Cómo se podrían valorar los jugadores de fútbol

Cuáles son las razones que han causado el enorme aumento en la cotización de las transferencias de los jugadores de fútbol, cómo son valorados actualmente y cómo se podrían valorar en el futuro para beneficio del deporte, de los jugadores, de los clubes y de los aficionados.

El virus que pincho la burbuja: del fútbol por pasiones al negocio por acciones

Previo a la situación inédita generada sobre la economía mundial por el covid-19, ya algunas personas tanto cercanas como ajenas al deporte lo venían advirtiendo: el “negocio” del fútbol, como otras actividades económicas que de un momento a otro comienzan a generar enormes dividendos para algunos, había entrado en una burbuja que sólo un agente totalmente ajeno al entorno de la industria del fútbol -un virus- pudo hacer estallar o, al menos, eso parece.

Y es que hechos como el pago de 222 millones de euros por la transferencia de Neymar del FC Barcelona al PSG o lo que se especulaba en noviembre de 2019 que estaría dispuesto a pagar el equipo Real Madrid a mediados de este año 2020 por hacerse con los servicios del francés Kylian Mbappé -400 millones de euros- y que parecen ahora gastos un tanto desmedidos (por no decir irracionales), no están muy lejos de la definición que aparece en Wikipedia acerca de lo que es una burbuja económica: “una subida anormal, incontrolada y prolongada del precio de un activo o producto, de forma que dicho precio se aleja cada vez más del valor real o intrínseco del producto”. Y se agrega “el precio del activo alcanza niveles absurdamente altos hasta que la burbuja acaba estallando… dejando tras de sí un montón de deudas”. Como se ve, esta es una definición bastante acorde con la situación que se vive actualmente en el entorno del fútbol a nivel mundial.

Cómo se alimentó la burbuja

Por estos lados se dice que “por la plata baila el perro” para hacer referencia a que, si hay dinero de por medio, se hace lo que sea necesario. Esta no es una particularidad de alguna disciplina o deporte. Cualquier empleado de cualquier tipo de empresa buscará cada vez estar mejor remunerado y, algunos de ser necesario, pasarán por encima de preceptos éticos y morales, para terminar, yéndose a trabajar para la competencia si allí están dispuestos a pagarle más.

En el negocio del fútbol también ha ido así. Los jugadores destacados que empezaban en los llamados “equipos chicos” continuaban sus carreras en equipos cada vez “más grandes” que tenían mayor poder económico: Diego Armando Maradona empezó en Argentinos Juniors, pasó por Boca Juniors de su natal Argentina para luego emigrar a Europa donde pasó por el FC Barcelona y el Nápoles. El colombiano Faustino Asprilla comenzó en el Cúcuta, un equipo modesto de la liga colombiana, luego pasó por Atlético Nacional –uno de los clubes llamados grandes- para luego jugar en Europa en el Parma italiano y en el Newcastle inglés. Hablamos aquí de la década del 80 y principios de los 90 del siglo pasado, pero desde algunas décadas antes también ocurría lo mismo. En Colombia sucedió que, en un momento de crisis del fútbol argentino (precisamente una huelga de jugadores que aspiraban a un mejor salario), grandes figuras de ese entonces entre las que se encontraban Alfredo Di Stefano, Adolfo Pedernera, Julio Cozzi y otros, vinieron a principios de los 50 a reforzar a algunos equipos de la naciente liga colombiana, relativamente bien remunerada para la época. Luego algunos de ellos emigraron al viejo continente donde son muy conocidos los logros de Di Stefano con el Real Madrid (aunque recientemente se supo que quien primero había negociado su pase por 2 millones de pesetas había sido el FC Barcelona). Y todo se dio porque en cada paso había más dinero.

De modo que los traspasos en el fútbol (y las altas sumas de dinero involucradas de por medio) siempre han existido pero lo que puede afirmarse es que, por lo menos hasta principios de los 80, los valores asignados a la mercancía “jugador de fútbol” eran más racionales (suena duro, pero en eso se han convertido los futbolistas, en una mercancía que se vende, por las leyes de oferta y demanda, al mejor postor). El FC Barcelona pagó por el traspaso de Maradona en junio de 1982 (una semana antes del mundial), 1200 millones de pesetas de la época según la propia página del club, sin embargo, con sus 21 años ya era considerado uno de los mejores del mundo por lo que podría decirse que el alto valor pagado posiblemente pueda considerarse como un precio justo (el justo valor de mercado). De manera similar, el Real Madrid luego de la triangulación que se hizo entre el Atlético de Madrid y el equipo Pumas donde se había iniciado, pagó por el paso del mexicano Hugo Sánchez en 1985 y cuando el jugador contaba ya con 27 años, 250 millones de pesetas. Y así mismo ocurrió con los traspasos de otras figuras que habían aparecido en Latinoamérica y que se destacaron en el mundial de España 82: Julio Cesar Uribe, el “Mágico” Jorge González, Arthur Antunes Coimbra -Zico- (aunque su pase al Udinese en 1983 se consideró una transacción alta para la época: 4 millones de dólares, pero el brasileño junto a Maradona y Rumenige formaba la terna de los mejores del mundo), Paulo Roberto Falcao por quien en 1980 y con 27 años,  el Roma de Italia había pagado al Internacional de Portoalegre, 1,5 millones de dólares.

Posteriormente los traspasos de otros grandes jugadores suramericanos como Iván Zamorano, Marcelo Salas, Gabriel Batistuta, Faustino Asprilla, podría decirse que se mantuvieron en valores más o menos normales. Veamos: Zamorano pasó del Cobresal al Bologna de Italia por 350.000 dólares en 1988; el paso de Batistuta en 1991 de Boca a Fiorentina le costó a este equipo 2,5 millones de euros; Asprilla pasó en 1992 de Atlético Nacional al Parma por algo así como 7 millones de dólares.

¿En qué momento entonces los traspasos se comenzaron a inflar?

Como se puede ver hasta ahora en este análisis, hay un factor inicial que empieza a hacer inflar los valores de los traspasos, y es el salto desde América al viejo continente. Los traspasos intracontinentales por lo menos en América, rara vez implicaron elevadas sumas. En la década del 80 vinieron a Colombia, gracias al dinero del narcotráfico, especialmente a Millonarios de Bogotá, a América de Cali y a Atlético Nacional de Medellín, grandes jugadores suramericanos, que bien pudieron llegar a Europa: Cesar Cueto, Guillermo La Rosa, Juan Gilberto Funes (quien posteriormente estuvo dos años en Europa), Mario Vanemerack, Mario Videla, Ricardo Gareca, Jorge da Silva (el uruguayo había estado en España con el Valladolid y el Atlético de Madrid), Roberto Cabañas (el paraguayo tuvo también un paso corto por Europa en la liga francesa para luego retornar a Suramérica a jugar en Argentina) por nombrar algunos. Pero los montos de esas transacciones no fueron tan altos como para llegar a escandalizar, pues se dieron entre equipos de este lado del mundo. Aunque en el año 1986 se dio algo inusual para la época y fue la llegada al Junior de Barranquilla proveniente del Cágliari italiano, del peruano Julio Cesar Uribe, pero igualmente la transacción no fue muy onerosa.

La razón de los relativamente bajos montos de las transacciones en el continente americano es sencilla: se trataba de negocios entre equipos “pobres”. Por esa época la mayoría de países en centro y Suramérica eran considerados del tercer mundo. No había mucho dinero y sólo hacia finales de los 80 y principios de los 90 cuando en México grandes inversores –Televisa, TV Azteca- y en Colombia los carteles de Medellín y de Cali como se mencionó, ponen sus ojos en los principales equipos, estos llegan a tener el poder económico para hacerse con grandes jugadores y estas dos ligas, la liga mexicana y la colombiana llegan a convertirse en un buen mercado para futbolistas de otros países de América. Actualmente no pasa esto con la liga colombiana, sí aún con la liga mexicana a donde han llegado jugadores europeos, al igual que viene ocurriendo con la liga brasileña donde varios de sus equipos ahora cuentan con cierto poder económico como para repatriar a algunas figuras que se habían marchado a Europa, o atraer a algunas figuras de las otras ligas suramericanas.

Pero es en el momento que el negocio se hace entre un equipo “rico”, por ejemplo, FC Barcelona, Real Madrid, Manchester United, Bayern Munich por nombrar a algunos, y uno “pobre”, como lo son la mayoría de equipos de centro y Suramérica (con las excepciones mencionadas de Brasil y de algunos equipos de Argentina donde River Plate, Boca Juniors o San Lorenzo de Almagro tienen también cierto poder económico), en que el precio se eleva. Veamos un ejemplo relativamente reciente: James Rodríguez pasa de Envigado, un club chico de Colombia a Banfield, un equipo chico de Argentina, por un monto cercano a los 3 millones de dólares, pero luego de dos años es vendido al Porto portugués por cerca de 7,5 millones de Euros.

Algo similar ocurría en los traspasos entre equipos europeos. Por ejemplo, Ronaldo Nazario pasa en el año 1995 del Cruzeiro al PSV por cerca de 5,5 millones de euros y tan solo un año más tarde el Barcelona paga 2500 millones de pesetas, algo así como 15 millones de euros (casi tres veces más de lo que pagó el PSV), sin embargo, el jugador contaba con tan sólo 20 años y venía de hacer 42 goles en 46 partidos. En este caso, un equipo no muy grande, el PSV, se aprovecha de negociar con uno que ya era considerado grande y poderoso, el FC Barcelona. Como veremos más adelante, esta situación de venir de un equipo chico influye en la tasación del valor del jugador.

La aparición de nuevos inversores

La llegada de grandes magnates del petróleo de Rusia y de algunos países árabes, y otros inversores desde la lejana China al negocio del fútbol, desde principios de este siglo, es otra situación que ha contribuido a inflar la burbuja de los traspasos de futbolistas. El poder desembolsar 50, 80, 100 o más millones de dólares o euros por hacerse con los servicios de un jugador sin tener que hacer mayores esfuerzos de caja, ha contribuido a ese desenfreno en el mercado de jugadores generando inflación de precios.

Y si bien es cierto que algunos aficionados y clubes donde estos poderosos invirtieron, disfrutaron de las mieles del triunfo, para algunos la gloria máxima no ha terminado por llegar. Por ejemplo, el ascenso del Chelsea de la mano de Roman Abramovich o los casos del Manchester City allá mismo en Inglaterra y del PSG en Francia que, gracias a los petrodólares árabes, lograron volver a ganar sus respectivas ligas, aún con todo y sus estrellas no han podido alcanzar el máximo trofeo, la Champions League. De modo que las viejas y tradicionales rivalidades entre los clubes de una misma ciudad o de una región o provincia pareciera que ya no es por quien puede superar al otro en el campo y quedar por encima en la tabla de posiciones o lograr ese máximo trofeo, sino por cual tiene mejor “músculo financiero” que le permita quedarse con las “figuras” del momento.

Ya que desde las últimas décadas del siglo pasado grandes grupos empresariales empezaron a diversificar sus negocios y a invertir, por lo general, en negocios conexos a los suyos lo que se conoció como integración vertical hacia adelante o hacia atrás, pareciera lógico entonces que grupos económicos rusos, árabes o chinos buscasen generar más ingresos invirtiendo en otro tipo de negocios, aunque dichas inversiones no tuviesen mucho que ver con lo que era su negocio central. Lo que buscan, más allá de la gloria deportiva, es diversificar y apostar a otras cosas que generen nuevos ingresos. Pero esto ha terminado por aburguesar a los clubes y a sus integrantes, quitándole ese aire de entretenimiento de barrio, de entretenimiento del pueblo (entretenimiento que precisamente dicen algunos, le habían “robado” los pobres a los ricos). Y entonces el fútbol ha pasado a ser una industria más, donde lo que importa es que al finalizar el año o la temporada los inversores obtengan un adecuado rendimiento sobre la inversión que hicieron.

Otros factores: la mediaticidad y las redes sociales

Atrás han ido quedando las figuras hechas a pulso en las canteras de los equipos, aquellos jugadores que anhelaban jugar y sobresalir en el equipo de su ciudad, esos que en la cancha se esforzaban al máximo por derrotar al rival (el fútbol por pasión). Con el auge de las redes sociales, ya resulta ser más importante lo que pasa fuera de la cancha con esos ídolos de papel: aparecer en redes en el auto lujoso, el yate, el avión o luciendo cualquier artículo exótico pareciera que los hace más “grandes” y les satisface más que la gloria deportiva que se siente al superar en un campo a un rival. Ahora parece importar más el glamour que la sed de triunfo. Importan más los contratos publicitarios y tener seguidores en las redes que el próximo partido, pues al fin y al cabo esto les representa más ingresos a ellos y a sus clubes (el fútbol por dinero).

Todo ese flujo de millones no ha sido benéfico, tal vez si para el jugador y el negocio, pero no para la actividad deportiva pues ha terminado por contaminar algo que, en un principio, lejano ya, se hacía por pasión y que ahora se practica sólo por dinero. Ahora es común ver que la mayoría de los equipos ya no son de las ciudades pues están conformados por una serie de jugadores de cualquier parte del mundo lo que genera poco sentido de pertenencia y respeto por la ciudad y sus hinchas. Y se ha vuelto común que un futbolista que consigue un logro importante con un club ya no espere quedarse para volver a intentarlo en la siguiente temporada, no, lo que importa es el contrato del siguiente año y si no hay más dinero se habla con el representante, una especie de sanguijuela del negocio, para que busque ubicarlo en otro lado de modo que los dos -representante y jugador- ganen más sin importar que los hinchas luego le odien, porque la gloria deportiva ya no importa ni existe, lo único que venía importando era el dinero (recuérdese los casos de Luis Figo o de Hugo Sánchez pasando del Barcelona y del Atlético respectivamente, al Real Madrid).

Los agentes: intermediarios vividores del fútbol

Los traspasos de futbolistas por lo menos en Colombia y creo que en el mundo, no se hacían a través de representantes, así lo certifica Guillermo Ruiz un profundo conocedor de la historia del fútbol colombiano en una entrevista en asColombia en el año 2015: “Sobre la representación de futbolistas, Guillermo Ruiz asegura que esa figura no existía en Colombia…Los jugadores se negociaban directamente entre clubes. El entrenador veía al jugador, le comentaba al presidente y este contactaba al dirigente del otro club para negociarlo. Así era que funcionaba”. Según el mismo artículo, esta figura aparece en nuestro país hacia finales de la década del 80, siendo José Castaño el primer representante colombiano avalado por la FIFA.

Actualmente existe alrededor del fútbol un negocio bien montado de representantes e intermediarios que sin dar un solo pelotazo terminan ganándose millonadas a costa de los traspasos de los jugadores que representan, lo que termina por inflar los negocios. Y cuando estos intermediarios representan no solo a jugadores sino también a directores técnicos imaginemos la cantidad de negocios no muy claros que pueden tejerse.

Los galácticos del Madrid

Un hecho que adicionalmente ayudó a seguir inflando la burbuja de las negociaciones de los futbolistas fue el tema de los “galácticos” del Real Madrid, cuando este equipo llegó a desembolsar cerca de 200 millones de euros por cuatro grandes jugadores: Luis Figo, Zinedine Zidane, David Beckham y Ronaldo Nazario, y conformó así un equipo realmente poderoso en todo sentido: desde el marketing hasta el fútbolístico como tal.

Aunque, como bien lo han explicado algunos analistas (véase por ejemplo el artículo de Urrutia y otros “El mapa estratégico del Real Madrid: el arte de construir una marca”) desde el punto de vista económico empresarial ese hecho propiciado por su presidente Florentino Pérez, fue bien planificado pues le retribuyó al club mucho más de lo que desembolsó al punto de llevar a posicionarlo como el club de fútbol más valioso del mundo, despojando de ese trono al Manchester United que lo venía ostentando varios años atrás.  Pero desde esos años, principios de este siglo, se desató una no muy sana competencia entre los grandes clubes europeos por contar en sus filas con los mejores del mundo, algo que no era nuevo, sin embargo, ahora los clubes no se conformarían con contar con el mejor sino con tener a los cuatro o cinco mejores. El propio Ronaldo Nazario recientemente mencionó que desde ese momento algo cambió: “Había muchísima expectación por los galácticos y al final dimos muchísimo espectáculo, fue una generación ganadora, que ha cambiado la manera de hacer los negocios dentro del fútbol. Desde entonces todos los equipos han generado más dinero, han vendido mejor los jugadores… allí fue el gran cambio de la nueva era del fútbol”.

El desempeño en los mundiales

Esta es otra situación que ha hecho inflar el valor de los jugadores de fútbol. Un caso que puede dar fe de esto es el sucedido luego del mundial del 2014 donde por ejemplo el colombiano James Rodríguez fue vendido en 70 millones de euros, cuando pasó del Porto al Real Madrid. A pesar de su gran desempeño y de que el gol que le marcó a Uruguay fue catalogado como el mejor del mundial, tal vez su valor de mercado se infló un poco por esta situación. Así mismo ha ocurrido con algunos jugadores que luego de tener unas buenas presentaciones en los mundiales han elevado enormemente su cotización. Sin embargo, no creo que esto debiera hacer que los valores se eleven pues como puede ocurrir que el jugador se destaque, también puede ocurrir lo contrario: que un jugador que venía destacándose en algún club, en el mundial no tenga mucho renombre como lo fue el caso de Robert Lewandowski en el 2018, porque entonces esto haría que su valor disminuyera. Ni lo uno ni lo otro, lo lógico sería valuar al jugador de otra manera como se propondrá más adelante

Cómo se valora actualmente a un jugador

Hace años eran los propios técnicos o entrenadores que le hacían el seguimiento a cierto jugador y con base en su propia experiencia definían si era el apropiado para lo que él requería en el equipo que dirigía. Era, como en cualquier mercado, una situación de oferta y demanda. Ahora es igual, la diferencia es la mediaticidad: un jugador que comienza a sobresalir en una liga de ascenso de cualquier país, fácilmente y por la “magia” de los medios masivos de comunicación o incluso a través de un simple video que se puede volver viral en una red social, termina siendo conocido y rastreado por cualquier club, pequeño o grande, de modo que ese “prospecto” empieza a adquirir un valor diferente por el hecho de que algunos equipos grandes puedan mostrar interés en él y si, de pronto alguno pregunta o intenta hacerse con él, seguramente aparece el representante de turno que se encargará de difundir esa información, cierta o falsa eso no importa, pues lo que le interesa es hacer inflar el valor del jugador así luego resulte ser un fiasco.

De modo que ahora existen una serie de medios donde se le puede hacer seguimiento a un jugador desde cuántos minutos o partidos ha jugado, cuántos goles ha convertido, cuantos pases ha dado -buenos o malos-, y casi cualquier estadística que se quiera saber para tener una idea del desempeño de un cierto jugador. Existen portales especializados en ello y que además han desarrollado funciones matemáticas -fórmulas- para estimar el valor de un jugador, en función de su edad, los equipos en que ha jugado –incluida la selección nacional- su aparición en los medios y otra serie de características un tanto subjetivas que terminan por elevar el valor.

Veamos por ejemplo en la siguiente figura, la forma en que el Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES, por sus siglas en francés) tasa el valor de los jugadores de las cinco principales ligas europeas:

Figura 1. Variables incluidas en el modelo de valoración del CIES

Variables incluidas en el modelo de valoración de jugadores de fútbol del CIES

Fuente: CIES Reporte 53 marzo 2020

Como puede verse en la gráfica, las variables incluidas en el modelo estadístico del CIES, para estimar los valores de transferencia para jugadores profesionales de fútbol pueden dividirse en tres grupos: las variables relativas a los clubes, las relativas a los jugadores, así como una variable contextual: la temporada durante la cual tuvo lugar la transferencia. De acuerdo con el portal “…esta última variable nos permite tener en cuenta la evolución de los valores, en igualdad de condiciones, en un entorno fuertemente inflacionario. De acuerdo con la traducción (el texto está originalmente en idioma inglés), “Las variables relativas a los clubes se refieren al nivel de equipos donde los futbolistas jugaban antes de su transferencia en ambos nivel deportivo y financiero. Desde el punto de vista deportivo, el nivel de los equipos se calcula sobre la base de los resultados obtenidos y la liga de pertenencia. El nivel de la liga a la que pertenecen se calcula en función de los resultados obtenidos por los clubes que han representado al país en cuestión en competiciones internacionales. 

Desde el punto de vista económico, el nivel de los clubes se calcula sobre la base de las recientes inversiones realizadas en las tarifas de transferencia. La ecuación también tiene en cuenta el gasto en la adquisición de jugadores al nivel de su liga. Esto es especialmente útil para anticipar la nueva fuerza económica de los clubes recién relegados o promovidos. Las variables relativas a los jugadores son más numéricas. Incluyen la duración del contrato restante con el club propietario, – la indemnización por transferencia es de facto una compensación por incumplimiento de contrato -, la edad, el estado internacional, la progresión de la carrera, así como las actuaciones en las diferentes competencias disputadas para clubes y equipos nacionales (minutos, goles, asistencias, dribles, pases, etc.

Continua el documento mencionando que “cada una de las variables contribuye de manera significativa (<5% de margen de error) para determinar los valores de los jugadores de fútbol. La fuerte correlación medida entre las sumas estimadas y las realmente pagadas indica que las variables utilizadas reflejan particularmente bien la forma en que los actores del mercado negocian las tarifas. Sin embargo, en casos específicos, las circunstancias particulares pueden tener una importancia singular. Entre los aspectos que no se tienen en cuenta en el modelo pero que podrían explicar las discrepancias observadas entre las sumas estimadas y realmente pagadas, en particular, la necesidad urgente de liquidez de un club, un desacuerdo entre un entrenador o miembros del equipo, el reclutamiento de otro futbolista que juegue en la misma posición, problemas disciplinarios o físicos, desempeños sobresalientes en competiciones juveniles, etc.

Sin embargo, sabiendo que el modelo ha sido desarrollado sobre la base de los valores pagados por los jugadores en los últimos años (la última década, de hecho, entre 2012 y enero de 2020 según el mismo portal), se puede concluir que el modelo ya incluyó la burbuja, aunque allí se afirme que esos valores “han surgido de las fuerzas del mercado”.

Transfermarkt por su parte, además de brindar estadísticas sobre los jugadores, también ha desarrollado un modelo en el que tiene en cuenta variables similares. Veamos lo que muestra as.com en una entrevista con personal de Transfermarkt: “Existen muchos datos que determinan el valor de mercado de un jugador: transferencias anteriores, edad del jugador y su potencial futuro, la posición, rendimiento actual en clubes y selecciones, la situación institucional del club al que pertenece, estado físico y regularidad de cara a lesiones, interés de otros clubes, la trayectoria y experiencia profesional, prestigio internacional, sueldo y jerarquía dentro del club o potencial como marca publicitaria. Todo en su conjunto, finalmente, generará un valor de mercado”.

Como puede verse pues, se han desarrollado verdaderos modelos matemáticos para cuantificar el valor de mercado de un jugador, sin embargo, muchas de las variables son supuestas o subjetivas por eso, siendo entonces un mercado de compra y venta deberían manejarse modelos más acordes con los modelos para valorar empresas o activos.

Lo que debería cambiar: eliminar los intermediarios y cuantificar mejor las inversiones

De todo lo que se ha mencionado hay dos cosas que no deberían continuarse haciendo de la misma manera. Por un lado, el tema de los representantes, creo que se debería volver al sistema antiguo: la negociación directa entre equipos, pero con el consentimiento del jugador. Ahora los equipos cuentan con una cantidad de personas adicionales al entrenador que se encargan de hacer seguimiento a jugadores, ver videos, seguir su red. De modo que con la cantidad de medios que existen para ver y hacer seguimiento a un jugador, esa figura del representante debería acabarse.

Siendo la FIFA el ente rector, debería establecer un tribunal de tasación de los jugadores con base en algún modelo matemático con el que todos los equipos estén de acuerdo. Ya que un jugador seguramente entenderá poco de cláusulas, este ente lo asesoría a la hora de firmar un contrato, pero sin cobrar derechos de asesoría, pues estos se los debería pagar la FIFA. Así se acabaría la figura del representante

Por otro lado, hay otra cosa que no parece que se hace bien en el negocio del fútbol desde el punto de vista empresarial y es la cuantificación de las inversiones. Aunque se ve a los equipos como empresas, de hecho, muchos equipos ya cotizan en las bolsas de valores, pareciera que no se está realizando una buena gestión empresarial, al no tenerse un modelo estándar unificado y aceptado por todos para cuantificar la inversión. Pues desde el punto de vista empresarial cuantificar una inversión implica calcular el retorno frente a la inversión, es decir, en cuánto tiempo obtengo con algún valor adicional el monto que se invirtió. Y esto implica cuantificar los ingresos percibidos por obtener campeonatos, por venta de elementos de marketing, pero también debe tenerse en cuenta el hecho de que un jugador puede lesionarse.

De modo que, a partir de la situación actual, creo que un futbolista debe valorarse como se valora una empresa desde la perspectiva de la valoración de negocios: una empresa no vale por los activos que tiene sino por los dividendos que puede generar a futuro. Eso fue lo que se supone aplicó Florentino Pérez y su grupo asesor cuando decidió contratar a las máximas figuras del fútbol en ese momento. De modo que un futbolista no es importante por lo que es hoy: minutos jugados, pases acertados, goles convertidos, partidos jugados con su selección. Obviamente todo esto es importante al momento de valorar, pero es más importante lo que puede generar a futuro. Y deberían plantearse diferentes escenarios futuros positivos y negativos y a partir de ellos llegar a un valor apropiado, pues un jugador que es figura, hoy está bien, pero mañana puede sufrir una grave lesión o tener algún tipo de accidente que lo incapacite incluso de por vida (pudiendo ser aún joven). Puede resultar que se tenga un Messi y todo funcione por muchos años como ha ocurrido con este “monstruo”, pero Messis resultan pocos. De modo que, desde el punto de vista empresarial, hay que tener en cuenta que, en el fútbol a diferencia de otras actividades económicas, los empleados –futbolistas- tienen un ciclo corto de máxima respuesta y como se mencionó, se está sujeto a lesiones: aunque en una empresa un buen empleado puede sufrir un accidente de trabajo, en este caso puede ser más fácil para el empresario reemplazarlo. Por el contrario, una gran figura en el fútbol no es fácil de reemplazar y su ausencia puede generar pérdidas económicas: desinterés de los aficionados por asistir a un partido si se sabe que dicha figura no actuará o la pérdida de contratos por su ausencia. Por lo que pude leer, ningún modelo de valoración tiene en cuenta esto.

De modo que esa situación de “endiosamiento” y que los haría imprescindibles se debería volver un hecho contraproducente para el futbolista pues no se va a poder reemplazar fácilmente a un jugador como Messi o Neymar a no ser que el equipo esté plagado de estrellas. Este tipo de cosas deberían quedar en los contratos. Además, debe tenerse claro que las empresas no son personas, son equipos donde cada miembro contribuye, de modo que un jugador no hace a un equipo y que lo importante no es el lucro personal sino el bienestar económico de todas las personas que conforman la empresa. La crisis del coronavirus nos ha mostrado la cantidad de gente que está involucrada en el negocio del fútbol y que, aunque no entran a la cancha, aportan para que el espectáculo continúe. Y en los momentos de crisis como el actual, son los más afectados pues son los que menos dinero perciben

En este orden de ideas, debería haber una planeación estratégica (supongo que muchos equipos grandes lo hacen) donde se plasmen resultados a corto, mediano y largo plazo, y se les propongan a esas figuras unos resultados por temporada y con base en ellos cada equipo y de acuerdo con los ingresos, se puedan definir unos premios adicionales, pero con base en el alcance de esos resultados. Si se obtienen títulos nacionales e internacionales pues sería lógico que se perciban unos premios adicionales. Pero si los resultados no llegan y el jugador pasa la temporada lesionado, sería ilógico que perciba o aspire a más la siguiente temporada.

De manera similar debe ocurrir con los directores técnicos. No puede ser que un director técnico exija ganar más que cualquier jugador de su plantilla. Si bien en este gremio hay verdaderos estudiosos, que los lleva a ser triunfadores y que en su paso por cualquier equipo contribuyen a los logros, este cargo dentro de la organización debe dejar de sobrestimarse, pues como lo vemos a cada rato también se equivocan, también les puede ir mal en cuanto a resultados y las millonadas que se debían y se deben entregar para rescindir los contratos también estaban llevando a los equipos a la quiebra. Entrenadores, técnicos o como se les quiera llamar, son importantes en el buen manejo de la empresa, pero debe tenerse claro que es posible hacerse con los servicios de personas conocedoras, estudiosas, metódicas a precios económicamente más razonables. Ni jugadores ni técnicos son dioses. Como nos lo ha mostrado la situación actual, son simples humanos

A modo de propuesta

Dando por sentado que los valores de las transacciones de las figuras del fútbol estaban un poco infladas, y que los modelos propuestos se levantaron con base en las situaciones previas inflacionarias, se presenta un modelo donde se tiene en cuenta principalmente la edad, la cantidad de goles anotados en las últimas temporadas (para el caso de los grandes goleadores cuya tasación puede ser la más alta) y el impacto en la imagen referido a la venta de camisetas o implementos promocionales del equipo o la firma de contratos para torneos o partidos de exhibición. Al rendimiento deportivo (partidos jugados, pases y otras cosas que se tienen en cuenta) se le da menor valor porque están sujetos a situaciones tales como lesiones o mala relación entre el técnico y el jugador lo que puede influir en poca participación al no ser tenido en cuenta.

Tabla 1. Propuesta de valoración de un jugador de fútbol

Propuesta de valoración de un jugador de fútbol

Fuente: elaboración propia

Con base en esta tabla se tendrían los siguientes valores máximo, promedio y mínimo.

Con base en esta propuesta, se hace el siguiente ejercicio con algunos jugadores:

Ejemplos de tasación del valor actual de algunos jugadores

Tabla 2. Ejemplos de tasación del valor actual de algunos jugadores

Fuente: elaboración propia

Para el caso de un jugador tal como un portero, cuya función no es marcar goles sino evitarlos, se toma en este caso el valor 15 en el ítem de goles.

Adicionalmente podría pensarse en establecer una norma desde la FIFA o algún ente regulador, que impida que el valor de un jugador sobrepase los 100 millones de dólares o euros. Podría pensarse en ese valor como tope. Y para no entrar en ilegalidades, si alguien demuestra que un jugador que ha venido siendo figura y que es adquirido por un nuevo club, en los siguientes 3 años le va a generar efectivamente y no teóricamente, es decir con cifras y cálculos reales, unos dividendos superiores al nuevo club, pues podría pensarse en reajustar el tope.

Las negociaciones futuras

Creo que a partir de ahora no puede ser éticamente posible que el costo de una transacción por un futbolista supere montos con los que se podría paliar las necesidades de salubridad, agua potable o comida de pequeñas comunidades o grupos en diversas partes del mundo. No debería seguir ocurriendo en el fútbol que mientras unos cuantos se quejen porque se les rebaje el sueldo por uno o dos meses, muchos de los que los idolatran tengan que arriesgarse a contraer un virus so pena de morir de hambre. Además, como lo dijo algún futbolista en plena pandemia por el covid-19, no puede ser que quienes en medio del miedo y el drama luchaban por salvar vidas y por buscar la cura que nos podía salvar a todos, ganaran tan poco comparado con lo que ganan algunos futbolistas.

Algunas cosas deberían cambiar. Espero que en el negocio del fútbol pase y que no ocurra como ocurrió luego de la crisis económica del 2008 que los implicados volvieron a actuar de la misma manera que antes de la crisis. Pretender que todo vuelva a ser como era por allá en las décadas de los 70 u 80 del siglo pasado es imposible, pero creo que si es posible que las transacciones en el negocio del fútbol vuelvan a ser más racionales y ajustadas a las realidades económicas del mundo que se nos sobreviene.

Bibliografía

Cita esta página

Vanegas Salgado Miguel Ignacio. (2020, mayo 6). Cómo se podrían valorar los jugadores de fútbol. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/como-se-podrian-valorar-los-jugadores-de-futbol/
Vanegas Salgado Miguel Ignacio. "Cómo se podrían valorar los jugadores de fútbol". GestioPolis. 6 mayo 2020. Web. <https://www.gestiopolis.com/como-se-podrian-valorar-los-jugadores-de-futbol/>.
Vanegas Salgado Miguel Ignacio. "Cómo se podrían valorar los jugadores de fútbol". GestioPolis. mayo 6, 2020. Consultado el . https://www.gestiopolis.com/como-se-podrian-valorar-los-jugadores-de-futbol/.
Vanegas Salgado Miguel Ignacio. Cómo se podrían valorar los jugadores de fútbol [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/como-se-podrian-valorar-los-jugadores-de-futbol/> [Citado el ].
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