Una versión de este texto fue publicada en el Tratado latinoamericano
de sociología del trabajo, Enrique de la Garza (comp.),
El Colegio de México-FLACSO-FCE, 2000.
Se reproduce con autorización del autor
I. INTRODUCCIÓN.
Una ciencia social se constituye, reformula sus paradigmas 'normales',
se adapta a las circunstancias, en virtud de múltiples influencias. Y
desde luego, no sólo como consecuencia de las demandas sociales que se
le formulan, de los avances teóricos y metodológicos logrados en su
propio seno. También lo hace por la hibridación conceptual que le pueden
facilitar otras ciencias, sean 'sociales' o no. E incluso por la
importación de conceptos y abordajes más desarrollados, que ponen a
prueba su capacidad para asumir, integrar, 'digerir' o adoptar sus
marcos complejos.
Ahora bien, teniendo presentes esas y otras influencias en la
constitución del conjunto de saberes que denominamos 'Sociología del
Trabajo', nuestro énfasis principal para abordar la constitución del
campo, pensando especialmente en América Latina, ha de ser el propio
trabajo y su evolución. Para poder explicar científicamente el conjunto
de relaciones sociales, cuya punta del iceberg es lo que llamamos
'trabajo' la Sociología del Trabajo debe, en primer lugar, ajustar sus
lentes, enfocar la mirada, hacia el trabajo realmente existente en cada
sociedad.
Obviamente, otros puntos de mira son posibles, y el debate sobre la
constitución de la Sociología del trabajo, también en América Latina,
tiene una vitalidad que no se agota en nuestros días (Rojas y Proietti,
1996). Pero, la corriente principal de este saber parece hoy en día
decantarse por asumir su definitiva constitución en los últimos diez
años (Abramo y otros, 1997), sin perjuicio de reconocer sus orígenes,
sus evoluciones, su ida y vuelta a los procesos de trabajo concretos, su
vinculación con los actores sociales, su inserción en los vaivenes
tantas veces dramáticos de la situación política en cada país.
El II Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo, celebrado en
Aguas de Lindoia, Brasil, en diciembre de 1996, ha culminado toda una
serie de iniciativas personales e institucionales que han condensado una
actividad importantísima de los años recientes, con sus otros dos
epicentros en el I Congreso Latinoamericano, celebrado en México en
1993, y en el I Encuentro también Latinoamericano celebrado en Puerto
Rico en 1994, y a su vez alimentados por las secciones sobre trabajo
incluidas en los congresos de la Asociación Latinoamericana de
Sociología, el primero de ellos en el arranque de esta etapa de
consolidación, el celebrado en La Habana en 1991. Y no menos importante
ha sido la entrada de la sociología del trabajo latinoamericana, con
fuerza y personalidad propia, en las instituciones internacionales :
desde el congreso mundial de sociología del Bielefeld, en 1994, su
presencia y protagonismo son destacados.
Precisamente las ponencias, materiales, debates y apuestas del Congreso
de Lindoia, sirven de pórtico y entorno de un abordaje como el que aquí
vamos a proponer: porque son, simultáneamente, una buena muestra de la
riqueza de enfoques, de la amplitud de miras que se ha dado la
Sociología del Trabajo, de la complejidad de su mirada hacia la realidad
del trabajo en America Latina; y por otro, porque revelan también los
cambios en los propios estudios del trabajo, porque son un buen
muestrario de las tareas que hoy tiene ante sí esta disciplina,
precisamente en relación con lo que más arriba indicábamos, si quiere
ajustar sus lentes, su capacidad de ver e interpretar, a la realidad
cambiante del trabajo. Tareas que se recogen en cada uno de los
capítulos que componen este Tratado, que no es sino un paso más, de
gigante, en la consolidación de esta disciplina, con una particular
riqueza que le da el campo propio al que se aplica, como hemos dicho,
sí, pero, también el que quienes forman este colectivo de mujeres y
hombres, dedicados a analizar, interpretar (e intentar cambiar...) la
realidad social del trabajo, sean hoy en día, más que nunca miembros
prominentes del colegio invisible, de la comunidad científica
internacional. Con ello queremos subrayar que, siendo esta una obra
pensada para América Latina, lo es, desde luego, desde la participación
y adecuación de los paradigmas que se discuten hoy en día en la escena
internacional.
Por ello, en las páginas que siguen recuperamos algunos de los jalones
que, a nuestro juicio, fueron poniendo las bases sobre las que hoy está
constituida la Sociología del Trabajo en su corriente principal, de la
que este Tratado forma parte[1][1].
II. LA SITUACIÓN 1960: LA CONSOLIDACIÓN DE UN PARADIGMA DE LA SOCIOLOGÍA
DEL TRABAJO.
La segunda postguerra mundial conoce una gran implantación de la
producción de masa, de lo que se ha convenido en denominar fordismo, en
los países más desarrollados, los que hoy podríamos llamar 'centrales'.
En ese contexto productivo, la sociología trata como preocupación
fundamental, y especialmente la sociología norteamericana, de cómo
adaptar al obrero común, al que en Europa se denominará el
"especialista", a una tecnología que, en modo alguno, se considera
modificable: el progreso técnico es ineluctable[2][2]. En 1946, la
American Sociological Association consagra una sesión especial, por vez
primera, a la sociología industrial.
Según Touraine, que habla de las "ambigüedades" de esta sociología
norteamericana, la investigación se organiza en torno a los problemas
psicosociológicos, y no en torno al trabajo mismo, que a su juicio, será
la característica de la sociología europea, también 'industrial' en
aquél momento, y pronto del trabajo. Según esto la Sociología del
Trabajo parte "del trabajo y no del comportamiento del hombre en el
trabajo, de las relaciones reales de los diversos aspectos del trabajo y
de los diversos niveles de valorización y no de su impacto sobre el
trabajador, de su unificación en el comportamiento del trabajador"
[3][3].
Sólo hoy parece reconocerse ampliamente que la confusión lingüística ha
dominado muchos debates estériles, fundados, en parte, en el poco fondo
de quienes los emprendían. Uno de esos debates era, precisamente, el que
creía que la 'Sociología Industrial', debía está denominación a haber
nacido aplicada a la industria manufacturera, como hoy la entendemos. Y
algunos han creído romper una lanza de modernidad diciendo que las
'industrial relations' eran, también una denominación marcada. Hoy, como
decimos, se reconoce que 'industria', lo mismo en sus orígenes ingleses,
que en francés o en buen castellano, significaba cualquier actividad
industriosa, en la que se aplica el ingenio y la capacidad de las
personas para transformar la naturaleza o las cosas. O ambas a la vez:
ya no se descubre el Mediterráneo de que los 'industrial districts' de
Alfred Marshall, obviamente, no solo podían referirse a la 'industria'
de hoy en día[4][4].
Volver a los clásicos ilustra y esclarece los problemas. También los
falsos debates. En un número monográfico del American Journal of
Sociology, en marzo de 1952, titulado "The sociology of work", Everett
Hughes plantea así la cuestión:
"All of this issue of the Journal treats of people at work; not all of
it has to do with industry, even as currently defined. People nowadays
do indeed speak of the 'restaurant industry', the 'advertising
industry', and even of the 'amusement industry', although I am not sure
they would include boxing in it. No one has yet, so far as I know,
talked of the medical, educational, or labor-union industries, but I
suppose someone will".
Y continúa diciendo que "the extension of the term 'industry' to include
so much more than manufacturing is itself an interesting datum", quizá
en la medida en que se toma el modelo de la industria como referente, y
que, por ello, "it is not surprising that sociologists who study people
at work should go along with the trend and call themselves 'industrial
sociologist'.
Algunos podrán discutir si realmente la Sociología del Trabajo se
desarrolla de forma consistente, esto es acumulando y superando una masa
crítica de saber y reflexión sobre ese saber, pero desde luego lo que
nadie discute es que los años 1959-1961 condensan y son testigos de una
serie de acontecimientos, publicaciones, creación de revistas, y cambios
de rumbo en los estudios vinculados con las ciencias sociales del
trabajo. Este conjunto de hechos hace que pueda tomarse la situación
1960 como el momento de inflexión o cambio que, junto a otros
desarrollos que tendrán lugar en los años inmediatamente siguientes, y
prácticamente hasta el final de la década, constituyen un auténtico
paradigma hegemónico, con todas sus modulaciones y variantes, en la
comunidad científica, en muy distintos países. Así lo recoge el
excelente informe-estado de la cuestión de Franco Ferrarotti, redactado
en 1959, que destaca la influencia de la II Guerra Mundial en el
fortalecimiento de la Sociología del Trabajo, y que da cuenta, a nuestro
juicio con sagacidad, de los logros conseguidos y de los retos por
venir: la "función social de la investigación social"; el naciente papel
de la ergonomía: no hay dos obreros iguales; la necesidad de la
interdisciplinariedad; la participación de los agentes sociales; el
problema número uno del margen de maniobra del científico social, etc.
En Estados Unidos, el influjo fundamental de Everett Hughes y sus
discipulos, con un enfoque de estudio de campo directo que vale la pena
recuperar hoy, dejará trazas profundas: "we are not merely applying
sociology to work; we are studying work by sociological methods", dirá y
hará[5][5].
Tras la publicación del novedoso e impresionante estudio de Ralph
Bendix, Trabajo y autoridad en la industria, en 1956, comienzan a
llevarse a cabo algunos estudios que han sido recuperados con
posterioridad, a partir de un paradigma que entonces no era el
dominante. Tal como el libro de Bright, Automation and management, de
1958, cuyas tesis iban en contra del optimismo del desarrollo
tecnológico y de las fuerzas productivas y sus beneficiosas
consecuencias sociales.
En lo que estos estudios innovan es en partir del trabajo mismo, del
análisis primero de lo que la persona en el trabajo hace, para intentar,
desde ahí, inferir o explicar los comportamientos o las consecuencias.
Según un buen conocedor del asunto, la demanda ha generado varias nuevas
sociologías, y entre ellas, la sociología del trabajo: en 1959 se puede
decir que "los sociólogos invaden los talleres" en Estados Unidos[6][6].
Y
no pasará mucho tiempo para que la reflexión sobre la práctica de como
fruto una crítica del "uso de la ciencia social en la industria
americana", bajo el significativo título The servants of power[7][7].
En el Reino Unido, el cambio se ejemplifica bien con los artículos y
debates contenidos en un número monográfico del British Journal of
Sociology, en 1959. Los "nuevos caminos" de la sociología industrial,
que para algunos, como ya dijimos, comienza con los 'experimentos
Hawthorne', conducen con seguridad hacia una renovación, provocada por
la inadecuación -se argumenta[8][8]- de los métodos usados a los
problemas planteados: "the breadth of the approach depends on the nature
of the problem". Resumiendo, se dice, "el énfasis se ha desplazado de
las actitudes individuales a (...)'la estructura de la situación misma',
es decir, el complejo de instituciones que rodean al individuo y a su
grupo de trabajo. La era de Mayo ha terminado"[9][9].
En Francia, con los sólidos fundamentos de la obra de Georges Friedmann
como punto de partida[10][10], es sobre todo la fundación en 1959 de la
revista Sociologie du Travail lo que va a imprimir un giro innovador,
que influirá más allá de las fronteras nacionales francesas.
Y la que fuera la "primera preocupación de la sociología francesa, el
estudio de los efectos profesionales sociales de las transformaciones
técnicas del trabajo industrial" es, también, el horizonte que se fija
la nueva psicología industrial que plantea su porvenir en este año de
1961[11][11].
Por entonces se publica, también en 1961, y bajo los auspicios de la
UNESCO, una suerte de "situación de la sociología industrial en la
enseñanza superior", debida al mismo Smith que dos años antes propugnaba
la apertura de "nuevas vías". Con una perspectiva realmente amplia, el
cuestionario que recababa la información no restringía el campo de
interés ni la disciplina de enfoque: desde la antropología del trabajo,
hasta las ciencias de gestión son convocadas a informar[12][12].
El mismo año 1961 se publica el que habrá de ser el Tratado de
Sociología del trabajo de más larga, amplia y duradera influencia: lo
mismo en Italia que en España, o en América Latina, además, obviamente,
de en Francia y los países de lengua francesa. Editado por Georges
Friedmann y Pierre Naville, y traducido al castellano en 1963, no ha
mucho tiempo que continuaba siendo libro de texto en distintas
enseñanzas universitarias, y reúne en sus dos sólidos volúmenes a las
que entonces eran, casi sin hipérbole, todas las orientaciones y
perspectivas posibles. Un clásico con todos los honores[13][13].
El caso es que, nos dice uno de los principales protagonistas de esta
historia en 1962, "se hablaba más bien, hace unos pocos años, de
sociología industrial. El cambio de vocabulario parece explicarse
solamente por el deseo de extender los estudios a los trabajos
no-industriales, primarios o terciarios. Pero indica trastornos más
profundos", hay más pluralidad, más enfoques, y la noción de trabajo se
usa para conjurar esa diversidad[14][14].
Pero una parte de razón asiste a quienes ven, en la ampliación de los
objetos materiales de análisis una primera voluntad de cambio: la
Sociología del trabajo se ocupa, según Friedmann, de "toda colectividad
de trabajo con ciertos rasgos mínimos de estabilidad (que trataremos a
propósito de los conceptos de estructura y organización)(...): una
empresa industrial lo mismo que un trasatlántico o una lancha de pesca,
una gran explotación de agricultura intensiva o la finca del pequeño
agricultor donde trabajan algunos empleados con la familia del
agricultor, una gran tienda de departamentos o un pequeño comercio que
sólo emplea a algunos vendedores, un taller de artesano y la oficina de
una delegación de policía, el equipo de un avión que se reconstituye a
intervalos regulares en una línea aérea o el personal de una automotriz
de la SNCF"[15][15].
La definición que se da entonces de la Sociología del Trabajo será:
"el estudio de colectividades humanas muy diversas por su tamaño, por
sus funciones, que se constituyen para el trabajo, de las reacciones que
ejercen sobre ellas, en los diversos planos, las actividades de trabajo
constantemente remodeladas por el progreso técnico, de las relaciones
externas, entre ellas, e internas, entre los individuos que las
componen"[16][16].
Pero, las bases ya están sentadas y en el discurrir de los años 60, la
revista Sociologie du Travail tomará una posición que influirá
notablemente en nuestra comunidad científica, al menos en Europa y
América Latina:
"la noción de trabajo por la cual fundaba [mos nuestra] especificidad se
entendía en un sentido fuerte, la actividad por la cual los hombres
dominan y crean su sociedad (...), definiéndose no por un terreno ,sino
por una perspectiva. Frente al análisis formal de los hechos sociales,
Sociologie du Travail defiende una orientación socio-histórica: estudiar
la sociedad como obra de los hombres"[17][17].
En Italia, y en 1962, nace Quaderni Rossi, la mítica revista, vinculada
al movimiento obrero y a la mejor sociología académica del momento, que
va a hacer de la encuesta, en "uso operaio", el punto de partida de una
reflexión crítica que, al decir de algunos está en la base del resurgir
de la sociología del trabajo aplicada italiana. Y que, años más tarde
estallará en muy distintas corrientes de pensamiento y acción, cuyas
trazas son aún detectables.
Además de la 'recuperación' de las mejores investigaciones del momento,
norteamericanas o inglesas, por ejemplo, los Quaderni 'operacionalizan'
la "Encuesta Obrera" redactada por Marx para la Revue Socialiste, y
ponen en marcha un proyecto que, a nuestro juicio, ha sido el sello de
fábrica de la Sociología del Trabajo italiana, en sus distintas escuelas
de pensamiento. Con tres características: 1) ser un proyecto ilustrado,
que da fundamental importancia a la socialización, esto es a la difusión
y asunción por los propios sujetos investigados, de los resultados de la
investigación. Lo que no dejará de tener muy importantes consecuencias
en la forma de presentación de los resultados finales, en la manera en
que se plantea la relación entre investigadores e investigados: el papel
del técnico, cuando lo que se propone es, en suma la unidad
sujeto-objeto de investigación. Lo que en la jerga del movimiento
sindical se denominara "non delega". Los trabajadores son,
tendencialmente, sus propios sociólogos del trabajo, sujetos y objeto de
análisis.
Un segundo rasgo marcará esta impronta: se descubre y privilegia la
"cientificidad de la experiencia obrera".
Un tercer rasgo, y este, creemos no se ha destacado suficientemente, es
el impulso que se dará, desde entonces, a la realización de
investigaciones, a veces encargadas a la Universidad, por los propios
sindicatos, que, en Italia, se convierten en uno de los primeros
'comitentti', demandantes, de investigaciones sociológicas, algunas de
ellas han dejado trazado el camino hasta el presente. Tal las encuestas
sobre L'ambiente di lavoro, la primera, masiva, de 1969. O, más tarde,
sobre el 'decentramento produttivo', en 1974.
El antes y el después de Quaderni Rossi se puede evaluar comparando el
'estado de la cuestión' que hace en 1966 Franco Ferrarotti, con la
impresionante documentación y análisis presentado por Federico Butera
sobre "la investigación no académica" en 1980, tanto la llevada a cabo
por los sindicatos, como por las empresas[18][18].
Por otro lado, estos primeros años sesenta ven reverdecer un enfoque ya
señero en las ciencias sociales del trabajo europeas, pero que, en esta
década colocará los jalones de una posterior influencia decisiva en el
paradigma dominante en la investigación del trabajo. Se trata de la
ergonomía, que a partir de la vieja Psicotecnia de los primeros años de
este siglo, y sobre todo del desarrollo de la fisiología del trabajo
tras la Primera Guerra mundial, cobra un importante desarrollo tanto por
su presencia en las empresas (ejemplos son la Renault en Francia o los
'laboratorios' de la Olivetti en Italia), como por la
institucionalización en centros de investigación (como el Laboratoire de
Physiologie et d'Ergonomie, en el CNAM de Paris, el Conservatoire
National des Arts et Métiers).
Un número monográfico de la prestigiosa revista Le Travail Humain, puede
tomarse como señal del cambio de orientación, en 1962, bajo el título
"la adaptación del trabajo al hombre"[19][19]: el 'hombre estándar', el
'hombre medio' sobre el que razonaban las ciencias sociales del trabajo
no existe en esta perspectiva, quebrando la base principal del enfoque
ingenieril y taylorista.
Con cuanto hemos venido argumentando, la situación en la década del 60
consolida un paradigma de análisis marcado aún por un determinismo
tecnológico apenas matizado, que ha sido felizmente bautizado como el
"optimismo de las fuerzas productivas". Basta esperar el desarrollo de
las capacidades productivas, porque ellas traerán los cambios en las
relaciones sociales. Si el taylorismo había sido una etapa necesaria
para la sociedad (e inevitable...), aunque perjudicial para los
individuos, la automatización en curso iba a devolver las posibilidades
de recomposición de las miettes o los frantumi, las migajas,en que se
había convertido el trabajo. Más aún, y esta es una de las señas de
identidad de los productos de investigación de esta época, como
consecuencia de esos cambios automáticos, una nueva clase obrera estaba
emergiendo (en algunos casos se la veía ya en acción), capaz de
implicarse en un sindicalismo de nuevo tipo, de gestión, y de ampararse
de los sistemas productivos, en la fase C para decirlo con la
terminología tourainiana que se generalizará en la época[20][20].
Quizá, en perspectiva europea, el libro que recoge "la orientación
dominante" en esos años sea el editado por la OCDE, en 1965, Los
trabajadores y la evolución técnica, una suerte de balance crítico, con
perspectivas de intervención práctica, sobre las investigaciones de "los
sociólogos", durante los veinte años anteriores, sobre "las actitudes de
los trabajadores frente a los cambios". Como Salomon Barkin indica en el
prólogo el motto de fondo era éste:
"el progreso técnico y el progreso económico se reflejan claramente en
los lugares de trabajo, donde se manifiestan por la modificación, la
supresión o la adición de puestos entre los de los trabajadores manuales
y no manuales, en los talleres y en las oficinas. La facilidad con la
que podrán operarse esos cambios depende en parte de la actitud que los
trabajadores adopten a su respecto"[21][21].
No, desde luego, de distintas o alternativas opciones tecnológicas,
negociables, por lo tanto.
Y sin embargo, ya otras investigaciones están abriendo la brecha en este
paradigma consolidado. En el Reino Unido, las tesis sobre los sistemas
socio-técnicos, difundidas por el Tavistock Institute, y ya aplicadas,
especialmente en la minería del carbón desde los primeros años 50, son
caldo de cultivo de rupturas conceptuales sonadas. El también muy
influyente estudio de Joan Woodward, Industrial organisation, de 1965,
sostendrá que 1), existe una correlación entre tecnología y organización
de la empresa, pero no de causa a efecto, sin márgenes de maniobra. Y
2), que, siendo así, no hay, sin embargo relación entre éxito
empresarial y aplicación de las teorías organizativas, pues, los mismos
principios pueden producir resultados diversos en circunstancias
diversas.
Cuando, con posterioridad se reflexione sobre los veinte años que
transcurren desde éste de 1959, Marc Maurice señala el momento del fin
de esta primera etapa, que va, en las denominaciones, de la sociología
industrial a la sociología del trabajo, con una pregunta retórica:
"el fin del paradigma del evolucionismo tecnológico, a la vez ideología
y cultura de la 'sociedad industrial',¿no significa, también el fin de
un tipo de sociología industrial? Sin que eso signifique, en
consecuencia, la desaparición de una sociología que, desde su origen, ha
considerado la noción de trabajo como 'la actividad por la cual los
hombres gobiernan y crean su sociedad'"[22][22].
III. LA CRÍTICA DE LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO Y LA VUELTA AL PROCESO DE
TRABAJO: EL FORTALECIMIENTO DEL PARADIGMA DEL ESTUDIO DE LAS SITUACIONES
REALES DE TRABAJO.
El 'ciclo de las luchas', los años de contestación obrera a la
organización científica del trabajo, especialmente fechados entre 1968 y
1972, abren a los sociólogos nuevas perspectivas, nuevos problemas,
nuevos retos. Las publicaciones, profesionales o de divulgación, que
ponen al "taylorismo en cuestión", que propugnan un trabajo "más
humano", compiten en los escaparates de las librerías y en los kioskos
de los aeropuertos[23][23].
A la crítica del paradigma del determinismo tecnológico, se añaden
nuevas perspectivas, retorno a los clásicos, para descubrir lo que había
sido descubierto años atrás, incluso, como ya recordábamos, nuevos
sujetos, protagonistas de la investigación irrumpen en la escena de las
ciencias sociales del trabajo. En torno a 1974, por fechar el cambio con
la publicación de dos obras que hacen de piedra miliaria, un nuevo
paradigma está prácticamente establecido, y con él dialogan, discuten o
lo siguen, quienes integran la corriente principal de nuestra
disciplina. Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo en
el siglo XX, la obra publicada en Estados Unidos por Harry Braverman es
el buque insignia de esta corriente. Pero no menos emblemática,
influyente y perspicaz, moviéndose en una orientación semejante, pero,
si se quiere, aún más sólida, es La división capitalista del trabajo, de
Michel Freyssenet, escrita y difundida en 1974, pero sólo publicada
comme il faut un par de años después, en Francia.
El enfoque con el que se abordará el trabajo, desde esta nueva
perspectiva, incluye:
1) el regreso al estudio directo, teniendo en cuenta a los propios
trabajadores, del proceso de trabajo. Lo que supone, también una
renovación de métodos, una revalorización de la observación directa, de
los estudios antropológicos, de la observación participante. Las
situaciones reales de trabajo, en primer lugar serán el objeto de
estudio, para poder, a partir de ellas, saber con más propiedad las
tendencias de evolución del trabajo, las vivencias de los trabajadores.
2) En segundo lugar, esta perspectiva se identificará, y especialmente
en la sociología italiana, por lo que se llamará centralidad de la
fábrica. "La fábrica -se dirá incluyendo cualquier centro de trabajo en
tal denominación- es el lugar donde las relaciones de clase existentes
en la sociedad se revelan más claramente", y, por ello, "fijar la
atención sobre lo que sucede en la fábrica sirve para entender la línea
de la evolución de la sociedad en su conjunto". Para ello, "hace falta
sacar a la luz las condiciones generales por las que la organización del
trabajo en la fábrica está determinada así"[24][24]. De hecho, en un
momento de notoriedad de la presencia tanto científico-académica, como
práctica, de la Sociología del Trabajo, los puntos que se consideran
centrales en el análisis del proceso de trabajo, servirán para obras
sociológicas de carácter más general, como será el caso, por poner
también un influyente ejemplo, con Regulación y crisis del capitalismo
de Michel Aglietta[25][25].
En la no menos influyente 'escuela de Warwick', en el Reino Unido, el
rastro de la obra de Braverman, y con él el retorno al Libro Primero de
El Capital de Marx, con seguidores y detractores, proporcionó "una base
de elucidación de problemas teóricos". Así recuerda dos de ellos Richard
Hyman, desde una perspectiva 'materialista':
"de una importancia crucial, contribuye a deshinchar la ideología de la
tecnología como fuerza neutra, autónoma e irresistible, haciendo
aparecer la organización técnica de la producción como una baza en la
lucha por el control de la producción"; y, "además, la atención prestada
al proceso de trabajo hace aparecer la necesidad de un análisis de los
cambios en las profesiones obreras en relación con la base material de
la producción, en lugar de referirse a epifenómenos del tipo 'cuellos
blancos'"[26][26].
El paradigma dominante en la Sociología del Trabajo se caracterizará,
resumiendo cuanto antecede, a mediados de los 70, por ser un enfoque
dirigido hacia el estudio de:
1) Las situaciones reales de trabajo, dentro y fuera de la fábrica, del
centro de trabajo, de los concretos puestos de trabajo y del trabajador
colectivo que lleva a cabo los procesos de trabajo y los procesos de
producción concretos.
2) Los hombres y mujeres en el trabajo no aislados, sino en una
relación, en un sistema, en el que actúan e interactúan con los sistemas
de máquinas y el entorno o ambiente.
3) Los hombres y mujeres como miembros de un grupo de trabajo, un grupo
homogéneo, esto es, sujeto a las mismas condiciones de trabajo a lo
largo del tiempo. Identificar este grupo de trabajo es una tarea de
investigación no siempre evidente.
4) Los hombres y mujeres en el trabajo se estudiarán no en un momento,
lo que supondría un "corte fotográfico", sino en su devenir, en su
constitución, en su historia, como grupo, incluyendo la evolución del
proceso de trabajo y los sistemas técnicos que lo sostienen y
condicionan.
5) Se deben estudiar las estrategias reales de los trabajadores, con una
visión ergonómica, etológica o antropológica. Cómo adaptan su actividad
real a las tareas prescritas, formales. Con la consecuente necesidad de
utilizar no sólo nuevos conceptos, sino también nuevos instrumentos de
recogida y tratamiento de la información.
6) Las formas de adaptación, resistencia de los trabajadores y nuevas
formas disciplinarias y de control del trabajo.
7) La inteligencia de cuanto antecede sólo puede emprenderse estudiando
las estrategias y políticas industriales, empresariales y estatales, en
el contexto de la división internacional del trabajo.
8) Es imprescindible, para comprender el trabajo, desde esta perspectiva
dominante en los años 70, estudiar el dentro y fuera de la fábrica, las
"huellas del trabajo", hacia fuera. Los cambios culturales y el papel
del valor trabajo, o la situación del mercado de trabajo, por ejemplo,
hacia adentro.
9) Por necesidades del marco científico y de las propuestas de
investigación indicadas, así como de las estrategias metodológicas
implicadas en ellas, los que hasta ahora eran objetos de investigación,
los trabajadores, mandos medios o empresarios, han de participar en la
investigación, también como sujetos. Sus saberes pueden así pasar a
formar parte del conocimiento construido por la Sociología del Trabajo.
IV. LOS CAMBIOS EN LOS MARCOS SOCIALES DEL TRABAJO, Y DEL TRABAJO MISMO:
LA RENOVACIÓN DE LA SOCIOLOGÍA DEL TRABAJO.
Con un brillante argumento, y en un libro que hizo época en 1977, Tre
Italie, Arnaldo Bagnasco recomendaba algo tan sencillo, a su entender,
como el tomar la empresa, el centro de trabajo, como punto de partida de
cualquier análisis que se pretendiera innovador en el estudio del
desarrollo económico. Su boutade de que, su espléndido y renovador libro
era, simplemente, un comentario al cuadro sobre la distribución de
empresas en Italia y su evolución que figuraba hacia el final del mismo,
estaba, en el fondo, llena de sentido: había que tomar en serio los
centros de trabajo, las empresas, y explicar las relaciones entre ellas,
el origen de los empresarios, las condiciones de trabajo de los y las
trabajadoras, la dependencia estructural entre unas empresas y otras...
Un verdadero programa de investigación que se articula en torno a dos
ejes de reflexión que parten del centro de trabajo para reconstruir las
bazas, los retos de la Sociología del Trabajo dentro y fuera de la
fábrica.
IV.1. La crisis del taylorismo.
Para muchos analistas, la principal razón de la tan divulgada 'crisis
del taylorismo', en la literatura posterior a 1975, tenía una razón
fundamental, si no única: "la renovación de los métodos de resistencia
obrera en los lugares de producción es el indicio de una crisis larvada
de legitimidad del modo de ejercicio del poder patronal sobre la
disposición de las fuerzas productivas"[27][27]. Desde luego, es la
resistencia de los trabajadores la explicación última más argumentada
cuando se analiza, contextualiza y explica el auge, en esos años, del
énfasis, que casi se vuelve un monotema, de las condiciones de trabajo
como objeto de estudio: "es notorio que la resistencia obrera al trabajo
taylorizado está ampliamente en el origen de su puesta en cuestión; se
repiensan las formas de organización del trabajo allí donde ya no son
socialmente viables: Volvo no tenía emigrados para hacer funcionar sus
cadenas. La crisis del taylorismo no es una crisis tecnológica, sino una
'contestación' del 'poder jerárquico de las cadenas'"[28][28].
A plantear cómo llegaron a ser un problema social en esos años las
condiciones de trabajo dedicamos una parte de nuestro trabajo de
investigación (y de docencia), cuyo resultado está plasmado en el libro
Condiciones de trabajo. Hacia un enfoque renovador de la Sociología del
Trabajo, analizando tanto los comportamientos colectivos, y
fundamentalmente los cambios en el contenido reivindicativo de las
huelgas en la década de los sesenta, como los comportamientos
'individuales', que no por ello, y al ser masivos o generalizados, dejan
de tener repercusiones y características semejantes a los colectivos:
absentismo, rotación, lo que se llamó 'alergia al trabajo', e incluso,
en la terminología de la variante de la 'autonomía' italiana, rifiuto
del lavoro.
Unas veces, esa resistencia se constata como un dato a partir de las
transformaciones de la fuerza de trabajo disponible, sean estos cambios
culturales, de expectativas, o de otro tipo. Así, cuando Volvo prepara
el diseño y lanzamiento de la que será su insignia, a mediados de los
años 70, su fábrica de Kalmar, la dirección de la empresa se remitirá a
un estudio demográfico y sociológico prospectivo, según el cual, piensan
entonces, para 1980, el 90% de la juventud sueca tendrá estudios de
bachillerato superior, y es entre esa población donde habrá de buscar
los obreros de sus fábricas, poco dispuestos, creen, a llevar a cabo un
trabajo repetitivo, jerarquizado y monótono: unos "jóvenes trabajadores
[que están] más preparados que cuanto les servirá para trabajar". Un
analista contemporáneo lo presenta con toda claridad: "entre las
motivaciones que han desembocado en la concepción de la fábrica de
Kalmar, una es esencial: hacer el trabajo aceptable para una mano de
obra nacional cada vez más instruida"[29][29].
Se trata, teniendo presente este dato, de paliar la resistencia por una
adecuación entre la formación recibida y los requerimientos de los
puestos y sistemas de trabajo, intentándose colmar un desfase tendencial
que se estima es una razón importante del descontento obrero. El
horizonte, entonces, es que se tiende a difuminar la distinción entre la
situación del trabajador y la del ciudadano o del consumidor, y a hacer
menos tolerables condiciones de trabajo que no han seguido la progresión
de las condiciones de vida.
En otros análisis, la resistencia obrera se tomará como punto de partida
de la génesis de nuevas actitudes empresariales, y sobre todo, se dirá,
de nuevas prácticas organizativas, de transformaciones, siempre lentas,
de la 'cultura industrial'. Se pronosticará -y se fomentará
simultáneamente, hay que decirlo- la necesidad de un comportamiento
'racional' del empresario, sin pretender alejarlo del fin de obtener más
producto con menos costo, más beneficios, sin salir del marco de la
lógica empresarial. Las condiciones de trabajo, objetivamente, y
subjetivamente, esto es, en su propia materialidad, por un lado, y tal y
como son vividas y los comportamientos que 'provocan', por otro, se
analizarán como costes económicos indirectos.
Sobre la magnitud de estos costes -evitables- se insistirá con el fin de
convencer a los empresarios de que no se les convoca a una obra
filantrópica proponiéndoles el desarrollo de nuevas formas de
organización del trabajo.
Esta tesis es formulada con toda claridad por el funcionario de la OIT,
Georges Spyropoulos: "la mejora de las condiciones de trabajo contribuye
a una mayor eficacia del sistema de producción". Por ahorros en a)
costes relacionados con la garantía de la integridad física del
trabajador; b) costes relacionados con el comportamiento de la mano de
obra (absentismo, rotación), que provocan necesidades de planificación y
disposición de trabajadores extra[30][30].
Los sindicatos se suman a esta perspectiva. Así el Instituto Sindical
Europeo, que depende de la Confederación Europea de Sindicatos, tras
analizar detalladamente las 'nuevas formas de organización del trabajo',
concluye que las "reacciones ante el trabajo y la organización del
trabajo", "todas esas reacciones tienen al menos un factor común: todas
tienen consecuencias económicas, a saber, aumento de costes". Y los
sociólogos sindicales basan su argumento en casos reales y en
declaraciones de managers y empresarios[31][31].
Para explicar el desarrollo -o lo conveniente que sería...- no faltan
otros argumentos, y algunos de ellos de peso. Sobre todo porque se
acabarán convirtiendo en la razón que ni siquiera hay que explicar,
taken for granted, de los cambios de la década siguiente.
Uno de ellos es especialmente relevante, recitado desde fuera del centro
de trabajo, o desde dentro. Son las imposiciones que supone al
'productor de mercancías' los cambios acaecidos en el mercado, en la
demanda de productos, menos previsibles que en el pasado, y, por ser
variables, menos soportables por un aparato productivo rígido y costoso,
con grandes inversiones en inmovilizado material. Y, en el mismo
movimiento argumentativo, los límites organizativos que supone un
sistema cuyos dos pilares son Taylor y Ford: la parcelización de las
tareas y la cadena de montaje.
La eficacia e inevitabilidad para la producción de masa es puesta así,
radicalmente en cuestión desde dentro. Aquí la razón principal de
fomentar los cambios organizativos no es 'humanista' o 'política', dos
adjetivos con los que se descalificarán muchas iniciativas venidas desde
los sindicatos, sino 'ingenieril': hoy los grupos semiautónomos son tan
necesarios e inevitables como antes lo fuera la degradación y división
del trabajo. La cadena de montaje, símbolo por antonomasia de la
producción tradicional, plantea -dicen- graves problemas técnicos para
su uso óptimo. Y el ejemplo utilizado de forma más convincente y
repetida, tanto en la prensa profesional empresarial, como en los
'libros de texto', o en la enseñanza a los nuevos ingenieros, y futuros
organizadores de la producción, es el de las pérdidas de tiempo por
equilibrado e imposibilidad de saturación. Suele repetirse en la
literatura un porcentaje del 25% de tiempo perdido en las cadenas de
montaje en los Estados Unidos por desigualdad en las cargas de trabajo
de los distintos puestos que componen ese proceso de trabajo, aunque lo
cierto es que esa mítica cifra se viene arrastrando en la cita, sin
cotejo ni verificación, desde 1963[32][32]. Lo cierto es que, tanto esas
pérdidas como la necesidad de suplentes (los 'comodines' en España),
supervisores y mandos intermedios, máquinas y herramientas de
sustitución para evitar la vulnerabilidad del sistema que puede ser
fácilmente 'saboteado' pesarán con fuerza en el eventual desarrollo de
las nuevas formas de organización del trabajo de la segunda mitad de los
años 70, que dejarán, por otro lado un poso de reflexión y experiencias,
sin el cual no se comprende la posterior evolución de la organización
del trabajo, y mucho menos las perspectivas y problemas
actuales[33][33].
IV.2. La nueva organización productiva.
Pero quizá la huella más relevante de la llamada 'crisis del
taylorismo', de las 'nuevas formas de organización del trabajo' haya
sido la de crear las posibilidades técnicas y organizativas para una
fragmentación de los procesos productivos, propiciando así una tendencia
enormemente significativa y de peso en el proceso de reestructuración de
los procesos productivos, lo que comenzará llamándose 'decentramento
produttivo', y acabará en la 'nueva organización industrial', según el
dictum del Instituto Internacional de Estudios Laborales, el centro de
investigación de la OIT[34][34]. Un complejo de transformaciones a las
cuales aún estamos asistiendo y que se basará en innovaciones
organizativas de trabajo en grupo, en las posibilidades introducidas por
las nuevas tecnologías de la información disponibles, en el papel
primordial atribuido al diseño de los productos, bienes y servicios, en
una vinculación literalmente casi directa entre producción, distribución
y consumo, y en la voluntad de desplazar el peso político-organizativo
que tenía el 'obrero-masa' en la gran fábrica[35][35] .
Los 'grupos de producción' suponen un cambio organizativo diseñado para
una nueva gestión de la fuerza de trabajo que utilice las capacidades
más altas de los sujetos, o la 'profesionalidad colectiva'; que recurra
a una oferta de trabajo más amplia y con menos capacidad de negociación.
Y es perfectamente compatible y combinable con la introducción de nuevas
tecnologías, que, a su vez fomentan el trabajo en grupo, o en pequeñas
unidades productivas físicamente separadas entre sí, pero coordinadas
con redes electrónicas de información. Lo que, a su vez, encaja con
nuevos diseños de productos especialmente pensados para poder ser
fabricados en módulos autónomos.
Se trata, en suma, de un cambio organizativo que facilita el desarrollo
de la fragmentación del proceso productivo, la transformación del
sistema basado en la gran fábrica, hacia las "pequeñas unidades de
producción independientes y coordinadas": "la innovación tecnológica de
la informática y de la electrónica permite lograr la máxima flexibilidad
respecto a los procesos productivos y a los tipos de herramientas que
pueden utilizarse, integrar procesos distintos por su naturaleza y
localización, descentralizarse en lugares diferentes las fases del
proceso productivo sin perder la posibilidad de centralización de las
funciones de control"[36][36].
Del conjunto de investigaciones disponibles hoy en día, tanto como
resultado de programas internacionales, como de los balances o estados
de la cuestión por países, incluida América Latina[37][37], parece que
puede afirmarse que, al final de la década de los años noventa tenemos
ya, ante nosotros, el resultado de un proceso de cambios que, tomando
como punto de partida los últimos años sesenta, se viene calificando
como tiempos de una 'nueva organización industrial', o de la
'empresa-red', tras haber pasado por otras denominaciones que han
intentado aprehender la nueva realidad productiva que emergía ante
nuestros ojos, habituados a mirarla con las anteojeras de los viejos
paradigmas de las ciencias sociales, evolucionismo y determinismo
tecnológico principalmente [38][38].
Y estas transformaciones no parecen deberse a rasgos o influencias
coyunturales, sino que, por el contrario, encarnan y manifiestan
tendencias duraderas, al menos desde principios de la década de 1970: no
otra cosa ilustran los estudios sobre el decentramento produttivo en
Italia, perfectamente detectable ya a mediados de la década[39][39].
Para el caso español -al igual que para otros países 'centrales'- podría
identificarse una evolución en U, descenso del número de pequeñas
empresas hasta finales de los sesenta y crecimiento de las mismas en los
años setenta y ochenta: los datos estadísticos confirman esa
tendencia[40][40].
Pero ese retorno de las pequeñas unidades de trabajo y de producción
señalado por el incremento de las pequeñas empresas dice poco si nos
quedamos en agregados estadísticos que, lógicamente, no hablan por sí
mismos. Por ello es imprescindible, para poder entender cuáles son los
significados de la reestructuración productiva actual, tener 'un ojo en
la realidad y otro en la teoría'. Sólo así, observar es, ya, en cierta
medida, teorizar.
Y conviene recordar esta primacía de la interpretación, pues, desde el
lado de la gran empresa, una nueva tesis de la convergencia se abre paso
con fuerza en la literatura internacional. Según ella, las grandes (y
las medianas...) empresas estarían inmersas en una profunda
reorganización interior con inmediatas repercusiones en el 'exterior',
como fruto de tendencias de largo plazo: algo que podría simplificarse
diciendo que se 'pequeñizan' en su estructura funcional y organizativa.
Tal reorganización comprendería una serie de rasgos tales como:
1) Una tendencia de las unidades funcionales a tener mayor autonomía,
hasta el punto de que se pudiera pensar, con Alfred Marshall que "una
fábrica grande no es más que la reunión de diversas fábricas pequeñas".
2) Como consecuencia de esa mayor autonomía, la cultura empresarial
cambia (o debe cambiar...), hasta permitir que cada vez niveles más
amplios, y más cercanos al trabajador directo, puedan tomar decisiones
en contextos de incertidumbre, y, a la vez, actuar dentro de una
orientación global, de empresa única.
3) Estos cambios en la cultura industrial, interna a la gran empresa, se
transfieren y extienden a la red de subcontratistas, a la red de
empresas o centros de trabajo que componen el proceso de producción de
un bien o servicio, tendiendo a ceder más responsabilidad e inciativa, y
por ende, capacidad de innovación. En suma, introducen más confianza en
el mercado. Y más mercado en la organización interna de la empresa.
Buena parte de estas 'conclusiones' se han desarrollado sobre la base de
pruebas empíricas no sólo italianas, alemanas, norteamericanas,
japonesas o francesas, sino también españolas y latinoamericanas, donde
se encuentran, en los estudios, aún escasos, pero sobre todo en la
práctica organizativa de las empresas, esa mayor autonomía funcional,
bajo el nombre de "unidades elementales de trabajo", o semejantes;
estructuras matriciales en la organización con dependencias jerárquicas
compartidas, externalización de funciones, reducción de niveles
jerárquicos, etc.[41][41]
La evidencia empírica de la reorganización de los tejidos productivos
tiene, por otro lado, confirmación en el conjunto de estudios que,
habiendo partido, de la descentralización productiva, la economía
sumergida o informal, ha pasado por los estudios de 'desarrollo local',
y hoy nutre un programa de investigación amplio y complejo que arranca
de la constatación de que nos hallamos ante una nueva división del
trabajo entre empresas.
El trabajo en este contexto, en los países 'avanzados', se define, como
lo ha hecho con un hallazgo feliz Luciano Gallino, por ser el trabajo en
estado fluido. Cuyos rasgos fundamentales consistirían, entre otros que
aquí ahora nos interesa menos destacar:
1) Una 'liofilización organizativa': descentralización y dispersión en
el territorio, 'empresas-red', funciones expulsadas de la (gran)
empresa, subcontrata; constitución de empresas por funciones
empresariales que "venden" a las restantes funciones de la empresa, etc.
2) "Un gran desarrollo de redes de comunicación, físicas e
informáticas", necesarias para integrar los fragmentos productivos y las
funciones dispersas, junto con la emergencia, bajo forma de empresas, de
sistemas de integración de las partes de la (antigua) empresa, de las
distintas funciones.
3) Una producción en tiempo real, que quiere plegarse más a la demanda.
Se da por hecho la necesidad del Justo a Tiempo, por ejemplo.
4) Un constante deterioro de los sistemas de garantías para los (cada
vez menos) trabajadores sólidos, fijos, con capacidad de contratar y
negociar, con declive de contratos indefinidos, etc.
En resumen, el punto de partida, en este momento teórico-interpretativo,
es que "gran parte del trabajo necesario para la producción en la
neoindustria ha perdido, en distinta medida, visibilidad, localización,
densidad y límites temporales". Y, por ello mismo, sin herramientas
conceptuales y teóricas adecuadas, sin método, "resultará casi imposible
establecer de manera exhaustiva quién, dónde y cuándo ha procedido a las
miles de operaciones necesarias para concebirlo, diseñarlo, fabricar los
componentes, montarlos, probarlo, terminarlo, confeccionarlo,
contabilizarlo, transportarlo, distribuirlo a los usuarios
finales"[42][42].
V. QUÉ TRABAJO, QUÉ SOCIOLOGÍA.
Como lo ha formulado de manera sucinta y clara, Frank Heller, uno de los
portavoces de la mejor tradición británica de estudios del trabajo, el
enfoque sociotécnico, "el término 'trabajo' y la manera en que es
utilizado por los científicos, al igual que la persona corriente, ha
distorsionado seriamente nuestra manera de pensar sobre aspectos básicos
del vivir"[43][43].
Nosotros partimos de considerar como posibles objetos materiales de
estudio "todas las formas de trabajo y actividad", usando una expresiva
caracterización y desarrollo conceptual de Ray Pahl, lo que delimita o
señala, si se nos permite una paráfrasis de una vieja formulación de
Lucien Goldmann, el máximo de conciencia posible de la Sociología del
Trabajo[44][44]. Jacques Delors lo había expresado en 1980, también con
la amplitud necesaria para poder comprender los fenómenos entonces
socialmente preocupantes, de integrar tiempo de vida y tiempo de trabajo
en un sólo movimiento cognoscitivo: "pensamos el trabajo como toda forma
de actividad que permite transformar la naturaleza en bienes y servicios
útiles, o crear relaciones interpersonales y sociales más
ricas"[45][45].
El futuro del trabajo delimita la evolución posible de su sociología. A
menos que se haga arqueología, futurismo tecnológico o utopías:
prescripción en lugar de descripción e interpretación. Desde luego,
podría afirmarse que a tal trabajo (tal concepción de lo que sea
considerado trabajo), tal sociología. Basta mirar a la historia reciente
de la disciplina para detectar como el objeto material y teórico de la
misma condiciona métodos, alcance, técnicas de investigación... Así,
basta ampliar el estudio del trabajo, del trabajador colectivo, al
proceso completo de producción de un bien o servicio, para generar una
concepción de la Sociología del Trabajo con un particular perfil
epistemológico.
Hoy parece ya un conocimiento adquirido, de sentido común... científico,
la afirmación reciente, haciendo balance de muchos años de
investigación, del maestro Jacques Leplat: "la historia del análisis del
trabajo depende, en una parte importante, de la del trabajo y de las
condiciones en las cuales este trabajo se ejerce". A lo que añade, poco
antes, "estas reflexiones sobre el trabajo tienen una incidencia muy
directa sobre la concepción del análisis"[46][46].
Y basta, a su vez, un perfil o abordaje teórico particular para
encontrar el trabajo allí donde tantos aseguran que ya no existe, o al
menos que ya no es lo que era. Como ejemplo, el trabajo borroso, de
ocasión, crepuscular. Ese trabajo, si somos capaces de hallarlo, con un
conjunto de dispositivos de investigación que se atrevan con la
complejidad de nuestros días, nos mostrará que no es una economía
distinta, como la antaño llamada 'oculta', o 'informal', sino que está
absolutamente vinculada y entretejida a la vida, experiencias y
expectativas de los trabajadores estándar, o que al menos así lo fueron
en el pasado[47][47].
Sea como fuere, la mejor Sociología del Trabajo, en la comunidad
científica internacional, parte hoy -y digamos que hoy son los últimos
diez años- del amplio reconocimiento de que, desde luego, el trabajo a
estudiar por la sociología es mucho más que la "relación social de
empleo":
"Perhaps the most important single change [en la Sociología del Trabajo]
has been the widespread recognition that the study of work cannot be
restricted to activities within the social relations of employment;
domestic work, voluntary work, communal work, are all 'work', with
considerable economic and social importance, related in a variety of
ways to paid work in the 'formal economy, and requiring investigation
and explanation just as employment does"[48][48].
Un balance de la sociología del trabajo británica, que ha costado a su
autor varios años de elaboración, en una espléndida summa, condensa
nuestra propia visión de cuál debe ser el trabajo objeto de la
sociología: "trabajo significa cualquier actividad física o mental que
transforma materiales en una forma más útil, provee o distribuye bienes
o servicios a los demás, y extiende el conocimiento y el saber humano
(...); una definición de trabajo, por tanto, incluye referencias tanto a
la actividad como al propósito para el cual la actividad es llevada a
cabo"; "el mundo del trabajo es construido activamente por los actos
interpretativos de los agentes implicados"[49][49].
La Sociología del Trabajo, persiguiendo la explicación de su objeto, que
se dispersa y esconde, se transforma y se construye socialmente, ha
evolucionado hasta llegar a la complejidad de su abordaje actual. Hacia
su complejidad de abordajes, habría que decir. Su campo se ha ampliado
así hasta constituirse en una disciplina cuyos objetivos son "mostrar el
conjunto de relaciones colectivas por las cuales se realiza la
producción de bienes y servicios" [50][50].
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ABRAMO, Laís: "Um olhar de gênero: visibilizando precarizaçôes ao longo
das cadeias produtivas",ponencia presentada al II Congreso
Latinoamericano de Sociología del Trabajo, Sâo Paulo, Brasil, 1-5 de
diciembre de 1996,25 p.
ACCORNERO, Aris: Il lavoro come ideologia, Bolonia, Il Mulino, 1980, 222
p.
ACCORNERO, Aris: "Fábrica difusa y nueva clase obrera", in Sociología
del Trabajo, n. 5, 1981, pp. 63-76 [Original, Inchiesta, 1978].
AGLIETTA, Michel: Regulación y crisis del capitalismo. La experiencia de
los Estados Unidos, Madrid, Siglo XXI, 1979, 345 p.[Edición original
francesa,1976]
AGLIETTA, Michel: "Sobre algunos aspectos de la crisis en el capitalismo
contemporáneo", in AGLIETTA, M. y otros: Rupturas de un sistema
económico, Madrid, Blume, 1981, pp. 57-83.
ALLEN, V.L.: "The need for a sociology of labour", in The British
Journal of Sociology, vol. X, n. 3, septembre 1959, pp. 181-192.
ANTUNES, Ricardo: "Qual crise da 'sociedade do trabalho'?", Ponencia
presentada en el II Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo,
Aguas de Lindoia, SP, Brasil, 1-5 de diciembre de 1996, 22 p.
BARITZ, Loren: The servants of power. A history of the use of social
science in American industry, Middletown, Conn, Wesleyan University
Press, 1960, 273 p.
BRAVERMAN, H.: Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo
en el siglo XX, México, Nuestro Tiempo, 1975, 513 p. [Edición original
americana, Labor and monopoly capital, 1974].
BROWN, Richard: Understanding industrial organisations. Theoretical
perspectives in industrial sociology, Londres y Nueva York, Routledge,
1992, 280 p.
BUTERA, Federico (ed.): "Le ricerche 'non disciplinarie' per la
trasformaziones del lavoro in Italia: 1969‑1979", número monografico de
Sociologia del Lavoro (Bolonia), n. 10‑11, 1980, 404 p. [La presentación
de Butera en las pp. 9‑49].
BUTERA, Federico: "Impresa rete e automazione", ponencia presentada al
Congreso Internacional "Las pequeñas empresas en el contexto europeo.
¿Neofordismo o especialización flexible?", Alicante, 20-23 de febrero de
1990.
CAPECCHI, Vittorio: "La economía sumergida en Italia. Investigación en
una región caracterizada por la existencia de la pequeña empresa", in
Sociología del Trabajo, primera época, n. 9, 1983, pp. 35-64.
CAPIELLO, María Agata: "Propuesta de bibliografía razonada sobre la
economía sumergida en la industria (Italia, 1970-1982)", in Revista
Española de Investigaciones Sociológicas, n. 38, 1987, pp. 219-237
[Original italiano de 1982].
CASTILLO, Juan José: La división del trabajo entre empresas. Las
condiciones de trabajo en los sectores de la electrónica y del mueble de
madera en la Comunidad de Madrid, Madrid, Ministerio de Trabajo y S.S.,
l989, 168 p.
CASTILLO, Juan José: "Diseño del trabajo y cualificación de los
trabajadores: en una fábrica de motores", incluido en J.J. CASTILLO
(ed.): La automación y el futuro del trabajo, Madrid, Ministerio de
Trabajo y S.S., 1991 [Segunda edición], pp. 261-332.
CASTILLO, Juan José: El trabajo del sociólogo, Madrid, Editorial
Complutense, 1994, 420 p.
CASTILLO, Juan José: Sociología del Trabajo. Un proyecto docente,
Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas-Siglo XXI, 1996, 208 p.
CASTILLO, Juan José: "A la búsqueda del trabajo perdido. Y de una
sociología capaz de encontrarlo...", Estudios Sociológicos (México),
vol. XV, n. 44, mayo-agosto 1997
CASTILLO, Santiago (ed.): El trabajo a través de la historia, Madrid,
Asociación de Historia Social-Centro de Estudios Históricos de UGT,
1996, 577 p.
CHINOY, Ely: La sociedad. Una introducción a la sociología, México, FCE,
1969 [Edición original U.S.A.: 1961; traducción y primera edición en
español, 1966], 423 p.
CORIAT, Benjamin: L'atelier et le chronomètre. Essai sur le taylorisme,
le fordisme et la produccion de masse, París, Christian Bourgeois
Editeur, 1979, 299 p. [En castellano, Madrid, Siglo XXI].
COSTER, Michel De; PICHAULT, François (eds.): Traité de Sociologie du
Travail, Bruselas, De Boeck, 1994, 551 p. [Préface d' Alain Touraine].
DANIELLOU, François (dir.): L'ergonomie en quête de ses principes.
Débats épistemologiques, Toulouse, Octarès Éditions, 1996, 242 p.
ERBES-SEGUIN, Sabine: Le travail dans la société. Bilan de la sociologie
du travail. Tome 2. Grenoble, Presses Universitaires de G., 1988, 187 p.
ERBÈS-SÉGUIN, Sabine (dir.): L'emploi: dissonances et défis. Sociologues
et économistes en débat, París, Éditions L'Harmattan, 1995, 327 p.
FERRAROTTI, Franco: Hombres y máquinas en la sociedad industrial,
Barcelona, Editorial Labor, 1976, 180 p.
FRIEDMANN, Georges; NAVILLE, Pierre (dirs.): Tratado de Sociología del
trabajo, México, F.C.E., 1963, 2 tomos [Edición francesa: 1961].
GARZA, Enrique de la: "El papel del concepto de trabajo en la teoría
social del siglo XX", texto fotocopiado, 1996, 27 p.
GITAHY, Leda; FISCHER, Rosa María: "Produzindo a flexibilidade: algumas
reflexöes sobre as aventuras e desventuras da gerência pós-moderna",
ponencia presentada al II Congreso Latinoamericano de Sociología del
Trabajo, Sâo Paulo, Brasil, 1-5 de diciembre de 1996,29 p.
GRINT, Keith: The sociology of work: an introduction, Oxford, Polity
Press, 1991, XV+358 p.
HELLER, Frank: "The impact of technology on the social meaning of work",
Ponencia presentada al "Workshop" sobre "Changing work structures and
work meanings in the context of new technologies", Bad Homburg, 18-20
abril 1985, 22 p.
HODSON, Randy: "Worker resistance: an underdeveloped concept in the
Sociology of Work", en Economic and Industrial Democracy, vol. 16, n. 1,
febrero 1995, pp. 79-110.
HODSON, Randy; SULLIVAN, Teresa A.: The social organization of work,
Belmont, CA., Wadsworth Publishing Co., 1995 (Segunda Edición), 514 p.
HUGHES, Everett Cherrington: Men and their work, Londres, [etc.], The
Free Press of Glencoe-Collier Macmillan, 1964 [Primera edición, 1958],
184 p.
HYMAN, Richard: "La théorie des relations industrielles: une analyse
matérialiste", in Sociologie du travail, n. 4, 1979, pp. 418-438.
ISE (Institut Syndical Européen): Nouvelles formes d'organisation du
travail: les expériences en Europe Occidentale, Bruselas, ISE, 1981, 326
p.
JARDILLIER, Pierre: L'avenir de la psychologie industrielle, París,
P.U.F., 1961, 139 p.
LAJOINIE, Guy: "Sociologie du travail: vers de nouvelles frontières", in
Une nouuvelle civilisation?. Hommage à Georges Friedmann, París,
Gallimard, 1973, pp. 197-220.
LEPLAT, Jacques: "L'analyse psychologique du travail: quelques jalons
historiques", in Le Travail Humain, tomo 56, n. 2-3, 1993, pp. 115-131.
LICHTNER, Maurizio (a cura di): L'Organizzazione del lavoro in Italia,
Roma, Editori Riuniti, 1975, 306 p.
MARAVALL, José Antonio: "Dos términos de la vida económica: la evolución
de os vocablos 'industria' y 'fábrica'", en J.A. Maravall: Estudios de
la historia del pensamiento español (siglo XVIII, Barcelona, Mondadori,
1991, pp. 139-161.
MAURICE, Marc: "Le déterminisme tecnologique dans la sociologie du
travail (1955:1980). Un changement de paradigme?", in Sociologie du
Travail, n. 1, 1980, pp. 22-37.
NAROTZKY, Susana: Mujer, mujeres, género. Una aproximación crítica al
estudio de las mujeres en las ciencias sociales, Madrid, CSIC [Consejo
Superior de Investigaciones Científicas], 1995, 197 p.
PAHL, R.E.: Divisiones del trabajo, Madrid, Ministerio de Trabajo y
S.S., 1988 [Edición original, 1984].
PÉREZ SÁINZ, Juan Pablo: De la finca a la maquila. Modernización
capitalista y trabajo en Centroamérica, San José, Flacso-Programa Costa
Rica, 1996,252 p.
PÉREZ SÁINZ, Juan Pablo: "Economía comunitaria y capital social. La cara
oculta de la globalización en Centroamérica", en Estudios Sociológicos,
México, vol. XIV, n. 41, 1996, pp. 453-472.
PIZZORNO, A.; REYNERI, E.; REGINI, M.; REGALIA, I.: Lotte operaie e
sindacato: il ciclo 1968-1972 in Italia, Bolonia, Il Mulino, 1978, 304
p.
PRIDA ROMERO, Bernardo: La organización del trabajo: análisis crítico de
la evolución histórica, la situación actual y las perspectivas para el
futuro, Madrid, ETS Ingenieros Industriales, Tesis Doctoral, 1982, 295
p. (fotocopiado).
PRIES, Ludger: La reestructuración productiva como modernización
reflexiva. Análisis empírico y reflexiones teóricas sobre 'la sociedad
de riesgo', México, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 1995,
234 p.
PRIES, Ludger: "Conceptos de trabajo, mercados de trabajo y 'proyectos
biográfico-laborales' [en Puebla, México]", Texto no publicado, [1995],
42 p.
PRIES, Ludger: "Trabajo y trabajadores por cuenta propia:¿marginalizados
de la teoría sociológica del mercado de trabajo y de los movimientos
sociales", Ponencia presentada en el Segundo Congreso Latinoamericano de
Sociología del Trabajo, Aguas de Lindoia, Brasil, 1-5 de diciembre de
1996, 28 p.
RIFKIN, Jeremy: El fin del trabajo. El declive de la fuerza de trabajo
global y el nacimiento de la era posmercado, Barcelona, Paidós, 1996,
399 p.
ROJAS, Eduardo y PROIETTI, Ana: "La Sociología del Trabajo en América
Latina: una crítica al paradigma politicista", en M. Panaia (comp.):
Trabajo y empleo. Un abordaje interdisciplinario, Buenos Aires,
Eudeba-PAITE, 1996, pp. 383-413.
ROSE, Michael: Servants of post-industrial society. Sociologie du
Travail in Modern France, Londres [etc.], MacMillan, 1979, 226 p.
ROZZI, Renato A.: Psicologi e operai. Soggettività e lavoro
nell'industria italiana, Milan, Feltrinelli, 1981 [Quinta edición, la
primera es de 1975], 246 p.
SMITH, J.H.: "New ways in Industrial Sociology", in The British Journal
of Sociology, vol. X, n. 3, septiembre 1959, pp. 244-252.
SMITH, J.H.: Les sciences sociales dans l'enseignement supèrieur.
Sociologie industrielle, [Préface de J.D. Reynaud], París, UNESCO, 1961,
140 p.
SPYROPOULOS, Georges: "Condiciones de trabajo, productividad y selección
de tecnología", in MINISTERIO DE ECONOMIA: Seminario sobre productividad
y política de empleo, noviembre 1976, Madrid, Ministerio de Economía,
1980, pp. 295-309.
TOURAINE, Alain: "Ambigüités de la Sociologie Industrielle Américaine",
in Cahiers Internationaux de Sociologie, vol. XII, 1952, pp. 131-146.
TOURAINE, Alain: La conscience ouvrière, París, Éditions du Seuil, 1966,
397 p.
TOURAINE, A.; DURAND, C.; PECAUD, D.; WILLENER, A.: Los trabajadores y
la evolución técnica, Barcelona, Editorial Nova Terra, 1970.
VALDÉS PIZZINI, Manuel: "Etnología crítica del trabajo en las pesquerías
de Puerto Rico y el Caribe insular", en Caribbean Studies, tomo 23, n.
1-2, 1990, pp. 61-82.
VOLVO-KALMAR (Dossier): "Volvo-Kalmar: bilan nuancé d'une expérience
pilote", in Intersocial, n. 22, diciembre 1976, pp. 3-12.
ZAPATA, Francisco: "Hacia una Sociología del Trabajo latinoamericana",
en Nueva Antropología, vol. 8, n. 29, abril 1986, pp.2-27.
_________________________
Autor. Juan José Castillo
Universidad Complutense de Madrid
jjcastillo@cps.ucm.es
Aportado por: Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo,
la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas.
http://www.geocities.com/trabajoysociedad/
Trabajo y Sociedad pretende constituirse en un espacio de las ciencias
sociales para la publicación de artículos y textos sobre los problemas
del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, particularmente los
referidos al estudio de las articulaciones del mundo laboral con la
estructura social, el sistema productivo y las prácticas culturales y
políticas. Esta revista electrónica es publicada por el Programa de
Investigaciones sobre Trabajo y Sociedad (PROIT) de la Maestría en
Estudios Sociales para América Latina de la Universidad Nacional de
Santiago del Estero (UNSE) en Argentina. Sus integrantes son académicos
que realizan sus tareas en vinculación con la UNSE y con el Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). El
Programa es financiado por el Consejo de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CICYT-UNSE) y participa de las actividades de la Asociación
Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (ASET) y de la Latin
American Studies Association (LASA).
[1][1] Hemos recogido aquí, adaptado y resumido para la ocasión, una
parte de los materiales que componen nuestro libro Sociología del
Trabajo: un proyecto docente, Madrid, Centro de Investigaciones
Sociológicas-Siglo XXI, 1996. Remitimos al lector interesado a la
bibliografía más completa y detallada allí recogida.
[2][2] Veáse el número especial del American Journal of Sociology, vol.
LIV, n. 4, enero de 1949, presentación editorial, "Industrial
Sociology".
[3][3]Touraine, 1952, p.141.
[4][4] Algo así se 'descubre' en un reciente Tratado de Sociología del
Trabajo. De Coster, in De Coster y Pichaut,1994, p.11: "La distinction,
parfois opérée entre sociologie du travail et sociologie industrielle,
procède fondamentalement d'une ambigüité de traduction". Veáse el
excelente análisis de los orígenes de estos vocablos, 'industria' y
fábrica', en Maravall, 1991.
[5][5] Veáse Men and their work, del mismo Hughes,1958.
[6][6] "Sociologists invade the plant", es el título de un artículo de
Business Week, 21 de marzo de 1959, citado por E.Chinoy, 1969, p.396.
[7][7] Baritz, 1960. El título marcará otras "sociologías de la
sociología del trabajo", como en el caso de M. Rose, con Servants of
post-industrial society..., sobre Francia; y también su contenido, como
en el caso de Rozzi, 1975, para Italia.
[8][8] Quien defiende este argumento es Allen, 1959. La siguiente cita
en el texto, en p. 191. Una "sociology of labour", de los trabajadores,
de las "actividades individuales y colectivas de trabajo", cuya
institución central son los sindicatos, se opone a la Sociología
Industrial, tout court, por estar ésta "empresarialmente orientada",
pero también por su precariedad teórica y su practicismo.
[9][9] Smith, 1959, p. 252.
[10][10] Quizá quien mejor detalle estos comienzos sea Lajoinie, 1973,
"Sociologie du travail: vers de nouvelles frontières", en el Hommage a
Friedmann.
[11][11] Lo primero es de Touraine, 1962, nota crítica sobre el libro de
Pierre Naville, L'automation et le travail humain, en Sociologie du
Travail, 3, 1962, p.291. L'avenir de la psychologie industrielle, es un
libro de Pierre Jardillier,1961.
[12][12] J.H. Smith, 1961.
[13][13] Veáse Friedmann y Naville, 1963 [1961].
[14][14] A. Touraine, 1962, "Bilan...", p.279.
[15][15] Georges Friedmann, Tratado..., Vol. I, p. 28. La SNCF son los
ferrocarriles franceses.
[16][16] G. Friedmann y P. Naville,Prólogo al Tratado..., 1963, tomo I,
p. 7.
[17][17] Comité de Rédaction de Sociologie du Travail,
"Liminaire"[Editorial], en Sociologie du Travail, 4, 1966, p. 337.
[18][18] Veáse Federico Butera, 1979, "Le ricerche non
disciplinarie..."; los textos de Ferrarotti en Alberoni, [1966], 1971.
[19][19] Le Travail Humain fue creado en 1933. En el número 1 de 1984,
al cumplirse 50 años, se reproduce el editorial del primer número, junto
con un balance de Ph. Resche-Rigon, "Histoire d'une revue: évolution
d'une discipline", pp.5-17.
[20][20] Quizá la mejor presentación de las "fases", esté en A.
Touraine, La conscience ouvrière, 1966, pp. 46-51 y 305-356. De 1963 es
la primera edición de La nouvelle classe ourvrière de Serge Mallet.
[21][21] S. Barkin, prólogo a A. Touraine y otros,[1965], 1970, p. 9.
[22][22] Marc Maurice,1980, texto citado en nota anterior. La referencia
es del "Liminaire" de la misma revista, que ya mencionamos, de 1966.
[23][23] Pizzorno y otros, 1978; Sociologie du Travail, n.4, 1974, "Le
taylorisme en question".
[24][24] Lichtner, 1975, L'organizzazione..., pp. 35 y 36.
[25][25] Michel Aglietta,1976. Su mención de esos puntos centrales en el
análisis del proceso de trabajo, en pp. 91-93.
[26][26] Hyman, 1979, p.428 y 429.
[27][27] M. Aglietta, 1981, p.66.
[28][28] Claude Durand: "Avant propos" a 'L'enjeu de la
rationalisation', número monográfico de Sociologie du Travail,1,1979,
p.3.
[29][29] El primer entrecomillado es de Accornero,1979,p.782. El segundo
es de la propia empresa, Volvo-Kalmar, 1976, p. 3.
[30][30] Spyropoulos, 1980, p.295.
[31][31] Veáse ISE, 1981, p. 36, para los entrecomillados, y pp.40-52
para los casos y declaraciones.
[32][32] Así la repite Coriat, 1976, p 212, por ejemplo.
[33][33] Veáse el trabajo del ingeniero industrial Bernardo Prida, 1982,
pp. 80 y ss.
[34][34] Instituto Internacional de Estudios Laborales: "El programa 'La
nueva organización industrial'. Actividades en materia de investigación
comparativa y elaboración de políticas", en Sociología del Trabajo,
n.e., número 5, invierno 1988-89, pp.135-148.
[35][35] Accornero, 1980. Y una primera aproximación a esta vinculación
producción-mercado en nuestro "Diseño del trabajo...", incluido en
Castillo,ed., La automación..., 1991, pp.264-265, especialmente.
[36][36] Capecchi, 1983,p. 51.
[37][37] Veáse "Redes y regiones", monográfico de la Revista
Latinoamericana de Sociología del Trabajo, n. 3, 1996.
(38) Sobre la 'empresa-red', veáse Butera, 1990.
[39][39] Para el periodo 1970-1982, veáse Capiello, 1988 [pero escrito
en 1982].
[40][40] Veáse nuestro trabajo "Distritos y detritos industriales...",
incluido en El trabajo del sociólogo, 1994.
[41][41] Veáse Castillo, 1989. Y nuestro reciente, "A la búsqueda del
trabajo perdido", 1995.
[42][42] Luciano Gallino, 1989, p. 129 y 131.
[43][43] F. Heller, 1985, p. 2, apartado "Conceptual prisons".
[44][44] Vease el capítulo 5 de Divisiones del trabajo, de Ray Pahl,
"Nuevas formas de enfocar el trabajo", [1984]. Y nuestro "¿A dónde va la
Sociología del Trabajo?", incluido como capítulo 20 de El trabajo del
sociólogo, Madrid, 1994, pp.393-427.
[45][45] J. Delors, prefacio a Échanges et Projets, 1980, La révolution
du temps choisi,p. 21.
[46][46] J. Leplat, 1993, pp. 128 y 117,esta última en el apartado "Le
travail, objet d'analyse", pp. 116-118.
[47][47] Veáse Pries, 1995.
[48][48] Veáse Richard Brown, quien firma el Editorial del nº 1, marzo
de 1987, de Work, Employment and Society, pp. 1-6.
[49][49] R. Brown, 1992, p. 240. Veáse, igualmente, el manual de Grint,
1991, cuyo capítulo primero, what is work?, ocupa las pp.7-47. Compárese
este punto de partida, asumido por las mejores tradiciones de
investigación, con el que fuera el punto de partida de Marx (El Capital,
libro I,Edición FCE, y traducción de Wenceslao Roces, p.136 y 130): "El
proceso de trabajo, tal y como lo hemos estudiado, es decir, fijándonos
en sus elementos simples y abstractos, es la actividad racional
encaminada a la producción de valores de uso"; "el trabajo es, en primer
término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste
realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de
materias con la naturaleza".
[50][50] Erbès-Seguin, 1988, p. 6; ver también p. 174. Y su reciente,
L'emploi: dissonances et défis, 1994.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Universidad Complutense de Madrid
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |