Implicaciones del uso del lenguaje a nivel cultural e institucional

Autor: Luciana Fracchia

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05-01-2012

Desde nuestro Espacio de Estudio os hemos propuesto la posibilidad de abrir un lugar para pensar sobre los conflictos que la sociedad y la cultura nos plantean. En este sentido, cuando decimos que es una buena costumbre que se ha ido perdiendo, es porque efectivamente, asistimos a un cambio simbólico que toca a la civilización en su conjunto y que se encuentra en directa relación con el cierre, la obturación, la anulación de los espacios para hablar de aquello que nos preocupa.

En cualquier caso, sería un error poner todo el peso del lado de la civilización y sus avances técnicos científicos, ya que es sabido, que a lo largo de la historia de la humanidad, han sido justamente las reuniones de ciudadanos comprometidos, las que han permitido arquitectar los cambios sociales.

En este mismo sentido somos nosotros los adultos, los encargados de transmitir la cultura a los jóvenes de hoy. Y es por esto que somos responsables de ir abriendo, cada vez más, espacios de reflexión que beneficien las posibilidades de la educación de hoy para el futuro.

¿Por qué decimos que poder interrogarse produce efectos en el sujeto? ¿Por qué creemos que estos efectos se traducen en modificaciones tanto a nivel familiar como institucional? ¿Por qué para hablar de educación, el primer tema propuesto es el lenguaje? Y por último, ¿Cuál es el verdadero poder de la palabra? ¿Cuáles son los elementos que se juegan según vuestro parecer, en el complejo proceso de aprender?

Sin duda, el lenguaje tiene un lugar privilegiado en cuanto a la constitución del psiquismo de un sujeto y sus posibilidades futuras de aprender. Pero también, en cuanto a las posibilidades de existencia de una cultura y la transmisión de un saber.

Lévi-Strauss , en una conferencia en la que participaban lingüistas y antropólogos, abre el debate sobre la relación existente entre el lenguaje y la cultura, proponiendo tres puntos de vista distintos, el primero consideraría el lenguaje un producto de la cultura, el segundo lo consideraría parte y el tercero la condición misma de la cultura. Aunque Lévi-Strauss prefiere finalizar el debate tomando una posición intermedia, tomaremos este tercer punto de vista, el cuál expresa del modo siguiente: se puede considerar el lenguaje como condición de una cultura, y esto en un doble sentido: diacrónico, puesto que el individuo adquiere la cultura de su grupo principalmente por medio del lenguaje; se instruye y educa al niño mediante el habla; se le reprende y se le halaga con palabras. Desde un punto de vista teórico, el lenguaje aparece también como condición de la cultura en una medida en que esta posee también una arquitectura similar a la del lenguaje. Una y otra se edifican por medio de oposiciones y correlaciones, es decir, de relaciones lógicas.

Entonces, para Lévi–Strauss, la cultura es un conjunto de sistemas simbólicos que comparten tanto el lenguaje como las reglas matrimoniales, las relaciones económicas, el arte, la ciencia y la religión y que tiene una cierta relación entre sí. Esta trama simbólica constituye incluso su forma de subjetivar la realidad, de pensar y actuar. Tanto las prohibiciones como lo permitido, crean los límites para contener el precipitado simbólico que es un sujeto o una cultura.

Según mi parecer, una de las relaciones más importantes entre lenguaje y cultura, es que, el lenguaje es el vehículo de transmisión de todas estas reglas que conforman la cultura de una sociedad en particular. El sujeto adquiere la cultura por medio del lenguaje, pero a su vez instituciones y estructuras elementales de la cultura como la familia, son impensables sin el lenguaje. Preguntémonos, por ejemplo, cómo se podrían haber fundado instituciones como la familia o la sociedad, sin unas mínimas reglas de base que delimiten lo que éstas son, y, a su vez, sin un lenguaje que transmita estas leyes que las sostienen.

Pero, aún cuando el sujeto adquiera la cultura por medio del lenguaje, hay que destacar, que el lenguaje ya estaba allí previamente. Es en este sentido que el Dr. Lacan , nos dice que el lenguaje con su estructura, preexiste al sujeto. Es más, llega a decir que el sujeto es siervo del lenguaje, está determinado por él, en tanto que, antes de su nacimiento ya es hablado por sus padres y viene a inscribirse a ese lugar que le da el deseo de sus padres. Este deseo es por supuesto un deseo inconsciente, ya que cómo iremos viendo a lo largo de este curso, la experiencia analítica demuestra que el sujeto se desdobla en cuanto tal, no conociendo los fundamentos de sus más profundos de su deseo. Esto es, porque este deseo está hecho de lenguaje, un lenguaje que es en primera instancia el lenguaje de los padres, pero a su vez, es también herencia de un discurso, aquel que se ha ido transmitiendo a través del lenguaje de generación en generación.

Freud hace una importante reflexión en este sentido, diciendo que, si los procesos psíquicos de una generación no siguieran desarrollándose en la siguiente, cada una de ellas se vería obligada a comenzar desde un principio el aprendizaje de la vida, lo cual excluiría toda posibilidad de progreso en este terreno.

Se plantea en este sentido dos interrogantes: uno por la amplitud que debemos atribuir a la continuidad psíquica dentro de estas series de generaciones y otro por los medios y caminos de que se sirva cada generación para transmitir a la siguiente sus estados psíquicos.

Admite que, si bien, ninguna generación posee la capacidad de ocultar a la siguiente hechos psíquicos de cierta importancia, la comunicación directa o la tradición, no constituyen una explicación suficiente sobre cómo las generaciones ulteriores han conseguido asimilar la herencia afectiva de las que le precedieron, ya que la represión actúa, sea de modo consciente en cuanto a datos puntuales, sea inconsciente, dejando tras de sí ciertas deformaciones en la historia, con las que cada sujeto tendrá que arreglarse, pero que originan a su vez determinadas reacciones.

Y es a este punto exactamente al que quería llegar, a las lagunas que la transmisión por el lenguaje deja tras de sí, en cuanto a lo que a la verdad histórica se refiere. La experiencia analítica nos enseña, que la verdad no puede objetivarse en modo decisivo, en tanto que la necesidad de ser transmitida por la palabra la hace en sí misma inasible. Digamos que, cada palabra y cada historia, será reinterpretada y tomará un sentido determinado para cada sujeto, que sin duda, no será el mismo que para cualquier otro. Proponiéndosenos aquí un ejemplo muy claro, que es el de hermanos de idénticos padres. Alguno de vosotros podría objetar, que por ser tocados por contingencias existenciales completamente diversas, tanto en cuanto al momento del deseo en que sus padres los engendraron, cuanto que, por ser sujetos distintos tiene versiones completamente divergentes de la realidad, pero, siguiendo en esta dirección, diré que hermanos gemelos nos demuestran cuán heterogénea puede ser la vivencia de una misma historia, en un mismo contexto y momento determinado. Dependiendo en cualquier caso de lo que más tarde, cada uno de ellos pueda construir por sí mismo, para suplir ese vacío.

Es por esto, que Lacan habla del mito, en tanto aquello que da una formula discursiva a lo que no se puede transmitir en la definición de la verdad. Se trata de un sentido único, construido por un sujeto, con los jirones de la historia personal que pudo rescatar, esto es, los restos de lo visto y oído, que ha quedado en el recuerdo. Así pues, se construye un mito, que viene al lugar de lo no sabido, de lo que no se llegó a comprender, de lo traumático, ya que aquello que la palabra no alcanza a explicar, viene para nosotros, sujetos de lenguaje, al lugar de lo traumático. Es por esto que Freud toma de la mitología griega la tragedia de Edipo, para explicar algo de lo traumático, de lo no dicho por el discurso de la época, pero que él consideraba de importancia, pues lo no dicho, se transmite como reprimido, y en tanto herencia afectiva, tiene un peso en la constitución del psiquismo.

Para no tomar el mito, que seguramente ya conocen, y así, no acrecentar lo que de imaginario se juega en él, que desgraciadamente lleva a malas interpretaciones a aquellos que no conocen la teoría, tomaremos un bello texto freudiano que permite, a través de su agudeza descriptiva de fenómenos observables en el desarrollo del sujeto infantil, entender lo que el psiquismo infantil hace con el vacío de saber y la angustia inherente.

Freud nos plantea, que todo sujeto tiene que pasar forzosamente, por la experiencia de separarse de sus padres en el curso de su desarrollo. Liberarse de esta autoridad, dice, es una de las más dolorosas pero también una de las más necesarias tareas que este deberá atravesar. Afirmando a su vez que el fracaso de dicha tarea es un punto de inflexión en el desencadenamiento de una neurosis.

Cuenta que para el niño pequeño sus padres son, al principio, la única fuente de autoridad y fuente de toda fe. Siendo su deseo más intenso y decisivo llegar a parecérseles. Pero a medida que progresa en el desarrollo intelectual, es inevitable que el niño comience a percibir que sus padres distan mucho de la perfección que la inocente imaginación infantil les atribuía. Así es como este sentimiento de disconformidad lo lleva a emprender la crítica de sus propios padres y la comparación con otros ideales. Este incipiente extrañamiento de los padres, dice Freud, que puede designarse como la novela familiar del neurótico.

Efectivamente, Freud remarca como rasgo característico de la esencia de la neurosis una intensa actividad imaginativa, que se manifiesta primero en los juegos infantiles, y domina más tarde hacia la época prepubertad todas las relaciones familiares, persistiendo incluso más allá de la pubertad, a modo de ensueño diurno, que sirven a la realización de deseos y a la rectificación de aquellas experiencias cotidianas que puedan haber provocado la angustia del pequeño fantaseador.

Todas estas ficciones aparentemente tan plenas de hostilidad por parte del niño, no son más que un primer intento de separación de sus padres. Este intento de separación habrá de actualizarse en el futuro, en tanto el sujeto vuelva a encontrarse frente a nuevas situaciones de separación que traerán consigo una reelaboración, con el resultado de una nueva síntesis. Se trata de una reactualización, no en tanto sucesión de etapas cronológicas, sino en cuanto momentos lógicos por los que atraviesa cada sujeto en particular. Siendo este carácter subjetivo del proceso, un importante detalle a tener en cuenta, pues, la ficción que cada niño haya podido elaborar, tiene un carácter más o menos fijo a lo largo de su desarrollo. Digo más o menos fijo, porque cada nuevo proceso de separación y duelo consiguiente, irá permitiendo que se produzca rectificaciones. Son estas rectificaciones a las que apela la experiencia analítica.

Entonces, si el niño, desde esta perspectiva, es sujeto activo y responsable de la interpretación única que pueda darle a los eventos de su vida, es por otro lado, necesario remarcar el papel que le venimos dando a la herencia discursiva de ficciones familiares. Éstas tomarán todo su valor, en tanto vivencia de lo contingente, que el niño haya podido ver y oír, a lo largo de su existencia. Quedando de este modo implícita la magnitud que el discurso familiar toma en la constitución del psiquismo infantil.

En última instancia, la palabra, es el único modo en el que podemos transmitir aquello que deseamos, solo que ésta, se encuentra preñada de significaciones particulares. Estas significaciones que cada uno de nosotros atribuimos a las palabras, nos vienen dadas, en función de nuestras vivencias, de nuestra historia y de las interpretaciones que personalmente hicimos de ellas. En general, estas interpretaciones son modos, más o menos estables, de dar sentido a las cosas que nos suceden. Por esto es que decimos, que el malentendido es inherente a la comunicación entre los seres que hablan, pues, cuando hablamos, lo hacemos desde nuestras ficciones, las que nos permiten una lectura de la realidad, entre tantas otras.

Luciana Fracchia - lucianafracchiaarrobaorientarte.com.es

Licenciada en Psicóloga. Psicoanalista en Alicante. Responsable de ORIENTARTE. Máster en Psicoanálisis.

www.orientarte.com.es

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