Sector agropecuario Argentino y su importancia en la economía nacional

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SECTOR AGROPECUARIO ARGENTINO - SU IMPORTANCIA EN LA ECONOMÍA
NACIONAL Y SU RELACIÓN CON EL SECTOR FINANCIERO
1. Introducción general
2. Visión general del sector agropecuario
3. Planteo de la problemática estructural - situación actual
4. Conclusiones finales
5. Bibliografía consultada
PRIMERA PARTE - INTRODUCCIÓN GENERAL
El sector agrícola es el productor básico de alimentos e insumos para la industria y la
exportación. La actividad agrícola ha perdido peso económico a lo largo de la historia. Hoy
en día no representa más que el 10% del Producto Bruto mundial, porcentaje similar a su
representación en el PB argentino. Sin embargo se dedica a las actividades
agropecuarias el 50% de la población mundial, siendo muy variable la proporción
existente entre los países desarrollados y los subdesarrollados, ya que en éstos últimos el
90% de los trabajadores se dedican a esta actividad.
Con el propósito de obtener un mejor desempeño de este sector es necesario fomentar la
investigación, tecnificación, el acceso al crédito, la asistencia técnica, la comercialización
y la asesoría técnica y financiera a pequeños y medianos productores.
En este trabajo se considera que el crédito es uno de los principales instrumentos para el
desarrollo de todo este proceso y de la actividad. Pero para que el crédito sea efectivo es
necesario que esté acompañado de políticas económicas, impositivas y financieras
apropiadas.
Se pretendió hacer un aporte sobre la situación del sector agropecuario vinculado a la
falta de inversión y tecnología, como consecuencia del bajo acceso al crédito, y dejar
planteada la necesidad de crear nuevas herramientas que permitan el acceso al crédito
hacia los pequeños y medianos productores a fin de estimular el crecimiento de las
economía en desarrollo y buscar consolidar la industria agropecuaria local para hacerla
competitiva a nivel internacional, cuidando primordialmente los intereses nacionales, en
un esfuerzo conjunto entre el sector privado y el público.
También se podrá observar que se mencionaron algunas experiencias y casos de
Latinoamérica e inclusive de países desarrollados, porque Argentina no es la excepción
en esta problemática.
La primera parte del trabajo se corresponde a esta introducción. En la segunda se
presenta una visión general del sector: características, instrumental, indicadores,
tecnología, y una breve reseña histórica. En la tercera parte presentaremos la situación
actual de acceso al crédito por parte del productor agropecuario en donde también se
expondrán algunas opiniones de profesionales del sector financiero y de algunas
asociaciones del agro para conocer sus visiones sobre el tema. En esta sección también
se presentará una serie de alternativas diferentes y actuales con las que se ha pretendido
cubrir parte de la demanda de crédito no satisfecha. Y en la cuarta sección se expondrán
algunas conclusiones a partir del análisis de los datos y de la información expuesta y
consolidada en este trabajo. También se dejarán planteados algunos interrogantes sobre
el futuro de la actividad y sus consecuencias.
SEGUNDA PARTE - VISION GENERAL DEL SECTOR AGROPECUARIO
1) Importancia económica del sector agropecuario
La agropecuaria ha sido la primer actividad económica de la humanidad. Toda la
economía griega y romana, y la mayor parte de la economía feudal se basó en la
producción agropecuaria. Su destino era principalmente el autoconsumo y sólo en
pequeñas proporciones, se comercializaba.
La actividad agropecuaria estuvo en la base de la mayoría de las economías hoy
desarrolladas y en función de ella se desplegaron el resto de las actividades. La
importancia del sector está dada por su doble función de proveer bienes finales
fundamentales y buena parte de los insumos básicos de la actividad industrial.
Su trascendencia tiende a declinar con el proceso de desarrollo económico. La
diversificación de la actividad productiva, el reemplazo de productos naturales por
artificiales y el manejo de los países industrializados, han generado esta tendencia. Sin
embargo, aún hoy una economía es más fuerte e independiente cuando posee un
poderoso sector agropecuario. Sino, cómo se explicaría que países del primer mundo
como Estados Unidos o los países europeos apliquen medidas proteccionistas y elevados
y perversos sistemas de subsidios a los productores agropecuarios para mantener los
niveles de producción, con lo controvertido que se ha puesto este tema desde hace
algunos años ?
2) Características técnico-económicas del sector agropecuario
El sector agropecuario tiene características técnico-económicas diferenciales. La primera
característica específica del sector es que la localización de su actividad está determinada
básicamente por la ecología. Esto significa que la actividad del sector no se puede alienar
ni deslocalizar. Durante mucho tiempo este determinismo del medio fue indiscutible, pero
con el desarrollo tecnológico esta situación quedó modificada parcialmente.
Otra característica del sector está vinculada con los factores climáticos, que crean una
situación de inseguridad con respecto al desarrollo de la actividad.
Un tercer aspecto a destacar se refiere a que la actividad agropecuaria precisa superficie
para poder desarrollarse. No basta con tener las condiciones ecológicas, sino que para
que el sector agropecuario sea poderoso se necesita extensión territorial. Pero este
determinismo también resulta parcialmente modificado a partir de la tecnología, ya que
con su uso se puede extender la frontera agropecuaria o permitir un uso más intensivo de
la superficie disponible.
Otro aspecto técnico-económico es que en general la demanda de productos del sector
crece lentamente . Además de tener una baja elasticidad precio-ingreso.
Asimismo los productos del sector tienen una tendencia al deterioro de sus precios
relativos internacionales y/o internos:
a) por la situación de predominio o monopolio que en el mercado mundial poseen los
países industrializados;
b) por la atomización de los productores agropecuarios frente a los demandantes
industriales oligopólicos, o por manejos de la política económica;
c) por el extraordinario avance tecnológico de los países desarrollados y su política
de subsidios que transformó en exportadores a muchos que antes importaban.
Por último debe mencionarse que de las características técnico-económicas del sector
agropecuario surge un patrón de asentamiento poblacional. Un país con cualidades
agroecológicas, donde predominan las actividades de explotación extensiva, el
asentamiento poblacional será muy diferente de otro sin estas características.
3) Instrumental intersectorial
El indicador más importante para medir el peso del sector agropecuario en una economía
es la participación que posee en el PBI. Es una constante del proceso de desarrollo
económico la declinación de la participación del sector en el PBI. La diversificación de la
actividad implica una mayor transformación de los productos y un desarrollo de las
actividades terciarias a tasas de crecimiento superiores a las del sector en cuestión. En
este sentido, la participación del sector agropecuario en el PBI total es un indicador
aproximado del “grado” de desarrollo económico alcanzado. Sin embargo se deberá tener
en cuenta las características específicas de cada país y la productividad del sector.
Para el caso de nuestro país, en el período 1900-1984 este indicador tuvo la evolución
que se muestra en el siguiente cuadro:
A través del análisis de una serie como la presentada se puede reconstruir buena parte de
la historia sectorial.
Un segundo indicador importante sobre la posición relativa del sector en el conjunto de la
economía es la participación en la ocupación o en la población económicamente activa.
Esta proporción tiende también a descender en el proceso de desarrollo económico,
aunque con una dinámica inferior a la del descenso de la participación en el PBI.
La evolución de este indicador puede verse en el siguiente cuadro, con datos que surgen
de recientes censos de población:
Período Total Agropecuario
Participación en
el PBI total
Tasa de
crecimiento
1900-1904 1.250,5 444,0 35,51% 9,92
1905-1909 1.844,3 554,1 30,04% 2,03
1910-1914 2.310,5 625,3 27,06% 3,82
1915-1919 2.223,6 726,5 32,67% 0,12
1920-1924 2.963,5 885,9 29,89% 5,14
1925-1929 3.855,1 1.043,1 27,06% 5,11
1930-1934 3.789,0 1.044,5 27,57% 3,10
1935-1939 4.672,8 1.227,9 26,28% 0,54
1940-1944 5.359,1 1.386,4 25,87% 5,25
1945-1949 6.511,6 1.372,0 21,07% -0,17
1950-1954 7.087,1 1.335,4 18,84% 4,47
1955-1959 8.505,5 1.502,4 17,66% -0,48
1960-1964 9.782,2 1.600,6 16,36% 0,03
1965-1969 12.113,0 1.811,6 14,96% 0,13
1970-1974 15.308,9 1.894,2 12,37% 0,90
1975-1979 17.606,2 2.133,6 12,12% 2,60
1980-1984 17.522,9 2.244,3 12,81% 1,66
1982-1991 ** 7,80%
** En 1993 se produjo un cambio de metodología para el cálculo del PBI. Sobre esa base
la participación para la década fue del 7,8%
Fuente: OECEI y BCRA
en millones de pesos a precio de 1960
PBI
Año PEA total PEA agrop. %
1914 3.360 821 24,43%
1947 6.600 1.622 24,58%
1960 8.198 1.352 16,49%
1970 9.308 1.331 14,30%
1980 10.792 1.399 12,96%
1990 11.548 1.197 10,37%
PEA: población económicamente activa
Fuente: censos nacionales
Un tercer indicador importante se refiere a la participación del sector agropecuario en el
comercio exterior. Esta participación también depende del desarrollo relativo de la
estructura. Normalmente una estructura atrasada exporta casi con exclusividad productos
primarios (principalmente agropecuarios), sin ningún grado de elaboración, importando
bienes finales industrializados. En la medida en que se avanza en el proceso de
desarrollo se va produciendo una transformación en la estructura de comercio exterior. En
las exportaciones disminuye la participación de las primarias sin elaborar y aumenta la
participación de las manufacturas, tanto de origen agropecuario como de origen industrial.
En las importaciones disminuyen los productos terminados de consumo y aumentan las
máquinas y los equipos, los insumos básicos, etc.
Una manera de medir el desarrollo relativo del sector agropecuario es la participación que
un país posee en el comercio mundial de productos significativos. Esto permite observar
la dinámica de la producción y las exportaciones del país con respecto al resto del mundo.
Relaciones de este tipo son importantes para analizar la economía y la política económica
agropecuaria, y verificar en qué medida las decisiones internas pueden afectar al mercado
internacional. A continuación mostramos un cuadro de la participación argentina en el
mercado mundial durante el período 1930-1990.
Sin embargo estas cifras no implican en su totalidad una baja dinámica del sector
agropecuario. También incluyen una modificación sustancial en el destino de la
producción. Estas estadísticas, para el caso concreto de nuestro país revelan que
mientras en 1930 el 50% (promedio) de la producción tenía como destino el mercado
externo, en la actualidad más del 80% de la producción queda en nuestras fronteras
(datos estadísticos de CEPAL e INDEC).
4) Tecnología: su importancia en el sector agropecuario
La tecnología utilizada en el sector agropecuario es una variable independiente
fundamental, y de importancia creciente en la determinación del nivel de la oferta. La falta
de ella o su bajo uso afecta de dos maneras:
a) directamente al no permitir la concreción de rendimientos más elevados
Producto 1930-1939 1946-1955 1956-1965 1966-1974 1975-1976 1983-1984 1990
trigo 25 10 9 4 3,6 6,4 5,1
maíz 65 27 15 13 6,2 8,1 3,3
carnes 38 18 20 13 5,9 2,6 1,8
En porcentajes sobre el valor mundial de las exportaciones
b) indirectamente al afectar de manera negativa la rentabilidad de las
explotaciones y la oferta futura.
A esta conclusión se ha llegado a través de innumerables estudios econométricos
realizados.
La importancia de la tecnología y del cambio tecnológico es creciente en la medida en que
se agotan las tierras agrarias disponibles. Al ser la tierra un factor de oferta relativamente
inelástica, el crecimiento de la oferta se vincula con las formas en que se combinen los
componentes tecnológicos.
En un período de gran dinamismo de la producción agropecuaria mundial (sobre todo en
Europa y Estados Unidos) de acuerdo a los datos estadísticos, los índices de tecnología
para nuestro país se presentaron prácticamente estancados para algunas producciones
(ej: trigo).
De todo lo mencionado surge la importancia de la tecnología como componente
importante de la estructura económica del sector. Y aparece como fundamental en el
período contemporáneo para nosotros por haberse agotado la posibilidad de desarrollo
del sector sobre la base de la simple expansión de la frontera agropecuaria.
El hecho de definir que un país tiene una tecnología baja de acuerdo con sus potenciales
y necesidades nos está diciendo que algo no funciona bien. Que existen barreras que
dificultan el cambio tecnológico.
Se considera que una de esas barreras es la imposibilidad de acceso al crédito por parte
de los pequeños y medianos productores agropecuarios. Es posible que esa tecnología
venga de la mano de grandes productores hacia la intensificación del capital, pero ello
puede tener importantes corolarios sobre algunos factores de la producción (mano de
obra sin trabajo por introducción de nuevas tecnologías), y sobre algunas prácticas
culturales.
5) Evolución de los indicadores estructurales del sector agropecuario
La evolución del sector agropecuario argentino suele dividirse en dos grandes etapas
estructurales: de 1980 a 1930, y del 1930 a la actualidad.
En el primero predominó el denominado “modelo agroexportador”. Durante ese período el
sector se desarrolló a tasas cercanas al 4% anual, expandiendo la frontera agropecuaria e
incorporando factores de producción: trabajo y capital.
A partir de 1930 se empezó a hacer muy lenta la expansión de la frontera agropecuaria, lo
que unido a la disminución de la demanda externa, provocó una baja en la dinámica del
sector (ver participación en el PBI, la PEA y la participación de productos agropecuarios
en el mercado mundial en cuadros anteriores).
Las ampliaciones de la frontera agropecuaria y del producto, que se produjeron en
pequeña escala, se hicieron con una reducción sustancial de la PEA del sector. Hubo por
lo tanto reemplazo del factor trabajo por factores tierra y capital (fundamentalmente de
grandes empresas).
6) Esquema explicativo de la baja dinámica
En algunos trabajos econométricos en donde se ha pretendido explicar el
comportamiento de la oferta agropecuaria se mencionan algunas variables explicativas,
entre las que aparece el factor que estamos considerando como uno de los más
importantes: el crédito
Ellos son (de acuerdo al orden de importancia que se les dio en los trabajos):
a) los precios (vinculados a la tecnología)
b) la tecnología (vinculada al crédito)
c) el crédito
d) el clima (vinculado a la tecnología)
e) el capital (vinculado al crédito)
f) el cambio institucional (otro factor importante mencionado en este trabajo, pero no
desarrollado)
g) la insuficiencia o carencia de medidas promocionales, que tuvieron otros
sectores industriales (vinculado al apoyo institucional)
h) las cargas fiscales que pesaron sobre el sector, tanto respecto de los tributos,
como de las cargas sociales y aranceles (vinculado a los cambios institucionales)
i) La información (vinculada al crédito y a la tecnología)
Como se puede observar aparecen las variables que de acuerdo a la investigación,
surgen como las más importantes para el desarrollo del sector: la tecnología, que es en
muchos casos imposible instrumentarla sin acceso al crédito. Sin embargo estas variables
deben ir acompañadas de políticas apropiadas del gobierno para estimular o por lo
menos, facilitar el desarrollo y continuidad del sector.
TERCERA PARTE
PLANTEO DE LA PROBLEMÁTICA ESTRUCTURAL - SITUACIÓN ACTUAL
1) Introducción
La experiencia en materia de políticas de financiamiento agrícola en Argentina ha
demostrado que se requiere un esfuerzo conjunto tanto del Estado como del sector
privado para lograr que el crédito llegue a todos los productores, inclusive a los pequeños
y a los medianos que son los que más dificultades tienen para el acceso al crédito y que
en definitiva son la base de todo el sector.
La exclusión de grupos productivos al crédito es una de las características del sistema
financiero que limita el crecimiento en los países en desarrollo.
Para lograr una ampliación de la cobertura del crédito agrícola, es necesario implementar
mecanismos que reduzcan la diferencia de rentabilidad para el intermediario, entre el
financiamiento a pequeños productores y aquel dirigido a la explotación agropecuaria
mediana y grande. El gobierno debe promover iniciativas socialmente eficientes en las
que tengan alta participación los agentes intermediarios en el mercado, con el ánimo de
que el pequeño productor tenga acceso al crédito por parte de las entidades financieras
formales.
Teniendo en cuenta la condición estratégica del crédito para el desarrollo agropecuario, es
necesario contar con una propuesta clara de financiación para este sector.
Se considera que los subsidios no serían una solución para el problema, ya que cuando
se accede al crédito con tasa de interés de mercado se fomenta un uso más eficiente de
los recursos. Un aspecto importante del acceso del productor agropecuario al sistema
financiero formal es su acercamiento y la familiarización con estas instituciones, lo que
podría generar una mayor canalización de ahorro hacia éstas. En otras palabras, la
participación de la banca privada comercial en el desarrollo agropecuario a través de
esquemas de financiamiento se presentaría como una alternativa adicional de
movilización del ahorro. Se debe tener presente que el sector rural no sólo demanda
crédito, sino también ahorro y seguros, lo cual representa una alternativa interesante para
los bancos.
Hay quienes consideran errada la visión de que el pequeño productor tiene una baja o
limitada capacidad de ahorro por la estacionalidad de las cosechas y los problemas
climatológicos (entendiendo el ahorro de acuerdo a la definición macroeconómica, que es
el ingreso que no se consume en el presente) . Lo que se debe considerar es
simplemente la existencia de un desfase de los ingresos de los pequeños productores por
razones estacionales y no una falta de capacidad de ahorro. Cuando a los productores se
les provee de servicios financieros adecuados, es decir rentables pero considerando el
desfase estacional de sus ingresos, ellos pueden responder con mayores volúmenes de
ahorro.
La mayoría de los agricultores desea tomar créditos sólo estacionalmente; si encuentra el
ofrecimiento de crédito a tasas subsidiadas, lo demandarán aún sin necesitarlo. El crédito
a tasas de mercado permite obtener una demanda más real de crédito, además el destino
que se le da es más productivo, por cuanto desaparece el incentivo perverso de las tasas
subsidiadas, que no exige esfuerzo de inversión con fines productivos y alienta el uso de
los recursos hacia otros fines.
Esta situación describe la necesidad de contar con un instrumento adecuado para permitir
el acceso crediticio a los pequeños/medianos productores agropecuarios, pero a la vez
permitirles operar con instituciones que además les ofrezcan alternativas rentables.
Uno de los esquemas podría consistir en un programa de incentivos que el gobierno
podría otorgar a la banca privada comercial, con una finalidad de cubrir los sobrecostos
operativos y administrativos en que incurriría al ampliar su cobertura crediticia y el riesgo.
No se trataría de un subsidio, sino de un incentivo que no genera distorsiones porque lo
que busca es un uso eficiente de recursos. Se trata de financiar al productor agropecuario
con tasas de interés de mercado, pero flexibilizando las condiciones de los préstamos,
cubriendo el riesgo con garantías, seguros, e instrumentos del mercado de capitales.
Sin embargo para el desarrollo de alternativas se requeriría un trabajo de investigación,
análisis y desarrollo mucho más extenso.
2) Situación actual
Los resultados del Censo Agropecuario 2002 que el INDEC publicó recientemente
registran algunas tendencias desfavorables como la desaparición de casi una cuarta parte
de los productores agropecuarios, mientras que ha aumentado fuertemente la producción
agregada del sector. Concretamente de acuerdo a las mediciones el número de
explotaciones agropecuarias en el país se redujo de 421.221 en 1988 a 317.816 en la
actualidad. Según las estimaciones de la SAGPyA más del 60% de esa pérdida
corresponde a productores minifundistas.
Otro rasgo destacado es el incremento del tamaño de las explotaciones que se produjo
durante ese período, y el consecuente aumento de la concentración en la propiedad de la
tierra.
Desde 1988 la Argentina prácticamente duplicó su cosecha de granos, pero de los datos
mencionados surge que todo este proceso se ha logrado gracias a importantes avances
tecnológicos que han realizado las grandes empresas del sector, en detrimento de los
pequeños y medianos productores que no cuentan con las mismas herramientas.
En la actualidad las grandes empresas poseen amplias posibilidades de inversión en
maquinarias, sistemas de riego, fertilizantes, biotecnología, etc. Todos estos elementos
generan brechas muy importantes entre grandes y pequeños/medianos productores. Las
grandes empresas cuentan con un factor fundamental para poder invertir que es el acceso
al crédito. Mientras que a los pequeños y medianos productores históricamente se les ha
dificultado el acceso al crédito por la imposibilidad de cumplir con las condiciones
generales que los bancos requieren y las garantías que suelen solicitar para cubrir las
operaciones crediticias. Además de los elevados costos financieros que deben pagar en el
caso en el que accedan.
Los pequeños productores han tenido un acceso limitado al crédito debido a la falta de
garantías que presentan; a sus bajos ingresos; a la estacionalidad de los cultivos, lo que
genera que la cosecha se venda a precios bajos y a los riesgos propios de la actividad
agrícola tales como el clima. Adicionalmente desde el punto de vista del sector financiero,
la adjudicación de un crédito pequeño resulta comparativamente costosa teniendo en
cuenta que los costos operativos resultan similares cuando se adjudica un crédito de gran
valor, por lo tanto los costos de transacciones elevados le quitan el atractivo tanto al
crédito como al ahorro del pequeño productor del sector rural.
Observando la realidad más globalmente podemos identificar otros problemas que
influyen negativamente sobre el productor agropecuario a nivel general en la Argentina.
Pero también nótese que muchos de estos puntos podrían mejorarse con inversiones
provenientes de la asistencia crediticia que en conjunto podrían cubrir la banca nacional y
privada.
En el marco de un seminario organizado por la “Fundación Producir Conservando” se
presentó un estudio sobre el potencial de la producción agrícola argentina. Aquí
sintetizaremos algunas de las limitaciones que encuentra la producción para alcanzar ese
potencial:
-inseguridad jurídica respecto de la validez y continuidad en el tiempo de las
fórmulas contractuales.
-Inseguridad y desconfianza sobre el valor y estabilidad de la moneda
-Incertidumbre acerca del sistema impositivo
-Falta de estructura de almacenaje, transportes y procesamiento industrial en
algunos productos
-Funcionamiento deficiente en los mercados de futuros
-Elevada evasión fiscal y escaso control de la misma
-Falta de desarrollo de instrumentos capaces de agregar valor y generar una más
favorable comercialización de la producción, tales como certificados de origen,
trazabilidad, etc.
-Falta de desarrollo de instrumentos de promoción de las exportaciones, con un
Estado facilitador de la apertura de nuevos mercados.
A estos factores de manejo endógeno, se suman los factores exógenos, de los cuales el
proteccionismo practicado por los países centrales es el fundamental.
Todas estas circunstancias, sumadas a la imposibilidad de acceso al crédito bancario
genera que los agricultores, en muchos casos, recurran a prestamistas informales que
suministran créditos con tasas de interés más altas, lo cual lleva a presumir que no
siempre la actividad agropecuaria está relacionada con una baja rentabilidad, más si se
tiene en cuenta que el pequeño agricultor ahorra los gastos de mano de obra por ser una
actividad de carácter familiar. En general el crédito informal es más flexible y se obtiene
más rápidamente, por lo tanto es muy valioso para los agricultores por el manejo de su
liquidez. Es común que entre un 70% y un 80% de los pequeños agricultores de un país
en desarrollo no tenga acceso al crédito.
3) Mediciones del sector financiero respecto del sector agropecuario
En cuanto a los créditos otorgados, tanto los créditos a pequeños, medianos y grandes
agricultores del país han mantenido su nivel en un promedio del 10% del total de la
cartera de créditos totales.
Financiamiento de entidades bancarias
0
10.000
20.000
30.000
40.000
50.000
60.000
70.000
80.000
90.000
1987
1988
1989
1990
1991
1992
1993
1994
1995
1996
1997
1998
1999
millones de $
Cartera restante
Cartera agropecuaria
Las cifras relativas al porcentaje de deuda vencida del sector del agro durante los últimos
diez años tiene un promedio del 28%. Aquí extractamos los últimos cinco años de
información disponible.
en millones de pesos
1995 1996 1997 1998 1999
Cartera agropecuaria 6.480 5.814 6.432 6.648 6.387
Cartera restante 50.795 54.316 63.400 67.941 72.455
Cartera total 57.276 60.131 69.833 74.589 78.842
Agrop/Total 11,31% 9,67% 9,21% 8,91% 8,10%
Morosidad agropecuaria 29,9% 26,2% 24,1% 19,9% 25,0%
La financiación al sector agropecuario por parte de las instituciones privadas, nacionales y
provinciales se ha modificado en la última década.
Sector Agropecuario
Variacn de la participación porcentual de entidades
financieras - 1987
76,22%
22,55%
1,23%
Bancos Públicos
Bancos Privados
Otras entidades
En la Argentina en 1987, los bancos públicos (nacionales y provinciales) asistían
crediticiamente en un 76% al agro, mientras que el resto se repartía entre los bancos
privados y otros. En 1999, entre los bancos nacionales y provinciales se reparten el 61% y
el resto lo cubren los bancos privados.
La colocación de créditos del sector financiero privado para el agro, está concentrada en
los grandes productores. Los bancos provinciales cubren básicamente al
pequeño/mediano productor agropecuario (PMPA), y en la evolución podemos observar
que la cantidad de créditos para este sector ha sufrido una importante caída,
representada por una disminución del 15%.
Sector Agropecuario
Variación de la participación porcentual de entidades
financieras - 1999
60,92%
38,95%
0,13%
Bancos Públicos
Bancos Privados
Otras entidades
Esta disminución del 15% reflejaría el desplazamiento de recursos producido desde el
pequeño/mediano productor agropecuario (PMPA), hacia el gran productor agropecuario.
Los bancos privados no cambiaron sus modalidades de otorgamiento de créditos a favor
del PMPA, por lo que las variaciones observadas no nos estaría indicando que los bancos
privados comenzaron a darle crédito a dicho sector y que los bancos públicos cedieron
esa cartera, sino que esta variación se debería a que las entidades financieras privadas
comenzaron a otorgar más créditos a los grandes productores (nuevos y ya existentes) y
que una parte de los PMPA que tenía acceso al crédito en 1987, en la actualidad ya no lo
tienen. Uno de los motivos de la falta de financiación actual podría ser la pérdida de las
propiedades, único modo conocido de acceso al crédito (a través de una hipoteca). Esto
además se confirmaría con la nueva modalidad que se verifica en la actividad
agropecuaria, en donde hay un elevada suba de arrendatarios y de mucha mano de obra
agropecuaria dedicada a otras actividades no afines.
4) Opiniones del sector financiero y de asociaciones del sector agropecuario
El contenido de esta sección corresponde a una síntesis de opiniones de Gerentes y
Directivos de bancos y de asociaciones del sector agro que brindan asesoramiento y
financiamiento al sector agropecuario. Estos son algunas de los puntos comentados.
Las heridas que el año pasado se abrieron por el fin de la convertibilidad fueron
dramáticas para los productores agropecuarios y los bancos. Mientras los primeros se
quedaron sin financiamiento, entre otros problemas, los segundos sufrieron la pesificación
de sus préstamos concedidos en dólares y trastornos como la falta de liquidez.
Pero la crisis también sirvió de marco para reflexionar sobre cómo hacer mejor algunas
cosas. Una de ellas es acerca de las condiciones en las cuales debe ser evaluado y
analizado el riesgo crediticio por más que aún el financiamiento no se reanudó.
En este sentido, en los bancos se afianzó la idea de que el valor patrimonial de las
empresas agropecuarias no es el elemento decisivo para considerar en los proyectos que
presentan los productores.
Desde las entidades financieras dicen que la garantía física es un componente adicional
que tiene que ser estudiado juntamente con otros aspectos igualmente importantes.
El factor clave es tratar de observar la viabilidad futura del plan del empresario y cuál es el
flujo de fondos vinculado a las actividades propias de su explotación. No se trata de
nuevas reglas. Es más, en los bancos sostienen que siempre se buscó la viabilidad.
De todas modos el concepto que ahora interesa destacar es que el posible repago del
crédito no debe salir de las garantías reales que el cliente pueda presentar. Por el
contrario existe el convencimiento de que la devolución del dinero prestado tiene que
venir de las sustentabilidad y del manejo financiero que surja del proyecto.
Así la “lupa” de los bancos parece detenerse en la capacidad del productor para generar
riqueza. Y esto es así porque además de no querer financiar proyectos sin base sólida, en
las entidades saben que su negocio no es quedarse con los campos.
“Es necesario marchar hacia un cambio en los criterios de evaluación del riesgo crediticio.
El valor de la garantía es un elemento importante, pero no suficiente; es indispensable
analizar la viabilidad económica del proyecto a financiar” dice Julio Martín, asesor del
Directorio del Banco Nación en temas agropecuarios y consultor privado.
Para el especialista, las entidades bancarias tendrán que poner a prueba indicadores que
permitan hacer un diagnóstico en el tiempo sobre la capacidad de repago del proyecto.
En ese sentido Martín se inclina por aquellas evaluaciones que ayuden a tener una visión
amplia del emprendimiento que aparece como sujeto de crédito. “”Los análisis de
prefactibilidad y factibilidad económica, comercial y técnica de los proyectos constituyen
elementos fundamentales para considerar”, remarca.
“Además la estructura de costos y el flujo de fondos serán pilares principales en la
evaluación. Las variaciones climáticas de la zona en cuestión, las tasaciones a valores
técnicos de los bienes, y por supuesto, la estructura patrimonial comprometida
completarán una serie de datos a tener en cuenta en este proceso evaluatorio”, agrega el
asesor del Banco Nación.
Como se puede observar los criterios también apuntan a profesionalizar el proceso de
análisis de la misma entidad bancaria, que ahora debería estar más preparada para
atender la situación particular de los empresarios agropecuarios.
Lamentablemente no se pudo obtener información del Banco Provincia. Los directivos de
la entidad no respondieron los llamados realizados.
Pablo Bullrich, Gerente de Negocios Agropecuarios del Banco Río, coincide en que el
patrimonio no es el principal parámetro para estudiar antes de otorgar un crédito.
“Además de la capacidad de repago también consideramos el nivel de endeudamiento de
la empresa y el índice de cobertura que relaciona la generación operativa de fondos con
el servicio de deuda anual que se paga”, explica. Igualmente el ejecutivo señala que se
deben analizar otros aspectos como la antigüedad en el negocio, el nivel de
gerenciamiento, la capacidad comercial y técnica y hasta la pertenencia a asociaciones
como Aapresid y los grupos CREA.
El proceso de búsqueda de información se complementa con una visita al campo para
observar cómo trabaja el productor. Se trata de visualizar aquello que no aparece en un
papel donde se peticiona el crédito.
“Entonces, lo ideal sería considerar el proyecto, porque el patrimonio no es suficiente
como indicador de la capacidad de devolución. Lo importante es el flujo financiero que
maneja el productor” argumenta Ernesto Ambrosetti, economista en jefe de la Sociedad
Rural Argentina (SRA).
Según Ambrosetti, los bancos deberían centrarse en el análisis de todas las actividades
propias de la empresa del productor, y a partir de ahí incluir aspectos como la cobertura
del precio, el riesgo climático y hasta la estacionalidad de los ingresos.
“En los Estados Unidos se sigue más de cerca la viabilidad del proyecto. Acá ese
concepto todavía no está bien desarrollado”, indica el experto de la Rural.
Alfredo Rodes, miembro del Consejo Directivo de la Confederación de Asociaciones
Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), también está de acuerdo en que los
bancos deben mirar a las empresas según sus expectativas futuras y a la capacidad de
generar riquezas.
“Hubo un sistema bancario que no mantuvo una buena conjunción con la producción,
porque sólo privilegió lo financiero con altas tasas. Por eso todo el crédito tiene que
quedar sustentado sobre el flujo de fondos” describe. Mientras tanto Gastón Bourdieu,
Gerente de negocios Agropecuarios del Banco Galicia, sostiene que es un error de
concepto creer que los créditos se evalúan exclusivamente desde lo patrimonial. “Qué
hubiera pasado si los bancos sólo se detenían a considerar la garantías ?”, pregunta, al
mismo tiempo que afirma: “en nuestro caso lo primero siempre fue considerar la viabilidad
del proyecto”. Él opina que la garantía es un accesorio más por estudiar y se inclina por
dejar en claro que el repago del crédito debe salir del mismo flujo de fondos de la
empresa. “Nuestro negocio no es quedarnos con los campos; que se pueda cobrar el
crédito. Por eso es bueno saber para qué se pide y por qué se le concede, porque es un
insumo más.”
Otro de los problemas que enfrenta la banca privada en materia de financiamiento
agrícola es la falta de información. Para las instituciones privadas el conocimiento del
pequeño agricultor como cliente resulta difícil debido a que este no posee ninguna
información contable o financiera histórica, o cualquier otro sistema convencional de
información que revele su calidad como cliente. Esta información sólo es preparada
cuando solicitan un crédito al sistema financiero. Esta falta de información representa para
el sector financiero bancario un alto riesgo.
Con respecto al riesgo de incumplimiento, los mismos representantes de las entidades
financieras sostienen que el pequeño productor no se caracteriza por ser un deudor
moroso, debido en parte a que le preocupa perder sus pocos activos, ante lo cual hace lo
imposible para poder cumplir con sus obligaciones. Por consiguiente, el pequeño
productor, desde la perspectiva del sistema financiero, muestra mayor disciplina que otros
deudores y por lo tanto representaría un buen mercado para el sector financiero.
Sin embargo debe considerarse que esta baja morosidad puede ser producto de
diferentes procesos de reestructuraciones de deudas (refinanciaciones). Existe la opinión
que en algunos casos los productores no cancelan sus deudas debido a presiones
derivadas de otros acreedores y porque en muchos casos están esperando un alivio de
sus deudas por malas políticas del gobierno. La cultura de no pago por parte de lo
prestamistas han surgido precisamente como resultado de estos procesos.
La banca privada considera que un tipo de instrumento mediante el cual se concede un
subsidio que cubre parte de los costos operativos, podría ser un mecanismo interesante
por cuanto se eliminaría una de las principales barreras para que el productor
agropecuario tenga acceso al crédito. Sin embargo este instrumento por sólo no es
suficiente. Se requiere facilitar este acceso mediante una legislación adecuada, y que
cubra los principales puntos críticos del sector.
5) Aspectos legales sobre la constitución de garantías
Dado el elevado riesgo crediticio que presenta el sector, parecería imposible pensar en
otorgar financiación sin algún tipo de garantía, más allá del análisis técnico, económico y
comercial que puedan hacerse sobre las empresas agropecuarias.
El poder de una garantía actúa de la misma manera en Estados Unidos, Europa o
Latinoamérica. Si bien no debe funcionar como un requisito excluyente para un análisis
crediticio, una mejor garantía produce tasas de interés más bajas, períodos de pago más
largos y sumas de crédito mayores con relación al ingreso y flujo de caja del prestatario.
El problema que surge para las pymes del sector agropecuario latinoamericanas es que
su entorno legal no permite que muchos bienes puedan servir de garantía de créditos de
manera económicamente eficiente. Este límite para obtener créditos con garantías de
bienes aumenta directamente los costos del crédito.
Típicamente el sector del agro cuenta con bienes inmuebles (campos y propiedades) y
algunos muebles (maquinarias, producción, etc).
Sin embargo los prestamistas no aceptan en general garantías sobre otro tipo de bienes
que no sean propiedades y los pequeños y medianos productores a veces no son ni
siquiera propietarios de las tierras que explotan, o si poseen propiedades lo más probable
es que ya se encuentren hipotecadas, por lo que comienza el problema de la escasez de
garantías para el acceso al crédito.
A ello se le suman otros factores importantes. Por ejemplo, la ley no prevé una manera
simple y barata para constituir una garantía real contra un bien del prestatario. Y los altos
costos de los profesionales (abogados, escribanos) llegan a veces a limitar
completamente el uso de muchas de las figuras de financiamiento con garantía.
Además el marco legal no establece claramente una graduación del rango de prioridad de
los diferentes acreedores contra los bienes de un deudor. Los acreedores con diferentes
contratos de garantías, y los acreedores con embargos o privilegios especiales por ley,
muchas veces litigian por años respecto a su prioridad de cobro. Esta incertidumbre legal
hace que bienes con alto valor de compraventa en el mercado, se conviertan en bienes
casi sin valor como garantías para los prestamistas.
Finalmente, la ejecución de bienes en garantía de créditos es lenta y cara. Solamente la
toma de posesión de bienes en muchos países demora de dos a tres años, cuando se
supone que un juicio ejecutivo no debería demorar más de un año. Los prestamistas
conocen que estos plazos exceden el tiempo previsto.
Una vez recuperada la posesión, la venta del bien en garantía requiere aun de más
procesos judiciales complicados.
Al fin de cuenta, esta leyes procesales colocan a la mayoría del producido de la venta del
bien en garantía en manos de tasadores, martilleros, abogados y auxiliares judiciales.
Aun figuras de garantía real híbridas en jurisdicciones de Código Civil, como el leasing, el
fideicomiso financiero y la venta con retención del título de propiedad, no alcanzan a
resolver el problema de ejecución. Si bien pueden ahorrar el proceso de venta judicial, no
pueden evitar los pasos previos de posesión de bien para disponer de él.
Para aquellas pocas pymes del agro afortunadas, cuyos dueños son propietarios de
bienes inmuebles, el entorno legal latinoamericano ofrece aun mayores complicaciones.
En la mayoría de los países las figuras legales para bienes inmuebles no van más allá de
la hipoteca, que de por es una figura cara. Los costos de constitución pueden hacer
prohibitivo el uso de ella.
En general, todas la leyes hipotecarias en América Latina exigen que el bien inmueble se
encuentre titulado por el gobierno, aun cuando los ocupantes/dueños no pueden obtener
una hipoteca sobre su propiedad. Serían más apropiadas otras figuras de garantías reales
que puedan gravar en garantía bienes inmuebles sin título de propiedad, o inmuebles que
van a recibir título en el futuro, o derechos de uso o usufructo. Sin embargo el marco legal
no ha desarrollado estas características más modernas sobre garantías reales.
Todos estas figuras descriptas arriba serían totalmente aceptables como garantía para los
prestamistas del sector financiero formal en Estados Unidos. Las limitaciones que tienen
los países de Latinoamérica al respecto es que mientras las figuras de garantías
normadas en la legislación parecerían permitir todo esto, la operación económica de estas
leyes no lo hace. No importa que una ley de prenda permita que un productor agrícola
pueda gravar una prenda sobre un tractor si al mismo tiempo la ley establece un proceso
de prenda bajo el cual no se permite que el acreedor pueda recuperar el valor del bien en
caso de incumplimiento.
En la Argentina existe una larga lista de modificaciones de leyes (recientes) que han
pretendido proteger a tal punto al deudor que terminan por ser inútiles las gestiones de los
acreedores cuando pretenden recuperar los préstamos en mora en instancias judiciales
(cambio en la Ley de Concursos y quiebras, dilatación de ejecuciones hipotecarias, etc).
En definitiva, los créditos adecuados para las pymes del agro requieren fondos del sector
privado. Los fondos del sector privado requieren de un entorno legal moderno y confiable
para las relaciones entre acreedores y deudores. Pero cuando llega el momento de
sancionar leyes, sólo el gobierno puede actuar.
6) Sistemas de garantías de crédito: otras alternativas
En los últimos años ha surgido un interés renovado en los programas de garantías como
un mecanismo para ampliar el acceso a la financiación formal para las pymes, (entre las
que incluímos al pequeño y mediano productor agropecuario). Casi no hay conferencia o
reunión sobre las pymes, en cualquier país en desarrollo, en la que no se escuche una
letanía de quejas de los representantes de la pequeña empresa o funcionarios públicos
condenando la renuencia de la mayoría de los bancos comerciales a otorgar préstamos a
este sector.
Es más que evidente que el sector de las pymes es hoy ya considerado en toda las
economías nacionales e internacionales como un estrato económico esencial y un
parámetro de desarrollo del sistema económico actual. Una de sus fuerzas principales es
el sostenimiento y la generación del empleo.
Aun se sigue debatiendo si el colateral (garantía) o la ausencia de una forma adecuada
del mismo es el obstáculo que impide el acceso al financiamiento bancario.
Algunos argumentos dicen que la baja rentabilidad que se deriva de los altos costos de
transacción son la principal causa de la escasez de créditos bancarios. No cabe duda, sin
embargo, que el temor a la siniestralidad y la insuficiencia de garantías tradicionales en
los préstamos a las pymes aparecen como elementos importantes de las decisiones de
los bancos de no otorgar créditos al sector.
Existe en la Argentina una limitada oferta de créditos destinados al agro. Tanto los bancos
oficiales como los privados han realizado algunos intentos para tratar de cubrir los
requerimientos del sector a partir de diversos tipos de garantías, pero hasta ahora se han
generado alternativas que por sus elevados costos terminan por excluir (nuevamente) al
pequeño y mediano productor agropecuario.
No existen en la actualidad a nivel nacional o provincial mecanismos de promoción
masivos que asesoren sobre otras alternativas vigentes.
A continuación mencionaremos algunos instrumentos que surgen como un reemplazo de
la forma tradicional de crédito, con los que se ha pretendido cubrir algunas demandas,
pero que aun deben mejorar mucho en cuanto a los costos y al asesoramiento sobre las
modalidades de uso y conveniencia de ellos.
a) Seguro agropecuario
En los últimos 10 años el número de Cooperativas y Mutuales en Seguros se redujo de 55
a 35 y la proporción respecto al total de entidades aseguradoras disminuyó del 22% al
14%. Las Sociedades Anónimas concentran más de las tres cuartas partes de la
producción total y las Cooperativas y Mutuales algo más del 20%.
La serie de la evolución de la Producción Trimestral desde 1987 tiene una clara tendencia
ascendente, con cifras record de producción en seguros de vida, granizo, riesgos de
trabajo y otros riesgos patrimoniales. Los demás ramos, sin constituir valores máximos de
las series, obtienen guarismos importantes que permiten mantener con solidez el
crecimiento del mercado.
Los seguros específicos para el sector agropecuario comprenden básicamente los de
granizo y los seguros multirriesgo, en los cuales se cubre además las contingencias de
inundación, lluvias en exceso e extemporáneas, vientos fuertes, heladas y nevadas.
De este modo se puede proteger al productor ante eventuales siniestros que provoquen la
pérdida total o parcial de su producción y por ende de sus ingresos.
Este tipo de garantía no está siendo muy usada porque no hay mecanismos de promoción
que informen sobre las características generales de los seguros agrícolas. Tampoco
existían estudios necesarios para valorizar el riesgo dependiendo de cada cultivo, región o
cada fenómeno climático.
Finalmente la sensación que tiene el sector es que el costo de esta herramienta es
elevado, considerando además que a la prima se le deben agregar impuestos y gastos
varios.
b) Fideicomisos
El fideicomiso permite aislar bienes, flujos de fondos, negocios, derechos, etc. En un
patrimonio independiente y separado con diferentes finalidades. Se perfecciona a través
de un contrato.
Según la Ley 24.441 habrá fideicomiso cuando una persona (fiduciante) transmita la
“propiedad fiduciaria” de bienes determinados a otra (fiduciario), que se obliga a ejercerla
en beneficio de quien se designe en el contrato (beneficiario) y a transmitirlo al
cumplimiento de un plazo o condición al fiduciante o al beneficiario.
El aspecto distintivo del fideicomiso es la “propiedad fiduciaria” que es un caso de
propiedad imperfecta, pues está limitada en el tiempo y en su uso (sólo para los fines
establecidos).
El fiduciario, quien maneja los bienes, podrá ser cualquier persona o empresa en el caso
de fideicomisos privados. Deberá actuar con la prudencia y diligencia del buen hombre de
negocios sobre la base de la confianza depositada en él, en defensa de los bienes
fideicomitidos y los objetivos del fideicomiso.
Los bienes fideicomitidos, constituirán un patrimonio separado, quedando exentos de la
acción de los acreedores del fiduciario y del fiduciante. Las obligaciones contraídas en la
ejecución del fideicomiso sólo serán satisfechas con los bienes fideicomitidos y si
resultaran insuficientes para atender las obligaciones del fideicomiso, se procederá a su
liquidación, la cual estará a cargo del fiduciario, quien deberá liquidar los bienes del
fideicomiso, y el producido deberá distribuirlo conforme al orden de privilegios establecido.
La quiebra del fiduciario no implica la del fideicomiso. Si se diera ese caso, la intervención
del juez permitiría nombrar un nuevo fiduciario y transmitirle los bienes fideicomitidos. Si la
quiebra es del fiduciante tampoco implica la del fideicomiso. Si éste transmitió una casa,
en el registro de la propiedad esa casa figura como patrimonio fiduciario, aunque se
aclara que la propiedad es fiduciaria.
La ley diferencia claramente el fideicomiso financiero del ordinario. El financiero tiene la
capacidad de emitir títulos valores y su fiduciario debe ser una entidad financiera o una
persona jurídica autorizada por la Comisión Nacional de Valores. Puede tener ofeta
pública de sus títulos valores por lo que pueden tener una cotización y un precio en el
mercado financiero de forma tal que el público pueda acceder a ellos. El fideicomiso
ordinario es un contrato que puede celebrarse entre particulares, sin la necesidad de
intervención o autorización de ningún tipo.
Otro uso que se hace del fideicomiso es el Fideicomiso de Garantía, por el cual los bienes
fideicomitidos sirven de garantía para una operación crediticia. Por ejemplo, un deudor en
vez de hacer una hipoteca al sacar un crédito, cede la propiedad y en caso de que el
deudor incurra en mora el fiduciario deberá liquidar el bien en el mercado y el producido
afectarlo al pago de la deuda y el remanente al deudor. Si todo ocurre normalmente (o
sea, el deudor no incurre en mora), cuando se termina de honrar las obligaciones
contraídas, se recupera el pleno dominio sobre el bien. En el primer caso el fideicomiso
actúa sin recurrir a la justicia y ahorrándose los costos y tiempos asociados al juicio
ejecutivo, al remate y precio de venta del bien que este implica.
Teniendo en cuenta la cuasi ausencia de sistema financiero y la imposibilidad de las
empresas agro de conseguir financiamiento formal, se presenta como un mecanismo
alternativo para formalizar negocios. Sin embargo nos encontramos nuevamente con la
traba de los costos.
Para ver más concreta esta modalidad podemos mencionar a la Sociedad de bolsa del
Banco de la Nación Argentina (BNA) Nación Bursátil, quien lanzó muy recientemente el
primer fideicomiso de riesgo específico que se habilitó en el país, destinado a facilitar el
acceso a los mercados de capitales a pequeñas y medianas empresas.
El objetivo anunciado es reconstruir el acceso al crédito de esos sectores y ofrecer
alternativas acordes con el marco jurídico postdefault, que minimicen el riesgo inversor.
La sociedad bursátil también habilitó un programa de fideicomisos financieros para
fondear otros proyectos de inversión, y un servicio de asesoramiento comercial para el
agro, denominado Nación Cereales, a través de una Sociedad de Garantías Recíprocas
(SGR).
c) Sociedades de Garantías Recíprocas
Son sociedades constituidas con el objetivo principal de facilitar la gestión de créditos que
realicen los socios partícipes, brindándoles garantías y asesoramiento técnico, económico
y financiero.
Los sujetos de este instrumento podrán ser únicamente las personas físicas o jurídicas
que reúnan los requisitos para ser categorizadas como pequeñas y medianas empresas,
con necesidades de aval financiero o técnico para acceder al crédito o participar en una
licitación.
Las sociedades garantes son sociedades anónimas constituidas especialmente para
estos fines. Los socios protectores deben realizar aportes de capital social y al fondo de
riesgo.
El objeto es brindar garantías de mejor calidad que las que poseen las pymes para
posibilitar el acceso al crédito en condiciones favorables y brindar asesoramiento integral.
El destino de los fondos del crédito garantizado es amplio: proyectos de inversión, compra
de activos fijos, etc. No obstante, algunas SGR no avalan operaciones de descubierto ni
refinanciación de pasivos.
Hay costos iniciales, de asociación y según la SRG un socio pyme deberá suscribir
acciones por valores mínimos de entre $ 1.000 y $ 2.000. A ello hay que agregarle los
costos de elaboración y evaluación de la carpeta de crédito. Los costos financieros van
entre un 2% y un 3% anual sobre el monto garantizado, además de los intereses
bancarios y comerciales que correspondan.
Ventajas para las pymes:
-Tienen acceso a créditos, que sin el asesoramiento y la garantía de las SGR no
podrían tener.
-El virtud de la calidad de la garantía (preferida “A”) las tasas bancarias cobradas
por esta operatoria son cercanas a las que pueden lograr grandes empresas.
-Análisis del acreedor más dinámico para atorgar crédito.
-La contragarantía que la da pyme cubre entre el 50% y el 100% de la garantía
otorgada por la SGR, que sería menor a lo que suelen solicitar los bancos, que va del
140% al 200%.
-Mejora la competitividad por la disminución del costo financiero y también, por el
asesoramiento profesional en áreas económicas y técnicas.
Limitaciones para las pymes:
Debido a los costos iniciales y para que el costo financiero sea conveniente, la utilización
de este sistema de garantías es recomendable sólo para pymes que tengas las siguientes
características:
-Que el monto del crédito a solicitar sea mayor a los $ 50.000
-Que estimen financiarse frecuentemente con esta opción
-Que cuenten con una mínima estructura profesionalizada que permita preparar la
correspondiente carpeta de crédito.
No es recomendable para microemprendimiento, créditos de corto plazo o por uso
infrecuente o único.
d) Aceptaciones bancarias
Se trata de un mecanismo de financiación de corto y mediano plazo que estuvo vigente
hasta principios de los ’80. Tuvo gran difusión a partir de 1972-75 cuando se creó el
mercado de aceptaciones bancarias con tasa de interés libre. En aquellos tiempos era
una alternativa para escaparle a la regulación de tasas máximas para depósitos a plazo
fijo fijadas por el BCRA. Luego este mecanismo cayó en desuso ante las múltiples
alternativas crediticias que aparecieron en los años ’90.
En la actual situación económica y financiera del país, las empresas necesitadas de
financiamiento operativo no logran conseguirlo en los bancos ante la ausencia total de
créditos y los ahorristas con posibilidad de invertir su dinero en busca de un rendimiento,
no lo hacen en las entidades financieras por la fuerte desconfianza hacia el sistema
bancario, que aun perdura. Este escenario hace posible el resurgimiento de las
aceptaciones bancarias como alternativa para financiar capital de trabajo a empresas.
Origen y funcionamiento: las aceptaciones bancarias se originan en operaciones de
comercio exterior que involucran venta a crédito. Surge la necesidad del exportador de
hacerse de efectivo antes del vencimiento del plazo o crédito que ha concedido al
importador. Cuando esto ocurre, una de las alternativas que tienen el vendedor es
negociar el título de crédito que documenta la venta con su banco. De esta forma el banco
acredita fondos al vendedor, ya sea con recursos propios o que obtiene en el mercado
secundario de aceptaciones bancarias, recuperando la entidad el crédito al exportador
con el pago del importador, y en el caso de que los recursos provengan del mercado
secundario, la entidad financiera avala el pago del documento.
En el caso del financiamiento a empresas en base a operaciones en el mercado local, el
mecanismo comienza cuando una empresa tiene una necesidad concreta de fondos. La
demanda se materializa en la entidad bancaria, quien tratará de captar ahorros de
particulares que tienen disponibilidad de efectivo. Cuando el banco logra juntar a los
inversionistas, la empresa emitirá una letra de cambio a favor de los mismos, que será
amortizada en un plazo y en una tasa de interés establecida.
Los bancos se limitan a intermediar entre los oferentes y demandantes de dinero, por la
certificación de las letra de cambio, por la evaluación de la capacidad de repago de la
empresa y por establecer la tasa de descuento a la que se hará la transacción, cobrando
una comisión por prestar dicho servicio. A diferencia de las operaciones de exportación,
en ésta última no existe aval por parte de la entidad bancaria.
Características:
Plazos de pago: 30, 60 y 90 días, hasta un máximo de un año.
Interés: las aceptaciones bancarias están íntimamente relacionadas a los proyectos de las
empresas, por tal motivo su rendimiento se basa en el descuento que se aplique al
momento de la negociación, no generan intereses y la ganancia se basa en el diferencial
entre el precio pagado por la compra de la aceptación y el monto de la cancelación de la
misma.
Garantía: el patrimonio de las empresas que las emiten. Como cualquier instrumento de
deuda, representan un compromiso por parte del emisor, en el que se obliga a restituir un
monto determinado en una fecha de vencimiento dada. El banco no ofrece ninguna
garantía bancaria por lo que es importante la evaluación de riesgo que realiza la entidad
financiera sobre el emisor.
Las aceptaciones bancarias pueden ser una de las alternativas de financiación de capital
de trabajo que podrán disponer las empresas en el corto plazo. Seguramente el proceso
se iniciará con las empresas de primera línea, ya que es probable que los ahorristas
prefieran invertir inicialmente en empresas con mayor renombre comercial y trayectoria,
por lo que por ahora no parece ser una opción para el productor agropecuario mediano o
pequeño.
CUARTA PARTE – CONCLUSIONES FINALES
Para la Argentina el desarrollo agropecuario y agroindustrial constituye uno de los pilares
que nos pueden posicionar con más fuerza frente al resto de las naciones globalizadas y
que puede constituir el disparador natural para el desarrollo de la Argentina.
Pero la falta de un proyecto agropecuario conjunto entre los sectores privados y públicos
ha provocado innumerables consecuencias.
En la Revista Línea (dedicada a los problemas del agro), se puede leer:
“Es desde hace tiempo que sostenemos que el campo soporta una situación económica y
social intolerable y que, durante la última década, expulsó productores, torturó
psicológicamente a los integrantes de la familia rural, destruyó empresas y vulneró la
autoestima de infinidad de mujeres y hombres del campo, quienes, endeudados y sin
alternativas, fueron obligados a salir del circuito productivo, en muchos casos aceptando
con culpa su propio exilio” (..)”Así llegamos a 1997, en que las ejecuciones por deudas
alcanzaban niveles alarmantes en el agro. Desde la Pampa, con el rosario en la mano y
las estrofas del Himno Nacional en sus labios, las integrantes del Movimiento Nacional de
Mujeres Agropecuarias en Lucha impedían los remates de los campos y de las chacras. Y
mientras que la desaparición de productores aumentaba en progresión geométrica,
aquellos predicadores del modelo decían que para revertir la situación, ahora había que
dedicarse a producir los denominados "especialitis". Así fue como, siguiendo estas
recomendaciones algunos comenzaron a producir ranas, iguanas, camarones, ciervos y
ñandúes, alternativas que no contribuyeron a solucionar los problemas de rentabilidad de
la agricultura y de la ganadería” (..)”Es en este contexto de injusticia manifiesta que el
tejido social del interior se resquebraja, porque los productores agropecuarios y los
integrantes de las comunidades que dependen del campo sufren el desarraigo, la
desaparición de su cultura y de lo que saben hacer. Expulsados de las explotaciones,
ellos y sus dependientes, desde la pobreza creciente en los suburbios de las grandes
ciudades, resultan víctimas de la degradación social y cultural del asistencialismo y el
clientelismo político, que les acerca planes trabajar para desactivar los piquetes de la
desocupación y la marginalidad, o colchones y comida a cambio de votos.
Pero parecería que no alcanza con la enorme desocupación y la marginación que
provocaron. Ahora siguen con el ajuste perpetuo, y con la imposición de mas condiciones
leoninas. Porque el negocio de los dueños de la globalización no es la quiebra de la
Argentina sino la subordinación absoluta a sus intereses. “
Los dichos aquí volcados tienen muchas connotaciones políticas que no nos interesa
comentar, pero rescatamos aquellos que hacen mención a la realidad del sector y al enojo
que ello provoca: la pérdida de tierras, el desempleo, la marginación. Y en definitiva son
todas consecuencias de una misma causa: falta de proyecto agropecuario nacional que
trascienda lo técnico y lo económico.
El tema abordado en este trabajo presenta varios aspectos o varias consecuencias que
van de lo macroecómico y social a lo microeconómico y financiero
Si bien surgió desde un enfoque financiero se ha podido comprobar que tiene alcances
mucho mayores y es por ello que es un tema de debate vigente a nivel mundial.
En Los países del primer mundo se plantean si continuar o no con los subsidios, ya que
se han convertido en un sistema ineficiente. Mientras que en los países latinoamericanos
seguimos discutiendo sobre las responsabilidades por la falta de crédito o por la falta de
adecuadas políticas de gobierno.
En primer lugar se pueden observar importantes consecuencias a nivel demográfico por el
avance de la tecnología y la brecha de recursos entre pequeños/medianos productores y
grandes empresas del agro.
Los condicionantes naturales fueron superados por la disposición y uso de la tecnología.
Si bien estos avances permiten la expansión poblacional en espacios otrora inhabitables,
no siempre parecen ser tan ventajosos.
Los adelantos tecnológicos han modificado sensiblemente las características de atracción
de población de la agricultura que existieron en algún momento.
El agotamiento de los suelos y la tecnología han provocado fenómenos de expulsión de
mano de obra. Pero sin contrapartida de la demanda de trabajadores en otras áreas
(urbanas, por ejemplo), se genera un alto grado de marginalidad porque aparece el
desempleo y las migraciones hacia las grandes ciudades, creando cordones de villas de
emergencia, dado que son poblaciones con limitados recursos y limitada capacitación, por
lo que no se adaptan fácilmente a la demanda laboral de las grandes urbes.
La tecnología debe ir acompañada de políticas proteccionistas y de desarrollo para
quienes se han desempeñado desde siempre en la actividad agropecuaria.
Para adaptarse a nuevas tecnologías es necesario la capacitación, pero para ello también
se necesitan recursos. De lo contrario la tecnología pasa a ser un competidor de un
empleado del agro y no una herramienta de crecimiento.
Sin embargo deben analizarse muy bien las consecuencias de la implementación de
nueva tecnología. Actualmente se está produciendo un fenómeno de desplazamiento de
cultivos tradicionales y ganadería por la soja transgénica. Esto se debe a que los
rendimientos son muchos más rápidos y los costos muchos menores. El problema es que
a diferencia de otros cultivos o explotaciones, una vez que se utiliza la tierra para cultivar
esta semilla, la tierra va perdiendo todos sus nutrientes y luego no podrá ser reutilizada. Si
el sector del agro tuviera acceso a mayor información, quizá se elegirían otras alternativas
menos perjudiciales.
De todas formas debe reconocerse que existe una tendencia del ciudadano argentino a
querer obtener resultados rápidos con el menor esfuerzo posible, y todos sabemos que
ningún sistema puede funcionar correctamente si todos sus participantes están pensando
individualmente y de la manera antes descripta...... Pero ahondar sobre este tema
requeriría algo mucho más extenso, partiendo de supuestos y conclusiones que no son a
las que pretendo llegar con este trabajo.
En segundo lugar, podemos analizar la estructura de producción del país y su evolución (o
involución). Como mencionamos en el desarrollo del trabajo, la trascendencia del sector
agropecuario va disminuyendo a medida que avanza el desarrollo económico. En los
indicadores presentados en el trabajo se puede observar que en la Argentina la
participación en la economía de este sector medido en relación al PBI, ha disminuido
notablemente y sin embargo como contrapartida la actividad industrial no sólo no ha
crecido, sino que en la última década ha sido desplazada por industria importada. Qué ha
sucedido entonces con la producción y el crecimiento de nuestra economía ?
En tercer lugar podemos platear algunas conclusiones referentes al sector financiero y al
marco que le da la economía de nuestro país. Muchas veces se ha escrito sobre la
economía de la Argentina, como una realidad única, como una economía diferente,
imprevisible. Más allá de las políticas económicas que el gobierno de turno pueda tomar,
si la sociedad no las apoya o no las entiende, o no se comporta como racionalmente se
espera que lo haga, la política económica puede no tener el efecto deseado o peor aun,
podría tener un efecto contrario. Esto significa que la economía de un país, en gran
medida, la hace el comportamiento de su sociedad. Este sería el marco para que en la
actualidad los capitales privados gocen de grandes beneficios, actuando con una
mezquindad no acorde con los valores de bien común para la sociedad, sino más bien
con una única visión: lucro.
El empresariado argentino ha aprendido (mal) que debe ganar todo lo posible hoy para
cubrirse mañana en el caso que pase algo. Quizás esta conducta sea la consecuencia de
vivir en una economía inestable, que hoy les propone enormes ganancias y mañana.........
no se sabe.
Sin embargo esta conducta es muy perversa para la economía de un país, porque el
miedo a dejar de ganar o a perder no permite que se tomen riesgos propios de los
negocios que se asumieron.
Considero que la banca privada es un claro ejemplo de lo mencionado. Pero a mi
entender el sector financiero privado tiene un rol social mucho más marcado que otros
sectores, por tratarse de un sector muy importante en la Argentina y porque su función
principal, la de otorgar créditos, es la bisagra que hace funcionar a una economía, por lo
que debe asumir riesgos y no buscar sólo protección y “subsidios” del Estado para
mantener sus recursos intactos.
La percepción generalizada es clara: “los bancos dan crédito a quienes no lo necesitan” (o
sea, se les otorga a quienes no tienen problemas con los requisitos y el riesgo para los
bancos es bajísimo).
Cuándo más claro se ha visto la necesidad de que el sector financiero cumpla con sus
funciones primordiales, que durante estos últimos años, en que muchas empresas
comenzaron a quebrar por la presión que ejercían los bancos para cobrar la deuda,
cortándoles de un día para otro las líneas de crédito y generando de esta manera el
quiebre de todas las cadenas de pago ? Acaso mucha gente no ha dejado de invertir sus
ahorros en los bancos por la desconfianza que el sistema financiero ha generado con las
conductas tan proteccionistas para con “sus” recursos y “sus” ganancias ? Pero muchas
otras personas también vuelven a invertir allí sus ahorros porque no hay muchas
opciones. Y entonces nada cambia. Y eso lo genera el comportamiento de la sociedad,
que no castiga las conductas abusivas, a veces porque no está a su alcance tampoco.
El que aparezcan otras propuestas para acceder al crédito con otros agentes o
intermediarios financieros confirmarían que el sector bancario no estaría dispuesto a
retomar su rol natural. El rol que le dio origen y razón de ser. No por lo menos en las
condiciones actuales.
El sector financiero ha sido en la Argentina históricamente un sector protegido y poderoso.
Y los gobiernos en su mayoría, no han podido o no han sabido desprenderse de esa
presión, por lo que si en una “lucha” alguien tiene que perder, por supuesto que no serán
los bancos los que lo hagan.
Los que perdemos somos nosotros, la sociedad, que permitimos quedar en manos de
inescrupulosos banqueros. Gracias a ellos perdemos la posibilidad del acceso al crédito;
gracias a ellos perdemos nuestros ahorros.
Surge entonces la necesidad de desarrollar capacidad institucional con la perspectiva de
un Estado con vocación para el desarrollo de políticas activas de soporte y para generar
condiciones de certidumbre que permitan tomar decisiones de mediano y largo plazo.
Esto funcionará como un incentivo para que el sector privado se sienta estimulado a
invertir y de esa manera, cambiar la realidad económica de la Nación a nivel global.
Por último, analizando puntualmente al sector financiero: los representantes del sector
financiero privado son conscientes que durante muchos años algunos sectores han
estado marginados de las instituciones financieras formales. Se considera que un
problema importante han sido las normas internas, ya que éstas establecen requisitos que
generalmente no pueden cumplir. En general los trámites y las garantías se presentan
como una barrera.
Nótese que muchos de los entrevistados opinaron que sería necesario analizar el flujo de
fondos del productor para otorgar un crédito y no basar la decisión en las garantías. Esto
evidencia que no importaba la rentabilidad o el cash flow que el cliente tuviera si
presentaba garantías reales con qué respaldar las operaciones crediticias.
En otros sectores y en las empresas, desde hace mucho tiempo se han concientizado de
la necesidad de evaluar un crédito como un proyecto de inversión, midiendo las
posibilidades de recupero a partir del flujo de fondos que el cliente tenga. Las garantías
son accesorias a la deuda y deberían generarse teniendo en cuenta que debería ser el
último recurso al cual recurrir en caso de incumplimiento de la deuda. Las garantías sirven
para disminuir el riesgo por lo que no sería lógico basar la decisión del otorgamiento de un
crédito de acuerdo a las garantías que se presenten.
Sin embargo en el sector financiero recién parecen darse cuenta. Y esto se evidencia no
sólo en sus declaraciones, sino en la cantidad de productores que no han podido acceder
al crédito bancario por tener bajo patrimonio (sin haber evaluado nunca sus ingresos), y
en las ejecuciones hipotecarias de campos que hay desde hace ya varios años.
Ante la presencia de recursos escasos para implementar políticas de apoyo directo al
agro, el crédito bancario se presenta como un instrumento importante para lograr la
tecnificación del sector, mejorando de esta manera la productividad y los ingresos de los
agricultores. Con un mayor acceso al crédito es posible obtener una transformación
productiva, lo que por consiguiente aumentan las posibilidades de competencia en los
mercados internacionales y se convierte en un factor de resistencia ante crisis
económicas internacionales. Existen muchos proyectos que pueden ser altamente
rentables, pero debido a la falta de financiación y de respaldo, no se pueden llevar a cabo,
postergándose de esta manera las posibilidades de desarrollo.
Jacob Yaron al referirse a los resultados de un estudio sobre financiamiento agrícola
sostiene que de acuerdo a los resultados de los proyectos de crédito agrícola realizado
por el Banco Mundial en 24 países “los programas llegaron a una minoría de la población
de agricultores y los beneficios se concentraron, por lo general, entre los agricultores de
mayores recursos económicos”. Además en un estudio realizado para Costa Rica se ha
demostrado que la distribución de los ingresos podría mejorarse significativamente si se
eliminaran los subsidios de crédito.
Debido a que una de las restricciones que existen por parte de las instituciones
financieras es el costo administrativo, el gobierno debe promover y apoyar actividades
que generen una reducción en estos costos de intermediación financiera del sector,
ampliando la participación de estas instituciones. Como estímulos para que el pequeño
productor acceda al crédito, el Banco Mundial sugiere que los programas deberían
subvencionar costos de transacción, no las tasas de interés. Utilizar grupos locales en
lugar de programas autoselectivos; organizar a los beneficiarios e incorporar incentivos
para prestatarios y prestamistas a fin de hacer cumplir los reembolsos (Banco Mundial
1997).
La prestación de servicios financieros rurales es una labor difícil y costosa. La reducción
de costos de transacción requiere de cambios de procedimientos, renovación tecnológica
y aprendizaje. Para acelerar este proceso de innovación el gobierno puede colaborar
mediante el pago de un incentivo de una parte de los costos. Adicionalmente, los costos
de transacciones elevados, reducen la viabilidad de los intermediarios y excluye a muchos
potenciales deudores rurales del acceso a los servicios financieros institucionales.
Como se mencionó en la parte inicial, uno de los motivos por los cuales el sector
financiero comercial no suministra crédito al pequeño productor agropecuario es el alto
costo operativo. Por este motivo, a fin de lograr un mayor acceso al crédito formal por
parte de los pequeños productores, se debería proponer un instrumento que consista en
que el gobierno asuma parte de los costos operativos, con el ánimo de que el sector
financiero privado cumpla una función que viene ejecutando el Banco Nación y el Banco
Provincia. Con el suministro de este incentivo se pretende generar un mayor acceso por
parte del pequeño/mediano productor al crédito. Sin embargo en el sector agropecuario se
requieren instrumentos adicionales que permitan un mayor desarrollo. Es decir, que esta
no puede ser presentada como una única solución, sino que debe ir junto a otras
instrumentaciones.
La banca privada no tiene pleno conocimiento del mercado crediticio del sector
agropecuario. Lo que conocen es del riesgo de la actividad agropecuaria; de la
morosidad del sector, de la inestabilidad de los precios y de los riesgos naturales.
Un programa financiero exitoso requiere de la acumulación de recursos de diferentes
fuentes, de la minimización de los riesgos mediante la distribución de las operaciones a
nivel geográfico, por sectores y actividades, el empleo de personal altamente capacitado y
con experiencia en el sector, que asegure una adecuada asistencia financiera y
tecnológica empresarial para otorgar eficientemente los créditos, su administración y
supervisión. Una evaluación adecuada de los proyectos aumenta la probabilidad de
recuperación de un crédito.
Se ha considerado que el sector privado es más eficiente en el manejo de los recursos y
aunque el sector público ha tenido la oportunidad de demostrar que no existe razón para
dicha afirmación, infortunadamente en muchos casos no ha sido posible evidenciar lo
contrario. Un claro ejemplo lo constituyen dos importantes instituciones bancarias públicas
que han otorgado sobregiros y créditos en condiciones poco transparentes y presentan
elevadísima morosidad en el sector disfrazada por reiteradas refinanciaciones.
Adicionalmente estas entidades no están siendo fuente de financiación de los
pequeños/medianos productores.
Finalmente, y en un plano general, podemos señalar que tanto el enfoque que aboga por
la intervención directa del sector público en la movilización de fondos hacia el sector rural,
así como el enfoque que cuestiona la participación directa del Estado en los mercados
financieros, incurrieron en gruesos errores para tratar de enfrentar y solucionar los
problemas del financiamiento rural. Ello obliga a repensar el enfoque que en ningún caso
significa una vuelta al pasado, sino que más bien se sustente en una actitud más reflexiva
y menos dogmática, en el propósito de redefinir con precisión el papel del Estado con
políticas explícitas de estímulo al desarrollo de los mercados financieros rurales.
El problema del financiamiento agrícola requiere del diseño de una tecnología financiera y
de una práctica bancaria que considere otros esquemas y modalidades de financiación
adecuadas al sector.
Sin embargo la provisión de servicios financieros no es necesariamente el camino más
rápido y eficiente que se requiere para mejorar los ingresos y reducir la pobreza en el
sector rural, por lo que debe ser complementado con importantes medidas
gubernamentales.
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Nuria de la Peña. CEAL - 2002. “Las pequeñas y medianas empresas y sus Garantías”
Washington DC
SECTOR AGROPECUARIO ARGENTINO - SU IMPORTANCIA EN LA ECONOMÍA
NACIONAL Y SU RELACIÓN CON EL SECTOR FINANCIERO
Aportado por: Noelia S. Macchi - Lic. en Finanzas

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Macchi Noelia S.. (2004, enero 21). Sector agropecuario Argentino y su importancia en la economía nacional. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/sector-agropecuario-argentino-y-su-importancia-en-la-economia-nacional/
Macchi, Noelia S.. "Sector agropecuario Argentino y su importancia en la economía nacional". GestioPolis. 21 enero 2004. Web. <http://www.gestiopolis.com/sector-agropecuario-argentino-y-su-importancia-en-la-economia-nacional/>.
Macchi, Noelia S.. "Sector agropecuario Argentino y su importancia en la economía nacional". GestioPolis. enero 21, 2004. Consultado el 6 de Julio de 2015. http://www.gestiopolis.com/sector-agropecuario-argentino-y-su-importancia-en-la-economia-nacional/.
Macchi, Noelia S.. Sector agropecuario Argentino y su importancia en la economía nacional [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/sector-agropecuario-argentino-y-su-importancia-en-la-economia-nacional/> [Citado el 6 de Julio de 2015].
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