Experimentar con el conocimiento

  • Otros
  • 5 minutos de lectura

“Ese niño es torpe “, fueron las palabras de una señora al expresarse sobre su hijo de tan solo tres años cuando éste no le entendía lo que ella le decía al querer que el niño identificará los colores de una bandera. Esta expresión fue soportada por el comparativo que minutos antes había hecho cuando el hijo de su vecino quien era menor que su hijo tenía dos años y no sólo se sabía los colores, también sabia contar hasta 20 e identificaba algunas letras del abecedario.

Fue tal el descontento de esa madre que alcance a escucharle “parece que no fuera hijo mío”. Me imagino que el niño no entendió lo que su madre le decía pero por el rostro que ella le puso al lanzar estas expresiones comprendería sencillamente que su madre estaba disgustada y que era precisamente con él; pues su reacción fue llorar inmediatamente.

Que hubiese sido si este niño comprendiera que su madre, la persona que lo resguardo por 9 meses en ese momento se sentía insatisfecha por los resultados no tan halagadores que estaba recibiendo con el crecimiento de él, quien según ella era menos que algunos.

Estas son situaciones que solemos ver muy frecuentemente y más en los niveles donde la cultura y la educación han sido muy fraccionadas y recibidas en dosis muy pequeñas y de mala calidad. No obstante todo padre desea que su hijo siempre se destaque y decir orgullosamente: “este es mi hijo”, claro está que en las clases más cultas lo disimulan pero algunos progenitores lo sienten igual aunque no expresan.

Estos son desde mi perspectiva los verdaderos experimentos que demuestran el comportamiento y la conducta de los seres humanos. Pues es aquí donde se determina cuál es la capacidad de análisis e inteligencia para ciertas circunstancias propias de algunas conductas y situaciones que se nos presentan en la vida.

Es el cerebro el tema principal de este artículo, pues es el eje generador en el cuerpo humano; y cuando me refiero a generador no quisiera entrar a identificar todo lo que por él se produce; ya que controla y regula cualquier mecanismo tangible e intangible en el hombre; pues programa desde un simple movimiento hasta los pensamientos.

Por ello inicié este escrito refiriéndome a situaciones tan simples como la relación de una madre con su hijo al sentirse menos favorecida con sus resultados.

No olvidemos que todo tiene un proceso y hay que darle su respectivo tiempo. Muchas veces los padres nos afanamos porque nuestros hijos terminen a prisa sus estudios y sean unos multifacéticos, debido a que además de estudiar todos los días también tiene su clase de natación los lunes en la tarde, taekwondo los martes, gimnasia los miércoles, los jueves de pintura y el viernes no podía faltar el curso de piano; además de todas las noches las dos horas de idiomas con su profesor privado de lenguas y los fines de semana la visita religiosa a la casa de la abuelita.

¿Qué está sucediendo? Estamos trayendo hijos al mundo para que ellos se desarrollen normalmente o estamos creando seres humanos mecanizados. Este es un tema que nos demuestra que nuestra sociedad exige cada día que el conocimiento, y por ende su motor dinámico y activo, el cerebro muestra ciertas capacidades de resistencia y de cobertura que nunca alcanzaremos a dimensionar.

Esta misma estrategia de formación hace 20 años puesta en marcha podría calificar fácilmente a los padres como opresores y destructores del desarrollo normal de un niño. Pero finalmente lo que más importa es poder decir en el Club a los amigos del juego de tennis o golf que mi hijo tan pequeño que esta ya es un digno ejemplo de la sociedad. Pero cuando vemos que con el futuro en algunos casos los resultados no son lo que esperábamos, pues se desarrolló una persona que nunca tuvo infancia, alguien que le hizo falta jugar más con sus amigos, traer la ropa sucia del colegio, producto de los desordenes que se hacían en el recreo, aquel inquieto que nos daba dolor de cabeza por las quejas de algunos vecinos del barrio por tomar las frutas de sus árboles etc.

Nos damos cuenta claramente que quisimos hacer una máquina, quisimos explotar un ser valiéndonos de cualquier cantidad de adiciones para hacer de él lo que nosotros queríamos; no realmente lo que él deseaba.

Son estos los verdaderos momentos de saturación al cerebro, pues no se actúa por voluntad propia, sino por condicionamientos de personas que dicen tener dominio sobre otras por el simple hecho de llamarse padres. Este, como lo recalco una vez más es un experimento de vida; ya que nos muestra las verdaderas razones que llevan a una persona a ser producto de una formula previamente diseñada.

Es entonces donde decimos que inteligente, que capaz, pero en el fondo si será una persona feliz, habiendo transcurrido la mejor parte de su vida entre cursos y maestros, tiempos y cumplimientos, ensayos y prácticas. Por ello es mejor que la orientación sea guiada más no impuesta, las decisiones de lo que se quiere lograr en la vida se apoye pero no se obligue.

Este es uno de los momentos más importantes porque de esa libertad en el crecimiento personal depende en gran medida el éxito de las personas. Quiero decir con esto que no por ser el mejor alumno de la clase seré el mejor en la vida, son muchas las circunstancias que por definidas que parezcan, nos pueden sorprender con el tiempo.

Con las empresas sucede algo muy similar a lo que en este artículo detallo, pues la saturación de información, la tecnología, las exigencias del medio, la competencia por los mercados, el uso continuo del celular, los 100 mails recibidos diariamente a los que hay que darles contestación inmediata, y muchas otras actividades hacen que nuestro cerebro se sature y manifieste enfermedades como la que tiene en jaque a muchas personas en el mundo la cual corresponde al stress.

¿Pero qué hacer ante esta situación? Si no lo hago pierdo mi trabajo y otro si lo hace por mí y de pronto mejor. Estos son los momentos en los que vemos que una compañía multinacional incoherentemente hace evaluaciones de clima organizacional para determinar el grado de satisfacción de los empleados, pero a la vez le exige al operador de servicio al cliente que según estudios y análisis de rendimientos debe atender 300 llamadas en una jornada laboral ordinaria de 8 horas. ¿Qué absurdo? Tal vez les interesa más la persona como instrumento generador que como persona.

Es este el momento que aprovechan las empresas de mercadeo de vitaminas y lanzan sus productos de fortalecimiento cerebral y enriquecimiento nutricional donde en su propaganda no falta el ejecutivo haciendo deporte y ligado a una jornada extensa de trabajo. ¿Será que ésta si es la solución? Y seguimos haciendo preguntas, como: ¿Por qué están aumentando los suicidios en el mundo? ¿Qué pasa que cada día hay más casos de cáncer? ¿En qué radicará que los psicólogos y psiquiatras cada día tienen más pacientes? ¿Por qué aumenta el número de personas visitando las clínicas de reposo?

Todo esto apunta a que las personas de la sociedad de hoy piensan más en lo que el medio exige de ellas y es por eso que los individuos prefieren lo que puedan conseguir en el entorno que lo que su parte interior les pueda generar.

Es importante resaltar que experimentar con el conocimiento desde el punto de vista de la libertad de decisión y el enfoque del deseo es importante y necesario, por ello hagamos lo que queremos siempre persiguiendo objetivos definidos y metas propuestas. Mantengamos nuestra mente abierta al mundo y de esta forma los resultados se nos darán. Me gusta puntualizar en este tema, ya que muchas veces las personas hacen las cosas por competencia y no por verdadera necesidad de aprender y superarse.

Si esto ocurre, es decir actuar por obligación, no estaremos aprovechando el verdadero potencial cerebral, antes lo estaremos utilizando solo para deprimirlo; este es un experimento del que todos algún día nos daremos cuenta de sus resultados. Pues solo el tiempo es el que nos mostrará los resultados que se nos dan al experimentar con el conocimiento.

Hazle saber al autor que aprecias su trabajo

Tu opinión vale, comenta aquíOculta los comentarios

Comentarios

comentarios

Compártelo con tu mundo

Escrito por:

Cita esta página
Sosa Gómez Rodolfo Enrique. (2005, diciembre 1). Experimentar con el conocimiento. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/experimentar-con-el-conocimiento/
Sosa Gómez, Rodolfo Enrique. "Experimentar con el conocimiento". GestioPolis. 1 diciembre 2005. Web. <https://www.gestiopolis.com/experimentar-con-el-conocimiento/>.
Sosa Gómez, Rodolfo Enrique. "Experimentar con el conocimiento". GestioPolis. diciembre 1, 2005. Consultado el 21 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/experimentar-con-el-conocimiento/.
Sosa Gómez, Rodolfo Enrique. Experimentar con el conocimiento [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/experimentar-con-el-conocimiento/> [Citado el 21 de Agosto de 2018].
Copiar
Imagen del encabezado cortesía de mpeterke en Flickr
DACJ