Educación para el desarrollo humano sostenible

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Para la Comunidad Iberoamericana, el desarrollo y transmisión de conocimientos constituyen una prioridad, sobre la base de la afirmación de que el conocimiento es determinante para el progreso de los países que conforman dicha comunidad. Se habla entonces del fin de la educación como política social dirigida a maximizar el proceso de transmisión de conocimientos y el acceso democrático a la misma, en equidad y armonía.

Podemos entonces decir que la labor de las políticas educativas está orientada por tales aspectos como:

La reducción y eliminación del analfabetismo, la falta de escolarización, la repelencia, el abandono y el deterioro de la calidad de la educación, ya que estas debilidades constituyen puntos altamente vulnerables que pueden hacer improbable el desarrollo óptimo de una determinada comunidad.

La generación de condiciones educativas (en el ámbito elemental y secundario) que fomenten técnicas, conocimientos, valores y aptitudes necesarias que acrecienten las posibilidades de la población para alcanzar niveles educativos adecuados, sin obviar el principio de equidad. A través de esta acción, la educación puede contribuir satisfactoriamente al incremento de la participación del individuo en la transformación de la sociedad y promover el desarrollo.

Los cambios económicos son fundamentales para la adopción de políticas educativas complementadas con políticas de empleo que pueden contribuir a la incorporación de más y más elementos al competitivo mercado laboral. En otras palabras, la educación debe estar en conformidad con las necesidades y realidad social de la comunidad para garantizar la formación de individuos capaces. Por medio de esta acción se puede incluso constituir una condición que favorezca el incremento de la productividad y la competitividad.

La adopción de modelos innovadores con respecto a alta formación profesional y capacitación laboral es algo deseable para acentuar el desarrollo. Las transformaciones en el campo de la ciencia y la tecnología demandan ajuste en lo educativo, lo cual es considerado una responsabilidad de las sociedades.

El aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles y el fortalecimiento de las instituciones de educación superior pueden definirse como estrategias propicias para el impulsamiento en la formación integral de los individuos para que sean partícipes del desarrollo político, económico y social de nuestros pueblos.

Adicionalmente, afirmase que los adelantos en materia de tecnologías hacen necesaria una constante actualización de las capacidades de la población. Por tal razón, el proceso educativo no se subordina únicamente a la formación de la población discente, sino que involucra el perfeccionamiento continuo de los profesionales. De esta forma podemos aspirar a un modelo educativo más efectivo que revierta en el mejoramiento de la capacidad laboral y el desarrollo socioeconómico.

Oportunidades educacionales y aspiraciones de la sociedad

Según Marcos A. Molina, las sociedades tratan de ampliar, ante las exigencias, las oportunidades de brindar más educación y satisfacer así las aspiraciones sociales. Ciertamente, la ampliación de las oportunidades educativas es más factible en sociedades desarrolladas; sin embargo, la misma no ha sido posible en aquellas que no han logrado un nivel educacional y productivo adecuado. Se habla entonces de una tendencia que acorta las posibilidades de mejoramiento, en gran parte debido a factores como la desproporcionada distribución de los ingresos y riquezas y en la participación de la educación. A pesar de esto, obsérvese que en los pueblos subdesarrollados se acentúa, desde hace casi 60 años, un interés marcado en realzar las oportunidades educacionales y por satisfacer demandas sociales. Este empeño se vincula con el incremento de la demanda social de la educación, cuya base fundamental se encuentra en la defensa de los derechos humanos y el desarrollo de los recursos humanos.

En otras palabras, la creciente demanda por una formación integra en los pueblos subdesarrollados, como aquellos en la región iberoamericana, se ve dada en el crecimiento de la población, la necesidad de movilidad social la necesidad de promover el desarrollo. En particular, es apropiado afirmar que los pueblos ven en la educación un camino hacia una preparación acorde con las exigencias del medio y la materialización del progreso. Sostiénese entonces que la ampliación de las oportunidades educacionales mediante la demanda social de la educación genera en sí misma su cabal dinamismo mediante mecanismos que se advierten cuando una política que ha iniciado un proceso de mayor instrucción, vertiginosamente requiere y exige más educación.

Lo anterior alude a una reacción colectiva dada en el incremento de las oportunidades educacionales. Podemos entonces que dichas oportunidades representan ofertas para la población que consisten en alentadoras propuestas con respecto a la formación y aumento de las posibilidades de lograr una decorosa forma de vida, siendo esta última un ejemplo de las aspiraciones sociales. En cierto modo, se puede percibir un vínculo bien estrecho entre las aspiraciones sociales y las oportunidades educacionales, aunque sin embargo, se da un desequilibrio entre ambos aspectos en gran parte debido a una política de admisión sin restricciones.

Sucede entonces que las aspiraciones sociales están dadas en términos de obtención de empleos que garanticen una estabilidad económica. Por tal razón, el aglutinamiento en los centros educativos se vincula a las necesidades de una población de una preparación que le permita ser elegible para determinados puestos de trabajo. De hecho, el aumento de la fuerza laboral favorece en cierta forma al progreso, aunque persisten modelos conformistas que relegan al individuo a una pequeña élite educada”. En otras palabras, un considerable sector de la población puede solo hacer uso de las oportunidades educacionales parar satisfacer aspiraciones de reducido alcance, o sea, particulares.

En definitiva, lo que ocurre es que no hay una correspondencia precisa entre las oportunidades educacionales, las aspiraciones sociales de un gran porcentaje de la población y el deseo de desarrollo social y económico, lo cual se acentúa más en países en vías de desarrollo. Sugiérase entonces la utilización de estrategias que involucren un cambio de actitud de los poderes institucionalizados y de la sociedad en conjunto y la adopción de un sistema administrativo dinámico. De este modo puede conseguirse la configuración de una perspectiva social más favorable apoyada en el logro de una preparación que responda a las aspiraciones sociales y favorezca al desarrollo.

Desarrollo

¿Por qué educación?

Porque la educación es un Derecho Humano fundamental que está reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en la Convención sobre los Derechos del Niño y además es el catalizador más poderoso para el desarrollo humano (OXFAM INTERNACIONAL). A pesar de esto la realidad queda muy lejos de una escolarización y una alfabetización total. Actualmente 125 millones de niños y niñas no acuden nunca al colegio (la mayoría en África Subsahariana), y otros 150 millones lo abandonan antes de completar 4 años de educación y sin haber adquirido habilidades básicas.

Por otro lado en todo el mundo 872 millones de personas son incapaces de leer o escribir Además de estas cifras también se ha de tener en cuenta los millones de niños y niñas que asisten al colegio en condiciones que hacen que la educación sea de baja calidad tal como infraestructuras deficientes, exceso de alumnos i/o mezcla de diferentes niveles en una misma aula, insuficiencia de profesorado y formación insuficiente, falta de recursos, programas poco adaptados a las necesidades reales, discriminación en el acceso según el sexo o nivel económico, etc. (ONU, 1997).

En general la mayoría de esta población corresponde a los países menos desarrollados con lo que se establece una correlación entre nivel de escolarización y desarrollo. En la Conferencia Mundial sobre Educación en Jomtien, (1990) y en la Cumbre sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995) se han ido estableciendo metas a nivel mundial, como una educación primaria y gratuita para todos los niños en todo el mundo antes del año 2015, pero la cercanía de esta fecha y el ritmo de escolarización en estos países no parece que se pueda alcanzar este objetivo fácilmente.

Por otro lado la ciencia, que junto con los conocimientos sociales y humanísticos son el principal activo de un país para afrontar su futuro, parece que no puede solucionar los problemas de desigualdad, de opresión o de subdesarrollo que es el contexto de estos millones de habitantes (Conferencia Mundial sobre la Ciencia de Budapest, 1999). Es el círculo de la pobreza y la educación puede ayudar a romperlo.

Actualmente parece haber un consenso en que el desarrollo de la educación favorece directamente el desarrollo social y económico de una región o un país. También se está de acuerdo en que para que esto tenga efecto, y lejos de los argumentos de la Royal Society, es básico y previo el desarrollo de las capacidades personales.

El objetivo fundamental de la educación en general y de la educación escolar en concreto es proporcionar a los ciudadanos y estudiantes una formación plena que les ayude a estructurar su identidad y a desarrollar sus capacidades para participar en la construcción de la sociedad. En este proceso el sistema educativo debería posibilitar que los alumnos como futuros ciudadanos, reflexionen, construyan y pongan en práctica valores que faciliten la convivencia en sociedades plurales y democráticas, tal como el respeto y la tolerancia, la participación y el diálogo.

La madurez y consolidación de las sociedades democráticas en gran medida viene dada por el desarrollo de las capacidades individuales y por la capacidad que tenga la sociedad para integrarlas y hacerlas funcionales en los proyectos colectivos. Por esto cuando la sociedad en general o un país concreto se preocupa y se plantea la mejora de su educación, en realidad está confiando en su potencial para generar progreso social y en su potencial transformador en todas las dimensiones, la personal, la política, la cultural y la tecnológica, económica y productiva. Y de forma más inmediata se le está asignando el papel de catalizador para que se de la adaptación de la sociedad a los acelerados cambios que se producen en cada uno de ellas.

Estamos de acuerdo en que una educación que potencie las capacidades personales y sociales para hacer frente a las rápidas transformaciones de la tecnología, de la producción y de la cultura es fundamental para el desarrollo de un país. Pero quizá deberíamos preguntarnos a qué tipo de desarrollo nos referimos.

El concepto de desarrollo también está evolucionado y ha pasado de una concepción estrictamente economicista a una concepción más humana, ecologista y sostenible en el futuro incorporando a este concepto el derecho de las futuras generaciones a vivir en un planeta o un país más equilibrado y más justo (tomando como referente la Conferencia de Río, 1991). Esta interpretación supone la necesidad de un cambio de mentalidad progresiva en todos los ámbitos sociales, en el individual y en el económico, un cambio que fundamentalmente supone entender la educación, formal y no formal, como parte intrínseca e indisociable del desarrollo. Un cambio en el que la educación tiene una función constructora. Y es por ello que se plantea la necesidad de una Educación para el desarrollo, humano (aunque parezca paradójico), y sostenible en sus planteamientos.

¿Por qué desarrollo?

La revisión de este modelo, iniciada en los años setenta, fue consecuencia de la dinámica Norte-Sur en las relaciones internacionales y del surgimiento de una corriente de pensamiento que rechazó la posibilidad de un crecimiento puramente económico.

Se consideró entonces que el desarrollo consiste también en mejoras de carácter social, en políticas de distribución que priman la equidad social, en una mejora de la calidad de vida para toda la población y, en definitiva, en procesos que además de conciliar el crecimiento económico con el desarrollo social, traducen el crecimiento económico en desarrollo social.

Pero esta revisión conceptual tuvo como resultado no sólo definir alternativas de crecimiento que englobaran los aspectos sociales con los económicos y los políticos, sino también el reconocimiento de su carácter específico y la importancia de tomar en cuenta en los procesos de desarrollo la cultura de cada país y región.

Sobre esta base se generaron otras propuestas, como las teorías estructurales del desarrollo y la teoría de la dependencia, que aportaron una fuerte crítica al modelo liberal al destacar la vulnerabilidad política, financiera y comercial de los países subdesarrollados, y la necesidad de una transformación de las relaciones Norte-Sur.

Los años ochenta permitieron contemplar el renacimiento del liberalismo económico, con su estrategia de reducción del Estado y de la desregulación, que parece desatender las enseñanzas históricas. De nuevo estamos ante políticas económicas que ponen el énfasis en el crecimiento económico, aunque sea a costa de la equidad y el incremento de las desigualdades sociales. Según muchos especialistas, los «planes de ajuste», las «terapias de choque», las privatizaciones masivas y la flexibilización de los mercados de trabajo, se basan en políticas monetarias y de oferta que han desplazado radicalmente a las políticas fiscales y de demanda, sin que se conceda su justo valor al coste social de esas políticas, lo que amenaza, por otra parte, la estabilidad democrática de los países.

Pero también estos años han permitido ver cómo el modelo de crecimiento cuantitativo es revisado como consecuencia de sus efectos sobre la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales no renovables. En ese sentido, va a producirse una ruptura del dilema o de la dicotomía entre desarrollo y medio ambiente, acuñándose un nuevo concepto: «desarrollo sostenible», es decir, aquel que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras.

Desarrollo sostenible y desarrollo humano

El desarrollo sostenible es un concepto antropocéntrico, completado por aspectos sociales, culturales, políticos y ético-morales, que dan sentido a largo plazo y en conjunto al desarrollo humano, con una perspectiva de continuidad que lo hace sostenible. Se considera que el desarrollo, a partir de un punto crítico, supone crecimiento sobre todo en calidad, en «inteligencia» y conocimiento, en sabiduría, y no simplemente en términos económicos o materiales.

Con este nuevo modelo se busca un desarrollo sistémico, tanto a nivel nacional como internacional. Un desarrollo en el que ninguna parte de la sociedad crece en detrimento de las demás, ya que el progreso de una parte no es real si no es respaldado por el progreso de las demás partes. Su plasmación legal se encuentra en los derechos humanos llamados de tercera generación, como un nuevo derecho a una vida sostenible y productiva, en armonía con la naturaleza; el derecho a un entorno de calidad y la exigencia de un código ético de comportamiento.

El concepto de sustentabilidad se puede representar por un eje vertical, definido por la interacción entre hombre y naturaleza, y por un eje horizontal, en el que se encuentran las relaciones entre seres humanos y comunidades y que condiciona el anterior. En este espacio y con estos condicionantes debe buscarse el desarrollo.

Desde un punto de vista conceptual el paso siguiente consiste en añadir un nuevo factor al proceso de definición. Una vez considerada la necesidad de establecer una armonía entre el crecimiento económico y la naturaleza se produce un nuevo avance al considerar que el centro de cualquier política de desarrollo debe ser el propio hombre, y su principal regla la inversión en las personas, en el capital humano. Surge, de esta manera, una nueva conceptualización: el desarrollo humano, que supone una integración de todas las concepciones anteriores.

El desarrollo humano exige un proceso de ampliación de toda la gama de opciones de las personas, brindándoles mayores oportunidades de educación, salud, ingresos y empleo. El concepto abarca el espectro total de opciones humanas, desde un entorno físico en buenas condiciones, hasta las libertades económicas y políticas. Es, por lo tanto, un concepto amplio e integrado al servicio de las generaciones actuales y futuras.

Con esta nueva conceptualización, el crecimiento económico debe proveer justicia y oportunidades para todos, sin destruir los recursos naturales finitos ni poner en entredicho la capacidad de sostenimiento del planeta.

El desarrollo humano, considerado a lo largo de la historia, consiste en un proceso educativo gradual, fruto de enseñanzas, aprendizajes y experiencias, vivido en el contexto de circunstancias concretas y de valores asumidos propios de cada época y de cada cultura. Es un desarrollo en función de un entorno familiar, social, cultural y medioambiental.

Por otra parte, este modelo de desarrollo exige un replanteamiento de las relaciones entre lo económico y lo social, cuyo pretendido antagonismo debe ser metódicamente puesto en tela de juicio no sólo por razones éticas, sino también prácticas, ya que el coste directo e indirecto de las tensiones y desórdenes sociales es superior a las inversiones preventivas. En ese sentido, el desarrollo humano necesita un compromiso político en torno a valores y criterios compartidos. Su objetivo puede resumirse, según algunos especialistas, en la llamada «trilogía del bienestar», que promueve la estabilidad política, el crecimiento sustentable y las políticas sociales orientadas a la igualdad de oportunidades.

En síntesis, comienza a producirse un cierto grado de consenso sobre la necesidad de conciliar la inserción internacional con la construcción de un tejido productivo y social articulado, de tal manera que el crecimiento económico permita atender a las necesidades básicas de la población. Por otra parte, la evidencia disponible sugiere que ni la integración económica mundial ni el aislamiento pueden garantizar el desarrollo económico por sí solos. Lo importante es la capacidad de adaptación y de transformación, para lo que es necesario un liderazgo político y económico. El papel del Estado resulta aquí incuestionable.

Vinculación conceptual entre desarrollo y educación

La consideración del desarrollo humano (entendido como un proceso de aprendizaje y de aplicación de lo aprendido para mejorar la calidad de vida) como el eje de todo proceso de crecimiento, ha puesto de manifiesto la necesaria vinculación entre desarrollo y educación.

Desde que en los inicios de los años sesenta se acuñara el término «capital humano» como la capacidad productiva del individuo incrementada por factores como la educación, la teoría económica ha buscado evidencia empírica sobre la relación entre educación y crecimiento económico.

Los resultados logrados por las investigaciones son ambiguos. Los que niegan cualquier tipo de relación se apoyan en ejemplos como el sueco o la paradigmática primera revolución industrial británica para aducir que el desarrollo se produjo sin necesitar apenas de la educación formal. En el extremo opuesto se sitúan los que enfatizan el caso alemán en el siglo XIX o el modelo japonés más reciente, caracterizados ambos por el impulso decidido a la educación como elemento clave para el desarrollo económico.

Ello es así porque la relación entre educación y desarrollo es compleja y se ve afectada por muchos factores, tanto endógenos como exógenos. Su importancia no se ha podido verificar ni medir con exactitud, pero, como ya se señaló previamente, existe un notable grado de acuerdo en resaltar, como ya lo hiciera la Conferencia Mundial sobre Educación de 1990, que la educación es condición indispensable, aunque no suficiente, para el desarrollo económico, social y cultural.

En consecuencia, existe un acuerdo generalizado en considerar que cuando existe una estructura social que permite la movilidad ascendente y un contexto económico favorable, la educación produce un capital humano más rico y variado y reduce las desigualdades sociales, endémicas en los países no desarrollados. Una política educativa puede, por lo tanto, convertirse en fuerza impulsora del desarrollo económico y social cuando forma parte de una política general de desarrollo y cuando ambas son puestas en práctica en un marco nacional e internacional propicio.

Por lo tanto, para que la educación pueda cumplir ese papel clave, es necesario vincularla a las políticas de desarrollo. Es imprescindible tomar decisiones sobre el desarrollo socio-económico que se desea impulsar, sobre el tipo de sociedad que se quiere construir y, consecuentemente, sobre qué educación promover. La educación puede ser hoy la llave para un nuevo tipo de desarrollo, basado en una concepción revisada del lugar que ocupa el hombre en la naturaleza, y en un fuerte sentido de la solidaridad.

Conclusiones

1- La política educativa de un país está llamada a ser el motor impulsor del desarrollo económico y social de un país por lo que constituye un reto lograr que la educación potencie no solo las capacidades personales, si no las capacidades sociales para poder resolver las distintas problemáticas a las que se enfrenta cada individuo en el quehacer diario.

2- Resulta importantísimo el papel que debe desempeñar la Educación Superior por formar parte de la estrategia de desarrollo del país donde deben estar presentes sus funciones de socializadora y transformadora.

3- Los factores que inciden en la relación educación-desarrollo deben ser tomados en cuenta así como el modelo de desarrollo al que responde el país.

Bibliografía

1. V Conferencia Iberoamericana de Educación, Buenos Aires (Argentina), 7 y 8 de septiembre de 1995.

2. Fabré Contreras, M. (2007) Para aprender mejor. Una estrategia didáctica para contribuir a un mejor y mayor aprendizaje. Colección Educación.

3. Mazuelas, P. (2002) El éxito y el fracaso académicos. Colección Educación.

4. Cabero Almenara, J. (2006) Nuevas tecnologías aplicadas a la educación. Editorial McGrawHill.

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Montes de Oca Yenia Portuondo. (2008, octubre 7). Educación para el desarrollo humano sostenible. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/educacion-para-el-desarrollo-humano-sostenible/
Montes de Oca, Yenia Portuondo. "Educación para el desarrollo humano sostenible". GestioPolis. 7 octubre 2008. Web. <https://www.gestiopolis.com/educacion-para-el-desarrollo-humano-sostenible/>.
Montes de Oca, Yenia Portuondo. "Educación para el desarrollo humano sostenible". GestioPolis. octubre 7, 2008. Consultado el 16 de Julio de 2018. https://www.gestiopolis.com/educacion-para-el-desarrollo-humano-sostenible/.
Montes de Oca, Yenia Portuondo. Educación para el desarrollo humano sostenible [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/educacion-para-el-desarrollo-humano-sostenible/> [Citado el 16 de Julio de 2018].
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