosismo e impaciencia, el sentimiento de desperdiciar el tiempo, y eso repercuta en su actitud general. Pierden la sonrisa, se muestran inquietos, dejan de prestar atención. Un vendedor que no supiera reconocer a un cliente disociado correría muchos riesgos de venderle poco.

El Metaprograma implicado se halla en el sector límbico derecho del cerebro, mientras que el disociado está en el límbico izquierdo. Por tanto es normal encontrar junto a este Metaprograma, características propias de estos sectores. Los límbicos derecho tienen las emociones volcadas hacía fuera mientras los izquierdo las mantienen controladas.

Esto explica porqué el MP implicado se compromete e invierte en la acción, lo que aumenta su subjetividad. Le gustan los contactos, intenta convencer con argumentos emocionales y espera lo mismo de los demás.

Por el contrario el MP disociado es espectador de su propia actividad. No se implica lo que le permite una mayor perspectiva, pero a la vez perjudica su capacidad de motivación y persuasión.

Observemos a nuestro interlocutor. Si parece apasionado, se lanza de cabeza en la acción o en sus demostraciones, funciona en implicado. Y si nosotros adoptamos un MP disociado, él probablemente nos encontrará frió (a) y no llegaremos a convencerle.

Por el contrario, si nuestro interlocutor parece exterior a la situación, poco implicado, será muy poco sensible a demostraciones apasionadas y evocaciones subjetivas.

To be or not to be…

¿Cuándo fue la última vez que fuisteis al teatro? Acordaos de lo convincente que era el actor, sintiendo la alegría, o la desesperación, del personaje interpretado, por lo que todo el público se sentía conmovido. ¡Qué implicado parecía!

Sin embargo, en ningún momento perdía el sentido del espacio en el escenario, la conciencia de la localización de los focos y del público, el momento en qué los demás actores intervenían. Mantenía el control de su propia actuación y del tiempo de cada una de sus réplicas. En este aspecto funcionaba en disociado.

Entonces ¿en qué quedamos: actor implicado o disociado? Ambas cosas. Los actores deben funcionar en Metaposición.

La Metaposición consiste en ser capaz de invertirse plenamente en la relación pero sin perder de vista que la misma es relativa y se inscribe en un contexto determinado. Es la posición más eficaz en las relaciones personales porque consiste en ser a la vez la marioneta y el que mueve los hilos, el que controla y el que ejecuta.

Pero no solo los actores de teatro ganan en su comunicación gracias a la metaposición, ¿verdad? ¿Has pensado en qué situaciones puede serte beneficiosa?

Una cafetera metaprogramada

Pedro es un pesado. Por lo menos es así como lo percibe Lucía, que trabaja en el mismo despacho que él.

Lucía es entusiasta por naturaleza y se apunta a cualquier cosa.

– ¿Por qué no organizamos una comida entre todos los 12 del departamento? pregunta alguien,

– ¡Sí vale! Hagámoslo. comenta Lucía.

Pero Pedro comenta inmediatamente:

– No irán todos. Irán solo los mismos de siempre.

– Pero qué negativo eres, Pedro, démonos una oportunidad.

– No soy negativo, sé lo que va a pasar.

– No se porqué haces tantas historias, si al final vendrás encantado.

Jaime encuentra el despacho triste. Dice que falta ambiente.

– Pues ¿por qué no traemos cada uno algo bonito para adornar las paredes?. Y luego entre todos compramos una cafetera, que las hay muy baratas, y preparamos el café en el despacho.

– ¡Anda ya! dice Pedro. Y ¿tu crees que el jefe te dejará poner cualquier cosa en la pared?.

– ¡Hombre! Si no se le preguntas, desde luego que nunca lo sabrás.

– Es que además la gente no tiene dinero para gastarlo en una cafetera para el despacho. Y ¿quién preparará el café, tu?

– Pero por qué no lo preguntamos a la gente.

– Porque no van a querer

– Y tu qué sabes. ¿Tu contribuirías?

– Yo sí. Pero todos no querrán.

– ¡Qué pesado eres!

Estas discusiones son típicas en el despacho. Lucía se ilusiona por todo, aunque a veces al final no hace nada, y Pedro le encuentra pegas a todo, aunque al final se apunta igual. Terminan de acuerdo y pensando lo mismo, por lo que los colegas les llaman pesados a los dos. Por discutir.

Pues cada uno de nuestros protagonistas aplica escrupulosa pero involuntariamente un metaprograma bien determinado llamado aproximación-evitación.

Lucia funciona en Aproximación. Considera primero las ventajas de una nueva situación, se entusiasma y moviliza su energía hacia la acción.

Por el contrario Pedro funciona en Evitación. Se fija primero en los inconvenientes, en los aspectos negativos, en los problemas que plantean las nuevas ideas.

Hay que tomar muy en cuenta que la postura evitación no es necesariamente una posición de rechazo. Si bien es cierto que considerar los inconvenientes puede limitar o impedir la acción, también puede desembocar en un modo de planificarla, evitando los tropiezos para llegar mejor a la meta.

De hecho, aproximación y evitación son una reacción inmediata y espontánea a una iniciativa ajena. Al final, es posible que la persona que funciona en evitación termine realizando los proyectos que entusiasmaron al “aproximación” pero que este no supo llevar a cabo. Y queda muy posible que una persona que funciona habitualmente en evitación muestre entusiasmo en la presentación de sus propios proyectos.

Como siempre en materia de comunicación con la PNL, debemos intentar calibrar nuestro interlocutor (determinar sus metaprogramas) y adaptarnos a él.

Si nuestro interlocutor funciona con el metaprograma de aproximación, enseñémosle las ventajas de nuestra propuesta y transmitámosle entusiasmo. Pero si funciona con el metaprograma evitación, hablar de las ventajas no lo motivará de momento. En este caso, hagámonos el abogado del diablo de nuestra propia proposición.

Por ejemplo Lucía podría decir:

– He tenido una idea que creo interesante pero le encuentro varias trabas. Se trata de comprar entre todos una cafetera para el despacho pero claro, es probable que varios no quieran cotizar y luego a ver quién preparará el café.

Curiosamente, este tipo de presentación es más propicio a que Pedro sea más receptivo a la idea, porque después de un tiempo de reflexión, todos pasan a considerar el Metaprograma complementario. Pero si nos empecinamos a tomarlo a contrapelo, lo bloquearemos y no avanzará.

Observad a vuestro alrededor y pensad en vuestros amigos o colegas ¿sois capaces de reconocer a una aproximador y a un evitador?

Échame un ancla

Cuando ves esta foto u oyes aquella canción del verano pasado, ¿no afluyen a tu mente una serie de recuerdos: la playa, el sol, la discoteca, los amigos -o lo que tocaba en tus últimas vacaciones- ? ¿No sientes una oleada de emociones, y no ilumina tu cara una dulce sonrisa? Pues acabas de activar un anclaje.

Un anclaje es una asociación entre un estímulo y una respuesta. El estímulo puede proceder de cualquier canal perceptivo: Visual, Auditivo, Kinésico u Olfativo. Por tanto puede ser la visión de una foto, el encuentro con un viejo amigo, una música, una mano en el hombro o el olor de la lavanda. Y la respuesta puede ser una estado emocional o un comportamiento.

Hay anclas positivas, que provocan estados emocionales agradables, refuerzan nuestra confianza, nos producen alegría o felicidad. Y hay anclas negativas que producen lo contrario.

Las paredes hablan

En una oportunidad, estaba dando la segunda sesión de formación a un grupo de catorce vendedores de una misma empresa, y les notaba tensos, prudentes y poco participativos, diferentes del clima que habíamos conseguido en la sesión anterior. La sala de formación, agradablemente acondicionada, estaba ocupada por otro departamento y nos habían alojado en la sala de reunión de los comerciales. Esto parecía lógico a la Dirección, teniendo en cuenta que esta sala era precisamente la de los vendedores. Pero algo no funcionaba.

Cuando un formador percibe que el grupo no funciona, es aconsejable que pase a la metacomunicación y haga reflexionar el grupo sobre su propia situación, lo que hicimos. A la cuestión: “¿Qué os recuerda esta sala?”, contestaron primero con onomatopeyas: “Uff, ¡Ay!, Oh la la”, y aclararon a continuación que ese era el lugar donde el Jefe de Ventas acostumbraba a echarles broncas o a dejar en mal lugar al vendedor con menores ventas del mes.

Se había establecido un anclaje negativo entre los vendedores y la sala, dónde todo les traía malos recuerdos.

Durante el descanso conseguimos recuperar la sala de formación que se había desocupado y volvimos a encontrar el clima de distensión y participación de la sesión anterior.

Nuestros estados de recursos

Todos conocemos situaciones en las que nos sentimos orgullosos y llenos de energía, situaciones en las que nos sentimos capaces de superar cualquier reto, como un alpinista que culmina el K2. Puede ser después de un partido de volley ball que hemos ganado contra un rudo adversario; en la entrega de premios por nuestro notable trabajo en el Gran Salón de Actos; o cuando conseguimos bajar en rappel en el Outdoor de cohesión de equipo.

Pues estos estados particulares y gratificantes son susceptibles de ser anclados, de tal forma que cuando activemos el ancla, volveremos a experimentar un estado emocional parecido al momento del anclaje, lleno de confianza y de energía.

Existe una relación directa entre los estados anímicos y los resultados que conseguimos. Cuando nos sentimos entusiastas y confia­dos en el éxito, las cosas nos salen mejor. Por el contrario, si nos sentimos decaídos, dudosos e inseguros, las cosas suelen salirnos mal.

Comportamientos que provocan las emociones positivas

Nuestros comportamientos son el reflejo de nuestros pensamientos conscientes. Si estamos convencidos de que vamos a suspender el examen del carné de conducir, hay una mayor probabilidad de que efectivamente, no aprobemos. Y nuestros pensamientos conscientes proceden, a su vez, de nuestras emociones más o menos inconscientes como los miedos, las dudas, la desconfianza, el decaimiento.

La PNL posee los medios de inducir en nosotros mismos los estados de recursos deseados. Aplicando sus métodos, pode­mos pasar de un estado negativo a otro positivo. Pero lo importante es que a su vez, pasamos de hacer mal las cosas a hacerlas bien. Se trata de activar en el momento adecuado nuestros anclajes positivos. Como tomar una copa con este divertido compañero del equipo de Volley Ball, escuchar el himno de We Are The Champions que tocaban en la entrega de premios o volver a mirar la foto de nuestra bajada en rappel.

La PNL presenta técnicas formales para anclar emociones positivas o desanclar miedos y emociones negativos, aunque os remito para su completa descripción a la literatura especializada.

Así, resulta posible anclar estados anímicos positivos (desgraciadamente también negativos y sin querer) y activar los anclajes a posteriori. Los aplausos que recibimos son anclajes emocionales, se anclan cuando los merecemos y se activan aplaudiendo antes y durante una prueba difícil.

Retomando el caso de los vendedores anteriormente comentado, los jefes deberían pensar en reforzar los comportamientos satisfactorios de sus colaboradores, y no solo destacar los errores e insuficiencias, sino provocarán anclajes negativos y la sola visión del jefe puede provocar emociones negativas, desestabilizadoras, y contraproducentes.

Un llavero desordenado

Desde que nacemos, no paramos de aprender, y almacenar en nuestro cerebro tanta cantidad de experiencia que, pasada la adolescencia, disponemos ya de los suficientes recursos para resolver casi cualquier situación. Son como llaves que podrían abrir cualquier puerta que nos encontrásemos. Pero estas llaves son tan numerosas que algunas las tenemos desordenadas en el llavero, y otras olvidadas en un cajón. Por tanto no podemos utilizarlas cuando las necesitamos y hasta quedamos equivocadamente convencidos de no tenerlas.

Si conseguimos etiquetar a nuestras llaves y saber donde las guardamos, podremos usarlas y salir de la mayoría de situaciones que nos dejan actualmente desamparados.

¿Cuantas veces después de haber fracasado en una situación (vender un producto, negociar un aumento, exponer antes de un grupo, motivar a un colaborador, etc.), pensáis después (y demasiado tarde), cómo podrías haber procedido?. Seguro que, en la tranquilidad de vuestra casa o despacho, sois capaces de imaginar un proceso diferente, evitando los errores y utilizando otros caminos más productivos. Esto demuestra que, en el interior de vuestro cerebro, estaban las claves de la solución, pero no supisteis encontrarlas en el momento necesario.

Tal vez afirmáis que sois demasiado nervioso y que los nervios os pierden en las situaciones de presión. Bueno, pero hasta el más nervioso tiene sus momentos de calma y de relación ¿no?. Sabe lo que son, los ha experimentado. El problema es que no sabe utilizar su capacidad de relajación cuando le resultaría necesario.

¿Y el miedo, que os paraliza antes situaciones angustiosas, o la desconfianza en vosotros mismos (“esto, nunca seré capaz de conseguirlo”), esta timidez que os congela cuando debéis hablar antes desconocidos? Bueno, pero todos los miedosos han conocido momento de superación, los angustiados han logrado victorias, los tímidos se han sentido a gusto hablando con amigos.

Todos hemos vivido situaciones en las que hemos sido capaces de superar nuestras emociones negativas, pero hemos extraviado la llave, mezclada y escondida entre tantas otras experiencias decepcionantes que nos nublan la vista.

Desplegar el mapa mental

La PNL permite acceder a estos estados de recursos y activarlos cuando los necesitamos. Al no hallarse en la capa consciente y racional del cerebro, sino en el sistema emocional, necesitaremos la técnica de los anclajes para acceder a ellos. En eso la PNL difiere de las técnicas analíticas, no intenta comprender los porqués, sólo apoyarse en las experiencias adecuadas para sobrepasar nuestros límites personales actuales y mejorar lo que ya estamos haciendo.

Nuestros comportamientos son coherentes con nuestras representaciones mentales y nuestra exploración del mundo está limitada por el mapa que tenemos del mismo. Cuando ampliamos nuestra visión del mundo, ampliamos nuestra capacidad de comportamiento. Pero como lo escribía al principio, ya tenemos el mapa, lo que ocurre es que hemos dejado parte del mismo en la oscuridad, o doblada detrás de la hoja central. La PNL ayuda a desplegar el mapa y a ponerlo a plena luz.

Un ancla colgando de una cuerda

Nuestros recuerdos emocionales están constituidos de componentes VAKO’s, es decir que asociamos a cada recuerdo sensaciones Visuales, Auditivas, Kinésicas y Olfativas. Para desactivar un ancla negativa, es necesario sustituirla por un ancla positiva de mayor fuerza. El truco es saber desmontar el anclaje negativo, elegir el ancla positivo y remontar un nuevo anclaje.

Una metodología es necesaria, pero lo es tanto menos como la experiencia positiva es emocionalmente fuerte. Aunque lo más simple para explicarlo me parece ser gracias a un ejemplo.

En nuestros cursos “outdoor”, que realizamos en la pequeña montaña, conducimos a los participantes hasta un pequeño corte de unos 10 metros de alto, comparable al balcón de un tercer piso, y les pedimos que lo bajen en rappel.

Es necesario precisar que esta experiencia llega después de que estén trabajado en equipo durante dos días creando anclajes emocionales y estados de recursos progresivos.

A pesar de que la seguridad es probablemente mayor que cuando uno baja la escalera de su casa, descender con el arnés y colgado de una cuerda crea la primera vez una fuerte impresión, es que nuestro cerebro abusado no ve el pequeño corte que hemos de bajar, sino todo el acantilado que le sirve de entorno.

Sin embargo, la casi totalidad de los participantes consigue vencer su aprensión, gracias a los monitores y al apoyo moral de su equipo. Es interesante notar que son precisamente aquellos que más miedo experimentaron los que más disfrutan repitiendo el descenso.

La experiencia es totalmente emocional y crea un potente anclaje en las personas, un estado de recurso poderoso que permanecerá mucho tiempo. Para transformar la experiencia en ancla y realizar el anclaje, reunimos al grupo cuando la adrenalina ha rebajado (en nuestro caso es después de la comida), y le hacemos comentar su experiencia, hablar del estado emocional en el que se han encontrado durante y después, describir lo que veía, lo que oía y lo que sentía. Se crea el anclaje cuando las sensaciones han sido etiquetadas y que el puente se ha creado entre las mismas (sistema límbico) y la parte consciente y racional (neocórtex).

Esta experiencia permite dos tipos de ventajas, una primera es la de disponer de un estado de recurso potente, dispuesto a activarse sobre pedido; y la otra es el crear un enlace emocional con los compañeros del equipo que han compartido nuestra misma emoción y cuyo apoyo afectivo ha sido clave para lograrlo.

En nuestra vida laboral, y personal, tenemos muchas ocasiones de pensar que no lo vamos a conseguir, que la situación es inextricable, que no tenemos tiempo, que no tenemos recursos, etc. Estas emociones negativas normalmente paralizan nuestra capacidad creativa y nos impide encontrar los recursos internos necesarios. Sin embargo, basta con activar el anclaje para que la mentalización se transforme en positiva y que, entre todos, encontremos los recursos y las soluciones para transformar un probable fracaso en un gratificante éxito.

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Henric-Coll Michel. (2003, agosto 20). Programación neurolingüística. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/programacion-neurolinguistica/
Henric-Coll, Michel. "Programación neurolingüística". GestioPolis. 20 agosto 2003. Web. <https://www.gestiopolis.com/programacion-neurolinguistica/>.
Henric-Coll, Michel. "Programación neurolingüística". GestioPolis. agosto 20, 2003. Consultado el 16 de Octubre de 2018. https://www.gestiopolis.com/programacion-neurolinguistica/.
Henric-Coll, Michel. Programación neurolingüística [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/programacion-neurolinguistica/> [Citado el 16 de Octubre de 2018].
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