Humanismo en el Renacimiento. El culto del hombre por el hombre

Autor: Juan Manuel Olivar Robles

Pensamiento económico

18-11-2010

La Edad Media consideraba que Dios estaba por encima de todas las cosas por ser el creador del universo. Así pues, estaba por encima del hombre y que a su vez, éste último, estaba por encima de las sociedades que era su creación. Esta visión piramidal de la sociedad permitió la hegemonía del sistema feudal durante ocho siglos. Este sistema político se encontraba al centro de toda la organización político-social-religioso de la esta época. La sociedad civil y religiosa conservaron y consolidaron este modus vivendi protegiendo cada uno sus propios intereses para la preservación de dicho régimen. Un ejemplo my claro es la organización de la Iglesia Católica y las monarquías absolutas que estructuraron sus funciones bajo un rígido sistema jerárquico dejando a la cabeza las dos figuras únicas de poderío: el papa y el rey.

El Renacimiento no residió sólo en un mero renacer de la literatura o de la filosofía greco-romana o en una prosaica imitación de las formas artísticas de la Antigüedad. Aunado a ese concepto aparece aquel otro, el Humanismo, que completa la imagen inicial de que nos encontramos en una época nueva y, en consecuencia, distinta de aquélla, la antigua, que se tomaba como modelo inherente. Efectivamente, fue la renovación de la cultura el aspecto más notoriamente enfatizado por sus propios protagonistas, aquellos que discutieron por primera vez de Renacimiento. ¿Cuándo se originó y en qué consistió realmente ese florecimiento cultural?

Incluso si entre los siglos VII y XIV se conocieron en los círculos aristócratas de Europa occidental determinados intentos por rescatar textos y autores clásicos, como lo prueba el hecho de la gradual utilización del Derecho Romano y del recurso inquebrantable a Aristóteles, progresivamente sólo cabe mencionar, por sus resultados, de un vigoroso y fecundo Renacimiento: aquel que tuvo lugar, en el pensamiento y en la estética, entre los siglos XIV y XVI. De la misma manera, aunque el término Humanismo ha sido utilizado para denominar toda doctrina que defienda como principio fundamental el respeto a la persona humana, la palabra tiene una significación histórica incuestionable.

Así pues, podemos afirmar que el Humanismo fue uno de los conceptos fundados por los historiadores del siglo XIX para referirse a la investigación y la interpretación que de los autores clásicos de la época Antigua hicieron algunos literatos desde finales del siglo XIV hasta la primera parte del siglo XVI.

La palabra “humanista", fue utilizada por primera vez en Italia a fines del siglo XV. Toda persona que enseñaba lenguas clásicas era llamada de esta manera, la que dio origen al nombre de un pensamiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se transformó en una manera de pensar y de vivir en torno a una idea principal: el hombre está en el centro del Universo, creado a imagen de Dios, criatura predilecta, digna sobre todas las cosas de la Tierra.

El humanista comenzó siendo, en efecto, un catedrático de humanidades. Su propósito consistía en formar a los alumnos para una vida de servicio a la comunidad civil, suministrándoles una base amplia y sólida de juicios, principios éticos y capacidad de expresión escrita y hablada. El medio de expresión y de enseñanza sería el latín. La lectura y el comentario de autores de la Antigüedad, griegos y latinos, especialmente Cicerón y Virgilio, y la enseñanza de la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia constituían las materias ofrecidas por el humanista. Sin embargo, el humanista, como ya se ha indicado, era algo más que un maestro. Su preocupación por los problemas morales y políticos le obligó a adoptar también enfoques humanistas, en el sentido de que nada de lo humano le sería extraño.

Los orígenes del Humanismo son paradójicos. La fecha de su nacimiento es imprecisa. Se cree que es en el norte de Italia, en Florencia, durante la segunda mitad del siglo XIII en la que se advierten señales prometedoras. Por ello se dice que su legado es medieval: los abogados se inclinan por el valor práctico de la retórica latina, por ejemplo, del Derecho Romano, de la filosofía y de la ciencia aristotélica por profesores, filósofos y teólogos, y el encuentro literario con los clásicos de la Edad Antigua, son pruebas suficientes de los cambios que ocurrían en los círculos intelectuales pre-humanistas durante este período. Estamos ante el redescubrimiento de la Antigüedad, fuente viva del Humanismo.

Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio son ejemplos muy representativos de este período. Petrarca se convirtió en un auténtico maestro al estudiar, corregir y perfeccionar las obras de Virgilio, Cicerón y san Agustín. Giovanni Boccaccio aprendió el griego en Florencia con Leoncio Pilato y junto a éste promovió su enseñanza pública en la ciudad, al mismo tiempo que traducían a Homero y Eurípides. Coluccio Salutati, bibliófilo y latinista, ejerció una influencia decisiva sobre los humanistas italianos, compilando textos antiguos y apoyando la creación de una cátedra de griego en Florencia, gracias a cuya labor se tradujeron y se trataron las obras de Platón y Homero.

Las repercusiones de los comentarios y las rectificaciones de los textos latinos fueron el origen de la nueva métrica, cuyo más destacado representante fue Lorenzo Valla. Por ejemplo, propuso en sus "Elegantiae" una reforma de la gramática y un modelo de buen lenguaje lo más cercano posible a la integridad clásica. Valla aportó una nueva crítica de textos y contribuyó con sus correcciones al Nuevo Testamento de la Biblia latina (una comparación filológica entre la "Vulgata" y el original griego).

La primera mitad del siglo XV observó un redescubrimiento de la Historia. Leonardo Bruni y, sobre todo, Flavio Biondo iniciaron la historiografía moderna. Incluso ellos primaban en las obras de historia las descripciones y las anécdotas. Bruni empero estaba convencido de que sólo una interpretación del pasado de la Roma republicana resultaba meritoria para defender la libertad contra la tiranía en la Florencia de la época: la Historia como servidora del presente. Aunque su estilo literario escasea de distinción, sorprende tanto por su actitud crítica frente a los historiadores célebres como por su uso de fuentes cuantiosas y diversas.

Antepone, frente a cualquier otra instancia, la felicidad, el bien y bienestar del hombre a lo largo de su vida. Desiderio Erasmo de Rotherdam y Tomás Moro, junto a John Colet son considerados como los precursores del humanismo inglés, ya que criticaban con escritos muy cautos, las perniciosas circunstancias pedagógicas y religiosas de su tiempo en su obra "el Elogio de la Locura", y sentando los principios de una nueva teología e ideología al conjugar la fe (por revelación divina y la tradición de la Iglesia) con la razón, que podía y debía inquirir libremente los textos.

Como podemos observar, el Humanismo comienza siendo en el Renacimiento una aproximación al hombre y una postura de rechazo al teocentrismo de la Edad Media, es decir, que centra a Dios en la vida de este período. En el Renacimiento vemos cómo se descubre al hombre en todos los ámbitos: su anatomía desde el punto de vista científico, y racional y al cuerpo humano como interés artístico.

El Humanismo del Renacimiento debe ser estudiado y analizado como un interés primordial por el hombre y por todo lo que le acontece.

Cybergrafía

Alan Bullock, La tradición humanista en Occidente. Madrid: Alianza Editorial, 1989 (1985).

Jacob Burckhardt, La cultura del Renacimiento en Italia. Madrid: Akal, 1982 (1860).

Juan Manuel Olivar Robles - olivar_juan_manuelarrobahotmail.com

Maestrante en Pedagogía. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.

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