Los proyectos en el siglo XXI

Autor: JUAN JOSÉ MIRANDA MIRANDA

Evaluación de proyectos 

11-2004

Cada vez son más las instituciones y empresas públicas y privadas de todo el mundo que involucran el "proyecto" como unidad básica de análisis de la rutina de gestión y herramienta insustituible en la planeación estratégica. Queremos entregar algunas reflexiones útiles en torno a la importancia de los proyectos como herramienta que debe evolucionar en el proceso de toma de decisiones tanto a nivel estatal como en el marco de la empresa privada.

Sin querer ahondar en la muy reiterada y siempre oportuna controversia en torno al modelo de globalización, que corresponde a una realidad de la cual ninguna nación puede ser ajena, lo que significa que el ímpetu de este movimiento es de tal magnitud que no hay localidad, vereda o zona de la geografía universal que pueda escapar a su influjo. Los productos más autóctonos de la región más apartada del orbe reciben la influencia de la competencia de similares producidos por antípodas al otro lado del mundo, hasta las artesanías más singulares tienen que competir en mercados que ancestralmente se manifestaban cautivos. Esto es la globalización, la expresión más cruda de la competencia, donde sólo sobrevive aquel que garantice mejores ofertas en calidad y precio. Por esta razón, los negocios que caracterizarán al nuevo milenio, no tendrán otra arma diferente a la competitividad - basada en la información y el conocimiento - dentro y fuera de las fronteras nacionales, de ahí la importancia de definir un referente mucho más amplio en torno a las decisiones de asignar recursos y construir empresa. Quizá la expresión “aldea global” tome nuevo vigor al revelar y relevar la preocupación sobre las necesidades y oportunidades domésticas y locales, al mismo tiempo que reclama atención de una reflexión más amplia y rigurosa sobre la importancia, ventajas y peligros de las nuevas exigencias en los mercados internacionales. La geopolítica mundial tiene una inédita reconfiguración al diseñar y apropiar procesos de integración supranacionales forzando la homogeneidad de políticas, procedimientos y reglas de operación de los conglomerados económicos. Sus resultados son el surgimiento de nuevos y más amplios estadios donde se implantan estrategias globales que seducen y cautivan a grupos importantes de la población mundial. Por lo tanto, es preciso impulsar una vocación exportadora vigorosa y sostenida, asignándole un lugar importante en la estrategia de desarrollo. De hecho, los paradigmas propios de la “nueva economía” y la necesaria visión internacional de las decisiones que se toman en medio del ámbito de la globalización cada vez más competitivo y cargado de incertidumbre, determinan, sin duda, una nueva forma de pensar y de gestionar proyectos.

 
Por esta razón creemos que la enseñanza y divulgación de la técnica conocida como "Gestión de Proyectos" debe ampliar sus esquemas en el sentido de ofrecer una visión más completa del panorama en donde se insertará el proyecto, y el analista deberá dotarse de mayor información sobre las ocurrencias y usos de tecnologías; sobre modelos administrativos y de organización que privilegian las alianzas entre agentes interesados; sobre estructuración financiera (para los cuales no es importante el origen de los recursos sino las condiciones ofrecidas en los mercados internacionales de capital); la penetración y conocimiento del comportamiento de los mercados nacionales e internacionales para diferentes clases de productos y servicios; y en fin, la legislación de cada país, el respeto a sus normas y el buen trato al medio ambiente y las prácticas éticas, por un lado, y por otro, el acompañamiento a los modelos determinísticos con la incorporación de la reflexión aleatoria o estocástica que relacione una cantidad ingente de variables que se mueven en escenarios cambiantes y escurridizos.

Esto induce a relevar la importancia del trabajo en equipo entre diferentes profesionales especializados en distintas áreas que sumen esfuerzos y sinergias, para identificar, formular, evaluar, negociar y gerenciar proyectos y propuestas que puedan ser garantes de afortunadas decisiones. De ahí la importancia que cada país, cada región, cada departamento o provincia, cada localidad, cada empresa, cada ciudadano descubra su vocación y genere fortalezas competitivas en torno a ese conocimiento. No cabe la menor duda que la competitividad de los sectores productivos, la eficiencia en los servicios gubernamentales con el acompañamiento de una academia reflexiva, tolerante a las diferentes vertientes del conocimiento y productora y reproductura de ideas prometedoras, son la clave para alcanzar tasas de crecimiento económico adecuadas y la mejor opción para mejorar las condiciones de vida de la población.
 
Las políticas tradicionales de protección que durante tanto tiempo disfrutaron las empresas nacionales se vienen desmontando dando paso a la modernización y reconversión del aparato productivo, con el fin de aprestarse como única opción a la competencia internacional, no solamente en los mercados externos sino también en los domésticos. Sin embargo, aprovechar las ventajas comparativas de otras épocas, como la mano de obra barata, la abundancia y proximidad a los recursos naturales, las economías de escala orientadas a los mercados nacionales cautivos, no resulta en forma alguna suficiente para el crecimiento y permanencia de nuestras empresas - públicas y privadas -; puesto que, la innovación, la calidad, el dominio del conocimiento y su aplicación tecnológica, son recetas fundamentales y necesarias para garantizar la competitividad; en efecto, incorporar la creación de valor agregado a través de todos los eslabones de la cadena productiva, desde la planeación, el diseño, la producción, el transporte, hasta el mismo consumo, es sin duda la única forma de actuar en el nuevo escenario.
 
Pero los esfuerzos deben ser compartidos por el Estado a través del impulso de políticas de innovación y calidad, que permita a los empresarios contar con algunas ventajas de las que disfrutan sus competidores en sus países de origen, sabemos que los subsidios, por ejemplo, se aplican no solamente al producto final sino a los factores de producción, principalmente la tecnología, como estrategia válida de las naciones industrializadas. En consecuencia, el nuevo pensamiento empresarial debe estar orientado a identificar las ventajas que refuercen con mayor vigor su estrategia competitiva, y desde luego diseñar y financiar planes para su apropiación y desarrollo, a través de una adecuada "gestión empresarial" que permita el acceso a los principios científicos que fundamentan su aplicación, con el ánimo permanente de aportar innovaciones al acervo de conocimientos, encaminado a mejorar la calidad y productividad, bajar los costos, y desde luego satisfacer mejor al cliente. Corrientes del pensamiento como la Social Democracia, el controvertido Neoliberalismo o la novedosa Tercera Vía coinciden en la necesidad de contar con un sector empresarial creativo, innovador, que genere empleo, conquiste mercados, aporte su capacidad técnica, administrativa y financiera en la construcción de infraestructura a través de mecanismos de participación o concesión, y que contribuya al desarrollo por el camino de los impuestos. Las estrategias para promover el desarrollo empresarial, como las incubadoras de empresas, los fondos de capital de riesgo, el crédito, los aportes de capital semilla, las cadenas productivas y otros mecanismos útiles deben estar acompañados necesariamente de una formación y capacitación de calidad orientada al talento emprendedor y creativo, a su espíritu de trabajo y conducta ética que les permita a través de los estudios de preinversión respaldar sus planes de negocios y concretar sueños y aspiraciones, a través de la ejecución exitosa de proyectos y materializarlos en empresas exitosas.
 
Surge entonces la necesidad de repensar la Universidad y cambiar los esquemas metodológicos y pedagógicos por aquellos que garanticen una adecuada inmersión del estudiante en el mundo del futuro. Los modelos pedagógicos de profesor, tablero, auxiliados por libros y textos anacrónicos y, estudiantes pasivos que reciben información y fórmulas mágicas irreales tienen que ser superados por la reflexión, el análisis, la controversia, la dinámica, la participación activa y el diseño de propuestas que se canalizan a través de la identificación, formulación, evaluación, negociación y gerencia de proyectos de inversión y desarrollo, garantes de creación de nuevas empresas exitosas. La concepción moderna de la economía ubica al recurso humano en el centro de la formación de valor, en otra época se creaba valor con bienes, productos, maquinarias e insumos, hoy y en el futuro, el valor proviene principalmente del conocimiento, del nivel intelectual, de las ideas creativas, de la innovación, de la información y, obviamente de la capacidad de gestión. Es claro entonces, que lo que determina la diferencia entre riqueza y pobreza es simplemente la “educación”. Esta, la educación se constituye entonces en la más importante y quizás la única herramienta válida para mejorar la distribución de la riqueza y las oportunidades, que permite disminuir las tensiones y los conflictos entre las clases sociales, proscribiendo la exclusión. Es que sin buenos empresarios - públicos y privados -, no es viable el crecimiento, no es posible avanzar en la búsqueda de la equidad social. La calidad humana y la formación ética y técnica del empresario público y privado tiene mucho que ver con la calidad de educación y formación impartida por las universidades y por ende con el desarrollo del país y de sus regiones.
 
Por otro lado, podemos adicionar que la técnica de gestión de proyectos además de auscultar la conveniencia de acceder a un nuevo frente de inversión, también las empresas ya consolidadas pueden a través de esta herramienta observar sus posibilidades y capacidades futuras y por consiguiente dimensionar su “valor”, que les permitirá promover puentes, alianzas estratégicas con consumidores, proveedores y aún con competidores. Las reflexiones previas que hacen cada uno de estos agentes van precedidas de rigurosos y prolijos estudios que se suelen elaborar mediante el expediente inteligente de observar y aislar la situación y estudiarla como si fuera un proyecto independiente. Existe una tendencia muy avanzada, reiteramos, en la diligencia empresarial pública y privada de todo el mundo a convertir al proyecto en la unidad básica de análisis.
 
El saber como se están llevando a cabo los cambios políticos en la gran mayoría de los países y como cobra cada vez mayor importancia el proceso de descentralización, se alimenta el deseo de las comunidades locales de forjar su propio futuro. Ante las demandas populares de mayor autodeterminación, los gobiernos nacionales del mundo se sienten presionados a delegar poder al nivel regional y a las ciudades, permitiendo e impulsando el ejercicio de su propia autonomía. Varias experiencias exitosas avalan la bondad del proceso, la delegación del poder en los niveles departamentales y locales puede dar como fruto un gobierno más sensible y eficiente. Por ejemplo, en algunos países de América Latina, los servicios públicos como la educación, la atención en salud, la infraestructura vial y el abastecimiento de agua potable y saneamiento han quedado en manos de los gobiernos subnacionales. En efecto, surge la necesidad de que los gobernadores y alcaldes lideren el proceso de planificación[1] y gestión y se conviertan en los verdaderos gerentes de su jurisdicción, utilizando adecuadamente las herramientas de planeación estratégica y de " gestión de proyectos" que les permita consolidar las metas de desarrollo y bienestar social. Se espera que  las instituciones públicas y privadas, de los diferentes niveles territoriales, las universidades regionales en sus diferentes programas de formación, especialización, actualización, educación continuada, a distancia o virtual; los gremios, las asociaciones de profesionales, adelanten esfuerzos para promover programas de "fortalecimiento institucional" que permita apuntalar la llamada "cultura de los proyectos".
 
Las entidades nacionales, departamentales y municipales, y los organismos comunitarios y de participación ciudadana, se pueden asociar con la diligencia empresarial para contribuir a la promoción productiva de sus regiones, explorando las ventajas comparativas y competitivas y el potencial de sus recursos, canalizando experiencias, aplicando tecnologías apropiadas y recursos financieros, buscando oportunidades de mercadeo y compartiendo procesos de capacitación. Pero todo ello requiere organización y promoción, y en particular el diseño imaginativo de mecanismos institucionales que le permitan a las entidades territoriales contar con un elenco de propuestas o proyectos que comprometan los esfuerzos y la acción pública y privada. Las entidades territoriales, deberán identificar oportunidades productivas y dar los primeros pasos hacia la concreción de alianzas que coadyuven a su crecimiento, mediante la cooperación y coordinación de esfuerzos cívicos e institucionales para la promoción de empresas mixtas y de economía solidaria, y la gestión directa de recursos nacionales e internacionales mediante la participación crediticia o la inversión de capital foráneo, o la cooperación internacional. Cada vez toma más importancia el proyecto como herramienta para gestionar recursos y atraer a potenciales inversionistas, públicos o privados, nacionales o internacionales. “Sin proyecto, no hay recursos” es una expresión coloquial que cada día toma mayor vigencia.
 
Se espera entonces, poner en marcha mecanismos institucionales y financieros de promoción, orientados a identificar oportunidades viables de inversión, aprovechando su vocación económica y cultural (agrícola, agroindustrial, artesanal, turística, etc.). Las ciudades deben promover sus propios agentes estratégicos, capaces de ejercer influencia en el país y acceder al escenario internacional directamente para promover por sí mismas sus negocios, productos y proyectos. En una palabra se espera que las localidades sean cada vez más competitivas para poder avanzar con seguridad en el camino del desarrollo.[2]
 
Lo más importante es entonces trascender los conceptos tradicionales del crecimiento económico y hacer del hombre y la mujer, sus oportunidades, salud, bienestar, educación e inclusión los protagonistas y partícipes de primera línea de las opciones de desarrollo en el nuevo milenio.
 
Quizás el “gestor de proyectos” es el profesional que más agrega valor a la economía. En efecto, cuando descubre una buena idea, la elabora, la dimensiona y la valora, tiene información y elementos de juicio que le permite recomendar o tomar una decisión ponderada. Si esta lo conduce a no ejecutar el proyecto, se crea valor al evitar inversiones y costos en una acción que no brindaba garantías de éxito. Si la decisión es ejecutar el proyecto se crea valor al disponer más adelante de una nueva capacidad instalada disponible para la operación. En la medida de su operación va asegurando valor para los propietarios y, obviamente para la comunidad al recibir un bien o un servicio que antes no tenían. Las lecciones aprendidas y las mejores prácticas derivadas de la evaluación expost, corresponden también a un valor agregado que la sociedad recibirá a través de proyectos futuros. Como podemos observar en las diferentes etapas del ciclo del proyecto se genera y asegura valor en forma permanente. Por eso afirmamos que el proyecto es el mecanismo más idóneo de generación y aseguramiento de valor.
 
Son muchos los proyectos productivos, de seguridad alimentaria, de inversión social e infraestructura, de comercialización de productos agrícolas, de servicios públicos, de reasentamientos de las comunidades desplazadas por la intolerancia de las fuerzas oscuras nacidas en la ausencia del Estado, etc. que se necesitan para disminuir los índices de desempleo e inseguridad y para generar capacidad de demanda e impulsar el crecimiento de la economía en términos de eficiencia y equidad. Por esa razón, estamos seguros que el presente documento entregará una herramienta útil e idónea para la formación de “gestores de proyectos” y emprendedores de empresas, con sensibilidad local y visión global, que movilicen recursos y voluntades, facilitando una mejor asignación de recursos al servicio del desarrollo y el bienestar. Nuestra pretensión en esta propuesta es que en concordancia con los nuevos escenarios de acción de la economía local, nacional e internacional y de las fuerzas sociales, se coadyuve en la formación de los “gestores de proyectos” que necesitan nuestros países de América Latina, que a manera de modernos alquimistas puedan convertir los sueños y las ideas productivas en realidades contundentes al servicio de nuestras comunidades.  

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[1] Desde esta tribuna académica sugiero a los gobernantes regionales y locales conceder unos meses sabáticos a los funcionarios que ocuparán la dirección de planeación, para que recorran su territorio, se enteren de los problemas y las oportunidades de su región, y no repliquen los vicios del modelo centralista de planeación a distancia de tan precarios resultados.
 
[2] Bogotá la capital de Colombia, por ejemplo, gracias a la voluntad política de sus últimos gobernantes y la promoción de la cultura ciudadana, ha emprendido grandes proyectos de movilización masiva, de infraestructura vial, de servicios financieros, de salud, educación, culturales, hoteleros, de recreación que la hace cada día más amable y competitiva.
 

JUAN JOSÉ MIRANDA MIRANDA  - juanjoarrobacable.net.co

Economista, experto en Proyectos de Desarrollo; Exconsultor Planeación Nacional de Colombia - BID, OEA, exconsultor asociado Nueva Colombia Industrial; exconsultor Consultores Regionales Asociados (CRA), consultor asociado (CID -Universidad Nacional de Colombia); exconsultor CIDER (Universidad de los Andes) profesor y conferencista (Universidad Nacional, Andes, Rosario, Javeriana, Antioquia, Industrial de Santander, Esap, Incolda, Findeter, Directores, Secretaría de Salud, Ministerio del Medio Ambiente, la CAR, Invías, Empresa de Energía, BP, Comisión Nacional de Regalías, Colciencias, entre otras;  Autor de los libros “Cálculo diferencial y geometría analítica”; “Los proyectos la unidad operativa del desarrollo” (dos ediciones), “Proyectos Factibles”; “Gestión de Proyectos” (quinta edición); “El Desafío de la Gerencia de Proyectos” . Moderador de la red “gestión de proyectos” de Conciencias (Colombia).

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