Crisis de autoridad familiar y falta de una figura de respeto

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Oigo frecuentes lamentos de padres muy preocupados de la autoridad que prevalece dentro de su hogar. A ellos les preocupa si efectivamente la manera como conducen a su familia es la adecuada y si van a tener sus hijos consecuencias de su actitud.

Hoy en día, el triángulo familiar compuesto por hijos, madre y padre parece haber alterado su posición. Algunas veces la posición favorece a la madre, otras al padre, o bien a los hijos.

Cuidado si los hijos mandan

Por múltiples causas, no siempre imputables a los padres, en las familias mandan los hijos y no cuando son mayores, sino desde pequeños; y cuando los hijos mandan en casa, lo hacen con tiranía, cogiendo las riendas que no les corresponden. Y papá y mamá sufren por ello.

Permitiendo esta actitud a sus hijos, están creando seres ofensivos, echándolos a perder al complacerlos y consintiéndolos en demasía, haciéndoles sentirse superiores a los demás. Esos niños consentidos creen que merecen un trato especial de parte de todos y que lo que ellos hacen y desean es siempre lo adecuado. Pierden todo sentido de responsabilidad queriendo manipular a los padres y pensando que sus problemas son siempre causados por ellos. Estos niños consentidos se transforman en adultos ofensivos, egoístas, irresponsables, flojos, etcétera. La verdad, estos , con su niño herido de esta manera, sufren mucho por la actitud que asumen ante la vida, además que ocasionan un enorme daño a sus seres queridos; llámense hijos, familiares, amigos, compañeros, etc.

El imperio del matriarcado

En otros hogares, la madre es la que tiene la rienda de la casa. Esto puede no ser extraño para los tabasqueños porque hace apenas cincuenta años nuestras abuelitas también las tomaban, pero tenía más que ver con las áreas netamente domésticas. Hoy en día, las decisiones que ellas adoptan están relacionadas con lo doméstico y también con lo externo, con las pequeñeces del diario vivir y con las grandes responsabilidades.

Una de las causas que modificaron la asignación de algunos roles en el hogar es la incorporación de la mujer al trabajo remunerado. Esta actividad tiende a valorar la responsabilidad compartida de las tareas familiares, especialmente con relación a los hijos. Para las mujeres, el trabajo ha significado una posibilidad de desarrollo personal, y la remuneración percibida constituye un complemento significativo al ingreso familiar. Ello ha tenido un efecto sobre los roles y las relaciones económicas de la familia, sobre los patrones de autoridad y jerarquía y sobre la distribución de responsabilidades. Es de esta manera en que se plantea que las mujeres han adquirido mayor participación en la toma de decisiones y, en general, una relación más igualitaria con su pareja.

La rebelión de las mujeres

En ámbitos como las finanzas y la compra de bienes, el hombre sigue teniendo mucho que decir. Sin embargo, es común que ellos admitan que no deciden sino hasta consultar con sus mujeres. A través de ambos (término que los define actuando como pareja), la mujer va ganando terreno en la toma de decisiones que hasta no hace mucho competían sólo al hombre. Influyéndolo o decidiendo con él. Sumando y sumando, el peso de las responsabilidades hace que la balanza se cargue hacia el lado femenino. Y la tenemos determinando el colegio de los niños, la ropa que se compra el marido, el tipo de casa que se adquirirá, el lugar de las vacaciones, el médico que los atenderá, el servicio doméstico que contratará, el método anticonceptivo que se utilizará y hasta la frecuencia de las relaciones sexuales. Porque en esto último, él pide o exige. Pero ella abre o cierra el paso. Así, directa o indirectamente, ella decide.

El típico macho que no cede

Muchos hombres, aun en estos tiempos, consideran la participación de la mujer como una forma de dominación y no de igualdad. ¿Cómo debe el hombre replantear su actitud para adaptarse al cambio y no sufrirlo?

Primero, formándose un criterio propio, porque muchos se comportan de una manera tradicional y machista por miedo al qué dirán. Segundo, entendiendo que todo cambio requiere de paciencia. Tercero, siendo consciente de que hombre y mujer pueden desarrollarse por igual en todos los terrenos, y que esto no es excluyente, sino complementario. Cuarto, es importante que el hombre adquiera conciencia de que dedicando más tiempo a su familia le ayudará a disfrutar de la parte emocional de la que siempre se le había privado. Quinto, debe plantearse que la repartición de responsabilidades, por ejemplo de las económicas, lo liberará de gran parte de la carga familiar.

Autoridad, autoritarismo o anarquía

Se puede confundir la autoridad con el autoritarismo dependiendo cómo lleves la rienda de tu hogar. Cuando las decisiones las tomas y ejerces ecológicamente (bueno para ti y aceptable para los demás), entonces ejerces tu liderazgo con autoridad. Pero en algunos casos impones tu voluntad y es entonces cuando tu “caprichito” es el que manda en tus decisiones y cometes frecuentemente injusticias que te llevan a conflictos mayores por transformarte en un miserable dictador. Ahí es cuando existe autoritarismo, y es en estas circunstancias en que las familias se ven agredidas y frecuentemente terminan en una brusca separación.

A tal extremo ha llegado la crisis de autoridad, que el simple enunciado de la palabra despierta animadversión. Ante la simple enunciación de la pregunta “¿Quién crees que manda en tu casa?”, los jóvenes hoy en día frecuentemente responden: “Mi casa no es un cuartel y no manda nadie”. “Somos personas libres”, “no hay alguien que mande, todos mandamos algo”, son algunas de las expresiones más corrientes para demostrar que en su casa no existe una autoridad bien definida. Es ahí cuando se sospecha de anarquía en el hogar. A la larga esta actitud de vacío de autoridad ocasiona que cada integrante de la familia haga su voluntad y terminen peleándose encarnecidamente cuando realmente tengan necesidad de tomar decisiones importantes.

Qué pasa con la disciplina

Mi punto de vista al respecto es que la autoridad en el hogar sea compartida entre todos los integrantes de la familia de acuerdo a las responsabilidades que se tengan y al rol que estén jugando en ese momento. Papá debe tener autoridad limitada y suficiente para que la familia marche hacia una misma dirección. Esta autoridad debe ejercerse con vara y con cayado, es decir cuando haya que conducir a la familia con delicadeza, entonces tendrá que usar el cayado, pero cuando haya necesidad impondrá sanciones adecuadas (sin exageraciones) para castigar dignamente al infractor. Esto tendrá que ser consultado y dialogado con mamá, porque el amor de mamá es un amor incondicional y ella ve las cosas de otra manera que papá tendrá que considerar.

Un aspecto de la disciplina de los hijos que se toma por sentado con mucha facilidad son las “reglas de la casa”. Los hijos necesitan saber cuáles son los límites. Muchos padres suponen que las “reglas de la casa” serían demasiado numerosas como para ponerlas por escrito, pero es importante que escriban las reglas y las aprendan. Por ejemplo, la regla 6 es: “En esta casa no nos lastimamos unos a otros con palabras o acciones desconsideradas”, la regla 14 es: “En esta casa no ocasionamos trabajo innecesario para otros”, la regla 19 es: “Cuando no sabemos qué hacer, preguntamos”. Las reglas deben abarcar actitudes ante la mala conducta en la que más probablemente caigan nuestros hijos. Todas nuestras reglas deben comenzar con “En esta casa…” para ayudar a nuestros hijos a entender que la casa no es como las casas de sus familiares o amigos.

Un consejo basado en la experiencia

Finalmente, sólo me resta decirles a ustedes padres que no se peleen por saber quién es el que lleva la rienda de la casa, lo importante de todo ello es que exista un mapa, una brújula y una nave que los lleve a todos juntos hacia la felicidad. Pero esto sólo sucede si los miembros de la familia están dispuestos a triunfar.

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Rodríguez Moguel Ernesto Alonso. (2004, enero 20). Crisis de autoridad familiar y falta de una figura de respeto. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/crisis-autoridad-familiar-falta-figura-respeto/
Rodríguez Moguel, Ernesto Alonso. "Crisis de autoridad familiar y falta de una figura de respeto". GestioPolis. 20 enero 2004. Web. <https://www.gestiopolis.com/crisis-autoridad-familiar-falta-figura-respeto/>.
Rodríguez Moguel, Ernesto Alonso. "Crisis de autoridad familiar y falta de una figura de respeto". GestioPolis. enero 20, 2004. Consultado el 14 de Agosto de 2018. https://www.gestiopolis.com/crisis-autoridad-familiar-falta-figura-respeto/.
Rodríguez Moguel, Ernesto Alonso. Crisis de autoridad familiar y falta de una figura de respeto [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/crisis-autoridad-familiar-falta-figura-respeto/> [Citado el 14 de Agosto de 2018].
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