Historia del turismo en Bolivia

El turismo basado en el desplazamiento de personas, se inicia en Bolivia en el periodo pre inca e inca, cuyas características sociales determinan que ciertos grupos de privilegio podían desplazarse fuera del lugar de su residencia habitual. Bajo estas mismas características los desplazamientos en la época de la colonia y república son de gran interés, se desarrollan en expediciones que buscan riqueza y expansión del dominio español, hasta llegar al periodo republicano casi actual, donde aparecen los primeros entes oficiales de turismo y el surgimiento de los pioneros en desarrollar el turismo organizado “todo incluido” en Bolivia. Esta misma metodología es utilizada para realizar el análisis de la historia del turismo en Cochabamba.

I. Historia del turismo en Bolivia

1.1. Periodo pre incaico e incaico

La inexistencia de bibliografía que nos permita realizar un análisis histórico del turismo en nuestro país, ha hecho que tengamos que recurrir a las fuentes de información dejadas por los cronistas en la colonia y hacer una adecuación al componente turístico basado en los viajes y desplazamientos.

Según Díaz Romero, la ciudad de Tihuanaco fue ciertamente la metrópoli de los Kollas que se establecieron en las márgenes del lago Titicaca como una grandiosa civilización erradicada después de tres mil años de existencia, siendo destruida la capital de los Kollas por la irrupción súbita y torrentosa de otra raza salida de las regiones subandinas, raza mongólica, terrible, devastadora en todos los tiempos de su historia; eran los Jaimayas a quienes hoy se llama Aymaras. Esta raza se mezcló y mestizo con los Kollas conquistados, resultando de esta mezcla los aymaras-quechuas. El investigador Humboldt es quien afirma que existieron migraciones del continente asiático en las latitudes americanas, esta raza se asentó en México en el Imperio de Anahuat y en Tahuantinsuyo Perú.

Posteriormente a esta civilización aparecen los Incas. Existen diversas interpretaciones sobre los desplazamientos que hubieran realizado, si bien la mayor parte de éstas se debe a versiones más relacionadas con los planteamientos occidentales en base a los legados dejados por los cronistas de la época.

Socialmente se establece que estuvieron organizados en una estructura piramidal, en la parte superior se encontraba el Inca o supremo gobernante, por debajo los orejones o miembros de las Panacas Reales, y por último la masa social no privilegiada.

En la estructura organizativa inca tuvieron gran importancia los ayllu; fueron las cédulas básicas de la estructuración inca. Generalmente estaban relacionados por vínculos familiares y llevaban a cabo un proceso de repartición y trabajo colectivo de las labores productivas: tenían un territorio para su provecho, entregado por el Gran Inca, que significaba su único medio de subsistencia, y que era trabajado de forma comunitaria por distintas familias (el cabeza de familia sería el máximo responsable de cada grupo).

Al mismo tiempo que cultivaban sus propias tierras, a merced de la mita (la cual la entendemos como el aprovechamiento del esfuerzo personal, los súbditos del Inca también trabajaban las tierras del Estado (de las que se obtenían los beneficios para sustentar los gastos del templo, del culto, de la administración civil y de la administración militar y los viajes que se realizaban.

Por otra parte encontramos las Panacas Reales que, a decir de Álvarez Quezada, estaban formadas por los descendientes del Inca (a excepción del heredero al trono). Las Panacas se relacionaban o situaban en torno al palacio del gobernante y debían rendirle culto y memoria a la muerte del mismo (a su muerte el gobernante dejaba una serie de bienes para el mantenimiento del palacio). Sus miembros fueron también conocidos como orejones y, al mismo tiempo, representaban o significaban los grupos de presión más importantes frente al gobernador, también disponían de los puestos y cargos más importantes de la administración y del ejército.

En este sentido debemos mencionar que los verdaderos incas, aquellos que debían mantener la limpieza del linaje, se denominaban Collana.
Los dirigentes de otros grupos sociales de los pueblos conquistados recibían el nombre de Callao y por último los Payan fueron los descendientes de estos últimos con concubinas.

Las mujeres escogidas o “aolla”: eran una especie de monjas, según crónicas españolas; mujeres recogidas a la temprana edad de los 8 a10 años por los sacerdotes y que recibían una esmerada educación en centros especiales, una vez pasada la pubertad debían ingresar a un noviciado de tres años para posteriormente ser utilizadas para sacrificios rituales, o bien como vírgenes del Sol (cuidan el templo y el culto), también fueron concubinas del Inca.

Los mitimaes eran grupos o comunidades de personas que debían desplazarse de forma forzosa a otras regiones para obtener los recursos que no poseían en sus territorios. Realizaban largos viajes en muchos de los casos eran caravanas que se desplazaban a pie y con un sequito de llamas, animal de carga que servia para transportar los productos, riquezas u objetos de valor. El fin de estos desplazamientos fue económico al mismo tiempo que político y militar pues éstos servirían, a su vez, de informadores y posteriores pobladores de nuevas tierras que entran bajo dominio inca. Los yanaconas, constituían el grupo de agricultores libres que estaban adscritos a la tierra, y que trabajan en las propiedades de los señores, panacas, o tierras públicas.
La organización política estaba instituida por una diarquía o gobierno cuatripartito (formado por cuatro grandes regiones o “sullis” del Imperio Inca -Tahuantinsuyu-).

Cabe destacar que el gobierno supremo del Imperio Inca no era hereditario sino que se realizaba una selección de candidatos para el cargo; con ello se generaba una gran tensión y provocaba continuas guerras civiles (constantes en la sociedad inca). Por esta razón se crearon asociaciones al trono durante la vida del gobernante, si bien no fueron siempre respetados estos acuerdos.

Por último hay que mencionar que existieron grandes desplazamientos incas por gran parte de la geografía sudamericana, fundamentalmente para someter a los pueblos conquistados. Según las crónicas de Juan de Betanzos, participaba en estos desplazamientos una multitud de súbditos del Inca; en muchos de los casos la presencia del Inca en los pueblos sometidos se lograba llevando en andas una réplica en barro o cerámica del Inca y a los pies de este ídolo se encontraba un envoltorio con los cabellos y uñas cortadas por varios años del Inca como medio de presencia física.

La gran labor de adaptación y cohesión política- social que realizaban los incas con los pueblos sometidos (generando simpatías, en algunos casos, por parte de los pueblos conquistados) eran todo un ceremonial, en ocasiones se respetaba hasta la misma organización y jerarquía interna, y los mismos jefes supremos.

Por otro lado, aunque los informes suministrados por los primeros cronistas son confusos, todos ellos son coincidentes en señalar que la expansión de los incas llegó hasta el territorio boliviano y la mayor manifestación de la existencia inca en Bolivia se encuentra en Incallajta (Cochabamba), la construcción de esta magnífica obra inca estaba destinada como un defensivo a los ataques periódicos que realizaban los Chiriguanos (pueblo bárbaro y hostil). Las primeras informaciones que se tienen sobre estas ruinas las realiza Nordeskiol, quien desarrolla una labor importante en realizar una descripción minuciosa de todo el monumento y el relevamiento de la planta.

Por este trabajo se establece que los Incas se desplazaron por gran parte del territorio andino boliviano, existen actualmente rutas denominadas de “los Incas”, las cuales hoy son objeto de uso turístico.

El desplazamiento se realizaba a pie y con mulas, pero existió el sistema de los chasquis que eran los encomendados para llevar información, ellos cumplían su labor desplazándose por sendas por periodos determinados (8 o 10 horas de viaje), luego encontraban en los tambos al chasqui de turno, quien continuaba el viaje y así sucesivamente hasta que el mensaje o la encomienda llegaba a destino.

Los primeros establecimientos de hospedaje que se conocen en el incario son los tambos, las cuales, a decir de Milla Ursula , estaban formados por construcciones perimetrales con techo de dos caídas de agua en la cual descansaban tanto el chasqui, los viajeros, animales y los productos transportados a lomo de bestia. Hoy en día existe todavía en las ciudades altiplánicas de Bolivia este sistema de hospedaje conocido como tambo, donde los campesinos pernoctan juntamente con sus productos agrícolas para ser vendidos en las ferias de abasto.

1.2. El turismo en la colonia y república

Los viajes que se realizaron en el continente americano constituyen uno de los grandes factores del renacimiento de los siglos XV y XVI, transformando la cosmovisión que tenían los pensadores y estudiosos de la humanidad.

El descubrimiento de la América realizado por Cristóbal Colón determino el mayor número de desplazamientos los cuales tenían como objetivos la conquista y sojuzgamiento de los originarios. Siguiendo los viajes de Colón, se tienen los realizados por Cabot (1497), Cabraf (1500), Solís (1506) y a así un sinnúmero de travesías que se desarrollaron en el geografía americana. Si el objetivo fue la conquista, existieron otros viajes que buscaban el descubrimiento geográfico, botánico, mineralógico, etc.

En los siglos XVII fueron los sacerdotes católicos misioneros los que realizaron los más importantes viajes, así tenemos el caso del Padre Barca de Vega en 1633, Padre Tejerían en 1637, el laico Samuel Frik en 1687 es el que desarrollaron los principales estudios geográficos de la época.

A decir de Ballivián, las primeras expediciones científicas que se desarrollaron en Sud América estuvieron dirigidas por Carlos María de la Comadina, Pedro Bonguer, Luis Goldin y otros.

El tipo de viajes que se realizaron en estas épocas fueron fundamentalmente en barco como viajes transcontinentales hasta arribar a la América, de allá se continuaba los recorridos a lomo de bestia, siendo el principal medio de transporte el caballo y las mulas.

Según Ballivián, los viajes realizados hasta fines del siglos XVIII no fueron solamente realizados por españoles, sino por personas que pertenecían a distintas nacionalidades, teniendo esta un doble carácter de viajeros y conquistadores. Los primeros, con sus maravillosas narraciones, lograron conquistar el interés por estudiar estas regiones y los segundos para mostrar sus armas en las distintas regiones sudamericanas; entre los principales conquistadores tenemos a Francisco Pizarro, Diego Almagro, Valdivia, Mendoza y otros.

Las narraciones realizadas por los viajeros constituyen trabajos de “historiadores primitivos de las Indias”, narrados por Gracilazo de la Vega, Padre Cieza de León, Betanzos y muchos otros.

Viajes expedicionarios, de trascendental importancia, son aquellos que fueron mandados a realizar por mandato del Rey Carlos III para estudiar las características geográficas y naturales; se encontraban encabezados por Hipólito Ruiz y José Pavón (1778). A esta época corresponden los viajes realizados por Alejandro Humboldt en 1799, quien juntamente con Bonpland desarrolló las principales investigaciones geográficas y botánicas de la América.

Las principales expediciones que se desarrollaron en el territorio que hoy corresponde a Bolivia estuvieran dirigidas por Fray Tomas de San Martín que vino con los conquistadores españoles al Perú y de allá se desplazaron hasta el Obispado de Charcas. Llas expediciones de Diego de Almagro también tuvieron su importancia, a pesar que estas tenían el objetivo de la conquista y la codicia por las riquezas que se guardaba en este sector de la América. Siguieron a estos Gonzalo y Francisco Pizarro, quienes con espada en mano iban sometiendo a todo pueblo que encontraban a su paso.

Existen diversas versiones sobre los viajes expedicionarios de los siglos XVI, los cuales tuvieron como fin recorrer el noroeste del territorio altoperuano, hoy Bolivia. Destaca la labor de Pedro Anzures de Camporredondo, Benito Quiroga y otros, quienes visitaron lo que hoy es Alto Beni, Beni, Moxos, etc. Asimismo, expedicionarios como Núñez Cabeza de Vaca, Andrés Manso y otros realizaron desplazamientos expedicionarios por la zona sur del país correspondiente a los sectores del Chaco y Santa Cruz.

Es evidente que estos desplazamientos se realizaban fundamentalmente para descubrir nuevos lugares y buscando riqueza del oro, la plata, piedras preciosas, etc.; pero también existieron viajes que tenían como fin el conocer la riqueza biológica y cultural de nuestro territorio.

En diferentes tiempos y épocas se desarrollaron viajes expedicionarios en caravanas; así las experiencias de Humbold, Tadeo Haenke, Foucet y muchos otros que recorrieron nuestro territorio palmo a palmo.

Estas experiencias de desplazamientos dieron origen hoy en día a una diversidad de posibilidades de visitas turísticas organizadas a diferentes puntos del país; muchas de ellas fueron de conocimiento del intelecto europeo.

Recientemente se ha realizado todo un estudio sobre los viajes de Alcides D Orbigni y de la importancia de sus investigaciones, que están empezando a ser utilizado como oferta turística.

Los viajes expedicionarios de los siglos XVIII y XIX aportaron información que fue altamente difundida en los círculos de la elite pensante de Europa, fue la que atrajo a turistas extranjeros a nuestro país, imbuidos por las maravillas que narraban en sus obras estos maestros de la geografía, biología y antropología.

1.3. El turismo en nuestros días

El año 1930, durante la Presidencia de David Toro se cuenta con el primer ente oficial del turismo en Bolivia, es el momento en que se da importancia a esta actividad, la cual empieza a ser normada de alguna manera. El primer ente del turismo tiene bajo su tuición velar por el cuidado de los atractivos turísticos, su difusión y otorgar apoyo a los turistas que arriban al país.

El precursor del turismo organizado en Bolivia es Darius Morgan, quien llegó al país por los años 40. Al recorrer el sector altiplánico y especialmente el Lago Titicaca, quedó fascinado con la belleza paisajística de este sector, a partir de este momento, intentó mostrar la belleza de este hermoso lago a sus compatriotas: “navegar en el lago es uno de los más gratos recuerdos que puede experimentar el espíritu, un pequeño mar azul y manso en el que parece que todos los reflejos y matices de la luz se diluyen en su diáfana transparencia”.

Morgan logró un ambiente para crear una agencia de viajes en las instalaciones del Hotel La Paz de ese entonces, empieza a organizar viajes todo incluido al Lago Titicaca, con una movilidad adaptada a tal fin, logró impactar a los turistas. Ante la inexistencia de establecimientos de hospedaje, montó campamentos en carpas para disfrutar del amanecer en el lago y de la navegación precaria, donde se deslizan lentamente pequeñas embarcaciones de madera que transportaban pasajeros y mercancías de uno a otro margen; las embarcaciones con sus cascos pintados de colores claros cabeceaban al golpe de los remo, no lejos de la vista, las balsas trabajadas de totora y empujadas por el viento donde un campesino pesca y se provee de juncos en los totorales. La alimentación era preparada por Morgan en “anafes a kerosén“.

Ese es el inicio del turismo organizado en Bolivia. Hoy en día Crillon Tour empresa de viajes dirigida por Darios Morgan hijo, es la principal empresa de viajes en Bolivia dedicada al turismo receptivo, el hotel Inca Utama es el principal centro de hospedaje en lago. La empresa cuenta con embarcaciones (catamaranes y varios aliscafo) para realizar las visitas a la isla del Sol y Surimi, pequeños museos de sitio y transporte turístico propio, asimismo, las operaciones de ventas las realiza en sus oficinas de promoción en EE.UU y Europa.

Hortensia Romero de Valloton, guía y tour lider de Darios Morgan, una vez conocedora de las rutas del altiplano boliviano peruano, decide independizarse, para lo cual solicita la licencia de funcionamiento de agencia de viajes, la cual le es negada por el solo hecho de ser mujer. Indignada, solicita audiencias con ministros y autoridades nacionales, hasta que al final logra el permiso; crea la Agencia de Viajes Balsa Tour y empieza operaciones ofertando el Lago Titicaca, Tiwanacu y otros sectores con el maravilloso paisaje andino. Balsa Tour crece rápidamente, logra consolidarse en el mercado nacional, abre sucursales en diferentes ciudades de Bolivia (Sucre, Potosí), participa en ferias internacionales de turismo, lo que le permite tener presencia en el mercado internacional. El año 1993 construye su propio hotel en el sector de Huatajata, hermosas instalaciones que lucen sus 5 estrellas; cuenta con una flota de buses y se constituye en la segunda empresa de viajes más grande del país.

1.4. Historia del turismo en el departamento de Cochabamba

Sobre los antecedentes del turismo durante el incario, se incorpora los desplazamientos realizados por los Incas hacia este vasto y fecundo valle; muestra de ello son las ruinas de Incallajta. En la época colonial Cochabamba no puede sustraerse de los desplazamientos que se realizaron tanto desde el Virreinato de Lima como de la Audiencia de Charcas en diferentes tiempos y momentos. Sin embargo, la falta de bibliografía específica sobre el tema ha hecho que tengamos que recurrir a fuentes bibliográficas casi inexistentes.

Así por ejemplo, Lara Claros en su obra Una Familia Boliviana , expresa que el encomendero capitán Lorenzo de Aldana solicitó la colaboración de los padres Agustinos a fin de apaciguar a los Urus, nativos que poblaron las orillas del lago Poopo, para que la orden levantara un convento mayor cerca de Oruro. Una vez concluida la obra, los Agustinos siguieron construyendo templos y conventos; uno de ellos fue el de Challa-Kollo (hoy Quillacollo), luego el de Tapacari, igualmente dejaron testimonio de su obra en Collpa Sipe Sipe y El Paso donde también erigieron un templo en honor a San Lorenzo. Otra misión se instaló en el valle de Mizque construyendo tempos y conventos; de esta manera se fundó la Villa de Oropeza a cargo de Jerónimo de Osorio el 15 de agosto de 1571 al pie de la colina de San Sebastián. Por problemas internos y por disposición del Virrey Francisco de Toledo se volvió a fundar la Villa de Oropeza en honor a su casa de España a cargo de Sebastián Barba de Padilla, en 1574, los Agustinos construyen el convento al norte de la plaza de armas el año 1574, posteriormente se construyeron el resto de iglesias y conventos que hasta hoy existen en este valle. La plaza 14 de septiembre era un predio de tierra seca en invierno y de barro en temporada de lluvias con el único adorno la pileta de agua que fue otorgada por el Rey Carlos III. Posteriormente a estos hechos se gestaron las primeras ideas libertarias para emanciparse de la autoridad española y crear un gobierno de criollos.

En esta época colonial, los desplazamientos de los pobladores locales fueron fundamentalmente para lograr el comercio, caravanas se trasladaban hacia Oruro-Potosí transportando la producción agrícola del valle y mantener a los trabajadores de las minas de del cerro rico de Potosí. Otra ruta que se seguía era hacia Chuquisaca por motivos comerciales donde los hijos de los españoles más adinerados tenían la oportunidad de poder estudiar en la San Francisco Xavier de Chuquisaca. El movimiento de personas estaba determinado más hacia el área rural de Cochabamba, la mayor parte de las familias tradicionales eran latifundistas, quienes poseían tierras agrícolas en los valles tanto alto, central y bajo y en el sector sur este de este territorio.

Se hizo una costumbre que las épocas de fin de año, las comitivas de familias se trasladen de la Villa hacia el campo, es el momento en que surge el turismo local como una forma de desplazamiento de la residencia habitual. El intercambio de turistas nacionales también empieza a gestarse en esta época de fines de la colonia, los hijos de los terratenientes salían de vacaciones a otros distritos del país, los jóvenes pasaban el tiempo cazando, pescando y haciendo días de picnic y las señoritas pasaban largas horas en las tertulias de la tarde. Son muy pocos los criollos que tenían las posibilidades de poder viajar fuera de las fronteras de este terruño, los pocos que lo hacían tendían a viajar hacia La Plata, cuyas largas jornadas de viaje se realizaban a lomo de bestia por caminos de herradura que partían por el Valle Alto hasta llegar a lo que hoy es Tarija y finalmente llegar al destino de La Plata. Los viajes transcontinentales estaban reservados sólo para aquella clase social privilegiada que podía viajar a la madre patria por motivos de negocios o para lograr favores del rey.

Los mestizos, raza sojuzgada por los españoles, no tenían opciones de viajes, se encontraban arraigados a la tierra como pongos o servidores domésticos en las casas de los patrones, la clase obrera y desposeída no tenia opción alguna de viajar ni de trasladar su pobre miseria.

Los abusos cometidos por el Visitador del rey don Manuel Venero y Valero, con el pretexto de cobrar la contribución personal, hace que sea el personaje más odiado de la época.

Así transcurrieron trescientos años de sometimiento hasta la etapa de transición de la colonia a la república.

El 14 de septiembre de 1810 la población cochabambina salió a las calles enardecida gritando libertad para el pueblo oprimido y reconociendo a la Junta de Buenos Aires, esta parte de la historia es narrada por Nataniel Aguirre en su obra maestra Juan de la Rosa.

Los primeros años y siguientes de independencia, la situación muy poco cambió, antes gobernaban los emisarios del rey, luego los criollos ricos, el sistema de producción fue el mismo, el pongeaje y la servidumbre, el campesino sigue ligado a la tierra de sus patrones.

Un sin fin de gobiernos, desde oligarcas hasta populares han, dirigido este país, militares y civiles en medio de un sin número de revoluciones.

Bibliografía

Díaz Romero B. Prehistoria de Bolivia. Bolivia en el primer centenario de su independencia. Ed. The University Society. EE.UU. 1925.

Betanzos Juan de. Suma y narración de los incas. Fondo rotatorio cultural. Ed. Arol. Cochabamba. 1992.

Milla Ursula. Seminario Análisis espacial del Incario en el Cusco. Univalle. Cochabamba. 2003.

Muñoz Reyes Víctor. Bolivia y sus orígenes. Bolivia en el primer centenario de su independencia. Ed. The University Society. EE.UU. 1925.

Pacheco Loma M. Resumen de la historia de Bolivia. Ed. FOCET Alea. Oruro. 1984.

Tellez Rodolfo. Legislación Turística de Bolivia. Ed. Acuarela. Bolivia. 1998.
Escobari Cusicanqui Jorge. Aprovechamiento de las aguas del Titicaca. Ed. Min. De Educación. 1960.

Lara Claros Mario. Una familia boliviana. Ed. Ediciones graficas. Cochabamba. 1988.

Aguirre Nataniel. Juan de la Rosa. Ed. Conoce Opinión. Cochabamba. 1998.

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Chopitea Chávez Iván. (2010, mayo 31). Historia del turismo en Bolivia. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/historia-del-turismo-en-bolivia/
Chopitea Chávez, Iván. "Historia del turismo en Bolivia". GestioPolis. 31 mayo 2010. Web. <https://www.gestiopolis.com/historia-del-turismo-en-bolivia/>.
Chopitea Chávez, Iván. "Historia del turismo en Bolivia". GestioPolis. mayo 31, 2010. Consultado el 19 de Septiembre de 2018. https://www.gestiopolis.com/historia-del-turismo-en-bolivia/.
Chopitea Chávez, Iván. Historia del turismo en Bolivia [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/historia-del-turismo-en-bolivia/> [Citado el 19 de Septiembre de 2018].
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