Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes

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“TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA:
TRATAMIENTO GRUPAL”
(El grupo: organismo social)
Dr. Eduardo Paolini Ramos 1
Psicólogo Clínico Adjunto
Servicio de Psiquiatría y Psicología
Hospital Universitario Infantil Niño Jesús, Madrid
INTRODUCCION
Trabajar mediante psicoterapia de grupo con adolescentes, implica
crear las condiciones necesarias y suficientes para la “cura”: el proceso
grupal es el contexto social natural dentro del cual se producirá el cambio
individual.
Desde nuestro punto de vista, crear estas condiciones implica
necesariamente incluir en la tarea la indagación de algunos factores
etiológicos que, inevitablemente, en el proceso terapéutico, nos conducirán
a la evidencia de eventos traumáticos (tanto hechos aislados, como
situaciones sostenidas en el tiempo). Se puede observar que prácticamente
todos estos acontecimientos han tenido lugar en contextos grupales o
colectivos. Teniendo en cuenta la evidencia clínica, los “grupos de pares”
en la pubertad y adolescencia, son los principales promotores, o al menos
vivido como tales, de estas sobrecargas o injurias sobre el narcisismo que
entorpecen la construcción de la identidad y los procesos adaptativos.
El grupo de psicoterapia, al contar con unas características
específicas, un método operativo y unas “reglas del juego” (setting), se
convierte en un escenario social “seguro” en el cual se pueden trabajar
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estos sucesos de la historia personal: “el grupo como agente generador” vs.
“el grupo como agente corrector”.
En esta dialéctica micro social, desarrollada mediante el
procedimiento hermenéutico del coordinador, actúan diferentes factores
terapéuticos sobre lo traumático (Esquema del Cono Invertido)2:
1. El desarrollo de un sentimiento de pertenencia, antagonista del
aislamiento y del sentimiento de melancolía y soledad. Vector
Pertenencia.
2. El trabajo en común sobre la tarea que los convoca, dejando fuera los
prejuicios, los juicios de valor y la discriminación. Vector Pertinencia.
3. La cooperación social desde la diferencia personal, y el establecimiento
de nuevos vínculos superadores de estereotipos previos. Vector
Cooperación.
4. La comunicación posible y fluida sobre sentimientos y hechos
bloqueados que no se han podido metabolizar en otros tiempos y
escenarios. Vector Comunicación.
5. El aprendizaje en común sobre el funcionamiento de la propia
psicología humana, los factores añadidos, o artificialmente adquiridos,
al sufrimiento natural, y los mecanismos de cura ahora aprendidos en un
mismo plano de igualdad. Vector Aprendizaje.
6. La destrucción del prejuicio mediante el conocimiento del otro, de
manera especular y desde una perspectiva superadora de lo ya
conocido. Vector Tele.
EL OBJETO
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La epistemología de la psicopatología infantil y juvenil nos obliga a
situarnos ante el auténtico objeto de conocimiento, el sujeto en desarrollo y
en integración con sus sistemas: biológico, psicológico y social.
No es admisible pensar y actuar clínicamente sobre supuestos que
prescindan de la adecuación de los modelos teóricos existentes al objeto y
de sus métodos de investigación y práctica clínica; es decir, debemos
hacerlo desde una lectura comprensiva de lo que estamos observando bajo
la óptica del cambio y de la interdisciplinariedad. Cualquier manifestación
psicopatológica es, al fin y al cabo, la única conducta posible de ese sujeto,
en esas circunstancias y en ese momento determinado. En realidad, una
foto fija de una película que se está rodando aquí y ahora.
La no epistemología de la taxonomía psicopatológica clásica, resulta
particularmente contraproducente cuando se usa en la infancia y en la
adolescencia. La clasificación predispone a formas estereotipadas de
manejo clínico, pudiendo incluso suponer una huella indeleble que marcará
al sujeto de por vida. Esto nos puede hacer olvidar que estamos ante un
fenómeno inacabado, en movimiento, en constante desarrollo y cambio. Un
conjunto plástico donde no hay enfermedades, sino sujetos aún inacabados,
una cualidad emergente de un micro sistema genético social.
Desde un punto de vista metapsicológico, los síntomas aportan
información sobre las perturbaciones ocurridas durante el proceso de
aprendizaje de cada persona (acontecimientos vitales y "sobrecargas
emocionales"). Es decir, sobre experiencias que el psiquismo no pudo
elaborar en el momento temporal en que ocurrieron, por interferencias en
la comunicación en el escenario familiar y social, la situación vital. En
síntesis, dichos síntomas son capaces de significar un déficit en la
tramitación lingüística de las emociones.
La expresión fenomenológica del síntoma, cristaliza un núcleo
traumático latente o “Situación Depresiva Básica” (Pichón-Rivière), que se
encuentra bajo la represión de la consciencia mediante los mecanismos de
defensa del psiquismo (fundamentalmente la desmentida –renegación-, la
disociación, la negación, el desplazamiento y la proyección). Así, la
(
frustración y las pulsiones agresivas asociadas, quedan sostenidas en el
cuerpo y en el tiempo dando paso, como probable primera opción, a la
alexithymia, silencio por respuesta, ante situaciones de estrés agudo o
trauma emocional, que se consolidará como psíquico, y sobre una base de
vulnerabilidad dada fundamentalmente por las circunstancias y la edad. Por
lo tanto, nuestra tarea, no es solo interpretar esta respuesta, sino más bien
traducirla a lo verbal.
La situación depresiva básica es inherente a cualquier traumatismo
emocional, o vivencia mite de necesidad (Rosenthal), suele dar lugar a la
paralización de las defensas instrumentales que quedan en latencia, para
luego pasar a posiciones pato genéticas y a la configuración de la pato
plastia clínica. Este es, en síntesis, el núcleo de la “Teoría de la Enfermedad
Única,” que además de brindar un modelo de comprensión de la psicología
individual y social, sustenta los principios técnicos del método de los
“grupos operativos”3.
En este sentido, la patoplastia social de los trastornos de la conducta
alimentaria, considerados como trastornos psicosomáticos, representan con
sus síntomas, la irrenunciable experiencia humana ante el amor anhelado
(“ideal del yo”, Freud) y sus carencias hipnóticas. El afecto como alimento
del alma, el amor como alma del cuerpo, la profundidad de la piel como
envoltura del cuerpo, son paradigmas de la complejidad de estas formas
que adquieren las heridas narcisistas, y que se muestra como melancolía
inhibitoria del desarrollo (“el amor es demasiado joven para tener
consciencia”).
EL METODO 4
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2
Expuesta estas consideraciones sobre el objeto en estudio,
proponemos el método institucional e integrado de psicoterapia que
implementamos y venimos utilizando, a título personal y de manera
profesional desde hace cuarenta años, y desde noviembre de 1996 en el
“Hospital Universitario Infantil Niño Jesús” en Madrid (*), mediante
diferentes organizaciones grupales, que abarcan los aspectos biológicos,
conductuales, familiares, sociales y psíquicos de cada sujeto en un
momento determinado, y que por su valor empírico, permiten analizar la
reciprocidad entre texto y contexto. Dicha práctica se basa en la creación de
grupos abiertos y plásticos que admiten la incorporación de nuevos
pacientes y el tránsito a otros niveles de tratamiento en función de las
características y evolución de cada caso. Debido a la masa crítica de la
organización resultante, se incorporan sinérgicamente las fuerzas operantes
de los mecanismos de condicionamiento de la Institución y del sistema
creado, dando lugar a un proceso de aprendizaje dinámico, integrado e
integrador.
Mediante el método sistémico, se pretende modelar el objeto
actuando sobre la relación entre sus componentes (estructura y dinámica
del conjunto). Este sistema de organización del tratamiento se basa y se
articula en métodos grupales adaptados, utilizando las diversas formas de
relación propiciadas por el sistema creado. Puede ser considerado como un
abordaje institucional y una psicoterapia relacional desarrollados en etapas
sucesivas en diferentes niveles de integración. Por lo tanto, dicho sistema
contempla, necesaria y fundamentalmente, el tratamiento de los vínculos de
apego y las personalidades asociadas frecuentemente a los trastornos
abordados.
El modelo específico alcanzado -método de tratamiento-, debe
resultar isomorfo al objeto; es decir, un sistema institucional de cuidados
intensivos continuados e integrados, que abarca los aspectos somáticos, las
relaciones primarias de apego y los grupos de pertenencia, por lo que los
grupos de referencia del paciente y la organización psíquica de cada sujeto
entran en relación con este contexto social clínico.
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6
El objetivo es proporcionar un espacio vincular creado
artificialmente con el objetivo de investigar y favorecer el desarrollo y/o la
modificación de los vínculos perturbados y patogénicos acontecidos en el
aprendizaje temprano. Generamos de esta manera, una forma distinta de, y
a través de, un tipo de socialización específica que se consigue a través del
grupo terapéutico y la relación recíproca de influencia.
Con la utilización del vínculo como concepto reactivo, creamos
diferentes momentos en un espacio virtual, simbólico, imaginario que
permite profundizar el tratamiento de una manera intensiva y breve, y al
mismo tiempo, se incentiva la creación de nuevas oportunidades de
interacción social en un clima de aceptación y tolerancia.
El sistema resultante puede ser considerado como un continuo
espacio y tiempo, “una película paralela” (la vida paralela de los sueños),
en donde convergen la dimensión personal (coordenada vertical) y la grupal
(coordenada horizontal), confluencia del comportamiento, y en la que se
facilita la percepción del otro y del mismo: “yo soy tú, eres yo”, ya
que la interacción del grupo devuelve al paciente múltiples imágenes de
mismo (fenómeno especular). La percepción y confrontación de la propia
existencia somática (el yo corporal), se consolida así en la comunicación:
“El cuerpo crea el espacio como el agua al vaso” (Iel-Hakim, citado por
Sami-Ali).
En ese espacio y en ese tiempo de tratamiento (el Hospital, la sala de
hospitalización, los hospitales de día, el tratamiento ambulatorio y el
seguimiento intervencionista), en la sincronización sinérgica, se genera y
desarrolla la transferencia y la proyección simbólica imaginaria de escenas
familiares biográficas que actuaron como desencadenantes de lecturas que
condicionan la realidad actual.
En el grupo familiar se da el aprendizaje primario, la forma, el
significante y significado de un denominador común con frecuencia
universal, lo evolucionado en un determinado tipo de “urdimbre afectiva”
(Rof Carballo). Esa envoltura física, emocional y social en la que el sujeto
desarrolla cuerpo, sentimiento y mente; el nido y el apego, con sus
definitivas funciones evolutivas es la que se repite y revisa, “aquí, ahora y
conmigo”, en la “matriz grupal” (Foulkes).
El abordaje terapéutico de estas realidades biográficas en la urdimbre
grupal, la interacción y profundización relacional, y las condiciones del
trabajo clínico (setting), operan como factores hipnagógicos que facilitan la
caída de la represión y la aparición de la emoción expresada. Siendo así, se
presenta en ese contexto una excelente oportunidad para la elaboración
simbólica de lo traumático; un viaje imaginario hacia aquel espacio-tiempo
fagocitado en el agujero negro del psiquismo, lo inconsciente, y por último,
la depresión de la cura.
La dialéctica de esa lucha entre Eros (“amor”) y Thanatos
(“muerte”), se recrea en el espacio terapéutico, unido al ser del lenguaje,
perceptible en el tiempo, como sucesión de fenómenos que van
irreversiblemente del recuerdo del pasado a la proyección, hacia la
prospectiva de un futuro, hasta ahora, probablemente inexistente. Se
presenta, a fin de cuentas, una zanahoria para el burro, un sentido de la
caminata en la vida.
En ese clima y en esa textura que crea el propio grupo, las emociones
se expresan través de las palabras, se reescribe colectivamente lo
imaginario. Además, se movilizan nuevas orientaciones de la libido, en el
intercambio de experiencias biográficas, se descarta lo banal, lo superficial
y se da la posibilidad de liberar lo encriptado en el reservorio del cuerpo y
en el discurso profundo.
En ese contexto, se brinda entonces la posibilidad de mentalizar, de
unir la oscuridad biográfica heredada, a la luz posible proyectada en el
espacio psicoterapéutico. Para lograr esto, el terapeuta deberá mostrar la
capacidad de acercar y alejar el foco de espacio y tiempo, para poder así
entender y hacer comprender al paciente y a su grupo el proceso,
integrando la experiencia mediante el lenguaje y suturando la disociación
que subyace al sufrimiento. Y lo más complicado, la coordinación operativa
de los grupos familiares implicados, el sistema clínico y la institución
madre (en nuestro caso hijo: el “Hospital Infantil Universitario Niño
Jesús”).
7
CONCLUSIONES
En los métodos de psicoterapia del siglo XXI, se vislumbran nuevos
conceptos en los tratamientos sistematizados, al menos en la problemática
adolescente, con un cambio de paradigmas que avanzan desde la
semiología clínica a la semiótica social.
Quizás nos acercamos y encontramos también con otro modelo
cultural e instrumental de lo místico, donde alma, psiquismo y cuerpo se
nos muestran como aspectos complementarios de una misma realidad. Real
e imaginario en proceso dialéctico, en relación recíproca de influencia, de
percepción y proyección: emoción expresada y trabajo psíquico en un
conjunto social revolucionado en las nuevas formas de la no
comunicación: los significantes de “los egos inflamados” (Mario Andrade),
quizás porque están desinflados, si fuese así tiene fácil cura: aire, agua y
buena conversación con semejantes de calidad. Recuerdo emocional vs.
memoria racional.
Eduardo Paolini Ramos
Madrid, 18 de enero del 2016
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Paolini Ramos Eduardo. (2016, marzo 14). Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/
Paolini Ramos, Eduardo. "Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes". GestioPolis. 14 marzo 2016. Web. <http://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/>.
Paolini Ramos, Eduardo. "Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes". GestioPolis. marzo 14, 2016. Consultado el 7 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/.
Paolini Ramos, Eduardo. Tratamiento grupal de Transtornos de la Conducta Alimentaria en Adolescentes [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/tratamiento-grupal-transtornos-la-conducta-alimentaria-adolescentes/> [Citado el 7 de Diciembre de 2016].
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