Cambios en la pequeña agricultura del valle de Huaral

Autor: NCarolina Trivelli

Economía pública

03-2006

El presente documento  recoge los primeros resultados del trabajo de investigación “Riesgo y mercados financieros rurales: análisis dinámico  de las estrategias  de los hogares frente a la crisis”, apoyado por varias instituciones, entre ellas el CIES. Al igual que el proyecto, el informe aborda dos problemas de naturaleza distinta. En primer lugar, reflexionar  sobre la utilidad, riesgos y posibles sesgos en los análisis basados en encuestas de visita única que recogen información  sobre períodos largos, un año en su mayoría. En segundo lugar, conocer  cómo  los pequeños productores agropecuarios de un valle de nuestra costa, altamente integrados a los mercados de productos y factores, habían enfrentado la crisis causada por el fenómeno  de El Niño de 1998 y por la recesión  económica.

Objetivos y plan de discusión de los resultados

La propuesta  de investigación que da origen  a este proyecto tenía dos objetivos, en primer lugar, mejorar los instrumentos  utilizados para recopilar información sobre la economía  de los pequeños  productores agropecuarios  y, en segundo  lugar, recopilar y analizar información  sobre la presencia  de eventos  inesperados (shocks) y sobre las maneras en que los hogares de los pequeños productores de la costa responden ante estos. Dentro de estos dos grandes objetivos, identificamos seis objetivos específicos:  (i) Comparar la información  recogida  con un instrumento  de visita única, con información  recogida  periódicamente; (ii) Definir estimados  de error no muestral  recogido  con encuestas; (iii) Sistematizar y probar estrategias para establecer relaciones continuas con los informantes  (encuestados); (iv) Cuantificar y describir el tipo de shock que se presenta y su distribución  entre los productores de una misma  zona; (v) Analizar  las estrategias  empleadas por los pequeños productores para sobrellevar los shocks; y (vi) Reportar cómo los pequeños agricultores del valle de Huaral enfrentaron el fenómeno  de El Niño y la crisis de los últimos años.

Sobre los objetivos de corte metodológico

Cuestiones generales sobre  los instrumentos de  recopilación de  información

Este informe  busca presentar,  a la luz de nuestra  reciente  experiencia,  los beneficios  y costos  de hacer una encuesta de tipo panel fijo de visita múltiple. Esta metodología  permite al investigador  observar no solo los cambios individuales en el nivel del hogar, sino también observar su dinámica y la existencia  de vínculos entre ellos.

Luego de estratificar por distrito, se seleccionaron  al azar 302 agricultores  del universo  definido  por los agricultores con riego de dichos distritos. Como marco muestral  se utilizó el padrón de regantes,  que registra un total de 5.256 agricultores.  A continuación se resume  nuestra  experiencia en el proceso  de encuestar a la muestra de 302 agricultores  del valle de Huaraz,  que  fueron  previamente encuestados en 1998.  La encuesta  se desarrolló  entre diciembre  de 2001  y octubre  de 2002  y contó  con 4 visitas,  tres visitas con encuestas  amplias y con mucho detalle y una visita  para  pedir  información  anualizada  sobre dos temas: ingresos y crédito.

«La evidencia recogida nos muestra que ...contar  con un instrumento de visitas sucesivas mejora la calidad y cantidad de información que se puede recabar, pero con altos costos»

Con el fin de aprovechar lo mejor posible las tres visitas, se diseñó una estrategia de trabajo que: 1) logre entrevistar  a prácticamente  todos  los entrevistados  de la muestra; 2) busca reducir errores no muestrales,  para lo cual se trabajó con un equipo local de encuestadores y se hicieron verificaciones  de respuestas clave en las visitas sucesivas; 3) sea lo suficientemente flexible para permitirnos aprender  de la visita  anterior;  4) promueva  la participación de los encuestados en las sucesivas visitas.

Aspectos  positivos  y negativos  de la realización  de visitas  múltiples  y comparación de  la información recogida  a través  de  la encuesta  de visita  única  con  las  encuestas multietápicas

La evidencia  recogida  nos muestra que, efectivamente, contar con un instrumento  de visitas sucesivas mejora la calidad y cantidad  de información que se puede recabar, pero con altos costos. Asimismo, encontramos que el instrumento con múltiples visitas mejora la información  en varios de los temas centrales de la encuesta. Además,  permite obtener información que no puede  ser captada  con encuestas  de visita única.  Sin embargo,  también  encontramos que en temas  como el acceso  a crédito,  la eficiencia  de la encuesta  con visitas múltiples no era superior a la de visita única para captar dicha información  (número  de transacciones), aunque sí lo era para transacciones crediticias  específicas, como las orientadas a financiar consumo y/o las de más corta duración.

El trabajo realizado  nos permitió  mostrar que las encuestas con visitas múltiples  permiten  obtener más y mejor  información,  registrar  información  de eventos de corta duración y alta frecuencia (como son, por ejemplo, los créditos de consumo de montos pequeños o los alquileres de corto plazo) y con ellos, dinámicas al interior de un año que no se observan en las visitas anuales. También se validó la manera de relacionarnos con los encuestados, no solo por el elevado porcentaje  de respuestas conseguido para el panel, sino por la constancia de los mismos  encuestados  y su buena disposición  a recibir  nuevamente  a los encuestadores.  Asimismo, encontramos  que las visitas sucesivas  permitieron  reducir el error no muestral de manera importante, y que se registraban diferencias significativas entre los resultados obtenidos con las encuestas multietápicas y aquellos recogidos  con la encuesta de resumen anual.

Es necesario  recordar  que el resumen  anual  solo  se centró  en dos temas:  ingresos  y transacciones  financieras; y que, en casi todos los temas, la información recogida  a lo largo del año fue distinta a la del resumen, confirmando nuestra hipótesis  de que encuestas de visita única tienden  a subestimar  ingresos  y transacciones financieras,  sobre todo si estas se presentan durante períodos cortos o de fuentes informales.  Además, esta subestimación está sesgada hacia los agricultores más pobres. Esto se explica por el predominio  de trabajos y transacciones  informales,  y de corto plazo, en los hogares de menores recursos. Factor que impone desafíos para la recopilación  de información  a partir de encuestas.

Pero, como era de esperarse,  las encuestas  de visitas sucesivas tienen un elevado costo monetario, logístico y de personal.  La sola preparación  de cuestionarios y el procesamiento de la información  resultan  complejos y consumen  mucho tiempo y dinero. Esto se debe al mayor volumen de información, pero también a las características de las encuestas y a su carácter secuencial, que obliga  a añadir  información  luego  de cada visita en los distintos niveles: 300 hogares, más de 1.400 individuos, más de 350 parcelas legales y 450 parcelas de conducción, decenas  de cultivos,  cientos  de transacciones  financieras  y/o contratos,  más de 6 fuentes de ingresos,  entre otros.

El balance final, sin embargo, deberá hacerse a la luz del análisis en profundidad  de la información  recogida, buscando  medir cuánto cambian o cambiarían los resultados con menos información o con mayores márgenes  de error.  Ese proceso  recién  comienza  con el fin de este documento.

Los resultados

Tierras  y cultivos

En el cuadro 1 se presenta el total de tierras recogido por nuestra  encuesta.  Como  se observa,  en 1998 hablamos de un total de 1.283 hectáreas en manos de los 302 hogares  encuestados; y en 2002,  teníamos  alrededor  de 1.320  hectáreas. Esta  pequeña  diferencia puede explicarse  tanto por una mejor medición  en las encuestas  de 2002, como por adquisiciones. En cuanto al número  de parcelas  propias,  encontramos solo pequeñas  variaciones entre 1998 y 2002, y tal como se observa en el cuadro 1, el tamaño promedio  de las parcelas  crece de 3,9 a 4,5 hectáreas  por parcela.

Si bien la cantidad total de tierras en manos de los encuestados  aparece  como  relativamente estable  entre 1998 y 2002,  en cerca de 1.300  hectáreas, hay cambios en la cantidad  de tierras que cada hogar posee o maneja,  explicados, en parte,  por compras  de tierra, transacciones no permanentes, pérdidas  o herencias.

Los cambios más importantes  parecen referirse al uso de la tierra. En ese sentido  encontramos que, a pesar de que el conjunto  tiene un poco más de tierras  propias, el promedio  de tierras que cada hogar trabaja se reduce ligeramente. Lo más sorprendente, sin embargo, es el significativo número de hogares, casi 20% de nuestra muestra,  que dejó de trabajar  su tierra.

De los hogares  que no trabajan  su tierra  en el año 2002, tenemos  un grupo muy importante, constituido por agricultores, que en 1998 sembraba  algodón y que hoy ya no lo hace. Asimismo,  se debe señalar que de los hogares  que no trabajan  su tierra, el 32% mantiene  sus tierras sin uso alguno;  mientras  que el resto las alquila, cede o presta. Apenas algo más de la mitad de los hogares que no trabaja sus tierras se encuentra  por debajo  de la línea  de la pobreza,  revelando que no solo se deja de cultivar por falta de recursos sino, como dicen ellos mismos, por la escasa rentabilidad  de los cultivos que ellos conocen (algodón, principalmente).

El manejo de la tierra en cuanto a su conducción  y a la temporalidad de los contratos  de uso de tierra, revela la existencia de un interesante  manejo de riesgos y de aprovechamiento de oportunidades de alquiler.  Un importante  grupo de agricultores  sin acceso a recursos financieros  y/o con limitada  capacidad  para afrontar eventos inesperados, opta por alquilar porciones de su tierra, aunque  pocas veces este alquiler  se da de manera  permanente.

«...a pesar de que el conjunto  tiene un poco más de tierras propias, el promedio  de tierras que cada hogar trabaja se reduce ligeramente.  Lo más sorprendente, sin embargo,  es el significativo número de hogares, casi 20% de nuestra muestra,  que dejó de trabajar su tierra»

Los cultivos

Si bien la cantidad de tierra que poseen los agricultores no ha cambiado  de manera significativa, el uso de ella sí. Un significativo  porcentaje  de productores  no trabaja su tierra y los que la trabajan han abandonado, en su mayoría, los cultivos tradicionales (como el algodón y el maíz), que además serían cultivos importantes en tanto son insumos  agroindustriales y, por ello, permitirían que los productores se incorporen en procesos productivos  mayores o accedan a mercados clave para su desarrollo productivo (las cadenas productivas, sistemas  de asistencia  técnica  y/o crédito,  etc.). Una importante proporción de los que dejaron  estos cultivos se dedica hoy a cultivos de pan llevar, de menor riesgo  y menor  inversión,  y lo hacen  dentro  de una estrategia  muy dinámica  y versátil  de uso de la tierra.  Sin embargo,  este dinamismo  parece  ser una respuesta a la crisis de los cultivos como el algodón, crisis asociada  al menor acceso a crédito  y la mayor aversión a arriesgarse, como resultado de su experiencia reciente, más que a las mejores oportunidades económicas que ofrecen los cultivos de pan llevar.

Para entender mejor la lógica de los cambios en la cartera de cultivos, será importante  analizar el cambio en el nivel de inversión  realizada  por campaña  por tipo de cultivo y por tenencia de crédito. Esta tarea recién se está iniciando.

«Apenas algo más de la mitad de los hogares que no trabaja sus tierras se encuentra por debajo de la línea de la pobreza, revelando que no solo se deja de cultivar por falta de recursos sino, como dicen ellos mismos, por la escasa rentabilidad  de los cultivos que ellos conocen»

Crédito  y ahorro

Al comparar la información  de 1998 con la recogida a lo largo de 2002, se observa una clara reducción  en el número  de hogares  con crédito  (ver el cuadro  2). De los hogares encuestados,  solo el 32,3% tuvo al menos un crédito  en el año  2002,  en comparación con  el 47,7%  que reportó  tener crédito  en el año 1998.

El monto total transado a través de los créditos captados en 1998 fue de US$ 415.041,79, dividido en 177 transacciones; mientras  que  en 2002,  este  total  fue  de US$ 184.702,75 en 132 transacciones. La diferencia es impresionante, pasamos  de colocaciones en nuestra muestra de hogares que equivalen  a US$ 323 por hectárea en promedio para 1998 a US$ 142 por hectárea en promedio  para el año 2002. Esta diferencia  se explica tanto por el menor número de hogares con crédito, por los cambios en la importancia  de las fuentes de crédito, como por el menor tamaño  promedio de los créditos.

El número  de transacciones con entidades  formales cae significativamente  y son estas transacciones, las asociadas  con montos mayores.  Incluso, las transacciones con los intermediarios  formales reducen su escala  en 2002.  Coincidiendo con  estos  cambios,  en dicho año, los créditos  en dinero pierden  importancia frente a los créditos  en productos  (básicamente, insumos  y servicios),  que pasan del 30% en 1998 a más del 50% en 2002.

En el otro extremo del espectro de prestamistas, también los préstamos  de los habilitadores  informales (transportistas, comerciantes mayoristas) pierden importancia, tanto en número como en el monto transado.

La evidencia presentada responde  a un conjunto  de factores  que se han dado en el período  1998-2002. Como  se recordará,  en 1998 se acaba  la expansión de las colocaciones formales hacia el agro, a causa de las crisis financieras  y de la presencia  del fenómeno de El Niño. La reducción de la presencia formal responde,  además,  a la cada  vez más inminente intervención del aparato público en el sector y a la menor capacidad de repago  de los pequeños productores, aun aquellos  mejor  ubicados,  como serían  los agricultores de Huaral. Los prestamistas semi-formales  e informales  tienden  también  a reducir  su cartera  de clientes,  ya sea por su menor  acceso  a recursos  financieros o por la reducción de sus actividades, como resultado de haber asumido las pérdidas que les trajo el fenómeno  climático.

El tema del ahorro, claramente, ha sido uno de los que más se ha beneficiado  con la realización  de tres visitas, en vez de una encuesta  de visita  única.  Esto  se debe a que el ahorro fluctúa considerablemente a través del año; por lo tanto, medirlo solo una vez por año implica asumir un claro sesgo. El total de hogares que reporta  tener  ahorros  para  2001/2002 es de 46,3%, frente al 12,8% de los hogares con ahorros registrados en 1998 y al 0,7% de la encuesta de resumen anual de fines de 2002. La principal forma de ahorro es en efectivo (93,5%) y solo el 6,5% tiene algún tipo de ahorro en productos (insumos o productos).

Composición del ingreso  y patrimonio

Contar  con un mejor  instrumento de recolección de información  sobre ingresos  y la mayor frecuencia  de las visitas,  nos ha permitido  medir  de mejor  manera los ingresos de los productores,  sobre todo la porción no agropecuaria de ellos. Nuevamente, la recurrencia de trabajos  informales  y de corto plazo hace que las encuestas  de visita única tiendan a subestimar, significativamente, el ingreso  no agropecuario.

Los ingresos  agropecuarios  se mantuvieron  prácticamente estables entre 1998 y 2002, tanto en el nivel de cada hogar como en términos per cápita. Por su parte, los ingresos no agropecuarios  muestran un crecimiento importante,  ya sea por las posibles subestimaciones realizadas a partir de la información de 1998 y/o por la mayor importancia que estos habrían adquirido  en los hogares.  Sobre la base de los resultados  de 2002, tenemos  que, en promedio,  el 41% de los ingresos  de los hogares proviene  de actividades  no agropecuarias (negocios  propios, venta de mano de obra, pensiones, remesas y ingresos por shocks positivos).

Sobre la base de la información  de 2002, resulta interesante analizar la composición de los ingresos no agropecuarios  de los hogares (ver el cuadro 3), pues solo 30 casos  reportaron  depender  exclusivamente de su explotación agropecuaria. Un número  importante de hogares recibe ingresos  por la venta de mano de obra y por pensiones. Asimismo, 25% de los hogares recibe remesas,  por montos  considerables, de familiares  no residentes  del hogar.

Aunque  tal vez resulte obvio, conviene  enfatizar  que los hogares rurales costeños, aun los que se consideran mayormente  agrícolas,  mantienen  un portafolio  de actividades y redes sumamente diversificado.  Esta diversificación se convierte en uno de los mayores desafíos para la recolección de la información; desafíos que, como hemos presentado aquí, se logran enfrentar  con éxito con una adecuada  estrategia en ese sentido.

La información sobre patrimonio es limitada, sobre todo en cuanto a la tenencia  y adquisición de bienes semidurables. Sin embargo, si vemos la información  sobre la vivienda  y la tierra, encontramos que en promedio los hogares  tienen niveles  patrimoniales  altos, por el elevado valor imputado  a su tierra (ver el cuadro 4).

En general, los ingresos de los hogares de estos pequeños  productores dependen, en gran  medida,  de sus ingresos no agropecuarios.  Sin embargo, es claro que lo que diferencia  la situación  económica  de unos  y otros, está aún muy ligado a sus actividades  agropecuarias y a su dotación de tierra (que es claramente  su activo más valioso).

Presencia  de  shocks

Del total de familias  encuestada en Huaral  en el año 2001, el 84% declaró haber sufrido algún tipo de shock negativo  (desgracia)  en el período  que va de 1998 a 2001, solo el 8,7% de estos hogares declaró no haber sido afectado  por evento alguno.

Para hacer  una caracterización de los tipos de shock que afectaron a las familias de Huaral en este período (1998-2002), se presenta  el cuadro  5, donde  se han dividido las desgracias en dos grandes grupos: las que afectan  la producción agropecuaria, pues tienen  que ver con la parcela y las que afectan al hogar. Dentro de las desgracias  que afectan a las parcelas, tenemos dos tipos: las de carácter  agregado  (en la primera  línea), relacionadas con shocks climáticos y aquellas asociadas a eventos cuyo impacto es básicamente individual.

Como  se muestra  en el cuadro  5, cerca  de la mitad de los eventos  negativos  registrados  en cinco  años, se refiere a shocks agregados  relacionados con fenómenos climáticos.  Asimismo,  45% de todas las desgracias  ocurrió  en 1998. En general,  las desgracias que tuvieron efectos directos en la producción  agropecuaria  representan algo más del 60% del total de desgracias registradas. Cerca del 40% restante corresponde a desgracias  más “domésticas”, donde  destacan las enfermedades (de algún  miembro)  como  el evento  adverso  más frecuente.

El mayor costo de las desgracias registradas es el asociado a las pérdidas de infraestructura  y tierras, a accidentes causados  por desbordes  e inundaciones (en el caso de 1998) o a la ejecución de garantías (en 2000 y 2001). En promedio, los agricultores  afectados por El Niño sostienen  que perdieron cerca de 3.200 dólares en cosechas  y que el impacto  de este fenómeno duró cerca  de un año.

«...cerca de la mitad de los eventos negativos registrados en cinco años, se refiere a shocks agregados relacionados con fenómenos climáticos. Asimismo, 45% de todas las desgracias ocurrió en 1998»

Los eventos  negativos  que afectan  a los hogares  de manera  individual, como era de esperarse,  representan menores costos que los shocks que afectan la producción,  pero de igual modo se traducen  en pérdidas monetarias importantes. Como  se ve en el cuadro  5, luego de las enfermedades, los robos son los que mayores costos implican.

El fenómeno de El Niño

Como se puedo observar en líneas anteriores, el fenómeno más severo, no solo por la intensidad  de los daños sino también por la amplia cobertura, es El Niño. En 1998, el 90,7% de los hogares manifestó  haber sufrido algún tipo de pérdida por este fenómeno,  siendo el daño más importante el de la propagación de plagas y bajo rendimiento por cambios en el clima, que afectó al 81% de los hogares.  La severidad  de este fenómeno en el valle del Huaral se refleja en el hecho de que el 47% de los hogares  manifiesta  haber  sufrido una pérdida  de la producción entre el 80-100%, solo un hogar manifiesta  pérdidas menores al 20%.

La actitud de los productores  frente al fenómeno  climático reflejó la carencia de alternativas  para enfrentar shocks agregados. Las opciones mencionadas  por los agricultores  se refieren, exclusivamente,  a acciones para evadir el shock o para reducir la vulnerabilidad  de su parcela  ante  el shock. Sin embargo,  lo más sorprendente es que, al consultar sobre las medidas que tomarían  los agricultores que pensaban  que vendría El Niño en 2002, la mitad señaló que “contra la naturaleza no se puede hacer nada”, revelando las limitadas  opciones  que  conocen  o tienen  para  enfrentar un problema climático. Del resto, la mitad respondió  que cambiaría  de cultivo;  un grupo,  que alquilaría  su tierra y otro, que no sembraría  o que invertiría  menos.

Estas medidas, que afectan el desarrollo económico  y la toma de decisiones  de los productores, responden  a la ausencia  de mecanismos  para enfrentar  los shocks, ya sea desde el sector público como del sector privado. El Estado  no ha logrado  generar  mecanismos  de seguros, ni siquiera fondos de contingencia, para sectores  de pequeña  agricultura; y el sector  privado  no ofrece  productos  atractivos,  considerando la baja escala de las operaciones de nuestros  encuestados. Finalmente, los propios agricultores  tampoco han generado  mecanismos para  enfrentar  shocks agregados  y ni siquiera han exigido la creación  de estos.

Respuestas  ante shocks  negativos

Uno de los objetivos  de la investigación  era recoger las formas en las que los productores  enfrentaban  los eventos inesperados negativos, tanto los agregados (antes discutimos)  como aquellos  individuales  que afectan su producción o su hogar.  Consultados  sobre las medidas  adoptadas luego  de un evento  inesperado negativo,  encontramos una  interesante combinación de acciones.  Por un lado, los productores señalan reducciones en el consumo (incluye reducciones  en gastos agrícolas o en educación) y, por otro lado, acciones orientadas  a generar  nuevos  ingresos  (búsqueda  de empleo, migración  o alquiler de tierras). Fueron muy pocos los que señalaron  “endeudarse” o “haber  vendido algún activo�, como manera de enfrentar el shock.

«El mayor costo de las desgracias registradas es el asociado a las pérdidas de infraestructura  y tierras, a accidentes causados por desbordes  e inundaciones (en el caso de 1998) o a la ejecución  de garantías (en 2000 y 2001)»

Se pudo corroborar  que el apoyo de familiares  y amigos constituye  uno de los pocos mecanismos  de seguridad a los que acceden los pequeños productores. Sin embargo, se debe señalar que el apoyo de los familiares es limitado, en cuanto a los recursos que de ellos se pueden obtener. Encontramos que las menciones  a familiares  como vía para enfrentar “problemas  o desgracias”, decrecen significativamente a medida que la “desgracia”  es más grave (razón  por la cual requiere de montos mayores  de apoyo).

Por su parte, el uso del sistema  financiero  o acudir a alguna institución para enfrentar una desgracia es mínimo, juntos representan menos del 3,5% de las menciones sobre acciones tomadas por los afectados.

Los eventos inesperados  positivos

También consultamos  a las familias sobre la presencia de eventos inesperados  positivos. El ingreso derivado de estos eventos,  en promedio, no ha sido nada despreciable  para aquellos hogares que tuvieron este tipo de shock. Sin embargo,  el número de hogares que reportó  haber  tenido  algún  evento  inesperado positivo es significativamente menor  que el reportado  para eventos  negativos.  Los eventos  positivos  se refieren básicamente  a que alguien consiguió  un trabajo estable, a que se recibió una herencia o que hay una nueva fuente de remesas.  El mayor impacto,  en términos de los ingresos percibidos por estos eventos positivos, se deriva de las herencias  recibidas.

«...el apoyo de familiares y amigos constituye  uno de los pocos mecanismos de seguridad  a los que acceden  los pequeños productores. Sin embargo,  se debe señalar que el apoyo de los familiares es limitado, en cuanto a los recursos que de ellos se pueden  obtener.

...Por su parte, el uso del sistema financiero o acudir a alguna institución  para enfrentar una desgracia es mínimo, juntos representan menos del 3,5% de las menciones sobre acciones  tomadas por los afectados»

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Carolina Trivelli

IEP, Steve Boucher - Universidad de California, Davis

CONSORCIO DE INVESTIGACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL (CIES) - El propósito del CIES es fortalecer la comunidad académica peruana, para producir y diseminar conocimiento útil para los analistas y agentes de decisión en el sector público, la sociedad civil y la academia. En última instancia, su misión es contribuir al desarrollo del Perú, elevando el nivel del debate nacional sobre las opciones clave de política económica y social.

 

 

 

 

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