Desarrollo del trabajo.
Si la vieja imagen de las pautas de desigualdad era la de estratos
geológicos con una capa superpuesta a otra, con una "falla estructural"
entre la clase obrera y la clase media, la nueva imagen es más bien un
mosaico, en el cual los colores reaparecen en lugares diferentes.
En este nuevo contexto las estadísticas nacionales acostumbran ser
positivamente erróneas, porque suprimen variaciones reales a favor de
una uniformidad irreal. Estudios detallados basados en mercados locales
de trabajo, que muestren la distribución de las formas de trabajo e
indiquen los procesos económicos y sociales subyacentes, nos ayudarán a
fomentar nuestra comprensión del mosaico.
Ray E Pahl, Divisions in Western Capitalism and State Socialism, Georg
Allen, 1989.
Índice.
INTRODUCCIÓN
1. IMPLICANCIAS CONCEPTUALES DEL TRABAJO Y LA ESTRATIFICACIÓN
2. IMÁGENES SOBRE LAS CLASES SOCIALES EN SANTIAGO DEL ESTERO
3. LOS ESTRATOS SOCIO OCUPACIONALES
4. BALANCE Y PERSPECTIVAS
BIBLIOGRAFÍA
__________
INTRODUCCIÓN
En este artículo se consideran algunas de las manifestaciones
características del trabajo o, más precisamente, de las relaciones de
trabajo, en la conformación de la estructura social. Las articulaciones
entre la matriz ocupacional y el sistema de posiciones sociales son
examinadas de dos maneras: a través de un ejercicio descriptivo de las
clases sociales, y por medio del análisis de los estratos socio
ocupacionales.
Sobre las clases no se realiza un abordaje cuantitativo, sino que se
esboza un conjunto de imágenes basadas en su fisonomía laboral, en la
apreciación y valoración social de ciertas actividades y ocupaciones, en
sus procesos de constitución histórica, y en la ponderación de aspectos
de sus comportamientos socio culturales y políticos.
En cambio, los estratos ocupacionales son considerados en base a datos
provenientes de fuentes estadísticas, entre los cuales posee particular
relevancia los referidos a la "condición socio ocupacional" (CSO), que
es estudiada a partir de un indicador compuesto(1) que constituye un
intento de operacionalización del concepto teórico de clase social.
El estudio se realiza sobre la provincia de Santiago del Estero, situada
en el noroeste de Argentina, y que es una jurisdicción sobre la que se
manifiestan numerosas evidencias de un marcado rezago social y
productivo(2).
1. IMPLICANCIAS CONCEPTUALES DEL TRABAJO Y LA ESTRATIFICACIÓN
Clases sociales, grupos de status y trabajo
Las relaciones sociales que se establecen a partir del trabajo han sido
utilizadas como concepto estructurante del sistema social en distintas
formulaciones teóricas y reconstrucciones empíricas, ya sea desempeñando
una función clave como en el modelo marxista o dotándolas de una
significación relevante en otros desarrollos sociológicos, económicos y
antropológicos.
La "situación de trabajo"(3) es un espacio de significación inclusivo,
ya que convergen en él diversas dimensiones de la personalidad y de la
acción social (dimensiones demográficas, económicas, políticas, socio
culturales): resulta claro que el trabajo "implica la persona entera"(4)
(Castillo, 1997, pág. 410).
El trabajo define la posición social y el ingreso de las personas, y
confiere legitimidad social. Trabajar es también un derecho esencial,
pues es la condición para la posibilidad de ejercicio de otros derechos
sociales, económicos y políticos, y no trabajar -no conseguir trabajo o
haberlo perdido- no sólo priva a la persona de ingresos, sino también de
roles individuales básicos, de pertenencia colectiva y legitimación
(Díaz, 1995, pág. 85).
El empleo es el supuesto sociológico de las relaciones de trabajo, del
derecho laboral y del salario; el empleo en tanto "situación social" en
el esfuerzo colectivo determina la "posición" relativa en la estructura
social. La dimensión posicional del actor en el sistema es el "status" y
la dimensión procesual de relación es el "rol". La economía analiza el
empleo como un rol¸ el de proveer de un factor en el proceso productivo:
los roles en tanto función de prestación tienden a la disponibilidad y
requieren flexibilidad, en cambio, el status en tanto función de
situación tiende a la institucionalidad y requiere estabilidad(5)
(Ibid., pág. 86)
La forma dominante de estratificación que se encuentra en las sociedades capitalistas se interpreta "como un entrecruzamiento de diferenciación de clases y de status, con predominio de la clase social" (Watson, 1995, pág. 145). La posición de clase de un individuo depende del papel que desempeña en las divisiones del trabajo de una sociedad y lo que ello implica en el acceso que tiene a experiencias, bienes y servicios que son escasos en esa sociedad. Weber afirma que una clase se constituye cuando un conjunto de actores comparten "oportunidades de vida" en el mercado, considerando a dichas oportunidades como la capacidad de acceder a bienes y servicios limitados y valiosos, y estimando que esa capacidad se deriva de la cantidad y tipo de poder, o falta de él, para disponer bienes y habilidades que generen ingresos(6) (Ibid., págs. 160-162).
Además de la manifestación objetiva de la desigualdad social encarnada
en las clases, Weber señalaba componentes subjetivos de la
jerarquización social en términos de prestigio o status; las posiciones
de clase y status suelen coincidir, pero no se trata de una
correspondencia sistemática, ni necesariamente natural.
Al respecto, como ha sido advertido por Nisbet (1977) en su reputado
análisis sobre la constitución de la tradición sociológica, una de las
"ideas-elementos" básicos de la sociología es, junto a las típicas
distinciones de comunidad-sociedad, autoridad-poder, sacro-secular y
alienación-progreso, la de "status-clase", o, más bien, status versus
clases, que es decir la perspectiva de Weber (y Tocqueville) versus la
perspectiva de Marx. De todos modos, parece existir suficiente consenso
en la actualidad sobre la fecundidad analítica de ambos enfoques, con la
especificación de que: i) el análisis en términos de status deposita el
énfasis en las "continuidades" del orden social, en las jerarquías de
los grupos de status, ii) en tanto que el enfoque de las clases resalta
las "discontinuidades" del sistema social, y ya no las jerarquías sino
las "discontinuidades", los quiebres en la sociedad.
Estratos socio ocupacionales
La diferenciación social que generan distintas situaciones de trabajo pueden ser examinadas no sólo en términos de clases y de grupos de status, sino, también, mediante estimaciones empíricas de la conformación de los estratos socio ocupacionales. En esta perspectiva se desarrollaron, entre otros, los trabajos de Germani (1954 y 1960) y diversos aportes de la CEPAL, desde los análisis de Filgueira y Gemeletti (1981) hasta los más recientes de Baño (1993).
En Argentina, resulta reveladora y exhaustiva la contribución de Torrado (1992), quien advierte que en su análisis del país, caracterizado por la articulación del modo de capitalista de producción con formas de producción mercantil simple, la noción de clases sociales es usada como sinónimo de estructura social. En virtud de la significación del aporte de Torrado, en los siguientes párrafos se presenta algunas de la especificaciones básicas que realiza en su obra (particularmente, págs. 23-29).
El contenido de la definición de "clase social" está condicionado al
nivel en que se sitúe la conceptualización: puede ser en el más
abstracto de "modo de producción" o en el más concreto de "formación
social"; pero en ambos niveles la definición deberá tomar en cuenta los
condicionamientos estructurales -las prácticas económicas- y los
superestructurales -las prácticas políticas, jurídicas e
ideológicas-(7).
El conjunto de los individuos portadores de los procesos sociales define
a los agentes sociales, y la distribución de ellos según sus prácticas
económicas constituye el objeto de análisis de la estructura de clases
sociales, que remite al estudio de la "división social del trabajo". La
división social considera las "posiciones" sociales que determinan las
prácticas sociales y, sobre todo, las "relaciones de producción"
vigentes. Estas proporcionan un criterio para discriminar agregados de
agentes sociales que ocupan una posición semejante -i.e. las clases
sociales- Estos agregados se subdividen en "fracciones de clases"
-diferenciación horizontal- y en "capas sociales" -diferencias
verticales-.
Para que la reconstrucción empírica del sistema de posiciones sociales no sea cuestionada como una mera reificación de categorías estadísticas en grupos sociales, la autora juzga necesario advertir que su análisis no hace referencia a posiciones de clase en general, sino a posiciones sociales en la población económicamente activa (PEA), no tanto de trabajadores individuales sino de familias, es decir en unidades en las que se da el proceso de reproducción cotidiana e intergeneracional de la fuerza de trabajo. De todos modos, define a las clases sociales como subconjuntos de agentes que ocupan una posición social análoga en el proceso de producción económica (ibid., pág. 35), y señala que el concepto de clases se operacionaliza a través de la variable "condición socio ocupacional", que es utilizada también en otros estudios (CFI, 1988 y 1989), y que se elabora a partir de la convergencia de las siguientes dimensiones: condición de actividad, grupo de ocupación, categoría ocupacional, rama de actividad y sector productivo; la jerarquía -distinción entre capas- se realiza a partir del tamaño del establecimiento y del nivel de calificación(8)
2. IMÁGENES SOBRE LAS CLASES SOCIALES EN SANTIAGO DEL ESTERO
Las sociedades provinciales o regionales no suelen necesariamente constituir una reproducción a pequeña escala de la sociedad nacional en la que se hallan insertas. Particularidades intrínsecas de diversa naturaleza -condicionantes históricos, sociales yy productivos, pero también físicos y ecológicos- muchas veces impiden que sea posible encontrar en los marcos provinciales algunas de las dimensiones institucionales de la realidad social y ciertas configuraciones materiales y simbólicas que poseen vigencia en el nivel nacional.
Pero aun con estas salvedades, se puede admitir que existen determinados procesos que están lo suficientemente generalizados y difundidos en la vida societal como para que resulte posible encontrar sus manifestaciones en configuraciones sociales con muy diversos grados de desarrollo. Uno de esos procesos es la dinámica de la diferenciación, -los mecanismos operantes en la asignación de posiciones sociales-, cuyos resultados son, siempre, la conformación de un sistema de jerarquías, usualmente denominado sistema de estratificación.
En la tradición sociológica latinoamericana los estudios sobre estratificación social han adquirido una envergadura, sino tanto empírica, por lo menos teórica, destacable. Baste con recordar que quienes a menudo son considerados como los padres fundadores de la moderna disciplina, -Gino Germani, José Medina Echavarría y Florestán Fernándes- dedicaron a la cuestión una parte sustantiva de sus obras, y algunas de sus conceptualizaciones hoy se encuentran incorporadas al instrumental analítico básico de los científicos sociales de la región. Es lo que acontece, entre otras, con nociones como las referidas a la "permeabilidad y flexibilidad distorsionadora de las elites" (Medina), a los "no poseedores excluidos del sistema de clases" (Fernandes) o a la clasificación cuatripartita de clases altas, medias, bajas estructuradas y no estructuradas, y a la conceptualización sobre las "oligarquías modernizadoras" (Germani)(9).
En Argentina, signada por los aportes de Germani, se pueden mencionar, a título ilustrativo, una diversidad de enfoques, ya sea sociológicos, como los de José Luis de Imaz (1962 y 1966), Jorge Graciarena (1967) y Juan Carlos Agulla (1975); socio demográficos como los de Susana Torrado (1992); socio históricos como diversos trabajos de Sergio Bagú (1961), Waldo Ansaldi (1985) y Ricardo Rodríguez Molas (1988); de una vertiente más abierta como los de Juan José Sebrelli (1963); o una constelación de emprendimientos históricos y ensayísticos, algunos de ellos referidos a elites regionales, como los de Gregorio Caro Figueroa (1972). Un caso de estudio sobre una sociedad provincial, Santa Fe, es el realizado por Amadasi y Rosas (1987).
El sistema de estratificación de Santiago del Estero es,
simultáneamente, semejante y diverso del modelo genérico imperante en la
Argentina. Las semejanzas se concentran, sobre todo, en la significación
cuantitativa de los sectores medios, lo que a menudo se señala como un
matiz distintivo del país con respecto a otras sociedades
latinoamericanas(10); en tanto que las diferencias se localizan en la
magnitud, composición y diferencias en la significación de los estratos
altos, y en los orígenes y bases socio ocupacionales de las capas
medias. En cuanto a los sectores populares santiagueños lo primero que
se puede postular es que en su conformación adoptan una pauta más
latinoamericana que argentina, con claro predominio campesino en el
medio rural, y de trabajadores informales y precarios en la ciudad(11).
Los sectores altos
A pesar de ser Santiago del Estero una jurisdicción en la que el peso
económico se deposita en lo agropecuario y el énfasis social en lo
tradicional, no se advierte en los sectores altos la presencia de una
fracción de clase que de alguna manera posea los rasgos típicos de esa
suerte de aristocracia hispanoamericana, cuyas notas emblemáticas han
sido indicadas por Bourricaud (1969), y que aún se la encuentra, no sólo
en la mayoría de los países de la región sino, nítidamente, en otras
jurisdicciones argentinas tradicionales con predominio agrario: en casi
todo el NOA -paradigmáticamente en Salta-, y también, por ejemplo, en
Corrientes. La falta o exigüidad de esa fracción en una provincia como
el Chaco, similar a Santiago en términos geológicos y productivos(12),
podría ser explicada, quizás, por el hecho de que siendo el área
chaqueña una zona de poblamiento relativamente reciente, no ha
transcurrido el tiempo suficiente para que opere en ella una de las
dimensiones de validación esenciales de la aristocracia, esto es, la
"maduración" histórica.
Cabría preguntarse entonces, por las razones de la deslegitimación de
los estratos altos tradicionales santiagueños, que al menos hasta
principios del presente siglo, la época del gobernador conservador
Antenor Alvarez, parecían estar dotadas de predicamento social y
político.
Dos atributos se asocian a la fuente de legitimación de los estratos
altos tradicionales: el poder y el prestigio. Sólo en instancias muy
particulares -aunque decisivos para la conformación y consolidación del
estrato- ambos son totalmente coetáneos; en realidad, en la instancias
del capitalismo tardío suelen poseer cierta secuencialidad. Pero nunca
la falta de una de las dimensiones puede ser totalmente suplida por la
otra. La mera posesión de poder es expresiva no de la aristocracia sino
de la "burguesía", en el caso del poder económico, o de los "grupos
hegemónicos", en el caso del poder político. Y la pérdida de poder, si
bien durante un tiempo puede ser reemplazada por la fuerza del prestigio
mientras la clase se recompone y reconvierte hasta volver a adquirir
poder -que fue lo que aconteció con la oligaarquía pampeana entre 1930 y
1940-, si se prolonga demasiado termina erosionando la legitimidad de
esa clase.
A las notas anteriores, válidas para estudiar el funcionamiento de los
sectores altos en diversos contextos y especialmente en el nivel
nacional, habría que añadir un componente de particular relevancia para
la constitución y perduración de esos mismos sectores en Argentina en el
nivel provincial: el poder de interlocución. Esencialmente, se trata de
la interlocución "en nombre de la provincia" ante las instancias del
poder nacional, y que se constituye en una instancia de representación
que le es reconocida por el conjunto de los sectores sociales(13). Se
podría decir que, en las sociedades provinciales, la interlocución sería
el contenido de rol, el desempeño exigido a la posición de poder
socialmente asignada a los estratos altos tradicionales.
¿Y cuándo y en virtud de qué proceso agotaron su legitimidad los estratos altos tradicionales santiagueños? Básicamente, el eclipse de la aristocracia santiagueña -como aconteció con la mayoría, aunque no con todas, las aristocracias tradicionales- se vincula con la modernización del país. Demasiadas veces han sido mencionados los efectos de los cambios que acontecieron en la Argentina a partir de 1880 como para que se vuelva a insistir sobre ellos; tan sólo recordemos que, cuando en virtud de la división internacional del trabajo, el país se incorpora al sistema de comercio mundial como región económica complementaria productora de materias primas, toda la estructura productiva puesta en tensión con el fin de servir a la producción de alimentos para los trabajadores europeos, ocasiona la ruptura de los equilibrios interregionales preexistentes y la marginación de aquellas zonas -como Santiago - que no aportaban al nuevo esquema ecconómico que se había constituido. Al no poseer la producción agraria santiagueña inserción en ese nuevo modelo pierde dinamismo económico, y su crisis resiente el patrimonio material y la dotación simbólica de los sectores sociales a ella vinculada.
El impacto de la nueva situación -un ajuste de consecuencias y de significación mucho mayor que el que se vive en la actualidad -significó el colapso de toda una estructura agraria tradicional que por diversos motivos (climáticos, edafológicos, pero, también, socio políticos) no fue capaz de encontrar alternativas de inclusión en la nueva situación. Otras economías y sociedades tradicionales como Santiago, sin embargo, lograron adecuarse a las nuevas circunstancias, y al principio subsistieron y luego se desarrollaron en actividades vinculadas, sobre todo, a necesidades del mercado interno; comandaron ese proceso elites preexistentes como la tucumana (azúcar), cuyana (viñedos) y aun pertinazmente tradicionales, como la correntina.
Las clases altas tradicionales santiagueñas, en cambio, no pudieron o no supieron encontrar su inserción y colapsaron económica y socialmente: esto hizo que perdieran su poder de interlocución, es decir, de representantes sociopolíticos del conjunto de la sociedad provincial frente a los poderes centrales. Así, de la cúspide del sistema de jerarquías sociales fueron desplazadas y reemplazadas sucesivamente por sectores vinculados a la actividad forestal, a actividades financieras y de intermediación, y, en años más recientes, por una alianza de sectores políticos y contratistas del estado. La aristocracia vernácula abandonó o resignó un espacio de poder que fue -y es- ocupado por una constelación de elites cambiantes.
Al margen de las limitaciones subjetivas que puedan haber tenido los
sectores altos tradicionales santiagueños, limitaciones que se
manifestaron como queda señalado hacia 1880, existieron restricciones de
naturaleza agroecológica, resaltadas por Forni (1992), que signaron la
marginación de la estructura económica provincial.
Finalmente, una nota acerca de la diferenciación y "visibilidad" de los
estratos sociales. El área urbana de Santiago del Estero comprende una
superficie considerable y una población de 300.000 habitantes, sin
embargo no se advierte la existencia de estratos residenciales
claramente diferenciados, entre los cuales resulte notoria una zona
característica de concentración de viviendas y servicios típicos de los
estratos más acomodados. No hay, estrictamente hablando, ni "barrios
caros"(14), ni un segmento de arquitectura señorial, sino, más bien,
relativa exigüidad de viviendas de lujo e imbricamiento de las pocas
existentes en muchos barrios de la ciudad: podría llegar a decirse, como
juicio de categorización social que muchas veces ha sido pronunciado,
que en Santiago "está todo mezclado". Y algo de razón habría en dicho
juicio, en la medida que la sociedad santiagueña es, al mismo tiempo,
desigual y homogénea: hay distancias sociales, pero, también, difusión
de similitudes en restricciones, sobre todo, económicas(15). El ingreso
per cápita en Santiago del Estero, al menos desde 1960 hasta la
actualidad, se sitúa normalmente en un tercio del promedio nacional (en
1997 alrededor de 7.800 dólares para el país, y cerca de 2.400 para la
provincia), pero si se considera la distribución del ingreso de la
población urbana ocupada(16) y se toma en cuenta los dos deciles
correspondientes a los mayores perceptores, se observa que la proporción
de los ingresos de las familias mas ricas de la provincia ya no equivale
a un tercio, sino un quinto de los ingresos de las mismas familias de,
por ejemplo, Córdoba, Mendoza o el Gran Buenos Aires.
La conclusión provisional sería, entonces, que en Santiago del Estero, un área insuficientemente desarrollada de la Argentina, existirían diferencias sociales, pero que ellas no resultarían tan "visibles" -en términos, sobre todo, residenciales y edilicios, pero también de ingresos- a diferencia de lo que acontece en jurisdicciones más desarrolladas del país. Quizás una parte de la explicación de este fenómeno resulte posible entenderla a partir de la formulación de Kuznets (1971) acerca de las vinculaciones entre la evolución de la desigualdad social y el desarrollo económico, que grafica bajo la forma de una curva en "U" invertida. Según esta concepción, la diferenciación social se incrementa en las primeras fases del desarrollo, como si ascendiera por la pata izquierda de la "U" invertida. Luego tiende a nivelarse en el "lomo" de la "U" invertida, y finalmente, cuando el crecimiento ha alcanzado plena madurez, desciende por la segunda pata hasta arribar a la baja diferenciación de la que se había partido, pero ahora en un nuevo nivel de prosperidad más alto para todos.
¿Santiago del Estero, se encontraría en el segmento izquierdo de la curva de Kuznets, y es el escaso desarrollo el que explicaría la menor segmentación social existente en la provincia? ¿La menor visibilidad de los sectores altos se debe, acaso, a que ellos también, en términos comparativos con otros contextos, son también "pobres", como los otros estratos de la sociedad santiagueña?
Los sectores medios
A menudo se han señalado las dificultades que para el análisis de los sectores medios plantean diversas limitaciones empíricas, más que nada, la insuficiente disponibilidad de datos cuantitativos específicos para estudiarlos. Sin dejar de reconocer tales obstáculos verdaderamente serios, tanto o más importantes son, a nuestro juicio, los problemas que se derivan de las restricciones conceptuales y definicionales que se manifiestan en diversos aspectos, pero que resultan notorias en la falta de univocidad en cuanto a la extensión y compresión de los términos implicados. De tal manera, existen pocos campos de la sociología y de las ciencias sociales en general donde resulte más vasto el territorio de la indeterminación, donde resulten menos visibles los consensos como en el referido a la entidad y características de las "clases medias"(17).
Los estratos medios son vastos, multiformes y cambiantes; pueden poseer cierta nitidez, sobre todo ocupacional, pero en el fondo constituyen siempre -como acontece en distintos contextos- una clasificación de naturaleza residual, una larga enumeración de categorías, actividades y formas productivas que no pueden ser incorporadas a los dos extremos del sistema de estratificación: salvo las claramente vinculadas a la órbita estatal, el resto de las características de las clases medias en Santiago del Estero en general son atribuidas, más que por pertenencia, por exclusión.
La exigüidad de los sectores medios en el nivel rural en Santiago del
Estero resulta marcada: la estructura productiva agraria tradicional
dicotomiza el medio social, y de tal forma hay un claro predominio de la
gran propiedad, por una parte, y de una considerable masa de campesinos
y trabajadores precarios y/o sin tierras, por otra. No se advierte la
existencia de un estrato consolidado de productores de tipo "farmer",
que tenga la relevancia cuantitativa y social que posee ese segmento en
otras regiones de la Argentina, si bien cabe señalar que su presencia ha
comenzado a insinuarse a partir de la década del 70, particularmente en
el área de riego del Río Dulce.
En el nivel urbano es, en cambio, cuantiosa y polifacética la presencia
de los sectores medios, en los que quizás un criterio de diferenciación
interna podría ser establecido según los distintos tiempos o momentos
históricos de consolidación: así podríamos encontrar, sobre todo en la
ciudad de Santiago del Estero, antiguas y nuevas clases medias.
Las primeras estarían conformadas, entre otros componentes, por restos
de familias aristocráticas que han padecido un procesos de erosión
patrimonial tanto física como social, por ciertos profesionales (v. g.
dinastías judiciales), por antiguas familias vinculadas al comercio y la
intermediación, y -hasta la década del 70- por estratos superiores de la
conducción del estado (dinastías burocráticas). La vieja clase media
que, ante la extrema exigüidad ya señalada de la clase alta tradicional,
actúa y es reconocida a menudo como el estrato superior visible de la
pirámide social, tuvo pautas de localización espacial indiscutibles
-siempre "dentro de las cuatro avenidas"-(18), posee distantes -reales o
imaginarios- parientes que hhayan actuado en episodios institucionales
del siglo pasado, algún recuerdo de veraneos pasados en algo como así
como una estancia en el interior de la provincia, practica dentro de lo
que es posible -que es poco- pautas de matrimonio socialmente
endogámicas, e interacciona en determinados ámbitos de articulación de
intereses: el Jockey Club, el Golf Club, el poder judicial, la Facultad
de Derecho de la Universidad Católica.
La "nueva clase media", cuantitativamente mucho más significativa que la
anterior, es el resultado de diversos procesos acontecidos en los
últimos cuarenta años y, a diferencia de los sectores medios
tradicionales en cuya conformación también intervienen diversos tramos
de actividades vinculadas al sector privado, su surgimiento está de un
modo determinante sustentado en la expansión del sector público
originada en un complejo de causas demográficas, económicas y
sociopolíticas.
Cuando en la década del 70 comienzan a clausurarse las opciones ocupacionales en el Gran Buenos Aires y en otras zonas que habían sido tradicionalmente receptoras de la migración rural santiagueña, la presión demográfica comienza a conducir las corrientes migratorias hacia ciudades de la provincia, especialmente a la Capital; crece considerablemente la población de esa ciudad y una importante vía de incorporación a la vida económica en ella es la generación de empleo público(19). Pero la creación de puestos en la administración no sólo es un acto de gestión económica sino, sobre todo, un gesto de constitución política, de fundamentación de una nueva base de clientelismo en el estado moderno. Sin abandonar del todo su originaria base campesina, el patronazgo se desplaza hacia los sectores medios, y se podría decir que en cierta medida los configura.
La nueva clase media está, entonces, conformada primordialmente por la masa de empleados públicos, alrededor de un tercio de la población económicamente activa (PEA) urbana, directamente insertos en la administración estatal o en actividades conexas en la educación, la salud y la seguridad.
En cuanto a sus actitudes y valores, ambas fracciones en que hemos dividido las clases medias en algunos aspectos exhiben homogeneidad y, en otros, notorias diferencias. Similares son, por ejemplo, sus comportamientos reproductivos y su valoración de la educación: en ambos casos el tamaño medio de los hogares se contrae, sea por internalización de pautas urbanas, sea por adentramiento de imágenes de estilos familiares, y también, en los dos casos, se pondera la significación de la instrucción formal como mecanismo favorecedor de la movilidad social. Pero divergen los sectores medios antiguo y moderno en su comportamiento político: el primero es visiblemente radical -o, más precisamente, antiperonista- y el segundo acoge también componentes justicialistas. En este sentido, merece destacarse que la penetración de caudillos radicales urbanos (Zavalía en Santiago del Estero y Ruiz en La Banda) en estratos medios inferiores y en sectores populares ha estado asociado a la apelación de imágenes culturales y prácticas de movilización, que antes habían sido patrimonio casi exclusivo del peronismo.
Aún no se dispone de la perspectiva necesaria para analizar, en profundidad y con la objetividad que sólo proporciona el paso de los años, los efectos sobre la estructura social de la política económica aplicada en el periodo reciente, pero existen diversas evidencias de un proceso de concentración de ingresos que ha aumentado la desigualdad social en niveles antes no conocidos en le país. Dicho proceso implicó, entre otros resultados, la aparición de una nueva categoría social de finales de siglo: los "nuevos pobres", también conocidos como los "pobres por ingresos", esto es, importantes segmentos de las clases medias afectados en sus condiciones de vida por el desempleo y la precarización laboral. Una acabada presentación de este fenómeno puede encontrarse en los aportes compilados por Minujin (1993), especialmente, por su significación sociológica, el texto de Murmis y Feldman. En el caso de Santiago del Estero las evidencias empíricas las proporcionan los numerosos casos de empleados públicos despedidos o acogidos a planes de "retiro voluntario", quienes junto a otros sectores participaron en las jornadas del "santiagazo" del 16 de diciembre de 1993, un instructivo y singular "estallido social" con una muy alta participación de sectores medios.
Ya señalamos el rol que juega la educación como factor de capilaridad social; en realidad, en una sociedad de escaso dinamismo económico como la santiagueña, ella posee una gran incidencia para la movilidad ascendente, especialmente la participación en la instrucción universitaria, que si bien no asegura el desplazamiento automático en la pirámide social lo favorece ostensiblemente.
En Santiago del Estero existen dos Universidades: la Nacional (UNSE), con predominio de ingenierías y carreras técnicas, y en la que también se cursan ciencias sociales y humanidades, y la Católica (UCSE), donde se forman abogados y contadores. Pero las distinciones entre ambas que aquí interesan establecer no pertenecen al ámbito de lo disciplinar, sino de lo social; la UNSE es gratuita, en cambio la UCSE es rentada y por ello, socialmente, selectiva. De todos modos, las familias supervivientes de los estratos altos y de la clase media antigua, así como aquellos hogares en los que hay al menos una segunda generación de universitarios, normalmente envían a sus hijos a estudiar en Universidades públicas y privadas de fuera de la provincia, especialmente Córdoba y Buenos Aires.
Los sectores populares
La exánime clase alta santiagueña ha ido perdiendo espesor social a lo largo del tiempo hasta tornarse casi invisible(20). En tanto que en los sectores medios, cuya entidad clasificatoria posee diversos elementos de naturaleza residual, en su segmento cuantitativamente más significativo -el que ha sido denominando como "nuevo"- se encuentra claramente imbricado con el sector estatal, ya sea directamente a través del empleo público o en actividades vinculadas a la circulación de fondos públicos
Por su parte, el perfil de los sectores populares puede ser trazado -o
sombreado- en líneas gruesas: la pobreza y la precariedad ofrecen
referencias indiscutibles sobre ellos. Si se toma en cuenta el perfil
laboral y las formas de actividad predominantes se justificaría postular
que dichos sectores en gran medida se corresponden con lo que se
conceptualiza(21) como sector informal urbano (SIU) y sector tradicional
rural (STR).
La primera nota podría consistir en señalar que en Santiago del Estero,
un área de exigua industrialización y con escaso peso del sector privado
en actividades económicas dinámicas, una alta proporción de los estratos
bajos, está conformada por una constelación de segmentos sociales que no
lograron insertarse en el sector público o que lo hicieron muy
precariamente(22).
Esto implica postular que en una provincia en que la economía formal -y la sociedad formal- está en gran medida definida por el Estado, el estrato bajo de las ciudades coincide en una medida considerable con el sector informal urbano(23). Similares motivos pero, sobre todo, la pervivencia hegemónica en el medio rural de una estructura productiva y social sumamente tradicional podría llevar a identificar casi totalmente a los estratos populares de la campaña con el sector tradicional rural.
Si se tiene en cuenta la ya acotada debilidad de la industria manufacturera, una visión de los sectores populares urbanos en Santiago del Estero desde la perspectiva de la estructura ocupacional, señalaría que ellos cuantitativamente se concentran, sobre todo, en dos ramas de actividad del terciario: el Comercio y los Servicios; en menor medida, aporta contingentes la Construcción.
Pero, en términos estrictos, los sectores populares urbanos no sólo están integrados por los grupos ocupacionales bajos; a ellos hay que añadir una franja que en Santiago del Estero se encuentra en las márgenes y fuera de la estructura ocupacional: básicamente, una fracción, sobre todo la femenina y la que posee menores niveles de educación, de aquellos inactivos que, en realidad, son desempleados ocultos. Una estimación de Zurita (1997, pág. 551) señalaba que hacia 1994 había en la provincia 36.000 desempleados ocultos(24); los desocupados abiertos eran 12.300 personas, pero cabe aclarar que esta última cifra corresponde a un momento en que todavía no se habían disparado los niveles de desempleo.
Por su parte, los sectores populares rurales resultan más nítidos o, al menos, más estables. A diferencia de los estratos bajos urbanos sometidos -sobre todo en la última década- a diversos procesos de expansión, mutación y recomposición, los localizados en el nivel rural se presentan como dotados de una mayor, por así decir, rigidez, con pocos o escasos cambios productivos a lo largo del tiempo(25). Esto también implicaría señalar que la pobreza en el campo ha dejado pocas áreas sin cubrir, y se ha extendido tempranamente por diversas categorías conformando un mundo social con muchas características de dualismo. En este sentido, quizás, se podría afirmar que el fenómeno de los "nuevos pobres" es casi exclusivamente urbano: en el campo quedarían muy pocos contingentes que reclutar para el ámbito de la pobreza(26).
Estamos pretendiendo discurrir acerca de las clases sociales, y he aquí que nos encontramos ya no con las habituales perplejidades sociológicas en torno a los límites y naturaleza de las capas medias, sino con el sabor de una inquietud menos documentada: ¿cuáles deberían ser los criterios para acotar los sectores populares en una sociedad, en su conjunto, "popular"; en una sociedad en la que están ausentes o muy atenuadas las fracturas sociales de la modernidad?(27) Porque en una estructura social en la que no se constata, estrictamente hablando, la existencia de un estrato alto tradicional o convencional -al menos con los atributos que normalmente se predican de él- y en la que es notoria la exigüidad cuantitativa y social de la clase obrera asalariada, resultan borrosos los perfiles conceptuales de los sectores populares. Pasa con ellos lo que acontecía con el mentado dilema de San Agustín acerca del concepto del tiempo. De todos modos, menos costoso que explicarlos, puede resultar describirlos; no lo haremos en detalle aquí, pero sí sugeriremos algunas líneas gruesas de esbozo.
En la ciudad ellos son, entre otros, los albañiles, los vendedores ambulantes, los peones de todo tipo -privados y públicos-, los trabajadores de pequeños talleres, multitud de asalariados y cuentapropistas del comercio y los servicios (pequeños comerciantes de los barrios periféricos; la legión de enfermeros, policías, reparadores y artesanos de todo tipo de cosas, etc.; trabajadores domiciliarios intermitentes, modistas, reposteras, lavanderas, etc.) y, claro está, el servicio doméstico.
Y en el vasto territorio rural santiagueño son las familias de los campesinos minifundistas, de los arrendatarios, los trabajadores golondrinas, los asalariados sin tierras, y de la multitud de trabajadores en actividades rurales agropecuarias y no agropecuarias de subsistencia.
Pero tanto en la ciudad como en el campo, y más allá de la estructura ocupacional, más allá de los oficios y las diversas formas de actividad laboral, los sectores populares santiagueños están también conformados por todos aquellos que no han logrado incorporarse al mercado de trabajo. No son tan sólo a quienes las encuestas de empleo detectan como desocupados o subempleados, sino, también, aquéllos que se pueden caracterizar como desempleados ocultos.
3. LOS ESTRATOS SOCIO OCUPACIONALES
Los menores niveles de autonomía y la fragilidad económico de la provincia se manifiestan en la magnitud del sector público y, marcadamente, en la composición de su sector privado "formal"(28).
En Santiago del Estero es mayor que en la media nacional la incidencia del empleo estatal(29) y se registra una apreciable menor significación del segmento privado formal. En este segmento, las actividades en establecimientos "empresariales" -unidades con más de cinco ocupados- es mucho más importante (46,6 %) en el contexto nacional, en tanto que en Santiago poseen mayor relevancia las actividades microempresariales -unidades con hasta cinco ocupados-. Refuerza esta imagen de precariedad laboral de la provincia la mayor incidencia que posee en ella el cuentapropismo y, visiblemente, el trabajo familiar, que es considerada como la más tradicional de las categorías ocupacionales. (Cuadro 1)
Cuadro 1
PEA por sector de actividad. Santiago del Estero y total del país, 1980
y 1991. En porcentajes.

(a) Asalariados y patrones en establecimientos con más de cinco
ocupados.
(b) Asalariados y patrones en establecimientos con hasta cinco ocupados.
Fuente: Elaborado en base a Torrado (1992, TEB VII) y CFI (1988 y 1989;
Cuadros 2.1.2.).
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