RESCATA A TU NIÑO HERIDO

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Abuso en la iglesia

Al niño también se le puede hacer sentir culpabilidad en la iglesia al escuchar un sermón amenazante. Recientemente, en la televisión, un predicador señaló: No puedes ser lo suficientemente bueno para ser agradable a los ojos de Dios. Qué terrible ofensa a Dios. Pero, ¿cómo podría un niño saber que este hombre está encubriendo su propia vergüenza con su venenosa palabrería?
En algunas ocasiones en la doctrina o en la escuela dominical; los que se encuentran al frente, son hombres y mujeres sin preparación teológica. Solamente tienen el firme propósito de ayudar a difundir la palabra de Dios. En algunas ocasiones comparten la palabra bajo el esquema de la culpa, miedo y temor. Los niños lo creen y esto limita su crecimiento emocional.
Recuerden la oración de Santa Catalina de Génova: Esforzándome por dejar esta vida de dolor, con profunda angustia lloro. Fallezco porque no muero. ¡Qué frase tan terrible para un niño! Esta es una oración mística que tiene un profundo significado espiritual. Pero, a los niños les causa una gran confusión y hasta tienen miedo decirla.
En mi infancia, en la habitación donde dormía, en la casa de mis abuelos; había, en una esquina, la imagen de la virgen de la Candelaria. En la parte inferior de dicha imagen, estaba dibujado un infierno con almas pecadoras retorciéndose entre el fuego. Para mí era aterrador mirar la parte inferior del cuadro, sobre todo cuando me despertaba por las noches. En esa misma época, era costumbre que las misas, fueran celebradas en latín, y por supuesto que no se les entendía nada. Mi instrucción religiosa era escasa y me daba miedo hasta oír hablar de Dios.

Vergüenza cultural

La cultura tiene su propio sistema de perfección que nos hiere espiritualmente. Existen mujeres con senos grandes, caderas redondeadas y nalgas firmes y hombres con penes grandes. Pero si tu cuerpo no es escultural (mujeres) o tus genitales no son grandes (hombres); en algunas ocasiones, se te considerará inferior por no tener esos atributos. Recuerdo lo incómodo que era ir a bañarse en el internado donde estudié el nivel medio superior, en el Estado de Guanajuato. Los muchachos de tercero y cuarto año, molestaban constantemente a los más jóvenes. Yo le pedía a Dios que no me fastidiaran a mí. Reía nerviosamente y me les unía cuando burlaban a otros. Recuerdo también a los compañeros muy gordos o muy flacos; para ellos asistir a la hora de deporte era un martirio; de la misma manera sufrían los muchachos torpes y los no atléticos, ellos también eran avergonzados a todas horas. Estas situaciones dejan cicatrices que perduran toda la vida.
Desde muy pequeños, los niños se percatan de que existen muchas diferencias físicas, económicas y sociales entre ellos y sus amigos. Se vuelven sensiblemente conscientes de la moda y las colonias elegantes de la ciudad. Se crean los grupos de amigos con ciertas afinidades e inicia una actitud de segregación hacia los que no lo son. Cuando yo estaba enamorando a Alma, que ahora es mi esposa, tenía apenas 19 años y la acompañé a una fiesta; que por supuesto, solamente ella era la invitada. Por consiguiente, al presentarme a dicha reunión hubo reacción; no se me aceptó en dicho círculo social. El resultado fue que el padre de la joven que cumplía años me pidió que abandonara la casa. Me retiré muy herido. Imagínense a un niño en una situación similar.
 
Vergüenza recurrente

Todas las clases de abusos crean vergüenza recurrente; es decir, esa sensación de ser censurado y, de nunca dar el ancho. La vergüenza recurrente se reciente más que la culpa.
El niño se siente culpable cuando ha hecho algo malo; pero eso se puede reparar, se puede hacer algo para remediarlo. Pero la vergüenza recurrente implica que existe algo mal en ti y no hay nada que tu puedas hacer al respecto; crees que eres una persona inadecuada y defectuosa. La vergüenza recurrente es la esencia del niño herido. El niño cuando se transforma en adulto, continúa viviendo su tormento, sufriendo pasivamente o renegando, fingiendo externa e internamente, proyectándose y expresándose de la única forma que conoce. Sanar a este niño herido debe ser nuestra intención, y te va a llevar a recobrar la excelencia que perdiste.


 ¿QUIÉN ELEGISTE SER?
 
 
 El color de tu niñez
 
Es necesario e importante entender que la necesidad de hallar al niño en tu interior es parte de un antiguo anhelo humano: indagar nuestro pasado y entender a través de él al presente. Detrás de nuestro pasado personal yace nuestro pasado cultural, conteniendo mitos y en estos mitos, el niño es a menudo producto de la unión de lo humano y lo divino. Es el niño místico el que buscamos. Así como el niño de nuestra historia personal.
Detente un rato y piensa lo necesario que es el recuperar la frescura de la niñez, es necesario empezar a soñar de nuevo en lo que fuimos y en lo que queremos ser. Recuerde aquellos momentos felices de la infancia: El rincón preferido, los juegos, el patio, los animales, las travesuras, las golosinas, las fiestas, los besos de mamá, los paseos con papá; recuerda también los olores de la niñez, los colores de la niñez, el viento cuando aporreaba los árboles antes de la lluvia. Recuerda los charcos de los patios llenos de mariposas. Trae a tu mente también las oraciones que hacías antes de dormir: Ángel de la guarda, de mi, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. ¿No te dan ganas de recuperar esos momentos de tu niñez? Escuché decir que esto es imposible, pero yo te afirmo lo contrario. Es posible sanar a tu niño herido y vivir con él siempre... reconciliados.
 
Rescata el dolor original

En el rescate del dolor original se pretende experimentar esos sentimientos reprimidos. Es lo que producirá un cambio profundo, que verdaderamente resuelva los conflictos. En otro tipo de cambio, solamente canjeas una compulsión por otra. En cambio en el que te propongo, dejas de ser compulsivo. Es necesario abrazar el dolor no expresado del triste y acongojado pequeño. Este es el sufrimiento legítimo del que hablaba Carl Jung. Solamente sintiendo el sufrimiento puedes dejar de sufrir.
La buena noticia es que el rescate del dolor original involucra el propio proceso de curación de la naturaleza. La aflicción es la sensación restauradora. Nos curaremos naturalmente si sólo se nos permite sentir aflicción. La aflicción comprende toda la gama de emociones humanas. El dolor original es una acumulación de conflictos no resueltos cuya energía ha aumentado con el tiempo. El niño interior está congelado porque no hubo manera en que pudiera expresar su aflicción. Muchas de las acciones que realizaron tus padres o las personas que te rodearon, y que en realidad crees que fueron justas y necesarias, en realidad fueron abusos.
La vida está constituida por una serie de sucesos que le llamaremos etapas, cada etapa de tu vida tiene el siguiente proceso: Nace, se desarrolla y cierra. Algunas de ellas cierran, pero otras no.
Ejemplos:

1. Casos de cierre por un evento natural. Si muere un ser querido se considera que es el final de una etapa, para que tenga un cierre adecuado es necesario que se realice un excelente funeral y que todas las actividades concomitantes a este evento se atiendan debidamente (rezos, oraciones, cultos o visitas al cementerio).
Otro ejemplo: Cuando una madre abandona a su hijo en la infancia por causa de un padre alcohólico, y al pasar el tiempo la madre recupera a su hijo con signos patentes de arrepentimiento, y si el hijo tiene la oportunidad de decirle a su madre cuánto sufrió su abandono y cuánto la ama. La relación con mamá se da en buenos términos y esa situación le ayuda al niño a sobrellevar su vida porque se siente amado y apoyado.
2. Caso de no cierre por un evento intencional. El cierre no ocurre cuando se secuestra a un ser querido. Al pasar los años, desconocemos si se encuentra vivo o ya ha muerto. El sufrimiento en este caso es constante porque la etapa no tuvo un cierre adecuado.
Otro ejemplo: El mismo niño del padre alcohólico ya referido regresa a vivir con su madre. El hijo recuerda la manera de cómo papá desquitaba su frustración con él ofendiéndolo y propinándole castigo físico. El niño se “congela” en una etapa de sufrimiento profundo y sin que tenga la intención, explota con suma facilidad ante casi cualquier situación en la vida.
Si todavía te sientes inclinado a minimizar y a racionalizar las maneras en que fuiste avergonzado, ignorado o usado para que tus padres u otras personas se desahogaran, necesitas ahora aceptar el hecho que verdaderamente fuiste herido por ellos. Algunos de ustedes fueron victimados mediante la agresión sexual, física o emocional.
 Parece ser que mientras más se abusó de ti, más creíste que eras malo y más idealizaste a tus padres y a otras personas. Todos los niños idealizan a sus padres, así es como aseguran su supervivencia. Esta idealización debe ser derribada. Tus padres no fueron malos, sólo eran niños heridos. Quizá te sientas confundido por lo que has leído, eso es bueno, porque ya estás trabajando tu vida. Al decirte que tus padres tuvieron que ver con lo que eres ahora, no te enfrenta a ellos, los vas a comprender también; pero ante todo, ésta es una gran oportunidad que tu tienes, de comprenderte a ti también. Por favor créeme, la situación en tu vida fue negativa. Tu fuiste herido demasiado no permitiendo que seas tu. Recuerda cuando te decían: No levantes la voz; me he sacrificado tanto por ti; ¡cállate la boca! ¡Come o te lo meto en la boca con embudo! Etc. Poco a poco te fueron cubriendo con creencias que a la larga se transformaron en una gran carga que llevas a cuestas que no te deja vivir adecuadamente.
Todos los sentimientos necesitan vivirse. Necesitas irrumpir y acometer, sollozar y llorar, sudar y temblar. La recuperación de los sentimientos es un proceso, no un suceso, pero en la mayoría de la gente se nota mejoría inmediatamente. El contacto con el niño interior, el que él sepa que alguien está allí, suscita alegría y causa inmediato alivio. Recuerda que no se puede curar lo que no se puede sentir. Es importante mantenerte a salvo mientras realizas el rescate de tus sentimientos, el cual se efectúa mejor en un grupo de trabajo donde participen al menos cinco personas.
 
Sana al niño herido que llevas dentro

Recuperar tu vida es un proceso, y este empieza con actividades tan sencillas como hacer una reflexión acerca de tu vida. Recuerda los detalles de tu niñez, las fortalezas y debilidades de tus padres, de las posibles consecuencias de la relación con ellos. Te invito a que veas la película de tu infancia, sin censuras (no es aconsejable compartir la información con tus padres o parientes cercanos). En esta etapa de tu entrenamiento te invito a que vayas a la playa o a un lugar apartado y piérdete todo un día y así tendrás oportunidad de reflexionar sobre quién eres y quién deseas elegir ser.
Si posees una foto de cuando eras un niño, llévala; si todavía conservas algunos juguetes de tu infancia, te aconsejo que sean parte de tu equipaje en este viaje, además de una libreta y un lapicero. Al ver la foto, advertirás la alegría que emanaba de tus ojos cuando eras un niño. Verás a un pequeño inocente, maravilloso, que sólo desea la oportunidad de vivir su propia vida. Este niño no pidió nacer. Todo lo que querías como niño era un poco de alimento y amor.
Inicia este trabajo conociendo a tu niño desde el momento de su nacimiento: Entra en contacto con tu respiración y relájate. Remóntate al día en que naciste. Ahí observa a mamá. Ella está sufriendo el trabajo de parto. Escucha sus gemidos, su respiración agitada. Mira alrededor y visualiza quiénes se encuentran en la habitación, percibe el nerviosismo de tus seres queridos que te esperan con ansiedad. ¡Ya ha llegado la hora! ¡Tu estás naciendo! Alguien te toma en sus brazos y te coloca en el pecho de mamá. Escucha tu primer grito y la manera como exiges atención desde el primer momento de tu vida fuera del vientre. Acércate a la escena y extiende los brazos. Levanta a tu niño recién nacido y pégale tus labios, dale un beso y dile su nombre en diminutivo. Y afirma: Mi niño, desde este momento me comprometo a cuidarte, a vigilar que nada falte en tu vida. Que tengas el amor que te mereces. Ahora que te conozco, estaré cerca de ti en todo momento.
Después de cada uno de los ejercicios, toma tu libreta y responde las siguientes preguntas:

· ¿Qué sucedió?
· ¿Qué sentí?
· ¿Qué pensé de mí?
· ¿Dónde me lleva esto que viví?
Después de la dinámica anterior, dale tiempo a tu mente y a tu organismo para que se regularicen y prosigue con el segundo ejercicio:
Entra en contacto con tu respiración. Descansa hasta sentirte cómodo. Mientras te relajas placenteramente, debes dejar que las imágenes y sensaciones entren a tu mente. ¿Puedes permitirte ahora recordar el instante en que fuiste dañado? ¿Puedes darte la oportunidad de ser consciente de cómo se desarrolló el suceso? Ubica a los personajes que se encontraban presentes como una película, no omitas ningún detalle. Experimenta tu experiencia, ¿qué sientes? ¿En dónde te duele? ¿En dónde sientes el peso del problema que estás experimentando? Siente el dolor que te está causando. No fueron justos al tratarte de esta manera. ¡Eras apenas un niño! No tengas miedo de sentir aflicción; que no te dé miedo reconocer que papá y mamá dañaron a tu niño interior y que ahora de adulto sufres por ello.
Acomódate en posición fetal, abrázate con mucha suavidad, y afirma: Papá, mamá; al reconocer que me han dañado, quiero y prefiero perdonarles porque sé que me aman y que ustedes creyeron haberme dado lo mejor. Mamá, papá..., yo también les amo.
Algunas veces, es conveniente que compartas la historia de tu vida con uno o varios amigos. Cuando te revelas, se crea un efecto casi mágico en los que te escuchan. Se crea un efecto de empatía. La revelación cambia a quien lo hace, como a quien lo recibe. Cuando yo me abro a ti, estoy siendo yo realmente; y al ser yo mismo en tus ojos, lo soy también en los míos, y con ello me revelo a mí mismo. Me veo en mis palabras y en tu rostro; descubro mis fallas y mis aciertos en tus expresiones y voy gradualmente leyendo mi propia experiencia en tus ojos y en tus reacciones. Y también tu cambias al oírme, al escucharme, tus propias experiencias afloran y vas pensando en ellas y vas construyéndote junto conmigo.
La autorrevelación tiene el poder de cambiar el pasado en presente. Si te cuento parte de mi vida pasada, no es para hacer evidente mi pasado y comportarme como una víctima. Es para que mi pasado obre sobre mi presente, como yo lo veo y lo siento y así, al contarte hechos dolorosos de mi vida que me sucedieron en el pasado, te estoy revelando sentimientos presentes. La reacción que tu tengas de mi relato, es la medida de mi sinceridad. Si me pierdo en vaguedades, se pierde tu interés como oyente y de eso fácilmente me doy cuenta que te estoy platicando un cuento chino, que difícilmente me esté ayudando a construirme. Hay que tener presente que cuando el fuego arde, las chispas brillan; y esto lo aplico en mi autorrevelación, porque a medida que el relato se acerca a la realidad, el interés que te cause será mayor y tu expresión descubrirá las chispas que del cincel y del martillo emanan al moldear mi vida.
Voy a compartir contigo una de las mejores expresiones de Virginia Satir. Este tipo de ejercicios, mientras más se realicen, tendrán más efectividad.
“Entra en contacto con tu respiración. Descansa tu cuerpo hasta sentirlo a gusto. Pídele a esa parte de ti mismo que recibe la información y las nuevas experiencias, que te permita relajarte y ser receptivo. Mientras escuchas y observas, recuerda que debes dejar que las cosas entren; te penetren. Pruébalas y permite que sean tragadas cuando su interior te diga que tienen un lugar dentro de ti. ¿Puedes permitirte ahora recordar que siempre has vivido con éxito? Se ha abierto un camino para enriquecerte. ¿Puedes darte la oportunidad de ser consciente de que hay mucho por aprender en cada ser humano y en la unión de todos los seres humanos? Podemos aprender a conseguir lo que necesitamos; podemos aprender a ser seres felices, productivos y respetables. Si aun no hemos llegado a esto, no es porque no seamos capaces de lograrlo, sino porque aún no disponemos de las herramientas necesarias para practicar la plenitud o no sabemos cómo usarla. Dale un mensaje de amor al hemisferio izquierdo de tu cerebro. Haz que sea un fuerte mensaje de amor, pues el hemisferio izquierdo de tu cerebro ignora que el derecho le ayudará en el aprendizaje. Ahora, con los ojos abiertos, siente este cuerpo que te pertenece; ese templo maravilloso, ese magnífico milagro que eres tu. Acomódate en el asiento de manera que tus dos pies toquen el piso. Si al inhalar sientes alguna parte tensa, haz que el aire que entra en tu cuerpo la alcance. Detente para sonreír cuando encuentres tensiones y deja que éstas se vayan mientras respiras. Nota que a pesar de no ser consciente de ello, tu aliento se mueve dentro de ti. Mientras estás ahí sentado, preparándote para un nuevo aprendizaje, puedes querer darle a tu respiración un color inspirador. Ese color puede recorrer todas las partes de tu cuerpo, y calmarlo. Sonriendo mientras entra, el color te invade, te alimenta. Entra en contacto con el aire y siente cómo te nutres gracias a él. Ahora ve a ese lugar donde guardas tus problemas y envíales un mensaje de aprecio. Es posible que esta vez te permitas abandonar todas las cosas que has cargado y que ya no te sirven para nada. Dales un rotundo adiós. Déjalas ir y ponte en contacto con aquello que es bueno para ti en este momento. Ya estás preparado para aprender cualquier cosa el día de hoy.”
El siguiente ejercicio es uno de mis favoritos. Es conveniente que alguien te narre mientras lo realizas; o si lo prefieres, grábalo en una cinta magnética y ponle una música relajante de fondo. Esta otra reflexión de Virginia Satir y se titula “Una puerta a ti mismo”. Déjate llevar por su contenido hacia tu mundo interior.
“Una vez más, entra en contacto con tu respiración. Siente que eres un tesoro, no sólo por ser tu mismo, sino por que eres una manifestación del universo y de sus leyes. Nosotros no nos hacemos a nosotros mismos. Somos cocreadores de nuestro ser dependiendo de lo que han hecho y hacemos con nosotros mismos. Con tu mente abierta y tu cuerpo relajado me gustaría que recordaras un lugar en el pasado donde conseguiste estar bien; uno en el que te sentías cómodo…un sitio en donde respirabas armonía con todo lo que te rodeaba, armonía con la gente (si la había), con las flores, los árboles, las montañas, y los ríos. Ahora quisiera que te des permiso de volver a ese lugar, volver a sentir las sensaciones, ver los paisajes, recordar los pensamientos, revivir y experimentar todo nuevamente. Luego siente el calor del sol, la suave brisa, el sonido de las hojas en los árboles, sus colores. Ya has estado muchas veces en ese sitio. Pero en esta ocasión hay algo especial, algo que siempre estuvo ahí, pero hasta hoy nunca habías notado. Es una puerta. Algo en ella te invita y te vuelves a mirarla; caminas hacia ella despacio pero con firmeza, con una clara sensación de la dirección en que te mueves. Entonces buscas en tu bolsillo y encuentras una llave de oro. Al acercarte, te detienes para observar la puerta. Tiene una manija en donde debe estar y las dimensiones de la puerta son las que necesitas para entrar por ella cómodamente. Metes tu llave de oro en la cerradura y embona perfectamente. Con muy poco esfuerzo abres la puerta. Al atravesar el umbral, te sientes maravillado, pero no sorprendido. Caminas unos pasos dentro de un cuarto amueblado con tus colores favoritos. Tiene maderas que te gustan, la iluminación es perfecta. Se escucha tu música preferida. Te detienes, la belleza del lugar te inunda; te maravilla la naturalidad de todo. Cada cosa está dispuesta como te gusta. Tus ojos brillan de amor por ti mismo y el recuerdo del amor por otros. Te emociona ser parte de este mundo. Ahora tus ojos se detienen en un librero. Los libros están bien acomodados y te atraen. Hay un libro que te llama la atención. Te gusta su encuadernación. Vas hacía él, lo tomas de la repisa y vez que en la portada, impreso con letras bien escogidas, aparece tu nombre. Por un segundo te sorprendes pero, claro, todo es natural. Abres el libro en la primera página y lees: El libro sobre mí. La siguiente página comienza: Hace algún tiempo, nació en… (el lugar en donde tu naciste) y así sigue descubriendo los sucesos de tu vida. Al pasar las paginas descubres en la crónica de tu vida todo tus esfuerzos, luchas, alegrías, triunfos, esperanzas y temores. Llegas a la última página escrita; tiene la fecha de hoy. Y le siguen muchas páginas en blanco. La primera lleva como título: Mi vida a partir de hoy, basada en lo que aprendí Ayer. Mirando esto, sabes que todas tus experiencias pasadas te han preparado para lo que eres hoy. Tomas una pluma que te acomoda perfectamente cargada de tinta del color que prefieres. Con amor y cuidado, empiezas a anotar lo que piensas y haces actualmente. Te sientes iluminado, Nadie más que tu leerás este libro. Como es la primera vez que lo haces tan conscientemente, sólo escribes un pequeño párrafo. Sin embargo, te prometes a ti mismo volver a escribir en él cada vez que lo desees. No sientes ninguna obligación, sólo una invitación para volver a la crónica que haces de ti mismo en este libro bellamente encuadernado. Sintiéndote comprometido, cómodo y bien contigo mismo, cierras el libro con suavidad y lo pones de vuelta en su repisa. Sabes que en cualquier momento puedes volver a abrirlo nuevamente. Tranquilamente, te detienes a oír tu música favorita. Emocionado pero con firmeza, caminas sobre una bella alfombra hacia la puerta. Sales a un sitio que conoces. Cierras la puerta y guardas la llave en tu bolsillo. De algún modo sabes que nunca podrás perder esta llave; siempre estará contigo. Vuelves sin apresurarte hasta un nuevo presente, a este cuarto, a este lugar. Cuando lo desees, abre lentamente tus ojos. Deja que salgan los sonidos que escuchas; cuando lo desees, permítele a tu cuerpo moverse con la música que llevas adentro.”
En el momento que te hayas recuperado física y mentalmente y sientas deseos de escribir, toma tu libreta y en la página de la derecha y con la mano derecha si eres diestro o en la izquierda si eres zurdo, escríbele una carta a tu niño interior y ahí dile lo bien que te sientes en haberlo recuperado y que estás dispuesto a velar por él en toda tu vida. Cuéntale quién eres ahora, cómo te sientes y qué esperas de todo este trabajo que estas realizando para sanarlo. Hazlo sentir interesante. La firma, por supuesto es la misma que usas actualmente. Mientras escribes, es necesario que visualices el rostro del niño al que le estás escribiendo. Los fragmentos de las cartas que vas a leer son las que realicé en mi capacitación:
 
Querido Netito:
Últimamente he estado pensando mucho en ti, estuve en el preciso momento en que tu nacías y esto me conmovió hasta las lágrimas. Lo más bello fue cuando te abracé, esto me hizo pensar que estabas en ese momento desprotegido y que yo era el más indicado para vigilar que tu crecimiento y desarrollo fuera el de un niño feliz. Es posible que desees saber quién soy yo. Pues te diré que ...
Hasta luego y recuerda que te quiero mucho
Ernesto
 
Deja pasar tres días y disponte a escribir otra carta, pero ahora usa la mano izquierda si eres diestro o la derecha si eres zurdo y la página de la izquierda de tu libreta. Ahí vas a manifestarte con la sensibilidad que tiene tu niño interior, quizá cuente con seis o siete años. Dile al adulto (que ahora eres), cuánto lo necesitas; que te sientes protegido al saber que cuentas con él. Amplíate.
Observa con detenimiento este ejemplo que es una fracción de la carta que ha escrito el niño al adulto.
 
Querido Ernesto:
Antes que nada quiero decirte que te admiro mucho.
Me dio gusto saber que me viste nacer. Yo he estado un poco triste en estos días, porque he tenido algunos problemas que te iré platicando poco a poco. Me consuela que ahora tenga a alguien que vele por mí y que el dolor que siento se vaya mitigando. Mi vida desde que nací ha sido...
Hasta luego y recuerda que te quiero mucho. No me abandones
Netito
 
Te presento una meditación sobre recuerdos creativos de la infancia (Bradshaw, 2001):
“Concéntrate en tu respiración, advierte lo que sucede en tu cuerpo mientras inhalas. Lentamente empieza a inhalar un vapor blanco que forma el número cinco sobre una cortina negra, si no puedes ver el cinco píntalo con el dedo. Después de exhalar ve adquirir el número cuatro o píntalo con el dedo. Siente que se desvanece un poco. Mantente despierto. Ahora exhala y ve cómo se forma el número tres o píntalo con el dedo. Ahora puedes soltarse un poco más. Recuerda cuando aprendiste a contenerte y soltarte; aprendiste a contenerte cuando empezaste a caminar, cuando aprendiste a comer. Aprendiste a soltarte cuando te columpiabas y sentías el aire mecer tu cabello. Te soltaste cuando soñaste despierto por primera vez, decidiste la hora conveniente de irte a dormir en la noche. Así que realmente sabes cuándo contenerte y cuándo soltarte. Así que puedes estar perfectamente al tanto de tu propia voz, la música, la sensación de tu ropa en tu cuerpo, de tu espalda en el respaldo de la silla, del aire en tu rostro. Ahora entra en un trance ligero y descansado. Siente que todo tu cuerpo se entumece. Puedes sentir que tu cuerpo está muy pesado, o tan ligero como una pluma. Ya sea que te sientas pesado o ligero, permite que esa sensación te lleve a soñar. A través de ese sueño descubrirás un recuerdo olvidado hace mucho tiempo. Puede ser muy obvio o extraordinariamente vago. Pero ciertamente será un recuerdo de una semilla creadora. Puede ser que ya lo estés viviendo o puede ser un recuerdo semilla que necesitas ahora. Tu lo sabrás. Y lo que sepas estará bien para ti. Ahora tómate dos minutos, que es todo el tiempo del mundo para el inconsciente, en ese tiempo encontrarás otro tiempo, de modo que puedas hacerlo ahora (una pausa de dos minutos). Cualquier cosa que sea lo que estés experimentando está bien para ti. Es exactamente donde necesitas estar. Puedes recapacitar sobre tu experiencia. Puedes saberlo ya. Puedes tomar lo que tienes y vivir con eso varios días, tal vez semanas. Solamente tu lo sabrás. Puedes sorprenderte. Puedes percatarte de pronto. Mirando algo, leyendo un libro, cuando caminas. Acudirá a ti. Ahora poco a poco imagina el número tres y siente tus manos y mueve los dedos de tus pies. Ahora ve el número cinco y siente que todo tu cuerpo regresa al presente. Ahora tu mente está plenamente consciente, restaurada del todo su conciencia normal de vigilia. Abre los ojos.”
 
Los sueños y el amor

Si ya has recuperado la tranquilidad, si el niño que llevas dentro ya ha resuelto parte de su dolor y convive armoniosamente con el adulto; entonces vale la pena empezar a soñar.
Recuerda que decir: Yo quiero ser algo más, o yo quiero hacer algo mejor, es solamente el principio de un sueño. El autor americano Ben Sweetland escribió: El éxito es un viaje, no un destino. Soñar es el primer paso de una jornada que te aleja de la mediocridad y del fracaso, te lleva hacia un mundo inimaginable, lleno de oportunidades. Solamente es necesario que cambies tus pensamientos y cambiará tu mundo.
Muchos de nosotros tenemos sueños muy complejos. No sabemos a dónde vamos, entonces ¿por qué nos sorprendemos si no llegamos? Pensamos en cosas grandiosas, pero sin detalles. Necesitamos ser específicos. Otras veces no tenemos ningún sueño. Vivimos a la defensiva. Cada mañana nos levantamos sin meta alguna y luego nos extraña mucho irnos a dormir por la noche, sin haber realizado nada. De esta manera, la vida se convierte en una aburrida rutina. Hacemos lo que nuestros padres nos exigen, lo que los maestros nos asignan, lo que nuestro jefe nos ordena, lo que nuestra familia o amigos esperan de nosotros y lo que la iglesia o el gobierno requieren. Dejamos que la ley determine nuestra moralidad y que los impuestos deducibles condicionen nuestras obras de caridad. El escritor, actor y productor filántropo, Bill Cosby, lo dice así: Yo no sé cuál es la llave del éxito, pero sé que la llave del fracaso está tratando de agradar a todo el mundo.
Detente ahora mismo y dedica unos cuantos minutos para pensar sobre lo que has elegido ser en tu vida. Escríbelo. Pero no guardes el lapicero. Ten un poco de paciencia. Observa la lista que has escrito y encierra en un círculo lo más importante. Léela en voz alta. Luego hazte esta pregunta: ¿Qué estoy haciendo hoy para alcanzar lo que he elegido ser? Si no estás seguro de la respuesta, es el momento de reflexionar y de crear las estrategias para lograr ser lo que has elegido ser. No descanses hasta que hayas tomado hoy, cuando menos una decisión que te lleve hacia la visión de tu vida. La visión, es un futuro deseado, cuya imagen deberá estar presente en tu mente en cada momento de tu vida y esto es lo que te guiará al éxito.
Cuando la gente toma su energía y la canaliza para que coincida con lo que eligió ser, suceden cosas sorprendentes. ¿A dónde quisieras ir en tu vida? Antes que verdaderamente tengas las herramientas para triunfar, necesitas contestar con toda honradez esta pregunta.
La mayoría de los cambios que creemos tener en la vida se deben a verdades que eventualmente están o dejan de estar de moda. Actualmente, el amor ha dejado de estar de moda. Si nuestras instituciones han fracasado o están fracasando, ello se debe a que se han olvidado de que el amor viene primero. Una de mis actividades es ser maestro universitario, y en el centro educativo donde presto mis servicios, me he dado cuenta con suma tristeza que el amor es un arcaísmo dentro del lenguaje de los jóvenes. Hablar de amor lo asocian más con el sexo que con el concepto amplio del amor, y frecuentemente es usado para indicar la cópula cuando manifiestan hacer el amor. Este tipo de amor se le llama amor eros  y es el más popular entre la humanidad, y recuerden que es el amor que quita vida (lo explicaré con más detalle más adelante).
En alusión a lo anteriormente anotado, les comparto una escena de la película “La mandolina del Capitán Corelli” basada en la novela de Luis Bernieres. Se desarrolla la historia en una isla griega en la que llegan soldados italianos en una ocupación. Ahí Pelagia recibe el consejo de su padre con respecto al amor de su vida el soldado Corelli, y le dice: “Cuando uno se enamora es una locura temporal. Surge como un terremoto y luego se calma y cuando se calma hay que decidir. Hay que decidir si las raíces se han entrelazado tanto que sería inconcebible si se separaran. Porque... eso es amor. El amor no es estupor, no es excitación. No es afán de aparearse a cada segundo. No es desvelarse imaginando que te besa cada rincón de tu cuerpo. Eso sólo sería estar enamorado y cualquiera lograría convencerse de eso. El amor auténtico es lo que queda cuando al enamoramiento lo consume el fuego.”
No suena muy apasionante, pero lo es. ¿Has pensado si podrías llegar a sentirte así?
Si la sociedad requiere de reformas, la reforma empieza cuando nosotros redescubrimos lo que significa amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y amar a nuestro prójimo. Si el gobierno no está haciendo su trabajo, es porque aquellos que gobiernan se han olvidado de que cada presupuesto y cada ley deberían estar basados en el amor. Las familias y las amistades que fracasan son las que ya no giran alrededor del amor, ni lo tienen como su centro. Si quieres que mejoren las condiciones de tu vida, dale al amor la oportunidad de entrar en tu corazón y en tu familia. La gran renovación que necesitamos, como individuos y como nación, se iniciará cuando las personas, que son el elemento humano de las grandes instituciones de la nación, empiecen a amarse unas a otras. Este amor es el amor fraternal que quiere Dios para nosotros y que nos enseña por medio de la Biblia cuando reza: ama a tu prójimo como a ti mismo. Este tipo de amor es básico en todos los tipos de amor. Por él se entiende el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida. El amor fraternal (según Erich Fromm, en su libro “El Arte de Amar”) es el amor a todos los seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad. Si has desarrollado la capacidad de amar, no puedes dejar de amar a tus hermanos. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión con todos los hombres, de solidaridad humana, de solidaridad humana, de reparación humana. El amor fraternal se basa en la experiencia de que todos somos uno. Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana común a todos los hombres. Para experimentar dicha identidad es necesario penetrar desde la periferia hasta el núcleo. Si percibo en otra persona nada más que lo superficial, percibo principalmente las diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo percibo nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad. Esta relación de centro a centro.
El amor al pobre y al desconocido, son el comienzo al amor fraternal. Amar a los de nuestra propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los animales aman a sus vástagos y los protegen. El desvalido ama a su dueño, puesto que su vida depende de él; el niño ama a sus padres, pues los necesita. El amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales. En forma significativa, en el Antiguo Testamento, el objeto central del amor del hombre es el pobre, el extranjero, la viuda y el huérfano y eventualmente, el enemigo nacional, el egipcio y el edomita. Al tener compasión del desvalido el hombre comienza a desarrollar el amor a su hermano; y al amarse a sí mismo, ama también al que necesita ayuda, al frágil e inseguro ser humano. La compasión implica el elemento del conocimiento e identificación. “Tú conoces el corazón del extranjero”, dice el Antiguo Testamento, “puesto que fuiste extranjero en la tierra de Egipto... ¡Por lo tanto ama al extranjero!
Alguien dijo: Debemos amarnos unos a otros o morir. Yo no sé que significa exactamente amarnos unos a otros. ¿Tu sí? Hace casi dos mil años, el apóstol Pablo lo describió en uno de los pasajes más hermosos e instructivos jamás escrito:
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese el don de profecía, y conociese todos los misterios, y toda ciencia, y si tuviese toda la fe de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres y si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, obscuramente; mas entonces le veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor[5].”
El amor materno es una afirmación incondicional en la vida del niño y sus necesidades. La afirmación de la vida del niño presenta dos aspectos: uno es el cuidado y la responsabilidad absolutamente necesarios para la conservación en la vida del niño y su crecimiento. El otro aspecto va más allá de la mera conservación. Es la actitud que inculca en el niño el amor a la vida, que crea en él el sentimiento: ¡es bueno estar vivo, es bueno ser una criatura, es bueno estar sobre la tierra! Estos dos aspectos del amor materno se expresan muy claramente en el relato bíblico de loa creación. Dios crea al mundo y al hombre. Esto corresponde al simple cuidado y afirmación de la existencia: Pero Dios va más allá de ese requerimiento mínimo. Cada día posterior a la creación de la naturaleza y el hombre “Dios vio que era bueno”. El amor materno en su segunda etapa, hace sentir al niño: es una suerte haber nacido ; inculca al niño el amor a la vida y no sólo el deseo de conservarse vivo. La misma idea se expresa en otro simbolismo bíblico. La tierra prometida (la tierra es un símbolo materno) se describe como “plena de leche y miel”. La leche es el símbolo del primer aspecto del amor, el de cuidado y afirmación. La miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo. La mayoría de las madres son capaces de dar “leche”, pero muy pocas pueden dar “miel” también. Para estar en condiciones de dar miel, una madre debe ser no sólo una “buena madre”, sino una persona feliz (y no son muchas las que logran alcanzar esa meta). No hay peligro de exagerar el efecto sobre un niño. El amor de la madre a la vida es tan contagioso como su ansiedad. Ambas actitudes ejercen un profundo efecto sobre la personalidad total del niño; indudablemente es posible distinguir entre los niños (y los adultos) los que sólo recibieron “leche” y los que recibieron “leche y miel”.
Resumiendo podemos decir que el amor fraterno es amor entre hermanos; el amor materno es amor por el desvalido. Diferentes como son entre sí, tienen en común el hecho de que, por su misma naturaleza, no están restringidos a una sola persona. Si amo a mis hermanos, amo a todos mis hermanos; si amo a mis hijos, amo a todos mis hijos; no, más aún, amo a todos los niños, a todos los que necesitan mi ayuda. En contraste con ambos tipos de amor está el  amor erótico: el anhelo de fusión completa, de unión con una única otra persona. Por su propia naturaleza, es exclusivo y no universal; es también quizá, la forma de amor más engañosa que existe.[6]
En primer lugar, se confunde fácilmente con la experiencia explosiva de “enamorarse”, el súbito derrumbe de las barreras que existían hasta el momento entre dos desconocidos. Tal experiencia de repentina intimidad, por su misma naturaleza, de corta duración. Cuando el desconocido se ha convertido en una persona íntimamente conocida, ya no hay más barreras que superar, ningún súbito acercamiento que lograr. Se llega a conocer a la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O quizá, sería mejor decir tan poco si la experiencia de la otra persona fuera más profunda, si se pudiera experimentar la infinitud de su personalidad, nunca nos resultaría tan familiar (y el milagro de salvar las barreras podría renovarse a diario). Pero para la mayoría de la gente, su propia persona, tanto como las otras, resulta rápidamente explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del contacto sexual. Puesto que experimentan la separatidad de la otra persona fundamentalmente como separatidad física, la unión física significa superar la separatidad.
Si el deseo de unión física no está estimulado por el amor, si el amor erótico no es a su vez fraterno, jamás conduce a la unión salvo en un sentido orgiástico y transitorio. La atracción sexual crea, por un momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los desconocidos tan separados como antes, a veces los hace avergonzarse el uno del otro, o aún odiarse recíprocamente, porque, cuando la ilusión se desvanece, sienten su separación más agudamente que antes. La ternura no es en modo alguno, como creía Freíd, una sublimación del instinto sexual; es el producto directo del amor fraterno, y existe tanto en las formas físicas del amor, como en las no físicas. El amor erótico, si es amor, tiene una premisa. Amar desde la esencia del ser.
Otro aspecto de amor que me interesa plantear en este libro es el amor a sí mismo, se supone que a medida que me amo a mi mismo, amo a los demás. No sólo los demás, sino nosotros mismos, somos objeto de nuestros sentimientos y actitudes; las actitudes para los demás y para nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas, es decir, el amor a los demás y a nosotros mismos no son alternativas; por el contrario, en todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor a sí mismo. El amor genuino constituye una exprsión de la productividad, y entraña cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento. No es un afecto en el sentido de que alguien nos “afecte” sino un esforzarse activo arraigado en la propia capacidad de amar y que tiende al crecimiento y la felicidad de la persona amada.
Amar a alguien es la realización y concentración del poder de amar. La afirmación básica contenida en el amor se dirige hacia la persona amada como una encarnación de las cualidades esencialmente humanas. Si te amas a ti mismo, amas a todos los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte, pero si amas a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona y esa persona es a la vez Dios y el hombre.
La forma religiosa del amor, lo que se denomina amor a Dios, es desde el punto de vista psicológico, de índole similar. Surge de la necesidad de superar la separatidad y lograr la unión. En realidad, el amor a Dios tiene tantos aspectos y cualidades distintos como el amor al hombre, y en gran medida encontramos en él las mismas diferencias. Un hombre que ama a Dios ve en Él el amor materno (incondicional) y el amor paterno (condicional) y eso mismo es lo que le da tranquilidad a su corazón.
El amor más puro, más sublime, el amor que es amor, como dice Carlos Fuentes; es el amor Ágape, que es el amor de Dios, el amor que da vida. Este tipo de amor (para los creyentes) es lo que nos hace estar seguros que somos amados y nos da la seguridad y la confianza de caminar con fe esperanza y caridad en esta vida.
Emma Godoy en su libro Que mis Palabras te Acompañen anota unas originales sugerencias para tener amor en tu vida: “Todo el conjunto de leyes morales se resume en una sola palabra: ¡AMOR! Amor a ti, al prójimo y a Dios. Haz diariamente actos positivos y reales de amor por ti, por alguien, por tu Creador. Cada día más, hasta que tu, entero, no seas sino amor. ¿Así te gusta la moral? Cualquier pecado consiste nada más en que se faltó al mandamiento del amor; y es más o menos grave en la medida en que se agredió al amor. Lee el Evangelio y lo verás. Por eso cuando alguien le pregunta a Cristo: ¿Quién será el mayor en el reino de los cielos? Él responde: ‘Aquel que tenga mayor caridad (amor), sea quien fuere’. Quítate, pues, todo sentimiento de rencor, de odio y aun de indiferencia para el prójimo. Lávate el desamor todas las noches antes de dormir. Nunca te entregues al sueño con el corazón habitado por el mal de los males. Y aprende a quererte, a estimarte, a desear para ti lo mejor, o sea tu realización fecunda en obras magníficas. Ama a Dios. Cuéntale tus miserias y también tus proyectos. Que vaya a tu lado, como un amigo, en todos tus paseos y trabajos. La moral, vista como amor, ¿no te resulta sumamente atractiva?”
Aprender sobre el amor lleva toda una vida. Cómo nos tropezamos y caemos por el camino. Pero ¿qué don tan increíble es tener al amor como el gran valor sobre el que se basan todas nuestras metas y se miden todas nuestras acciones? Si trabajamos con intensidad para descubrir y practicar el amor nuevamente en nuestras casas, nos sentiremos liberados para fijarnos la visión que cambiará nuestra vida.
 
Ser, hacer y tener

Todo aquello en lo que el hombre pueda pensar y creer, seguramente puede lograrlo. Al ir sustituyendo nuestro estado mental negativo con ideas positivas, podemos cambiar radicalmente la percepción de nuestras experiencias. A medida que estos pensamientos y conceptos negativos comienzan a disminuir, actuaremos con mayor frecuencia con todo nuestro poder. Nuestra acción (tanto mental como física) hacia nuestras metas, será incesante e irrefrenable. Habremos aprendido a romper nuestras barreras internas autocreadas que nos impiden llegar al éxito y al progreso (Keever, 2000).
Por medio de la mente el ser humano es potencialmente capaz de mitigar o trascender los acontecimientos. Siempre es posible, para cualquier tipo de persona, elegir cómo reaccionar ante cualquier situación. Quien se deja llevar por las circunstancias pasa a formar parte del problema. No obstante, si te conviertes en observador de ti mismo y actúas con integridad y compasión, dispondrás de la habilidad de dar una connotación positiva a un suceso desagradable en el momento que tenga lugar. En este caso, trascender significa superar una situación y empezar de nuevo. Nosotros, los seres humanos, somos animales lingüísticos y por ello tenemos la capacidad de trascender a cualquier instante de nuestra existencia.
En el libro Conversaciones con Dios de Neale Donald Walsch anota algo muy cierto: “Que la emoción es la energía en movimiento. Cuando se mueve energía, se crea un efecto. Si se crea energía suficiente se crea materia. La materia es energía comprimida. Si se manipula la suficiente energía de una determinada manera, se obtiene materia. El pensamiento es energía pura. Cualquier pensamiento que tengas, hayas tenido o vayas a tener es creador. La energía del cuerpo nunca muere.”
El proceso de la creación se inicia con el pensamiento, una idea, concepto o imagen mental. A continuación viene la palabra. Todo lo que se dice es pensamiento expresado. Es creador y emite energía creadora al universo. Las palabras son más dinámicas que el pensamiento, puesto que las palabras constituyen un nivel de vibración del pensamiento. A continuación viene la acción. Las acciones son palabras en movimiento. Las palabras son pensamientos expresados. Los pensamientos son ideas formadas. Las ideas son energías reunidas. Las energías son fuerzas liberadas. Las fuerzas son elementos existentes. Los elementos son partículas de Dios, son porciones del Todo, la sustancia del todo.
El principio es Dios. El final es la acción. La acción es Dios creando o Dios experimentando. Esta anotación nos da la pauta para reconocer que tu puedes ser parte importante en la creación de tu realidad. ¿Cómo participar en la creación? Sencillo; fíjate el más alto pensamiento sobre ti mismo; imagínate cómo serías si vivieras ese pensamiento cada día; imagina lo que pensarías, harías y dirías y cómo responderías a lo que los demás hicieran o dijeran.
Lógicamente, esto conlleva a identificar las diferencias de condiciones entre un estado y otro; del estado real al deseado. Por lo tanto: Una vez descritas las diferencias entre dónde estás y dónde quieres estar, empieza a cambiar (cambiar conscientemente) tus pensamientos, palabras, acciones, igualándolas con tu magnífica visión. Esto requerirá un esfuerzo físico y mental tremendo. Supondrá un control constante, momento a momento, de cada pensamiento, palabra y acto. Implicará una continua toma de decisiones. Todo el proceso constituye un enorme desplazamiento hacia la conciencia. ¿Quieres que tu vida despegue? Empieza a imaginártela de modo como quieras que sea y busca incansablemente alcanzarlo. Examina cada pensamiento, palabra y obra que no se muestren en armonía con esa idea y aléjalos de ti.
Fíjate el más alto pensamiento sobre ti mismo; imagina cómo serías si vivieras ese pensamiento cada día; imagina lo que pensarías, serías o dirías, y como responderías a lo que los demás hicieran o dijeran; celebra y disfruta todo lo que creas y has creado; rechazar cualquier parte de ello significa rechazarte a ti mismo. Si hay algún elemento de tu creación del cual no disfrutes bendícelo y simplemente cámbialo... elige de nuevo... provoca una nueva realidad... piensa una nueva idea... pronuncia una nueva palabra... haz algo nuevo.
Piensa en lo que quieres ser, hacer y tener. Piensa en ello a menudo hasta que lo tengas muy claro; cuando logres dicha claridad, no pienses en nada más. No imagines otras posibilidades. Disciplina tu mente para que mantenga con firmeza el pensamiento creador original. Cuando tus pensamientos sean claros y firmes empieza a hablar de ellos como verdades... grítalos fuerte... utiliza el gran mandato que hace surgir el poder creador Yo soy a los demás. Yo soy constituye la más poderosa afirmación creadora del universo. Sea lo que sea lo que pienses, sea lo que sea lo que digas, tras la palabra Yo soy ello pondrá en movimiento dichas experiencias, hará que surjan, las llevará a ti. Aprende a controlar tus pensamientos, a pensar en lo que quieres... cuando te sorprendas a ti mismo teniendo pensamientos negativos, piensa otra vez... hazlo literalmente... si piensas que estás abatido, hecho polvo y de allí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que tu vida se rompe a pedazos y que nunca lo podrás recomponer, piensa otra vez.
Repite 50 veces la visión que tienes de ti durante 90 días, o si lo prefieres escribe una página diaria durante el mismo tiempo. Si lo haces de esta manera, quedarán implantadas en tu estructura psicológica y empezarán a formar parte de ti. Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, sea como sea, estarás en lo cierto. A esta declaración le llamaremos en lo sucesivo “Contrato”.
Ejemplo:
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
 
Si ya has logrado alguno de los atributos que estás trabajando, entonces puedes cambiarlo por otro que quisieras declarar. Tu energía fluirá hacia el aspecto en el que centres tu atención. Sólo conseguirás atraer aquello que poseas. Lo semejante se atrae. La vida es como el eco: Si no te gusta lo que estás recibiendo, presta atención a lo que estás emitiendo. Cualquier manifestación en tu Universo físico es coherente con tu emisión de energía. Todo tiene un precio, nada es gratis en este Universo.
Alguien dijo: Una buena idea vale cien pesos, pero el plan para llevarla a cabo vale un millón de pesos. Un buen líder cuenta con un plan y Jesús tenía uno. Algunas veces el plan puede empezar con un simple objetivo. Dios tenía un plan para su Hijo y Jesús conocía su misión y no se desvió de ella. Declaraba que su misión era, en esencia, enseñar a la gente un mejor modo de vida; se veía a sí mismo como maestro y como médico.
Recuerda siempre que tu primera naturaleza consiste en amar incondicionalmente, tu segunda naturaleza consiste en decidir expresar tu primera naturaleza, conscientemente. La vida es una creación, no un descubrimiento. No vives cada día para descubrir qué te espera ese día, sino para crearlo. Estás creando tu realidad cada minuto, probablemente sin saberlo. He aquí el cómo y el porqué (Donald Walsch):
· Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.
· Dios es el creador.
· Somos tres seres en uno. Cuerpo, alma y espíritu.
· El proceso de creación procede de esas tres partes de nuestro cuerpo: El pensamiento, palabra y obra.
· Toda creación se inicia con el pensamiento (procede del padre). Toda creación pasa después a la palabra (pedid y se os dará, hablad y os hará). Toda creación se completa con la obra (y el verbo se hizo carne y habitó entre vosotros).
· Aquello que pensamos pero no decimos se crea a un nivel. Aquello que pensamos y decimos crea a otro nivel. Aquello que pensamos, decimos y hacemos se hace manifiesto en nuestra realidad.
· Pensar decir y hacer algo, si no creemos verdaderamente en ello, es imposible. Por lo tanto, el proceso de creación debe incluir las creencias o el conocimiento. Esta es fe absoluta. Es más allá de la esperanza. Es conocimiento de una certeza (por vuestra fe seréis sanados). En consecuencia la parte activa de la creación incluye el conocimiento. Se trata de una claridad esencial, una certeza total, una completa aceptación de algo en tanto real.
· Este nivel de conocimiento es el nivel de intensa e increíble gratitud. Es un agradecimiento por adelantado. Y quizá sea esta la clave más importante de la creación: Estar agradecido antes de, y por la creación. Esta actitud de darla ya por hecha no es algo que haya que perdonar, sino algo que hay que alentar. Es un signo seguro de la cualidad de maestro. Todos los maestros saben por adelantado que la obra se ha realizado.
· Celebra y disfruta todo lo que creas y has creado. Rechazar cualquier parte de ello significa rechazarte a ti mismo. Sea lo que sea lo que se presente como parte de tu creación, poséelo, reivindícalo, bendícelo, agradécelo. Procura no condenarlo, puesto que condenarlo significa condenarte a ti mismo.
· Si hay algún aspecto de tu creación del cual veas que no disfrutas, bendícelo y simplemente cámbialo. Elige de nuevo. Provoca una nueva realidad. Piensa una nueva idea. Pronuncia una nueva palabra. Haz algo nuevo. Hazlo con magnificencia, y el resto del mundo te seguirá. Pídelo. Exígelo. Di: Yo soy...
· De este modo se manifiesta la voluntad de Dios así en la tierra como en el cielo.
Harás que tu vida despegue cuando, primero, logres pensar en ella con suma claridad. Canalizando tus pensamientos, ejerciendo un control sobre ellos, no es tan difícil como parece. Es cuestión de disciplina, es cuestión de proponértelo. El primer paso consiste en aprender a controlar tus pensamientos, a pensar en lo que piensas.
Cuando te sorprendas a ti mismo teniendo pensamientos negativos, (pensamientos que nieguen tu más alta idea de ti mismo) piensa otra vez. Hazlo literalmente. Si piensas que estás abatido, hecho polvo y que de ahí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que el mundo es un lugar malo, lleno de acontecimientos negativos, piensa otra vez. Si piensas que la vida se rompe en pedazos y te parece que nunca la podrás recomponer, piensa otra vez.
Recuerda que la perseverancia es la condición para mantenerte en el juego de tu vida. Date la oportunidad de crearte con un ser que pueda dignamente ser llamado hijo de Dios.
 
Lo que el niño necesita; lo necesitas tu

¿Sabes lo que significa ser un niño? Significa creer en el amor, en la hermosura, en las creencias; significa ser tan pequeño que los duendes pueden acercarse a cuchichear a tus oídos; significa transformar las calabazas en carruajes, los ratones en corceles, lo ruin en sublime, la nada en todo, pues cada niño lleva en su alma su propia hada madrina (Francisco Thompson). Los niños y tu necesitan:
 
· Amar a Dios.
· Recibir y dar amor.
· Comprensión.
· Aceptación.
· Reconocimiento.
· Apoyo.
· Libertad.
· Independencia.
· Confianza.
· Consejos.
· Control.
· Ser escuchados.
· Apoyo para descubrir el mundo.
· Ser investigadores (curiosos).
· Tener seguridad.
· Crecer.
· Jugar incansablemente.
· Soñar a ser grandes.
La pregunta de rigor: Si eres adulto y tienes hijos, ¿Estás participando para que los niños tengan una infancia sana o eres un padre irresponsable que está causando una gran herida interior a su hijo? Ahora sigue tu turno: ¿Te estás amando lo suficiente que te das la oportunidad de ser feliz y de generar lo que tanto necesitas? Medítalo suficientemente, ríndete a las circunstancias y toma acción.


LITERATURA CONSULTADA
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ERNESTO RODRÍGUEZ MOGUEL
 
 
Nació en Calkiní, Campeche en 1956. Radica en Cárdenas, Tabasco desde 1975. Es miembro de la sociedad de escritores de Tabasco Letras y voces de Tabasco A. C. Cursó la carrera de Ingeniero Agrónomo y la Maestría en Ciencias en Diseño Estadístico. Es profesor-investigador de la U.J.A.T. y ofrece servicios de Consultoría a empresas e instituciones en “Sigma A.C.” sobre:
 
Planeación Estratégica
Sistemas de Calidad ISO 9000/2000
Desarrollo Humano
Mercadotecnia e investigación
Ingeniería Ambiental
 
PUBLICACIONES

Editor de la revista Unidad Chontalpa (1994-1996)
 
Libros técnicos:
 
Lineamientos de investigación, 1994
Funciones de Tendencia, 1995
Metodología de la Investigación
Primera edición 1996
Segunda edición 1997
Tercera edición 1999
Cuarta edición 2002
 
Plaquetas de poesía y antologías:
 
Cal-k´ín, 1996
El Quebranto del Jade, 2000
Antologías:
A la Luz de los Naranjos, 1998,
De Miradas Azules y un Oscuro Encanto, 2000
Avis Diaria, 2001.
 
Libro de desarrollo humano:
 
Planeación Estratégica Personal, 2002
 
Libro de historia:
 
X Aniversario de la Unidad Chontalpa, 1997.
 
 
Obtuvo el primer lugar en el Certamen Estatal de Poesía 1997 y de narrativa 1998 en el estado de Tabasco. Su obra literaria y científica ha sido publicada por diversos medios.
 
 
RESCATA A TU NIÑO HERIDO
 
Por: Ernesto Rodríguez Moguel - ingemoguel@hotmail.com
 
[1] Si deseas ampliar más sobre el efecto del desierto en tu vida, te recomiendo leas el libro Más allá del desierto.
[2] Pueblo indígena del sur y sureste de México.
[3] Te recomiendo leas el libro “El caballero de la armadura oxidada”.
[4] La pedagogía de Dios es: Ve, imita, comprende y sé. Analiza la manera como Cristo enseñó a sus apóstoles.
[5] I Corintios 13:1-13
[6] Fromm, Erich. El Arte de Amar. Editorial Paidós. México. 2000. Pág: 55-60.

 

 

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