El estatuto de cientificidad de la contabilidad: un debate inconcluso

EL ESTATUTO DE CIENTIFICIDAD DE LA CONTABILIDAD: UN
DEBATE INCONCLUSO
Guillermo León Martínez Pino
guimarpin@hotmail.com
Es un error pedir a la ciencia la prueba de la objetividad
de lo real, porque esta objetividad es una concepción del mundo,
una filosofía y no puede ser un dato científico
.
Antonio Gramsci
(Introducción a la filosofía de la praxis).
Resumen
El trabajo intenta de manera tangencial, pero no por ello reflexiva, colocar en controversia ciertas reflexiones sobre el
estatus de cientificidad de la disciplina contable. Con ocasión de las diferentes distancias conceptuales sobre el tema,
se tocan puntos sensibles al debate académico, en donde se interrogan problemáticas como la construcción del objeto
de investigación de la contabilidad, las variables metodológicas, las posturas epistemológicas y la crítica a algunos
acercamientos contables, que desde lo epistémico pretenden hallar cierto rigor conceptual para interpretar lo
normativo contable, sin develar que la estandarización, es en últimas un proceso de racionalización del capital, que
evidencia un trabajo destinado a elucidar los mecanismos que garantizan y legitiman el poder de las grandes
corporaciones transnacionales.
Palabras claves: Estatuto de cientificidad, epistemología, objeto, método, contabilidad, disciplinario.
1. Presentación
Es necesario reconocer que toda reflexión sobre lo disciplinar contable, emerge y está
determinada por el conjunto de factores económico-sociales que la condicionan. De esta forma
el surgimiento del núcleo problemático de esta disciplina, responde al conjunto de intereses que
subyacen de la evolución del capitalismo como sistema planetario.
La historia de la contabilidad, por tanto, como campo de conocimiento, está imbricada en la
historia del capitalismo, en tanto, ésta sirve como sustrato que provee al capital, de cierta
“racionalidad científica” para dar solución a las nuevas demandas surgidas del mundo de la
modernidad, expresadas entre otros, por la conformación de “un mercado mundial siempre en
expansión que lo abarca todo, capaz del crecimiento más espectacular, capaz de un despilfarro y una
devastación espantosos, capaz de todo salvo de ofrecer solidez y estabilidad” (Berman,1991: 5)
Es en la fracturación o ruptura del orden feudal, donde se crean nuevas necesidades económicas
y sociales de información que reclaman coetáneamente la emergencia de innovadoras formas de
conocer, al igual que herramientas técnicas para la manipulación de los escenarios
transacionales del nuevo mapa económico y empresarial. Por otra parte, es necesario recabar
cómo el conocimiento contable desde su período de gestación se comprometió menestralmente
con un pensamiento netamente utilitarista y pragmático, donde la perspectiva asumida quedó
circunscrita a la dimensión técnico-instrumental de los haceres, donde se fue instalando una
forma unidimensional de juzgar y evaluar los resultados de un conocimiento cuyos vectores
tenían que ver con la acción de un mundo eficiente y práctico, sin tomar en consideración el
valor fundamental del conocimiento de, crear a la usanza Kantiana un “mundo para sí”, en
donde, a la par que se transforme el mundo material, se transforme también el mundo subjetivo
y autónomo del conocer.
La contabilidad desde su proceso de gestación como disciplina, escamoteó y desarrolló
posteriormente su práctica a través de la experiencia. Por ello, la reflexión contable situó su
preocupación sobre la construcción de las aplicaciones contables, antes que en la centralidad de
la reflexión epistemológica, para desde la construcción teórica rigurosa problematizar el campo
de su actuación. Considera, entonces, su quehacer como el paso de los “hechos” de la realidad a
los conocimientos y bien es conocido que el empiroinductivismo, no reconoce un hecho en la
ciencia como dependiente de las teorías y de los sistemas de reglas metateóricas.
2. El Objeto y Método del Conocimiento: Dos Constructos
Problemáticos
2.1. El Objeto y sus Antinomias
Una ciencia es en esencia un objeto de conocimiento y un método para su aprehensión,
aproximación, interpretación y análisis; método que será definido por la naturaleza misma del
objeto de investigación. Esto es, todo método depende del objeto de investigación el cual está
mediado por procesos de significación, intencionalidades, simbolizaciones e intereses de los
sujetos epistémicos que los construyen. El método, se traduce, entonces, en un conjunto de
postulados, reglas, normas, institucionalizadas - por lo que Thomas Khun a dado en denominar -
comunidad científica socialmente reconocida.
Ahora bien, la actividad cognoscitiva no está controlada por lo aparente, por lo obvio, por lo
visible e inmediato, ni por la observación individual directa. El hombre, en su afán cognoscitivo
tiene la capacidad de simbolizar y construir universos de representación y formas de representar,
abstrayéndose de la impresión directa y, cuando realiza este ejercicio crítico moldea y organiza
tanto la realidad extrasubjetiva como su propia subjetividad. Solo en este estadio, se puede
decir, que se ha asumido el reto de la problematizar la realidad, que no es otra cosa que,
construir objetos del conocimiento.
La investigación científica, se organiza entonces, en torno a objetos construidos que no tienen
nada en común con aquellos fenómenos aparentes, delimitados por la percepción ingenua y
espontánea; por lo cual se puede inferir que, la ciencia tiene una logicidad dialéctica, cuando
construye su objeto en contra del sentido común; esta premisa implica correlativamente superar
las nociones comunes, esto es por ejemplo, el conocimiento incipiente o rudimentario de
objetivaciones lingüísticas; para determinar de manera contundente que un objeto de
investigación, por parcial o parcelario que parezca, no podrá ser definido, delimitado y
construido, sino, a la luz y en función de una problemática teórica, que permita someter de
manera rigurosa a un sistemático examen todos los aspectos de la realidad puestos en escena
para su aouscultamiento. Solo una visión mutilada y bisoña de la construcción científica, puede
hacer de la subordinación a los hechos el imperativo por excelencia para la definición del
estatuto de cientificidad.
Cualquiera sea el estatus que se le asigne al mundo de la realidad fáctica, en los planos
culturales, sociales, materiales o temporales, la construcción de los objetos como abstracciones,
no procede de una amalgama y colección de hechos autoevidentes que poseen universalidad
per-se para todos los observadores. Por tanto, como lo argumenta el profesor Gallego Badillo,
“un objeto de conocimiento es un ámbito construido y delimitado por la mente del sujeto cognoscente, en
plan de hacer un mundo para sí, por lo que existen dichos objetos en la medida en que se posea una
ambición y un interés intelectual (contrastar las hipótesis o predicciones que se hacen desde el saber que
se sabe) que pretenden elaborar un espacio para la intervención, el control, la transformación, y el
dominio, como garantía sin la cual ese hacer un mundo para no es más que una retórica. De esta
manera, palabras más palabras menos, el conocimiento como una actividad humana es eminentemente
intencional, lo cual supera la vieja concepción aristotélica de un conocer que obedece a la mera
curiosidad”, (Gallego, 1996:301); esto es, serán dables tantos objetos de conocimiento cuantas
intencionalidades cognoscitivas posea el investigador o el colectivo epistémico.
La ciencia, por tanto, no comienza con el hecho, sino con los problemas y con el esfuerzo por
resolverlos desde el plano de las abstracciones que constituyen pisos autorreferidos para sus
confirmaciones o nuevas distinciones, es decir que la realidad científica, es una construcción
ininterrumpida, en donde lo real nunca tiene la iniciativa, en tanto, solo puede dar respuestas en
la medida en que proceda a interrogársele. Dicho en palabras Bachelardianas, el vector
epistemológico va de lo racional a lo general y no a la inversa.
En conclusión, los hechos no hacen diferenciables los conceptos, aún cuando, siempre es
necesario, como elemento subsidiario, un referente empírico. Los conceptos se diferencian y
caracterizan en virtud de las relaciones mutuas que establecen entre las diversas abstracciones
pertenecientes a una red conceptual; luego entonces, los conceptos son en cierto sentido
“objetivos” y eficaces, no en razón exclusiva de su caracterización externa, sino gracias a su
posición relativa dentro de un entramado conceptual o sistema teórico.
2.2. El Método: Más allá del Falso Tecnicismo y de la Dicotomía
Epistemológica
Entre los teóricos que abocan el análisis de la problemática relación entre ciencia y método,
existen dos tendencias marcadas: en primer lugar, los que desde una postura excluyente
descalifican la discusión sobre un cierto pluralismo metodológico y, defienden la existencia de
un método único (el método científico)1, que se aferra a la concepción de la unidad de la ciencia
soportada en el criterio del monismo metodológico y la unidad doctrinal, que posibilita la
validación de una sola forma de hacer ciencia y; en segundo lugar, aquellos que aceptan la
existencia de dos métodos científicos, uno encargado de operacionalizar el funcionamiento de
las ciencias naturales y exactas y otro que reclama la autonomía de las ciencias sociales,
humanas o del espíritu.
1 Una concepción errónea del “método científico”, es considerarlo como una herramienta infalible de cuya
aplicación indiscriminada aparece como por generación espontánea toda clase de conocimiento. Tan solo
se requiere aplicar el algoritmo o receta, para que de manera correspondiente aparezca de forma refleja
las representaciones de los nuevos conceptos.
Los primeros, exigen que los métodos sean rigurosos y, esta rigurosidad deviene de la
permanente experimentación y matematización de la realidad, que es lo que en últimas entrega
el estatus de ¨objetividad¨ científica tanto a las ciencias naturales como a las sociales. Quienes
adhieren a estos postulados no aceptan otras variables de construcción científica, en tanto éstas
comprometen el rigor científico y una supuesta neutralidad axiológica o valorativa.
Silvio Sanchez Gamboa, al referirse a este tema controversial, plantea:
“El método, considerado como único criterio de objetividad, transforma el
objeto a sus códigos, lo reduce, lo diseca, lo divide en sectores, lo suma, lo
interrelaciona y lo sacrifica al rigor lógico. La primacía del método, sea como
lógica de la razón, método de la experiencia, o método lógico matemático, es
cuestionada hoy en día, ante la desvirtualización del objeto, cuando se piensa
que éste debería tener la primacía frente al método y la objetividad debería
centrarse en el objeto y no, como lo constatado en nuestro estudio, el la validez
de los instrumentos, en la exactitud de la definición operacional de los términos
o en la rigidez del proceso lógico racional” . (Gamboa, 1998:37).
Los segundos, se apartan de ese trasteo mecánico, lineal y automático, que desde las ciencias
naturales se pretende extrapolar metodológicamente hacia las ciencias sociales y, defienden la
autonomía de estas últimas, buscando una orientación metodológica desde núcleos de
comprehensión y de interaccionismo simbólico, en otras palabras, la estructuración de un
método diferente que permita dar tratamiento específico a la subjetividad.
Este dualismo metodológico, se expresa en la polaridad que emerge de la dicotomía:
objetividad-subjetividad y explicación-comprensión. Las primeras están enraizadas en las
posturas que devienen de los enfoques positivistas y las segundas que tienen como matriz
analítica la fenomenología y la hermenéutica. La diferencia entre una u otra postura se
encuentra instalada en los presupuestos gnoseológicos y epistemológicos, que cada cual maneja
con referencia a la relación dialéctica sujeto-objeto. Jerarquizar una de ellas, determina serias
implicaciones para todo proceso de investigación: Si el proceso del conocer se centraliza en el
objeto, se estaría hablando de una observación controlada, cuantitativa y unívoca; si por el
contrario, la jerarquización se traslada al sujeto, el proceso cognoscitivo estaría mediado por la
comprehensión sensorial, el análisis cualitativo, en desmedro de la observación controlada.
Visto lo anterior, puede decirse que,
“el método amenaza con fetichizarse y fetichizar también su objeto, por tal
motivo se torna necesario reflexionar sobre el mismo, cuestionando sus
propios fundamentos. Interrogar los métodos utilizados en la investigación
científica, es una tarea histórica de la filosofía que nos ayuda a tomar
consciencia de su importancia, sus limitaciones, sus implicaciones y
contradicciones”. (Gamboa, 1997:27).
3.- Breves Consideraciones sobre el Objeto y Método en Contabilidad
3.1. El Objeto de Conocimiento Contable: Un Concepto Inacabado
Inevitablemente, la Contabilidad como cualquier otro campo disciplinar- al enfocar la
realidad, la delimita y la moldea para constituir su objeto de conocimiento, con lo cual se
obtiene una imagen, una forma de representación y, porqué no, una forma específica de
concepción del mundo. En esta trama interpretativa y en esta adhesión a un cuerpo teórico, se
establece una actitud, que sirve a los contables para desarrollar su práctica o aproximación
científica, desde los trampolines y criterios que han surtido y alimentado una tradición, que
obviamente ha tenido que traspasar varios mojones y obstáculos para su paulatina
perfectibilidad.
Fortunosamente, en este proceso lento pero creciente, no ha existido uniformidad y
homogeneidad y, por el contrario, coexisten dispersamente teóricos con muy diversos intereses,
inclinaciones e incluso posturas ideológicas. Aún cuando, es dispendiosa la revisión de estas
múltiples concepciones sobre lo contable, lo cierto es que, la reconstrucción de la historia de la
contabilidad como disciplina, permite y permitirá deshilar un apretado tejido de confusiones e
incertidumbres para, finalmente, fundamentar sobre esas consideraciones una reflexión que
posibilite trazar una línea específica de trabajo, que implique unos desarrollos menos
instrumentales y más desde la reflexión de lo epistemológico.
El origen primigenio de la problematización contable, estuvo congénitamente vinculada a
estructuras propias del conocimiento lógico –matemático, refiriéndose a este carácter de la
contabilidad – Tua argumenta cómo éstos nexos emergen de la substantivación del mundo de
los negocios con la necesidad de encontrar simbologías de representación, que dieran cuenta de
las necesidades de información propias de ese estado societal de intercambios limitados.
“las primeras manifestaciones de nuestra disciplina se adscribieron a
ámbitos próximos a las matemáticas y, en especial, a la aritmética comercial.
No podría ser de otro modo, si tenemos en cuenta la utilidad de ambas
disciplinas en el campo de los negocios; las dos servían al comerciante que,
en su actividad todavía primitiva, estaba obligado a hacer numerosos,
complejos y frecuentes cálculos, con utilización abundante de las cuatro
reglas, procediendo, lógicamente, al registro ordenado y adecuado del
resultado de tales operaciones”. (Tua, 1995:124).
Por la fuente de nacimiento y por su inherente estructura interna, se puede afirmar que el
conocimiento contable se vale de herramientas simbológicas, propias del conocimiento lógico-
matemático, para construir significados y formas de significar la realidad que está abocada a
interpretar. Esto no implica reconocer que la contabilidad sea un saber puramente lógico-
matemático, al contrario la fuente interpretativa se halla en la realidad social o mundo
extrasubjetivo. Si se reconoce que esa realidad social es un todo integrado, que comporta un
carácter dual, en términos de facticidad objetiva y significado subjetivo, que la hace “sui
generis”; mal podría abocarse la construcción de la problemática de la contabilidad (objeto de
investigación), desde el espacio reducido de la matematización de la facticidad objetiva,
dejando de lado las abstracciones cualitativas de la dimensión subjetiva de la realidad social.
De esta reflexión se desprende la consideración de que la contabilidad, como conocimiento
social, debe construir sus objetos reconociendo ese carácter dual de lo social, en tanto, la
realidad fáctica, con cierta pertinencia puede ser abocada con métodos similares a las ciencias
naturales, en tanto esto no es fácilmente reconocible y validable para los significados subjetivos.
En esta dirección el profesor Rafael Franco Ruiz, deja ver su impresión, diciendo:
“La aprehensión de objetos materiales como objetos de conocimiento han
mantenido a la contabilidad en estado de empirismo y pragmatismo, causa
esencial de su subdesarrollo científico, determinando una conjunción con su
naturaleza para establecer que conocimiento es descripción y esta se
determina por las condiciones jurídico económicas establecidas por unas
relaciones de poder existentes en un momento determinado, condiciones del
entorno, con lo cual se establece una verdad para cada momento histórico y
para cada realidad social; la imposibilidad de establecer verdades
trascendentales en el tiempo y en el espacio, desde luego, dentro de la
relatividad de esta” (Franco, 1998:234).
La posibilidad de construir, entonces, un status científico para la contabilidad, como ciencia
social, pasa por reconocer que la transformación de esa realidad depende de la posibilidad de ser
captada en su dimensión “sui generis” y no sesgada por una forma parcial y unilateral, en la que
se aceptan como válidos los presupuestos metodológicos de las ciencias físico-naturales o,
aquellos derivados acríticamente de sus procedimientos.
3.2.1. El Método Contable, la Concepción Originaria y sus Antinomias
El primer intento de racionalidad científico-contable, se caracterizó por privilegiar lo
metodológico, es decir, la consecución de un método eficaz (partida doble), mediante el cual
encontrar o descubrir estructuras de significación que dieran cuenta de las descripciones de los
fenómenos transaccionales y de las necesidades de información inherentes al desarrollo de una
economía que perfeccionaba y complejizaba su sistema de intercambio. Así lo constata el
aparecimiento del método de partida doble, que no es otra cosa que un algoritmo matemático
constituido en elemento simbológico de representación de la realidad transaccional propia de
una sociedad mercantil de intercambios limitados, antesala inmediata del advenimiento del gran
capital. José María Fernández Pirla, argumenta que,
“El método de Partida Doble responde a un sistema de representación
económica, porque indudablemente establece un medio de registración para
cada ciclo económico el cual suministra la base para aquella. Este método
registra todo movimiento económico, y debe tenerse en cuenta en este orden
que en cada uno de éstos hay un origen o fuente de financiación y un fin o
concreción en valores capitales” (Fernández, 1977: 109).
El método de partida doble, es justamente una dirección estructurada, a la manera de un
algoritmo, para captar los hechos, inventariarlos e inducir en ellos generalizaciones, en los que
la imaginación y creatividad están prohibidas. En últimas, la contabilidad desde su creación
como disciplina fue proclive a la acción repetitiva y mecánica de los haceres, en donde no
existió una actividad cognoscitiva que vertebrara y dirigiera la construcción casi continua de
estructuras conceptuales, metodológicas, axiológicas y actitudinales, como formas a través de
las cuales el colectivo contable, organizara las representaciones informacionales, con el fin de
expresarlas en el lenguaje correspondiente y dirigir, ahora sí, sus actuaciones a implementar los
sistemas, aplicaciones y resultados prácticos deseadas.
Refiriéndose al criterio metodológico de la partida doble, el profesor Efrén Danilo Ariza,
reivindica el mérito de Paciolo, argumentando, que es un sistema que,
“recogía las principales prácticas contables referidas a su vez a las
principales actividades y racionamientos mercantiles adelantadas en
Venecia, quedando claro que si bien el libro fue impreso en 1492 el método
veneciano deviene de tiempo atrás.
En términos generales a este método lo caracterizan los siguientes aspectos:
Que el primer registro lleva al debe la cuenta caja o al debe de las
mercancías el monto del aporte del comerciante al negocio,
simultáneamente y por el mismo monto en el haber de la cuenta de
capital.
La colocación de las dos cuentas y cantidades frente a frente.
La expresión de cada transacción (registrados tanto en el libro diario
registro cronológico, como en el libro mayor registros específicos)”.
(Ariza,2000:118).
Este rápido recorrido por la concepción originaria del método contable, coloca al descubierto
que en términos de conocimiento contable aún hay una brecha larga por recorrer y, esto es
explicable, en tanto como lo plantea Moisés García García:
“Si la contabilidad como práctica es tan antigua, la contabilidad como
disciplina teórica es, por el contrario relativamente reciente, aparte de la
obra de Pacciolo, que cumplirá pronto sus quinientos años, podemos afirmar
que las primeras generalizaciones y abstracciones que merezcan el
calificativo de científicas datan solamente del siglo pasado (se refiere al
siglo XIX-subrrayado nuestro). Ello nos puede dar una idea del lentísimo
proceso de gestación de la ciencia contable”. (Garcia1982, citado en
Lara,1990:236-237).
Circunstancia explicable, entre otras, por una razón contundente en la
construcción de cientificidad y, es, la “congénita debilidad metodológica
unida a un espíritu pragmático que frecuentemente adquiere caracteres de
verdadero oportunismo en la creación científica de las teorías contables”
(Garcia1982, citado en Lara,1990:237).
3.2.2. La Renuncia a la Construcción Teórica : un Obstáculo a Superar en la
Disciplina Contable
La contabilidad como disciplina tiene aún un debate inconcluso: la construcción de su verdadero
estatus de cientificidad, en tanto, en su recorrido histórico ha estado presente una especie de
empirismo radical, que ha desdeñado por siempre la construcción teórica, haciéndola de hecho
vulnerable a nuevas apropiaciones conceptuales. Cada vez que los contables creen eludir la
problemática teórica en función de un pragmatismo inconsecuente, están dominados por cierto
primado que desconoce los vectores epistemológicos de la construcción científica.
Posiblemente, el rezago investigativo del conocimiento contable se origine en esta hipótesis aún
por demostrar.
La estructura simbológica de la contabilidad (lo contable, lo que se deriva de la acción de
contar), debe estudiarse dinámicamente, dentro de las circunstancias de tiempo, modo y espacio,
que condicionan su gestación, y dentro de una perspectiva de devenir inacabado, falible,
siempre abierto a cambios y transformaciones permanentes.
Un buen ejercicio interpretativo para abordar la reflexión de la historicidad contable, estaría
referido a la utilización de categorías conceptuales como las sugeridas por Fernad Braudel2, que
remite a situar el análisis de la vida social desde diversos puntos de observación, que involucren
variables como la espacialidad, la temporalidad, los ordenes sociales y las jerarquías, para desde
un amplio espectro interpretativo precisar las falencias, las debilidades, pero también las
fortalezas y fundamentos científicos de la contabilidad. Solo de esta forma, los contables
podremos asumir una posición más desde la consolidación de una comunidad académica, que
privilegie la competencia teorética a partir de la cual ordenar la realidad extrasubjetiva y menos
desde una postura pragmática y gremialista y en oportunidades ecléctica de la disciplina.
4. La Postura Epistémica Positivista: Una Versión Metodológica
Hegemónica e Insuficiente
Históricamente, podrían ubicarse los referentes positivistas en la Europa de finales del siglo
XVI y comienzos del XVII, con ocasión de la emergencia de las concepciones Copernicanas y
Galileanas, que destruyeron la física Aristotélica prevalente por más de dos mil años. Al surgir
las ciencias positivas con su método matemático experimental, se derrumba estruendosamente
todo el edificio filosófico Aristotélico, incluyendo la metafísica, quedando desbrozado el
camino para que en los siglos subsiguientes ganaran criterio hegemónico las denominadas
ciencias de la naturaleza. El siglo de la arrogancia, como ha sido catalogado el periplo del XIX,
acogerá la tesis omnicomprensiva de Comte, de que todo lo que tenga que ver con la lógica,
metafísica o ideología, es una fantasmagoría vana y un sueño, cuando no un absurdo.
El positivismo, entonces, recoge el legado de éstos siglos y extenderá fatalmente el acta de
defunción a la filosofía, elaborando las piadosas fábulas que delinean el paso irreversible del
conocimiento religioso al filosófico y de éste al conocimiento científico, estadio donde se anuda
el pensamiento moderno y donde aflora la idea de progreso ilimitado, de visión optimista del
mundo, de itinerario ascendente del hombre que pasa de la primitividad arcaica a la edad
madura de la supremacía de la razón.
Esa interpretación optimista de la historia como superación de las precariedades del pasado,
coloca a la razón, como faro orientador de la emancipación de las sombras y de las cadenas del
pasado, tanto más oscuro cuanto más lejano. Se inaugura con ello, una concepción maniquea de
la historia, que vincula al progreso con los pueblos civilizados e ilustrados y al atraso con la
servidumbre y la barbarie, distancia que define y delimita el campo entre la “libertad” ilustrada
y la ignorancia de los salvajes, a los cuales no les espera otro futuro más promisorio que el de
desaparecer o ser absorbidos por la fatalidad civilizatoria que no perdona las reliquias del ayer.
Teóricos como Condorcet, llegaron incluso a profetizar que se estaba ante el advenimiento de la
“décima era de la humanidad”, en donde todas las naciones tendrán que llegar al estado de
civilización al que han llegado los pueblos más ilustrados, los más libres: Los Franceses y los
Anglosajones.
2 Un mayor desarrollo de estas aproximaciones conceptuales, se pueden encontrar en el Artículo
“Reflexiones Braudelianas sobre globalización económica: El historiador como pionero”, escrito por Eric
Helleiner. En: Revista Análisis Político No. 39 Enero-Abril 2000 Instituto de Estudios Políticos y
Relaciones Internacionales – Universidad Nacional.
Existen diferentes maneras de caracterizar el positivismo3, uno de ellos es el llamado
positivismo moderno, vinculado a la teoría verificacionista de la ciencia, a la experimentación
científica y a la unicidad de las estructuras metodológicas, cuyos principios vectores4
característicos son:
1. El Monismo metodológico, esto es, por sobre la diversidad de construcciones problemáticas
u objetos temáticos de la investigación científica, existe la idea de unidad de método. En
cuanto se refiere a lo doctrinario, no es necesario que sea unívoco pero sí homogéneo.
2. El segundo principio, hace referencia a la consideración de que las ciencias naturales
exactas, en especial, la física y la matemática se constituyen en el barómetro metodológico
que mide el grado de desarrollo y perfectibilidad de las demás disciplinas, incluidas las
llamadas ciencias humanas, sociales o ciencias del espíritu.
3. El tercer principio hace alusión a la explicación causal, la cual se halla soportada en el
carácter invariable de las leyes naturales, que consiste más explícitamente, en la subsunción
de casos individuales para ser explicados bajo la impronta de las leyes generales hipotéticas
de la naturaleza. Esta postura causalista, está atravesada por el afán predictivo, que consiste
ante todo en ver para prever, en mirar desde la atalaya de lo que ocurre al horizonte de lo
que ocurrirá. El trabajo científico queda constreñido a las experiencias de laboratorio, con el
fin de descubrir las leyes causales que gobiernan el mundo, seguido por la convicción
dogmática de la universalidad y necesidad de las leyes físicas, como categorías capaces de
garantizar la infalibilidad del conocimiento científico.
4. Un último principio, tiene que ver con el interés dominador que el positivismo reivindica y
que le es consubstancial a los intereses que representa, si se comprende que esta variante
epistémica, es hija legítima de la sociedad moderna caracterizada por la alucinación
perversa de la utilidad del dinero y de la conversión del hombre, en una herramienta de
exactitud, de producción y de intercambio.
El positivismo niega la reflexión filosófica, la considera propia de mentalidades atrasadas,
primitivas, superadas por un espíritu autosuficiente y progresista. No de otra manera se explica,
que sea en los países Europeos con clara vocación imperialista, donde emerja y se desarrolle
con más ahínco la doctrina positivista, como una doctrina enteramente semejante a la situación
del creyente respecto de los dogmas inmaculados de la fe revelada. Los “hombres de ciencia”,
son alérgicos a la filosofía, habituados solo a sorprender con un conocimiento experimental y
matemático.
Así planteado el problema epistemológico, en el positivismo no aparece la dimensión social, ni
su capacidad de dar a la práctica científica una direccionalidad humana. Pero la verdad sea
dicha, todo acto de conocimiento por sutil que parezca, esconde una toma de posición que
importa una respuesta implícita al problema de la relación entre conocimiento científico y
3 El nombre de “positivismo” fue acuñado por Auguste Comte, pero con la debida previsión, también es
imputable para caracterizar las posturas de Johon Stuart Mill y toda la tradición intelectual que desde
Comte, no solo alcanza nuestros días sino, que, se imbrica hacia atrás hasta alcanzar a Hume y ciertos
filósofos de la Ilustración.
4 Esta misma taxonomía de los postulados positivistas, puede ser consultada en el texto de José María
Mardones: “La Filosofía de las Ciencias Humanas y Sociales Materiales para una fundamentación
científica”, Editorial Antropos, en el acápite referido a “La primera polémica explícita de la filosofía de las
ciencias sociales: positivismo decimonónico frente a la hermenéutica”. Pags. 27-30.
conocimiento filosófico. De la solución, que se le a esta relación emerge una concepción del
hombre, del mundo, de organización de la sociedad y, porque no, de una práxis política
liberatoria.
4.1. La Disciplina Contable como Gregaria del Positivismo
El positivismo, en su amplia significación Comtiana, ha tenido como pretensión ser el
exponente de la hegemonía de la ciencia. La contabilidad como disciplina, no ha estado exenta
desde su génesis de motivaciones positivistas. La teoría jurídico personalista de Cerboni o, la
teoría económica de Besta, no tienen cabal sentido sino dentro de esa concepción monolítica del
positivismo.
4.1.1. La Escuela Toscana y la Dogmática Jurídico-Contable
Giuseppe Cerboni, principal representante de la escuela Toscana o jurídica -personalista, en su
Primi Saggi de Logismografía (1873), define a la contabilidad como: “La doctrina de las
responsabilidades jurídicas que se establecen entre las personas que participan en la administración del
patrimonio de las empresas” (Tua, 1995:128). Esta postura considera las responsabilidades
jurídicas como objeto de conocimiento, en donde los universos de representación y las formas
simbolizar la realidad transaccional, están reservadas con exclusividad a la estructura lógico-
matemática objetivada en la partida doble.
La escuela jurídica o personalista de Cerboni, estructura su carácter legalista sobre la base de la
contabilidad como medio de prueba. Este espíritu reduccionista de la disciplina, hacia una
especie de dogmática jurídico-contable, imposibilita introducir variaciones o correcciones es la
esfera de las aplicaciones prácticas y de la investigación contable. El desarrollo disciplinar,
queda así, subsumido en la “pureza” descriptiva de la información patrimonial del comerciante,
a cuyo tenor, un determinado hecho es imputable a la norma, en virtud de la cual adquiere la
estricta significación contable.
4.1.2. La Escuela Económica y el del Controlismo de Fabio Besta
Visto el escenario desde la perspectiva temporal Braudeliana del largo plazo o “longee durée”,
puede decirse que, las condiciones político-económicas derivadas de la primera revolución
industrial, habían creado el clima para la operacionalización de las modernas fuerzas
revolucionarias del capitalismo; esto es, la economía de exportación, la gran ciudad
metropolitana, el desarrollo de la industria manufacturera y la expansión orgánica del Estado;
circunstancias que posibilitaron ejercer un influjo decisivo sobre la estructura organizacional de
la empresa, que empieza a instrumentar perfiles más definidos, pues el derecho de propiedad
objeto de intervención de la escuela legalista -, cede parte de sus poderes a los órganos
administrativos y de control de la información económica, circunstancia que de forma inevitable
define un nuevo rol de intervención de la práctica contable, en tanto solo a través del primado
del control es posible la disminución de los niveles de incertidumbre derivados de la velocidad
con que cambian los escenarios.
Como queda consignado, la contabilidad tiene como propósito la construcción de un saber
utilizable técnicamente y, que además, se constituya en un instrumento de racionalidad del gran
capital, es decir, el soporte técnico que permita cumplir con la ley inexorable de maximización
de utilidades a mínimo costo. Esta actitud dominante del paradigma del control (como algunos
lo han denominado), a que es arrastrado el saber contable, excluye las dimensiones
contradictorias de lo social, olvidando la injerencia de los contextos en la modulación de los
sistemas contables.
Para una disciplina como la contable, con una orientación inmediata hacia la práctica, lo
anterior es de meridiana importancia, sobre todo, en lo que concierne a la utilización del saber,
porque el valor de las teorías no puede ser evaluado a expensas de sus referentes sociales. El
profesor Tua, al tratar de interpretar los postulados de Besta y la vincularidad de la contabilidad
con la economía de empresa, distingue tres facetas en la administración hacendal: la gestión, la
dirección y el control, en donde la función contable debe estar centrada en el control de la
riqueza hacendal, colocando especial énfasis a la naturaleza económica de la disciplina
contable.
Como síntesis conclusiva, Tua citando a Goxens Duch, trata en una apretada síntesis de
condensar el pensamiento Contista de Fabio Besta:
“La contabilidad desde el punto de vista teórico, estudia y enuncia las leyes
del control económico en las haciendas de cualquier clase, y deduce las
oportunas normas a seguir para que dicho control sea verdaderamente
eficaz, convincente y completo; desde el punto de vista práctico, es la
aplicación ordenada de estas normas a las distintas haciendas” . (Tua,
1995:134).
De esta forma, se fue consolidando un estilo de quehacer contable, cuya manipulación, dominio
y control esta centralizado estratégicamente en manos de quienes detentan las estructuras
económicas a nivel planetario. No de otra forma se explica, porqué la construcción de lo
disciplinar contable deslindó, de manera trágica, hacia la aberrante consolidación de la
exegética normativa de la aceptación generalizada, fundamentalmente derivada de las crisis del
sistema capitalista, en especial del Norteamericano, que se presentan de manera recurrente
como inevitable.
Sin duda, en el contexto de la discusión sobre el encuadre del conocimiento contable, desde el
escenario positivista, académicos de la Universidad de la Patagonia, argumentan:
¨La raíz histórica del desarrollo de la contabilidad a partir de la escuela
positivista y pragmática fundada en la doctrina anglosajona, incidió
notoriamente en el pensamiento contable, que se asumió fundamentalmente –
como un ¨saber hacer¨ (Know-how), es decir, como una técnica. Primero
¨técnica registral¨, luego ¨técnica de medición del valor¨ y por último
¨técnica de la información¨.
Esta circunstancia dificultó el proceso de investigación, dado que, en
general, se acepta que la eficiencia de las técnicas – en el caso la contable –
se constate en el uso (una técnica es lícita, es válida en función de ser
utilizada) y la contabilidad se encuentra perfectamente divulgada y
justificada”. (Aguilar, otros,1987:9).
En el trasfondo analítico, puede observarse, que tanto la postura que vincula a la contabilidad
con la dogmática jurídica-contable, como la que la adscribe al estudio de las leyes de control
económico - por tan solo citar dos ejemplos - están congénitamente ligadas a concebir la
“objetividad” contable como el resultado de la lectura de su objeto de estudio desprendido de
una interpretación valorativa, homologando el precepto de las ciencias físico-naturales en donde
se tienen como supuestos epistemológicos la objetividad y la neutralidad axiológica. El
problema de los valores se plantea para los contables, en el nivel de lo irracional, como una
”guerra entre diferentes dioses”, y como lo dijera Max Weber, “sobre esos dioses y luchas gobierna
el destino, pero no por cierto la ciencia”.
Esta visión instrumental, eminentemente positivista, acepta acríticamente el destino manifiesto
de la sociedad en que se vive, de donde se desprende el carácter conservador y legitimador del
orden social que ha tenido la contabilidad desde sus propios orígenes como disciplina.
4.1.3. La Necesaria Revisión Conceptual del Entramado Contable
Al no existir una matriz epistemológica para el desarrollo de un plan inicial siguiendo la
concepción Lakatosiana de programas de investigación - que diera continuidad a los miembros
de un colectivo disciplinario, la contabilidad como corpus conceptual se refugió fatalmente en la
instrumentalización de su practica, la cual fue subsumida en la institucionalización de una
normatividad compendiada en una serie de directrices convencionales denominadas principios
de contabilidad generalmente aceptados, cuya forma de “legitimación”, se ejecuta con la
autorización casi coercitiva de un organismo regulador, que por “arte de magia” adquiere la
potestad omnicomprensiva de dictar estándares pragmáticos, depredadores de cualquier
inquietud valorativa de construcción teórica. En este sentido, entonces,
¨el sistema de normalización contable es un rasgo del sistema económico
occidental, que adquiere carácter operativo profesional a nivel internacional
mediante la IASC (Comisión de Normas Internacionales de Contabilidad), y
a nivel del continente latinoamericano a través de la AIC (Comisión
Interamericana de Contabilidad”. (Aguilar, otros,1987:10).
Las transformaciones que se han producido y que con mayor velocidad se están produciendo en
el mundo contemporáneo, colocan en evidencias las notables limitaciones de la perspectiva
positivista. Las profundas mutaciones del poder mundial referidas a la revolución tecnológica de
la información, la mundialización económica, una vasta revolución teórica, la automatización
del capital, etc., son indicios suficientes para renovar el arsenal teórico contable, que permita
enfrentar el tipo de problemas planteados y las formas de organizar las respuestas, en
correspondencia con las tendencias de cambio de la sociedad del futuro, para lo cual es un
imperativo reconstruir los supuestos epistemológicos y organizativos de la disciplina contable.
4.2. La Normalización Contable: Otra Visión Gregarista y Subalterna
del Positivismo
Esta regulación, cuya pretensión reside en la uniformización de los estándares contables, sobre
bases no precisamente consensuadas, a través de una comunidad cientícico-contable, que se
constituya en filtro de garantía epistémica, ha sido clasificada por algunos autores5, en tres
supuestos “subprogramas de investigación”, que coinciden precisamente con los periodos
coyunturales de crisis de la economía capitalista, hoy sutilmente denominada economía de
mercado:
“Subprograma” de Aceptación generalizada (1917-1959).
“Subprograma” Lógico ( 1959 –1973 ).
“Subprograma” Teleológico ( 1973 – en adelante)6.
En toda esta construcción normativa existe un denominador común y es el insoslayable
reduccionismo mecanicista al empiropositivismo, que niega que la actividad cognoscitiva sea
estructuralmente metódica, y que ésta estructuración solo será entendida en la medida que
paso a la innovación, a la emergencia de caminos no sospechados, precisamente porque ella no
sigue un camino rectilíneo ni una dirección inercial.
El primer pretendido “subprograma” de aceptación generalizada, que trabajó los fermentos de la
normatividad contable, comete el pecado origina de tomar en consideración casi
exclusivamente, como referentes empíricos, hechos comunes de la realidad económico-
financiera, definiéndolos como los únicos, seguros y dignos de la interpretación normativa, cuya
guía no puede ser otra que la cuestionada metodología empiroinductivista. De esta manera se
produce, desde el comienzo de la postulación de los principios, una evaluación ingenua que
tiene como colofón la superficialidad de los resultados.
¨La concepción ideológica de esta primera etapa puede resumirse en una
frase G.O. May, presidente del Special Committe on Cooperation with the
Stock Exchange: ¨Las reglas de la contabilidad son el producto de la
experiencia, más que de la lógica¨. Con ello, el subprograma de búsqueda se
caracteriza porque el respaldo de una determinada norma radica en el hecho
de ser comúnmente practicada. Dicho de otro modo, la aceptación
generalizada se apoya en la creencia de que debe seguir practicándose lo
que se practica, con lo que el principio contable se sustenta en el hecho de
ser compartido, circunstancia que asegura que será entendido e, incluso,
exigido por el usuario, con lo que su utilización se hace deseable”.
(Tua,1995:24).
Un criterio que se generalice, desde el plano de las apariencias, sin lograr discernir las esencias
de los hechos, de los fenómenos y de los contextos, permanecerá en el plano de la especulación
y del saber aparente. Como en su etapa primigenia de la aceptación generalizada, los contextos
son excluidos y no tienen ninguna significación, el marco referencial que guía la estructuración
de los principios contables, se construye a partir del status quo de la práctica, en tal sentido la
construcción disciplinar, queda minusválida y expósita a no aprehender de la historicidad y a no
dar sentido y orientación a la cualificación científica de la contabilidad.
El segundo “subprograma” denominado lógico, surge como subsidiario del primero que había
entrado en colapso, en tanto no había cumplido los propósitos, entre los cuales merece
5 Entre los autores que han realizado aproximaciones interpretativas sobre los periodos de configuración
de la normatividad contable, figuran entre los más representativos, Leandro Cañibano, Tua Pereda y
nacionalmente Rafael Franco Ruiz.
6 Esta taxonomía es tomada del trabajo realizado por el profesor Jorge Tua Pereda, para analizar el
itinerario que han seguido la construcción de los principios de general aceptación (libro Lecturas de Teoría
Contable, referido en este mismo escrito).
mencionarse, la uniformidad en la consolidación de la información financiera; la falta de
respuestas a las intrincadas necesidades y problemáticas del mundo especulativo de las finanzas;
amén de la tardía pretensión de hallar un núcleo racional conceptual, desde el cual, realizar la
construcción de los estándares contables, tratando de imponer desde el trasfondo la insólita
creencia, que solo es válido el conocimiento técnicamente utilizable.
Aún cuando esta última pretensión es loable, no por ello deja de ser una ilusión nacida de las
entrañas propias de organismos cuyo primado, nos es precisamente dedicarse al trabajo analítico
y exploratorio de las conexiones entre las categorías más abstractas (conceptos) y su
contrastación rigurosa con el material empírico construido -a la usanza popperiana para su
falsación.
Dentro de la pretensión de hallar un núcleo conceptual racional, para desde ese presupuesto
proyectar la reconfiguración de la normatividad contable, se incurre en otra precariedad
metodológica: creer que las bases científicas de las disciplinas se construyen a través de
consensos políticos, en razón de adhesiones gremiales o profesionales. No, la ciencia no juega a
la obtención de mayorías. Los marcos conceptuales para abordar nuevos campos de
investigación, solo pueden generarse en el interior de una tradición de práctica científica, cuyo
escenario de legitimación son las comunidades científicas, donde se formulan los problemas y
se intentan soluciones; que desde su carácter predictivo, pueden conducir a nuevas
reelaboraciones, nuevas significaciones y formas de significar.
En este sentido, hacia 1959, el AICPA, organismo regulador Norteamericano crea the
accounting principles board (A.P.B)., el cual “estuvo constituido por un grupo de dieciocho expertos
procedentes de diversos sectores, en un claro intento de que la emisión de las normas se sustentara en la
más amplia representatividad posible”, (Tua, 1995:27). Es decir, se sustituye la rigurosidad
conceptual, que sugiere competencia y decantación científica, por niveles de representación
gremial.
Se desconoce de plano, entonces, que el dominio confiable de sistemas de información como el
contable, necesitan ser entendidas en su relación con los métodos y procedimientos, los cuales
además son una derivación de supuestos teóricos, metodológicos y epistemológicos.
El trabajo que sustenta esta propuesta lógica de apariencia teórico-formal, queda consignada en
las elaboraciones de Moonitz y Sprouse y Moonitz, cuyo itinerario metodológico pretende estar
soportado, en una mal entendida heurística positiva, que no conduce a la elaboración de un
marco teórico fuerte que sustente los principios, sino por el contrario en una jerarquización de
conceptos ordenados en catorce postulados, que a su vez se agrupan en tres categorías: la del
entorno económico de la contabilidad, el ámbito de la disciplina y los imperativos; atalaya desde
la cual se vislumbra la construcción de los principios y finalmente el cuerpo de normas que
regirán el sistema fundamentalmente de la contabilidad financiera. El maestro Rafael Franco ha
advertido en su análisis, refiriéndose a este itinerario metodológico,
“Es una ilusión de transparencia en palabras de Bachelard. La apariencia
del modelo hipotético deductivo ha dado para que muchos autores
interpreten y generen en los investigadores la ilusión de haber logrado en la
historia del pensamiento contable desarrollar programas de investigación
con la aplicación de métodos deductivos, constituyentes de prestigio en la
historia del conocimiento. Sin embargo cuando se toman estos modelos
aparentemente hipotético deductivos y se someten a la crítica hermenéutica,
se encuentra el verdadero método de construcción, el modelo no se construyó
de arriba hacia abajo, se hizo de abajo hacia arriba, es decir la observación,
la creación de clasificaciones y finalmente la justificación de las prácticas,
no aparece allí una formulación desde los conceptos de la lógica o de la
sicología que pueda considerarse como hipotético deductiva. Es un modelo
pragmático al cual se le construyó un corpus justificatorio que está muy
lejos de ser un corpus de conocimiento científico”. (Franco, 1998:211).
Ciertamente se trató de un intento, que descarta todo análisis desde la racionalidad científica y,
más bien, se pretende construir una herramienta normativa justificatoria de las formas de
organización de la sociedad capitalista, en donde se trata de hacer de la contabilidad una
disciplina anodina proclive a la dinámica vertiginosa del cambio del escenario global.
En esta misma dirección aparece el tercer “subprograma” denominado teleológico, el cual
emerge como una nueva alternativa frente a la fallida uniformidad, que debería surgir con
ocasión del sustrato “teórico” del “subprograma” lógico. El propósito central de este nuevo
entuerto, reside en derivar estándares contables a partir de observar los objetivos de la
información financiera, es decir, los objetivos de la información financiera deben tener un
criterio teleológico, esto es, proveer de utilidad a la información para la toma de decisiones,
especialmente la relacionada con la protección de la inversión bursátil. Esta visión
teleologizante de la contabilidad, determina un progresivo debilitamiento de enfoques teóricos y
metodológicos, que instala un cierto pesimismo sobre el futuro de la disciplina.
De otro lado, es necesario develar que este “subprograma” nace, en el escenario de un nuevo
entorno económico, que tiene como soporte la hegemonía del fundamentalismo dogmático del
pensamiento único neoliberal, en donde se gesta un nuevo patrón de acumulación, que al decir
de Gorostiaga, “ésta concentración es más intensa y monopólica que las otras formas de capital
aumentando la brecha entre el norte y el sur. La repercusión de este fenómeno ha llevado a una
desmaterialización creciente de la producción donde cada vez se requieren menos materias primas por
unidad de producto”. (Gorostiaga,1992:23).
Aparece el mercado como fuente suprema de toda autoridad, como herramienta eficaz para la
regulación de las funciones económicas, políticas y sociales de los Estados, independiente de
sus condiciones de asimetría estructural y de su heterogeneidad identitaria. En ese sentido, el
proceso normalizador contable, no escapa a esta ola que recorre el mundo como una nueva
peste apocalíptica, en tanto como lo argumenta Tricker, “la contabilidad depende de la ideología y
de las costumbres sociales, siendo en definitiva, el resultado del entorno cultural dominante". (Tricker,
citado en Tascón,1995:68).
Este es uno de los preceptos que encuentran los neoliberales, para justificar la metamorfosis
necesaria a que se ve abocado el capitalismo para dar respuesta a las nuevas situaciones de crisis
a que se ve enfrentada esta sociedad de fin y comienzos de milenios. Crisis que tienen su más
significativo correlato hacia 1973, periplo caracterizado por una gran recesión económica, con
altas tasas de inflación y bajas tasas de crecimiento y, donde lo contable debe atemperarse, a las
nuevas formas de productividad y competitividad, que entre otros aspectos básicos, tienen que
ver con la capacidad para procesar información en un mercado de turbulencia financiera y de
automatización del capital.
Otra controversia que parece marcar el desarrollo disciplinar contable, está referido a la
oposición entre la consolidación de una teoría general para la contabilidad y la praxis de las
aplicaciones contables. Esta dicotomía tiene como trasfondo, una concepción de teoría como
dominio separado, cuyo fin se agota en si misma, y de las aplicaciones y sistemas contables
como manipulación técnica de los datos. Entre el fetichismo de lo conceptual y el fetichismo de
las aplicaciones prácticas, existe una característica común: la arbitraria separación excluyente
entre teoría y praxis.
Como corolario puede decirse entonces que, toda investigación que se reclame como coherente
y busque superar la superficialidad de la mera especulación o copia impresionista de la realidad,
en donde como lo plantea Bachelard, se pase del “Estado concreto, en el que el espíritu se recrea
con las primeras imágenes del fenómeno y se apoya sobre una literatura filosófica que glorifica la
naturaleza y que, extrañamente, canta al mismo tiempo a la unidad del mundo y a la diversidad de las
cosas”, a un “estado abstracto, en el que el espíritu emprende informaciones voluntariamente
substraídas a la intuición del espacio real, voluntariamente desligadas de la experiencia inmediata y
hasta polemizando abiertamente con la realidad básica, siempre impura, siempre informe”, (Bachelard,
1976:11), debe necesariamente utilizar las categorías teóricas y los referentes empíricos. En este
sentido todo proceso de investigación es al mismo tiempo un proceso teórico y empírico, en
tanto la teoría sin datos que la apoyen es vacía, inocua, especulativa y, los datos sin una teoría
que alumbre su camino, serían completamente estériles, opacos y carentes de interés.
Solo asumiendo con responsabilidad, el desarrollo disciplinar desde el horizonte de la
construcción y consolidación de comunidad académica, se podrá superar esa visión menestral
que se nos ha asignado a los contables como gregarios de un conocimiento práctico y tecnicista,
marcados con estereotipos como la descripción hecha por un contador Norteamericano, que
decía:
“el contador público es un hombre que ha pasado de edad mediana, enjuto,
arrugado, inteligente, frío, pasivo, sin compromiso con nadie, con ojos de
bacalao, cortés en sus relaciones, pero al mismo tiempo insensible, calmoso,
abominablemente compuesto a la manera de un poste de concreto o una
argamasa de hierro fundido. Una petrificación humana con un corazón de
feldespato y sin adarme siquiera del germen de la amistad; sin tripas y sin
pasión o sentido del humor. Afortunadamente, nunca se reproducen y todos
ellos van a parar al infierno” . (Hubbard, 1988:437).
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Martínez Pino Guillermo León. (2002, abril 27). El estatuto de cientificidad de la contabilidad: un debate inconcluso. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/el-estatuto-de-cientificidad-de-la-contabilidad-un-debate-inconcluso/
Martínez Pino, Guillermo León. "El estatuto de cientificidad de la contabilidad: un debate inconcluso". GestioPolis. 27 abril 2002. Web. <https://www.gestiopolis.com/el-estatuto-de-cientificidad-de-la-contabilidad-un-debate-inconcluso/>.
Martínez Pino, Guillermo León. "El estatuto de cientificidad de la contabilidad: un debate inconcluso". GestioPolis. abril 27, 2002. Consultado el 16 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/el-estatuto-de-cientificidad-de-la-contabilidad-un-debate-inconcluso/.
Martínez Pino, Guillermo León. El estatuto de cientificidad de la contabilidad: un debate inconcluso [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/el-estatuto-de-cientificidad-de-la-contabilidad-un-debate-inconcluso/> [Citado el 16 de Agosto de 2018].
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