La facultad de la vida y los compartimentos. El doble bloqueo de las Alma Mater Modernas

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…no se puede reformar la institución sin haber  reformado previamente las mentes, pero no se pueden reformar las mentes si no se reformaron previamente las instituciones…. Esta es una imposibilidad lógica que produce un doble bloqueo.

Edgar Morin.

La investigación es una actividad compleja e integrativa, difícilmente podría germinar en las estructuras de la universidad tradicional, su estado de desconexión con el ser y con los problemas de las propias realidades sociales, no se lo permite, la universidad tradicional se mueve encarcelada en la rigidez de las normas establecidas y las ideas fijas.

Para Edgar Morin y otros pensadores y científicos circunscritos al paradigma emergente aprendemos para la vida. En la facultad de la vida reina la fuerza de las ideas “hablamos de ideas, porque sólo las ideas tienen licencia para sobrevolar libremente las fronteras” comenta Wagenberg, (2003 pág. 94) esta es una facultad soberana  con la cual cuenta el ser humano para romper  ataduras y fronteras, por la cual descubrimos el sentido que tiene la vida, nuestra existencia, y en cierta forma, el lugar que ocupamos en el universo, vivimos conforme a nuestras ideas y creencias.

Morin, en su gran obra El Método IV, centrado especialmente en las ideas, afirma que ellas están dotadas de vida, es el mundo de las ideas lo que alimenta nuestras vidas, desde lo psicológico, lo espiritual, lo social y lo cultural; en consecuencia, el principal obstáculo intelectual del conocimiento reside precisamente en nuestro medio intelectual, por tanto asevera Morin, hace falta una cadena de entendimiento, para que opere la reforma que supone una verdadera revolución paradigmática, la que a su vez, supone también la reforma de ese entendimiento.

Avivar nuestro entendimiento, implica una tarea aleatoria e incierta, es romper esquemas, sin lo cual no hay apertura al cambio, esto es lo que debiera animarnos y movilizarnos, comprender que la “revolución se juega hoy no tanto en el terreno de las ideas buenas o verdaderas opuestas en una lucha a vida o muerte a las ideas malas y falsas, sino en el terreno de la complejidad del modo de organización de las ideas” (Morin, 1992, pág. 244).

Así vemos como las ideas influyen substancialmente nuestros valores, intenciones, sentimientos y los condicionan, influenciando de igual manera nuestro modo de ver el mundo y el modo de relacionarnos con las y los demás, de sentir, actuar y vivir, las ideas no solo son instrumentales y bárbaras, son generadoras de nuestra intención:

No hemos comprendido que nuestra razón, nuestra ciencia, nuestro humanismo, a los que creíamos civilizados y civilizadores estaban aquejados de barbarie y que ahogaban la fuente civilizada/civilizadora que había en ellos. Bárbara era nuestra idea de que el racionalismo es racional, de que la ciencia solo es científica, de que el humanismo es humano. (Morin, 1992, pág. 252)

La idea[1] no tiene tamaño, cantidad ni cualidad, pero es inspiradora y poderosa. Las ideas tienen que ver con nuestra capacidad de reflexión, con nuestra creatividad, siempre están en movimiento, fluyen, se desprenden y emprenden movimientos, individuales y colectivos, muchas veces son movimientos decisivos en las crisis de la humanidad, de todos los tiempos, así las ideas convertidas en pensamiento continúan reproduciendo, lo que Laszlo denomina hologramas, cargados de in-formación que son la característica particular más real y efectiva de nuestro universo, y la característica crucial de la Teoría Integral del Todo y considerada el descubrimiento más revolucionario, según Laszlo:

El descubrimiento revolucionario de que en todas las raíces de la realidad aparece un campo cósmico de interconexión, que conserva y transmite la información…el campo akásico… con los nuevos horizontes abiertos por los últimos descubrimientos científicos, este campo se ha vuelto a descubrir. Los efectos del campo akásico no se limitan al mundo físico: el “campo

A”…informa a todas las cosas vivas, a todo el tejido de la vida.” (Laszlo, 2004, pág. 30)

Vivir la idea de un planeta vivo nos cambia radicalmente, despierta  sutilmente nuestra sensibilidad, aumentando las posibilidades de admitir que como seres pensantes creamos ideas en nuestras experiencias y nuestras realidades.

La facultad de la vida yace “en” el interior del campo de in-formación. Coexistimos en un universo holográfico, en el cual todo es conexión, somos conectados por nuestros pensamientos y sentimientos, aunque se trata de conexiones imperceptibles al ojo humano, debemos reconocer que, a partir de la cuántica y las ciencias de frontera, el carácter de las conexiones revoluciona el pensamiento científico.

Laszlo explica que las redes de conexiones constituyen un cosmos evolutivo y coherente, que deviene del misterio del enmarañamiento cuántico,  el fluir de la conexión instantánea es un estado permanente entre las moléculas, los organismos, sus entornos y además, lo que parece más impactante, hay conexiones entre las consciencias de los distintos e incluso distantes, seres humanos, todo esto tiene una única explicación, dice Laszlo, que es la misma en todos los casos, la in-formación, sabemos que no hay solo materia y energía en el universo, sino también: ”… un elemento más sutil, pero no menos real:

información, en forma de “in-formación una información de esta clase conecta todas las cosas en el espacio-tiempo (en realidad conecta todas las cosas a través del espacio y del tiempo)” ( Laszlo, 2004, pág. 40).

Suponga que cristalizamos estas revolucionarias ideas, las abrazamos, y desde allí reflexionamos ¿acaso hay solución para los problemas planetarios de nuestro tiempo? Pareciera que sí, siempre y cuando re-pensemos nuestras ideas, cambiemos nuestros valores, reconozcamos el poder de la “in-formación” y además devolvamos la importancia que tienen las intenciones al alimentar nuestros sentimientos. Es así como muchos de los pensadores del paradigma naciente lo sugieren y lo plantean, sólo como resultado del cambio de percepción y cambio radical de nuestros deseos, sentimientos y pensamientos, podremos albergar nuevas esperanzas.

Ahora estamos conscientes, los problemas pueden ser abordados desde las posibilidades, desde la mutación de pensamientos, en tal cambio vamos a presenciar la incubación de otras emociones, que emergen cuando hay conciencia del nuevo sentido de la vida, y nos aproxima a una nueva percepción del universo.

Por tal inspiración es que, hoy más que nunca, somos responsables de la arquitectura y la evolución de la vida, tomando conciencia, de que no podemos esperar una transformación[2] desde las y los demás, yo soy responsable del cambio, así se inicia la vivencia de los nuevos valores, reconociendo que el camino de la transformación me corresponde, la cual sólo puede tener lugar en la convivencia común, en la transformación diaria de nuestros sentimientos, actitudes  e intenciones, los pensamientos nutren los deseos, así Dispenza, J. citado por Arntz,W., Chasse, B., y Vicente, M, explica:

Tenemos los mismos pensamientos una y otra vez,  cimentamos conexiones en la red neural de nuestro cerebro…esto hace que actuemos de la misma  manera una y otra vez… al modificar nuestros pensamientos, podemos “quebrar esa conexión neural y establecer otra nueva” podemos cambiar nuestras acciones solo creyendo sinceramente, con el deseo (2007).

La transformación, además invita a extender nuestros sentidos[3]. Los descubrimientos de la neurociencia dan cuenta que las emociones  también producen péptidos, moléculas transmisoras en el ADN (a modo de información), por tanto la posibilidad de “crear” se cristaliza en nuestros deseos por “evolucionar”, para ello, ya lo hemos comentado, se trata de romper con los antiguos patrones y esquemas mentales, romper para abrir.

Las nuevas  ideas provenientes de la Teoría Integral del Todo de Laszlo, admite el potencial que hay en el ser humano, en la naturaleza y en toda la humanidad de crear y co-crear el entorno, con nuevos pensamientos se crean nuevos hologramas. Con nuevas miradas sí podemos ir más allá de nuestros sueños y aprehender mutuamente para hacer las elecciones más inteligentes y sensitivas.

Gozamos del libre albedrio, el cual, como lo sabemos, reside en la corteza cerebral, en nuestra compleja mente interconectada. La visión de una mente conectada, fluyendo en estado de contacto permanente con las y los demás, en un universo in-formado, como sostiene Laszlo, es quizá la invitación más poderosa para atrevernos a peregrinar nuestra existencia con alegría, con-pasión y en comunidad.

Desde esta nueva percepción, el concepto de comunidad sufre un total derrumbamiento; mi comunidad ensancha sus horizontes, es más global, el mundo, sin fronteras, es ahora la nuestra la nueva comunidad, bueno, lo ha sido siempre, solo que no lo habíamos reconocido, no lo sabíamos.

La visión del todo integrado, nos invita a explorar, buscar el desarrollo de la capacidad de re-conocer las interconexiones[4], aprehender a desarrollar el potencial creativo que faculta nuestra naturaleza, gozando de la creatividad siempre emergente de un universo creativo, in-formado, glorioso, viviente, orgánico e interconectado. De esto deducimos, que tenemos la elección de seguir el camino de la ilusión y la ceguera de los antiguos y rígidos esquemas mentales, o bien, arriesgarnos en los caminos de la imaginación y el deseo[5], que implica aceptar nuestra capacidad para evolucionar, en la inspiración de una nueva conciencia en el entorno de la sociedad-red. La elección es nuestra, la intención[6] siempre tendrá sus efectos en los sistemas físicos, por cuanto debemos aprender a vivir, indagar estrategias para, efectivamente desarrollar nuestra capacidad de manejar la intención. Esta es la facultad de la vida en la que nos arriesgamos.

La investigación compleja es una actividad humana, sustentada en la lógica reticular.

La comprehensión que se deriva de la “formación reticular” nos lleva a la reflexión interior e induce un sentir-me vivo-a, a explorar estrategias para aprehender nuevas habilidades. Este es el legado y las trazas que podemos dejar en los hologramas. “Nuestros sentidos no son ventanas, sino interlocutores con el mundo” (Assmann, 2006 pag.37).

Debemos sembrar la categoría de re-cargar los hologramas con información transformadora, que nuestra niñez, nuestros estudiantes, desde la más tierna edad aprendan a reconocer que en el universo, las ideas, los miedos, sus pensamientos, sus rencores y sus emociones tienen consecuencias. Podemos cristalizar nuevas capacidades para cambiar nuestros sentimientos, para operar y con-vivir  con-pasión, en base a una intencionalidad más sensibilizada con nuestro planetaria-hogar.

Si los pensamientos quedan registrados en la memoria del universo, siendo el vacío cuántico el medio que transporta sutilmente el campo de in-formación, entonces es posible aceptar que somos protagonistas, constructores en el universo, creando lo que somos, es aceptar el estado de conexión, expandiendo la conciencia cósmica.

Los efectos de pensamientos y los deseos, en definitiva, son poderosos, por eso es importante saber, que aunque el lóbulo frontal del cerebro es el responsable de las intenciones, -eso dice la neurociencia-, es desde allí que se forma el proceso de toma de decisiones, regulando la conducta, pero es desde el campo de in-formación -que existe en nuestro universo- que se cristalizan los hologramas en la mente, así Laszlo logra familiarizarnos con la idea de los hologramas:

Nuestro cerebro individual puede leer la información transportada por estos hologramas. Bajo el principio de que las cosas similares tenderán a mantener una información mutua, puede leer primero toda la información incluida en el holograma de nuestro cerebro y nuestro cuerpo… Estos hologramas individuales se integran en un súper holograma, el cual engloba el holograma de una tribu, comunidad o cultura. Los hologramas colectivos se interconectan e integran a su vez con el súper-súper holograma de toda la gente. Este es el fondo de conciencia colectiva de la humanidad. (2004, pág. 51)

-Qué relación tiene el reconocimiento de la in-formación, los hologramas con nuestras Alma Máter?

Las universidades no pueden de ninguna manera, desconocer las crisis, ni los nuevos descubrimientos científicos, a ellas les corresponde explorar las nuevas teorías, mantenerse actualizadas  y albergar los cambios.

El cambio, se aprecia como un multi-estado complejo y dinámico, es movimiento, impredecible, sin embargo pareciera que esta apreciación, se ha quedado en letras muertas, pues da la impresión que el sentido de la noción de cambio no ha llegado aún a las Alma máter, a nuestras universidades, como afirma Capra:

El reconocimiento de la necesidad de un profundo cambio de  percepción y pensamiento capaz de garantizar muestra supervivencia, no ha alcanzado todavía a los responsables de las corporaciones ni a los administradores y profesores de nuestras grandes universidades. (1998b, pág. 26)

Alma máter es una locución de origen latino que significa “madre nutricia, madre que alimenta” es una expresión nominalmente femenina y se le usa a manera de metáfora revestida de un fuerte contenido emocional, la expresión Alma Máter, hace históricamente referencia, a la universidad como institución legitimada en la sociedad, importante fuente proveedora de alimento intelectual, el conocimiento y nuevos saberes. No obstante, las universidades nos han proporcionado un conocimiento que se ha sustentado, paradójicamente de las ideas y los valores de desigualdad, provenientes del paradigma del patriarcado.

La universidad moderna, en cuyos recintos y políticas reinan las contradicciones, es un territorio donde hoy es posible encontrar la ciencia y la cultura de una investigación sin “extensión”, encriptada y tautológica, cuyas verdades sólo tienen sentido en el monologar de la” comunidad científicista”. Este tipo de inconsistencias, determinan otras deformaciones del pensamiento y la acción consecuente. Entonces es incongruente la re-creación del conocimiento sin crecimiento, sin comunicación, aislado, sin conexiones, desarraigado del placer de la búsqueda. Desde esta perspectiva es posible interrelacionar esta interrogante con el doble bloqueo que se desprende de la imposibilidad lógica, a la que se refiere Morín, la imposibilidad que se produce en la reforma[7] del pensamiento: no se puede reformar la institución sin haber reformado previamente las mentes, pero no se pueden reformar las mentes si no se reformaron previamente las instituciones.

Al hablar de la universidad, generalmente no se toma conciencia de ésta como un sistema vivo, interdependiente e interconectado , pensamos en sus partes, en secciones, lo que menos se piensa es en su “ecología científica”, la aproximación del conocimiento enlazado, vinculado a la pedagogía del pensar y del ser, con verdadero sentido de la vida, el ser en libertad de expresión en todas sus dimensiones; menos se piensa en las posibilidades de la trascendencia, como la más alta aspiración humana, la espiritualidad y la conciencia, vemos que en las universidades han quedado encarceladas en las redes de la burocracia, el control y el poder.

La espiritualidad y la conciencia, quedaron relegadas en los marcos de los planes y programas, quedaron reducidas a simples contenidos muertos, por eso Morin habla de la necesidad de reforma que tiene la universidad moderna y lo expresa en los siguientes términos:

…la reforma del pensamiento exige la reforma de la universidad. Esta debería implicar una reorganización general a través de la instauración de facultades, departamentos o institutos dedicados a las ciencias que ya hayan experimentado una unión de campos pluridisciplinaria alrededor del núcleo organizador sistémico (ecología ciencias de la Tierra, cosmología)… La reforma crearía una Facultad del conocimiento, que agrupe epistemología, filosofía del conocimiento y ciencias cognitivas… habría que crear una Facultad de la vida. (Morin, 2002b, pág. 88)

¿Podemos siquiera sospechar que ha empezado el movimiento hacia esa la re-ligación y la unión, un movimiento que nos daría, no disciplinas, sino metadisciplinariedades? Posiblemente estamos presenciando el nacimiento de tal movimiento, no obstante, hoy en día, al hacer referencia a la universidad lo primero que salta a la vista es la concepción de competencia, la universidad como organización altamente competitiva, una organización que busca su lugar entre las grandes corporaciones. Parece que la idea es fuertemente influenciada por los modelos de desarrollo, la economía y las teorías que se desprenden de la Administración de empresas y la Administración de negocios, como de otras disciplinas modernas.

Zabalza (2002 pág.58) señala que a pesar de que se habla frecuentemente  de la transformación de la Educación Superior, y en particular de los cambios operados en las universidades de América Latina, se tiene la impresión general de que la universidad se ha quedado un tanto al margen  del proceso de la formación continua, en parte como consecuencia de sus propias contradicciones internas y su dificultad para flexibilizar sus estructuras y su estilo de actuación. Assmann, señala que “Lo que llamamos conocimiento, en un sentido amplio, es precisamente esta organización dinámica del sistema organismo/entorno, en cuanto le posibilita actuar” (2006 pag.37) ¿Es la investigación científica de las universidades activa, religada con la vida, conectada con las realidades en plural, dinámica y movilizadora?

Presenciamos los escenarios de una universidad, encerrada, como torre de babel, pierde su espacio social para rizomatizarse vitalmente con los desafíos de una sociedad cada vez más complejizada por las profundas transformaciones tecno-científicas, pero sobre todo con las nuevas manifestaciones culturales. Un cambio paradigmático como el que se ha señalado aquí, requiere: la transformación de la persona en toda su dimensionalidad.  Entonces, burocratizada en su accionar, nuestras universidades encriptan los lenguajes en entornos disciplinares, y adopta otros campos como señal de cambio, sin que esté anclado auténticamente en las nuevas lecturas, en el abordaje de realidades plurales y diversas.

Por eso íntimamente nos percatamos, que el cambio en la universidad moderna, no se acompaña con el ritmo que requiere la época. Falta sensibilidad, diálogo, falta humanidad, falta desarrollar la atención de los sentimientos, falta desarrollar la intuición. Las reglas de la institucionalidad y la ritualización de los procederes individuales y colegiados, han guiado a la universidad de la modernidad a permanecer estática, fiel a tradiciones, a simbolizaciones estériles, que las legitima como instituciones “históricas”, pero que las aísla del ritmo acelerado de los cambios culturales y del entorno. En las últimas décadas, algunas de ellas se han revestido de innovación y de eficienticidad -utilizando la investigación elitista e incluso empresarial-, como una posición más esnobista, que reformadora.

La experiencia nos ha demostrado que cambiar de enfoque, no siempre obedece a intenciones ni a pensamientos profundos. El llamado a lo innovador tampoco es necesariamente, lo que se requiere para adelantarnos a los procesos. Mientras la vida está en constante transformación,  la institucionalidad camina atrás, sin sincronía ni armonía. Sin agenciamientos[8], muchos de los cambios innovadores, resultan sólo cosméticos, es decir parece que se presentan carentes de significado para las poblaciones que justifican su razón de ser. Esto ocurre cotidianamente en las instituciones educativas. Por eso, como se ha planteado, necesitamos un pensamiento nuevo transformador en nuestras instituciones educativas, el movimiento ya está en marcha en otros espacios de la vida social.

La universidad concebida como organización, parece que pierde su identidad de Alma Máter, en los albores en la nueva era -la era del conocimiento y la tecnología de punta– quizá más que nunca, enfrenta desafíos supremos, de la historia de la humanidad, la revolución de la conciencia ecológica, la reconciliación con nuestro planeta y la evolución de la conciencia cósmica.

La universidad está llamada, muy seriamente,  a des-puntar, el “impasse, está en su punto de quiebra”, algo que sólo puede gestionarse desde la expansión de la nueva conciencia, desde el corazón humano, apoyada en la coherencia de las conexiones físicas reales entre organismos y naturaleza, lo cual como dice Laszlo son descubrimientos que se desprenden de nuevas teorías, que posiblemente se convertirán en ciencia reconocida en el transcurso de los próximos años, este es un profundo mensaje que la universidad tiene que reconocer desde el corazón, como único camino:

…quizás el único camino para ir más allá del punto muerto, de las buenas intenciones y retórica noble pero de poca acción o de acción no positiva, en relación a los problemas que enfrenta toda la comunidad humanidad, es dirigirse no solo al intelecto de unos pocos líderes políticos y empresariales, sino al corazón de las personas que componen la sociedad…dirigirse al corazón y a la imaginación de las personas y crear motivación para la acción positiva y rsponsable.(Laszlo,2004 pág. 196)

La visión holista es sistémica y ecológica, promulga por una universidad dinámica, con verdadero sentido, como sistema, una universidad ecológica que es por y para la humanidad desde su nicho vital, a modo de organismo vivo, se mueve en una percepción integral, en la cual las relaciones tienen lugar los procesos de autoorganización, somos un todo integrado, en el cual la estructura es determinada por sus relaciones, patrones y sus procesos, los problemas han de ser percibidos como oportunidades de atender la in-formación (in-forma, en el sentido que lo propone Laszlo), de ahí que la universidad como organismo vivo tiene un alto grado de flexibilidad y plasticidad, la flexibilidad, lo cual permite la adaptación a nuevas circunstancias, dando origen a la creatividad y la apertura,  el espíritu y la evolución de la conciencia.

A menos que el espíritu y la conciencia de la gente evolucione hacia una dimensión planetaria, los procesos que tensionan la naturaleza-sociedad globalizada se intensificarán y crearán una oleada de conmociones que pondrán en peligro la transición completa hacia una sociedad global cooperativa y en paz.  Esto supondría un retraso para la humanidad y un peligro para todo el mundo. La evolución del espíritu y de la conciencia humana es la primera causa vital compartida por la familia humana en su totalidad. (Laszlo, pág.198)

La creatividad, el espíritu y la conciencia no se forman solo en la universidad. Es de suponer entonces que donde gobierna la linealidad, arriba un activismo sin identidad, por tanto la flexibilidad será siempre apagada, esto es frecuente cuando existen conexiones no lineales, es decir, la complejidad derrotaría la fragmentación siempre y cuando haya rompimiento y apertura.

Hoy día, con mucha frecuencia nos estrellamos contra el activismo, porque en las universidades abundan los planes, las comisiones y las propuestas; planes novedosos, que sustituyen a otros planes novedosos también y que nunca llegaron a concretarse, por infinidad de razones, se quedan en el intento; por eso encontramos  que hay planes de estudio, planes de formación y macro planes de desarrollo, con programas, en departamentos, por escuelas, encontramos planes en las facultades (desprovistas de su esencia: la libertad de cátedra, el derecho a la libertad de pensamiento), centros de esto y de aquello.

Es decir, cuando se habla de universidad, con mucha frecuencia encontramos un discurso reiterativo, desprovisto de diálogo es hablada[9], materializada en el formato lineal encarcelado en planes, en los que se aloja, por supuesto  -el control- el currículo universitario, es el ordenamiento y la selección de conocimientos específicos disciplinares siendo aquí donde se halla mayoritariamente a los “especialistas”, personas dedicadas a la academia, son quienes deciden que es lo que se debe “enseñar” y qué no.

El especialista como purista en la práctica de la fragmentación se asegurará que ese discurso “conocimiento parcial”, perdure para asegurarse el status quo disciplinar y profesional, que proviene de la ciencia ciega como diría Morín “… el neo-oscurantismo generalizado, producido por el mismo movimiento de las especializaciones, en donde el mismo especialista deviene ignorado de todo aquello que no concierne a su disciplina” (Morin, 1984, pág.33). La gradación de disciplina, escuela, facultad y áreas, muestra una fuerte tendencia histórica a controlar un tipo de conocer particular, que hoy resultan insuficientes y lejanas al operar social, político y cultural. Estas estructuras contradicen la visión desplegada de los saberes, que resulta hoy necesaria para las comunidades de aprendizaje modernas.

En el ámbito de las organizaciones educativas hallamos un aparato administrativo, una fuerte y muy resistente estructura, una “cultura institucional

“cuyos intereses, no son necesariamente, concordantes con la naturaleza de la Alma Máter- cuando nos referimos a ella hablamos de una esencia que debiera  abrigar libremente una comunidad abierta, plural, dinámica, biófila-, pero que no cristaliza como tal. Finalmente la comunidad estudiantil, reproduce de muchas formas, las mismas prácticas heredadas de una forma de modelaje intelectual. No logramos, desde las universidades, inspirar en las y los estudiante la pasión, el sentido de la vida en comunidad de aprendizaje, pues, nuestro estudiantado, desde las cadenas de la evaluación viven en la competencia, y se les prepara para la competencia, desde aquí el conocimiento es socializado para un fin, que no es la convivencia ni la solidaridad.

En síntesis, al conceptualizar la universidad moderna, resulta más fácil hacer  un recorrido por la tradición institucional, basada en conceptos de calidad y prestigio. Por un lado aludir a las carreras, los  programas, planes  de estudios y formación, y, por el otro, su desarrollo, dado a través de diversos mecanismos, entre los cuales resalta la más moderna cultura centrada en el valor agregado, las competencias personales y las disciplinares,  basadas en políticas de incentivos: una propuesta valorativa (concursos, publicaciones y ascensos)[10], no en el amor al conocimiento o al aprendizaje vivo y significativo.

En la universidad la institucionalidad es oficialmente legitimada, lo que establece el ordenamiento de los conocimientos (exclusivos ideológicamente), y posiblemente es por allí donde se desvincula el sentido de la investigación, una investigación sin pasión, convertida en “simple” curso-requisito, que yace en un frío contenido temático; pese a esto siempre se mantiene el discurso de que la docencia va de la mano con la investigación, y que la extensión es el mayor espacio de encuentro con la sociedad, sabemos que eso se queda en los planes, la rendición de cuentas y el discurso de los estándares de calidad .

Es la parcelación de las disciplinas, lo que roba el placer al acto de investigar, el acto del “hacer” predominantemente memorístico, el cual como ya fue comentado, está centrado en una lógica racionalista, pasiva e informativa de las actividades profesionales, la que favorece la competencia individual, pues se trata llanamente de profesión y no de mística-vocación.

La universidad funciona bajo políticas, directrices, formalismos que son más o menos lineales, ya que en ella se controlada el hacer, se regulada el proceder, se simplifican los saberes y se mutila al ser. Todo esto en función y la regulación del tiempo y de las actividades académicas “planificadas” en los ejes de los programas[11] de estudios, que a simple vista se perciben muy planificados y ordenados, en busca de los tan añorados indicadores y estándares de calidad que exige la cultura actual del reconocimiento y la evaluación, la cultura materialista de la competencia.

Puesto que la enseñanza, y currículo operan siempre dentro de las “normas” de la linealidad y la fragmentación, su coronación es ni más ni menos que la división del conocimiento, la desvinculación de las relaciones en lo que refiere lo académico y lo administrativo y como consecuencia, un estudiantado desprovisto de identidad critica y creativa, si queremos ver ejemplos de desarticulación basta con echar una ojeadita a las prácticas de investigación y la docencia, las cuales están seriamente comprometidas en luchas de control-poder controladas jurídicamente  por la autoridad, a través por la burocracia, la jerarquía y estructura organizacional y doblemente sustentada en la figura de “autonomía universitaria”.

Desde estas reflexiones ¿por dónde se puede iniciar la transformación de nuestras universidades? Podríamos decir, en el sentido de Morin, que desde el derrocamiento de la lógica lineal racionalista, al considerar que el cambio implica siempre transformación y flexibilización, circula en el mismo embuclamiento del conocimiento, es decir la integración, el diálogo y el reconocimiento de los estados de dependencia mutua de las partes, reconocer las contradicciones, enfrentar las paradojas y perseguir el sueño de eliminar la disyunción de los saberes.

Se trata, entonces de un rompiendo estructural con la soberanía de unas disciplinas sobre otras, visible muy fácilmente en el ordenamiento social de algunas carreras universitarias, más prestigiosas que otras, según reza  el conocimiento popular. La nueva visión científica de la vida y las ciencias de frontera, está

centrada en lo vivo, nos está induciendo a amparar un nuevo pensamiento científico,  un pensamiento reticular, concienciándonos a pensar en red, esta es una nueva apreciación epistémica del mundo, al respecto Hugo Assmann, escribe: “poco a poco nos vamos habituando a pensar en forma de red, coherentes con la trama de la vida” (2002, pág. 13).

La visión reticular del universo como un todo, reconoce el nuevo sentido que tiene el conocimiento, como aproximación, como una red sin cimientos, como un meta-proceso inacabado, posiblemente este cambio conceptual sería el primer rompimiento mental que obliga a concretar nuevas  prácticas universitarias, pensar en red, reconocer que los conceptos y modelos no tienen cimientos.

El cambio de pensamiento se establece como posible respuesta, representa un giro epistemológico y axiológico, es una respuesta a la agresión, la violencia y a las grandes crisis que vemos hoy día en nuestras agitadas sociedades y nuestro propio planeta, esta es la forma de re-vincularnos con el universo. Sin embargo, el cambio no se hace desde el pensamiento único, que gobierna los géneros y los discursos en textos didácticos y los planes de estudio, ese es un pensamiento simplificante ajeno a la vivencia de una realidad –no objetiva no localizada- caracterizada por la complejidad, tal y como lo postula las teorías del caos y la teoría del pensamiento complejo de Edgar Morin.

El carácter del pensamiento simplificador encadena cada día más, nuestras ideas, condicionando y minimizando a la vez nuestro entendimiento, este impide entender que de por sí la vida es incierta e impredecible, por tanto el ser humano ha de concebirse dentro de complejas multidimensiones dinámicas, que yace en un universo in-formado como lo propone Laszlo (2004), en la evolución de una nueva conciencia espiritualmente cósmica, ecológica y planetaria, esta es, quizás, la única forma de afrontar los desafíos modernos en una sociedad compleja atada a la incertidumbre.

Es posible, entonces afirmar, que las universidades que sobrevivan a las tempestades de los tiempos modernos, empezarán a socializarse con nuevos lenguajes y a “dejarse llevar” en la nueva concepción científica, con un nuevo pensamiento hasta que se re-descubra la riqueza que hay en los espacios de encuentro y  dialogo, se dará paso a la incertidumbre y a la complejidad. Para ello hemos de descubrir los neuropéptidos institucionales del nuevo pensamiento científico, que establecerá el compromiso social de la universidad  como verdadera fuente de conocimiento, matriz y promotora Alma Máter.

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[1] En la investigación compleja, las ideas abandonan el mundo de “ocurrencias simples” y pasan a los escenarios de la reflexividad y la conexión con el asombro.

[2] El prefijo “trans” adopta un especial sentido, trans significa: al “otro lado” y a “través de”. La transformación a la luz del nuevo paradigma significa superar la “formación”, es evolucionar, caminar en la complejidad, la transformación es personal el movimiento es colectivo.

[3] Desde la expansión reticular de los sentidos, las estructuras narrativas también son afectadas por la transformación, de las más simples hasta las más complejas descripciones se realizan en correspondencia a las analogías, temporales y lógicas, el investigador-a está en libertad de evocar el mundo desde su ser, es la extensión y el desarrollo de los sentidos, olores, sabores, las miradas y los sonidos, crean un efecto artístico, espiritual, los conceptos e ideas simbolizan sentidos más profundos.

[4] Reconocimiento que ha de ser un campo de investigación, la acción y compromiso de las universidades, introducir la mediación pedagógica de los nuevos valores y principios de la facultad de la vida, desde el núcleo las interconexiones.

[5] El deseo visto en su forma simple, es sencillamente gusto por algo es una sensación momentánea y trivial, me refiero a deseo como manantial  energético “el deseo es la base de la acción” (Chopra, 2005 p. 74)

[6] Somos protagonistas, como actores en el teatro de la vida somos responsables de nuestras acciones, las acciones se mueven por las intenciones. La intención constituye fuerza “toda actividad del Universo tiene su origen en la intención…la intención incluso orquesta la creatividad…permite que el mundo dé saltos cuánticos…el deseo es la base de la acción” (Chopra, 2005)

[7] La reforma en el sentido del pensamiento de Morin NO se refiere a “volver a replantear lo mismo de otra manera”, la propuesta del pensamiento complejo encierra una ruptura con lo que ha sido legitimado y normado, para que haya apertura es necesario el rompimiento con un orden establecido.

[8] Los agenciamientos son fundamentales en la metodología rizomática

[9] No debemos confundir el término hablada con el de conversación, conversar como acto fundamental de encuentro de la convivencia humana (Maturana (2003)

[10] La cultura de la competencia ha intoxicado tanto las universidades públicas, que inclusive,  las publicaciones se han convertido, muchas veces en simple repetición y repetición, lo que vale es publicar, esto ya está legitimado,  no importando los la novedad y la cualificación de los aportes y sobre qué,  lo que importa es alcanzar el puntaje, los ascensos y por supuesto el aumento o reconocimiento económico correspondiente. Así, es muy común que el principio de Peter, haya alcanzado las jerarquías, en tal sentido muchas veces los puestos son ocupados, no precisamente por mérito e idoneidad, sino por la estructura del poder y la prevalencia de intereses altamente egoístas, de quienes se creen propietarios, no solo del conocimiento sino de su “pedacito de universidad”.

[11] Los programas son modos rígidos legitimados para mantener el único orden establecido, con ellos no hay paso a la incertidumbre ni a la creatividad. La nueva cultura centrada en la investigación compleja tiene que derrumbar “programas”.

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Chacón Chaves Flor de María. (2016, julio 5). La facultad de la vida y los compartimentos. El doble bloqueo de las Alma Mater Modernas. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/la-facultad-la-vida-los-compartimentos-doble-bloqueo-las-alma-mater-modernas/
Chacón Chaves, Flor de María. "La facultad de la vida y los compartimentos. El doble bloqueo de las Alma Mater Modernas". GestioPolis. 5 julio 2016. Web. <https://www.gestiopolis.com/la-facultad-la-vida-los-compartimentos-doble-bloqueo-las-alma-mater-modernas/>.
Chacón Chaves, Flor de María. "La facultad de la vida y los compartimentos. El doble bloqueo de las Alma Mater Modernas". GestioPolis. julio 5, 2016. Consultado el 11 de Octubre de 2019. https://www.gestiopolis.com/la-facultad-la-vida-los-compartimentos-doble-bloqueo-las-alma-mater-modernas/.
Chacón Chaves, Flor de María. La facultad de la vida y los compartimentos. El doble bloqueo de las Alma Mater Modernas [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/la-facultad-la-vida-los-compartimentos-doble-bloqueo-las-alma-mater-modernas/> [Citado el 11 de Octubre de 2019].
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