Cultivando la voluntad

Autor: Ing. Carlos Mora Vanegas

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20-01-2009

El hombre que despierta y se da cuenta de que ha triunfado, no ha estado dormido. Anónimo.

Mientras permanecemos en este plano, es significativo que no nos descuidemos en el cultivo de nuestra voluntad, porque esta encierra una capacidad energética que genera vibraciones que nos dan seguridad, nos ayudan a crecer, a mantenernos auténtico en todo aquello que deseamos alcanzar.

Sobre la importancia de no descuidar la voluntad, encontramos muchas líneas escritas, al respecto, el psiquiatra Rank decía: «el ser humano experiencia su individualidad en términos de su voluntad, y esto significa que su existencia personal es idéntica a su capacidad para expresar su voluntad en el mundo». Como, en general, la persona no está consciente de su ser, tampoco lo está de la más directa función de este ser: la voluntad.

Network-press.org. nos indica, que los escolásticos siguiendo a Aristóteles y a santo Tomás define la voluntad como un rationalis appetitus. Esto debe entenderse así: Existe en el hombre tendencias o apetitos sensitivos que tienen como objeto adecuados los bienes materiales, pero existe además en el hombre un apetito racional cuyo objeto material adecuado es el bien en cuanto tal, por tanto todo el bien. Racional significa que ese apetito tiende a aquellos objetos que ha aprendido por las facultades superiores de la inteligencia o la razón, naturalmente que por ambas facultades puede aprender también bienes materiales que también serán objeto de la facultad volitiva; más aún, algunos bienes materiales sólo podrá conocerlos por la inteligencia o la razón, por las relaciones del pensamiento.

Para que cualquier apetito humano se sienta estimulado debe preceder el conocimiento, según el sabido aforismo Nihil Vilitum quin precognitum, no se puede querer más que lo que se conoce. La voluntad no es más que una capacidad de aspiración o tendencia subordinada al conocimiento reflexivo, transmitida por éste y acorde con su esencia».

La tendencia y el apetito sensitivo ceden el paso a un acto nuevo que es la volición, a una tendencia que sigue al conocimiento intelectual o racional.

Alcione nos indica por su parte, que hay comúnmente dos concepciones unilaterales de la voluntad. La primera es la de reprimir o inhibir impulsos instintivos, usando la fuerza, tal como se doma a bestias salvajes. La segunda es la de empujar con fuerza, como hace un hombre al tratar de mover un vehículo cuyo motor no funciona.

Victor Manuel Guzmán por su parte nos comenta, que La voluntad es el poder que el alma tiene para determinar, con consciencia y reflexión, a un acto libremente escogido.
Y en esto consiste precisamente el arte de educar la voluntad: en saber desarrollar la facultad de dirigir sus actos, restringiendo la esfera del impulso mecánico y el imperio del capricho, para que el alma sea completamente dueña y señora de todas las energías. El humano posee tanta más fuerza de voluntad cuanto mejor sabe sustraerse al dominio de las fuerzas exteriores y más perfectamente gobernar los impulsos vitales que brotan del interior de su ser. Cosa difícil es hallar un ser humano completamente dueño de su voluntad. Los humanos generalmente hablando se dividen en dos grandes grupos: apáticos y violentos. En los apáticos el impulso interno es casi nulo; las fuerzas vitales permanecen como sepultadas en la inacción, y en su actividad tan débil e insuficiente que no llega casi nunca a ponerse en consonancia con lo que exige de ellos el deber. Esta languidez de espíritu, este abatimiento al esfuerzo es la enfermedad de la voluntad más universalmente extendida y al propio tiempo la más peligrosa.

Indica Roberto Assagioli, que en la vida cotidiana es posible dejar algunos momentos para ejercitar la voluntad en pequeñas cosas, como levantarse unos veinte minutos más temprano para hacer unos pocos ejercicios físicos; irse a la cama a una hora fijada de antemano, a pesar de un atractivo programa en la televisión, por ejemplo. Cada uno podrá idear el hacer un par de cosas diariamente en contra de las ganas de no hacerlas.

Una advertencia importante: no hablar de esto con otras personas, ni aún con la laudable intención de inducirlos a seguir este camino. El hablar del tema descarga las energías que se necesita acumular para el esfuerzo. Además, esto puede provocar fácilmente reacciones escépticas o cínicas que pueden hacerlos dudar o desalentarse. Hay que trabajar en silencio.
perso.wnadoo.es. sobre ella señala, que si la voluntad es pasiva y la libertad es capacidad de moverse por sí mismo hacia un fin, no podemos centrar la libertad sólo en la voluntad. La libertad radica en la persona, en ese alguien íntimo que constituye el “yo” y hace querer o no querer a la voluntad, que es necesariamente movida al bien. El modo puede ser a través de la inteligencia –el intelecto agente la mueve- y el bien conocido lo quiere. Así se entiende el nihil volitum nisi praecognitum. Aunque podemos admitir un influjo directo en la voluntad, un ámbito de libertad en ella, pues puede oponerse al bien conocido, es más puede llevar a justificar un malquerer a la inteligencia, o mejor a la razón, e incluso puede querer mal lúcidamente, como se da en el peor de los pecados posibles como es el odio a Dios, dificilísimo de entender. Este proceso radica en el juicio, que no se detiene hasta que la voluntad decide.

Las encontradas posiciones sobre la prevalencia de la inteligencia o la voluntad en el hombre conviene retrotraerlas al origen principal de la persona, pues así se entienden muchas cosas.
Se comenta, que la historia es rica en posiciones cuando se ha intentado conocer la voluntad humana observando sólo al hombre. Es necesario observar su motor externo que es el Bien absoluto, y su origen personal interno que es el acto de ser participado de ese Bien. El Bien absoluto y el bien personal se buscan en un encuentro entre la libertad infinita y la libertad finita que llamamos comunión en el bien amoroso. Veamos, por ejemplo, la historia, existen “pluralidad de versiones de la voluntad que aparecen en la historia de la filosofía. En los griegos comporta siempre carencia o falta de perfección, y es un tema secundario; por tanto, pertenece al ser temporal, pero no a la eternidad. Desde el cristianismo, la voluntad empieza a reclamar mayor atención; hay que poner la voluntad en Dios. Ello incita a una nueva interpretación: la voluntad puede ser plenaria. Ahora bien, de la plenitud de la voluntad deriva la discusión en torno a su eventual prioridad respecto del intelecto. El voluntarismo moderno, que parte de Ockham, muestra una deriva negativa y crítica que arruina el carácter plenario de la voluntad, y tergiversa la intelección reduciéndola a representación. De esta manera no se logra una versión de la voluntad legítima y superior a la griega. Así, en Schopenhauer, que le concede una importancia que los griegos le negaron, lo primario como voluntad se resuelve en dolor.

Tómese en consideración cita Víctor Manuel Guzmán Villena, que todo se doblega ante una voluntad firme, aun los seres inanimados y la misma fuerza bruta. Gracias a la perseverancia en el trabajo y la tenacidad en los proyectos, la naturaleza revela a la voluntad humana sus secretos y sus recursos: por esta razón se ha dicho que el genio es la paciencia sufrida y perseverante, y es cosa averiguada que la voluntad no tiene menos parte que el talento en los más admirables descubrimientos y en las más atrevidas empresas.

El valor intelectual es, generalmente hablando fruto y resultado de la voluntad. Dos inteligencias de iguales alcances obtienen frecuentemente muy diferentes resultados, según sea la voluntad que las dirige: el talento sea el que fuere, no se desarrolla y vigoriza sino mediante el continuo ejercicio. Es cosa averiguada que, las más de las veces, la fecundidad de un sabio depende de la fuerza de atención del individuo, pues nada produce si se le divide y distrae en diferentes cosas. Fijo en una sola por la atención, la penetra y profundiza al par que se enriquece. Pero la atención es fatigosa; no se consigue sin esfuerzo y sin lucha, y es el más ventajoso resultado y quizá la más exacta medida de la fuerza de voluntad.

La voluntad, para Santo Tomas, es un tipo de apetito. Un apetito es la inclinación de un ser hacia lo que es bueno y adecuado para el. Los seres sin conocimiento poseen meramente el apetito natural; la tendencia para actuar en modos determinados que están de acuerdo a sus naturalezas. Por ejemplo, ciertos elementos tienden a unirse con otros para formar ciertos compuestos; los árboles tienden a capturar y almacenar energía del sol por medio de la sustancia de la clorofila en sus hojas. Estas tendencias son inconcientes, ciegas, y determinadas extrínsecamente por las leyes naturales de las sustancias materiales. Se dicen apetito solo por analogía, por virtud de una cierta semejanza al apetito propio.

Ing. Carlos Mora Vanegas

El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)

cmoraarrobapostgrado.uc.edu.ve

camv12arrobahotmail.com

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