Sin querer ahondar en la muy reiterada y siempre oportuna
controversia en torno al modelo de globalización, que corresponde a una
realidad de la cual ninguna nación puede ser ajena, lo que significa que
el ímpetu de este movimiento es de tal magnitud que no hay localidad,
vereda o zona de la geografía universal que pueda escapar a su influjo.
Los productos más autóctonos de la región más apartada del orbe reciben
la influencia de la competencia de similares producidos por antípodas al
otro lado del mundo, hasta las artesanías más singulares tienen que
competir en mercados que ancestralmente se manifestaban cautivos. Esto
es la globalización, la expresión más cruda de la competencia, donde
sólo sobrevive aquel que garantice mejores ofertas en calidad y precio.
Por esta razón, los negocios que caracterizarán al nuevo milenio, no
tendrán otra arma diferente a la competitividad - basada en la
información y el conocimiento - dentro y fuera de las fronteras
nacionales, de ahí la importancia de definir un referente mucho más
amplio en torno a las decisiones de asignar recursos y construir
empresa. Quizá la expresión “aldea global” tome nuevo vigor al revelar y
relevar la preocupación sobre las necesidades y oportunidades domésticas
y locales, al mismo tiempo que reclama atención de una reflexión más
amplia y rigurosa sobre la importancia, ventajas y peligros de las
nuevas exigencias en los mercados internacionales. La geopolítica
mundial tiene una inédita reconfiguración al diseñar y apropiar procesos
de integración supranacionales forzando la homogeneidad de políticas,
procedimientos y reglas de operación de los conglomerados económicos.
Sus resultados son el surgimiento de nuevos y más amplios estadios donde
se implantan estrategias globales que seducen y cautivan a grupos
importantes de la población mundial. Por lo tanto, es preciso impulsar
una vocación exportadora vigorosa y sostenida, asignándole un lugar
importante en la estrategia de desarrollo. De hecho, los paradigmas
propios de la “nueva economía” y la necesaria visión internacional de
las decisiones que se toman en medio del ámbito de la globalización cada
vez más competitivo y cargado de incertidumbre, determinan, sin duda,
una nueva forma de pensar y de gestionar proyectos.
Por esta razón creemos que la enseñanza y divulgación de la técnica
conocida como "Gestión de Proyectos" debe ampliar sus esquemas en el
sentido de ofrecer una visión más completa del panorama en donde se
insertará el proyecto, y el analista deberá dotarse de mayor información
sobre las ocurrencias y usos de tecnologías; sobre modelos
administrativos y de organización que privilegian las alianzas entre
agentes interesados; sobre estructuración financiera (para los cuales no
es importante el origen de los recursos sino las condiciones ofrecidas
en los mercados internacionales de capital); la penetración y
conocimiento del comportamiento de los mercados nacionales e
internacionales para diferentes clases de productos y servicios; y en
fin, la legislación de cada país, el respeto a sus normas y el buen
trato al medio ambiente y las prácticas éticas, por un lado, y por otro,
el acompañamiento a los modelos determinísticos con la incorporación de
la reflexión aleatoria o estocástica que relacione una cantidad ingente
de variables que se mueven en escenarios cambiantes y escurridizos.
Esto induce a relevar la importancia del trabajo en equipo entre
diferentes profesionales especializados en distintas áreas que sumen
esfuerzos y sinergias, para identificar, formular, evaluar, negociar y
gerenciar proyectos y propuestas que puedan ser garantes de afortunadas
decisiones. De ahí la importancia que cada país, cada región, cada
departamento o provincia, cada localidad, cada empresa, cada ciudadano
descubra su vocación y genere fortalezas competitivas en torno a ese
conocimiento. No cabe la menor duda que la competitividad de los
sectores productivos, la eficiencia en los servicios gubernamentales con
el acompañamiento de una academia reflexiva, tolerante a las diferentes
vertientes del conocimiento y productora y reproductura de ideas
prometedoras, son la clave para alcanzar tasas de crecimiento económico
adecuadas y la mejor opción para mejorar las condiciones de vida de la
población.
Las políticas tradicionales de protección que durante tanto tiempo
disfrutaron las empresas nacionales se vienen desmontando dando paso a
la modernización y reconversión del aparato productivo, con el fin de
aprestarse como única opción a la competencia internacional, no
solamente en los mercados externos sino también en los domésticos. Sin
embargo, aprovechar las ventajas comparativas de otras épocas, como la
mano de obra barata, la abundancia y proximidad a los recursos
naturales, las economías de escala orientadas a los mercados nacionales
cautivos, no resulta en forma alguna suficiente para el crecimiento y
permanencia de nuestras empresas - públicas y privadas -; puesto que, la
innovación, la calidad, el dominio del conocimiento y su aplicación
tecnológica, son recetas fundamentales y necesarias para garantizar la
competitividad; en efecto, incorporar la creación de valor agregado a
través de todos los eslabones de la cadena productiva, desde la
planeación, el diseño, la producción, el transporte, hasta el mismo
consumo, es sin duda la única forma de actuar en el nuevo escenario.
Pero los esfuerzos deben ser compartidos por el Estado a través del
impulso de políticas de innovación y calidad, que permita a los
empresarios contar con algunas ventajas de las que disfrutan sus
competidores en sus países de origen, sabemos que los subsidios, por
ejemplo, se aplican no solamente al producto final sino a los factores
de producción, principalmente la tecnología, como estrategia válida de
las naciones industrializadas. En consecuencia, el nuevo pensamiento
empresarial debe estar orientado a identificar las ventajas que
refuercen con mayor vigor su estrategia competitiva, y desde luego
diseñar y financiar planes para su apropiación y desarrollo, a través de
una adecuada "gestión empresarial" que permita el acceso a los
principios científicos que fundamentan su aplicación, con el ánimo
permanente de aportar innovaciones al acervo de conocimientos,
encaminado a mejorar la calidad y productividad, bajar los costos, y
desde luego satisfacer mejor al cliente. Corrientes del pensamiento como
la Social Democracia, el controvertido Neoliberalismo o la novedosa
Tercera Vía coinciden en la necesidad de contar con un sector
empresarial creativo, innovador, que genere empleo, conquiste mercados,
aporte su capacidad técnica, administrativa y financiera en la
construcción de infraestructura a través de mecanismos de participación
o concesión, y que contribuya al desarrollo por el camino de los
impuestos. Las estrategias para promover el desarrollo empresarial, como
las incubadoras de empresas, los fondos de capital de riesgo, el
crédito, los aportes de capital semilla, las cadenas productivas y otros
mecanismos útiles deben estar acompañados necesariamente de una
formación y capacitación de calidad orientada al talento emprendedor y
creativo, a su espíritu de trabajo y conducta ética que les permita a
través de los estudios de preinversión respaldar sus planes de negocios
y concretar sueños y aspiraciones, a través de la ejecución exitosa de
proyectos y materializarlos en empresas exitosas.
Surge entonces la necesidad de repensar la Universidad y cambiar los
esquemas metodológicos y pedagógicos por aquellos que garanticen una
adecuada inmersión del estudiante en el mundo del futuro. Los modelos
pedagógicos de profesor, tablero, auxiliados por libros y textos
anacrónicos y, estudiantes pasivos que reciben información y fórmulas
mágicas irreales tienen que ser superados por la reflexión, el análisis,
la controversia, la dinámica, la participación activa y el diseño de
propuestas que se canalizan a través de la identificación, formulación,
evaluación, negociación y gerencia de proyectos de inversión y
desarrollo, garantes de creación de nuevas empresas exitosas. La
concepción moderna de la economía ubica al recurso humano en el centro
de la formación de valor, en otra época se creaba valor con bienes,
productos, maquinarias e insumos, hoy y en el futuro, el valor proviene
principalmente del conocimiento, del nivel intelectual, de las ideas
creativas, de la innovación, de la información y, obviamente de la
capacidad de gestión. Es claro entonces, que lo que determina la
diferencia entre riqueza y pobreza es simplemente la “educación”. Esta,
la educación se constituye entonces en la más importante y quizás la
única herramienta válida para mejorar la distribución de la riqueza y
las oportunidades, que permite disminuir las tensiones y los conflictos
entre las clases sociales, proscribiendo la exclusión. Es que sin buenos
empresarios - públicos y privados -, no es viable el crecimiento, no es
posible avanzar en la búsqueda de la equidad social. La calidad humana y
la formación ética y técnica del empresario público y privado tiene
mucho que ver con la calidad de educación y formación impartida por las
universidades y por ende con el desarrollo del país y de sus regiones.
Por otro lado, podemos adicionar que la técnica de gestión de proyectos
además de auscultar la conveniencia de acceder a un nuevo frente de
inversión, también las empresas ya consolidadas pueden a través de esta
herramienta observar sus posibilidades y capacidades futuras y por
consiguiente dimensionar su “valor”, que les permitirá promover puentes,
alianzas estratégicas con consumidores, proveedores y aún con
competidores. Las reflexiones previas que hacen cada uno de estos
agentes van precedidas de rigurosos y prolijos estudios que se suelen
elaborar mediante el expediente inteligente de observar y aislar la
situación y estudiarla como si fuera un proyecto independiente. Existe
una tendencia muy avanzada, reiteramos, en la diligencia empresarial
pública y privada de todo el mundo a convertir al proyecto en la unidad
básica de análisis.
El saber como se están llevando a cabo los cambios políticos en la gran
mayoría de los países y como cobra cada vez mayor importancia el proceso
de descentralización, se alimenta el deseo de las comunidades locales de
forjar su propio futuro. Ante las demandas populares de mayor
autodeterminación, los gobiernos nacionales del mundo se sienten
presionados a delegar poder al nivel regional y a las ciudades,
permitiendo e impulsando el ejercicio de su propia autonomía. Varias
experiencias exitosas avalan la bondad del proceso, la delegación del
poder en los niveles departamentales y locales puede dar como fruto un
gobierno más sensible y eficiente. Por ejemplo, en algunos países de
América Latina, los servicios públicos como la educación, la atención en
salud, la infraestructura vial y el abastecimiento de agua potable y
saneamiento han quedado en manos de los gobiernos subnacionales. En
efecto, surge la necesidad de que los gobernadores y alcaldes lideren el
proceso de planificación[1] y gestión y se conviertan en los verdaderos
gerentes de su jurisdicción, utilizando adecuadamente las herramientas
de planeación estratégica y de " gestión de proyectos" que les permita
consolidar las metas de desarrollo y bienestar social. Se espera que
las instituciones públicas y privadas, de los diferentes niveles
territoriales, las universidades regionales en sus diferentes programas
de formación, especialización, actualización, educación continuada, a
distancia o virtual; los gremios, las asociaciones de profesionales,
adelanten esfuerzos para promover programas de "fortalecimiento
institucional" que permita apuntalar la llamada "cultura de los
proyectos".
Las entidades nacionales, departamentales y municipales, y los
organismos comunitarios y de participación ciudadana, se pueden asociar
con la diligencia empresarial para contribuir a la promoción productiva
de sus regiones, explorando las ventajas comparativas y competitivas y
el potencial de sus recursos, canalizando experiencias, aplicando
tecnologías apropiadas y recursos financieros, buscando oportunidades de
mercadeo y compartiendo procesos de capacitación. Pero todo ello
requiere organización y promoción, y en particular el diseño imaginativo
de mecanismos institucionales que le permitan a las entidades
territoriales contar con un elenco de propuestas o proyectos que
comprometan los esfuerzos y la acción pública y privada. Las entidades
territoriales, deberán identificar oportunidades productivas y dar los
primeros pasos hacia la concreción de alianzas que coadyuven a su
crecimiento, mediante la cooperación y coordinación de esfuerzos cívicos
e institucionales para la promoción de empresas mixtas y de economía
solidaria, y la gestión directa de recursos nacionales e internacionales
mediante la participación crediticia o la inversión de capital foráneo,
o la cooperación internacional. Cada vez toma más importancia el
proyecto como herramienta para gestionar recursos y atraer a potenciales
inversionistas, públicos o privados, nacionales o internacionales. “Sin
proyecto, no hay recursos” es una expresión coloquial que cada día toma
mayor vigencia.
Se espera entonces, poner en marcha mecanismos institucionales y
financieros de promoción, orientados a identificar oportunidades viables
de inversión, aprovechando su vocación económica y cultural (agrícola,
agroindustrial, artesanal, turística, etc.). Las ciudades deben promover
sus propios agentes estratégicos, capaces de ejercer influencia en el
país y acceder al escenario internacional directamente para promover por
sí mismas sus negocios, productos y proyectos. En una palabra se espera
que las localidades sean cada vez más competitivas para poder avanzar
con seguridad en el camino del desarrollo.[2]
Lo más importante es entonces trascender los conceptos tradicionales del
crecimiento económico y hacer del hombre y la mujer, sus oportunidades,
salud, bienestar, educación e inclusión los protagonistas y partícipes
de primera línea de las opciones de desarrollo en el nuevo milenio.
Quizás el “gestor de proyectos” es el profesional que más agrega valor a
la economía. En efecto, cuando descubre una buena idea, la elabora, la
dimensiona y la valora, tiene información y elementos de juicio que le
permite recomendar o tomar una decisión ponderada. Si esta lo conduce a
no ejecutar el proyecto, se crea valor al evitar inversiones y costos en
una acción que no brindaba garantías de éxito. Si la decisión es
ejecutar el proyecto se crea valor al disponer más adelante de una nueva
capacidad instalada disponible para la operación. En la medida de su
operación va asegurando valor para los propietarios y, obviamente para
la comunidad al recibir un bien o un servicio que antes no tenían. Las
lecciones aprendidas y las mejores prácticas derivadas de la evaluación
expost, corresponden también a un valor agregado que la sociedad
recibirá a través de proyectos futuros. Como podemos observar en las
diferentes etapas del ciclo del proyecto se genera y asegura valor en
forma permanente. Por eso afirmamos que el proyecto es el mecanismo más
idóneo de generación y aseguramiento de valor.
Son muchos los proyectos productivos, de seguridad alimentaria, de
inversión social e infraestructura, de comercialización de productos
agrícolas, de servicios públicos, de reasentamientos de las comunidades
desplazadas por la intolerancia de las fuerzas oscuras nacidas en la
ausencia del Estado, etc. que se necesitan para disminuir los índices de
desempleo e inseguridad y para generar capacidad de demanda e impulsar
el crecimiento de la economía en términos de eficiencia y equidad. Por
esa razón, estamos seguros que el presente documento entregará una
herramienta útil e idónea para la formación de “gestores de proyectos” y
emprendedores de empresas, con sensibilidad local y visión global, que
movilicen recursos y voluntades, facilitando una mejor asignación de
recursos al servicio del desarrollo y el bienestar. Nuestra pretensión
en esta propuesta es que en concordancia con los nuevos escenarios de
acción de la economía local, nacional e internacional y de las fuerzas
sociales, se coadyuve en la formación de los “gestores de proyectos” que
necesitan nuestros países de América Latina, que a manera de modernos
alquimistas puedan convertir los sueños y las ideas productivas en
realidades contundentes al servicio de nuestras comunidades.
_______
[1] Desde esta tribuna académica sugiero a los gobernantes regionales y
locales conceder unos meses sabáticos a los funcionarios que ocuparán la
dirección de planeación, para que recorran su territorio, se enteren de
los problemas y las oportunidades de su región, y no repliquen los
vicios del modelo centralista de planeación a distancia de tan precarios
resultados.
[2] Bogotá la capital de Colombia, por ejemplo, gracias a la voluntad
política de sus últimos gobernantes y la promoción de la cultura
ciudadana, ha emprendido grandes proyectos de movilización masiva, de
infraestructura vial, de servicios financieros, de salud, educación,
culturales, hoteleros, de recreación que la hace cada día más amable y
competitiva.
JUAN JOSÉ MIRANDA MIRANDA - juanjoarrobacable.net.co
Economista,
experto en Proyectos de Desarrollo; Exconsultor Planeación Nacional de
Colombia - BID, OEA, exconsultor asociado Nueva Colombia Industrial;
exconsultor Consultores Regionales Asociados (CRA), consultor asociado
(CID -Universidad Nacional de Colombia); exconsultor CIDER (Universidad
de los Andes) profesor y conferencista (Universidad Nacional, Andes,
Rosario, Javeriana, Antioquia, Industrial de Santander, Esap, Incolda,
Findeter, Directores, Secretaría de Salud, Ministerio del Medio
Ambiente, la CAR, Invías, Empresa de Energía, BP, Comisión Nacional de
Regalías, Colciencias, entre otras; Autor de los libros “Cálculo
diferencial y geometría analítica”; “Los proyectos la unidad operativa
del desarrollo” (dos ediciones), “Proyectos Factibles”; “Gestión de
Proyectos” (quinta edición); “El Desafío de la Gerencia de Proyectos” .
Moderador de la red “gestión de proyectos” de Conciencias (Colombia).
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