La actitud indiferente

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El ser humano es un ser de relaciones que requiere el vínculo con sus semejantes para poder sobrevivir y lograr objetivos. Sin embargo la competitividad social parece estar generando el incremento de un estilo de relación nocivo: la actitud indiferente. ¿Cómo enfrentarla y superarla? Siga leyendo.

Los seres humanos somos desde el momento mismo del nacimiento, dependientes de quienes nos rodean. Solos no podríamos sobrevivir y, como lo ha probado la psicología, al vernos privados de afecto desarrollamos taras y limitaciones cognitivas, afectivas y conductuales, pocas veces reversibles.

Una de las teorías más conocidas en ese sentido es la Teoría del Apego, postulada por Bowlby y Aisworth, quienes estudiaron la relación entre varios niños y su figura más cercana de apoyo (apego). Estos investigadores descubrieron que los niños que recibían mensajes dobles o ambivalentes, con afecto y atención no constante, así como los que eran víctima de la indiferencia y el rechazo de su figura de apoyo principal, mostraban gran sufrimiento emocional y desarrollaban formas de relacionarse, signadas por la ansiedad, la inseguridad, el aislamiento y la indiferencia. Estos contextos de afecto limitado o confuso, han sido denominados por Linehan, como “ambientes invalidantes”, los cuales suelen ser contextos claves para la aparición de trastornos emocionales.

Esta es una de las explicaciones, no la única, de la conducta indiferente con nuestros semejantes. Lo cierto es que dependemos de otros tanto en la infancia como en el resto de la vida, y las muestras de indiferencia nos afectan. Tanto es así, que es frecuente escuchar a algunos aconsejar a otros que “castiguen con el látigo de la indiferencia”, a quienes resulten etiquetables como enemigos.

Aunque puede existir una tenencia innata a marcar distancia, por obra del temperamento, o por efectos de cierta configuración biológica cerebral tal como lo ha comprobado Jerome Kagan en sus experimentos con niños, es posible también aprender a comportarse con indiferencia, a través de lo que se conoce como “modelaje” o imitación.

Si un padre, hermano u otra figura de autoridad tienden a comportarse de esta manera y logra sus objetivos a través de este pernicioso mecanismo, puede servir de modo para que otros, especialmente niños y adolescentes, lo imiten co la esperanza de influir a los demás.

Recientemente fui a visitar a una familia de amigos, y no de sus hijos me pidió que lo llevar a mi casa. Al ver que no se cumpliría su expectativa, optó por la represalia del silencio y el aislamiento, una práctica que caracteriza a su padre y que le ha generado numerosos conflictos con amigos, parejas y compañeros de trabajo. Huelga decir que en ningún momento, aconsejó o reprendió al niño por esa actitud que se prolongó por el resto de la tarde.

En términos de consecuencias, debe señalarse que esta actitud de frialdad emocional impide las buenas relaciones, debido a que limita la posibilidad de que las personas se conozcan, bloquea la comunicación, genera resentimiento y deseos de venganza, impide la búsqueda de acuerdos, y etiqueta al otro como indeseable y descartable.

Un jefe indiferente no motiva a sus empleados, pues la motivación tiene dos componentes: el ejemplo personal y el refuerzo directo. Si no se predica con el ejemplo y no se reconocen los méritos, los empleados experimentan lo que denomino aquí “invisibilidad psicológica”, una especie de estar sin estar, pues no se les toma en cuenta como lo sugiere el sentido común y lo manda el requerimiento humano.

En la pareja los estragos no son menores. La indiferencia suele usarse como castigo por no complacer las expectativas personas y la sanción puede llegar a la cama y promover conflictos e infidelidades.

En el caso la misericordia y la ayuda social, la indiferencia es una barrera, un bloqueador, que impide dar a los más débiles el apoyo que tanto necesitan. Siendo así, puede convertirse en una conducta egocéntrica y poco empática. Algunas personas que toman esta postura desde mi punto de vista extrema, no parecen comprender que cuando se nos ha roto un dedo, no debemos por ello cortar la mano.

Ya se trate de una disposición innata o aprendida, y sea en el trabajo, la pareja o la familia que se haga presente, la actitud indiferente causa estragos y es necesario evitarla, superarla, erradicarla.

  • Lo primero que se requiere hacer para resolver esta tenencia al aislamiento emotivo es concientizar sus efectos y proponerse un cambio de estilo.
  • Lo segundo es observar para reconocer, los agentes estresores que detonan, que nos impulsan a desplegar este mecanismo defensivo, que en caso todos los casos son: evitar que nos rechacen, y manipulación de chantaje para dominar al otro.
  • La tercera decisión es buscar formas alternativas de solución, como: mostrar nuestro descontento si agredir, expresar el temor a ser rechazado y expresar lo que deseamos que ocurra o que el otro haga, entendiendo que no en todos los casos podremos ser complacidos.
  • Finalmente, la estrategia de la aproximación sucesiva, que consiste en reducir cada día un poco más la actitud indiferente, dando muestras pequeñas aunque constantes de acercamiento, permite que la persona logre un cambio sin que su sistema psicológico habituado a aislarse, oponga resistencia.

Esto es lo que Robert Maurer ha denominado el camino del Kaizen. Pasos pequeños y continuados para promover grandes cambios.

Si puede usted comprender la importancia de mantener buenas relaciones, con formas adecuadas de contacto personal y límites necesarios que permitan el respeto de las diferencias y el resguardo de los espacios personales, está en sus manos superar las tendencias aislacionistas y promover una conexión humana cada vez más nutritiva. Gracias por leerme. www.laexcelencia.com.

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Yagosesky Renny. (2010, abril 9). La actitud indiferente. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/la-actitud-indiferente/
Yagosesky, Renny. "La actitud indiferente". GestioPolis. 9 abril 2010. Web. <https://www.gestiopolis.com/la-actitud-indiferente/>.
Yagosesky, Renny. "La actitud indiferente". GestioPolis. abril 9, 2010. Consultado el 13 de Octubre de 2017. https://www.gestiopolis.com/la-actitud-indiferente/.
Yagosesky, Renny. La actitud indiferente [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/la-actitud-indiferente/> [Citado el 13 de Octubre de 2017].
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