Los valores constituyen el núcleo de la actuación humana, en cuanto a
que son significaciones positivas que se convierten en motivos de
elecciones preferenciales por unos modos de actuación frente a otros, en
interés de lograr el cumplimiento de los objetivos sociales.
Por lo que podemos decir que los valores son pautas y guías de nuestra
conducta. Los valores guían la actividad humana en todas sus
manifestaciones, convirtiéndose en elementos indispensables en la
regulación de la conducta de los seres humanos.
Por tanto es imprescindible significar que la concientización o
individualización de los valores no es un acto mecánico o derivado de
una aspiración voluntarista, sino un proceso prolongado de apropiación,
de construcción personal, de conformación individual en la propia y cada
vez más compleja interacción que el sujeto va estableciendo con la
realidad.
Una actuación profesional basada en valores será más coherente y estable
que una basada sólo en el conocimiento del debe ser, que se aplica a
partir de motivos externos al ser humano, como la exigencia de los
superiores o la presión del colectivo. La motivación interna que
funciona en una actuación basada en valores supera el nivel de actuación
cognitiva motivada por causas externas ajenas a la personalidad del
aduanero.
Según la bibliografía consultada existen diversos conceptos de las
categorías psicológicas valor y cualidad, e incluso es frecuente
encontrar autores donde se utilizan indistintamente sin distinción
alguna, por lo que es necesario declarar que asumimos como valor: es la
significación positiva de un hecho, objeto o fenómeno que actúa como
regulación de la conducta, al convertirse en motivo de la actuación
humana; y como cualidad de la personalidad a una o uno del conjunto de
las propiedades o rasgos individuales y relativamente estables que se
manifiestan en las maneras de actuar típicas de cada persona y que
permiten identificar las particularidades de una personalidad concreta.
Las cualidades son, también formaciones psicológicas reguladoras de la
personalidad, que se expresan en nuestras actitudes sociales; es por eso
que se “relacionan” indisolublemente cualidades y valores, ya que ambas
comparten la misma característica, es decir dado la carga subjetiva que
tienen los valores como motivos de la conducta estos se expresan a
través de la actuación estable de los sujetos que se identifican como
rasgos de su personalidad, o lo que es lo mismo los valores se
manifiestan a través de las cualidades, aunque la existencia de
determinada cualidad, no necesariamente signifique la existencia de su
valor correspondiente.
Aunque las diferencias durante su formación y desarrollo no son
significativas, a continuación resumimos algunas de sus
particularidades, sólo con la intención de poder identificarlas
independientemente aunque las influencias educativas seguramente
contribuirán al desarrollo de ambas formaciones psicológicas.
CUALIDAD
VALOR
Tienden a ser estables.
Como integrantes de un sistema de valores su significación particular
puede no ser estable pues depende de las exigencias del plano objetivo
más que de la individualidad del sujeto portador.
Son individuales y distintivas.
Son manifestación de las exigencias sociales en los individuos.
Tienen en la actuación del individuo una manifestación objetiva.
Como significación subjetiva, se objetivizan mediante la actuación
social del individuo.
Pueden ser positivas o negativas en relación con el progreso social.
Su significación, con relación al progreso social, sólo puede ser
positiva.
Puede manifestarse como adaptación al medio, como respuesta a las
“presiones” sociales, aún cuando no se halla interiorizado su
importancia social.
Su manifestación, como resultado de la adaptación del individuo al
medio, sólo se produce como un proceso de interiorización de la
importancia social de la actuación correspondiente
Ambas formaciones psicológicas son expresión del vínculo entre lo social
y lo individual. Por lo que no podemos obviar el impacto de lo social
sobre el hombre en concreto, ni podemos minimizar la impronta de la
subjetividad en la acción del hombre sobre lo social, al darle un
sentido propio a aquel contenido que desde lo social se presenta como
valor. Este es un proceso contradictorio, que demanda espacios de
análisis y reflexión y que pasan también por la satisfacción del sistema
de necesidades (materiales y espirituales) del sujeto.
El proceso de formación de la cosmovisión la persona que se inicia en la
vida estudiantil pero que se continua durante toda su vida laboral, cada
individuo no solamente se educa por las influencias sociales de todo
tipo, sino que también cada uno interviene de una forma consciente en la
formación de su visión del mundo, se identifica con determinados
conceptos científicos y se forma su actitud subjetiva frente a los
problemas reales que enfrente en la sociedad.
La cosmovisión no es únicamente conocimiento, sino también una posición
interna del hombre y, al mismo tiempo, una significación personal
socialmente asumida. Justamente por eso los conocimientos asimilados
desempeñan dos funciones: una de reflejo; la otra, de reglación de la
conducta ajustada a esos conocimientos.
La primera ofrece la imagen del mundo que lo representa; la segunda
indica, a su vez, cuál es la actitud interna, esto es, subjetiva del
hombre respecto a ese mundo que lo rodea y a los procesos que se
desarrollan en él.
Esta realidad interior, previa a cada acto cotidiano, es lo que
constituye la subjetivación del valor desde el ángulo individual. Se
trata, por tanto, de un sustrato, vale decir, de un sistema de nociones
sobre el bien y el mal, de sentimientos y otros contenidos morales y
sociales que se han venido gestando desde los primeros años de la
infancia, de la educación recibida en el seno familiar y de nuestros
maestros, y que nos predispone a pensar, sentir, actuar y comportarnos
de forma previsible, coherente y estable, así como comprender y estimar
a los demás. Por eso dan sentido a nuestra vida y facilitan la relación
madura y equilibrada con el entorno, con las personas, acontecimientos y
cosas, proporcionándonos un poderoso sentimiento de armonía personal.
De modo que los valores forman parte también de la concepción del mundo,
son uno de sus elementos más activos y también pilares imprescindibles
de la filosofía de la vida del hombre.
Así los valores nos ayudan a despejar las principales interrogantes de
la existencia, es decir, quiénes somos y qué medios nos pueden conducir
al logro de ese objetivo fundamental al que todos aspiramos: la
felicidad humana.
En la medida en que determinados valores brindan resultados y efectos
satisfactorios se van afianzando en un individuo, y por el contrario
serán rechazados por este cuando al seguirlos se deriven consecuencias
negativas o sin valor ni significación para él.
En este proceso el hombre va conformando su sistema de valores que
regirá su actitud en correspondencia a las exigencias socio –
históricas. Carecer de un sistema de valores que se corresponda con las
características del medio social en que una persona se desarrolla, puede
tener, entre otras consecuencias sociales que la persona en cuestión se
desarrolle como un ser humano egoísta, nihilista, impulsivo, escéptico,
y que asuma, en definitiva, una vida sin sentido.
El valor no se incorpora o interioriza mecánicamente como parte de la
subjetividad individual, sino activamente en un largo proceso de
construcción activa del sentido personal que en el que el sujeto es
capaz de darle a dicho contenido significación en función de su
historia, de sus recursos personales y del contexto sociocultural en que
vive.
Esto tiene que ver con el hecho de que en el análisis de este problema
es importante considerar que todos los valores de la sociedad se van a
asumir de modo personal y diferenciado – análisis que no elimina la
comprensión del condicionamiento social- ¿Por qué razón? Pues porque
quien asume el valor es un sujeto concreto, que es a la vez portador de
una personalidad, que posee determinados recursos individuales,
subjetivos, con determinadas potencialidades para darle un sentido al
elemento valorativo externo que él incorpora.
En ocasiones, se le pide al sujeto que regule su conducta por medio de
un valor que él no posee, ya que no cuenta ni con la madurez suficiente,
ni con la motivación para incorporarlo a su proceder moral.
La imposición de un código o un determinado valor puede conducir al
sujeto a la práctica de la doble moral porque el valor en cuestión no
tiene sentido en el sistema de sus relaciones personales.
En medio de una compleja situación internacional nos encontramos en un
país donde se producen cotidianamente hechos y actitudes que indican el
florecimiento de una subjetividad social marcada por un mayor humanismo
y solidaridad evidenciado en la existencia de profesionales cuyo éxito y
realización no se articula necesariamente con el lucro o bienestar
material sino con la prestación de un servicio y la posibilidad de
sentirse útiles.
Nuestra sociedad socialista se ha desarrollado en un proyecto de
búsqueda de equidad en la distribución de riquezas, de solidaridad como
principio inspirador de la vida interna, de mejoramiento humano,
igualdad, justicia, solidaridad y entrega.
Comprender la Cuba de hoy supone entender su tradición ética,
libertadora, independentista, de soberanía e identidad nacional
acentuado por el proceso revolucionario, lo que constituye uno de
nuestros principales baluartes. Cuba defiende su proyecto social en un
mundo unipolar, contradictorio y en crisis social y el potencial social
demostrado ante esta situación límite es también expresión de los
valores afianzados durante estos años.
Sin embargo, hay que comprender que el debate que en el plano teórico y
valorativo se lleva a cabo hoy en la sociedad cubana puede ser un
formidable medio para afianzar, trasmitir y promover los valores que
nuestra realidad social demanda, y de hecho necesita.
No es posible olvidar que han cambiado de cierta manera las formas de
concebir y sobre todo de valorar la vida, ya que en la realidad cubana
han aparecido desigualdades anteriormente inexistentes, pero que a su
vez se hacen necesarias para materializar la apertura económica que se
realiza en nuestro país.
Al mismo tiempo en todo el mundo los valores más tradicionales se
transforman universalmente y también de modo específico en Cuba, como
por ejemplo, los referentes al matrimonio, la familia, la paternidad, la
maternidad, etc.
Todo ello encuentra su necesaria influencia sobre la conciencia y la
moral de los hombres, lo que demuestra que a las normas y valores
sociales y morales se les debe comprender como un proceso de génesis,
desarrollo y caducidad. No obstante, estos contenidos sociales no
desaparecen de modo absoluto, pues se pueden convertir en universales e
integrarse al progreso moral y social de la humanidad.
Es por eso que la búsqueda de valores en una persona no puede consistir
en un examen de conceptos vagos e irrelevantes para su vida cotidiana,
sino más bien en un esfuerzo continuo por hallar significados profundos
que validen su identidad personal, y establezcan y apoyen los
compromisos y las responsabilidades que asume.
La educación y consolidación de valores sociales relevantes no son sólo
un problema de profunda actualidad, sino también una imperiosa necesidad
de nuestro proyecto histórico en su batalla por preservar las conquistas
sociales.
Las nuevas condiciones creadas, no exentas de contradicciones y
complejidades crecientes, en el ámbito económico y espiritual, abren la
posibilidad de formar altos valores humanos. Este tendrá que ser siempre
un problema vital de Cuba y de toda sociedad que aspire a crear una
mínima sensibilidad y civilidad en sus ciudadanos.
No podemos olvidar que cuando en nuestra institución se intenta formar
hábitos de conductas, valores y normas elementales de convivencia, como
las buenas maneras y costumbres, solidaridad y respeto, se está
trabajando no solo para el presente, sino también para el futuro.
Resulta vital educar convicciones y sentimientos que conformen y
propendan al desarrollo de una conciencia moral que permita al decir de
José Martí “la movilización de todas las riquezas del alma”. Obras
Completas Tomo 16
Los valores en la actividad social y profesional del aduanero
Nuestra función como dirigentes es lograr que los valores a los que
aspiramos socialmente, sean los que intervengan realmente en las
relaciones sociales que establecemos durante todo el proceso y que los
trabajadores regulen su actuación motivados por la satisfacción ante el
cumplimiento de estas normas sociales positivas.
En nuestra institución se han determinado un grupo de valores
compartidos en el sentido de que los Valores compartidos: son el
conjunto de preceptos, normas, patrones políticos, morales y sociales
que caracterizan la cultura organizacional existente y que condicionan o
guían las conductas de los individuos y que son compartidos, consciente
o inconscientemente por todos en la organización de que se trate.
Estos valores forman parte de la ética empresarial y son esenciales, ya
que constituyen la base de la cultura organizacional existente y
sostienen el proceso de toma de decisiones, unen a las personas y los
compromete a trabajar juntos por los objetivos comunes.
Es muy importante que nuestros trabajadores los conozcan, comprendan su
significado y defiendan la necesidad de incorporarlos a la actuación
diaria de cada aduanero y grupo a fin de lograr el cumplimiento con
calidad de las funciones de la Aduana Socialista Cubana. Estos valores
son:
Patriotismo
Expresión de la lealtad del hombre ante su patria y nuestra revolución,
fidelidad a los principios de la revolución, disposición plena de
defender la patria y la Revolución a cualquier precio
Integridad
Calidad de íntegro, entereza. Asimilación de los deberes y derechos
rechazando toda manifestación delictiva y la doble moral
Responsabilidad
Actuación consecuente y oportuna del individuo en el cumplimiento de sus
deberes y derechos. Compromiso consciente en el actuar conforme a normas
establecidas y con sujeción a ley
Amabilidad
Atención cortés y respetuosa, pero a la vez firme y profesional, en el
cumplimiento de las funciones de facilitación, control y enfrentamiento
a ilícitos aduaneros. Trato agradable, sencillo y educado, como
expresión del desarrollo de la vocación de servicio, que condiciona
buenas opiniones en nuestros usuarios. Actuación conforme a las
características del servicio que presta en el contexto de nuestras
responsabilidades de control.
Aunque además en nuestro código de ética se reconocen algunos valores
que no están entre los anteriores pero que forman parte del sistema de
valores de nuestra cultura organizacional, estos son:
· Profesionalidad
· Dignidad
· Ética
· Justeza
· Solidaridad
· Honradez
· Entre otros
Como se forman valores
El proceso de formación de valores, aunque tiene etapas, no es un
fenómeno que concluye en una edad determinada, existen valores que se
incorporan a los principios y convicciones personales en la vida de las
personas desde edades tempranas y tienen sus reajustes en el transcurso
de la vida, de acuerdo con el desarrollo personal y las condiciones
sociales en que se realiza éste. Por tanto, tienen un carácter dinámico
y han de formarse en la acción que se realiza con ajuste a las normas de
vida y conducta establecidas en nuestro país.
Se trata, de un proceso que se debe iniciar en la familia y extender con
marcada fuerza a todas las instituciones tanto educativas como
laborales, que priorizan los valores elementales de convivencia grupal y
social de acuerdo con el nivel de desarrollo de la personalidad de los
individuos que interactúan en su proceso.
La generalidad de los autores consultados reconoce cuatro etapas
fundamentales de formación y desarrollo de valores, la primera se
enmarca en las edades tempranas (preescolar) y se denomina formación de
las nociones sobre el valor, la segunda etapa se desarrolla en escolares
de primaria y se reconoce como de ampliación de estas nociones en
significados individuales. Durante la adolescencia (estudiantes de
secundaria básica) se establece la relación con los significados
sociales, tercera etapa, y posteriormente, ya en la juventud, se alcanza
la fijación y asunción interna de los significados socialmente positivos
en forma de convicciones personales donde los valores pueden ya
desempeñar cabalmente su función reguladora del desarrollo personal.
Cabría preguntarse entonces qué vamos a hacer en la AAIJM si nuestro
trabajo es con adultos desarrollados pero se acepta por la generalidad
de los autores estudiados que los valores no se forman de una vez, ni
son inmutables, sino que se asimilan y configuran a lo largo de toda la
vida y que en cada etapa de ésta, las personas entran en juego con un
sistema de valores que expresa cómo ven el mundo y qué lugar ocupan en
él.
Al mismo tiempo, cabe significar que el hombre no incorpora de modo
lineal o mecánico el significado de lo social, más bien lo mediatiza, lo
subjetiviza y esto es fundamental en el proceso de interiorización o
apropiación de uno o más valores.
Es necesario buscar los modos y maneras de propiciar la participación y
de convertir nuestras actividades político -ideológicas, en la medida de
lo posible, en espacios de REFLEXIÓN donde se vivencien, se profundice,
se discuta y hasta se cuestionen los diferentes aspectos del contenido,
ya que el proceso de atribución de significado que lleva a la formación
del valor necesita de la reflexión individual sobre el contenido y el
significado social del fenómeno u objeto de estudio.
La reflexión es importante porque es el proceso que permite la
superación del contenido como conocimiento transmitido o como habilidad
desarrollada para llegar el otorgamiento de un significado socialmente
positivo a este conocimiento y habilidad que se manifieste además
mediante la adecuación de su actuación de acuerdo a estos contenidos.
Este tránsito desde lo cognitivo (conocimiento de la significación),
hasta lo afectivo (satisfacción por la actuación) puede realizarse
mediante la utilización de la reflexión en nuestras actividades diaria
con nuestros trabajadores y no esperar a momentos "integradores" o
"prácticos", que se planifican generalmente en actividades de “gran
importancia”, para ir alcanzando diferentes niveles de desarrollo de los
valores que hemos decidido priorizar en cada uno de nuestros
subordinados.
En general se reconocen como momentos fundamentales del proceso de
formación y/o desarrollo del valor a los siguientes:
· Conocimiento de la significación social de determinado valor.
· Autocrítica en relación con la actuación, de acuerdo con este
determinado valor.
· Tendencia al autoperfeccionamiento y a la adecuación de la actuación
personal en correspondencia con dicho valor.
· Cumplimiento de tareas durante la formación profesional de acuerdo con
este determinado valor.
· Satisfacción por la actuación en correspondencia con el valor
mencionado
En correspondencia con esta conceptualización le proponemos un grupo de
acciones que de manera simplificada podemos enunciarlas de esta manera:
1. Esclarezca en sus subordinados la idea del significado o concepción
del valor dado (por ejemplo patriotismo)
2. Promueva el compromiso con dicho valor a partir del autoanálisis.
3. Constate que ellos luchan y trabajan sistemáticamente para lograr
actuar en correspondencia con ese valor dado.
4. Observe si logran autoperfeccionar su actuación en el sentido de
incorporar el valor en su modo de actuar.
5. Promueva tareas en las que muestren la intencionalidad de actuar
siempre en correspondencia con ese valor dado
6. Trate de comprender si han absorbido el valor y lo asumen
“incoscientemente” como regulador de sus acciones.
7. Facilite espacios de satisfacción personal y grupal por haber actuado
en correspondencia con este valor (estimule cotidianamente a las mejores
acciones)
La comunicación es también un elemento importante en la formación de
valores que hay que entrenar y desarrollar pues no es un don que la
naturaleza asigna. El hombre posee diferencia de capacidades y esto
también se expresa en la esfera afectiva. No por gusto los valores no se
pueden comprender sólo desde el ámbito cognitivo, sino como unidad de lo
racional y lo emocional.
La formación de valores se logra también a través del estilo
comunicativo del dirigente. Cuando este lo cambia, lo enriquece,
comienza a incidir más favorablemente sobre sus trabajadores. De ahí que
para motivar a los trabajadores lo primero sea conocer sus intereses.
Por eso, en sentido general, los valores no se desarrollan si no existen
espacios de comunicación imprescindibles entre los dirigentes, la
institución y los trabajadores.
En la educación moral y valorativa debemos y tenemos que ser capaces de
favorecer que quepan los distintos criterios que están presentes en
nuestros espacios de discusión y, desde la reflexión, ir ubicando dónde
están las esencias fundamentales de las posiciones individuales y
grupales.
Otro elemento a tener en cuenta es el ejemplo personal de los jefes y
dirigentes a todos los niveles ya que para que alguien sea modelo tiene
que convertirse en una especie de espejo moral donde se miren
diariamente las restantes personas que forman parte de su colectivo y
entorno social.
Por otro lado, cuando los valores que parten del dirigente son
legítimos, los trabajadores se sienten identificados con él. Si el
dirigente es genuino en él están expresados los valores de la sociedad a
que aspiramos.
Hoy en día en los tiempos que vivimos se reafirma cada vez la necesidad
de preservar la ética y los valores como un elemento de la política del
país, como guía del proceso revolucionario, esto hace que cada jefe o
dirigente sepa usar la autoridad y el poder que se le ha dado por la
Revolución, por lo que cada día debe responder con honor y compromiso a
esta tarea que le ha sido asignada.
Es por eso que todos los dirigentes y jefes deben preservar los
principios y valores de la Revolución y actuar en consecuencia estos
tanto en su vida laboral como personal para ser consecuente también con
el precepto de Martí “Todo hombre está obligado a honrar con su conducta
privada, como con la pública, a su Patria.” Obras Completas Tomo 21.
No podemos olvidar que los valores no pueden formarse si absolutizamos
en este proceso solo al hombre que aspiramos, pues estaríamos
absolutizando el deber ser de este problema.
La solución de esta cuestión comienza por partir del hombre que tenemos,
sin dejar de aspirar al ideal de hombre que necesitamos. Estamos ante un
proceso largo y complejo, de evaluación de virtudes y defectos, de lo
conquistado y de lo que falta aún por lograr, de errores y problemas por
resolver. Porque no debemos ver la realidad tal como la deseamos, sino
como es.
Lo cierto es que la aprehensión consciente de los valores, normas y
cualidades positivas debe partir de una interiorización libre y
consciente de los modelos sociales que queremos, que aspiramos, pues
sencillamente nada debe imponerse más bien motivarse, es decir, proceder
siempre a la persuasión imprescindible.
La formación de un valor en específico o la de un conjunto no es un don
o favor de la naturaleza, sino el lógico resultado de la educación y la
cultura que recibimos, y donde se inserta el individuo en cuestión. Esto
significa que si queremos que nuestros trabajadores sean patriotas,
responsables, íntegros y amables, debemos discutir sobre estos valores,
evaluarlos, estimular las actitudes que se corresponden con ellos, en
fin, se deben “vivir” esos valores en cada una de las acciones que
realizamos.
Conceder a estos valores el lugar que merecen constituye también una
tarea apremiante del sistema cubano. Con ello estaremos desarrollando
valores tan vitales para el hombre como la disciplina conscientemente
asumida y el espíritu de sacrificio imprescindible.
Nadie debe olvidar que los valores no se imponen, más bien se proponen.
De modo que la imposición no es la mejor opción para formar valores. La
formación de valores como la solidaridad, la identidad y otros asociados
al patriotismo, encuentran sus mejores vías cuando median la motivación,
la persuasión y el convencimiento interno del sujeto.
Esta tarea reclama de nosotros dedicación y creatividad pues formar
valores es también un acto de creación, ya que crear es también
trascender, esto es, dejar algo para que a una persona se le recuerde,
ya sea como ejemplo de trabajador, o bien como modelo moral, o ambas
cosas a la vez.
Anotemos, además, que el problema no solo se reduce a formar valores en
los jóvenes, sino también en preservar y fortalecer aquellos valores que
poseemos las generaciones más adultas. Por eso, la quiebra, las
dificultades o los conflictos de valores no se pueden depositar solo en
la juventud, hay que entenderla también a través de otros segmentos o
estratos sociales.
El amor a sus dignos antecesores, a su brigada, a su profesión, a su
institución, etc. constituyen algo así como ese pedacito de mundo que
nos pertenece. No por gusto, sentimientos y valores tan importantes como
patria, identidad y unidad, se afianzan y desarrollan más aun cuando se
educa en la admiración por estas realidades.
Propuesta de estrategia para la formación de valores en la Aduana del
Aeropuerto José Martí.
Puntos de apoyo
Durante el estudio de esta temática y como parte del proceso
desarrollado en el transcurso de los años 2002-2004, se arribó a la
conclusión de que en las condiciones particulares de nuestra institución
se pueden asumir los siguientes puntos de apoyo en la elaboración de la
estrategia de formación y desarrollo de los valores.
Esquema: Puntos de apoyo para la elaboración de las estrategias.
Estos “puntos de apoyo” deben ser considerados como pivote generador de
acciones concretas y vértice articulador de las influencias que se
pretenden realizar en la Institución. Dada la necesidad de su cabal
comprensión, pasamos a explicar cada uno de ellos.
Protagonismo de los aduaneros en el proceso de desarrollo de valores
El protagonismo de los aduaneros es decisivo para el proceso de
transformación interna y autoperfeccionamiento de su escala de valores,
que los lleve de una moral heterónoma (como respuesta a motivaciones
externas) hacia una moral autónoma (a partir de motivaciones internas)
(Ver a Vigotski 1966, Piaget 1969, Kolberg 1990). El contenido de los
valores debe transformarse internamente en convicciones y en una
orientación hacia ellos, por medio de las relaciones interpersonales
directas sujeto - sujeto, la comunicación, los hábitos, y/o diferentes
tipos de actuación y actividades previstas con fines educativos. Sólo en
la actuación, es donde pueden los individuos interiorizar las
influencias educativas del significado de los valores.
Por ejemplo, las normas como pautas de conducta o criterios de actuación
que dictan cómo será el comportamiento de las personas ante determinadas
situaciones, deben ser claramente definidas en nuestra institución y en
su elaboración también deben participar los aduaneros, pues no se trata
sólo de imponer normas externas que condicionen el florecimiento de
determinados valores, sino de implicarlos también a ellos en la
elaboración de sus normas de comportamiento, de modo que puedan tomar
conciencia de los valores en que ellas se basan.
Ejemplaridad y protagonismo de los dirigentes y jefes.
La ejemplaridad y el protagonismo se manifiestan en exigencias a
dirigentes y jefes aceptadas por todos, las cuales pudieran enunciarse
de la siguiente manera:
· Ser un buen comunicador persuasivo, mediante una adecuada relación
jefe - subordinado y dirigente - dirigido.
· Desempeñar el papel rector (dirigente) en este trabajo educativo.
· Ser cada vez más profesionales mediante una ética y superación
permanente.
· Trabajar y apoyar la formación y/o desarrollo de valores en todo el
personal de la institución.
· Ser ejemplo en el cumplimiento de los deberes.
· Ser exigentes en todos los sentidos, en particular con el cumplimiento
por los aduaneros de sus deberes.
· La ejemplaridad y protagonismo de los dirigentes y jefes, no deben
poseer un carácter individual determinado por el lugar de una u otra
función particular, sino un protagonismo colectivo donde se integren de
manera coherente los esfuerzos de todos, en el objetivo común que se
expresa en las estrategias de la institución.
Relación objetivo - método.
Este punto de apoyo expresa el imperativo de alejarnos cada vez más de
una labor educativa centrada en la transmisión formal de determinados
temas o contenidos y, a partir de los niveles de preparación político –
ideológica alcanzados en el desarrollo de nuestro personal, elevarnos
hacia una nueva manera de asumir nuestra labor eduactiva mediante la
reflexión y la transformación real de nuestros miembros.
Los métodos de formación y/o desarrollo de los valores son inherentes al
quehacer de las funciones socializadoras de la institución y a todo el
accionar profesional de los aduaneros Los métodos inciden de forma
simultánea en la actuación y experiencias personales, así como en el
elemento más interno de los individuos: su conciencia, tanto en el plano
racional como en el emocional. Los métodos ubican en el centro de su
atención, a los valores, a partir de que el individuo descubre y hace
suyas determinadas exigencias histórico sociales, mediante las cuales
abre una visión más general hacia el sentido de la profesión, la
nacionalidad, la nación, la patria, el mundo, el universo, y su lugar en
relación con todo ello. Expresado en pocas palabras es el reconocimiento
de que tan importante es lo que se hace, como la forma en que esto se
hace.
Es importante que el encuentro con estas exigencias sociales, vistas
como necesidades objetivas y subjetivas, despierten el interés y la
motivación interna de los aduaneros hacia el establecimiento de ciertas
obligaciones y compromisos en su actuación para consigo mismo, con las
personas con las que se relaciona y con relación a los fenómenos y
acontecimientos de la naturaleza y vida social, que demandan una
actitud y actuación de su parte como expresión del sentido del deber, la
responsabilidad, la integridad, la amabilidad, el patriotismo, la
honestidad, la dignidad, y la solidaridad, entre otros valores.
La formación de valores implica vincular el cómo (métodos de solución
que desarrollan individualmente las personas) con el para qué (los
objetivos como encarnación de la necesidad social). En esta relación
objetivo-método de solución se puede desarrollar la formación de los
valores, con un contenido social: el objetivo y un contenido individual:
el método. Es aquí donde se expresa el vínculo sociedad-persona; no se
puede ignorar que la solución de un problema social por el trabajador,
significa su realización como sujeto en aras del mejoramiento colectivo.
Es decir, el compromiso social que se crea por parte del trabajador como
consecuencia de la solución del problema, contenida en las acciones
concretas que realiza para resolverlo bajo la dirección del directivo,
genera la formación y/o desarrollo de los valores
Clima socio-psicológico de la Institución.
Si se acepta lo planteado hasta aquí, se comprenderá la importancia que
tiene este punto de apoyo en el logro de nuestra intención. El clima
socio-psicológico es el ambiente donde se desarrolla la actividad
institucional y propicia la comunicación y la interacción entre los
jefes y subordinados, por lo que resulta imprescindible tenerlo en
cuenta para la formación y desarrollo de los valores.
El clima, no sólo propicia el crecimiento personal, sino que condiciona
la manifestación de los valores en la actividad diaria y hace posible
que estos se puedan vivenciar, reconocer y reafirmar, mediante las
concepciones (explícitas y ocultas) que se manifiestan en la actuación
de los sujetos involucrados.
Este punto de apoyo reconoce que un clima de diálogo, horizontal y
participativo es propiciador del desarrollo de los valores, porque
permite convertir cada actividad educativa en un espacio de reflexión y
análisis imprescindible para la asimilación, incorporación y desarrollo
de los valores como reguladores de la conducta.
Integralidad y coherencia de todas las influencias educativas
Este punto de apoyo integra las influencias educativas en un todo único
que permite instrumentar sus múltiples objetivos que, en nuestra
práctica actual, se van conformando por añadidura o sumatoria, como
aristas independientes que se priorizan a veces, en forma de campañas,
las cuales ejercen en ocasiones una débil influencia al recibir los
aduaneros una serie de influencias asistémicas e incongruentes entre sí.
De ahí que la coherencia en la planificación y el funcionamiento de la
institución sea un paso esencial en el diseño y proyección integral del
trabajo educativo donde se logra la integración de todas las influencias
que abarcan las exigencias de la educación de la personalidad y el
desarrollo de los valores.
Algunas recomendaciones para el desarrollo de los valores
Junto a los puntos de apoyo señalados, hemos conformado las siguientes
recomendaciones sobre la base del proceso de discusión con los aduaneros
y jefes en los talleres realizados:
· Coordinar con un enfoque sistémico las influencias educativas
· Diseñar la labor educativa dentro de la Institución.
· Desarrollar conceptos, actitudes y valores mediante un aprendizaje
completo (afectivo, cognitivo y comportamental), que permita actuar al
aduanero de forma socialmente deseable.
· Reconocer la importancia del clima socio-psicológico importante en la
institución para el logro de los objetivos previstos.
· Enunciar los objetivos de manera en que se expresen los valores
relacionados con la actuación que se pretende lograr
· Diseñar, desarrollar y evaluar las influencias educativas, teniendo
como centro la formación y desarrollo de los valores priorizados en cada
período de trabajo
· Atender a la importancia del método en el desarrollo efectivo de la
personalidad, a partir del carácter rector de los objetivos.
· Adoptar una concepción participativa como base para el estímulo de la
acción consciente en la formación y/o desarrollo de convicciones,
valores, valoraciones, etc.
· Desarrollar un estilo comunicativo interactivo, donde los mensajes
circulen en diversos sentidos
Acciones para aplicar una formación de los valores
Las cuestiones de mayor complejidad en el ámbito de la formación en
valores son, sin dudas, la selección de las acciones que se realizarán
para alcanzar las finalidades propuestas, porque la diversidad de
contenidos a tratar y la variedad de objetivos trazados impide la
utilización de un tipo único de acciones.
Hasta este momento se han planteado todos los elementos que justifican y
condicionan nuestras posiciones en la formación de los valores pero de
lo que se trata es de concretar la misma en la práctica. Para ello, y
enfrentando el reto de que sean interpretadas como recetas a seguir al
pie de la letra (y nada hay más alejado de nuestro objetivo), se
determinaron algunas acciones que pueden emprenderse en este interés.
* Tratamiento del componente motivacional de la actividad profesional,
para estimular el interés y el compromiso ante la preparación personal,
la integración social, el sentido del deber y la responsabilidad de los
aduaneros.
* Incremento de los espacios de reflexión, mediante el empleo de modos
de participación individual y grupal: proyección participativa, sentido
de pertenencia al grupo, reglas del trabajo en grupo, sentido del
respeto, la receptividad, la flexibilidad, confrontaciones para
reafirmar ideas, adquirirlas o enriquecerlas, identificación de su lugar
y grado de aceptación en el grupo y otros semejantes.
* Desarrollo de la creatividad, despliegue de la inteligencia y el
talento unidos a la voluntad en el logro de determinadas metas,
objetivos o propósitos de la vida cotidiana, con fines nobles, humanos,
por el bien personal, del grupo, la institución, la sociedad etc.
* Despliegue de la autovaloración y valoración, emisión de juicios
autovalorativos a partir de la autoimagen e indicadores de valores
representados en la conciencia personal, reconocimiento y declaración de
tenencias y carencias personales, autoproposición de metas. Juicios
valorativos comparativos y críticos, propuestas de mejoramiento, etc.
* Elaboración de objetivos específicos sobre el vínculo de lo
profesional y lo político para el desarrollo de las actividades.
* Correspondencia de lo que se piensa con lo que se dice y se hace en
los espacios reflexivos y en la vida.
* Relaciones solidarias sobre la base de la ética aduanera que incluye
el respeto mutuo, la fraternidad, el altruismo, la honestidad, la
sencillez.
* Empleo oportuno de la persuasión, y la compulsión, de la exigencia
unida a la justeza y, sobre todo, de la sistematicidad en las acciones
educativas y su control.
* Despliegue del componente humanista de la profesionalidad: amor a la
profesión, calidad del proceso gestión aduanal, autoperfeccionamiento
constante, etc.
* Operacionalización de los valores que son objeto de la labor
educativa. Para ello debe procederse de la siguiente forma: definición
breve y clara del significado del valor, los rasgos que contribuyen a
desarrollarlos en la personalidad (indicadores) y las acciones
educativas para propiciar su desarrollo; aquí debe tenerse en cuenta qué
tipo de actividad realiza el dirigente y la qué hace el aduanero.
* Análisis en el colectivo donde cada cual autovalore su papel en el
mismo y valore la situación de sus compañeros respetando su
individualidad.
* Debate de los problemas, necesidades y vías alternativas; asignación
de responsabilidades y elaboración del código del colectivo, promoviendo
la actuación compartida y transformadora.
* Control, con exigencias estables de los propósitos individuales y las
tareas colectivas. Estas acciones se proponen fomentar el espíritu de
autovaloración y autocrítica, la capacidad de tomar decisiones y regular
la actuación a partir de la asunción de responsabilidades individuales y
colectivas, logrando la conversión del yo en el nosotros.
* Formación de un pensamiento flexible, que refleje las contradicciones
objetivas del entorno, que transformadas en conflictos o dilemas éticos,
provoque una reacción de compromiso con la realidad a partir de
determinadas exigencias morales, del deber y la responsabilidad entre
otros valores.
* Estimulación del sentido de la autenticidad en el actuar, la plenitud
y la libertad, a partir de la sinceridad, honestidad y sencillez.
El fin de estas acciones es que los miembros de la Institución se
reconozcan como miembros activos de la sociedad, asumiendo su papel en
la satisfacción de las necesidades personales y sociales, y que se
relacionen e interactúen con los demás, sobre la base del respeto mutuo,
fomentando la sensibilidad, consideración y estima de los individuos
como seres humanos.
Pasos a tener en cuenta para realizar actividades dirigidas a la
formación y desarrollo de valores
En nuestro ámbito estas actividades pueden ser reuniones del PCC,
reuniones del sindicato, actividades políticas como por ejemplo círculos
de estudio, matutinos, reuniones donde el tema central sea la
corrupción, actividades donde se analicen los Boletines Alertas,
reuniones de coordinación diarias, entre otras.
I- Preparación
1. Antes que nada, hay que pensar si la actividad es necesaria, evitar
abuso de reuniones y/o actividades
2. Formular y clarificar los objetivos de la actividad
3. Diseñar el plan de la actividad; además de los objetivos hay que
prever los métodos, técnicas y procedimientos que se van a emplear, un
aproximado del tiempo a emplear para cada etapa, los materiales,
considerar el número y características de los participantes.
4. Convocar con suficiente anticipación, indicando claramente: lugar,
día, hora y duración aproximada, motivando a los participantes
explicando por lo menos el tema y los objetivos de la actividad.
II- Habilidades para Coordinar
1. Facilitar la discusión y toma de decisiones y la toma de decisiones
2. Tener bastante dominio del tema
3. Saber explicar y exponer con claridad
4. Crear un clima de confianza y participación
5. Motivar a la participación de todos
6. Conceder equitativamente el uso de la palabra. Frenar amablemente a
los que abusan de ella. Estimular sin forzar a los que no se atreven a
hablar
7. Sintetizar las principales ideas planteadas sin repetir lo planteado
8. Ser firme pero cortés para señalar opiniones que caen fuera del tema
9. Saber guiar la reunión para provocar la reflexión, la discusión o el
debate
10. No abusar del uso de la palabra , ni imponer sus opiniones. Saber
ser paciente
11. No minimizar opiniones divergentes con la propia ,ni festejar las
que vienen bien
12. Si se usa micrófono no gritar
13. Saber realizar un uso adecuado del humor
14. No disfrazar de participativa una reunión que ya lleva todo cocinado
sometiendo al grupo a ociosas discusiones
15. Si existiera conflicto el coordinador tiene que ser imparcial, no
debe actuar como un juez sino como un compañero que promueve el
crecimiento del grupo
16. La asignación de temas para discutir en un plenario o reunión
específica puede de hecho convertirse en la negación del propio diálogo
y en el ejercicio del criterio si sólo discutimos lo que de antemano nos
hemos asignado
17. La asignación de asuntos para discutir en una determinada reunión o
actividad puede cumplir su cometido, si se ejecuta con el imprescindible
profesionalismo, porque de lo contrario puede tornarse, en un franco
formalismo, perdiendo así todo su sentido y eficacia formativa, así como
su grado de implicación ética
III- Desarrollo
1. Crear desde inicio un clima de jovialidad entusiasmo y confianza.
2. Es importante tener en cuenta la organización de las sillas en el
local para tratar de crear ese clima favorable
3. Realizar las memorias de la actividad, la relatoría
4. El dirigente de la actividad o coordinador no debe acaparar la
palabra, animar a la participación de todos respetando el orden de las
intervenciones
5. Hacer síntesis de las opiniones para ayudar a sacar conclusiones
6. Respetar el tiempo establecido para cada etapa de la actividad
7. Hacer uso adecuado del humor
8. Mantenerse sereno y ecuánime en las situaciones de conflictos
IV- Conclusiones
1. Hacer una síntesis final, sin pretender repetirlo todo, auxiliándose
si es necesario de las notas tomadas por la relatoría
2. Agradecer al grupo su participación
3. Acodar si fuera necesario con todos la fecha y lugar de la próxima
reunión o actividad.
4. Hacer llegar lo más rápido posible una memoria o síntesis escrita del
evento a quienes participaron.
A manera de resumen
El desarrollo de los valores en los aduaneros es un proceso intencionado
y dirigido en el que participan todos los cuadros de dirección política
y/o administrativa que tiene como método fundamental la reflexión y la
persuasión pero que como no se limita al aprendizaje de un concepto sino
que pretende que los conceptos morales actúen como reguladores de la
conducta individual estos tienen que “ vivirse” estar presentes en cada
una de nuestras acciones y actividades.
Es por eso que la disciplina y el cumplimiento de lo normado en las
relaciones entre compañeros y con el público es la base de todo el
proceso de educación y autoeducación y el hecho de que se atienda la
esfera educativa no significa que se disminuya la de exigencia y la
combatividad, sino que cada acto de exigencia administrativa o política
sea también un momento a actividad educativa para ese individuo y para
su colectivo.
La exigencia a los subordinados o a los compañeros, para que sea
educativa, tiene que ir acompañada no sólo de la autoridad formal que el
cargo o la responsabilidad nos otorga sino también de la autoridad moral
que el ejemplo personal nos asegura de ahí la importancia de revisar y
regular nuestra conducta diaria por los valores compartidos que
caracterizan a nuestra institución, sólo así nuestra exigencia
trascenderá la medida coercitiva y contribuirá a la transformación de la
personalidad de nuestros subordinados y compañeros.
Estamos seguros de que este material podrá ser útil en sus manos como
una guía para su actuación en esta importante actividad y mantenemos la
esperanza de que nuestras consideraciones sean interpretadas como
recomendaciones a ser enriquecidas por la inteligencia colectiva de los
miembros de nuestra AAIJM.
Bibliografía
1. Cuéllar Hortensia, Los Valores ¿Existen?. Universidad Panamericana,
México,2003
2. Ayala Jorge M., Valores y Normas Eticas. Universidad de Zaragoza,
España,2003
3. Tcor Dr.C. de la Rúa Batistapau Manuel, Pedagogía de los Valores.
¿Moda o Necesidad?. CIP. FAR.
4. Tcor Dr.C. de la Rúa Batistapau Manuel, Valores y cualidades.
Formación y desarrollo. CIP. FAR.
5. Cnel. Dr. Cs Silva Rodríguez M. y Tte. Cnel. Dr. C de la Rúa
Batistapau M. Aproximación a una pedagogía de los Valores en la Academia
y los CEM. CIP. FAR: 2001
6. García S. y Dolan S. Dirección por Valores. México 1997
7. López Bombino Luis R. Razones para formar valores: ideas que no
deben ser olvidadas. Universidad de La Habana.
8. Lic. Columbie Santana Mariela. La ética empresarial: un punto de
vista.
9. Dra. Arias Magda L. Ética empresarial e institucional: apuntes para
un debate.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Dc. Manuel de la Rúa Batistapau
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |