Dicen por ahí que no hay fecha que no se cumpla ni plazo q no se venza, así es que tarde o temprano, a pesar de que Bush y Kerry se hagan guajes, cualquiera que sea el que gane, va a tener que tomar medidas fiscales impopulares: subir impuestos o recortar el gasto.
Lo más riesgoso que puede pasar es que no reconozcan la magnitud del
problema y se decidan por una tercera alternativa: endeudarse más y
heredarle el problema al presidente del 2008.
Y es que el mayor dolor de cabeza para el presupuesto federal de Estados
Unidos en los próximos 30 años será la enorme ola demográfica de
personas que pasarán a formar parte de la tercera edad.
Los famosos "baby boomers" habrán envejecido y empezarán a cobrar sus
cheques de pensión del Social Security cada mesecito. Es el fenómeno que
en Estados Unidos llaman como el "Senior Boom".
De acuerdo a datos de un documento publicado recientemente por la
Cocorde Coalition ("Fiscal Policy in Campaign 2004: Electing the First
President of the Senior Boom"), un organismo no partidista que promueve
la estabilidad fiscal, se estima que en los próximos 30 años la
proporción de habitantes en Estados Unidos con 65 o más años de edad con
respecto a la población total, pasará de un actual 12% a cerca del 20%.
A consecuencia de esto, el costo del Seguro Social y los servicios
públicos de salud se dispararán al doble, pasando del 8% del PIB a más
del 16%.
Dice la Concorde Coalition que en los últimos 25 años los ingresos
federales de Estados Unidos han promediado un 18% del PIB.
Así es que imagínese el impacto del "Senior Boom", sería como comprometer más del 80% de los ingresos federales que hoy recibe el gobierno americano en salud y seguridad social para la generación de los boomers.
De mantenerse las políticas fiscales actuales, se estima que el gasto
del gobierno federal podría alcanzar el 30% del PIB.
Ante la seriedad del tema, tenemos en Estados Unidos a dos candidatos
presidenciales que prometen hacer en los 4 años de su término justamente
lo que se necesita… pero para empeorar más las cosas.
Ni John Kerry ni George Bush han querido ni podido explicar de
manera realista cómo pretenden reducir el déficit fiscal de los Estados
Unidos. Sus planes fiscales simplemente no son coherentes con la promesa
que ambos han hecho de bajar a la mitad el déficit fiscal para el 2009.
La realidad es que en los últimos 4 años el panorama se ha degradado
bastante. Mientras que en el 2000 el entonces candidato George Bush
discutía con Al Gore en que pensaban destinar el proyectado superávit
fiscal para el 2010 de más de $4.6 billones de dólares (billones con 12
ceros) que les había heredado Bill Clinton, hoy la discusión se centra
en cómo salir de la crisis que se viene encima.
Las cuentas del gobierno de Estados Unidos registrarán este año un déficit fiscal de $415,000 millones de dólares (3.6% del PIB).
La Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO por
sus siglas en inglés) calcula que el déficit proyectado en los
siguientes 10 años alcanzará los $2.3 billones de dólares. Cálculos más
agresivos ubican ese déficit en $5 billones de dólares.
Tal parece que ninguna de las propuestas de los candidatos va a remediar
este mal. El costo proyectado por la Concorde Coalition de las
propuestas de campaña de Bush en los próximos 10 años se estima en $1.33
billones de dólares, sin incluir el gasto que representará su no muy
detallada reforma al Seguro Social.
Las propuestas de Kerry se estiman en $1.27 billones de dólares
durante la próxima década incluyendo su costoso plan de extender la
cobertura médica a un mayor número de estadounidenses.
Así las cosas, tenemos por un lado al Presidente Bush que pretende
seguir otorgando sus insostenibles y polémicos recortes de impuestos sin
compensar las cuentas del gobierno con menor gasto.
Estos recortes expiran hasta el 2010 y su extensión costará cerca de un billón de dólares.
Por su parte, el Senador Kerry propone recortes de impuestos más
moderados, pues eliminará este privilegio a quienes ganen más de $200
mil dólares al año para defender a la clase media, pero echará la casa
por la ventana gastando insosteniblemente al destinar más de $860 mil
millones de dólares en la próxima década para pagar sus iniciativas de
cobertura médica y educación.
La CBO ya advirtió que a menos que se den incrementos de impuestos no
vistos antes en Estados Unidos, las actuales políticas de gasto serán
insostenibles en el largo plazo con efectos contractivos para la
economía estadounidense.
La recomendación del Congreso es abordar el problema desde ahora para
evitar un futuro preocupante.
Así es que gane quién gane, los estadounidenses sólo tendrán dos
opciones si su gobierno decide seguir operando a este ritmo insostenible
de gasto público: o pagar impuestos ahora o pasarle la deuda a sus hijos
y nietos para pagarlos mañana.


Lic. Renato Blanco Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
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