Capital Extranjero en Colombia. Reflexiones sobre sus condiciones de entrada y política para el país

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Se ha vuelto costumbre  del Gobierno de turno hablar sobre la bendición que resulta para un país la “confianza inversionista”,  los elevados niveles de inversión extranjera que cada año se vierten sobre el país son uno de los indicadores que con mayor orgullo exhibe cualquier cabeza de Estado, Ministro, Director de Planeación, etc. más cuando Colombia, tras más de una década en el club de los –junk bonds– finalmente recibe el beneplácito por parte de las agencias calificadoras de riesgo, el tan ansiado grado de inversión, mismo que los mercados, vía las primas que cobran por demandar deuda Colombia,  nos habían otorgado muchísimo antes que S&P lo hiciera oficial.

Ante la aparente falta de normas claras en el vecindario: el giro a la izquierda que dio injustificadamente Perú, las expropiaciones poco elegantes en Argentina y Bolivia, una Venezuela que se empeña en desafiar las normas más elementales del mercado,  esperando que, como bien lo aprendieron los creativos operadores de títulos inmobiliarios de Wall Street en el 2008, este último termine por cobrárselas. Colombia, ahora respaldada por una calificación BB en su deuda, se convierte en la niña bonita de la zona, en el preciso momento en que los fondos se cansan de Brasil y comienzan a hacer preguntas incómodas sobre la sostenibilidad de su crecimiento.

Lógicamente, el hecho que los inversionistas del exterior vean con buenos ojos a Colombia, y que con relativa tranquilidad inviertan su capital en la nación es una excelente noticia, en Colombia después de todo y según el DANE, la Formación Bruta de Capital Fijo (una proxy de la inversión que genera rentas reales), se multiplicó por cuatro entre los años 2000 y 2010, y tres años después de la mayor crisis económica global desde la gran depresión de los años 30, el producto interno bruto crece cerca de un 6% anual, nada mal para un lugar que hace década y media se consideraba un estado fallido en potencia, calificativo reservado para naciones sumergidas en la anarquía como Somalia.

Sin embargo, como cualquier lugar de moda, donde los comensales están dispuestos a esperar en fila para acceder a una mesa, donde existen filtros de seguridad (en ocasiones arbitrarios), Colombia en cierto modo debe comenzar a “reservar el derecho de admisión”, o más bien a  premiar a los comensales que vienen con la intención de comportarse bien, consumir moderadamente y regresar con clientes recomendados parecidos a ellos (los llamaremos comensales de modales) y a reprimir o alejar a los clientes problemáticos, que vienen embriagados de otro lugar, causan destrozos, y más de una vez se van sin pagar dejando un verdadero caos detrás de ellos, que la administración  después se verá obligada a limpiar (a estos los llamaremos comensales problema).

Para ser claros y haciendo una clasificación de acuerdo con nuestra analogía, las instituciones que velan por el buen funcionamiento de los mercados en Colombia, y por la buena salud de su economía deben estar en capacidad de reconocer un comensal de modales de uno problema, para esto lo más lógico es describirlos:

Los Fondos de finos modales:

Estos llegan al país, bien sea para crear un activo inexistente (Green Field), donde implementan procesos de producción, distribución, o prestación de servicios; en el camino generan empleos, capacitan personal, aumentan las rentas etc., su horizonte es de largo plazo (mínimo 5 años), y si bien estos esperan en algún momento un vehículo de salida (para liquidar su inversión con una ganancia, como es lógico), tienen la certeza que entregan un activo sólido, con un mercado cautivo, y la infraestructura requerida para garantizar la sostenibilidad del negocio, son activos que soportan firmemente una valoración por flujos de caja descontados, ya que fácilmente pueden respaldar un valor terminal con gradiente de crecimiento sensato, traducido en ingresos crecientes, márgenes estables y gastos bajo control.

También el buen comensal puede llegar a comprar parte o la totalidad un activo existente, en caso que sus actuales propietarios no cuenten con el acceso al capital o al interés requerido que necesita la actividad para crecer. En este caso el fondo comensal puede traer modelos innovadores de producción, aprovechando eficiencias en los procesos, sinergias que hacen sentido, mejorar los márgenes aumentando la competitividad,  creando una empresa mejor armada para defenderse de jugadores extranjeros, o para buscar nuevos mercados, y por ende, de mayor valor.

Los fondos problema:

Acá la norma es el cortoplacismo y el afán al entrar, típicamente llegan ansiosos por adquirir un activo. En la mayoría de ocasiones, al igual que los malos comensales embriagados, suelen llegar en gavilla, a causar problemas, en su afán por hacerse a la propiedad cuanto antes, generan pujas absolutamente ineficientes, elevando exponencialmente el valor del activo que van a adquirir.

Acá las valoraciones por flujos de caja descontados y el costeo sensato del capital poco se atienden, recurriendo exclusivamente a los facilistas y tristemente célebres múltiplos de Ebitda, con la salvedad que en este caso, en lugar de usarse como una medida de valoración al compararlos con otras transacciones similares, se convierten más en una medida de demencia transaccional, desvirtuándose a sí mismos ; y del esfuerzo garrafal que la administración post-adquisición tendrá que hacer para llevar a la empresa en el menor tiempo posible a valer lo que el precoz fondo (en nombre de sus inversionistas) pagó por ella. Como bien sabemos, una estrategia para construir valor orientada al ingreso toma años en diseñar, implementar y ejecutar exitosamente, así que este tipo de fondos lo que buscará es hacer una lipoescultura barata en la compañía interviniendo los costos y gastos, sólo que en lugar de eliminar grasa, la mayoría de veces terminan cortando músculo, comprometiendo la sostenibilidad de la compañía y su capacidad para crear valor en el largo plazo, pero como lo de ellos es la inmediatez, el problema recaerá en quien termine recibiéndoles en compra la compañía: otro socio, o peor aún, la población general a través de una salida a bolsa qué, seamos honestos, expone al colombiano promedio, quien, más veces que menos, toma sus decisiones de inversión obedeciendo más a campañas de mercadeo eficientes y redes de distribución muy agresivas en la colocación que a los fundamentales de los negocios, ¿alguien dijo burbuja?…

En un mercado pequeño como la Bolsa de Valores de Colombia, donde aún no se han formalizado las ventas en corto, estos fondos pueden encontrar terreno fértil para deshacerse de sus raquíticos activos que aparentan estar en excelente forma después de la lipoescultura, pero al igual que los pacientes mal operados, después vienen las complicaciones.

Y una historia: había una vez un hombre que le decían motosierra: Albert “Chainsaw Al Dunlap”

Algunos conocerán a un pintoresco personaje del mundo corporativo estadounidense de los años 80 y 90, Albert Dunlap, mejor conocido como “Chaisaw Al” (Al Motosierra), y su frase más recurrente “si quieres tener un amigo compra un perro”. El buen Al, quién en algún momento llegó a ser la norma en restructuraciones y “turnarouds” tenía un recetario por demás agresivo sobre cómo darle la vuelta a una compañía, dentro del mismo no se contemplaba en absoluto un incremento sostenible en los ingresos defendiendo márgenes. Lo de Motosierra era otra cosa, no era poco común que a los pocos días de aceptar una posición como CEO, Al irrumpiera en un desafortunado departamento sólo para fijar un plazo límite (de horas), para que los empleados se pusieran de acuerdo sobre quienes deberían abandonar la compañía, de no ser así el camino era simple, Albert decidiría siguiendo la aterradora norma del azar. Como era de esperar los resultados del siguiente trimestre (en Wall Street la vida corre en trimestres, no en años) los resultados estaban por encima de las expectativas más optimistas, los inversionistas demandaban la acción como si fuesen tiquetes a la inmortalidad, el precio se elevaba y el buen Al, quien a priori había negociado con su junta jugosos bonos (que alcanzaban los USD 100MM) indexados al precio de la acción, cobraba su recompensa y pasaba a su siguiente paciente, esto aparentemente le funcionó de maravilla en Scott Paper y algunas otras hasta que en 1996 aceptó la dirección de SunBeam Corporation.

Para ese momento el mercado ni siquiera le exigía a Al que de hecho produjera resultados, la sola revelación que él iba a liderar una compañía era suficiente para disparar el precio de sus acciones, y claro está, asegurar su jugoso bono. Sin embargo los métodos estilo Gestapo, cada vez más agresivos, terminaron por herir los canales logísticos de distribución, en su afán por mostrar reducciones incluso se cerraron plantas con producción comprometida, y Sun Beam por poco colapsa, pero en fin, quienes estén interesados en esa historia, varios casos se han escrito al respecto por las mejores escuelas de negocios y nuestro amigo Motosierra aún cobra tarifas astronómicas por dictar conferencias.

Todo esto para recordar las consecuencias del cortoplacismo. No todo lo que brilla es oro, compañías que exhiben excelentes resultados repentinos, sin lograr un crecimiento respetable en ingreso en ocasiones son alabadas como flexibles, de menor riesgo dada su capacidad para acomodar su punto de equilibrio, la verdad es que pueden haber sido víctimas de una lipoescultura de carnicero de la mano de un fondo de capital privado, y en el largo plazo todos sus stake holders llorarán, los accionistas verán disminuida su inversión, los empleados verán su empleador cerrarles las puertas, y el país tendrá que lidiar con la resaca de la destrucción de riqueza y más personas desocupadas.

Los fondos de capital privado no son el demonio, al igual que todos, buscan un retorno justo sobre su capital dado el riesgo que asumen, pero hay capitales de capitales, y a veces es mejor espantar unos fondos que esperan retornos astronómicos y rápidos sobre sus inversiones y hacerle la vida más fácil a los que lleguen con un compromiso de generación de empleos y de consolidación de estrategias a largo plazo.

Para esto es necesario que el Gobierno se arme de personas con capacidades específicas para determinar en qué condiciones se están vendiendo las empresas en el país, a manera de ejemplo:

– Un múltiplo exagerado de Ebitda en una transacción debería despertar las alarmas de las superintendencias (claro está, se debe entender qué es un múltiplo exagerado).

– De donde viene el capital? si el comprador es un fondo privado, qué planes tiene?, una salida a bolsa en el corto plazo por lo general significa ansiedad, afanes, y decisiones apresuradas, no está de más revisar si ese fondo en el pasado ha enviado otras empresas a bolsas en el exterior, que pasó con esas?

– Se apalancó la adquisición? en cuyo caso se esperara que la empresa adquirida pague la deuda con que se compró y eso implica: adivinen?, recortes y venta de activos!

– Hacer seguimiento a las transacciones recientes, como se comportan los márgenes de la empresa, bajo crecimiento en ingresos y alto crecimiento en Ebitda también deben levantar alarmas.

En fin, la información está disponible, el reto es que los entes encargados de salvaguardar nuestra economía la desmenucen como se debe.

Un fondo problema no debe tener el mismo tratamiento tributario que un fondo constructivo, si el capital que ingresa llega a crear empleos nuevos, ¿qué daño le hace al Estado ser bastante laxo en el gravamen de sus rentas?, ¿acaso no eleva su recaudo total por los empleados que anteriormente no tributaban?

Tan importante como reconocer y desincentivar a los fondos malos es enamorar a los buenos, ¿qué pasa con empresas multinacionales que operan en Colombia e importan grandes cantidades de insumos?, ¿no podremos hacer atractivo para estas montar plantas de producción de sus insumos en el país y que se integren verticalmente?, nuevamente contra un compromiso de generación de empleos, como se hace con éxito en otros países.

La tarea es larga pero mientras más pronto comencemos, mejor. Colombia es el restaurante de moda y es el Gobierno quien debe actuar como guardia de seguridad, atrayendo a los clientes fieles, que se portan bien, y removiendo a los que llegan solo a emborracharse, armar peleas, y que cuando se van solo dejan destrucción, cuentas pendientes y muchísimos daños para reparar.

Notas

1. Los múltiplos de Ebitda (Valor Negociado/Ebitda), se toman como referencia para tasar futuras transacciones en negocios comparables.

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Borrero Jorge Eduardo. (2012, julio 18). Capital Extranjero en Colombia. Reflexiones sobre sus condiciones de entrada y política para el país. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/capital-extranjero-en-colombia-reflexiones-sobre-condiciones-entrada-politica-para-el-pais/
Borrero, Jorge Eduardo. "Capital Extranjero en Colombia. Reflexiones sobre sus condiciones de entrada y política para el país". GestioPolis. 18 julio 2012. Web. <https://www.gestiopolis.com/capital-extranjero-en-colombia-reflexiones-sobre-condiciones-entrada-politica-para-el-pais/>.
Borrero, Jorge Eduardo. "Capital Extranjero en Colombia. Reflexiones sobre sus condiciones de entrada y política para el país". GestioPolis. julio 18, 2012. Consultado el 14 de Diciembre de 2018. https://www.gestiopolis.com/capital-extranjero-en-colombia-reflexiones-sobre-condiciones-entrada-politica-para-el-pais/.
Borrero, Jorge Eduardo. Capital Extranjero en Colombia. Reflexiones sobre sus condiciones de entrada y política para el país [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/capital-extranjero-en-colombia-reflexiones-sobre-condiciones-entrada-politica-para-el-pais/> [Citado el 14 de Diciembre de 2018].
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