Con la llegada del Capitalismo Financiero en el último cuarto del siglo
pasado, cuando los cuantiosos excedentes de la industria acumulados
durante un siglo, se trasladaron al sector terciario de la economía y
probablemente en manos de otros propietarios diferentes a la generación
de empresarios que lo acumuló con arduo trabajo y mucha dedicación,
fuertes cambios han ocurrido en la política fiscal de los países pobres
que ha traído consecuencias funestas en la estabilidad social y la
calidad de vida de los pueblos. El Estado ha dejado de ser el ente que
se inspiró en el pensamiento burgués del siglo 18, cuando se concibió
con funciones derivadas del racionalismo burgués, que en todo caso
consideraba las clases populares y el conglomerado social en su
conjunto, como una de las razones de existir.
Hoy el Estado de los países latinoamericanos se ha convertido en simple
recaudador de impuestos, pero no como se pensó en aquella época, para
administrar los bienes públicos y contribuir a la redistribución del
ingreso, sino para atender el gran negocio que ha construido el
Capitalismo Rentista en esta fase histórica del sistema económico. El
gran negocio de quienes heredaron los grandes capitales del siglo pasado
y el de las formas postmodernas de negocio como los fondos mutuales de
inversión, que ha sido posible gracias al avance de la microelectrónica,
es colocar el capital comprando papeles de renta fija emitidos por el
gobierno, que es un deudor que siempre paga cumplido sus obligaciones.
Ahora no le permiten al Estado financiar el faltante de ingresos, que el
poco ingreso tributario le ocasiona, con préstamos bancarios, y mucho
menos se le permite, emitir dinero para cubrir el déficit. Hoy el
capitalismo financiero internacional, a través del FMI y el Banco
Mundial, obliga a los países pobres a vender las empresas estatales
rentables para pagar las viejas deudas y a conseguir los fondos que
completen las necesidades colocando nuevos papeles de inversión en los
mercados de capitales que operan de manera globalizada abriendo las
puertas a la especulación. Crear nuevas deudas con la colocación en el
mercado de capitales de nuevos papeles de inversión, para con ese dinero
pagar las viejas deudas de los papeles colocados en años anteriores.
Abrir un hueco para tapar otro, con el agravante de que la nueva deuda
está incrementada con el valor de los intereses de la vieja deuda,
haciendo un espiral geométrico interminable.
Anteriormente, los Estados cobraban impuestos y con ese dinero cumplían
las funciones de básicas de administrar lo público y financiar la
política social, que era la manera de proteger a los pobres. Hoy la
gente, después de haber pagado los impuestos, debe adquirir los bienes
públicos en el mercado pagando la tarifa que las empresas privadas
cobran a precios que son rentables para ellas pero duros para el pueblo.
Y en política social, el Estado a duras penas aporta un subsidio que
cubre parcialmente el costo de los satisfactores de las necesidades
básicas del pueblo. No puede hacer nada más, porque el dinero de los
impuestos está destinado al servicio de la deuda, es decir a quedar bien
con el negocio de los agiotistas y especuladores internacionales del
dinero, para que estos tengan buenas ganancias en su negocio. Ganancias
que el mismo Estado protege con la política antiinflacionario que evita
la disminución del poder adquisitivo de la renta fija de los papeles de
inversión.
Cualquier situación de riesgo en el presupuesto del gobierno, que
constituya amenaza para atender cumplido el flujo del servicio de la
deuda, es intervenida con la debida antelación, como se está viendo en
Colombia con la venta del 20 % del patrimonio de la empresa oficial
petrolera Ecopetrol, con el fin de evitar que una pérdida en actividades
de exploración o perforación que ella debe hacer para no quedar
rezagada, afecte el presupuesto nacional que debe dedicar su prioridad
al servicio de la deuda. En esto ha quedado reducida la política fiscal
de los países latinoamericanos.
Miguel Angel Cerón Hurtado - miguelangelceronharrobahotmail.com
Director de Fundación Colombia Social Profesor de la ESAPAcerca de GestioPolis
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