Porqué los Sistemas de Gestión de la Calidad bajo la normativa ISO
9000:2000, realmente logran buenos resultados en unas empresas y en
otras no?
Por lo general cuando se implementan estos procesos para obtener la
certificación, no han sido iniciativas generadas por medio de su Plan
Estratégico, sino más bien por idea de alguno de los ejecutivos,
instrucciones de la casa matriz y en el mejor de los casos por un
requerimiento de algunos de sus clientes, casualmente ya certificadas
(“Si nosotros tuvimos que pasar el proceso, ahora que lo pasen nuestros
proveedores”, escuchamos. Las empresas siguiendo la corriente,
certifican su sistema de calidad por estar a la moda y tener algo más
que sus competidores, sin entender que estar certificado no brinda una
ventaja competitiva sostenible, porque es algo que no crea
diferenciación inimitable. Sus competidores pueden obtener en un tiempo
razonable la misma certificación.
Un cliente estaba preocupado porque su principal competidor había
obtenido de primero la certificación en ISO 9000, se sintieron en total
desventaja y de inmediato se enfrascaron en una ardua tarea y muy pronto
también estaban certificados, llegando posteriormente a la conclusión
que ambos volvieron a cero: No había diferencia en estar uno u otro
certificado. Es importante entender que el estar certificado no le da
ventaja, pero si no es capaz de certificar su sistema se hace
sospechoso, pues hay que recordar que tal certificación es el mínimo que
toda empresa debería tener. Muchas de ellas se olvidan continuar el
proceso de mejora aplicando para ello las directrices que le brinda la
guía ISO 9004:2000.
Otras empresas continúan el proceso buscando la certificación ambiental
bajo la ISO 14001 e inclusive las OHSAS 18000 para la prevención de
riesgos laborales. Son muy pocas que a partir de su planteamiento
estratégico buscan cumplir con lo que hoy día se conoce con el triple
estado de resultados (Tripple Botton line), producto de una
responsabilidad social corporativa, en función de aumentar el valor
agregado de la empresa.
Cuando una empresa define en su propuesta de valor de “llegar a ser la
mejor opción de compra para sus clientes”, debe establecer los medios
necesarios para lograrlo, tales como “Reforzar la imagen de Marca”,
“Innovar en productos de alto margen” y “La satisfacción del Cliente”.
Es probable que un proceso de certificación contribuya poco al logro de
su propuesta.
Empresas que desarrollan un enfoque hacia el “liderazgo en costos”,
encuentran en la certificación de su sistema de calidad un elemento
valioso para reducir los desperdicios, ocasionados por los reprocesos,
productos defectuosos y pérdidas de tiempo.
Al igual sucede con una organización que tiene como estrategia buscar la
cercanía con el cliente, para lo cual con frecuencia abren nuevas
sucursales. Estas sucursales deben mantener el mismo nivel de servicio,
indiferentemente del lugar en donde se ubiquen. Este es otro ejemplo en
donde una certificación contribuye al logro de la estrategia.
Sucede igual cuando una empresa decide incorporar la Administración de
las relaciones con sus clientes, para lo cual implementan costosas
aplicaciones informáticas, conocidas como CRM. No siempre los resultados
son lo que se esperaban, pues la tecnología no obedece a la estrategia,
sino que se implementa algo que poco contribuye a logro de ésta.
La implementación de sistemas de gestión ya sea Calidad, Ambiente o
Riesgos laborales son estrategias poco sostenibles, pues sus
competidores muy pronto podrán imitarlos y obtener los mismos
resultados. Para que una estrategia realmente tenga resultados debe ser
única en algo que es valioso para sus clientes, y le permita lograr
diferenciación dentro de una posición sostenible e inimitable.
Tampoco es cierto que aunque un sistema de calidad sea lo más acorde con
la estrategia, se obtendrán los resultados esperados. Una mala
implementación, tampoco contribuye al éxito. Esto ocurre principalmente
cuando la empresa se dedica a hacer diferentes actividades que no
agregan valor a su producto, si no más bien se dan por satisfacer tanto
a consultores como a los entes de certificación.
Llama poderosamente la atención cuando escuchamos a algunas empresas
certificadas decir que sus clientes, dan poco valor a la certificación.
En algunos casos cuando una empresa logra la certificación, de inmediato
vuelve la vista a sus proveedores exigiendo que éstos también pasen por
el proceso, que tanto les costó. En sus inicios, rechazan proveedores
que no están certificados, para muy pronto descubrir que tienen que
seguir comprando a proveedores no certificados. Aparentemente la
certificación no brinda la diferenciación que sus clientes esperan.
Las empresas deben descubrir que el desarrollo de un sistema de gestión
de la calidad, contribuirá a ordenar la empresa, así como a mantener sus
procesos dentro de un estándar único, en donde lo fundamental es que se
dé el proceso de mejora continua, no tan solo de los indicadores del
sistema de calidad, sino el conjunto de indicadores, incluyendo los
financieros, que es donde al final se mide el resultado de toda la
gestión empresarial.
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