Esto sucede sí: uno se entrega pronto a una intimidad y vinculación
muy fuertes, Sin haber tenido el tiempo suficiente para descubrirse el
uno al otro.
Hemos saltado sobre el largo tiempo de la espera, de la búsqueda, en el
que se sueña con el otro, se espera su mirada.
¿Ha pasado el tiempo de los sueños? ¿Se extingue la pasión?, ¿no tienen
ya los jóvenes tiempo para descubrirse? .Aún peor: ¡habrá allí donde aún
es posible algo para descubrir, en una época en la que los sexos se
aproximan más y más, en la que los hombres se hacen femeninos y las
mujeres mascu¬linas sobre la base de una serle de arrolladoras
evoluciones morales y sociales!
Una francesa es tan atrevida como para afirmarlo. Se trata de Elizabeth
Badinter, quien es profesora de filosofía en Paris. Ya una vez ha
conmovido ha así gran publico a través de su afamada obra, “Amor
Materno”. En ella Madame Badinter rastrea la historia de un senti¬miento,
desde el siglo XVII hasta hoy, para probar impávidamente, como aún un
sentimiento tan íntimo y aparentemente natural en su origen, no es
nacido con la persona, sino que depende de condiciones sociales
atinentes a la cul¬tura.
Touche en el corazón: ahora va un paso más allá. Irreverentemente, aún
que con fundamento científico, Badinter dirige ya su mirada a las
parejas modernas. Y se dice que con esto ha conseguido dar en pleno
corazón de los franceses. Con su obra “Yo soy tú” las nuevas relaciones
entre hombre y mujer o la revolución andrógina, la profe¬sora trata sin
romanticismo alguno de los sentimientos románticos, desde hace siglos
patrimonio cultural de los franceses.
Por ejemplo nostalgia hogareña, afectos peligrosos, éxtasis y otras
sensa¬ciones vivificantes son desmitificados y despojados de su encanto
(charme) por la encantadora Francesa y declarados anacrónicos, fuera de
época.
Pues según una de sus más ardorosas tesis después de 1000 años de
auto¬ridad patriarcal, se ha producido en los últimos 20 o 30 años en
los países occidentales, un cambio que se arraiga en lo más profundo.
El hombre y la mujer, son gracias a él, empujados a abandonar los
espacios y roles, disociados (disociantes) y aislados (aislantes) que
les fueran tradicionalmente asignados. El antiguo principio del
complementarismo, de la diferen¬ciación de los sexos resulta
reemplazado, en un arrollador proceso de la civi¬lización; por el
principio de la igualdad.
Los opuestos se diluyen mientras las similitudes se agrandan; el otro no
es ya más un “continente lleno de misterios”, cuyo acertijo solo el amor
penosamente conquistado es capaz de resolver.
De allí sale el vértigo de la pasión. Pues según Madame Badinter “es
ella la que excluye las pruebas, los obstáculos y las prohibiciones. No
puede ser separada de las infracciones a la ley moral y social…”
Aún en los años 50 eran vigentes tales leyes. Lo reflejan por ejemplo
los films de aquella época. El aburrido proceso de la conquista amorosa
compues¬to de trampas y resistencias era el fundamento.
Aquella que entonces era joven, temblaba en la platea y se preguntaba si
aquellos dos de arriba se gustaban o no. La última escena era sin duda
her¬mosa, cuando bien acompañada de música, resultaba en la unión de
ambos cuer¬pos. Esta última garantizaba la fusión de los corazones en
uno.
Hoy, en la pantalla como en la realidad, las cosas son más rápidas. Y se
sabe que no solo en Francia. Los padres de hijos adolescentes
habitualmente "no dramatizan”, cuando su hijo tiene una relación íntima.
Al contrario, uno se alegra, cuando los hijos saben de qué se trata.
La sociedad con sus cada vez más duras ofertas educativas, presión de la
competencia y falta de perspectivas laborales, se muestra de todos
modos, a través de creciente frialdad y anonimato.
Es aquí donde cobra importancia el calor y la intimidad del "cajón de
las relaciones” en el que uno se desliza velozmente ante la inclemencia.
No importa que no sea eterno, ¿Quien sabe que será del mañana, en lo
labo¬ral, en lo político y en la salud…?
Para la pregunta ¿que es realmente lo normal?, la generación de nuestros
padres en los 50 habría tenido solamente una respuesta: ¡desde ya la
familia! Con el padre que trae el dinero a casa y la madre que atiende y
provee a la casa y a los niños, para que alguna vez también ellos puedan
obte¬ner una vida decente. Sonreían compasivamente y con suspicacia ante
las “formas de vida desviadas” De la tía que no se casó, la que no
consiguió ninguno. Uno se condolía. La vida de pareja no legalizada que
llevaban Jean Paul Sartre y Simón de Beuvolr pasaba por la pura
provocación. Algo así le perdonaba uno a los intelectuales excéntricos,
nunca a la propia hija. Un hijo fuera del matrimonio era una vergüenza,
y algunas madres apenas podían soportar que su hija se separase después
de 10 años de unión.
Entretanto, los casos normales apenas se distinguen de los especiales.
Los que viven solos, ya no más figuras sombrías, conforman de todos
modos un tercio del total de las familias; parejas sin “fe de
matrimonio” pasan lar¬gamente el millón, según una apreciación del
Ministerio de la Familia Fran¬cés. Los padres que crían solos a sus
hijos crecen en número.
Mientras tanto, 1,3 millones dé niños viven con el padre o la madre
soli¬tarios, que los cría. Que una mujer sola concientemente tenga un
hijo, sin la documentación matrimonial ni socio aparente, ya no es
ningún drama. También van apareciendo los primeros padres (ellos) solos
que defienden valientemente sus derechos.
¿Que fue de la familla chica clásica? Si uno se lleva por las más
recien¬tes investigaciones del Deutsche Ingendin stltuddnatl tuto alemán
para los jóvenes, ha caído del 80 al 40$ el total de las familias, un
cambio digno de atención ¿pero será también causa para preocuparse?
Tiene que ver con la pregunta ¿que está pasando con la familia?, que es
justamente el título de un amplio estudio sobre la situación de la
familia hoy día, presentado ha¬ce poco por el instituto alemán para la
juventud de la ciudad de Munich. Sin embargo, ya en el prólogo del
trabajo conjunto llevado a cabo por más de 50 renombrados científicos es
relativizada la preocupación: la queja por una "crisis de la familla” es
prácticamente tan antigua, como la interp¬retación política y sobre todo
la investigación científica de la misma.
Los editores advierten varias veces, que la muerte, enfermedades o
derro¬ta de la pareja y la familia, se producirán continuamente siempre
que las viejas costumbres trasmitidas y aceptadas sean cuestionadas y
despojadas de la fuerza que han sabido tener como probadamente
positivas…
Fuera con los esquemas de vida rígidos; bienvenido el libre despliegue y
revelación del propio yo. Así se perfila, según muchos científicos, la
evi¬dente tendencia actual hacia el individualismo en nuestra sociedad
de ries¬go, ¿abnegación y renuncia al mejor estilo de nuestras abuelas?
eso ya no pa¬rece estar más en “vogue”. "Yo hago lo que yo hago, y tu
haces lo que tú haces". No estoy sobre este mundo para estar a tu
servicio y viceversa. Si casualmen¬te nos encontramos, maravilloso; y si
no mala suerte. Nada se puede hacer: “es como la muerte...” Así reza un
poema muy citado de una afamada terapeuta.
¿Detrás de tal concepto sobre la vida no acechará la soledad? ¿La
extre¬ma carencia de vínculos?. También sobre esto ha meditado nuestra
Elizabeth Badinter. Su hallazgo: la soledad no es ya para muchos jóvenes
un fantasma estremecedor, comparada con el infierno de una vida
equivocada para dos.
Que esta vida para dos no debe necesariamente fracasar, de ello la mejor
prueba es la misma profesora de muchachas en filosofía, madre de tres
adolescentes y feliz esposa. En lugar de falsas expectativas, anhelos
incumplidos y todos los sentimientos profundos que causan sufrimientos y
poca felici¬dad, habría según su parecer, algo nuevo y bueno para
Intentar: ternura, afecto fraternidad (camaradería), confianza.
Si el hombre y la mujer se atreven valientemente a escaparse de sus
vie¬jos roles (salir del cajón}, pueden llegar a ser “compagnons”
(socios compañeros), gente que parte entre sí su pan y respeta
recíprocamente la libertad de cada uno. Nada más ni nada menos.
Pedagogo.
Licenciado en Matemáticas, Master en Pedagogía. Actual director del
Instituto Icep de Enseñanza y de Investigaciones de Rosario, Santa Fe,
Argentina. Ex director del la Sociedad Cultural Mexicana en México DF,
actual Miembro de la Red Universitaria del Banco Interamericano de Ética
y Desarrollo para Ibero América, Es conferencista sobre la temática de
sociología y ética conductual del individuo, sus artículos constan en la
biblioteca virtual BID, en la OEI, y n el Ministerio de Cultura de
España.
Web: ar.geocities.com/insticep
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