Sistema penitenciario mexicano, su adaptación al modelo retributivo

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I. INTRODUCCIÓN
El artículo 18 constitucional que señala: “El sistema penitenciario se organizará sobre
la base del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte,
como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no
vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley” .
La traza histórica del Nuevo Modelo de Administración Penitenciaria tiene su origen
en las sociedades más antiguas como la griega; en México hay vestigios en
comunidades prehispánicas pero el principal interés del autor se centra en “la
clasificación de los presos, su reinserción, infraestructura, profesionalización del
personal penitenciario y un sistema nacional de información penitenciaria”, que
encuentra su génesis en el “Casillero Nacional de Sentencias propuesto por
Maximiliano de Habsburgo, retomado por Benito Juárez y modificado después como
Registro Nacional de Información Penitenciaria por Adolfo Ruiz Cortines.
Meditó que la obra tiene como finalidad “integrar el esfuerzo por homologar el sistema
penitenciario, con un sentido de estandarización o unificar para poder tener mayor
capacidad de respuesta no de acción. Espero haberlos confundido porque de esa
confusión nace una duda y de la duda la ciencia”, concluyó.
Por su parte el director del Centro Jurídico de Derechos Humanos, Ricardo Sepúlveda
Iguiñez, quien presentó la obra al lado del tercer visitador de la Comisión Nacional de
los Derechos Humanos, David Romero Mejia; del director de la Facultad de Derecho
(U. Anahuac), Ricardo Sodi Cuellar y del comisionado del Organismo Administrativo
Desconcentrado y Readaptación Social, General Eduardo Enrique mez García,
destacó la labor intelectual del autor quien propone un eje de reflexión teórica con la
aportación de un nuevo modelo de administración penitenciaria.
Vislumbque aunque no es el propósito del volumen, el autor a través de soluciones
propone un sistema penitenciario en el que prevalecen los derechos humanos “porque
apuesta por la justicia”. Consideró que el tratamiento del tema de los derechos
humanos responde a la “situación de crisis y delincuencia en que vivimos”, es decir
un Nuevo Modelo de Administración Penitenciaria es un “instrumento para erradicar
problemas de violencia, inseguridad y cambiar el paradigma penitenciario”.
Respecto a los métodos de readaptación que propone Arias, Sepúlveda Iguiñez
coincidió con una frase de Platón que versa Los reclusos (al abandonar las cárceles)
no tienen que ser iguales ni peores sino mejores”.
Para Sodi Cuellar la estructura que integra la obra se sustenta en las revoluciones de
México que representan en la excarcelación de los presos un acto de libertad. La
historia del penitenciarismo, el sistema penitenciario en México, análisis de la situación
actual de la administración penitenciaria y los retos del sistema penitenciario mexicano
y las bases de un nuevo modelo, son el marco en el que el autor se aúna a la
comunidad académica”.
Consideró que entre los retos que enfrenta el marco jurídico, destacan los actos de
corrupción que predominan en los centros de reclusión del país. Coincidió con el autor,
en que las bases del sistema penitenciario y las bases de la readaptación de los
internos se afinca en el trabajo, el deporte, la educación y la salud par la adecuada
readaptación. “El libro refleja los esfuerzos en el ejercicio de la readaptación social”.
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“Hacer un llamado y recapitulación de la que sucede en el sistema penitenciario”, es
uno de los objetivos que encontró Romero Mejia en la obra. La sobrepoblación,
hacinamiento y falta de recursos aunado a políticas blicas son factores en los que
puntualiza el autor para “reconocer hacia dónde transitar del sistema penitenciario a
un sistema de administración penitenciaria”.
A lo largo del tiempo esta institución ha sufrido cambios con el propósito de instaurar
mejoras organizacionales como de carácter técnico por lo que continuación se presentara
algunos antecedentes, ordenamientos jurídicos y atribuciones con la finalidad de dar a
conocer su forma de operación actual.
1900.- Fue inaugurada la Penitenciaria de Lecumberri la cual opero hasta
1976.
1957.- Se inauguró la Penitenciaria del Distrito Federal.
1959.- Entra en funciones el Centro de Sanciones Administrativas.
1970.- Se crea la Dirección Jurídica y de Gobierno, así como la Dirección y
Coordinación del Sistema Penitenciario.
1976.- Se inauguran los Reclusorios Preventivos Oriente y Norte.
Mediante reformas a la ley Orgánica del Departamento del DF., se
Fundamenta la creación de la Comisión Técnica de Reclusorios del
Distrito Federal.
Se crea el Centro Medico de Reclusorios, el cual atendía casos
Psiquiátricos, quirúrgicos y de médica especializada.
1977.- Se crea la Dirección General de Reclusorios o Centros de
Readaptación Social.
1979.- Se expide el Reglamento de Reclusorios del DF., que viene a
Complementar el marco jurídico penitenciario del DF.
Se inaugura el Reclusorio Preventivo Sur.
1982.- La población interna de la Cárcel de Mujeres fue trasladada al
Centro Femenil de Readaptación Social.
1989.- Se inaugura el Reclusorio Preventivo Femenil Norte.
1991.- Entra en operación el Reclusorio Preventivo Femenil Norte.
1995.- Se determina que la Dirección General de reclusorios y Centros de
Readaptación Social.
1999.- Se determina la denominación actual de esta Unidad Administrativa
Como Dirección General de Prevención y Readaptación Social.
2003.- Se inaugura el Centro Varonil de Readaptación Social de Santa
Martha, en donde a la fecha se encuentran recluidos jóvenes
Primo delincuentes.
2004.- Se inaugura el Centro Femenil de Santa Martha.
Se expide el Reglamento de los Centros de Reclusorios del DF. que
Actualiza el marco Jurídico penitenciario del DF.
MARCO JURIDICO
° Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
° Estatuto de Gobierno del DF.
° Ley Orgánica de la Administración publica del DF.
Ley de Ejecuciones de Sanciones Penales para el DF.
° Ley que establece las normas mínimas sobre Readaptación Social de
Sentenciados.
° Ley de Presupuestos, Contabilidad y Gasto Público.
° Ley de Adquisiciones del DF.
° Código Penal para el DF.
° Código de Procedimientos Penales para el DF.
° Dictamen emitido por la Oficialía Mayor de la readscripcion de la
Dirección General de Prevención y Readaptación Social.
Cárceles en México: Un Estado de Situación
El propósito es describir un cuadro de situación y analizar alguno de los Determinantes de
la crisis. Utilizando distintas fuentes, que incluyen estadísticas oficiales y na encuesta
realizada a más de 1600 internos en el Distrito federal, Estado de México y el
Estado de Morelos en el año 2002, este trabajo busca explicar las razones del crecimiento
explosivo de la población carcelaria, pretende iluminar las razones de las carencias de
infraestructura adecuada, y examina a la luz de la evidencia empírica los problemas más
relevantes de las instituciones penitenciarias.
El argumento central es que el crecimiento de la población carcelaria en la última década
obedece a un endurecimiento de los castigos más que a un incremento de la capacidad de
detección de las autoridades. A pesar que el delito creció, no se observa un significativo
aumento en el número de sentencias. La estructura burocrática de la administración de
Justicia ha sido estable, sin embargo no lo fue la actividad delictiva.
El incremento en las condenas y la extensión de las mismas provocó una explosión en la
población carcelaria que no ha podido ser subsanada con un ligero aumento de la
infraestructura carcelaria. La precariedad de los programas de readaptación social se
profundizó con el aumento de los reclusos. Así, la corrupción parece haber aumentado, los
recursos por interno disminuyeron, el control interno de las cárceles está cada vez más en
manos de pandillas y liderazgos de algunos reclusos, los programas de educación
reentrenamiento son poco efectivos, y la desolación es cada vez mayor.
Sin embrago, a pesar que los presupuestos no alcanzan para cubrir las necesidades
mínimas, el problema no es sólo de recursos sino de administración y control efectivo
hacia dentro de los reclusorios. La falta de coordinación institucional, el endurecimiento
de castigos para delitos menores, y la falta adecuada de planificación y recursos
convierten a
las cárceles de México en un espacio de castigo para pobres y marginados, en centros de
abuso donde los derechos humanos no parecen ser
claramente respetados. El efecto disuasorio de la privación de la libertad es
limitado ya que quienes terminan en la cárcel no son por lo general los delincuentes s
peligrosos y sofisticados sino mayoritariamentequienes no pudieron corromper a las
autoridades o no pudieron montar una defensa
adecuada. En un ambiente social de creciente inseguridad, no parece haber la voluntad
política ni social para revertir esta situación.
El Sistema de Readaptación Social en sus Cifras
Este informe comienza con una sucinta exposición de la población carcelaria en México de
acuerdo a los datos más recientes. Las siguientes son algunas estadísticas generales del
sistema de readaptación social mexicano para fines del año 2003.
La población total se aproxima a los 200,000 internos en todo el país. Un dato importante
que muestra la Tabla 1 es que a diferencia de muchos otros países de América Latina
(verUngar 2003), la mayoría de los internos ya están sentenciados y no en proceso
Tabla 1: Número Total de Internos según estado del Proceso y Fuero
Común Federal Total
En Proceso
Sentenciados
Total
66,071 15,876 81,947
76,598 33,345 109,943
142,669 49,221 191,890
Fuente: SSP
La distribución por sexo es similar a la de la mayoría de los países de la región. Del total en
2003 182,500 (95.5%) son hombres y 9,300 son mujeres (4.5%)
La densidad de población carcelaria de la república está más asociada a la población
urbana que a la población total en términos absolutos.
Factores que inciden en el incremento de la población penitenciaria
Entre los factores que han incidido en el incremento del cien por ciento que ha tenido la
población penitenciaria del país entre 1992 y 2003, cabe referir los siguientes:1 a)
incremento en los índices delictivos; b) reformas a los códigos que han endurecido las
penas y, c) medidas administrativas que prolongan la estancia en prisión. Analizaremos
brevemente cada uno de ellos.
a) Incremento en los índices delictivos. El número de delitos que se denunciaron en el país
aumentó de 809 mil delitos en 1991 a un millón 517 mil en 2001, lo que representa un
incremento del 88% en sólo diez años. En cuanto al número de delitos denunciados por
cada mil habitantes, el punto máximo se alcanzó en 1997 con 16.18, bajando a 14.26 en el
2000 y volviendo a subir a 15.1 en el 2002. Las entidades con los índices de
Delincuencia más elevados, son: Baja California, Distrito Federal y Quintana Roo.
1 En algunas entidades el incremento ha sido todavía mayor. En el Distrito Federal, por
ejemplo, la población en prisión se triplicó entre 1993 y 2002 al pasar de 7,800 internos a
23,000 (Tenorio, 2002b).
Vale la pena señalar que este incremento en el número de delitos denunciados ha tenido
lugar a pesar de que, de acuerdo con todas las encuestas de victimización que se han
levantado, el porcentaje de delitos que no se denuncian también se habría incrementado
año con año durante los últimos siete años. En efecto, de acuerdo con estas encuestas,
entre 70 y 80% de los delitos que han tenido lugar durante dicho periodo no han sido
Denunciados a las autoridades. De igual modo conviene tomar en cuenta que 93% de los
delitos quedan impunes dado que sólo 7% de los delitos que son denunciados dan lugar a
que se inicie un proceso ante el poder judicial (Secretaría de Seguridad Pública, 2003;
Zepeda, 2002).
b) Reformas que han endurecido las penas. Otro factor que ha contribuido a incrementar
la población de las prisiones, es el de las reformas a los códigos penales que tuvieron lugar
a partir de 1994 mediante las cuales se tipificaron como graves una gran cantidad de
delitos dando por resultado que se elevaran las penas. Asimismo, diversos delitos
quedaron exentos de la posibilidad que se otorgaran beneficios de preliberación a quienes
los cometieran, incrementándose considerablemente su permanencia en prisión.
Es el caso de los delitos contra la salud (tráfico de drogas) para los que no se admite
reducción alguna de la pena impuesta por los jueces.
c) Medidas administrativas. De igual forma, debe tomarse en cuenta que quienes
finalmente resuelven sobre la permanencia de los internos en prisión no son los jueces
sino el personal técnico de los centros penitenciarios que cuenta con amplias facultades
para conceder o negar los beneficios de preliberación. Ello ocasiona que las penas
efectivas no necesariamente guarden proporción con la gravedad del delito y que los
Beneficios se otorguen de manera arbitraria e inoportuna, sobre todo si se considera que
dicho personal tiene a su cargo la revisión de muchos más expedientes de los que puede
tramitar. Es el caso, por ejemplo, del Distrito Federal donde cada uno de los funcionarios
facultados para conceder beneficios tiene entre 400 y 2,000 expedientes a su cargo, lo
que explica que no logren otorgarlos oportunamente.
No existen estudios que demuestren cuál de estos u otros factores tienen un mayor
impacto sobre el crecimiento de la población penitenciaria. Los datos apuntan, no
obstante, a que más que un crecimiento de flujo nos encontramos frente a un típico
aumento de stock. Es decir, la evidencia inicial apunta a que la población creció más por la
extensión de las condenas que por el número de ingresos.
La Población Carcelaria y el Tipo de Delito
Como se verá, la distribución de los internos por delito que encontramos en las prisiones,
obedece a la capacidad de los sistemas de procuración de justicia de aprehender a los
sospechosos y a la de los tribunales de imponer sanción a los culpables. Es decir, la
composición de la población por delito no corresponde sólo a la distribución de los delitos
que efectivamente se cometen multiplicados por la duración de las penas que les
corresponden, sino, más bien, a la capacidad que tienen las instituciones del sistema de
Justicia para aprehender y condenar a los responsables.
Como lo muestra el cuadro siguiente, los internos detenidos por delitos violentos
constituyen el grupo mayoritario. Esto no sólo se debe a que sus sentencias son más
prolongadas, sino también refleja el incremento que este tipo de delitos ha tenido
durante los últimos años.
Tabla 6: Distribución de la Población Carcelaria por Delitos de acuerdo a la Encuesta de
Reclusos (2002)
Delitos contra la propiedad
Delitos contra persona física
Delitos contra la salud delitos sexuales
Delitos de cuello blanco
DISTRITO
FEDERAL
32.9% 49.9% 5.8% 9.7% 1.6% 100.0%
EDOMEX 21.0% 64.0% 5.2% 7.9% 1.9% 100.0%
MORELOS 16.4% 45.8% 21.8% 16.0% 100.0%
% de
ESTADO
26.5% 53.9% 8.1% 10.1% 1.4% 100.0%
Fuente: Encuesta en Centros Penitenciarios, CIDE, 2002
El delito que más se ha incrementado durante la última década es el robo con violencia.
De acuerdo a los datos de la encuesta el 57% de los acusados por robo con violencia
admitió haber utilizado un arma así como 56% de los acusados por delitos contra las
personas, también lo hizo. La imposición de condenas más severas, y por lo tanto el
incremento en el número de internos, también refleja una incidencia mayor de delitos
violentos.
Una dimensión de los delitos
Dado que no existen encuestas de victimización que puedan medir en el tiempo la
tendencia delictiva, los datos de los delitos reportados representan hasta ahora el mejor
índice de la criminalidad. Algunas encuestas parciales ubican la cifra negra en 75%, o sea,
que sólo 1 de cada 4 delitos son reportados, y para 2001 se registraron 4,400 delitos por
cada 100,000 habitantes (ICESI 2002). Sin embrago, en esta encuesta, la mayoría de los
delitos registrados no son de alta gravedad dónde la cifra negra sería seguramente mucho
menor.
Según distintas fuentes oficiales, la delincuencia alcanzó su pico máximo en 1997 y a partir
de entonces habría comenzado a descender moderadamente. Este descenso habría sido
más notorio en algunos delitos que en otros. El número de denuncias por robo, por
ejemplo, descendió 10% entre 1997 y 2001. Sin embargo, las denuncias por robo de
vehículo se incrementaron 2%. Lo mismo puede observarse en relación con los delitos
violentos: mientras que el homicidio descendió 11%, las lesiones, en cambio, se
incrementaron 12%.
Así también, mientras que el rubro de otros delitos descendió, los daños, amenazas,
fraude y abusos de confianza, se habrían incrementado. Lo mismo ocurrió con las
violaciones que aumentaron 12%. En conjunto, se habría producido un descenso sólo del
4% en el número de casos denunciados en 2001 respecto a los reportados en 1997.
Del total de delitos reportados en 1998, 43% fueron robos; 18% lesiones; 10% daño en
propiedad ajena; 5% delitos contra la salud (tráfico de drogas); 4% amenazas; 4% fraude y
3% homicidio. En cuanto al robo, el promedio fue de 583 robos por 100 mil habitantes. De
acuerdo con otra clasificación, en 2001 los delitos se distribuyeron de la siguiente manera:
robo 37.2%; lesiones 17.9%; daños a bienes de las personas 9.8% y otros delitos 35.1%
(Secretaría de Seguridad blica, 2003) Como se observa, la denuncia de delitos ante las
autoridades muestra un fuerte sesgo en el que prevalecen los delitos menores a los que se
imponen sentencias cortas. De ser así, por lo menos en una primera lectura, la población
carcelaria dista mucho de reflejar la distribución de la actividad delictiva que realmente
tiene lugar en la sociedad.
Delitos contra la salud. Algunos de los datos que obtuvimos mediante la encuesta, son los
siguientes: 8% de los internos se halla cumpliendo una sentencia por este tipo de delito,
en su mayoría, por comercio de drogas. En 56% de los casos se les acusó por comercio de
marihuana y en 34% de cocaína. Es importante hacer notar que 10% de los acusados por
comerciar con substancias prohibidas señaló que había actuado en complicidad con
autoridades, principalmente, policías.
Asimismo, de acuerdo con la información que proporcionaron los internos, el valor
promedio que obtuvieron de la comercialización de las substancias, fue de 1,168 pesos
(100 dólares aproximadamente) Esto significa que, para la gran mayoría, los montos de
comercialización fueron considerablemente bajos. De hecho, sólo en 10% de los casos los
montos excedían los 3,900 pesos (400 dólares aproximadamente), lo que indica que la
gran mayoría de quienes cumplen una sentencia por delitos contra la salud purgan
sentencias por tráfico de drogas de muy baja cuantía. Lo que abunda en las prisiones,
entonces, no son los traficantes de mayor envergadura sino los comerciantes en pequeño,
o probablemente consumidores que fueron detenidos con cantidades que apenas
superaban las toleradas para el consumo personal.
Robo. La gran mayoría de la población carcelaria sirve condenas cortas por robos simples.
De acuerdo con los datos que arrojó la encuesta, en las prisiones estudiadas hay un
número considerable, (casi 25% de quienes están por robo simple), que habría robado
menos de 1,000 pesos (menos de 100 dólares) De igual modo, la mitad de quienes se
hallan internos por robo simple, habrían robado menos de 6,000 pesos (menos de 600
USD).
Dado que más de 70% de los internos por este delito sostuvo que, de haber tenido
recursos para sobornar a las autoridades en el momento que lo detuvieron, habría logrado
evitar ir a prisión, ello permite inferir que, quienes cometen robos mayores y disponen de
más recursos, efectivamente logran eludir la sanción punitiva. Es decir, que el sistema de
justicia se concentra mayoritariamente en la sanción de delitos contra la propiedad de
quienes cometen robos de poca cuantía. De hecho, según la encuesta, lo 5% de los
reclusos que están por delitos contra la propiedad han robado montos superiores a los 75
mil pesos (7,500 USD), lo que refuerza la idea de que las instituciones encargadas de
indagar, perseguir y sancionar, fallan claramente en sancionar a este segmento de
delincuentes.
Lo anterior permitió concluir que, en los centros penitenciarios de las entidades
estudiadas, no se encuentran los delincuentes más peligrosos sino aquéllos cuya
detención ofrece menos dificultades.
El acceso diferencial a recursos como la defensa o la posibilidad que algunos tienen de
sustraerse a la justicia mediante el soborno, ocasiona que exista un gran número de
pobres en las prisiones mientras que una elevada proporción de delincuentes
profesionales queda fuera de ellas.
Homicidios. En las tres entidades federativas encuestadas, 10% de los internos se
encuentra cumpliendo una sentencia por homicidio doloso y 5% por homicidio culposo.
Debe tomarse en cuenta, sin embargo, que los internos por este delito aparecen sobre
representados en la muestra ya que, por la gravedad del mismo, permanecen por más
tiempo en prisión.
Secuestro. Con respecto al número de secuestros, durante 2001 las procuradurías
registraron un total de 345 casos a nivel nacional: casi un secuestro diario, en promedio.
Sin embargo, un organismo que agrupa a empresarios (Coparmex) señaló que en el mismo
año registró otros 297 casos que no fueron denunciados a las autoridades por lo que, de
ser así, habría habido 642 casos de secuestro durante dicho año, sin contar los
denominados secuestros Express, que duran unas horas. En las entidades encuestadas, 4%
de los internos se hallan cumpliendo una sentencia por privación ilegal de la libertad
(secuestro).
Infraestructura y Condiciones de Vida en los Centros Penitenciarios
Al igual que la mayoría de los sistemas carcelarios de América Latina, los centros
penitenciarios de México tienen marcadas carencias organizacionales y serias deficiencias
funcionales. En los centros penitenciarios existe una infraestructura para conformar una
red de datos que se emplea en menos del 10% de su capacidad existiendo, por tanto, una
ausencia grave de información técnica, adecuada y actualizada. No se cuenta, por
ejemplo, con las huellas de todos los procesados por delitos del fuero común. Tampoco se
cuenta con información verificable sobre los detenidos, sea que estén en proceso o que ya
hubieran obtenido sentencia (Gertz Manero, 2001).
De acuerdo con información de la Secretaría de Seguridad Pública, entre 1998 y 2002 se
invirtieron 5 millones de lares en la construcción de 62 nuevos centros penitenciarios;
sin embargo, se requería un millón y medio adicional para poder terminar 32 de ellos que
quedaron inconclusos. La misma fuente indica que, durante dicho periodo, se han
invertido
40 millones de dólares en capacitación, armamento, equipo, transporte e infraestructura
dentro de los sectores de seguridad y justicia pero, a pesar de ello, los índices de
criminalidad continúan incrementándose.
“egú este Pogaa: la falta de recursos financieros y de personal calificado, repercute
en la carencia de sistemas de seguridad confiables y en la ineficiencia de las funciones de
custodia, ya que éstas no se efectúan
conforme a las leyes y reglamentos en vigor, propiciando altos niveles de corrupción en
todas sus formas y modalidades: tráfico de influencias, rezago en la revisión de
expedientes, introducción, venta y consumo de drogas, extorsión, prostitución,
ipuidad, violeia y haiaieto 00.
La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, el organismo externo encargado
por ley de monitorear el adecuado funcionamiento de la readaptación social, registró un
total de 1,600 quejas por la violación de diferentes derechos que presentaron los internos
en centros penitenciarios de la ciudad durante 2002 (véase también Organización de las
Naciones Unidas, 2003)
En la encuesta de internos releva una rica información que permite documentar algunos
de los problemas antes señalados y efectúa un análisis más puntual y detallado acerca de
las condiciones de vida de los internos en centros penitenciarios en el país. Algunos de los
resultados son muy indicativos.
El hacinamiento, como en otros países, es un serio problema. En los penales
comprendidos en el estudio, hay celdas para 3 internos en donde duermen más de 10 y
otras que, teniendo lugar para 5, son habitadas por más de 20. En promedio, los internos
reportan que la última semana durmieron en un mismo cuarto con otros 9 reclusos. Es de
destacar que por la carencia de colchones y camas muchos duermen en el suelo (el 20%
reporta que tuvo que pagar para recibir un colchón, en promedio 40 pesos o 4 USD).
Tabla 7: Porcentaje de Gente que Responde Quien le Proporciona los Siguientes
Bienes
Colchón
Sábanas
Cobijas
La institución
59%
10%
20%
La Familia
4%
56%
63%
Fuente: Encuesta en Centros Penitenciarios, CIDE, 2002
En relación con la dotación de bienes de consumo básico, 53% de los internos
entrevistados osidea ue los alietos ue les popoioa so isufiietes
mientras que 41% los osidea de ala o uy ala alidad. Asiiso 9% señaló
que no cuenta con agua suficiente para beber. Además, el 98% dice que la institución no
le da jabón, al 99% no lo proporcionan pasta dental y al 98% no le dan cepillo de dientes.
Un capítulo importante acerca de la corrupción interna se describe con la paga por
servicios eleetales. Cada seviio tiee ua uota, espeialete deido a la aeia
en la provisión de bienes básicos.
Así la familia por lo general se hace cargo de esta provisión y además tiene que pagar
sobornos a los guardias de seguridad para poder introducirlos a la institución. Los
siguientes cuadros describen tal situación.
Tabla 8: Porcentaje de Internos que reporta recibir los siguientes bienes de sus
familiares
Comida
Medicinas
Dinero
Ropa o Calzado
Venta de
Productos
90%
49%
64%
85%
62%
Fuente: Encuesta en Centros Penitenciarios, CIDE, 2002
Tala 9: Poetaje de Iteos ue epota ue sus failiaes tuvieo ue paga
para poder proveerles de los siguientes bienes y servicios
Mandarlos a llamar
Traer comida
Traer copa
Visita Conyugal
35%
29%
33%
14%
Fuente: Encuesta en Centros Penitenciarios, CIDE, 2002
Asimismo, el 22% reportan que conocen internos a quienes se concedieron beneficios de
preliberación mediante pago. No obstante, el 30% señaló que el trato que se da a sus
failiaes uado los visita es alo o uy alo.
Otro tema de gran importancia es la seguridad interna en el penal. Debido a que los
internos en ciertas instancias se sienten intimidados o sus respuestas pueden no ser
correctas, el problema es en todo caso mayor. Es decir, las siguientes cifras pueden estar
subestimadas.
El 76% dijo que se sentía menos seguro en la prisión que en el lugar donde residía antes
de ingresar y un 20% de los internos afirmó que no se sentía seguro en su celda. 56%
refirió haber sufrido robos en la institución, algunos hasta en más de diez ocasiones, y 10%
reportó haber sido golpeado por custodios o por otros internos durante los últimos seis
meses.
De acuerdo a la constitución y a la perspectiva oficial, los reclusorios son centros de
readaptación social. Por lo tanto, el objetivo de la condena es en
primera medida la reformación de los internos. Para ello existen programas de educación,
entrenamiento y trabajos. La encuesta nos dice que sólo 37% de los entrevistados reportó
que participa en actividades laborales y un 55% en educativas, ello a pesar de que las
normas consideran a estas actividades como requisito para poder otorgar a los internos
beneficios de preliberación. Al respecto, un resultado interesante es lo que opinan los
reclusos acerca de cómo obtener tales beneficios. Sólo un 37% considera que lo que prima
es la buena conducta y la participación en programas de rehabilitación. Sin embrago un
49% considera que lo que importa es tener dinero y tener influencias.
Finalmente, un tema de suma importancia es el consumo de droga. Si bien sólo el 17%
reportó haber consumido droga el último mes, es muy probable que esta cifra esté
considerablemente subestimada (muchos internos no confiaron que tal información no
sería reportada a las autoridades. Las autoridades estiman que un 50% consumen
regularmente)
Sin embrago, entre quienes sí manifestaron haber consumido, el promedio de lo que
gastaron fue de 585 pesos en el último mes (casi 60 USD - también una cifra
probablemente subestimada). La gran mayoría del consumo reportado fue marihuana,
cocaína. La obtención de los recursos para la compra de la droga genera redes de
corrupción y extorsión y hasta una escalada de la violencia.
En las entrevistas previas a la encuesta con varios directores de los reclusorios, éstos
dieron la impresión, sin manifestarlo abiertamente, que la actitud hacia la droga era
tolerante.
Debido a que su mayor preocupación es la tranquilidad de los internos y evitar motines en
penales muy sobre-poblados, el consumo de drogas pareciera ser aceptado
informalmente.
Sin embrago, es altamente probable que guardias y autoridades sean cómplices de las
redes y circuitos de tráfico interno que produce ganancias económicas considerables. Sin
embargo, tal hipótesis no pudo ser probada con la encuesta.
A pesar que sólo disponemos de datos representativos para los reclusorios de 3 entidades
federativas, es altamente probable que la varianza en los resultados no sea muy grande,
es decir, que no hay razones para sostener que el resto del país o algunos estados en
especial presenten modalidades muy distintas a las que se mostraron. Por lo tanto, estos
datos y otros que derivan de la encuesta, como se señala en el estudio original Bergman et
al 2003), permiten arribar a las siguientes conclusiones en torno de los principales
problemas que enfrentan los centros penitenciarios:
1. En términos generales, casi todos los establecimientos penitenciarios incluidos en el
estudio muestran un deterioro y carencias importantes en lo que se refiere al
acondicionamiento de sus espacios, al estado de las instalaciones y el mobiliario, así como
en la disponibilidad y el acceso universal por parte de los internos a bienes y servicios
básicos. Estas deficiencias tienen, sin embargo, un indudable impacto negativo sobre la
calidad de vida de los internos y, consecuentemente, sobre el tipo de relaciones e
intercambios que se generan entre ellos y con el personal.
2. El rol de los familiares es determinante para el bienestar del interno. Las familias
asumen con frecuencia, y de diferentes maneras, una parte importante de los costos de
reclusión del interno. Esto significa que la institución impone, o admite de facto que se
impongan, penas que incluyen a la familia, que trascienden al interno.
Además de que esta situación es jurídicamente inadmisible, coloca en una situación de
desventaja a aquellos internos que carecen de familia o cuyas familias no están dispuestas
o no tienen la posibilidad de asumir dichos costos.
3. El orden, la legalidad y la seguridad al interior de la institución, contribuyen a fortalecer
la hipótesis de que la institución carcelaria tiende a conformar un universo propio de
relaciones que se caracteriza por el predominio de un régimen para-legal.
El hecho de que los internos convivan durante un cierto tiempo dentro de un régimen con
estas características, constituye un argumento más en favor de emprender una revisión a
fondo acerca del papel que, en la práctica, desempeña hoy en día la institución
penitenciaria.
4. El incremento de la población carcelaria, la falta de infraestructura adecuada, y los
niveles de corrupción interna y falta genuina de readaptación, denotan la baja inversión
en recursos humanos y recursos materiales para resolver la crisis penitenciaria. No existe
la voluntad político-administrativa para enfrentar tales desafíos. Es decir, esta situación
general indica que las prisiones no se consideran un rubro sustantivo o relevante tanto
dentro de la agenda política de México como de las políticas de asignación de recursos.
Las prisiones no son vistas, en otros términos, como un renglón en el que merece la pena
invertir, sino, más bien, como un gasto que siempre sería deseable poder economizar.
Los Reclusos y El Sistema de Administración de Justicia
La reclusión es el último eslabón de la cadena llamada el Sistema de Justicia Penal. A las
cárceles llegan quienes fueron detenidos, acusados y sentenciados. En distintas instancias
existen filtros y sistemas que van moldeando el tipo de delincuente que terminará
cumpliendo una condena, es decir estas instituciones inciden directa o indirectamente en
la institución penitenciaria. Algunos datos que arrojó la encuesta ilustran aspectos que
omiten las estadísticas oficiales.
Del total de los sentenciados entrevistados, 65% dijo que se declaró culpable ante el
Ministerio Público (en las procuradurías de justicia). Las razones que adujeron para ello, se
distribuyen de la siguiente manera: 50% porque se reconocen como culpables; 23% por
haber sido torturados; 12% por haber sido amenazados; 3% porque se los recomendó su
abogado y 2% por habérselo recomendado el Ministerio Público. El 10% restante
proporcionó otras razones.
En los juzgados el 66% de los internos dicen no haber sido informados de su derecho a no
declarar, mientras que el 80% no fueron informados de este derecho en las agencias del
Ministerio Público. Poco más de una cuarta parte, 27%, no contó con un abogado al
momento de rendir su declaración preparatoria.
Un significativo 71% de los sentenciados reportó que el juez no estuvo presente cuando
rindió su declaración preparatoria y un 80% reportó que nunca tuvo la oportunidad de
hablar con el juez.
Una parte de los encuestados percibe que, de haber sobornado a las autoridades, podría
haber eludido la prisión, Sin embargo, esta percepción de corruptibilidad no se distribuye
de manera uniforme entre los distintos tipos de autoridades que intervinieron desde que
el interno fue detenido hasta que recibió sentencia. Mientras que 52% de los sentenciados
considera que pudo haber quedado en libertad de haber sobornado a los policías que los
detuvieron, esta proporción se reduce a 37% al referirse al Ministerio Público y disminuye
al 27% con relación a los secretarios de acuerdo o los jueces.
Al preguntarles expresamente a los internos si alguna autoridad les pidió dinero o
pertenencias a cambio de su libertad, los encuestados respondieron que las autoridades
más susceptibles de ser extorsionadas, son: la policía judicial, en primer lugar, y la
preventiva, en un cercano segundo lugar. Aquí la tendencia que se observa sobre la
percepción de corruptibilidad se mantiene conforme a lo observado en el párrafo anterior,
es decir, que a medida que se avanza en el proceso, las puertas de la corrupción se van
reduciendo. En este caso la distribución de la corrupción reportada por tipo de autoridad
quedó como sigue:
Tabla 10: Corrupción reportada por los internos (% que respondió afirmativamente)
Tipo de autoridad Le pidió dinero o pertenencias al interno
Policía preventivo
19%
Policía judicial (procuraduría)
22%
Ministerio Público (procuraduría)
7%
Custodio (prisión)
6%
Secretario de Acuerdos (juzgado)
4%
Juez
3%
Fuente: Encuesta en Centros Penitenciarios, CIDE, 2002
Se formularon también preguntas específicas sobre el tipo de maltratos y/o abusos que
los internos pudieron haber sufrido a lo largo del proceso penal. Las respuestas, una vez
más, variaron dependiendo del tipo de autoridad, distribuyéndose de la siguiente manera:
Tabla 11: Maltrato o abuso ejercido contra los internos ( % que respondieron
afirmativamente si fueron humillados o torturados)
Tipo de autoridad
Lo amenazó o lo humilló
Lo golpeó o lo torturó
Policía preventivo
16%
24%
Policía judicial
32%
41%
Ministerio Público
6%
3%
Custodio
4%
4%
Secretario de Acuerdos
1%
1%
Fuente: Encuesta en Centros Penitenciarios, CIDE, 2002
El 60% de los encuestados señaló haber sido detenido en el momento o a escasas horas
de haberse cometido el delito. La elevada proporción de detenidos en flagrancia permite
también inferir que la mayor parte de las detenciones las realiza la policía preventiva. Así
las cosas, es previsible que la mayoría de los delitos que se castigan sean de escasa
complejidad y, probablemente también, de escasa gravedad. De manera similar, es
probable que en la mayor parte de los casos que llegan a juicio no exista una investigación
a fondo por parte de las procuradurías.
La información de la encuesta permitió arribar a las siguientes conclusiones por lo que se
refiere al desempeño de las instituciones de procuración y administración de justicia.
a) El momento en que el delincuente es detenido por la policía, es al que se señala con los
mayores niveles de corrupción percibida y reportada. Representa por ello la puerta de
salida informal más importante para que un delincuente logre sustraerse de la acción
penal.
b) La investigación a cargo de las procuradurías logra identificar sólo a una proporción
muy reducida de sujetos responsables. La mayor parte de los sentenciados fueron
detenidos en flagrancia.
c) La mayoría de los delitos que se sanciona son de escasa gravedad y complejidad.
d) Existe una violación sistemática de los estándares mínimos del debido proceso legal,
desde el momento de la detención hasta el de la sentencia. Esta violación es más aguda en
las agencias del Ministerio Público.
e) La mitad de los sentenciados informó haber confesado su participación en el delito
debido a que se ejerció sobre ellos intimidación o tortura.
f) Existe un desequilibro importante durante el juicio entre acusado y acusador en
detrimento del primero. Éste desequilibrio se explica, tanto por la falta de una defensa
adecuada, como por la ausencia del juez en la conducción del juicio.
g) Todo ello da como resultado que el acusado se perciba, la mayoría de las veces, como
injustamente castigado.
CONCLUCIONES Y REFLEXINES FINALES
La institución carcelaria en México no ocupa un lugar de importancia en el esquema social
de contención y lucha frente al incremento de la criminalidad. Parece responder más a
una estrategia de castigo diferencial dirigida hacia quienes no pudieron evitar ser
procesados y sentenciados, que a una política articulada y consistente que enfrente la
criminalidad dentro de un marco de respeto a la legalidad y a las garantías
constitucionales. Las conclusiones más relevantes que, de este modo, obtuvimos tanto del
análisis de los datos oficiales como de los que arrojó la encuesta, son las siguientes:
1. Durante la última década, la población en prisión en México se duplicó al pasar de 87
mil internos en 1992 a 191 mil en 2003. La evidencia inicial sugiere que este incremento
obedece más al aumento en la severidad de los castigos y la negativa en concederles
beneficios de preliberación, que a la detención de un mayor número de delincuentes.
2. La provisión de servicios básicos dentro de las presiones, el mantenimiento de la
higiene y la seguridad, así como los programas de rehabilitación se encuentran en un
estado de profundo deterioro. Los internos dependen de sus familias para servicios
básicos, la corrupción es rampante, y la arbitrariedad y abusos violan los mínimos
derechos humanos dentro de las cárceles.
3. En los centros penitenciarios del país no habitan, en general, los delincuentes que han
cometido los delitos más peligrosos, sino los pobres. La gran masa de la población
penitenciaria está compuesta por internos responsables de delitos relativamente
menores, lo que contrasta con la magnitud y gravedad de la creciente criminalidad.
La proporción de internos recluidos por delitos graves es muy baja mientras que existen
evidencias de que este tipo de delincuentes logra eludir con mayor frecuencia las
sanciones penales.
4. Existe un incumplimiento de estándares básicos en todos los niveles del sistema de
procuración y administración de justicia. En cada una de las instancias, desde la
aprehensión del detenido hasta su confinamiento en la prisión, existe una alarmante falta
de apego a estándares mínimos del debido proceso legal que minan la credibilidad del
sistema de justicia penal en su conjunto.
Finalmente, una reflexión acerca del rol que cumplen las cárceles en México a la luz de la
función y objetivos que cualquier institución penitenciaria puede tener. Estos pueden ser:
1) Un instrumento de disuasión externa para aquellos que consideran cometer delitos.
Para ello quien viola la ley debe tener una sensación subjetiva por la cual es
medianamente probable que sea aprehendido y encarcelado. En el caso mexicano la gran
mayoría considera que es improbable ser detectado en un ilícito, por lo tanto el efecto
disuasorio es limitado
2) Puede ser un instrumento de contención y reducción de delitos. Si un homicida serial
esta tas las ejas seguaete la soiedad se ahoaa u ueo de homicidios
adicionales. En este caso es menester encarcelar al mayor número de delincuentes que
cometen numerosos y costosos delitos. Nuevamente, de acuerdo a esta muestra, las
cárceles concentran más de un 50% de presos por delitos menores y muy probablemente
la inmensa mayoría de los delincuentes peligrosos permanecen libres.
3) Puede ser un instrumento de castigo o retribución. En este caso las cárceles se utilizan
como instrumento de castigo simplemente para penalizar a quien comete ciertas
violaciones a la convivencia. Si bien su alcance es limitado, los resultados de esta encuesta
parecen apoyar moderadamente este objetivo. Sin embargo, para ser efectivo, el numero
de castigos parece ser limitado y sesgado hacia los sectores mas marginales de la
sociedad. Es decir, son raros los castigos a los delincuentes con poder.
4) Puede ser un instrumento de rehabilitación. La institución carcelaria se convierte en un
vehículo de rehabilitación y reinserción social para quienes la sociedad fallo en
proporcionar los medios adecuados para una exitosa participación social. A pesar de ser
este el mandato de la constitución mexicana, claramente la encuesta nos demuestra un
total fracaso de este objetivo.
En resumen, de los cuatro mayores objetivos sociales de la institución carcelaria, en
México solo el efecto castigo (ojo por ojo) parece cumplir, y aún en forma muy limitada y
sesgada hacia los sectores más desprotegidos de la sociedad. El abandono de los otros
tres objetivos debe prender focos rojos en la sociedad y autoridades si es que se desea
trascender el único aspecto vengativo de la institución que parece cumplir.
PROPUESTA FINAL
ADAPTAR DE ACORDE AL MARCO CONSTITUCIONAL, EL MODELO ACTUAL A UNO
RETIRBUTIVO EMPRESARIAL, EN EL CUAL RIJAN LAS NORMAS Y METODOS DE LA
ADMINISTRACION Y DIRECCION MODERNAS, QUE HAN PROBADO EFICACIA EN LA
INICIATIVA PRIVADA, SIN ENTENDERSE TRABAJO FORZADO O ESCLAVITUD, SI NO UNA
VERDADERA OPORTUNIDAD PARA EL DELINCUENTE DE REINSTALARSE EN SOCIEDAD YA
REHABILITADO MENDIANTE EL TRABAJO.
PARA LO CUAL, ESTE NUEVO MODELO PROPONE LA TOTAL DESMANTELACION DE LOS
ACTUALES CENTROS PENITENCIARIOS, DE MEDIA Y MAXIMA SEGURIDAD,
SUSTITUYENDOLES POR CENTROS COMUNALES DE TRABAJO DE REINCERSION, DONDE EL
SENTENCIADO PODRA ESCOGER EL AREA DE SU PREDILECCION, SEGÚN SUS HABILIDADES
Y PERFILES, DESDE ACTIVIDADES DE PRODUCCIÓN AGRICOLA, AGROPECUARIA,
INDUSTRIAL Y QUIMICA. EN LA CUAL SE TENDRA UN SALARIO MINIMO DEL QUE SE
DESCONTARA ESTANCIA Y COMIDA, Y SE DESTINARA MEDIANTE UN SISTEMA DE
ATENCION O PREVISION SOCIAL, EL RESTO EN UN CHEQUE A PRIMERAMENTE LAS
VICTIMAS DEL DELITO, EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE PARA RESARCIR EL DAÑO, PARA
DESPUES QUEDAR A NOMBRE DE LOS FAMILIARES O FIDEICOMISO PARA LOS HIJOS DEL
DELINCUENTE, QUE PAGE SUS ESTUDIOS Y NECESIDADES BASICAS.
ASI MISMO, ESTE NUVO MODELO CONTEMPLARA LA CREACION DE MICRO Y MEDIANAS
EMPRESAS, PARA QUE EL DELINCUENTE YA REFORMADO, TENGA UN CENTRO DE TRABAJO
COMODO Y A SU ELECCION EN LA SOCIEDAD UNA VEZ TERMINE SU ESTADIA EN LOS
CENTROS DE TRABAJO.
Bibliografía
Arango, Arturo (2004). Sistema de Información Delictiva, INACIPE.
Bergman, Marcelo, Elena Azaola, Ana Laura Magaloni y Layda Negrete (2003). Mapa
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Gertz Manero, Alejandro (2001). Minuta de la comparecencia del Secretario de Seguridad
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Zepeda, Guillermo (2002). Entre la delincuencia y la impunidad: el desempeño de las
instituciones de procuración de justicia penal de México frente a los desafíos de la
Seguridad Ciudadana, inédito.
UNIVERSIDAD DEL SUR
MAESTRIA EN CIENCIAS PENALES
METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN JURÍDICA
DR. MARIO CEDILLO OSORIO
SISTEMA PENITENCIARIO RETRIBUTIVO
ITEN MARIO MENDOZA CAMACHO
ENSAYISTA
RESUMEN BREVE
EL ACTUAL SISTEMA PENITENCIARIO MEXICANO HA DEMOSTRADO SU TOTAL
INEFICACIA E INCAPACIDAD PARA READAPTAR, PUES MIENTRAS MAS SE
ENDURECEN LAS PENAS, MAYOR ES EL INDICE DE RECLUSOS REINCIDENTES Y
MENOR LA SUPUESTA READAPTACION; ASÍ, LAS CARCELES SON AUTENTICAS
UNIVERSIDES DEL CRIMEN.
EL SISTEMA PENITENCIARIO RETRIBUTIVO PROPONE UN MODELO BASADO EN
EL TRABAJO CON UNA VISION EMPRESARIAL, DE TAL FORMA, QUE LO QUE
AHORA SON CARCELES, SE TRANSFORMEN EN CENTROS RURALES DE
PRODUCCION O CENTROS URBANOS INDUSTRIALES DE TRABAJO PARA LA
REINCERCION SOCIAL, EN EL CUAL EL INTERNO SE SUSTENTE Y NO CAUSE TAL
CARGA PRESUPUESTARIA, Y ADEMAS, DEVENGE UN SALARIO MINIMO, EL CUAL
SEA DESTINADO A SU FAMILIA Y A RESARCIR LOS DAÑOS OCASIONADOS CON SU
CONDUCTA CRIMINAL, AL TIEMPO QUE APRENDE Y APLICA UN ARTE O CIENCIA,
DENTRO DE LA CIENCIA, INDUSTRIA O MATERIA AGRICOLA O PECUARIA.
ASI MISMO, LA ESTRUCTURA ORGANICA SE TRANSFORMARA A VISION
GERENCIAL, Y LAS DIRECTRICES HAN DE SER, LA VERDADERA Y EFICAZ
REINCERSION DEL DELINCUENTE A LA SOCIEDAD, Y AL TIEMPO, SU AUTO
SUSTENTABILIDAD CON EL MERITO DE ADQUIRIR O PERFECCIONAR CIENCIA,
ARTE O DESTREZA REAL.

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Mendoza Camacho Iten Mario. (2011, febrero 23). Sistema penitenciario mexicano, su adaptación al modelo retributivo. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/sistema-penitenciario-mexicano-su-adaptacion-al-modelo-retributivo/
Mendoza Camacho, Iten Mario. "Sistema penitenciario mexicano, su adaptación al modelo retributivo". GestioPolis. 23 febrero 2011. Web. <https://www.gestiopolis.com/sistema-penitenciario-mexicano-su-adaptacion-al-modelo-retributivo/>.
Mendoza Camacho, Iten Mario. "Sistema penitenciario mexicano, su adaptación al modelo retributivo". GestioPolis. febrero 23, 2011. Consultado el 14 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/sistema-penitenciario-mexicano-su-adaptacion-al-modelo-retributivo/.
Mendoza Camacho, Iten Mario. Sistema penitenciario mexicano, su adaptación al modelo retributivo [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/sistema-penitenciario-mexicano-su-adaptacion-al-modelo-retributivo/> [Citado el 14 de Agosto de 2018].
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