El título “Deseos Emocionales” que hemos elegido se halla en función
a la referencia que se hace a lograr establecer (y luego aprovechar) un
vínculo emocional con los clientes a través de empleados comprometidos y
entusiastas capaces de “llegar al corazón” de los consumidores ganando
su lealtad.
- Durante el último siglo, los economistas han tratado de explicar las
decisiones de los consumidores a través de la “traducción” de lo
subjetivo (gustos y preferencias) en evidencias objetivas (elecciones de
consumo). El resultado de tales análisis es la teoría de las
“preferencias reveladas” (inglés: revealed preferences), según la cual
el consumidor elige una de las opciones disponibles en el mercado:
aquella que es considerada de más valor que el resto.
Sin embargo, es una teoría que deja cabos sueltos. No contempla, por
ejemplo, los procesos emocionales que influyen en las decisiones de
compra. Y es evidente que, además de satisfacer sus necesidades
racionales, las elecciones de los clientes responden a ciertos deseos
emocionales. De hecho, investigaciones recientes en el campo de la
neurología señalan que la respuesta racional depende del estado
emocional del individuo. Por eso, para conquistar la lealtad no basta
con apelar a los sentidos de los consumidores; hay que influir en sus
emociones. Una pareja que se propone festejar su aniversario, por
ejemplo, no elegirá cualquier “restaurante bueno”, sino aquel que le
ofrezca la atmósfera adecuada, o bien el que sirvió de marco a su primer
encuentro.
Como las empresas suponen que las decisiones de sus clientes son
meramente racionales, se limitan a contemplar las variables que se
pueden controlar, tales como el tiempo de espera o el uso de uniformes
impecables. Otras creencias erróneas: usar la publicidad como el medio
“más efectivo” para conectarse emocionalmente con los clientes, o
limitarse a implementar soluciones CRM (Customer Relationship Management),
cuando es sabido que la tecnología, por sí sola, no garantiza una mejor
relación con el cliente. La reducción de precios también es una medida
que se caracteriza por la debilidad, por cuanto puede atraer nuevos
clientes pero no alcanza para retenerlos.
Mas que entender los factores que impulsan la decisión de acercarse a
una empresa por primera vez, lo crucial es comprender los motivos que
llevan a los clientes a repetir sus compras. Hay un porqué: el 80 % del
potencial de crecimiento de una empresa depende de los clientes ya
adquiridos, y solo el 20 % de los nuevos clientes.
A fin de medir la relación que existe entre la intención de los clientes
de repetir sus compras y las herramientas de marketing más utilizadas,
Gallup realizó un estudio en seis industrias. A las cuatro variables
clásicas de la estrategia de marketing: producto, lugar, promoción y
precio, le sumó una quinta – gente – que representa las interacciones
entre los empleados de una firma y los clientes. El equipo de Gallup
identificó a clientes y ex-clientes de empresas de productos y
servicios, y les preguntó cuáles habían sido sus reacciones ante
determinadas iniciativas de marketing. Lo que descubrió fue que, desde
el punto de vista de los clientes, los empleados encargados de
atenderlos no solo representan a la marca, sino que se “convierten” en
ella. Entonces la conexión emocional que los empleados establecen con
los clientes es la forma más efectiva de diferenciar a una compañía de
sus competidores.
EL COMPROMISO DE LOS CLIENTES
Para identificar las características del vínculo emocional que une a los
clientes leales con una marca, Coffman y González-Molina estudiaron los
datos revelados por una serie de encuestas de Gallup sobre actitudes,
opiniones, preferencias y comportamientos de consumo. Paralelamente,
llevaron a cabo una investigación tendiente a detectar la importancia de
la relación cliente-empleado en dos aspectos: como factor diferenciador
de las marcas y como fuente de ventaja competitiva.
La primera conclusión fue que, en ausencia de un lazo emocional
significativo con una marca o empresa, los clientes tienen una
predisposición natural a cambiar de proveedor. Sin embargo, cuando
establecen una conexión emocional, ese vínculo prevalece sobre la
tendencia innata al cambio.
De las investigaciones surgieron, en segundo lugar, tres preguntas que
permiten medir la “actitud de lealtad” del cliente, y un grupo de ocho
indicadores del grado de compromiso emocional.
Las tres preguntas son:
1 - ¿Cuán satisfecho está con la marca? Tiene por objetivo que los
clientes comenten hasta que punto su experiencia satisfizo sus
expectativas iniciales básicas.
2 - ¿Con qué probabilidad seguirá eligiendo productos o servicios de
esta marca? Apunta a medir la intención de compra del cliente; sin
embargo, conviene aclarar que no siempre la intención se traduce en
comportamiento de compra.
3 - ¿Con qué probabilidad recomendaría la marca a un amigo a un colega?
Muchas personas basan su decisión de compra en el consejo de alguien de
confianza. Por lo tanto, es importante detectar si la experiencia del
cliente es capaz de impulsarlo a recomendar la marca a otras personas.
Por su parte, los indicadores del grado de compromiso emocional se
resumen en cuatro niveles: confianza, integridad, orgullo y pasión. Se
trata de facetas sucesivas: cada uno de esos estados emocionales se
funda en el anterior y no es posible omitir uno para saltar al
siguiente. A fin de estimularlos, los gerentes deben implementar
determinadas iniciativas y elegir cierto tipo de empleados que se
encargarán de llevarlas a cabo.
A continuación, las principales características de los cuatro niveles
emocionales y las medidas orientadas a desarrollarlos:
Confianza
Surge de la combinación de varios factores: las imágenes mentales que
inspiran las marcas, la experiencia del cliente con los productos y
servicios, la competencia técnica de los empleados, y la interacción de
los clientes con los representantes de ventas y empleados del servicio
de atención, entre otros.
Para inspirar este sentimiento, es imprescindible asegurarse de que los
empleados de todos los niveles sean confiables, incluso los que trabajan
en procesos alejados del contacto directo con los clientes, como el de
producción. En este caso, por ejemplo, es recomendable seleccionar
empleados perfeccionistas y concentrados en detectar las fallas, por
cuanto harán un control de calidad más estricto.
Integridad
¿El cliente siente que lo tratan con justicia? Cuando surge un problema,
¿la solución es ética? ¿La empresa cumple con lo que promete? Para que
la respuesta del cliente a estos interrogantes sea afirmativa, las
empresas deben definir con claridad los principios que guiarán su
conducta: desde las políticas de devolución de productos hasta las
reacciones ante acontecimientos imprevistos (como por ejemplo, los
atrasos en los vuelos de una línea aérea).
Los empleados que disfrutan de los desafíos, que no pierden el control
ante las dificultades, que tienen una actitud positiva y suelen
colaborar, reúnen la combinación ideal de “temas” para encargarse de
resolver problemas. Por otro lado, aquellos que son buenos anfitriones
por naturaleza, tienen trato cordial y saben crear ambientes agradables,
brindarán al cliente una experiencia difícil de olvidar.
Orgullo
Los clientes verdaderamente comprometidos se sienten orgullosos de
comprar artículos o servicios de cierta marca. Para despertar este
sentimiento, las empresas deben elegir a empleados que demuestren una
preocupación real por los clientes, tengan una actitud “ganadora” y
aspiren a la excelencia. Las personas que reúnen estas cualidades suelen
atraer a la gente que las rodea. Después de todo, ¿quién no quiere ser
parte de un equipo triunfador?
Pasión
Cuando un cliente se niega a aceptar un producto sustituto y prefiere
esperar hasta conseguir el que busca, incluso a un precio mayor, está
demostrando más que orgullo: ese cliente siente verdadera pasión por el
producto deseado.
Para conquistar definitivamente el compromiso del cliente y complementar
los talentos de los tres niveles anteriores, es fundamental contar con
empleados que sepan percibir las inquietudes de las personas con las que
interactúan. Un fabricante de autos deportivos, por ejemplo, descubrió
que sus clientes sentían mucha curiosidad por los aspectos técnicos del
diseño del vehículo. Para satisfacerla, seleccionó empleados con un
perfil similar, y que fueran capaces de mantener conversaciones
informadas y convincentes con los clientes.
CONCLUSIÓN
Un día de 1609, Galileo llegó a una conclusión que cambió la forma de
pensar de la humanidad: la Tierra no era el centro del Universo, como se
creía hasta entonces. A juicio de Curt Coffman y Gabriel
González-Molina, el mundo de los negocios actual tiene algo en común con
la sociedad de la época de Galileo: ignora una verdad fundamental. Lo
concreto es que las empresas, hasta ahora, han subestimado el papel de
la emoción.
Muchos ejecutivos perciben que sus compañías no aprovechan el potencial
humano que poseen. Saben que los clientes frecuentes son los más
rentables, como señala Frederick F. Reichheld en su libro The Loyalty
Effect. Pero, a menudo, se resisten a reconocer que el desempeño de los
empleados y el consiguiente impacto en el compromiso de los clientes
dependen de que la gente pueda poner en juego todos sus talentos.
Las empresas sobresalientes descubren las cualidades particulares de sus
empleados y hacen todo lo posible para desarrollarlas. Sus gerentes
fomentan ambientes de trabajo estimulantes, premian el buen desempeño y
escuchan la opinión de sus subordinados. Como resultado de todo ello
surge una nueva forma de valor: la conexión emocional entre sus
empleados y sus clientes.
Cedido por: Estr@tegia Magazine
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