Los estados cambian, las organizaciones cambian, las personas también
lo hacen porque forman parte del entorno. Es a las segundas –las
organizaciones- a quienes pretendemos dirigir estas líneas.
Siendo el cambio un imperativo para la permanencia de las
organizaciones, es importante reflexionar sobre las implicaciones que
este tiene para darse o llevarse a cabo.
Quienes están en el medio de la consultoría a las organizaciones saben
perfectamente que el cambio y la necesidad de hacerlo presente en las
mismas es el espíritu que le da existencia a la consultoría misma.
Partiendo de esa idea, es el consultor el primer obligado a tener una
óptica amplia del entorno, del medio donde desarrollara su gestión, así
como un conocimiento general de los integrantes de la empresa. Es
importante que el consultor asuma una conducta analítica desde un
principio, diagnosticando lo necesario desde el primer momento para
permitirse focalizar y atender las necesidades de trato particular o
especifico que se generaran durante el pretendido proceso de cambio.
Inicialmente con su presencia, con su propio proceder y con las
resistencias naturales que habrá de enfrentar.
El consultor deberá buscar que su trabajo se note, que se perciba una
marcada diferencia en la organización antes y después de su
intervención, de su desempeño. Una vez que haya transmitido y sembrado
en la organización las bases para engancharse en la cadena mundial del
cambio en las organizaciones.
Independientemente del cambio que haya determinado implementar la
organización, el consultor o el grupo de consultores deberán
inicialmente impulsar los cambios e el grupo humano; el grupo ejecutivo,
el directivo y el operativo.
El individuo que forma parte de la organización debe ser y estar
convencido de que el cambio que pide de los demás, de los procesos y de
su entorno, debe empezar con el mismo. La forma adecuada de iniciar ese
cambio es con la obtención de conocimientos de los que se carece, con el
aprendizaje que se debe adquirir, con los valores que es necesario
sembrar y poner en práctica. Deberá cambiar sus hábitos laborales y
mostrar una actitud de cambio.
Esto ultimo es importante considerarlo, ya que las personas mostramos
una natural tendencia a resistirnos a todo tipo de cambios, sean en
apariencia benéficos o perjudiciales por el solo hecho de provocar
alteraciones a lo que actualmente sucede. Es importante, tanto para el
consultor como para la organización, saber que la resistencia que se
presenta al cambio tiene diversas modalidades, las cuales se mencionan a
continuación:
Falta De convicción de que el cambio es necesario. El estado actual de
cosas es cómodo para el individuo, por tanto esta convencido de que así
debe permanecer.
Aversión a las sorpresas. Deseamos tener la seguridad de saber que
efectos materiales tendrá ese supuesto cambio. No deseamos pisar en
terreno desconocido.
Aversión al cambio impuesto. “Debido a que cambiar no es una propuesta
que haya surgido de mis necesidades, la mantendré alejada de mi lo mas
posible”.
Temor a lo desconocido. No se desea arriesgar el status de confort.
Resistencia a ocuparse de asuntos impopulares. El cambiar no es una
situación que todos celebren y aplaudan constantemente.
Temor a la inadaptación y al fracaso. No es seguro que un cambio que
viene de fuera nos venga bien. Rompe nuestros hábitos y costumbres. Lo
mas probable es que no tenga éxito.
Perturbación de las prácticas, hábitos y relaciones. Un cambio implica
modificar nuestra manera de hacer las cosas, llevar nuestras prácticas y
altera la forma en que abordamos las relaciones interpersonales en el
trabajo.
Veíamos con anterioridad que los cambios no se dan por cambiar
únicamente, tienen una razón de ser. Podríamos señalar los siguientes
ejemplos:
Cambios no planificados. Cuando la organización se ve obligada a hacer
ajustes hacia adentro de ella debido a que los factores del entorno no
le son ajenos.
Cambios planificados. La organización ha determinado adecuarse a las
condiciones cambiantes del mercado y para permanecer en el debe efectuar
modificaciones en si misma.
Cambios impuestos. El corporativo determina alterar el estado de cosas
actual a todos los niveles de la organización.
Cambios negociados. Puede ser que estos, así como los participativos,
sean los que al final producen resultados lo mas cercano a lo deseado,
ya que las partes plantean sus necesidades y se establecen acuerdos para
conseguir objetivos.
Cambios participativos. Al igual que los negociados, estos tienen un
impacto positivo, ya que todos los miembros de la organización colaboran
con su parte a fin de implantar los cambios propuestos.
Los cambios no se dan porque la organización ha determinado dar un giro,
no suceden por la simple participación del consultor con sus
herramientas convertidas en hechos; se debe tener líderes convencidos y
comprometidos para que las medidas adoptadas perneen a toda la
organización. Con esto se lograra que las nuevas formas sean percibidas
primero, entendidas después, comunicadas adecuadamente para que al final
sean adoptadas por todos.
El proceso general para llevar a cabo el cambio no se da de forma
arbitraria y desordenada. Existen en la consultoría algunos principios
generales para llevar el mando y la dirección de este proceso.
Primero. Se debe considerar que la organización ya existe efectuando
normalmente sus actividades operativas y ejecutivas en forma normal. Por
tanto, es importante que el cambio y la operación normal puedan darse a
la par sin entrar en conflictos disputándose los recursos que existen en
la organización.
Segundo. El nivel directivo de la empresa, en forma clara, establecerá y
dirigirá las acciones concretas que se aplicaran para el cambio. Lo hará
delimitando su nivel de participación activa.
Tercero. Se deberá tener en consideración las dimensiones de la empresa
para que a ellas correspondan las medidas de cambio, las cuales se
implantaran de manera coordinada ente las mismas.
Cuarto. Considerar los elementos de la organización que son sujetos del
cambio, tales como el empleo de la tecnología, la estructura
organizacional, lo que deberá ser modificado, el grupo humano y el
impacto psicológico del cambio, la parte política de la organización y
finalmente el aspecto que mantendrá latente la organización: el
financiero.
Quinto. Se deberá dirigir el proceso de cambio de manera tal que
contemple un inicio adecuado del mismo, un desarrollo del proceso de
implantación que funcione sistemáticamente, buscar convencer a quienes
se resisten a cambiar, mantener siempre los adecuados puntos de apoyo
que lleven finalmente a la obtención del cambio deseado.
Como parte de la estrategia, a la cual se hizo mención líneas arriba, se
debe formar un armonioso equipo de trabajo entre los líderes de la
organización y los consultores. Este equipo habrá de establecer cuando y
en que forma es necesaria su intervención para destrabar resistencias y
participar activamente promoviendo las ventajas y vendiendo las virtudes
de la necesidad de cambiar; primero al individuo y con ello su entorno
inmediato.
Es tarea del consultor hacer un reflexivo análisis de lo anterior para
proponer los mejores caminos en la consecución del objetivo. Para ello
deberá emplear lo mejor de su bagaje de experiencia que le permitirá
verdaderamente convertir los conceptos aprendidos y profundamente
estudiados, en hechos concretos que beneficien a la organización
beneficiando a quienes la conforman.
(1) Basurto Amparano, Aníbal. Sistema Empresa Inteligente. Hermosillo:
Ed., 2005
Cesar Ortega Sagarnaga cesar.ortegaarrobacfe.gob.mx Autores: Aime Ruiz Vargas Enrique Blanco Elizalde Luis Carlos Torres Muriel Rodolfo Núñez Monares Leonardo Zúñiga González Cesar Ortega Sagarnaga
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