Desde las organizaciones ha existido y existe una necesidad práctica
de influir y motivar a sus profesionales, entre otras razones, para
alcanzar los objetivos de producción. Para alcanzar este objetivo,
tradicionalmente la comunicación interna ha centrado sus esfuerzos en
los canales convencionales y en los emisores. A esto se le añade una
mayor preocupación por la información que baja desde la dirección hacia
los empleados (comunicación descendente). Su traducción práctica la
hemos podido ver en resultados a modo de tablones de anuncio, revistas
de empresa, notas internas y reuniones. Por otro lado, la figura del
departamento de comunicación interna no ha sido percibida como algo
fundamental en muchas empresas hasta hace bien poco; los roles de los
gestores de la comunicación se han ido adaptando desde diferentes
perfiles curriculares hasta llegar a configurarse en una disciplina
propia, con una función bien definida y un mapa de conocimientos que lo
apoyan. Ahora nos encontramos inmersos en una nueva etapa, donde la
Sociedad del Conocimiento impone sus reglas y hace emerger nuevas
necesidades relacionadas con la comunicación: con una nueva
comunicación.
Desde nuestra perspectiva presentamos esta nueva comunicación interna
como una estrategia fundamental en la organización. Ampliar el horizonte
de la comunicación interna hacia la dimensión del conocimiento
compartido y de las relaciones humanas, constituye una apertura y, sobre
todo, una respuesta a la demanda y necesidades que tienen las nuevas
organizaciones y las personas que las construyen.
La integración de elementos de comunicación interna en la actividad
laboral cotidiana, unida a una apuesta firme desde los más altos niveles
de la dirección son premisas básicas que se complementan con un soporte
tecnológico adecuado y proporcionado a nuestros objetivos, junto a una
preparación del entorno social donde se va a desarrollar. Y toda la
filosofía que enmarca esta nueva comunicación tiene su resultado
práctico en la productividad de la empresa, en la satisfacción del
cliente, en hacerla más competitiva, más inteligente y flexible; lo que
contribuye en definitiva a la propia supervivencia como organización. Es
una nueva visión desde un paradigma humanista la que reduce la
diferencia entre lo que es y lo que queremos que sea nuestra sociedad y
nuestra organización.
Sólo la teoría necesaria.
Para comenzar a dibujar el mapa de conocimientos teóricos que dan origen
a la comunicación interna, nos remontaremos brevemente hasta la fuente
original. Nos situamos en Atenas, siglo V a C. Las decisiones de
carácter político se toman en la Asamblea, que la componen la ciudadanía
libre, en la que se interviene y debate de manera similar a la que han
adoptado los parlamentos democráticos actuales. También en los litigios
y causas judiciales la decisión es tomada por un amplísimo número de
ciudadanos que forman el jurado. En ambos escenarios, además de
caracterizarse por una práctica ausencia de políticos y jueces
profesionales, la influencia ejercida en las personas depende en gran
medida de la capacidad de convicción de los ponentes, lo que hace
especialmente importante conocer y emplear determinadas técnicas
comunicativas para poder influir en tan importantes decisiones de la
vida pública cotidiana de la Grecia clásica.
Lo que en un mundo basado en la comunicación oral hizo triunfar a la
retórica y a quienes hacían de ella una forma de comunicación dentro de
un código ético, lo trasladamos a nuestra sociedad actual, a la que
añadimos otras formas de comunicación que se complementan con la palabra
escrita y se soportan en canales físicos impensables hace tan sólo unas
décadas. Ya situados en el mundo empresarial moderno podemos afirmar que
la comunicación interna es inseparable de la propia actividad productiva
de cualquier organización. Esta afirmación cobra peso específico en la
dirección de las empresas a partir de la incorporación de nuevos modelos
organizativos y de gestión. No es hasta pasada la segunda mitad del
siglo XX cuando las organizaciones comienzan a plantearse que esa
transmisión de instrucciones (comunicación descendente) no era
suficiente y se comienza a analizar un nuevo campo de trabajo, entre los
que se añade la comunicación al repertorio de habilidades directivas.
Las causas que en cierto modo abren una nueva etapa en la comunicación
interna las podemos encontrar en el aumento de la presencia sindical, en
un marco de relaciones y legislación sociolaboral más favorable al
trabajador, el aumento de la formación académica en la sociedad, en una
mayor conciencia por parte de las organizaciones de lo que supone la
inversión en formar a su personal y, finalmente, en los nuevos valores y
creencias que evolucionan hasta un nuevo paradigma directivo.
La comunicación en las organizaciones comprende una serie de pautas,
normas y estilo, que reflejan el modo de hacer de las personas que
configuran la empresa. Tales pautas normas y estilo tienen su reflejo en
modelos que las determinan. De este modo, desde un enfoque positivista,
basado en la planificación técnica originada desde modelos de la
ingeniería industrial, la comunicación interna estaría encaminada a
controlar y predecir las acciones de un modo planificado y dirigida de
antemano. En otra dimensión estaría el enfoque constructivista, de corte
psicosocial, según el cual nuestras experiencias previas, creencias
personales, motivación y expectativas tienen vital importancia a la hora
de construir nuestro propio conocimiento, lo que se traduce en que el
conocimiento se construye desde el interior de cada individuo. Esto es
especialmente importante cuando tratamos la relación
enseñanza-aprendizaje más allá de aspectos concretos y lo trasladamos a
las actitudes.
En una organización se generan múltiples mensajes que se repiten en la
forma e incluso en los contenidos. Estas redundancias surgen de ciertas
normas implícitas que sintetizan, en un momento determinado, el peso de
las tradiciones y la historia, el estilo de mando, el tipo de cultura,
el quehacer cotidiano, etc. Es en cierto modo una forma de aprendizaje
por mimetismo, basado en la teoría de la conversación. Todo esto
configura un discurso propio y un modo propio de hacer las cosas en cada
empresa.
Por tanto, la organización no puede existir sin comunicación, de manera
que podemos establecer también, que la comunicación no puede suceder sin
la existencia de mensajes, sean estos verbales o no. Se abre, entonces,
una nueva forma de análisis de la comunicación interna que está tomando
cuerpo cada vez más donde el mensaje se constituye en el eje central de
la comunicación organizacional.
Subdirector
de Comunicación. Empresa pública de Emergencias Sanitarias Grupo EPES
El Sr. Sotillo Hidalgo es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, ha realizado estudios de doctorado en intervención psicosocial y postgrado en comunicación humana. Actualmente trabaja como Subdirector de Comunicación Interna en la Empresa Pública de Emergencias Sanitarias (EPES), de la Administración Andaluza. Entre las actividades que realiza en esta etapa están la Gestión de contenidos de la Intranet corporativa, Plan de Comunicación Interna y los soportes para la Gestión del Conocimiento del Grupo EPES. Es miembro de la Sociedad Española para el estudio del Estrés y de la Ansiedad. Investiga en el ámbito de las relaciones humanas dentro de la organización.
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