Dominio de sí mismo

Autor: Ing. Carlos Mora Vanegas

OTROS CONCEPTOS Y HERRAMIENTAS DE RR.HH.

02-2007

“El tedio, la inacción y los pesares son los que conducen a las euforias alcohólicas de aquellos seres a quienes su carencia de cultura psíquica deja inermes contra las grandes pequeñas causas de la desorganización”
Paul Jagot

Cuando nos detenemos a leer este artículo, ya habremos transitado un buen tiempo por esta dimensión y podremos contestar preguntas como:

¿Qué tanto tiene usted dominio de si mismo? ¿Qué tanto se conoce? ¿Cómo maneja su voluntad?

¿Cómo se ha identificado y maneja su potencia humano?¿Qué tanto se ha liberado de lo ilusorio de esta dimensión?¿ ¿Qué tanto se ha liberado y conoce sobre sus imperfecciones, qué está haciendo al respecto? ¿Qué está haciendo en pro de su misión, línea de servicio?¿Qué tanto por su crecimiento?, entre otras.

Lo cierto, que pareciera como lo comentara Krishnamurti, la mayoría de nosotros tenemos miedo de conocer, descubrir lo que somos, lo feo y lo hermoso de nosotros, o lo que sea. Huimos de ese conocimiento y utilizamos la convivencia para no hallarnos solo, y por tal causa jamás nos conocemos a nosotros mismos, no enfrentamos las situaciones con la convicción de dar respuestas, soluciones, todo pareciera que no tenemos un dominio de nosotros mismo.

Tome en cuenta por ejemplo, que el yo es una puerta cerrada cuando en la convivencia buscamos la armonía, la paz. Y es de ese deseo de satisfacción que surgen todas las complicaciones de la convivencia: la denominación, los celos, la diferenciación, el amar a uno más que otro, tratar de tornar impersonal el amor, cultivar el desapego, etc. Solo puede haber transformación en la comprensión de uno mismo. Solo entonces resulta posible tener una mente serena; no una mente que haya sido aquietada sino que sea serena, gracias a la comprensión y el conocimiento de uno mismo.

Paul Jagot (1990), nos destaca, que el dominio sobre uno mismo consiste en regirse, desde todos los puntos de vista, de conformidad con un conjunto de decisiones juiciosamente elaboradas. Los que se esfuerzan por conseguirlo constituyen hoy la excepción.

El dominio de si mismo, en su más pura acepción, comienza al producirse la iniciativa personal, bien sea de contenerse, bien de abstenerse, precisamente cuando el individuo no actúa otra fuerza que le solicite, sino la de su propio juicio.

De tal suerte, comenta Jagot, el hombre, que, una vez cumplidas aquellas obligaciones diarias a las que no podría sustraerse a menos de inmediatos inconvenientes, se impone voluntariamente una tareas que forma parte de un programa que previamente se ha asignado, lleva a cabo un acto consciente de imperio sobre sí mismo.

Usted puede y debe hacer uso de su voluntad, de modificar algún elemento de su carácter que lo está perjudicando en su crecimiento, trabajar en él, no dejarse vencer, tener la convicción plena de la necesidad de cambiar, de eliminar sus defectos, debilidades, verse libre de cualquier costumbre perniciosa, crearse condiciones provechosas, encausarse en aquello que le permita crecer.

Jagot nos recuerda, que cada uno de los esfuerzos que se realizan con miras a controlarse a si mismo respecto de una cosa determinada, producen dos efectos.

En primer lugar, facilitan el poder de realizarlos de nuevo, en segundo lugar, fortifican la voluntad reflexiva y debilitan la imposibilidad (el conjunto de automatismo), consideradas. La una como potencia rectora y la otra como potencia motora.

Jagot nos relata el ejemplo, de que supongamos que, por espacio de quince días, un ser tímido se haya esforzado, en sus soledades por vigilar su pensamiento y sus acciones y que haya conseguido superar todo impulso atentatorio a la integridad de las normas de conducta que había resuelto observar. Al aplicarse de este modo a subordinar ciertas manifestaciones de su natural estado a una deliberación anterior, el tímido ha fortificado en sí mismo la posibilidad de dominarlas en lo sucesivo con mayo facilidad que antes. Además se ha capacitado para regir sus más vehementes impulsos y, finalmente ha conferido a sus facultades conscientes un imperio mayor sobre todo el dominio del inconsciente y, de un modo particular, sobre la emotividad. Se seguirá de aquí que, en lo sucesivo, cuando a presencia de extraños, vuelva a experimentar los trastornos propios de la timidez. Su turbación no será tan intensa como anteriormente lo fuera, y podrá venirla con menos esfuerzo, legando prontamente, si persevera en sus propósitos a eliminarla por completo.

Lo cierto, que es raro encontrar hombres y mujeres que son perfectamente dueños de si mismos. Algunos de estos seres no siempre lo fueron. Esto indica que el dominio de sí mismo se adquiere, usted puede lograrlo si se lo propone, simplemente cultive su voluntad y manifieste en usted mismos la necesidad de lograrlo y verá que lo puede alcanzar.

M. Duportal ( De la Volanté), tiene un criterio muy personal y nos dice: “que si no hay en uno voluntad ¿de que elemento nos podríamos valer para poder realizar el primer esfuerzo destinado a procurarnos un poco de esa misma voluntad?.

Suponiendo que ya poseemos un poco de voluntad y que eso que se denomina falta de voluntad no es otra cosa que la reducción de la voluntad misma a un germen minúsculo, a un atisbo inicia de voluntad, ¿Cuál es el milagro que transforma este germen de voluntad en un mucho de voluntad? Entonces, para que aumente un poco más es preciso que yo tenga un poco más de voluntad. ¿Dónde hallarla? ¿En mi propia voluntad? Bien, pero ¿por medio de que fenómeno lo que ya poseo me proporcionará ese excedente que se necesita? ¿Y como sería posible que con mi escasa voluntad pudiese producir un acto que requiere tan gran cantidad?. Los profesores y moralistas de energía comenta Duportal habrán de caer siempre en ese círculo vicioso: para desarrollar la voluntad es preciso poseer justamente tanta voluntad como la que se desea adquirir) .

Jagot al respecto señala, que este razonamiento es un equivoco, puesto lo que conviene entender por la palabra voluntad es la aptitud de querer, aptitud que el ejercicio fortifica. Cuando se dice que un hombre tiene más o menos voluntad se quiere decir que es más o menos apto para realizare voliciones firmes y, a mayor abundamiento, más o menos apto para efectuar voliciones firmes y deliberadas.

Pues aunque nuestra aptitud actual para realizar tales voliciones fuese excepcionalmente fuerte, indudablemente se debilitaría hasta llegar a la abulia si la abandonásemos a una relajación continua, destaca Jagot. Por el contrario, aunque originalmente dicha aptitud fuese muy flaca, ganaría creciente vigor a partir del día en que comenzáramos a ejercitarla más asiduamente que antaño. Ser enérgico es una cosa, intentar de obrar en determinada circunstancia como si ya fuese enérgico es otra.

Lo cierto , que sugerimos tratar de encontrar cuáles son sus debilidades, todo aquello que lo ha contaminado y obstaculizado en su crecimiento personal, especialmente el espiritual y de una vez por todas haga uso de su potencial, de su fortaleza, del dominio de sí mismo a fin de salir adelante en esta dimensión de pruebas, no lo deje para mañana, pues es un futuro incierto, al contrario, el aquí y el ahora le obliga hacer los cambios pertinentes que le haga de su tránsito por esta corta vida un verdadero aprendizaje en pro de avanzar en la superación que todos debemos alcanzar para conducirnos a esa dimensión donde nada es perecedero, simplemente no lo descuide.

 

Ing. Carlos Mora Vanegas El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela) cmoraarrobapostgrado.uc.edu.ve     camv12arrobahotmail.com 

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