Los líderes resonantes son personas capaces de despertar en sus
seguidores entusiasmo y movilizarlos a donde se desee, encausando las
emociones de cada uno de los individuos de tal forma que todo marche
como es debido. Explican que cuando las emociones son transmitidas de
forma positiva sin duda el funcionamiento del grupo alcanzará cuotas muy
elevadas, en cambio quienes se inclinan hacia el resentimiento y la
ansiedad, encaminan los grupos a la desintegración.
Definen las emociones como un circuito abierto donde la estabilidad
emocional depende en parte de las relaciones que establecemos con los
demás, a diferencia del resto de los sistemas de cuerpo humano que son
un circuito cerrado ( circulatorio, respiratorio) razón que explica la
importancia del líder, sus acciones y como influyen en la organización.
Este circuito abierto facilita el contagio de las emociones, pudiendo
afectar de esta forma, el líder, el clima emocional de toda una empresa.
Afirman que estudios realizados determinaron que tanto la alegría como
la cordialidad se transmiten mas rápidamente que la irritabilidad y la
depresión, además que el estado de ánimo determina la eficacia laboral.
Lo líderes emocionales se convierten en atraedores límbicos que ejercen
una gran influencia sobre el cerebro emocional de sus seguidores. Por
otro lado, las emociones negativas secuestran la atención y dificultan
el trabajo, presentando de esta forma disonancia en el grupo, donde las
personas tienen la sensación de encontrarse desconectados a los demás.
Mientras que el líder resonante, tiene la habilidad de congeniar las
características de todos los estilos de liderazgo según sea el caso
manteniendo siempre una conexión con sus seguidores prolongando el tono
emocional positivo, originandose la resonancia en el ambiente de la cual
hablan los autores
En varias ocasiones muchos de nosotros hemos asistido a talleres,
seminarios y jornadas de liderazgo y desarrollo, fuertemente
entusiasmados con ideas refrescantes acerca de la importancia del cambio
para el logro del éxito, salimos completamente convencidos de que ésta
vez sí vamos a mejorar, y cuando llegamos a nuestros hogares, sitios de
trabajo o de estudio, nos encontramos con numerosas situaciones urgentes
que resolver, todo tipo de llamadas telefónicas una tras otra
requiriendo nuestra atención, docenas de emails por leer que llegaron
mientras estábamos fuera, y es allí donde empieza a desvanecerse
lentamente nuestra decisión de cambio, olvidamos lo recientemente
aprendido y poco a poco caemos en los viejos hábitos hasta que un buen
día todo vuelve a ser como siempre.
¿Por qué dura tan poco los efectos de algunos programas?. Existen
diversas razones y fácilmente podemos citar algunas que resultan muy
obvias, tales como que la práctica de nuevos hábitos requiere de tiempo
y dedicación, o la falta de un adecuado feedback que nos ayude a
determinar los aspectos que ameritan ser mejorados. Daniel Goleman, el
conocido escritor de “Inteligencia Emocional”, nos plantea junto con
Richard Boyatzis y Annie McKee una respuesta tan novedosa como
revolucionaria en su más reciente libro “El líder resonante crea más”,
al hablarnos de éste conocido fenómeno anteriormente descrito, como el
efecto “luna de miel” que ocurre con la mayoría de los programas de
liderazgo, y que describen como el desvanecimiento de la mejora
inmediata del proceso de formación al cabo de un período que varía entre
los tres y los seis meses, apuntando que el problema está en que muchos
de los programas destinados al mejoramiento de competencias de la
inteligencia emocional van dirigidos a la región neocortesal del
cerebro, encargado de las funciones superiores: pensar, percibir,
imaginar, analizar, así como comportarnos como seres civilizados, más
que hacia el sistema limbico que es el encargado de las respuestas
emocionales y de la memoria.
El sistema límbico, se encuentra en la parte media del cerebro y
comprende centros importantes como el tálamo, hipotálamo, el hipocampo,
y la amígdala cerebral, ésta ultima almacena la información con carga
emocional. Es en ésta parte del cerebro que se generan las reacciones
inexplicables que después de haber sucedido nos dejan reflexionando
sobre nuestro comportamiento, ya que al recibir un estimulo parte de la
información llega a la amígdala antes que a la corteza neocortical,
encargada del razonamiento; produciéndose reacciones apresuradas
producto de la emoción generada en la amígdala cerebral, antes que la
parte pensante del cerebro reaccione y coordine una respuesta.
Lograr mantener un control emocional adecuado nos permitirá ser lideres
resonantes, pues para lograr el éxito personal y empresarial, no basta
tener un alto coeficiente intelectual, sino que depende en gran medida
de la capacidad que se tenga para controlar nuestras reacciones ante
situaciones que nos produzcan molestia, tristeza, ansiedad, e incluso
alegría; así como, de la capacidad que tengamos para sintonizar con
nuestros propios sentimientos y con los sentimientos de los demás.
Buen punto de partida es conocer el papel exacto que desempeñan las
emociones en el trabajo de los líderes y en la eficacia de todo tipo de
organizaciones, pues aún cuando en la corteza neocortical el aprendizaje
de nuevas ideas es mucho más rápido y preciso del que puede lograrse con
el cerebro límbico, los programas de desarrollo de competencias de
liderazgo proponen cambios en hábitos que muy probablemente adquirimos
en temprana edad, y que por tanto están profundamente arraigados,
requiriendo de un tipo de aprendizaje diferente, con enfoque
emocionalmente inteligente que influya directamente en los centros
emocionales.
Esto es un desafío que requiere de un alto grado de motivación pues,
desarrollar competencias de liderazgo que no aprendimos en temprana
edad, para el adulto representa una doble tarea: deshacerse de los
hábitos que ya no nos sirven y reemplazarlos por otros nuevos, teniendo
que trabajar más duro y por más tiempo que cuando lo aprendimos por
primera vez.
Dentro de este orden de ideas, es preciso definir que el primer paso del
proceso de cambio en los ámbitos de los equipos y de las organizaciones
consiste en identificar la realidad emocional y las normas de la
empresa, es decir, lo que las personas hacen juntas y el modo en que lo
hacen. Solo entonces pueden realmente acometerse el proceso de
transformación de la inteligencia emocional de una organización.
El único modo de alentar una transformación completa y duradera de las
organizaciones consiste en promover un liderazgo emocionalmente
inteligente en todos sus niveles que permita que sus líderes afronten
directamente la realidad.
Aunque la tarea principal del líder consiste en descubrir la verdad y la
realidad de una organización, no son muchos en lo que se hallan en
condiciones de hacerlo, dada la conocida enfermedad de ceo que acaba
desconectándolos de la realidad, en la que parecen no disponer de tiempo
para las conversaciones realmente importantes y tampoco suelen
establecer el tipo de relaciones afiliativas o de coaching que alientan
el diálogo en profundidad sobre lo que funciona y lo que no funciona.
Carecen adecuado contacto de sus colaboradores como para saber lo que
está ocurriendo en las organizaciones manteniéndolos aislados de la
realidad emocional de la vida cotidiana.
El liderazgo autoritario, imposibilitan la sinceridad de sus
subordinados, los líderes completamente desorientados, creen que todo va
bien, pero que en realidad han acabado incubando una cultura en la que
nadie se atreve a decirles la verdad (especialmente las malas noticias)
y generan un clima de silencia, en ocasiones puede llegar a ser
destructivos.
La cultura de las organizaciones dirigidas por líderes disonantes es
inevitablemente tóxica. Los líderes que recurren a la amenaza y la
coacción para conseguir sus objetivos, terminan por perder la confianza
de los subordinados. Concentrarse solo en los beneficios a corto plazo,
cuando la competencia es escasa que no le importa la perdida de un
cliente y en consecuencia no había que esmerarse en la calidad del
servicio. Igualmente la despreocupación por el bienestar de sus
empleados.
Así mismo, se propicia a la generación de hábitos destructivos donde:
- Las personas dejaron de cuestionarse como y porque hacían las cosas.
- Se limitaban a sobrevivir día a día en un entorno de actitudes, regla
y políticas sumamente perniciosas (dañino).
- No existía la menor posibilidad de cambio dado que los líderes
desalentaban cualquier intento por mejorar la cultura subyacente.
- Aumento de la movilidad laboral y bajo prestigio de las
organizaciones.
Es por ello que la mayoría de los programas de entrenamiento en
inteligencia emocional, liderazgo y cambio organizacional y social están
estructurados sobre la base de estrategias diseñadas para el cerebro
neocortex (estrategias analíticas y técnicas), más no para el cerebro
límbico que es el que gobierna el desarrollo de nuevos hábitos como los
de inteligencia emocional para la comprensión y conducción positiva de
situaciones de alta incertidumbre, confusión y complejidad, y el
desarrollo de nuevos hábitos de liderazgo del cambio.
Es por ello que, fundamentados en el análisis realizado por el Consultor
Gerencial Alfredo C. Ángel en el artículo publicado en Mayo del 2003, en
analítica.com en cuanto al comportamiento que sucede con la decisión que
tomaron, las personas de la organización Gente de Petróleo, en estos
cinco o seis meses de nueva vida como ex trabajadores petroleros, el
cual, sirve de conocimiento ya que el auto fundamenta su análisis en las
concepciones de la inteligencia emocional referidas por Daniel Goleman y
Richard Boyatzis
1) Comprensión diferente de la realidad nacional. La comprensión del
país que tiene hoy la Gente del Petróleo es una comprensión desde
afuera, desde la perspectiva de los miles de desempleados venezolanos
empobrecidos que existen en el país, es una comprensión radicalmente
distinta por real, contundente y verdadera. No es que antes no lo
sabían, pero era una comprensión de oficina, distante. Hoy es una
comprensión basada en experiencia personal, de primera mano. Y este
crecimiento personal es un activo muy importante para el futuro de
Venezuela, para comprender de verdad, el drama de los excluidos de
siempre.
2) Visión diferente de sí mismos. Estos valiosos venezolanos tienen hoy
un concepto de su valor personal más trascendente y asociado a
cualidades de ellos mismos como seres humanos y no a cualidades
asociadas a un cargo, o a un empleo petrolero, o a un estatus
organizacional, o a un carnet. Lo que les da valor no es el carnet, son
ellos mismos. No es que no lo sabían, sino que cada vez lo comprenden
mejor y se desesperan menos. Ya empiezan a dejar de ver a PDVSA como un
objeto personal perdido, que emocionalmente duele y me hace llorar y
comienzan a comprender mejor que regresar al pasado es sólo una ilusión.
La PDVSA “que deje” ya no volverá. Se requiere algo diferente que hay
que construir, porque la nueva PDVSA no existe.
3) Experimentación de la política desde la trinchera. Leer el periódico
y criticar a los políticos desde la seguridad y la comodidad
corporativa, era una suerte de hábito. Pero meterse en política, ver a
la política hoy no como algo dañino, o que puede manejarse mejor como
una corporación privada a punta de donaciones, sino como una herramienta
muy compleja que es indispensable estudiar y dominar, tal como se
estudia y se domina la operación de un taladro petrolero, es un
verdadero capital político que empieza a crecer en el país. Este capital
nos traerá muchos beneficios en el futuro.
4) Diferenciación entre ser un Emprendedor y ser un Empleado. La
diferencia entre estar en una nómina equis y tener que pagarla con
dinero propio es gigantesca. La Gente de Petróleo ha comprendido que no
es lo mismo ser un empleado, un administrador de los recursos que te
dan, que aunque pudiesen ser escasos, siempre cobras tu sueldo y tienes
tus beneficios, a ser un emprendedor, a tener que proveerte tú mismo el
sustento diario, tener que utilizar tu coraje y espíritu para sostener
esfuerzos propios de largo plazo y lidiar así con la escasez, las
presiones de deudas y la cancelación de compromisos de dinero con un
flujo de caja pírrico. Esto los ha hecho comprender mejor por qué se les
percibía como arrogantes e insensibles. Y ello es crecimiento personal
del verdadero.
5) Visión de país como concepto vs. como realidad. No es lo mismo hablar
de una visión de país y de su importancia como brújula que guía a la
sociedad, que tener que construirla con esfuerzo propio y trabajo de
calle, subiendo y bajando escaleras, una de consenso, no impuesta a
punta de mucho saber, validada a través de reuniones con miles de
ciudadanos, en cientos de ciudades. Esto requiere esfuerzo político de
largo plazo y vocación de servicio: la única que de verdad vale en la
política buena. Si en Gente de Petróleo va a haber buenos lideres
políticos, es excelente que ya empezaron a demostrar su vocación de
servicio real, la de servir a los que menos tienen ayudándolos a
construir una visión de país.
6) Reconocer con más claridad que construir no es lo mismo que destruir.
Con las personas que estamos, con los venezolanos presentes, hay que
construir lo nuevo y lo mejor, no hay otras personas. Todos cabemos y
tenemos derecho, aunque en el pasado hayamos hecho cosas incorrectas, o
hayamos apoyado visiones políticas atrasadas, o más primitivas, o
simplemente distintas a las propias. Reconocer públicamente que se ha
errado, no era precisamente una virtud de la gerencia petrolera. “Los
petroleros también se equivocan”. Es un excelente ejemplo de liderazgo e
inteligencia emocional, en un país donde muy pocos lideres reconocen sus
errores, que Horacio Medina haya reconocido públicamente lo que
reconoció en un medio de circulación nacional. Esto es un verdadero
activo a futuro, porque desanda la tradicional prepotencia de la que
poco se ocupaban los gerentes petroleros.
7) Alianzas sociales reales. La tradicional inversión social petrolera
tuvo bastante de dicho y no tanto de hechos. A las alianzas de los
petroleros con las comunidades les faltaba presencia, fuerza y
responsabilidad social concreta, tangible, sostenida. La diferencia hoy
es notable. Con los gremios profesionales, con las cámaras
empresariales, con las ONGs, con las comunidades organizadas, con los
desempleados y con los pobres de siempre las alianzas sociales de hoy
son verdaderas, de presencia, de ir a sus reuniones, de vivir con ellos
sus angustias y anhelos por un mejor país. Esto habla muy bien de Gente
de Petróleo, de la importancia que le dan hoy a la asociatividad como
pegamento de la corresponsabilidad social. Siempre recuerdo lo que decía
Nelson Ríos antes del paro, uno de los ejecutivos petroleros más
brillantes y que más admiro: “PDVSA no puede ser una empresa socialmente
responsable, si sus trabajadores no lo son”. Nunca le escuché decir eso
a ningún otro ejecutivo.
8) Incremento de la Inteligencia Emocional (I.E.). Personalmente, estoy
bien contento con este aprendizaje. Nunca dudé que esta era gente muy
inteligente, aunque dudé y cuestioné la decisión que tomaron. Les tardó
bastante menos de lo que evidencian las investigaciones globales, darse
cuente de forma serena y madura, de las pifias propias y sus
implicaciones para el país. Este dato duro, evidencia una mayor
inteligencia emocional. Ciertamente, está por verse cuánto va a durar.
Recuérdese que, tal como evidencian las investigaciones, el aprendizaje
sobre el cambio personal, lo controla el grado de inteligencia emocional
(I.E.) del sujeto. Y la I.E. sólo se desarrolla con repetición continua
y sostenida, porque la repetición es la madre de la habilidad y la
destreza. Si no se repite lo que han aprendido, si no se continúa
practicando el manejo productivo de las emociones en medio de la
incertidumbre y la confusión, no se tejerán nuevas redes cerebrales, ni
se reharán los circuitos neuronales que es la clave del cambio
duradero.
Estudiante de Postgrado en Adiministrativa de la Universidad Tecnológica del Centro Valencia - Venezuela.
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