TEMAS LEGALES EN INTERNET

Autor: iMarketing.es – Consultoría informática y de gestión, servicios tecnológicos y de outsourcing

Nueva economía, internet y tecnología

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02-2005

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 Cada día se hace más patente la necesidad de revisar los contenidos,
planteamientos y denominaciones de nuestros sitios web en busca de
posibles conflictos relacionados con intereses contrapuestos, derechos
de autor, competencia desleal y otros temas legales. Estos artículos
no pretenden ser un estudio exhaustivo del ordenamiento relacionado
con Internet, pero sí trataremos de comentar las cuestiones que,
según nuestra experiencia, surgen más a menudo a la hora de crear
un negocio en Internet. En esta primera entrega, nos centraremos en
todo lo que rodea a los contenidos en Internet y su utilización sin
permiso del propietario de los derechos de autor.

En primer lugar, hay que aclarar un importante malentendido.
Internet es un medio potencialmente inseguro para todo tipo de
contenidos, es decir, todo lo que se distribuye a través de Internet es
susceptible de ser copiado y redistribuido fuera de nuestro control.
Del mismo modo, viendo el asunto desde el otro lado, todo lo que
vemos y escuchamos en Internet queda "a nuestra disposición". Sin
embargo, esto no significa que los contenidos de los sitios web sean
de libre distribución o no tengan propietario. Antes bien, los derechos
sobre cualquier contenido ­y esto incluye no sólo texto e imágenes,
sino también música, fuentes, sonidos, código de programación,
etc.- siempre pertenecen a su autor, aunque se distribuyan a través
de Internet e incluso aunque no exista información sobre el copyright
en el archivo o en el sitio web. Es decir, que la costumbre de visitar
un sitio web, encontrar una imagen atractiva, guardarla en nuestro
disco duro y usarla más tarde en nuestras páginas es, a todas luces,
ilegal. Además, aunque Internet nos proporciona los contenidos más
diversos en apenas unos segundos, su propietario puede encontrarse
a miles de kilómetros de distancia, lo que suele dificultar su
protección efectiva.

Existen algunas salvedades a esa norma, desde luego. Por ejemplo,
los sitios web que se dedican a proporcionar contenidos a sus
visitantes. Una empresa puede decidir crear una enorme colección de
clip-art de alta calidad y colocarla en sus páginas para que cualquiera
se las descargue y las use libremente. Sin embargo, esto no es lo
habitual. En la mayoría de los casos, nos encontraremos con sitios
web que no han hecho más que recopilar esos contenidos y
apropiárselos, con la única intención de ganar dinero con la publicidad
incluida en sus páginas. En otros casos, los sitios web proporcionan
contenidos a sus visitantes para uso exclusivamente personal o para
su uso en bocetos, presentaciones preliminares, etcétera. La
utilización de esos contenidos fuera de los supuestos previstos por el
propietario de los derechos de autor es, por tanto, una violación de
esos derechos.

En ocasiones, llegan a nuestro poder contenidos que han pasado por
muchas manos desde que su autor los creó. Habitualmente, es casi
imposible trazar la ruta que esos contenidos han seguido hasta llegar
a nosotros, por lo que no es fácil contactar con el propietario de los
derechos de autor y preguntarle si podemos incorporar los archivos a
nuestras creaciones. En esos casos, la prudencia ha de dirigir
nuestros actos. El que nosotros no sepamos quién es el propietario de
algo no nos da derecho a usarlo. Una reducción al absurdo muy
ilustrativa es el ejemplo de los coches aparcados en la calle: no están
dentro de una propiedad privada y, normalmente, no sabemos a
quién pertenecen, pero eso no nos da derecho a montarnos en ellos y
llevárnoslos. Eso es hurto. Lo mismo ocurre con los contenidos en
Internet.

Ahora bien, al contrario que con los coches, con los contenidos parece
que existen una serie de normas tácitas creadas por la costumbre y
que, de alguna manera, tratan de justificar su uso fuera de los
supuestos previstos por los autores. Principalmente, no se suelen
tomar medidas legales contra los usuarios de contenidos colocados en
un sitio web de un tercero cuando esos contenidos han podido llegar
a manos de su usuario actual a través de muy diversos canales y,
además, no están siendo utilizados para hacer negocio directamente.
No conocemos ningún caso de empresas que demanden a otros por,
a modo de ejemplo, insertar en su sitio web una imagen que no es
posible identificar a primera vista como propiedad de la primera. Esto
no es aplicable, en cambio, cuando la imagen se usa para algo más
que para decorar una página. Nadie admite que otra empresa use
una de sus creaciones como logotipo o que la incorpore a una lista de
archivos que cualquiera pueda descargarse y reutilizar. Además,
tampoco suele gustar que terceros se hagan pasar por los autores de
los contenidos.

Muchos se estarán preguntando si se pueden encontrar con un
problema legal por los contenidos de su sitio web. Técnicamente, sí.
En la práctica, no. Lo habitual al detectar una infracción del copyright
de un determinado contenido es contactar al presunto infractor e
instarle a que retire los contenidos en cuestión y, en algunos casos, a
que anuncie públicamente que se ha resuelto el entuerto. La negativa
a llevar a cabo estas acciones sí puede derivar en acciones legales
más importantes. En Estados Unidos, algunas sentencias judiciales no
sólo han obligado a los infractores a retirar los contenidos afectados,
sino a destruir por completo todos los equipos por los que esos
archivos han podido pasar: disquetes, CD's y, por supuesto, discos
duros.

Visto lo visto, queda claro que la mejor forma de crear un sitio web
no es, ni mucho menos, recorrer la Red en busca de imágenes,
sonidos o tipos de letra atractivos. La calidad del diseño de un sitio
web está en relación directa con la originalidad de sus contenidos.
Siempre existe una alternativa al uso de contenidos "prestados". Si
nuestro presupuesto no nos permite comprar los derechos de una
imagen o una canción y nuestras escasas habilidades creativas nos
impiden alcanzar buenos resultados por nuestra cuenta, debemos
replantearnos el enfoque de diseño de las páginas. Muchas veces, es
preferible optar por la sobriedad gráfica, antes que caer en la rapiña
de contenidos que, a su vez, nos puede llevar al despacho de nuestro
abogado por la vía de urgencia.

Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento.  Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior

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