EL ANALFABETISMO TECNOLÓGICO

Autor: iMarketing.es – Consultoría informática y de gestión, servicios tecnológicos y de outsourcing

Nueva economía, internet y tecnología

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02-2005

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 A lo largo de la historia, el conocimiento y el poder han andado
siempre cogidos de la mano. Esto no es menos cierto en la
actualidad. Antes bien, la sociedad de hoy se enfrenta a un problema
de características muy peculiares y cuya resolución ha de ser materia
de alta prioridad para gobiernos e instituciones: el analfabetismo
tecnológico.

A diferencia de lo que llamaremos el analfabetismo clásico, este
nuevo tipo no está relacionado con la falta de instrucción en las
disciplinas más básicas (como la lectura, la escritura y las reglas
matemáticas elementales). El analfabetismo tecnológico se refiere a
la incapacidad para utilizar las nuevas tecnologías tanto en la vida
diaria como en el mundo laboral y no está reñido con la educación
académica en otras materias. Es decir, cualquiera puede ser un
"analfabeto tecnológico", independientemente de su nivel de
educación e incluso de su clase social o su poder adquisitivo. Este
nuevo tipo de analfabetismo no distingue sexos, cargos o cuentas
corrientes. Seguramente, ésta es su particularidad más llamativa
pues, hasta hace bien poco, pobreza y analfabetismo se encontraban
en relación de causa-efecto y, sobre todo, formaban un círculo vicioso
del que era difícil salir. Sin embargo, las causas del nuevo tipo de
analfabetismo pueden ser muy diversas y, al no ser tan evidentes ni
tan conocidas como las del modelo clásico, pueden pasar
desapercibidas tanto a los individuos como a las empresas e
instituciones.

Otra característica del analfabetismo tecnológico, muy relacionada
con la anterior, es su retroactividad. Es decir, quien no es un
analfabeto tecnológico hoy puede serlo mañana. Esto se hace
evidente, además, en dos vertientes distintas:

· el analfabetismo tecnológico puede permanecer en estado latente
durante años, sin causar el mínimo problema, y, de pronto, surgir
a la hora de un cambio en el entorno. Este sería el caso sufrido
por miles de directivos de nivel medio a la hora de afrontar una
renovación tecnológica en sus empresas. De la noche a la
mañana, es necesario disponer de una serie de conocimientos
que, en algunos casos, escapan a las posibilidades de muchos por
motivos diversos.
· La tecnología puede evolucionar más rápido de lo que muchos
somos capaces de asimilar, lo que tiene como resultado a medio
o largo plazo un desfase cercano al analfabetismo tecnológico.

No hemos de confundir esta característica con una situación
habitual en el mundo laboral como es el desconocimiento
de tecnologías determinadas, pues todos tenemos que
aprender cosas nuevas en ocasiones como, por ejemplo, al
cambiar de trabajo. El analfabetismo tecnológico es un
problema de base y de costosa solución, mientras que el
simple desconocimiento es concreto y fácil de resolver. Al
mismo tiempo, el analfabetismo tecnológico está muy
ligado a la incomprensión de las nuevas tecnologías y de
sus ventajas, no a la ignorancia de una de sus partes.

Asimismo, al igual que ocurre con el analfabetismo clásico,
el tecnológico es autoincremental, pues el desconocimiento
de lo más básico impide la comprensión de las
características más avanzadas o más modernas.

Las consecuencias de este nuevo fenómeno son muy variadas y, en
realidad, la mayoría de ellas aún está por llegar. Desde dificultades
para encontrar un empleo, hasta problemas para desenvolverse en la
vida diaria. A medida que las nuevas tecnologías de la información se
incorporen a nuestra forma de vida, el hueco existente entre los que
saben aprovecharlas y los que no se irá ensanchando al mismo ritmo.
De momento, el analfabetismo tecnológico se manifiesta únicamente
en circunstancias concretas y relativamente aisladas: recién
licenciados que no consiguen su primer empleo por no saber usar un
ordenador, directivos que ven peligrar su carrera por no saber aplicar
las nuevas tecnologías a su negocio y cualquiera cuya calidad de vida
pudiera mejorar en caso de sacarle mejor partido a las nuevas
tendencias. Sin embargo, en un futuro no muy lejano, el
analfabetismo tecnológico puede convertirse en un factor de mayor
alcance y que, por ejemplo, ocasione importantes diferencias entre
países o regiones. ¿Quién sabe si a la vuelta de unos pocos años la
tasa de alfabetización tecnológica será para los economistas un
indicador de riqueza tan válido como lo es hoy la tasa de
alfabetización clásica? La disponibilidad de mano de obra
correctamente formada en el uso de las nuevas tecnologías puede ser
un factor tan determinante a la hora de prever el crecimiento
económico de una región como puede serlo la facilidad para contratar
nuevas líneas de teléfono.

La solución al problema incipiente del analfabetismo tecnológico no es
muy distinta de la que se dio hace un siglo al analfabetismo clásico.
La instrucción en las materias de creación más reciente ha de
extenderse desde la enseñanza primaria a la universitaria. De igual
forma, el acceso a las nuevas tecnologías ha de recibir el mismo
respaldo que recibe hoy día el acceso al conocimiento general, es
decir, del mismo modo que se crean bibliotecas públicas deberían
crearse centros para la difusión de, por ejemplo, el uso de
ordenadores personales.

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