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Abuso en la iglesia
Al niño también se le puede hacer sentir culpabilidad en la iglesia al
escuchar un sermón amenazante. Recientemente, en la televisión, un
predicador señaló: No puedes ser lo suficientemente bueno para ser
agradable a los ojos de Dios. Qué terrible ofensa a Dios. Pero, ¿cómo
podría un niño saber que este hombre está encubriendo su propia
vergüenza con su venenosa palabrería?
En algunas ocasiones en la doctrina o en la escuela dominical; los que
se encuentran al frente, son hombres y mujeres sin preparación
teológica. Solamente tienen el firme propósito de ayudar a difundir la
palabra de Dios. En algunas ocasiones comparten la palabra bajo el
esquema de la culpa, miedo y temor. Los niños lo creen y esto limita su
crecimiento emocional.
Recuerden la oración de Santa Catalina de Génova: Esforzándome por dejar
esta vida de dolor, con profunda angustia lloro. Fallezco porque no
muero. ¡Qué frase tan terrible para un niño! Esta es una oración mística
que tiene un profundo significado espiritual. Pero, a los niños les
causa una gran confusión y hasta tienen miedo decirla.
En mi infancia, en la habitación donde dormía, en la casa de mis
abuelos; había, en una esquina, la imagen de la virgen de la Candelaria.
En la parte inferior de dicha imagen, estaba dibujado un infierno con
almas pecadoras retorciéndose entre el fuego. Para mí era aterrador
mirar la parte inferior del cuadro, sobre todo cuando me despertaba por
las noches. En esa misma época, era costumbre que las misas, fueran
celebradas en latín, y por supuesto que no se les entendía nada. Mi
instrucción religiosa era escasa y me daba miedo hasta oír hablar de
Dios.
Vergüenza cultural
La cultura tiene su propio sistema de perfección que nos hiere
espiritualmente. Existen mujeres con senos grandes, caderas redondeadas
y nalgas firmes y hombres con penes grandes. Pero si tu cuerpo no es
escultural (mujeres) o tus genitales no son grandes (hombres); en
algunas ocasiones, se te considerará inferior por no tener esos
atributos. Recuerdo lo incómodo que era ir a bañarse en el internado
donde estudié el nivel medio superior, en el Estado de Guanajuato. Los
muchachos de tercero y cuarto año, molestaban constantemente a los más
jóvenes. Yo le pedía a Dios que no me fastidiaran a mí. Reía
nerviosamente y me les unía cuando burlaban a otros. Recuerdo también a
los compañeros muy gordos o muy flacos; para ellos asistir a la hora de
deporte era un martirio; de la misma manera sufrían los muchachos torpes
y los no atléticos, ellos también eran avergonzados a todas horas. Estas
situaciones dejan cicatrices que perduran toda la vida.
Desde muy pequeños, los niños se percatan de que existen muchas
diferencias físicas, económicas y sociales entre ellos y sus amigos. Se
vuelven sensiblemente conscientes de la moda y las colonias elegantes de
la ciudad. Se crean los grupos de amigos con ciertas afinidades e inicia
una actitud de segregación hacia los que no lo son. Cuando yo estaba
enamorando a Alma, que ahora es mi esposa, tenía apenas 19 años y la
acompañé a una fiesta; que por supuesto, solamente ella era la invitada.
Por consiguiente, al presentarme a dicha reunión hubo reacción; no se me
aceptó en dicho círculo social. El resultado fue que el padre de la
joven que cumplía años me pidió que abandonara la casa. Me retiré muy
herido. Imagínense a un niño en una situación similar.
Vergüenza recurrente
Todas las clases de abusos crean vergüenza recurrente; es decir, esa
sensación de ser censurado y, de nunca dar el ancho. La vergüenza
recurrente se reciente más que la culpa.
El niño se siente culpable cuando ha hecho algo malo; pero eso se puede
reparar, se puede hacer algo para remediarlo. Pero la vergüenza
recurrente implica que existe algo mal en ti y no hay nada que tu puedas
hacer al respecto; crees que eres una persona inadecuada y defectuosa.
La vergüenza recurrente es la esencia del niño herido. El niño cuando se
transforma en adulto, continúa viviendo su tormento, sufriendo
pasivamente o renegando, fingiendo externa e internamente, proyectándose
y expresándose de la única forma que conoce. Sanar a este niño herido
debe ser nuestra intención, y te va a llevar a recobrar la excelencia
que perdiste.
¿QUIÉN ELEGISTE SER?
El color de tu niñez
Es necesario e importante entender que la necesidad de hallar al niño en
tu interior es parte de un antiguo anhelo humano: indagar nuestro pasado
y entender a través de él al presente. Detrás de nuestro pasado personal
yace nuestro pasado cultural, conteniendo mitos y en estos mitos, el
niño es a menudo producto de la unión de lo humano y lo divino. Es el
niño místico el que buscamos. Así como el niño de nuestra historia
personal.
Detente un rato y piensa lo necesario que es el recuperar la frescura de
la niñez, es necesario empezar a soñar de nuevo en lo que fuimos y en lo
que queremos ser. Recuerde aquellos momentos felices de la infancia: El
rincón preferido, los juegos, el patio, los animales, las travesuras,
las golosinas, las fiestas, los besos de mamá, los paseos con papá;
recuerda también los olores de la niñez, los colores de la niñez, el
viento cuando aporreaba los árboles antes de la lluvia. Recuerda los
charcos de los patios llenos de mariposas. Trae a tu mente también las
oraciones que hacías antes de dormir: Ángel de la guarda, de mi, dulce
compañía, no me desampares ni de noche ni de día. ¿No te dan ganas de
recuperar esos momentos de tu niñez? Escuché decir que esto es
imposible, pero yo te afirmo lo contrario. Es posible sanar a tu niño
herido y vivir con él siempre... reconciliados.
Rescata el dolor original
En el rescate del dolor original se pretende experimentar esos
sentimientos reprimidos. Es lo que producirá un cambio profundo, que
verdaderamente resuelva los conflictos. En otro tipo de cambio,
solamente canjeas una compulsión por otra. En cambio en el que te
propongo, dejas de ser compulsivo. Es necesario abrazar el dolor no
expresado del triste y acongojado pequeño. Este es el sufrimiento
legítimo del que hablaba Carl Jung. Solamente sintiendo el sufrimiento
puedes dejar de sufrir.
La buena noticia es que el rescate del dolor original involucra el
propio proceso de curación de la naturaleza. La aflicción es la
sensación restauradora. Nos curaremos naturalmente si sólo se nos
permite sentir aflicción. La aflicción comprende toda la gama de
emociones humanas. El dolor original es una acumulación de conflictos no
resueltos cuya energía ha aumentado con el tiempo. El niño interior está
congelado porque no hubo manera en que pudiera expresar su aflicción.
Muchas de las acciones que realizaron tus padres o las personas que te
rodearon, y que en realidad crees que fueron justas y necesarias, en
realidad fueron abusos.
La vida está constituida por una serie de sucesos que le llamaremos
etapas, cada etapa de tu vida tiene el siguiente proceso: Nace, se
desarrolla y cierra. Algunas de ellas cierran, pero otras no.
Ejemplos:
1. Casos de cierre por un evento natural. Si muere un ser querido se
considera que es el final de una etapa, para que tenga un cierre
adecuado es necesario que se realice un excelente funeral y que todas
las actividades concomitantes a este evento se atiendan debidamente
(rezos, oraciones, cultos o visitas al cementerio).
Otro ejemplo: Cuando una madre abandona a su hijo en la infancia por
causa de un padre alcohólico, y al pasar el tiempo la madre recupera a
su hijo con signos patentes de arrepentimiento, y si el hijo tiene la
oportunidad de decirle a su madre cuánto sufrió su abandono y cuánto la
ama. La relación con mamá se da en buenos términos y esa situación le
ayuda al niño a sobrellevar su vida porque se siente amado y apoyado.
2. Caso de no cierre por un evento intencional. El cierre no ocurre
cuando se secuestra a un ser querido. Al pasar los años, desconocemos si
se encuentra vivo o ya ha muerto. El sufrimiento en este caso es
constante porque la etapa no tuvo un cierre adecuado.
Otro ejemplo: El mismo niño del padre alcohólico ya referido regresa a
vivir con su madre. El hijo recuerda la manera de cómo papá desquitaba
su frustración con él ofendiéndolo y propinándole castigo físico. El
niño se “congela” en una etapa de sufrimiento profundo y sin que tenga
la intención, explota con suma facilidad ante casi cualquier situación
en la vida.
Si todavía te sientes inclinado a minimizar y a racionalizar las maneras
en que fuiste avergonzado, ignorado o usado para que tus padres u otras
personas se desahogaran, necesitas ahora aceptar el hecho que
verdaderamente fuiste herido por ellos. Algunos de ustedes fueron
victimados mediante la agresión sexual, física o emocional.
Parece ser que mientras más se abusó de ti, más creíste que eras malo y
más idealizaste a tus padres y a otras personas. Todos los niños
idealizan a sus padres, así es como aseguran su supervivencia. Esta
idealización debe ser derribada. Tus padres no fueron malos, sólo eran
niños heridos. Quizá te sientas confundido por lo que has leído, eso es
bueno, porque ya estás trabajando tu vida. Al decirte que tus padres
tuvieron que ver con lo que eres ahora, no te enfrenta a ellos, los vas
a comprender también; pero ante todo, ésta es una gran oportunidad que
tu tienes, de comprenderte a ti también. Por favor créeme, la situación
en tu vida fue negativa. Tu fuiste herido demasiado no permitiendo que
seas tu. Recuerda cuando te decían: No levantes la voz; me he
sacrificado tanto por ti; ¡cállate la boca! ¡Come o te lo meto en la
boca con embudo! Etc. Poco a poco te fueron cubriendo con creencias que
a la larga se transformaron en una gran carga que llevas a cuestas que
no te deja vivir adecuadamente.
Todos los sentimientos necesitan vivirse. Necesitas irrumpir y acometer,
sollozar y llorar, sudar y temblar. La recuperación de los sentimientos
es un proceso, no un suceso, pero en la mayoría de la gente se nota
mejoría inmediatamente. El contacto con el niño interior, el que él sepa
que alguien está allí, suscita alegría y causa inmediato alivio.
Recuerda que no se puede curar lo que no se puede sentir. Es importante
mantenerte a salvo mientras realizas el rescate de tus sentimientos, el
cual se efectúa mejor en un grupo de trabajo donde participen al menos
cinco personas.
Sana al niño herido que llevas dentro
Recuperar tu vida es un proceso, y este empieza con actividades tan
sencillas como hacer una reflexión acerca de tu vida. Recuerda los
detalles de tu niñez, las fortalezas y debilidades de tus padres, de las
posibles consecuencias de la relación con ellos. Te invito a que veas la
película de tu infancia, sin censuras (no es aconsejable compartir la
información con tus padres o parientes cercanos). En esta etapa de tu
entrenamiento te invito a que vayas a la playa o a un lugar apartado y
piérdete todo un día y así tendrás oportunidad de reflexionar sobre
quién eres y quién deseas elegir ser.
Si posees una foto de cuando eras un niño, llévala; si todavía conservas
algunos juguetes de tu infancia, te aconsejo que sean parte de tu
equipaje en este viaje, además de una libreta y un lapicero. Al ver la
foto, advertirás la alegría que emanaba de tus ojos cuando eras un niño.
Verás a un pequeño inocente, maravilloso, que sólo desea la oportunidad
de vivir su propia vida. Este niño no pidió nacer. Todo lo que querías
como niño era un poco de alimento y amor.
Inicia este trabajo conociendo a tu niño desde el momento de su
nacimiento: Entra en contacto con tu respiración y relájate. Remóntate
al día en que naciste. Ahí observa a mamá. Ella está sufriendo el
trabajo de parto. Escucha sus gemidos, su respiración agitada. Mira
alrededor y visualiza quiénes se encuentran en la habitación, percibe el
nerviosismo de tus seres queridos que te esperan con ansiedad. ¡Ya ha
llegado la hora! ¡Tu estás naciendo! Alguien te toma en sus brazos y te
coloca en el pecho de mamá. Escucha tu primer grito y la manera como
exiges atención desde el primer momento de tu vida fuera del vientre.
Acércate a la escena y extiende los brazos. Levanta a tu niño recién
nacido y pégale tus labios, dale un beso y dile su nombre en diminutivo.
Y afirma: Mi niño, desde este momento me comprometo a cuidarte, a
vigilar que nada falte en tu vida. Que tengas el amor que te mereces.
Ahora que te conozco, estaré cerca de ti en todo momento.
Después de cada uno de los ejercicios, toma tu libreta y responde las
siguientes preguntas:
· ¿Qué sucedió?
· ¿Qué sentí?
· ¿Qué pensé de mí?
· ¿Dónde me lleva esto que viví?
Después de la dinámica anterior, dale tiempo a tu mente y a tu organismo
para que se regularicen y prosigue con el segundo ejercicio:
Entra en contacto con tu respiración. Descansa hasta sentirte cómodo.
Mientras te relajas placenteramente, debes dejar que las imágenes y
sensaciones entren a tu mente. ¿Puedes permitirte ahora recordar el
instante en que fuiste dañado? ¿Puedes darte la oportunidad de ser
consciente de cómo se desarrolló el suceso? Ubica a los personajes que
se encontraban presentes como una película, no omitas ningún detalle.
Experimenta tu experiencia, ¿qué sientes? ¿En dónde te duele? ¿En dónde
sientes el peso del problema que estás experimentando? Siente el dolor
que te está causando. No fueron justos al tratarte de esta manera. ¡Eras
apenas un niño! No tengas miedo de sentir aflicción; que no te dé miedo
reconocer que papá y mamá dañaron a tu niño interior y que ahora de
adulto sufres por ello.
Acomódate en posición fetal, abrázate con mucha suavidad, y afirma:
Papá, mamá; al reconocer que me han dañado, quiero y prefiero
perdonarles porque sé que me aman y que ustedes creyeron haberme dado lo
mejor. Mamá, papá..., yo también les amo.
Algunas veces, es conveniente que compartas la historia de tu vida con
uno o varios amigos. Cuando te revelas, se crea un efecto casi mágico en
los que te escuchan. Se crea un efecto de empatía. La revelación cambia
a quien lo hace, como a quien lo recibe. Cuando yo me abro a ti, estoy
siendo yo realmente; y al ser yo mismo en tus ojos, lo soy también en
los míos, y con ello me revelo a mí mismo. Me veo en mis palabras y en
tu rostro; descubro mis fallas y mis aciertos en tus expresiones y voy
gradualmente leyendo mi propia experiencia en tus ojos y en tus
reacciones. Y también tu cambias al oírme, al escucharme, tus propias
experiencias afloran y vas pensando en ellas y vas construyéndote junto
conmigo.
La autorrevelación tiene el poder de cambiar el pasado en presente. Si
te cuento parte de mi vida pasada, no es para hacer evidente mi pasado y
comportarme como una víctima. Es para que mi pasado obre sobre mi
presente, como yo lo veo y lo siento y así, al contarte hechos dolorosos
de mi vida que me sucedieron en el pasado, te estoy revelando
sentimientos presentes. La reacción que tu tengas de mi relato, es la
medida de mi sinceridad. Si me pierdo en vaguedades, se pierde tu
interés como oyente y de eso fácilmente me doy cuenta que te estoy
platicando un cuento chino, que difícilmente me esté ayudando a
construirme. Hay que tener presente que cuando el fuego arde, las
chispas brillan; y esto lo aplico en mi autorrevelación, porque a medida
que el relato se acerca a la realidad, el interés que te cause será
mayor y tu expresión descubrirá las chispas que del cincel y del
martillo emanan al moldear mi vida.
Voy a compartir contigo una de las mejores expresiones de Virginia
Satir. Este tipo de ejercicios, mientras más se realicen, tendrán más
efectividad.
“Entra en contacto con tu respiración. Descansa tu cuerpo hasta sentirlo
a gusto. Pídele a esa parte de ti mismo que recibe la información y las
nuevas experiencias, que te permita relajarte y ser receptivo. Mientras
escuchas y observas, recuerda que debes dejar que las cosas entren; te
penetren. Pruébalas y permite que sean tragadas cuando su interior te
diga que tienen un lugar dentro de ti. ¿Puedes permitirte ahora recordar
que siempre has vivido con éxito? Se ha abierto un camino para
enriquecerte. ¿Puedes darte la oportunidad de ser consciente de que hay
mucho por aprender en cada ser humano y en la unión de todos los seres
humanos? Podemos aprender a conseguir lo que necesitamos; podemos
aprender a ser seres felices, productivos y respetables. Si aun no hemos
llegado a esto, no es porque no seamos capaces de lograrlo, sino porque
aún no disponemos de las herramientas necesarias para practicar la
plenitud o no sabemos cómo usarla. Dale un mensaje de amor al hemisferio
izquierdo de tu cerebro. Haz que sea un fuerte mensaje de amor, pues el
hemisferio izquierdo de tu cerebro ignora que el derecho le ayudará en
el aprendizaje. Ahora, con los ojos abiertos, siente este cuerpo que te
pertenece; ese templo maravilloso, ese magnífico milagro que eres tu.
Acomódate en el asiento de manera que tus dos pies toquen el piso. Si al
inhalar sientes alguna parte tensa, haz que el aire que entra en tu
cuerpo la alcance. Detente para sonreír cuando encuentres tensiones y
deja que éstas se vayan mientras respiras. Nota que a pesar de no ser
consciente de ello, tu aliento se mueve dentro de ti. Mientras estás ahí
sentado, preparándote para un nuevo aprendizaje, puedes querer darle a
tu respiración un color inspirador. Ese color puede recorrer todas las
partes de tu cuerpo, y calmarlo. Sonriendo mientras entra, el color te
invade, te alimenta. Entra en contacto con el aire y siente cómo te
nutres gracias a él. Ahora ve a ese lugar donde guardas tus problemas y
envíales un mensaje de aprecio. Es posible que esta vez te permitas
abandonar todas las cosas que has cargado y que ya no te sirven para
nada. Dales un rotundo adiós. Déjalas ir y ponte en contacto con aquello
que es bueno para ti en este momento. Ya estás preparado para aprender
cualquier cosa el día de hoy.”
El siguiente ejercicio es uno de mis favoritos. Es conveniente que
alguien te narre mientras lo realizas; o si lo prefieres, grábalo en una
cinta magnética y ponle una música relajante de fondo. Esta otra
reflexión de Virginia Satir y se titula “Una puerta a ti mismo”. Déjate
llevar por su contenido hacia tu mundo interior.
“Una vez más, entra en contacto con tu respiración. Siente que eres un
tesoro, no sólo por ser tu mismo, sino por que eres una manifestación
del universo y de sus leyes. Nosotros no nos hacemos a nosotros mismos.
Somos cocreadores de nuestro ser dependiendo de lo que han hecho y
hacemos con nosotros mismos. Con tu mente abierta y tu cuerpo relajado
me gustaría que recordaras un lugar en el pasado donde conseguiste estar
bien; uno en el que te sentías cómodo…un sitio en donde respirabas
armonía con todo lo que te rodeaba, armonía con la gente (si la había),
con las flores, los árboles, las montañas, y los ríos. Ahora quisiera
que te des permiso de volver a ese lugar, volver a sentir las
sensaciones, ver los paisajes, recordar los pensamientos, revivir y
experimentar todo nuevamente. Luego siente el calor del sol, la suave
brisa, el sonido de las hojas en los árboles, sus colores. Ya has estado
muchas veces en ese sitio. Pero en esta ocasión hay algo especial, algo
que siempre estuvo ahí, pero hasta hoy nunca habías notado. Es una
puerta. Algo en ella te invita y te vuelves a mirarla; caminas hacia
ella despacio pero con firmeza, con una clara sensación de la dirección
en que te mueves. Entonces buscas en tu bolsillo y encuentras una llave
de oro. Al acercarte, te detienes para observar la puerta. Tiene una
manija en donde debe estar y las dimensiones de la puerta son las que
necesitas para entrar por ella cómodamente. Metes tu llave de oro en la
cerradura y embona perfectamente. Con muy poco esfuerzo abres la puerta.
Al atravesar el umbral, te sientes maravillado, pero no sorprendido.
Caminas unos pasos dentro de un cuarto amueblado con tus colores
favoritos. Tiene maderas que te gustan, la iluminación es perfecta. Se
escucha tu música preferida. Te detienes, la belleza del lugar te
inunda; te maravilla la naturalidad de todo. Cada cosa está dispuesta
como te gusta. Tus ojos brillan de amor por ti mismo y el recuerdo del
amor por otros. Te emociona ser parte de este mundo. Ahora tus ojos se
detienen en un librero. Los libros están bien acomodados y te atraen.
Hay un libro que te llama la atención. Te gusta su encuadernación. Vas
hacía él, lo tomas de la repisa y vez que en la portada, impreso con
letras bien escogidas, aparece tu nombre. Por un segundo te sorprendes
pero, claro, todo es natural. Abres el libro en la primera página y
lees: El libro sobre mí. La siguiente página comienza: Hace algún
tiempo, nació en… (el lugar en donde tu naciste) y así sigue
descubriendo los sucesos de tu vida. Al pasar las paginas descubres en
la crónica de tu vida todo tus esfuerzos, luchas, alegrías, triunfos,
esperanzas y temores. Llegas a la última página escrita; tiene la fecha
de hoy. Y le siguen muchas páginas en blanco. La primera lleva como
título: Mi vida a partir de hoy, basada en lo que aprendí Ayer. Mirando
esto, sabes que todas tus experiencias pasadas te han preparado para lo
que eres hoy. Tomas una pluma que te acomoda perfectamente cargada de
tinta del color que prefieres. Con amor y cuidado, empiezas a anotar lo
que piensas y haces actualmente. Te sientes iluminado, Nadie más que tu
leerás este libro. Como es la primera vez que lo haces tan
conscientemente, sólo escribes un pequeño párrafo. Sin embargo, te
prometes a ti mismo volver a escribir en él cada vez que lo desees. No
sientes ninguna obligación, sólo una invitación para volver a la crónica
que haces de ti mismo en este libro bellamente encuadernado. Sintiéndote
comprometido, cómodo y bien contigo mismo, cierras el libro con suavidad
y lo pones de vuelta en su repisa. Sabes que en cualquier momento puedes
volver a abrirlo nuevamente. Tranquilamente, te detienes a oír tu música
favorita. Emocionado pero con firmeza, caminas sobre una bella alfombra
hacia la puerta. Sales a un sitio que conoces. Cierras la puerta y
guardas la llave en tu bolsillo. De algún modo sabes que nunca podrás
perder esta llave; siempre estará contigo. Vuelves sin apresurarte hasta
un nuevo presente, a este cuarto, a este lugar. Cuando lo desees, abre
lentamente tus ojos. Deja que salgan los sonidos que escuchas; cuando lo
desees, permítele a tu cuerpo moverse con la música que llevas adentro.”
En el momento que te hayas recuperado física y mentalmente y sientas
deseos de escribir, toma tu libreta y en la página de la derecha y con
la mano derecha si eres diestro o en la izquierda si eres zurdo,
escríbele una carta a tu niño interior y ahí dile lo bien que te sientes
en haberlo recuperado y que estás dispuesto a velar por él en toda tu
vida. Cuéntale quién eres ahora, cómo te sientes y qué esperas de todo
este trabajo que estas realizando para sanarlo. Hazlo sentir
interesante. La firma, por supuesto es la misma que usas actualmente.
Mientras escribes, es necesario que visualices el rostro del niño al que
le estás escribiendo. Los fragmentos de las cartas que vas a leer son
las que realicé en mi capacitación:
Querido Netito:
Últimamente he estado pensando mucho en ti, estuve en el preciso momento
en que tu nacías y esto me conmovió hasta las lágrimas. Lo más bello fue
cuando te abracé, esto me hizo pensar que estabas en ese momento
desprotegido y que yo era el más indicado para vigilar que tu
crecimiento y desarrollo fuera el de un niño feliz. Es posible que
desees saber quién soy yo. Pues te diré que ...
Hasta luego y recuerda que te quiero mucho
Ernesto
Deja pasar tres días y disponte a escribir otra carta, pero ahora usa la
mano izquierda si eres diestro o la derecha si eres zurdo y la página de
la izquierda de tu libreta. Ahí vas a manifestarte con la sensibilidad
que tiene tu niño interior, quizá cuente con seis o siete años. Dile al
adulto (que ahora eres), cuánto lo necesitas; que te sientes protegido
al saber que cuentas con él. Amplíate.
Observa con detenimiento este ejemplo que es una fracción de la carta
que ha escrito el niño al adulto.
Querido Ernesto:
Antes que nada quiero decirte que te admiro mucho.
Me dio gusto saber que me viste nacer. Yo he estado un poco triste en
estos días, porque he tenido algunos problemas que te iré platicando
poco a poco. Me consuela que ahora tenga a alguien que vele por mí y que
el dolor que siento se vaya mitigando. Mi vida desde que nací ha sido...
Hasta luego y recuerda que te quiero mucho. No me abandones
Netito
Te presento una meditación sobre recuerdos creativos de la infancia
(Bradshaw, 2001):
“Concéntrate en tu respiración, advierte lo que sucede en tu cuerpo
mientras inhalas. Lentamente empieza a inhalar un vapor blanco que forma
el número cinco sobre una cortina negra, si no puedes ver el cinco
píntalo con el dedo. Después de exhalar ve adquirir el número cuatro o
píntalo con el dedo. Siente que se desvanece un poco. Mantente
despierto. Ahora exhala y ve cómo se forma el número tres o píntalo con
el dedo. Ahora puedes soltarse un poco más. Recuerda cuando aprendiste a
contenerte y soltarte; aprendiste a contenerte cuando empezaste a
caminar, cuando aprendiste a comer. Aprendiste a soltarte cuando te
columpiabas y sentías el aire mecer tu cabello. Te soltaste cuando
soñaste despierto por primera vez, decidiste la hora conveniente de irte
a dormir en la noche. Así que realmente sabes cuándo contenerte y cuándo
soltarte. Así que puedes estar perfectamente al tanto de tu propia voz,
la música, la sensación de tu ropa en tu cuerpo, de tu espalda en el
respaldo de la silla, del aire en tu rostro. Ahora entra en un trance
ligero y descansado. Siente que todo tu cuerpo se entumece. Puedes
sentir que tu cuerpo está muy pesado, o tan ligero como una pluma. Ya
sea que te sientas pesado o ligero, permite que esa sensación te lleve a
soñar. A través de ese sueño descubrirás un recuerdo olvidado hace mucho
tiempo. Puede ser muy obvio o extraordinariamente vago. Pero ciertamente
será un recuerdo de una semilla creadora. Puede ser que ya lo estés
viviendo o puede ser un recuerdo semilla que necesitas ahora. Tu lo
sabrás. Y lo que sepas estará bien para ti. Ahora tómate dos minutos,
que es todo el tiempo del mundo para el inconsciente, en ese tiempo
encontrarás otro tiempo, de modo que puedas hacerlo ahora (una pausa de
dos minutos). Cualquier cosa que sea lo que estés experimentando está
bien para ti. Es exactamente donde necesitas estar. Puedes recapacitar
sobre tu experiencia. Puedes saberlo ya. Puedes tomar lo que tienes y
vivir con eso varios días, tal vez semanas. Solamente tu lo sabrás.
Puedes sorprenderte. Puedes percatarte de pronto. Mirando algo, leyendo
un libro, cuando caminas. Acudirá a ti. Ahora poco a poco imagina el
número tres y siente tus manos y mueve los dedos de tus pies. Ahora ve
el número cinco y siente que todo tu cuerpo regresa al presente. Ahora
tu mente está plenamente consciente, restaurada del todo su conciencia
normal de vigilia. Abre los ojos.”
Los sueños y el amor
Si ya has recuperado la tranquilidad, si el niño que llevas dentro ya ha
resuelto parte de su dolor y convive armoniosamente con el adulto;
entonces vale la pena empezar a soñar.
Recuerda que decir: Yo quiero ser algo más, o yo quiero hacer algo
mejor, es solamente el principio de un sueño. El autor americano Ben
Sweetland escribió: El éxito es un viaje, no un destino. Soñar es el
primer paso de una jornada que te aleja de la mediocridad y del fracaso,
te lleva hacia un mundo inimaginable, lleno de oportunidades. Solamente
es necesario que cambies tus pensamientos y cambiará tu mundo.
Muchos de nosotros tenemos sueños muy complejos. No sabemos a dónde
vamos, entonces ¿por qué nos sorprendemos si no llegamos? Pensamos en
cosas grandiosas, pero sin detalles. Necesitamos ser específicos. Otras
veces no tenemos ningún sueño. Vivimos a la defensiva. Cada mañana nos
levantamos sin meta alguna y luego nos extraña mucho irnos a dormir por
la noche, sin haber realizado nada. De esta manera, la vida se convierte
en una aburrida rutina. Hacemos lo que nuestros padres nos exigen, lo
que los maestros nos asignan, lo que nuestro jefe nos ordena, lo que
nuestra familia o amigos esperan de nosotros y lo que la iglesia o el
gobierno requieren. Dejamos que la ley determine nuestra moralidad y que
los impuestos deducibles condicionen nuestras obras de caridad. El
escritor, actor y productor filántropo, Bill Cosby, lo dice así: Yo no
sé cuál es la llave del éxito, pero sé que la llave del fracaso está
tratando de agradar a todo el mundo.
Detente ahora mismo y dedica unos cuantos minutos para pensar sobre lo
que has elegido ser en tu vida. Escríbelo. Pero no guardes el lapicero.
Ten un poco de paciencia. Observa la lista que has escrito y encierra en
un círculo lo más importante. Léela en voz alta. Luego hazte esta
pregunta: ¿Qué estoy haciendo hoy para alcanzar lo que he elegido ser?
Si no estás seguro de la respuesta, es el momento de reflexionar y de
crear las estrategias para lograr ser lo que has elegido ser. No
descanses hasta que hayas tomado hoy, cuando menos una decisión que te
lleve hacia la visión de tu vida. La visión, es un futuro deseado, cuya
imagen deberá estar presente en tu mente en cada momento de tu vida y
esto es lo que te guiará al éxito.
Cuando la gente toma su energía y la canaliza para que coincida con lo
que eligió ser, suceden cosas sorprendentes. ¿A dónde quisieras ir en tu
vida? Antes que verdaderamente tengas las herramientas para triunfar,
necesitas contestar con toda honradez esta pregunta.
La mayoría de los cambios que creemos tener en la vida se deben a
verdades que eventualmente están o dejan de estar de moda. Actualmente,
el amor ha dejado de estar de moda. Si nuestras instituciones han
fracasado o están fracasando, ello se debe a que se han olvidado de que
el amor viene primero. Una de mis actividades es ser maestro
universitario, y en el centro educativo donde presto mis servicios, me
he dado cuenta con suma tristeza que el amor es un arcaísmo dentro del
lenguaje de los jóvenes. Hablar de amor lo asocian más con el sexo que
con el concepto amplio del amor, y frecuentemente es usado para indicar
la cópula cuando manifiestan hacer el amor. Este tipo de amor se le
llama amor eros y es el más popular entre la humanidad, y recuerden que
es el amor que quita vida (lo explicaré con más detalle más adelante).
En alusión a lo anteriormente anotado, les comparto una escena de la
película “La mandolina del Capitán Corelli” basada en la novela de Luis
Bernieres. Se desarrolla la historia en una isla griega en la que llegan
soldados italianos en una ocupación. Ahí Pelagia recibe el consejo de su
padre con respecto al amor de su vida el soldado Corelli, y le dice:
“Cuando uno se enamora es una locura temporal. Surge como un terremoto y
luego se calma y cuando se calma hay que decidir. Hay que decidir si las
raíces se han entrelazado tanto que sería inconcebible si se separaran.
Porque... eso es amor. El amor no es estupor, no es excitación. No es
afán de aparearse a cada segundo. No es desvelarse imaginando que te
besa cada rincón de tu cuerpo. Eso sólo sería estar enamorado y
cualquiera lograría convencerse de eso. El amor auténtico es lo que
queda cuando al enamoramiento lo consume el fuego.”
No suena muy apasionante, pero lo es. ¿Has pensado si podrías llegar a
sentirte así?
Si la sociedad requiere de reformas, la reforma empieza cuando nosotros
redescubrimos lo que significa amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y
amar a nuestro prójimo. Si el gobierno no está haciendo su trabajo, es
porque aquellos que gobiernan se han olvidado de que cada presupuesto y
cada ley deberían estar basados en el amor. Las familias y las amistades
que fracasan son las que ya no giran alrededor del amor, ni lo tienen
como su centro. Si quieres que mejoren las condiciones de tu vida, dale
al amor la oportunidad de entrar en tu corazón y en tu familia. La gran
renovación que necesitamos, como individuos y como nación, se iniciará
cuando las personas, que son el elemento humano de las grandes
instituciones de la nación, empiecen a amarse unas a otras. Este amor es
el amor fraternal que quiere Dios para nosotros y que nos enseña por
medio de la Biblia cuando reza: ama a tu prójimo como a ti mismo. Este
tipo de amor es básico en todos los tipos de amor. Por él se entiende el
sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto
a cualquier otro ser humano, el deseo de promover su vida. El amor
fraternal (según Erich Fromm, en su libro “El Arte de Amar”) es el amor
a todos los seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad.
Si has desarrollado la capacidad de amar, no puedes dejar de amar a tus
hermanos. En el amor fraternal se realiza la experiencia de unión con
todos los hombres, de solidaridad humana, de solidaridad humana, de
reparación humana. El amor fraternal se basa en la experiencia de que
todos somos uno. Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento,
son despreciables en comparación con la identidad de la esencia humana
común a todos los hombres. Para experimentar dicha identidad es
necesario penetrar desde la periferia hasta el núcleo. Si percibo en
otra persona nada más que lo superficial, percibo principalmente las
diferencias, lo que nos separa. Si penetro hasta el núcleo percibo
nuestra identidad, el hecho de nuestra hermandad. Esta relación de
centro a centro.
El amor al pobre y al desconocido, son el comienzo al amor fraternal.
Amar a los de nuestra propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los
animales aman a sus vástagos y los protegen. El desvalido ama a su
dueño, puesto que su vida depende de él; el niño ama a sus padres, pues
los necesita. El amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a
quienes no necesitamos para nuestros fines personales. En forma
significativa, en el Antiguo Testamento, el objeto central del amor del
hombre es el pobre, el extranjero, la viuda y el huérfano y
eventualmente, el enemigo nacional, el egipcio y el edomita. Al tener
compasión del desvalido el hombre comienza a desarrollar el amor a su
hermano; y al amarse a sí mismo, ama también al que necesita ayuda, al
frágil e inseguro ser humano. La compasión implica el elemento del
conocimiento e identificación. “Tú conoces el corazón del extranjero”,
dice el Antiguo Testamento, “puesto que fuiste extranjero en la tierra
de Egipto... ¡Por lo tanto ama al extranjero!
Alguien dijo: Debemos amarnos unos a otros o morir. Yo no sé que
significa exactamente amarnos unos a otros. ¿Tu sí? Hace casi dos mil
años, el apóstol Pablo lo describió en uno de los pasajes más hermosos e
instructivos jamás escrito:
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser
como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese el don de
profecía, y conociese todos los misterios, y toda ciencia, y si tuviese
toda la fe de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor,
nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los
pobres y si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, de
nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia,
el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no
busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la
injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las
profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.
Porque parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo
perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño,
hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya
fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo,
obscuramente; mas entonces le veremos cara a cara. Ahora conozco en
parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la
fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el
amor[5].”
El amor materno es una afirmación incondicional en la vida del niño y
sus necesidades. La afirmación de la vida del niño presenta dos
aspectos: uno es el cuidado y la responsabilidad absolutamente
necesarios para la conservación en la vida del niño y su crecimiento. El
otro aspecto va más allá de la mera conservación. Es la actitud que
inculca en el niño el amor a la vida, que crea en él el sentimiento: ¡es
bueno estar vivo, es bueno ser una criatura, es bueno estar sobre la
tierra! Estos dos aspectos del amor materno se expresan muy claramente
en el relato bíblico de loa creación. Dios crea al mundo y al hombre.
Esto corresponde al simple cuidado y afirmación de la existencia: Pero
Dios va más allá de ese requerimiento mínimo. Cada día posterior a la
creación de la naturaleza y el hombre “Dios vio que era bueno”. El amor
materno en su segunda etapa, hace sentir al niño: es una suerte haber
nacido ; inculca al niño el amor a la vida y no sólo el deseo de
conservarse vivo. La misma idea se expresa en otro simbolismo bíblico.
La tierra prometida (la tierra es un símbolo materno) se describe como
“plena de leche y miel”. La leche es el símbolo del primer aspecto del
amor, el de cuidado y afirmación. La miel simboliza la dulzura de la
vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo. La mayoría de las
madres son capaces de dar “leche”, pero muy pocas pueden dar “miel”
también. Para estar en condiciones de dar miel, una madre debe ser no
sólo una “buena madre”, sino una persona feliz (y no son muchas las que
logran alcanzar esa meta). No hay peligro de exagerar el efecto sobre un
niño. El amor de la madre a la vida es tan contagioso como su ansiedad.
Ambas actitudes ejercen un profundo efecto sobre la personalidad total
del niño; indudablemente es posible distinguir entre los niños (y los
adultos) los que sólo recibieron “leche” y los que recibieron “leche y
miel”.
Resumiendo podemos decir que el amor fraterno es amor entre hermanos; el
amor materno es amor por el desvalido. Diferentes como son entre sí,
tienen en común el hecho de que, por su misma naturaleza, no están
restringidos a una sola persona. Si amo a mis hermanos, amo a todos mis
hermanos; si amo a mis hijos, amo a todos mis hijos; no, más aún, amo a
todos los niños, a todos los que necesitan mi ayuda. En contraste con
ambos tipos de amor está el amor erótico: el anhelo de fusión completa,
de unión con una única otra persona. Por su propia naturaleza, es
exclusivo y no universal; es también quizá, la forma de amor más
engañosa que existe.[6]
En primer lugar, se confunde fácilmente con la experiencia explosiva de
“enamorarse”, el súbito derrumbe de las barreras que existían hasta el
momento entre dos desconocidos. Tal experiencia de repentina intimidad,
por su misma naturaleza, de corta duración. Cuando el desconocido se ha
convertido en una persona íntimamente conocida, ya no hay más barreras
que superar, ningún súbito acercamiento que lograr. Se llega a conocer a
la persona “amada” tan bien como a uno mismo. O quizá, sería mejor decir
tan poco si la experiencia de la otra persona fuera más profunda, si se
pudiera experimentar la infinitud de su personalidad, nunca nos
resultaría tan familiar (y el milagro de salvar las barreras podría
renovarse a diario). Pero para la mayoría de la gente, su propia
persona, tanto como las otras, resulta rápidamente explorada y agotada.
Para ellos, la intimidad se establece principalmente a través del
contacto sexual. Puesto que experimentan la separatidad de la otra
persona fundamentalmente como separatidad física, la unión física
significa superar la separatidad.
Si el deseo de unión física no está estimulado por el amor, si el amor
erótico no es a su vez fraterno, jamás conduce a la unión salvo en un
sentido orgiástico y transitorio. La atracción sexual crea, por un
momento, la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal “unión” deja a los
desconocidos tan separados como antes, a veces los hace avergonzarse el
uno del otro, o aún odiarse recíprocamente, porque, cuando la ilusión se
desvanece, sienten su separación más agudamente que antes. La ternura no
es en modo alguno, como creía Freíd, una sublimación del instinto
sexual; es el producto directo del amor fraterno, y existe tanto en las
formas físicas del amor, como en las no físicas. El amor erótico, si es
amor, tiene una premisa. Amar desde la esencia del ser.
Otro aspecto de amor que me interesa plantear en este libro es el amor a
sí mismo, se supone que a medida que me amo a mi mismo, amo a los demás.
No sólo los demás, sino nosotros mismos, somos objeto de nuestros
sentimientos y actitudes; las actitudes para los demás y para nosotros
mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas, es
decir, el amor a los demás y a nosotros mismos no son alternativas; por
el contrario, en todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará
una actitud de amor a sí mismo. El amor genuino constituye una exprsión
de la productividad, y entraña cuidado, respeto, responsabilidad y
conocimiento. No es un afecto en el sentido de que alguien nos “afecte”
sino un esforzarse activo arraigado en la propia capacidad de amar y que
tiende al crecimiento y la felicidad de la persona amada.
Amar a alguien es la realización y concentración del poder de amar. La
afirmación básica contenida en el amor se dirige hacia la persona amada
como una encarnación de las cualidades esencialmente humanas. Si te amas
a ti mismo, amas a todos los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra
persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte, pero si amas
a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona y
esa persona es a la vez Dios y el hombre.
La forma religiosa del amor, lo que se denomina amor a Dios, es desde el
punto de vista psicológico, de índole similar. Surge de la necesidad de
superar la separatidad y lograr la unión. En realidad, el amor a Dios
tiene tantos aspectos y cualidades distintos como el amor al hombre, y
en gran medida encontramos en él las mismas diferencias. Un hombre que
ama a Dios ve en Él el amor materno (incondicional) y el amor paterno
(condicional) y eso mismo es lo que le da tranquilidad a su corazón.
El amor más puro, más sublime, el amor que es amor, como dice Carlos
Fuentes; es el amor Ágape, que es el amor de Dios, el amor que da vida.
Este tipo de amor (para los creyentes) es lo que nos hace estar seguros
que somos amados y nos da la seguridad y la confianza de caminar con fe
esperanza y caridad en esta vida.
Emma Godoy en su libro Que mis Palabras te Acompañen anota unas
originales sugerencias para tener amor en tu vida: “Todo el conjunto de
leyes morales se resume en una sola palabra: ¡AMOR! Amor a ti, al
prójimo y a Dios. Haz diariamente actos positivos y reales de amor por
ti, por alguien, por tu Creador. Cada día más, hasta que tu, entero, no
seas sino amor. ¿Así te gusta la moral? Cualquier pecado consiste nada
más en que se faltó al mandamiento del amor; y es más o menos grave en
la medida en que se agredió al amor. Lee el Evangelio y lo verás. Por
eso cuando alguien le pregunta a Cristo: ¿Quién será el mayor en el
reino de los cielos? Él responde: ‘Aquel que tenga mayor caridad (amor),
sea quien fuere’. Quítate, pues, todo sentimiento de rencor, de odio y
aun de indiferencia para el prójimo. Lávate el desamor todas las noches
antes de dormir. Nunca te entregues al sueño con el corazón habitado por
el mal de los males. Y aprende a quererte, a estimarte, a desear para ti
lo mejor, o sea tu realización fecunda en obras magníficas. Ama a Dios.
Cuéntale tus miserias y también tus proyectos. Que vaya a tu lado, como
un amigo, en todos tus paseos y trabajos. La moral, vista como amor, ¿no
te resulta sumamente atractiva?”
Aprender sobre el amor lleva toda una vida. Cómo nos tropezamos y caemos
por el camino. Pero ¿qué don tan increíble es tener al amor como el gran
valor sobre el que se basan todas nuestras metas y se miden todas
nuestras acciones? Si trabajamos con intensidad para descubrir y
practicar el amor nuevamente en nuestras casas, nos sentiremos liberados
para fijarnos la visión que cambiará nuestra vida.
Ser, hacer y tener
Todo aquello en lo que el hombre pueda pensar y creer, seguramente puede
lograrlo. Al ir sustituyendo nuestro estado mental negativo con ideas
positivas, podemos cambiar radicalmente la percepción de nuestras
experiencias. A medida que estos pensamientos y conceptos negativos
comienzan a disminuir, actuaremos con mayor frecuencia con todo nuestro
poder. Nuestra acción (tanto mental como física) hacia nuestras metas,
será incesante e irrefrenable. Habremos aprendido a romper nuestras
barreras internas autocreadas que nos impiden llegar al éxito y al
progreso (Keever, 2000).
Por medio de la mente el ser humano es potencialmente capaz de mitigar o
trascender los acontecimientos. Siempre es posible, para cualquier tipo
de persona, elegir cómo reaccionar ante cualquier situación. Quien se
deja llevar por las circunstancias pasa a formar parte del problema. No
obstante, si te conviertes en observador de ti mismo y actúas con
integridad y compasión, dispondrás de la habilidad de dar una
connotación positiva a un suceso desagradable en el momento que tenga
lugar. En este caso, trascender significa superar una situación y
empezar de nuevo. Nosotros, los seres humanos, somos animales
lingüísticos y por ello tenemos la capacidad de trascender a cualquier
instante de nuestra existencia.
En el libro Conversaciones con Dios de Neale Donald Walsch anota algo
muy cierto: “Que la emoción es la energía en movimiento. Cuando se mueve
energía, se crea un efecto. Si se crea energía suficiente se crea
materia. La materia es energía comprimida. Si se manipula la suficiente
energía de una determinada manera, se obtiene materia. El pensamiento es
energía pura. Cualquier pensamiento que tengas, hayas tenido o vayas a
tener es creador. La energía del cuerpo nunca muere.”
El proceso de la creación se inicia con el pensamiento, una idea,
concepto o imagen mental. A continuación viene la palabra. Todo lo que
se dice es pensamiento expresado. Es creador y emite energía creadora al
universo. Las palabras son más dinámicas que el pensamiento, puesto que
las palabras constituyen un nivel de vibración del pensamiento. A
continuación viene la acción. Las acciones son palabras en movimiento.
Las palabras son pensamientos expresados. Los pensamientos son ideas
formadas. Las ideas son energías reunidas. Las energías son fuerzas
liberadas. Las fuerzas son elementos existentes. Los elementos son
partículas de Dios, son porciones del Todo, la sustancia del todo.
El principio es Dios. El final es la acción. La acción es Dios creando o
Dios experimentando. Esta anotación nos da la pauta para reconocer que
tu puedes ser parte importante en la creación de tu realidad. ¿Cómo
participar en la creación? Sencillo; fíjate el más alto pensamiento
sobre ti mismo; imagínate cómo serías si vivieras ese pensamiento cada
día; imagina lo que pensarías, harías y dirías y cómo responderías a lo
que los demás hicieran o dijeran.
Lógicamente, esto conlleva a identificar las diferencias de condiciones
entre un estado y otro; del estado real al deseado. Por lo tanto: Una
vez descritas las diferencias entre dónde estás y dónde quieres estar,
empieza a cambiar (cambiar conscientemente) tus pensamientos, palabras,
acciones, igualándolas con tu magnífica visión. Esto requerirá un
esfuerzo físico y mental tremendo. Supondrá un control constante,
momento a momento, de cada pensamiento, palabra y acto. Implicará una
continua toma de decisiones. Todo el proceso constituye un enorme
desplazamiento hacia la conciencia. ¿Quieres que tu vida despegue?
Empieza a imaginártela de modo como quieras que sea y busca
incansablemente alcanzarlo. Examina cada pensamiento, palabra y obra que
no se muestren en armonía con esa idea y aléjalos de ti.
Fíjate el más alto pensamiento sobre ti mismo; imagina cómo serías si
vivieras ese pensamiento cada día; imagina lo que pensarías, serías o
dirías, y como responderías a lo que los demás hicieran o dijeran;
celebra y disfruta todo lo que creas y has creado; rechazar cualquier
parte de ello significa rechazarte a ti mismo. Si hay algún elemento de
tu creación del cual no disfrutes bendícelo y simplemente cámbialo...
elige de nuevo... provoca una nueva realidad... piensa una nueva idea...
pronuncia una nueva palabra... haz algo nuevo.
Piensa en lo que quieres ser, hacer y tener. Piensa en ello a menudo
hasta que lo tengas muy claro; cuando logres dicha claridad, no pienses
en nada más. No imagines otras posibilidades. Disciplina tu mente para
que mantenga con firmeza el pensamiento creador original. Cuando tus
pensamientos sean claros y firmes empieza a hablar de ellos como
verdades... grítalos fuerte... utiliza el gran mandato que hace surgir
el poder creador Yo soy a los demás. Yo soy constituye la más poderosa
afirmación creadora del universo. Sea lo que sea lo que pienses, sea lo
que sea lo que digas, tras la palabra Yo soy ello pondrá en movimiento
dichas experiencias, hará que surjan, las llevará a ti. Aprende a
controlar tus pensamientos, a pensar en lo que quieres... cuando te
sorprendas a ti mismo teniendo pensamientos negativos, piensa otra
vez... hazlo literalmente... si piensas que estás abatido, hecho polvo y
de allí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que tu
vida se rompe a pedazos y que nunca lo podrás recomponer, piensa otra
vez.
Repite 50 veces la visión que tienes de ti durante 90 días, o si lo
prefieres escribe una página diaria durante el mismo tiempo. Si lo haces
de esta manera, quedarán implantadas en tu estructura psicológica y
empezarán a formar parte de ti. Tanto si piensas que puedes como si
piensas que no puedes, sea como sea, estarás en lo cierto. A esta
declaración le llamaremos en lo sucesivo “Contrato”.
Ejemplo:
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Yo soy un hombre inteligente, maduro, responsable, saludable
Si ya has logrado alguno de los atributos que estás trabajando, entonces
puedes cambiarlo por otro que quisieras declarar. Tu energía fluirá
hacia el aspecto en el que centres tu atención. Sólo conseguirás atraer
aquello que poseas. Lo semejante se atrae. La vida es como el eco: Si no
te gusta lo que estás recibiendo, presta atención a lo que estás
emitiendo. Cualquier manifestación en tu Universo físico es coherente
con tu emisión de energía. Todo tiene un precio, nada es gratis en este
Universo.
Alguien dijo: Una buena idea vale cien pesos, pero el plan para llevarla
a cabo vale un millón de pesos. Un buen líder cuenta con un plan y Jesús
tenía uno. Algunas veces el plan puede empezar con un simple objetivo.
Dios tenía un plan para su Hijo y Jesús conocía su misión y no se desvió
de ella. Declaraba que su misión era, en esencia, enseñar a la gente un
mejor modo de vida; se veía a sí mismo como maestro y como médico.
Recuerda siempre que tu primera naturaleza consiste en amar
incondicionalmente, tu segunda naturaleza consiste en decidir expresar
tu primera naturaleza, conscientemente. La vida es una creación, no un
descubrimiento. No vives cada día para descubrir qué te espera ese día,
sino para crearlo. Estás creando tu realidad cada minuto, probablemente
sin saberlo. He aquí el cómo y el porqué (Donald Walsch):
· Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.
· Dios es el creador.
· Somos tres seres en uno. Cuerpo, alma y espíritu.
· El proceso de creación procede de esas tres partes de nuestro cuerpo:
El pensamiento, palabra y obra.
· Toda creación se inicia con el pensamiento (procede del padre). Toda
creación pasa después a la palabra (pedid y se os dará, hablad y os
hará). Toda creación se completa con la obra (y el verbo se hizo carne y
habitó entre vosotros).
· Aquello que pensamos pero no decimos se crea a un nivel. Aquello que
pensamos y decimos crea a otro nivel. Aquello que pensamos, decimos y
hacemos se hace manifiesto en nuestra realidad.
· Pensar decir y hacer algo, si no creemos verdaderamente en ello, es
imposible. Por lo tanto, el proceso de creación debe incluir las
creencias o el conocimiento. Esta es fe absoluta. Es más allá de la
esperanza. Es conocimiento de una certeza (por vuestra fe seréis
sanados). En consecuencia la parte activa de la creación incluye el
conocimiento. Se trata de una claridad esencial, una certeza total, una
completa aceptación de algo en tanto real.
· Este nivel de conocimiento es el nivel de intensa e increíble
gratitud. Es un agradecimiento por adelantado. Y quizá sea esta la clave
más importante de la creación: Estar agradecido antes de, y por la
creación. Esta actitud de darla ya por hecha no es algo que haya que
perdonar, sino algo que hay que alentar. Es un signo seguro de la
cualidad de maestro. Todos los maestros saben por adelantado que la obra
se ha realizado.
· Celebra y disfruta todo lo que creas y has creado. Rechazar cualquier
parte de ello significa rechazarte a ti mismo. Sea lo que sea lo que se
presente como parte de tu creación, poséelo, reivindícalo, bendícelo,
agradécelo. Procura no condenarlo, puesto que condenarlo significa
condenarte a ti mismo.
· Si hay algún aspecto de tu creación del cual veas que no disfrutas,
bendícelo y simplemente cámbialo. Elige de nuevo. Provoca una nueva
realidad. Piensa una nueva idea. Pronuncia una nueva palabra. Haz algo
nuevo. Hazlo con magnificencia, y el resto del mundo te seguirá. Pídelo.
Exígelo. Di: Yo soy...
· De este modo se manifiesta la voluntad de Dios así en la tierra como
en el cielo.
Harás que tu vida despegue cuando, primero, logres pensar en ella con
suma claridad. Canalizando tus pensamientos, ejerciendo un control sobre
ellos, no es tan difícil como parece. Es cuestión de disciplina, es
cuestión de proponértelo. El primer paso consiste en aprender a
controlar tus pensamientos, a pensar en lo que piensas.
Cuando te sorprendas a ti mismo teniendo pensamientos negativos,
(pensamientos que nieguen tu más alta idea de ti mismo) piensa otra vez.
Hazlo literalmente. Si piensas que estás abatido, hecho polvo y que de
ahí no puede salir nada bueno, piensa otra vez. Si piensas que el mundo
es un lugar malo, lleno de acontecimientos negativos, piensa otra vez.
Si piensas que la vida se rompe en pedazos y te parece que nunca la
podrás recomponer, piensa otra vez.
Recuerda que la perseverancia es la condición para mantenerte en el
juego de tu vida. Date la oportunidad de crearte con un ser que pueda
dignamente ser llamado hijo de Dios.
Lo que el niño necesita; lo necesitas tu
¿Sabes lo que significa ser un niño? Significa creer en el amor, en la
hermosura, en las creencias; significa ser tan pequeño que los duendes
pueden acercarse a cuchichear a tus oídos; significa transformar las
calabazas en carruajes, los ratones en corceles, lo ruin en sublime, la
nada en todo, pues cada niño lleva en su alma su propia hada madrina
(Francisco Thompson). Los niños y tu necesitan:
· Amar a Dios.
· Recibir y dar amor.
· Comprensión.
· Aceptación.
· Reconocimiento.
· Apoyo.
· Libertad.
· Independencia.
· Confianza.
· Consejos.
· Control.
· Ser escuchados.
· Apoyo para descubrir el mundo.
· Ser investigadores (curiosos).
· Tener seguridad.
· Crecer.
· Jugar incansablemente.
· Soñar a ser grandes.
La pregunta de rigor: Si eres adulto y tienes hijos, ¿Estás participando
para que los niños tengan una infancia sana o eres un padre
irresponsable que está causando una gran herida interior a su hijo?
Ahora sigue tu turno: ¿Te estás amando lo suficiente que te das la
oportunidad de ser feliz y de generar lo que tanto necesitas? Medítalo
suficientemente, ríndete a las circunstancias y toma acción.
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_____
ERNESTO RODRÍGUEZ MOGUEL
Nació en Calkiní, Campeche en 1956. Radica en Cárdenas, Tabasco desde
1975. Es miembro de la sociedad de escritores de Tabasco Letras y voces
de Tabasco A. C. Cursó la carrera de Ingeniero Agrónomo y la Maestría en
Ciencias en Diseño Estadístico. Es profesor-investigador de la U.J.A.T.
y ofrece servicios de Consultoría a empresas e instituciones en “Sigma
A.C.” sobre:
Planeación Estratégica
Sistemas de Calidad ISO 9000/2000
Desarrollo Humano
Mercadotecnia e investigación
Ingeniería Ambiental
PUBLICACIONES
Editor de la revista Unidad Chontalpa (1994-1996)
Libros técnicos:
Lineamientos de investigación, 1994
Funciones de Tendencia, 1995
Metodología de la Investigación
Primera edición 1996
Segunda edición 1997
Tercera edición 1999
Cuarta edición 2002
Plaquetas de poesía y antologías:
Cal-k´ín, 1996
El Quebranto del Jade, 2000
Antologías:
A la Luz de los Naranjos, 1998,
De Miradas Azules y un Oscuro Encanto, 2000
Avis Diaria, 2001.
Libro de desarrollo humano:
Planeación Estratégica Personal, 2002
Libro de historia:
X Aniversario de la Unidad Chontalpa, 1997.
Obtuvo el primer lugar en el Certamen Estatal de Poesía 1997 y de
narrativa 1998 en el estado de Tabasco. Su obra literaria y científica
ha sido publicada por diversos medios.
RESCATA A TU NIÑO HERIDO
Por: Ernesto Rodríguez Moguel - ingemoguel@hotmail.com
[1] Si deseas ampliar más sobre el efecto del desierto en tu vida, te
recomiendo leas el libro Más allá del desierto.
[2] Pueblo indígena del sur y sureste de México.
[3] Te recomiendo leas el libro “El caballero de la armadura oxidada”.
[4] La pedagogía de Dios es: Ve, imita, comprende y sé. Analiza la
manera como Cristo enseñó a sus apóstoles.
[5] I Corintios 13:1-13
[6] Fromm, Erich. El Arte de Amar. Editorial Paidós. México. 2000. Pág:
55-60.
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