Yucatán y Campeche son dos estados con un alto potencial de producción de la republica mexicana. Ambos estados son ultra-conservadores y sus mercados muy cerrados.
Otro factor común entre ambos es el compadrazgo, situación que dicta
las normas de competencia en sus mercados.
El presente artículo aborda el problema del compadrazgo desde el punto
de vista mercadológico y lo considera como un obstáculo para la
innovación.
Con argumentos sustentados en distintas fuentes el autor explicara
la complejidad el problema y su repercusión en los mercados ya antes
mencionados.
Introducción
La capacidad de innovación es algo que ha acompañado a los seres humanos
desde tiempos inmemorables. Si bien, no está equivocado el dicho popular
que propone que la ociosidad es la madre de todas las ciencias.
Así pues entenderemos esa ociosidad científica como innovación.
Según León G. Schiffman y Leslie Lazar Kanuk (1997, p.525) Existen
formas de clasificar la innovación, estas son orientadas a la empresa,
orientadas al producto, orientadas al mercado y orientadas al
consumidor…
En nuestro caso, nos basaremos en su definición orientada hacia el
mercado que juzga la novedad de un producto en términos de cuanta
exposición tienen los usuarios al nuevo producto. Posteriormente
aclararemos esto.
Parece importante, entonces, definir el mercado de los servicios. Es un
mercado que aparentemente no reciente los efectos del fenómeno
innovador, sin embargo; si le prestamos una mayor atención analítica,
nos daremos cuenta de que es un mercado que depende de la innovación
para sus subsistencia. Ya bien alguien había mencionado que en los
negocios hay que renovarse o morir.
Cuando se habla de innovación y espíritu emprendedor, se piensa al
instante en el éxito alcanzado por personas como Steven Jobs en Apple
Computer y Ross Perot en Electronic Data Processing (Adquirida por
General Motors).
Convertirse en millonario y conseguirlo pronto mediante el establecimiento de nuevas compañías es sin duda una idea sumamente atractiva.
Los emprendedores tienen ideas creativas; emplean sus recursos y
habilidades administrativas para satisfacer necesidades identificables
en el mercado. Si tiene éxito, un emprendedor puede volverse rico.
(Harold Koontz y Heinz Weihrich, 1998, p. 255).
Pero ¿Qué sucede cuando las barreras del mercado, dictadas por un
fenómeno, social le cierran las puertas a la innovación?
¿Es el compadrazgo un impedimento para la innovación? La perspectiva
de este trabajo abordará estás interrogantes y cualquiera que se les
desprenda, enfocándose principalmente en la Península de Yucatán y en
las experiencias del autor.
El mercado
Yucatán y Campeche son dos estados con un alto potencial de producción
de la republica mexicana. El primero se caracteriza por ser Industrial y
Comercial, mientras que el segundo es un Estado turístico por excelencia
que fundamenta su economía en la inversión publica.
Ambos estados, a pesar de lo que se comente, son muy similares en cuanto
a cultura. Los dos, si los reprensamos a través de sus respectivas
capitales, son estados ultra-conservadores.
En el sentido de que ambos han forjado modus vivendis muy específicos, y sus pobladores se han convencido de que el modo de producción actual es el correcto.
Al punto al que quiero llegar es a que en estos dos estados no se corren riesgos.
Tanto empresarios como el sector público se dedican a seguir una
línea trazada para realizar inversiones o manejar negocios, lo cual hace
a un lado completamente la posibilidad de innovar.
Según el Lic. Francisco Acosta Ruiz de la Universidad Politécnica CUJAE
de Cuba, "en la ciencia un paradigma es un conjunto de realizaciones
científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo
proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad
científica". (Monografías.com)
Con base en la definición anterior podríamos suponer que la península de
Yucatán vive en el letargo del paradigma de “la operatividad clásica”.
Es decir, hablamos de un territorio que se ha fijado un modelo de la resolución de problemas comerciales en el que la empresa vende y el consumidor compra, sin más ni menos.
Todas las actividades que sean ajenas a estas dos simplemente se encierran en una bolsa negra llamada “Relaciones Publicas” y solo tiene dos caminos: O se tiran a la basura, o sirven para “echarle la mano” a un “cuate”.
Es en este punto donde se cierra de antemano la oportunidad de toda
innovación.
A estas alturas, seria práctico para la comprensión de la idea que
propongo, que se estableciera una definición arbitraria para el concepto
de innovación.
En el capitulo anterior esbozamos una idea de innovación que aterrizaremos en una forma más simple, la innovación según describe la enciclopedia de internet Wikipedia consiste “en la introducción de nuevas ideas, productos, servicios y prácticas con la intención de ser útiles” (2006).
Basado en esta definición se podría suponer que estados con usos y
costumbres tan establecidas como los mencionados anteriormente, sin duda
se ven privados de tal concepto.
Pero, ¿cuales son las consecuencias de tal ausencia? Es sencillo, la
vida empresarial se cierra para aquellos emprendedores. Solo el selecto
grupo que ya se encuentra en el medio tiene la oportunidad de seguir
creciendo, y la entrada para los nuevos miembros solo puede ser a través
del “compadrazgo”.
Harold Koontz y Heinz Weihrich (1998, p. 255) mencionan que el espíritu
emprendedor supone la insatisfacción con el estado de cosas
prevaleciente y conciencia de la necesidad de hacer las cosas de otra
manera.
Con lo anterior, podríamos crear una premisa: “Compadrazgo mata a
innovación”, pero aun seguiría pendiente el gravamen de tal asunto.
¿En que nos perjudica todo esto? Y ¿si los negocios funcionan a la
perfección en la manera en que están andando para que cambiar?
El Compadrazgo
El compadrazgo es una figura poderosa en la sociedad, originalmente el
vinculo entre compadres se generaba a través de los hijos.
Al asistir al bautizo del hijo de algún amigo cercano concediéndole
el honor de apadrinarlo, uno pasaba de ser el mejor amigo, a formar
parte de la familia y convertirse en compadre.
”Los compadres son figuras muy importante en la vida familiar de los
hispanos; y ni hablar de las comadres”. Menciona Techy Salas, quien
propone que el término ha evolucionado. “Aunque el "detalle" del
bautizo, a veces, pasa a segundo plano, el compadrazgo ya tiene vida
propia y el termino se utiliza para destacar a alguien que está muy
cercano a nuestro más sincero afecto”.
Volviendo a nuestro entorno social, esta última acepción es a la que me
refiero al mencionar el asunto del compadrazgo.
En la península de Yucatán, si bien existe la tradición de los compadres productos del bautizo, los sureños mexicanos también hemos evolucionado al punto de hacernos compadres aun antes de tener hijos.
Es decir, te vuelves compadre de tu compañero de parrandas, de tu
amigo con el que juegas fútbol los fines de semana y de los parientes de
lejanos de tu novia.
La relación del compadrazgo existe en la península a pesar de no llevar
el nombre como tal, incluso elevándola de nueva cuenta a nivel
hispanoamericano y citando a Salas diríamos que es hasta histórica y
mística.
“La historia, el folclore y la política de nuestros países están llenos
de anécdotas en las que las relaciones entre compadres han marcado la
diferencia a la hora de escoger a quién favorecer en cualquier situación
fuera de lo común.
Tampoco hay que olvidar que una tradición entre compadres adquiere una
dimensión de tragedia griega. Simplemente una especie de pacto
inviolable”. (Techy Salas, 2004)
Una Anécdota
Respecto a esto, tengo una anécdota personal. Resulta que he tenido
dificultad para ingresar en el mercado de los servicios publicitarios en
ambos estados, la situación que he detallado anteriormente nos dejó sin
posibilidades a mí y a mis socios. Recientemente tuvimos la oportunidad
de tomar parte en la creación de una revista juvenil.
Fue una experiencia totalmente formativa, creamos un nuevo medio de información para los jóvenes y los lectores la acogieron de una manera formidable. El verdadero problema surgió al momento de las ventas.
Comenzamos a visitar a las empresas a sabiendas de que nuestros precios eran bajos y podíamos competir en el mercado por nuestra calidad.
El proceso de ventas se fue dando por etapas: La primera etapa consistió en concertar citas con los clientes potenciales para presentarles el proyecto.
Durante está primera etapa mucha gente se interesó, sin embargo
objetaron que la revista era solo un proyecto y que no representaba una
seguridad para invertir en ella.
Según Gene N. Landrum (p.254) los innovadores no pueden tener éxito si
no son persuasivos. Deben convencer a la comunidad financiera de que su
concepto es viable. Debe convencerse al personal clave a ingresar a la
compañía y luego hacerles que sacrifiquen el presente por el futuro.
Siguiendo con la idea de Landrum, se optó por sacar al mercado un primer
número con financiamiento propio, y la respuesta por parte del público,
como comente anteriormente, fue sorprendente, ya que la revista se agotó
de nuestros puntos de distribución en tan solo una semana.
Fue en ese momento, cuando decidimos reanudar las ventas. La semana después del lanzamiento seguimos sacando citas, sin ningún resultado. Para la segunda semana ya estábamos visitando negocios puerta a puerta, y aun así, los resultados eran desfavorables.
Comenzamos a perder las esperanzas en nuestro proyecto y no
entendíamos el porque de la situación.
Ya bien habían mencionado los mismos Harold Koontz y Heinz Weihrich
(1998, p. 256) que las innovaciones exclusivamente basadas en ideas
brillantes pueden ser muy riesgosas y a veces son un fracaso… Por lo
general las innovaciones más exitosas son las menos espectaculares.
Sin duda, habíamos cometido un error, y había que solucionarlo, fue
cuando decidimos recurrir a familiares y amigos.
Algunos nos “apoyaron”, compraron publicidad para sus negocios porque somos “cuates”, y fue durante esta etapa cuando recibimos la llamada de una empresa de mercadotecnia.
La empresa en cuestión nos solicitó información sobre nuestros precios y se les concedió. Todo esto abrió las puertas para una negociación.
Este proceso fue bastante ilustrativo, ya que de el surgió todo este asunto del “compadrazgo” del que tanto hablo en este articulo. Entre lo que se dijo e hizo en esa negociación se quedó grabado en mi mente algo que me mencionó el representante de dicha empresa: -
Mira, Rubén… tu proyecto es bueno y sin duda estamos seguros que puede ser de utilidad a nuestros clientes, pero tienes que tomar en cuenta el “compadrazgo”.
Aquí no te van comprar porque sea útil o no a la empresa, te van a
comprar porque te conocen.
Este comentario me cayó como balde de agua fría. Adiós Innovación, adiós
proyecto y adiós publicidad.
¿Y cuál es el papel de la innovación en todo este asunto? Se preguntarán
ustedes.
Pues resulta, que nuestro producto, era una revista juvenil diseñada con el objeto de incitar a los jóvenes a la lectura. Lo que nosotros estábamos proponiendo a las empresas era que se anunciaran a través de un medio que los jóvenes adquirían rápidamente y que incluso guardarían por sus temas de interés juvenil.
Estábamos intentando crear algo distinto, salirnos del molde y dejar a un lado a las clásicas revistas sin contenido que simplemente piratean sus artículos de Internet y luego rellenan sus páginas de fotografías de antro.
El problema fue, que esas revistas contaban con que el compadrazgo
estaba de su parte. Nosotros, por otro lado, simplemente tuvimos que
sentarnos en la banca y observar como se deshacen poco a poco nuestras
ideas innovadoras.
La anécdota anterior, fue un detonante para que su servidor se tomara un
respiro para reflexionar. He de confesarles que soy una persona muy
inquieta y que suelo hacer las cosas en vez de pensarlas. Pero en esta
ocasión creo que es momento de parar los trenes.
El gurú de la mercadotecnia Philip Kotler (1998, 283) mencionó en su
libro Fundamentos de mercadotecnia, que muchos nuevos productos fracasan
debido a varias razones. Aun cuando una idea puede ser buena, tal vez se
sobre estimo el volumen de mercado. Quizás el producto real no estaba
tan bien diseñado como era necesario. O tal vez se posiciono en la forma
incorrecta en el mercado, se le asigno un precio demasiado alto o su
publicidad fue deficiente.
Si bien, es cierto que Kotler no se equivoca y probablemente parte de la
cita anterior sea una radiografía de los errores que cometimos con
nuestra revista, también es un hecho que existe el factor compadrazgo y
debe ser estudiado.
Por otra parte, ahora que he estudiando un poco más el asunto, le
encuentro aun más viabilidad a nuestro proyecto que antes. Si bien, es
verdad que aun no sabría como solucionar el problema de las ventas,
tengo que decir que quede sorprendido con las alternativas que la
mercadotecnia social pude ofrecerle al caso.
Según Luís Alfonso Pérez Romero, existe un tipo de Mercadotecnia
denominado “Marketing de causas sociales”.
Pérez Romero menciona que “El marketing de causas sociales se interpreta como la intervención del sector privado en la solución de diversos problemas sociales, pero sin descuidar la actividad primordial de comercio y de lucro”.
Esta definición viene a encajar a la perfección en la realización de nuestro proyecto, ya que si bien nuestra idea principal era hacer negocio, también he de recordarles que el surgimiento del proyecto fue la detección de exceso de revistas basuras en el mercado que no alentaban a los jóvenes a la lectura. Pérez Romero, no solo nos haría cambiar la perspectiva de caso, sino que descubriría tal vez nuestro peor error:
La entrada al mercado.
La entrada al Mercado
Aún con la posibilidad de entrar al mercado utilizando el Marketing de
Causas sociales, seguiríamos teniendo el problema del compadrazgo, e
incluso es probable que la situación se agravara, ya que estaríamos en
este caso pidiéndole a nuestros clientes que se conviertan en
inversionistas y se sumen a nuestra causa. Lo cual es como pedirle al
guardia de seguridad de un banco que nos abra la caja de seguridad y nos
deje disponer del efectivo.
¿A que nos lleva esto?
Desde hace más de dos mil años existe esta situación en el mundo, y Sun
Tzu ya había hablado respecto a ella.
El misteriosito filosofo guerrero Chino clasificaría a la península de Yucatán como un territorio desfavorable con montañas boscosas, desfiladeros abruptos, marismas y otros accidentes difíciles de atravesar (Sun Tzu, 2000, p.1003).
La única manera de sobrevivir en un terreno como ese es según el
gurú del modelo de negociación Ganar-Peder, es a través de la
comunicación.
Siendo bastante creativos, podríamos aterrizar el panorama de Sun Tzu al
planteamiento de compadrazgo y obtendríamos que las comunicaciones de
las que Tzu habla sean precisamente las relaciones de apoyo que existen
entre las personas que se encuentran en el medio y aquellas que
pretenden sobrevivir (entrar) en él.
Con no mucha imaginación podremos entender que Sun Tzu ya
visualizaba esta situación del “compadrazgo” desde hace dos mil años.
Las posibilidades para entrar en un mercado que ya esta definido, como
podremos notar, son pocas.
En nuestro caso, el capital de inversión en la península se mal
distribuye a través de compadrazgo y el problema principal de esta
situación es que los trabajos y las oportunidades se le están negando a
empresas con capacidades de producir resultados por el simple temor al
cambio.
Yucatán y Campeche en concreto, han creado una red de producción
familiar, que va heredándose de padres a hijos y que de vez en cuando
salta y salpica a unos cuantos amigos. Para entrar en el circulo de
proveedores necesitas ser cuate de alguien o que en serio te caiga una
gran oportunidad del cielo y te afiances un nicho de mercado.
Nuestra red de negocios peninsular es un asunto Maquiavélico en todo el
sentido de la palabra, ya que el propio Maquiavelo menciona la manera en
la que se adquiere un principado nuevo de tal forma que resulta la
analogía perfecta hacia la forma en que se hacen negocios en la
península.
“Los principados son bien hereditarios, en razón que impere la misma
casa de forma prolongada, bien nuevos.
Estos últimos o lo son enteramente o son miembros añadidos del Estado hereditario del príncipe que los adquiere.
Los territorios adquiridos de tal modo o se hallaban gobernados antes
por un príncipe o gozaban de libertad: y se conquistan con las armas
ajenas o con las propias, merced a la fortuna o gracias al valor y al
talento” (Nicolás Maquiavelo, p.34).
En palabras cotidianas y aterrizado al panorama del que hablamos,
Maquiavelo, nos dice que la única manera de entrar al mercado es a
través del compadrazgo, es decir que solo puede penetrarse en el mercado
“heredando” un poco de participación de este a través de la ayuda que te
ofrezca el compadre.
También hace referencia, en la última línea de la cita anterior, a la posibilidad de que con mucha suerte se logre encontrar un nicho de mercado virgen y en ese caso sugiere lo obvio, conquistarlo como sea.
Lo verdaderamente interesante es que Maquiavelo describe dos vertientes con respecto a la conquista del mercado virgen y es con las armas ajenas, es decir con la ayuda del compadrazgo o con las armas propias, pero para optar por esta última opción advierte que se depende ampliamente de la suerte y otras cualidades.
Si escogemos entre suerte y compadrazgo, la balanza sin duda se
inclinará con mayor facilidad para quien posea más compadres y sus
posibilidades de competir en el mercado serán obviamente mayores.
El problema del compadrazgo en los negocios
El problema del compadrazgo es netamente una situación social, pero lo
que en realidad debe preocuparnos con relación a este fenómeno, es que
el consumidor no actúa siguiendo esta regla.
Los consumidores son selectivos en el sentido de que son indiferentes al compadrazgo, si bien es cierto que uno asiste a los negocios de los amigos, también es cierto que cada persona se forma una preferencia por los negocios que mejor le satisfacen sus necesidades.
En la península parece que hemos olvidado un poco esta premisa.
El sector de servicios publicitarios tiene la misión de orientar a estos
clientes hacia los servicios o productos que mejor podrán satisfacer sus
necesidades, pero si dichos productos o servicios se niegan a entrar en
el juego, se rompe todo el proceso y los clientes quedan en libertad
vagando y experimentando por ellos mismos.
El problema aquí es para los anunciantes, ya que ellos creen que no
pierden nada al no comprar publicidad efectiva (y tal vez es cierto),
sin embargo no están considerando todo aquello que dejan de ganar. He
aquí el reto de la Innovación y del Mercadologo.
Respecto a esto, recuerdo una cita de Nicholas Negroponte a la que
recurriré para dejar un poco más claro el erróneo pensar de los
anunciantes.
Negroponte en su libro “Ser Digital”, comenta al lector que en una
ocasión, al hacer de un viaje tuvo que registrar el valor de su
computadora y el escritor la valuaba en uno o dos millones de dólares,
mientras que la recepcionista le calculo unos dos mil dólares.
De esta anécdota de Negroponte se desprende una reflexión que soporta
mi postura: “La verdad es que, si bien los átomos no valían tanto, los
bits que contenía mi laptop eran de un valor casi imponderable”
(Nicholas Negroponte, 1995, p. 31).
Negroponte tiene una razón infinita al proponer que el mundo digital en
el que nos encontramos inmersos ha hecho que los seres humanos,
principalmente los que se encuentran en la posición de adquirir
publicidad, pierdan poco a poco su capacidad para valorar el capital
intelectual.
Es decir que los anunciantes al desvirtuar la compra de la publicidad efectiva, no solo ignoran el potencial de inversión que existe en la persona que posee la capacidad para crear tal medio, sino que también cierran los ojos a los beneficios económicos que podría generarles la innovación en todo el sentido de la palabra.
De una manera, ignoran que hay otras formas de generar mejores
ingresos para sus negocios.
La gravedad del asunto es que según Wikipedia: “Un elemento esencial de
la innovación es su aplicación exitosa de forma comercial. La innovación
ha delimitado y cambiado la historia humana.
Los planificadores económicos ven toda innovación como el arreglo de
toda crisis del capitalismo y es el elemento central de muchas políticas
para aumentar la competitividad a nivel corporativo o nacional”
(Wikipedia, 2006).
Es decir, la innovación es la receta mágica y el elemento esencial para
alcanzar el éxito y sin embargo, nos empeñamos en ignorarla. Creemos que
no sirve para nada. Es una formula que ya ha sido probada y que sin
embargo cambia de forma cada vez que la utilizamos.
Hablamos de que es una posibilidad de aumentar la competitividad y aun
así seguimos ignorándola a través de nuestra nuestras prácticas
“compádrales”.
Así como en algún tiempo la península fue punta de flecha en muchos
sectores empresariales, inversamente puede estarse dando el caso de que
el este iniciando un proceso de estancamiento gracias a sus malas
costumbres y que esto, finalmente, pueda significar su decadencia.
Conclusiones
Aterrizando de manera práctica todo esta investigación podríamos
concluir con el hecho de que en la península de Yucatán existe de manera
evidente el fenómeno del compadrazgo, que no es otra cosa si una
fijación de usos y costumbres que dicta toda la distribución de la
riqueza del estado.
El compadrazgo como fenómeno social afecta directamente a cualquier
negociación y en el caso de los estados (ciudades) que pusimos como
ejemplo, el compadrazgo no distingue entre iniciativa privada o publica,
ya que influye en ellas por igual.
De igual manera, el compadrazgo abordado desde el punto de vista
mercadológico es un problema que pone en riesgo, y en desventaja, el
desempeño empresarial de la península al momento de interactuar en el
mercado globalizado.
Como todo problema precisa de una solución, y en este caso la hemos
conocido desde el inicio. La contra parte del compadrazgo es la apertura
y la flexibilidad de las empresas que por ende dará cabida a la
innovación.
Es una solución sencilla, simplemente tenemos que abrir la mente y hacer
caso a todas esas pequeñas ideas que ocurren en nuestra cabeza.
Si no somos empresarios muy creativos o no contamos con el personal
necesario para innovar, debemos dejar de seguir bajo esas influencias
“compádrales” que nos hacen mal invertir nuestro dinero y aventurarnos a
contactar a la gente joven que trae ideas nuevas y frescas que sin duda
contribuirán al desarrollo de nuestro negocio. Hay que ser flexibles.
Lc. Rubén Rocher Hurtado - bullitt69arrobagmail.com
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