1. Introducción
Frente al implacable ataque de la competencia mundial, la industria no
debe decidir si debe cambiar, sino cómo debe ser ese cambio. Dejar las
cosas como están es una opción fatal, pudiendo sólo elegir entre
controlar el propio cambio o permitir que lo controle la competencia.
Naturalmente que el sistema Just-in-Time no es lo único que necesita una
empresa para competir, pero es ya evidente que nadie seguirá siendo
competitivo por mucho tiempo sin las posibilidades de avance que dicho
sistema ofrece. No importa cuán elevado sea el desempeño actual,
cualquier disminución en el esfuerzo dará como resultado pérdida en la
posición, por tal motivo la mejora continua es un imperativo presente en
los negocios, y debe ser buscado con vigor.
Empresas líderes de todo el mundo han adoptado ésta nueva filosofía de
gestión, dando lugar a unos avances extraordinarios en materia de
calidad, agilidad en las entregas y costes.
Una excelente forma de comprender las posibilidades del sistema
Just-in-Time es imaginar un oleoducto que recorra toda la fábrica. En un
de los extremos pagamos a nuestros proveedores el material que entra en
el oleoducto. En el otro extremo, nuestros clientes nos pagan los
productos que les enviamos. Nuestro objetivo es reducir el plazo entre
el pago, en un extremo, y el cobro, en el otro. Por tanto, necesitamos
mover el material a lo largo del oleoducto con mayor rapidez. Un
oleoducto grueso nos permitirá hacer envíos, pero lentamente. Con un
oleoducto más delgado podemos conseguir la misma tasa de envíos si
aceleramos la velocidad de flujo en su interior. Si nuestro plazo de
producción es menor, podremos además responder mejor a los cambios que
se originen en el mercado.
La manufactura Just-in-Time es una extensión del concepto original de la
administración del flujo de materiales para reducir los niveles de
inventario. Sin embargo, existen muchas más cosas involucradas en una
empresa de manufactura, además de reducir los inventarios para obtener
el control de los costos. La manufactura tiene que ver con otros
asuntos, como la regulación del proceso, el nivel de automatización, la
manufactura flexible, el establecimiento de tiempos de arranque para
maquinaria, la productividad de la mano de obra directa, los gastos de
administración, la administración de los proveedores, el soporte de
ingeniería y la calidad del producto que debe ser entregado a los
clientes.
La empresa moderna de manufactura debe manejar eficientemente estas
cuestiones con el objeto de operar los departamentos de una manera
ligera, productiva y con orientación hacia la calidad.
La manufactura ya no es una cuestión de carácter local. Los adelantos en
la comunicación y el transporte han disminuido enormemente las
distancias de nuestro mundo, y la manufactura debe considerarse ahora
como un asunto de índole mundial. Así pues, para mantener su ventaja
competitiva, las empresas comprometidas deben hacer frente a la
dificultad de abatir los costos y mejorar sus niveles de calidad. Una
manera de hacer ello factible es reduciendo los desembolsos en cuanto a
los materiales y la mano de obra requeridos para generar el producto.
Éstos son los factores evidentes que , en general, se consideran, pero
no reflejan la totalidad de la situación. Incluidos en la ecuación de
los costos deberían estar los de administración asociados con el proceso
de integración de un producto, ya que inclinan la balanza hacia un lado
particular de la implantación.
Es sumamente importante utilizar en la manufactura la estrategia
adecuada. La mayoría de las empresas cuentan con una estrategia de
producto y con varias estrategias de ventas y mercadotecnia, pero son
demasiado pobres en lo que respecta a la estrategia de manufactura.
Fracasan cuando desarrollan un producto, lo introducen al mercado y
enfrentan a la competencia, porque su costo es muy elevado, porque no
pueden producir el volumen requerido o porque sus niveles de calidad no
son aceptables.
Los productos elaborados en una empresa de manufactura llevan implícitas
tres variables de costos: materiales, mano de obra y costos
administrativos. La de materiales está integrada por los costos de la
materiales utilizados en la elaboración del producto. La mano de obra
son las horas invertidas en el ensamble y prueba del producto. La de
administración incluye el costo de la elaboración, los pagos a los
bancos por concepto de intereses por los equipos adquiridos para
elaborar el producto, y los costos del dinero invertido en el
inventario. Con unas cuantas excepciones, el contenido de materiales en
el producto es la parte más importante del costo del mismo. El siguiente
es el administrativo, y el menor de los tres, el de la mano de obra. En
la manufactura, las tres variables deben ser administradas con objeto de
obtener el costo más bajo sin comprometer la calidad de los productos
entregados a los consumidores. El Just-in-Time da un enfoque semejante a
las tres variables: las entiende y disminuye los costos al utilizar el
sentido común, y procedimientos sencillos; de esta suerte, corta de tajo
todo aquello que no es necesario.
2. Ventaja competitiva
La elaboración de una estrategia competitiva a nivel de negocio supone
definir aquella o aquellas variables en que se quiere ser superior a la
competencia y que hacen que los clientes compren nuestros productos y no
los de aquélla. Podemos enumerar cinco variables que servirán de base
para conseguir esa ventaja competitiva: coste, calidad, servicio,
flexibilidad e innovación.
· Coste: consiguiendo colocar en el mercado productos de bajo coste
unitario fabricándolos, por ejemplo, con sistemas de producción y
distribución altamente productivos, invirtiendo en equipos
especializados que permitan la producción en masa.
· Calidad: mediante el diseño de productos fiables y fabricando
artículos sin defectos. Llegando a conseguir el binomio marca-calidad.
(Toyota en automóviles, Minolta en máquinas fotográficas, Seiko en
relojes).
· Servicio: asegurando los compromisos de entrega de los productos tanto
en cantidad como en fecha y precio. Dando unos niveles de asistencia
post-venta adecuados.
· Flexibilidad: siendo capaces de adaptarse a las variaciones de la
demanda, a los cambios en el mercado, en la tecnología, modificando los
productos o los volúmenes de producción.
· Innovación: desarrollando nuevos productos, nuevas tecnologías de
producción, nuevos sistemas de gestión.
Cada empresa debe decidir con que variable quiere competir en el
mercado, en que quiere ser superior a la competencia. En base a esta
decisión se deberán articular las demás decisiones que se tomen en el
área de producción, y que constituirán la estrategia de producción de la
empresa.
Se debe tener en cuenta además, que las variables elegidas para
conseguir la ventaja competitiva van ligadas al ciclo de vida del
producto, es decir, la forma de competir dependerá de cual sea la fase
en que se encuentre el producto en su evolución. Así, mientras que en la
fase de crecimiento son claves para adquirir ventaja competitiva la
calidad y el servicio, en la fase de declive es clave el precio del
producto.
Una vez establecidas las variables con las que una empresa puede
competir en el mercado para conseguir que sus productos sean los
preferidos por los consumidores, todas las decisiones que se tomen en
producción tal como ya hemos dicho, deberán estar de acuerdo con ellas.
Este conjunto de decisiones constituye lo que se denomina estrategia de
producción.
3. La filosofía Just-in-Time (JIT)
En un sistema Just-in-Time, el despilfarro se define como cualquier
actividad que no aporta valor añadido para el cliente. Es el uso de
recursos por encima del mínimo teórico necesario (mano de obra, equipos,
tiempo, espacio, energía). Pueden ser despilfarros el exceso de
existencias, los plazos de preparación, la inspección, el movimiento de
materiales, las transacciones o los rechazos. En esencia, cualquier
recurso que no intervenga activamente en un proceso que añada valor se
encuentra en estado de despilfarros (muda en japonés).
El método JIT no es simplemente otro proyecto más para eliminar
despilfarros o desperdicios. No es simplemente otro programa más para
motivar al personal o para reducir defectos. No es simplemente otro
proyecto más de reducción de existencias. No es simplemente otro método
más para reducir los plazos de producción, el espacio o los plazos de
preparación. No es simplemente un proyecto de producción o de compras.
No es en absoluto un proyecto, sino un proceso. No es una lista de cosas
que hacer, sino un proceso que ayuda a establecer un orden de
prioridades en lo que se hace. La finalidad del método JIT es mejorar la
capacidad de una empresa para responder económicamente al cambio. Así, a
medida que se reduzca el grosos del oleoducto, el método JIT señalará y
dará prioridad a los estrechamientos que impidan el flujo y bloqueen la
capacidad de la compañía para responder al cambio rápida y
económicamente. Además, una vez que se hacen visibles todos y cada uno
de los estrechamientos, el método JIT fuerza a emprender acciones para
eliminarlos, estimulando con ello el uso del control de calidad total.
La descripción convencional del JIT como un sistema para fabricar y
suministrar mercancías que se necesiten, cuando se necesiten y en las
cantidades exactamente necesitadas, solamente define el JIT
intelectualmente. La gente que en las áreas de trabajo, utilizando sus
mentes y ganando experiencia, se esfuerza en las mejoras, no define el
JIT de ese modo. Para ellos el JIT significa podar implacablemente las
pérdidas. Cuando el JIT se interna en las empresas, el despilfarro de
las fábricas se elimina sistemáticamente. Para hacer esto, las ideas
tradicionales y fijas ya no son útiles.
El sistema Just-in-Time tiene cuatro objetivos esenciales que son:
· Atacar los problemas fundamentales.
· Eliminar despilfarros.
· Buscar la simplicidad.
· Diseñar sistemas para identificar problemas.
Atacar los problemas fundamentales. Una manera de ver ello es a través
de la analogía del río de las existencias. El nivel del río representa
las existencias y las operaciones de la empresa se visualizan como un
barco que navega por el mismo. Cuando una empresa intenta bajar el nivel
del río (o sea reducir el nivel de sus existencias) descubre rocas, es
decir, problemas. Hasta hace poco, cuando estos problemas surgían en las
empresas tradicionales, la respuesta era aumentar las existencias para
tapar el problema. Un ejemplo típico de problemas sería el de una planta
que tuviera una máquina poco fiable que suministrara piezas a otra, más
fiable, y la respuesta típica de la dirección tradicional sería mantener
un stock de seguridad grande entre las dos máquinas para asegurar que a
la segunda máquina no le faltara trabajo. En cambio, la filosofía del
JIT indica que cuando aparecen problemas debemos enfrentarnos a ellos y
resolverlos (las rocas deben eliminarse del lecho del río). El nivel de
las existencias puede reducirse entonces gradualmente hasta descubrir
otro problema; este problema también se resolvería, y así sucesivamente.
En el caso de la máquina poco fiable, la filosofía del JIT nos indicaría
que había que resolver el problema, y a fuera con un programa de
mantenimiento preventivo que mejorara la fiabilidad de la máquina o, si
éste fallara, comprando una máquina más fiable.
En la anterior tabla se muestran algunos de los problemas (escollos) y
las respectivas soluciones Just-in-Time. Así el enfoque JIT ante una
máquina o un proceso que constituye un cuello de botella consiste en
reducir el tiempo de preparación para conseguir una mayor capacidad,
buscar máquinas o procesos alternativos, comprar capacidad adicional o
incluso subcontratar el trabajo en exceso. Un directivo JIT reconoce que
ni un aumento del stock de seguridad ni una programación más compleja
logrará resolver el problema fundamental; lo único que hace es tapar
temporalmente las rocas.
Eliminar despilfarros. En este contexto significa eliminar todo aquello
que no añada valor al producto. Ejemplos de operaciones que añaden valor
son los procesos como cortar metal, soldar, insertar componentes
electrónicos, etc. Ejemplos de operaciones que no añaden valor son la
inspección, el transporte, el almacenaje, la preparación, entre otros.
Tomemos el caso de la inspección y el control de calidad como ejemplos.
El enfoque tradicional es tener inspectores estratégicamente situados
para examinar las piezas y, si es necesario, interceptarlas. Esto
conlleva ciertas desventajas, incluyendo el tiempo que se tarda en
inspeccionar las piezas y el hecho de que los inspectores muchas veces
descubren los fallos cuando ya se ha fabricado un lote entero, con lo
cual hay que reprocesar todo el lote o desecharlo, dos soluciones sin
lugar a dudas muy caras.
En el enfoque Just-in-Time se orienta a eliminar la necesidad de una
fase de inspección independiente, poniendo el énfasis en dos
imperativos:
1. Haciéndolo bien a la primera. Dado que conseguir productos de alta
calidad normalmente no resulta más caro que fabricar productos de baja
calidad, ¿por qué no fabricarlos de alta calidad? Todo lo que se
necesita es un esfuerzo concentrado para depurar las tendencias que
propician la aparición de defectos.
2. Conseguir que el operario asuma la responsabilidad de controlar el
proceso y llevar a cabo las medidas correctoras que sean necesarias,
proporcionándole unas pautas que debe intentar alcanzar.
Si comparamos el enfoque tradicional de la inspección y control de
calidad con el método JIT, podemos ver que el enfoque tradicional ha
sido determinar unos límites superiores e inferiores (tolerancias) y si
las medidas caen fuera de estos dos límites, el producto se desecha o se
reproceso. En cambio, el enfoque Just-in-Time es reducir la desviación
de lo nominal ideal, no tolerando ninguna desviación de lo nominal.
Además, el JIT traspasa la responsabilidad de detectar y corregir las
desviaciones a los operarios que llevan a cabo los procesos. Se espera
de ellos que lo hagan bien a la primera y que impidan que los productos
se desvíen demasiado de lo nominal.
Eliminar despilfarros implica mucho más que un solo esfuerzo de una vez
por todas. Requiere una lucha continua para aumentar gradualmente la
eficiencia de la organización y exige la colaboración de una gran parte
de la plantilla de la empresa. Si se quiere eliminar las pérdidas con
eficacia, el programa debe implicar una participación total de la mayor
parte de los empleados. Ello significa que hay que cambiar el enfoque
tradicional de decirle a cada empleado exactamente lo que debe hacer, y
pasar a la filosofía JIT en la cual se pone un especial énfasis en la
necesidad de respetar a los trabajadores e incluir sus aportaciones
cuando se formulen planes y se hagan funcionar las instalaciones. Sólo
de esta forma podremos utilizar plenamente las experiencias y pericias
de los empleados.
En busca de la simplicidad. Los enfoques de la gestión productiva de
moda durante la década de los setenta y principio de los ochenta se
basaban en la premisa de que la complejidad era inevitable. El JIT pone
énfasis en la búsqueda de la simplicidad, basándose en el principio de
que enfoques simples conducirán hacia una gestión más eficaz. El primer
tramo del camino hacia la simplicidad cubre dos zonas:
1. Flujo de material.
2. Control.
Un enfoque simple respecto al flujo de material es eliminar las rutas
complejas y buscar líneas de flujo más directas, si es posible
unidireccionales. La mayoría de las plantas que fabrican a base de lotes
están organizadas según lo que podríamos denominar una disposición por
procesos. Por tal motivo la mayor parte de los artículos elaborados en
esta fábrica seguirán una ruta tortuosa pasando, por ejemplo, del corte
de materias primas a los tornos, luego al mandrilado, a la soldadura, al
laminado, al tratamiento térmico, al rectificado y al taller de pintura.
Normalmente cada proceso implica una considerable cantidad de tiempo de
espera que se añade al tiempo que se invierte en el transporte de los
artículos (entre la confusión general de la actividad de la fábrica) de
un proceso a otro. Las consecuencias son bien conocidas: una gran
cantidad de productos en curso y plazos de fabricación largos. Los
problemas que conlleva intentar planificar y controlar una fábrica de
este tipo son enormes, y los síntomas típicos son que los artículos
retrasados pasan a toda prisa por la fábrica mientras otros, que ya no
se necesitan inmediatamente a causa de la cancelación de un pedido o un
cambio en las previsiones, se paran y quedan estancados en la fábrica.
Estos síntomas tienen muy poco que ver con la eficacia de la gestión. No
importa lo bueno que un directos sea, tendrá problemas para controlar un
sistema de este tipo. También podemos intentar enfrentarnos con el
problema, por ejemplo, instalando un sistema de control por ordenador en
la fábrica; si la fábrica sigue siendo tremendamente compleja, los
beneficios obtenidos serán probablemente marginales.
La filosofía de la simplicidad del Just-in-Time examina la fábrica
compleja y empieza partiendo de la base de que se puede conseguir muy
poco colocando un control complejo encima de una fábrica compleja. En
vez de ello, el JIT pone énfasis en la necesidad de simplificar la
complejidad de la fábrica y adoptar un sistema simple de controles.
¿Cómo se consigue un flujo simple de material en la fábrica? Hay varias
formas, la mayoría se puede llevar a cabo simultáneamente. El método
principal consiste en agrupar los productos en familias, utilizando las
ideas que hay detrás de la tecnología de grupos y reorganizando los
procesos de modo que cada familia de productos se fabrique en una línea
de flujo. De esta forma, los elementos de cada familia de productos
pueden pasar de un proceso a otro más fácilmente, ya que los procesos
están situados de forma adyacente, logrando así reducirse la cantidad de
productos en curso y el plazo de fabricación.
La filosofía de simplicidad del JIT, además de aplicarse al flujo de
artículos, también se aplica al control de estas líneas de flujo. En vez
de utilizar un control complejo como en las líneas del MRP, el JIT pone
más énfasis en un control simple. Los sistemas MRP y OPT son sistemas
que empujan en el sentido de que planifican lo que hay que fabricar, que
luego se empuja a través de la fábrica. Se supone que los cuellos de
botella y otros problemas se detectan de antemano y se instalan unos
complejos sistemas de control para informar de los cambios para que
puedan tomarse las medidas correctoras. En cambio, el enfoque
Just-in-Time que hace uso del sistema de arrastre Kanban, elimina el
conjunto complejo de flujos de datos, ya que es esencialmente, en su
forma original, un sistema manual. Cuando finalice el trabajo de la
última operación, se envía una señal a la operación anterior para
comunicarle que debe fabricar más artículos; cuando este proceso se
queda sin trabajo, a su vez, envía la señal a su predecesor, etc. De tal
forma este proceso sigue retrocediendo toda la línea de flujo,
arrastrando el trabajo a través de la fábrica. Si no se saca trabajo de
la operación final no se envían señales a las operaciones precedentes y
por tanto no trabajan. Esta es la principal diferencia con respecto a
los enfoques anteriores de control de materiales. Si disminuye la
demanda, el personal y la maquinaria no producen artículos. Los
defensores del JIT sugieren que realicen otras tareas como limpiar la
maquinaria, hacer ajustes y comprobar si requieren mantenimiento, entre
otras tareas. Con los enfoques tradicionales, la mayor parte de los
directivos son menos propensos a dejar que el personal y la maquinaria
permanezcan inactivos, programándose trabajo incluso aunque no se
necesite en un futuro próximo. Demasiadas veces no se necesita nunca
porque el producto se ha convertido en obsoleto y los productos acabados
deben desecharse. De hecho, el enfoque tradicional consideraba que la
principal prioridad era mantener a las máquinas y al personal en activo,
incluso a costa de fabricar artículos que sólo contribuirían a aumentar
unas existencias ya infladas e incrementar el porcentaje de desecho.
El enfoque JIT, basándose en el uso de los sistema tipo arrastre,
asegura que la producción no exceda de las necesidades inmediatas,
reduciendo así el producto en curso y los niveles de existencias, al
mismo tiempo que disminuye los plazos de fabricación. Y el tiempo que de
otra forma sería improductivo se invierte en eliminar las fuentes de
futuros problemas mediante un programa de mantenimiento preventivo.
Las principales ventajas que se pueden obtener del uso de los sistemas
Just-in-Time tipo arrastre/Kanban son las siguientes:
· Reducción de la cantidad de productos en curso.
· Reducción de los niveles de existencias.
· Reducción de los plazos de fabricación.
· Reducción gradual de la cantidad de productos en curso.
· Identificación de las zonas que crean cuellos de botella.
· Identificación de los problemas de calidad.
· Gestión más simple.
El hecho de que los sistemas de arrastre Kanban identifiquen los cuellos
de botella y otros problemas, en Occidente se consideró al principio
como una desventaja. ¿Para qué queremos identificar problemas? ¿Por qué
no olvidarlos? Bien, el objetivo del JIT es justamente resolver los
problemas fundamentales y esto sólo se puede conseguir si se identifican
los problemas.
Establecer sistemas para identificar problemas. El sistema de arrastre
Kanban saca los problemas a la luz, en tanto que el control estadístico
de procesos (SPC) ayuda a identificar la fuente del problema. Con el
JIT, cualquier sistema que identifique los problemas se considera
beneficioso y cualquier sistema que los enmascare, perjudicial. Los
sistemas de arrastre Kanban identifican los problemas y por tanto son
beneficiosos. Los enfoques tradicionales tendían a ocultar los problemas
fundamentales y de esta forma retrasar o impedir la solución. Los
sistemas diseñados con la aplicación del JIT deben pensarse de manera
que accionen algún tipo de aviso cuando surja un problema. Si realmente
queremos aplicar el JIT en serio tenemos que hacer dos cosas:
1. Establecer mecanismos para identificar los problemas.
2. Estar dispuesto a aceptar una reducción de la eficiencia a corto
plazo con el fin de obtener una ventaja a largo plazo.
Es posible que muchos directivos consideren en un principio que el
cuarto y último aspecto de la filosofía JIT es una desventaja potencial.
Sin embargo, la experiencia muestra que si se crean estos sistemas y si
se resuelven los problemas se puede mejorar considerablemente el
funcionamiento de la empresa.
Los objetivos del Just-in-Time suelen resumirse en la denominada “Teoría
de los Cinco Ceros”, siendo estos:
· Cero tiempo al mercado.
· Cero defectos en los productos.
· Cero pérdidas de tiempo.
· Cero papel de trabajo.
· Cero stock.
A los que suele agregarse un sexto “Cero”:
· Cero accidentes.
4. Coste / beneficio de la aplicación del Just-in-Time
Los enfoques convencionales del control de la fabricación como el MRP o
el OPT exigen grandes inversiones de capital, la mayor parte del mismo
consistente en hardware y software informático. Normalmente una
aplicación de los sistemas MRP u OPT implica una secuencia de
implantación de 18 meses para resolver los flujos de datos; luego se
prueba el sistema en paralelo con el sistema existente, se solucionan
los problemas iniciales y finalmente la empresa pasa a utilizar
definitivamente el nuevo sistema. En cambio, el JIT exige muy poca
inversión de capital. Lo que se requiere es una reorientación de las
personas respecto a sus tareas. Con la aplicación del JIT, todos los
gastos implicados son principalmente gastos de formación. El personal de
una empresa debe ser consciente de la filosofía que subyace el JIT y
como influye esta filosofía en su propia función.
Pero aunque el coste de una aplicación JIT sea más bajo que el de las
aplicaciones típicas del MRP II, la reducción de las existencias es
mucho mayor con el sistema JIT, muchas aplicaciones consiguen una
reducción del 60 al 85 por 100 de las existencias. También debemos
considerar que el JIT no se debe considerar a corto plazo; es decir, no
deberíamos utilizar el JIT durante seis meses y luego parar. El JIT es
una campaña progresiva que busca el perfeccionamiento continuo. Además
debemos tener en cuenta que el JIT no sólo reduce las existencias, sino
que aumenta la calidad, el servicio al cliente y la moral general de la
empresa.
5. Estrategia del Just-in-Time
El JIT es mucho más que un programa destinado a la reducción de
inventarios o cero inventarios El JIT es un sistema para hacer que las
empresas de manufacturas operen eficientemente y con un mínimo de
recursos humanos y mecánicos. El just-in-time también permite mejorar la
calidad, y proporcionar un máximo de motivación para la solución de los
problemas tan pronto como éstos surgen. El Just-in-Time es sinónimo de
simplicidad, eficiencia y un mínimo de desperdicios.
Como antes dijimos, el JIT introduce una nueva definición de
desperdicios en la manufactura. En general se considera que el
desperdicio es chatarra de material, reprocesable o bien producto de
línea rechazado. El JIT considera desecho a cualquier cosa que no sea
necesaria para la manufactura del producto o que es un exceso del mismo,
por ejemplo, el caso de un inventario de seguridad para cubrir las
partes defectuosas en las líneas de producción o las tasas de
elaboración de carácter no lineal, las horas de mano de obra empleadas
en elaborar productos innecesarios o en reprocesar productos debido a su
mala calidad o a causa de cuestiones de ingeniería, así como el tiempo
invertido en el ajuste de máquinas y herramientas antes de que se
empiecen a procesar partes con ellas. Todo este tiempo y material
desperdiciado incrementa el costo del producto y disminuye su calidad.
El Just-in-Time es una cruzada para eliminar cualquier forma de
desperdicio o despilfarro. Es también un impulso para simplificar el
proceso de manufactura de manera que sea factible detectar problemas y
llegar a soluciones de carácter inmediato.
Así el JIT puede entenderse como un sistema de producción diseñado para
eliminar todo desperdicio en el medio de la manufactura (por desperdicio
debe entenderse cualquier cosa que no contribuya de manera directa al
valor del producto). Ampliar dicha definición implicaría decir que el
sistema just in time hace que los materiales necesarios sean traídos al
lugar necesario para elaborar los productos necesarios en el momento
exacto en que éstos son requeridos. Como complemento de éstas
definiciones es menester subrayar dos reglas fundamentales que deber ser
observadas: la primera es que sólo deben ser empleadas partes y procesos
de alta calidad. El JIT requiere de existencia mínimas de seguridad en
materiales y productos en proceso, por ello cuando llega el instante de
elaborar el producto, las partes en el proceso de producción, deben ser
las mejores que se puedan obtener. Esta regla asegura altos rendimientos
y previsión en la línea de producción. La segunda regla tiene se refiere
al tamaño del lote de producción. Siempre se deberá elaborar el tamaño
de lote más pequeño para cualquier producto, independientemente del
volumen de producción del mismo. Estas dos reglas constituyen los
pilares de los principios de operación del JIT. Una violación de
cualquiera de ellos ocasionaría serios problemas en la implantación del
sistema.
No hay pérdida más terrible que la del exceso de producción. Las
modernas empresas industriales como así también las de servicios deben
desarrollar el sentido común, para proveerse sólo de lo que necesita
cuando lo necesita y en la cantidad que necesita. Esto implica una
revolución de la conciencia, un cambio profundo de actitud y criterio
por parte de los empresarios.
6. Análisis completo de los costes improductivos
Cuando pensemos en la eliminación absoluta de los costes improductivos,
deberemos tener en cuanta los siguientes puntos:
La mejora del rendimiento tendrá sentido sólo cuando vaya ligado a la
reducción de costes. Para conseguirlo, debemos empezar produciendo
únicamente lo necesario con la mano de obra mínima.
Observemos el rendimiento de cada operario y de cada línea. Después
analicemos a los operarios como un grupo, y el rendimiento de la planta
en su totalidad (todas las líneas). Este rendimiento deberá ser mejorado
en cada paso y, al mismo tiempo, para la totalidad de la planta como una
unidad.
De tal forma, si una línea de producción que tiene 10 trabajadores y
fabrica 100 productos al día, ello significa que el rendimiento por
persona es de 10 piezas al día. Pero si procedemos a analizar
sistemáticamente las actividades y procesos, logra percibirse que se
genera un exceso de producción, acompañado de trabajadores parados y que
se realizan actividades innecesarias dependiendo de la hora de la
jornada. Ahora bien, supongamos que mejoramos los procesos y reducimos
la cantidad de mano de obra en dos trabajadores. El hecho de que 8
trabajadores puedan generar 100 piezas diariamente implica que podemos
elevar a 125 la cantidad de unidades producidas diariamente sin reducir
la cantidad de trabajadores. En realidad esa capacidad de producir 125
piezas al día ya existía anteriormente, pero se perdía debido al trabajo
innecesario y al exceso de producción.
Esto significa que si consideramos sólo el trabajo necesario como
trabajo real y definimos el resto como “pérdida”, la siguiente ecuación
será cierta, tanto se consideramos a los trabajadores individualmente
como a la línea en su totalidad:
capacidad actual = trabajo + pérdida
La mejora real del rendimiento se consigue cuando el nivel de costes
improductivos es igual a cero y se alcanza un porcentaje de trabajo del
100%. Por tanto, en el sistema de producción just in time, debemos
fabricar sólo la cantidad necesaria, la mano de obra debe reducirse para
equilibrar el exceso de capacidad productiva y ajustarlo a la cantidad
requerida.
El paso preliminar para la aplicación del sistema de producción
just-in-time es el de identificar completamente los costes improductivos
tales como:
· Costes improductivos por exceso de producción.
· Costes improductivos en el tiempo de los trabajadores (parados).
· Costes improductivos por el transporte.
· Costes improductivos del procesamiento en sí mismo.
· Costes improductivos de stock disponibles (inventarios).
· Costes improductivos por otras actividades.
· Costes improductivos en la fabricación de productos defectuosos.
Eliminando estos costes improductivos completamente podremos mejorar el
rendimiento operativo con un amplio margen. Para ello, sólo debemos
fabricar la cantidad necesaria, eliminando como consecuencia el
excedente de mano de obra. El sistema de producción just-in-time revela
claramente un exceso de mano de obra. Es responsabilidad de la dirección
el detectar el exceso de mano de obra y el utilizarla de forma rentable.
La contratación de más personal cuando el negocio va bien y la
producción es alta para después, cuando se producen recesiones,
despedirlos o generar jubilaciones anticipadas, no son buenas medidas.
La definición de despilfarro que han asumido las empresas occidentales
es sobre “cualquier otra cosa que no sean los recursos mínimos absolutos
de material, máquinas y fuerza de trabajo requeridos para añadir valor
al producto”. Considerándose como recursos mínimos absolutos:
· Un único proveedor, si éste tiene suficiente capacidad.
· Nada de gente, equipos o espacio dedicados a repetir un trabajo ya
hacho.
· Ningún stock de seguridad.
· Ningún plazo de ejecución excesivo.
· Que nadie efectúe una tarea que no añada valor.
“Solamente aquellas actividades que cambian los productos físicamente,
añaden valor”. Es decir, que contar, mover o incluso inspeccionar son
tareas que no añaden valor, pero sí coste; por lo tanto son
despilfarros.
Existe otro principio que debe añadirse a la filosofía Just-in-Time. Se
trata el mismo de establecer dentro del proceso la denominada mejora
continua, con aplicaciones sencillas, reduciendo y eliminando:
transportes, esperas, inventarios, cambios y preparaciones; no dando
nunca un resultado como definitivo. La productividad, calidad, servicio
al cliente, flexibilidad en el diseño del producto y los cambios de
programación deben mejorar continuamente; estableciéndose un proceso
cíclico en el que siempre podrán efectuarse nuevas mejoras. A tales
efectos, la planta de producción es la mayor fuente de información sobre
el proceso de fabricación, ofreciendo la información más directa, actual
y estimulante sobre su funcionamiento.
7. El funcionamiento de las fábricas
Las fábricas tradicionales de occidente presentan graves deficiencias en
su organización y funcionamiento. Jamás se habla de ello y su
importancia y sus consecuencias raramente se evalúan por los dirigentes.
En cuanto al personal de fabricación, que tropieza diariamente con los
problemas, no ha logrado hacerlos desaparecer. Su función prioritaria es
desde siempre conseguir producir las cantidades necesarias en las fechas
deseadas. Se trata de un desafío cotidiano.
En una fábrica, la mala organización y el funcionamiento mal dirigido se
manifiesta por un nivel de stocks elevado y por plazos de fabricación
amplios. Estos últimos se ven además respetados con dificultad, lo que
deja descontentos a los clientes.
Puede parecer chocante que un fábrica no respete los plazos. Podría
pensarse que la industria tiene suficiente experiencia para conocer de
modo realista los plazos de producción, y planificar las operaciones con
suficiente antelación. He aquí lo que sucede: los plazos se conocen y se
utilizan para la gestión de la producción, siendo incluso muy amplios
con relación al tiempo de trabajo estrictamente necesario para la
elaboración de un producto. Así, un producto que requiere una hora de
tiempo de trabajo total se planifica seguramente con un plazo de varias
semanas. Con tal margen de seguridad parece inconcebible que los plazos
no puedan respetarse. Para descubrir las razones de tal paradoja hay que
ir a una fábrica y examinar sus diferentes talleres de fabricación de
piezas y montaje. Se advierte entonces que las causas de los plazos
demasiados largos son numerosas: falta de piezas, producción defectuosa
por lotes, “cuellos de botella”, trayectos de las piezas
desmesuradamente largos, averías de la maquinaria, problemas planteados
por la calidad. Todas estas dificultades hacen que la planificación de
la producción llegue a ser muy compleja.
Con mucha frecuencia la fabricación de un pedido se retrasa por la
falta, en el montaje, de una pieza a integrar en el producto final. La
pieza puede faltar por retraso de un proveedor o por no haber sido
producida a tiempo por un taller de fabricación. En ambos casos hay que
interrumpir la fabricación del producto y esperar la pieza.
En algunas fábricas el fenómeno se autoalimenta: un pedido que se
encuentra en espera de piezas se hace muy urgente y para satisfacerlo se
completa con piezas fabricadas para otros clientes, cuyos pedidos se
verán a su vez faltos de piezas.
Un taller de fabricación puede ser responsable del retraso o de la falta
de una pieza. Dicho taller tiene necesariamente plazos amplios debido a
que la producción de cada máquina se efectúa por lotes importantes de
piezas idénticas, lo que responde en particular a la duración elevada de
los cambios de herramienta.
La producción por lote impide, en efecto, encadenar las operaciones que
deben realizar las diferentes máquinas sobre una pieza dada, lo que
amplia notablemente los plazos. Impide igualmente fabricar de modo
urgente una pieza que se eche en falta. Es necesario terminar el lote en
curso en la máquina, cambiar la herramienta, producir un lote completo
de piezas idénticas a la deseada, siendo las restantes piezas del lote
almacenadas hasta que el próximo pedido las requiera.
No siempre se encuentran armonizadas las respectivas cadencias o el
número de máquinas utilizadas en las diferentes etapas de fabricación.
De ello resultan “cuellos de botella” que acrecientan por su parte los
plazos y los almacenes.
Resulta difícil imaginar el número de kilómetros efectuado por los
materiales y las piezas entre su entrada y su salida de fábrica. Sin
embargo, en muchos casos, los planos de conjunto muestran a los
directivos una disposición lógica, que parece optimizar los recorridos,
pero basta con seguir una pieza y dibujar su recorrido sobre un plano
detallado de la fábrica para descubrir la realidad. La longitud excesiva
de los recorridos es un problema general, que perjudica a los plazos y a
la productividad: los efectivos de personal empleados en las tareas de
mantenimiento son proporcionales a la longitud de los recorridos. Hacen
por otra parte, aumentar los almacenes dado que para cada pieza
transportada de un punto A a un punto B de la fábrica existen un almacén
en A y otro en B.
Las averías de las máquinas son frecuentes. Aumentan los plazos y
pueden, en ciertos casos, plantear graves problemas a la producción.
Para limitar los riesgos, una práctica corriente es la de fabricar un
número de piezas mayor del necesario durante los períodos de buen
funcionamiento, con lo que basta luego almacenar talles piezas.
Cuando el control final detecta una anomalía, hay que desmontar
parcialmente el producto y luego rehacer o volver a pedir la pieza
defectuosa. Esto puede alargar mucho los plazos, así como aumentar los
respectivos costes. También en este caso, para atenuar el problema, es
frecuente fabricar o adquirir sistemáticamente más piezas de las
necesarias.
Los almacenes elevados se traducen en amontonamiento en los talleres,
desorden, falta de sitio, desorganización y dificultad de gestionar y de
localizar las miles de piezas presentes al mismo tiempo en una fábrica.
Los riesgos aleatorios –como falta de piezas, los retrasos, los cuellos
de botella, las averías, los defectos- no pueden tenerse en cuenta en la
planificación de la producción. De ello proceden los errores, los
olvidos, los retrasos y la falta de nuevas piezas.
Los fenómenos antes descritos constituyen un conjunto esclarecedor:
falta de piezas, fabricación por lotes, “cuellos de botella”, mala
disposición de las actividades y recorridos excesivos, insuficiente
fiabilidad de los suministradores respecto a la calidad y los plazos de
entrega, averías, desperdicios, amontonamiento, desorden, errores,
derroches, falta de productividad y, seguramente, plazos muy amplios y
almacenes demasiado cuantiosos, que representan semanas o meses de
consumo, contra algunas horas o algunos días en las fábricas japonesas.
Si estas deficiencias se encuentran en la mayoría de las empresas
tradicionales de occidente, no provienen en modo alguno de un retraso
tecnológico, aunque no por ello dejan de constituir una desventaja
esencial de competitividad, de capacidad para reaccionar rápidamente
ente las nuevas restricciones, los nuevos clientes y las exigencias
nuevas.
Por último debemos subrayar que si todas estas anomalías suponen un
importante impacto económico, ninguna de ellas se muestra en la
contabilidad analítica, para la cual es principal parámetro a optimizar
para reducir el precio de coste de los productos es el tiempo de trabajo
directo utilizado en ellos.
Debe recalcarse que la modernización no hace desaparecer las causas
profundas de la falta de productividad de las fábricas e incluso puede
contribuir a agravarlas.
Las empresas deben saber responder a las expectativas del mercado, para
lo cual deben fabricar los productos que los clientes desean, en los
plazos y con el nivel de calidad que requieren, por un precio mínimo.
Pero la industria tradicional no tiene suficiente capacidad para ello.
Sus fábricas están faltas de agilidad y de rapidez de acción; son podo
eficaces, derrochan hombres, tiempo, materiales, equipos productivos y
locales; no consiguen una producción de calidad. Para recuperar su
competitividad en un universo industrial cada vez más agresivo, las
empresas deben luchar contra tales desventajas. De hecho, la industria
occidental no tiene la sana costumbre de luchar contra las causas de los
problemas, sino que ante cada dificultad encuentra siempre un medio que
hace soportable el efecto. Dicho medio contribuye sistemáticamente a
aumentar los costos. Veamos algunos ejemplos:
La duración de los cambios de herramienta. Sabemos que, al cambiar el
tipo de pieza tratado por una máquina, es necesario el cambio de
herramientas. Esta operación improductiva es larga y no puede efectuarse
con demasiada frecuencia, porque se resentiría la producción. A
comienzos de siglo se formuló una teoría resumida ésta en una fórmula
llamada “fórmula de Wilson”, con la cual se permite determinar la
cantidad mínima de piezas a tratar por un máquina entre dos cambios de
herramientas consecutivos. Esta cantidad económica se expresa en función
del tiempo de cambio de útiles. Durante decenios, la fórmula de Wilson
ha constituido el principio esencial de la planificación de la
producción de las empresas occidentales. Todavía hoy tiene una amplia
utilización. Se trata de una forma de acomodarse al efecto de un
problema, al precio de constituir stocks elevados y de alargar los
plazos. No se ha tenido la idea de atacar su causa, es decir, de
intentar reducir los tiempos de cambio de herramientas.
Las averías de las máquinas. Una avería de una máquina puede tener
graves consecuencias: puede parar la producción de todos los puestos de
trabajo situados más allá de ella en el proceso de producción. En lugar
de intentar hacer más fiable las máquinas, es corriente constituir
stocks de seguridad para prevenir contra el efecto de las averías
eventuales.
Los problemas de calidad. Basta a menudo que una sola pieza de un lote
fabricado para un pedido sea deficiente, para que resulte imposible
servir al cliente en los plazos previstos. Más que intentar evitar la
aparición de defectos, durante muy largo tiempo, y todavía sucede así en
numerosos lugares, se han fabricado cantidades de piezas superiores a
las necesarias, De ahí, una vez más, el aumento de stocks y de costes.
Hemos mencionado ya otras situaciones en que se tratan los efectos y no
las causas: la automatización de los almacenes en vez de la reducción de
stocks; la informatización de una producción no modificada, en vez de
una reorganización que permite disminuir los errores y la falta de
piezas; la adquisición de sistemas de mantenimiento automatizados en vez
de una reducción de los recorridos de las piezas, y así muchos otros
casos. Para conseguir el nivel de eficacia y de competitividad hoy
requerido, conviene dejar de tratar los efectos de los problemas y
atacar sus causas. Es por ello necesario identificar tales causas. Surge
pues ¿cómo identificar las mismas?
Las causas claves son aquellas que no son consecuencia de otros y que,
por lo mismo, deberían figurar lógicamente entre las causas reales de la
ineficacia; siendo tales:
· la distribución inadecuada de las máquinas y los recorridos demasiados
largos.
· la duración de los cambios de herramientas,
· las averías,
· los problemas de calidad,
· las dificultades con los suministradores.
Otros elementos, en cambio, parecen ser más bien consecuencias. Así, el
desorden, los errores, la falta de piezas, los derroches, los retrasos,
deberían poderse atenuar considerablemente mediante la disminución de
stocks y de plazos, así como por la revisión de la situación de las
máquinas y la reducción de la longitud de los trayectos. Debemos prestar
especial consideración a los stocks elevados y los plazos excesivos.
Stocks y plazos excesivos se ven a menudo presentados como el mal
absoluto del que importa librarse. Es cierto que son el origen de
aumentos de coste, de derroches, de improductividad, de falta de
flexibilidad. Se tiene por ello la tendencia a ver en ellos las causas
principales de las desventajas de competitividad. Tanto los excesos de
stocks, como de plazos no son males en sí mismo, sino consecuencia de
otros males. Constituyen por tal motivo excelentes síntomas de la
ineficacia industrial.
Para que los stocks puedan disminuir es necesario que su papel sea menos
indispensable. Tienen esencialmente una función de seguridad: existen
porque los plazos necesarios para fabricar una nueva pieza o un nuevo
producto son demasiados largos para hacer frente a un pedido urgente o a
un defecto de fabricación o a una avería de las máquinas. Los almacenes
no pueden por tanto reducirse sin una fuerte disminución de los plazos.
Recíprocamente, para que los plazos puedan disminuirse será necesario
encadenar con mayor rapidez las operaciones de producción y, por tanto,
dejar de constituir stocks intermedios.
8. Ventajas operativas aportadas por una fuerte reducción de stock y
plazos
Incremento de agilidad, y mejor seguimiento del mercado.
· Capacidad para atender pedidos urgentes.
· Rapidez de reacción gracias a la reducción de plazos.
· Mejor respuesta a las expectativas del mercado.
· Posibilidad de planificar la producción a corto plazo teniendo en
cuanta únicamente los pedidos en firme (en lugar de planificar sobre la
base de previsiones).
Mejora de la productividad y reducción de los costes de producción.
· Reducción de los almacenes de productos terminados, costosos y
rígidos.
· Suspensión de las tareas relativas a la gestión, manipulación,
transporte, vigilancia y protección de los almacenes (riesgos de
incendio, robo, corrosión, etc.).
Ganancia de espacio.
· Baja de alquileres o posibilidad de utilizar para otras actividades la
superficie ganada.
· Posibilidad de optimizar la implantación de las actividades.
· Supresión de la necesidad de ocupar más adelante otros edificios por
extensión de la actividad.
Mejora de la eficacia.
· Mayor visibilidad.
· Disminución del número de informaciones a tener en cuenta.
· Mejor circulación de la información.
· Reducción del número de piezas que faltan.
· Reducción de los despilfarros.
Disminución de las necesidades de inversión y de cargas de mantenimiento
relativas:
· A la extensión de los locales.
· A los equipos de manipulación de almacenes: carretillas elevadoras,
contenedores, paletas, grúas-puente, entre otros.
· A los equipos de almacenaje (tradicionales o automáticos).
· Al sistema informático de gestión de almacenes.
9. Reducción de recorridos
La complejidad no es inevitable, resultando posible mejorar
considerablemente la distribución de las actividades en las fábricas. El
objetivo a buscar es simple, y se trata de “colocar uno al lado de otro
los puestos de trabajo que efectúan operaciones sucesivas, sobre una
misma pieza o un mismo producto”.
Para ello es necesario conseguir encadenar entre sí las operaciones,
suprimiendo los almacenes intermedios, reduciendo a lo estrictamente
indispensable las operaciones de manutención, simplificando el flujo de
piezas, y facilitando el seguimiento de la producción. Para ello es
menester considerar varios aspectos:
· La disposición en células de los talleres.
· La separación geográfica y la puesta en línea de las fabricaciones de
productos diferentes.
· Las demás actividades a situar próximas entre sí.
· La descentralización de las actividades de recepción, almacenaje y
expedición.
Las células de máquinas. En un taller de fabricación, en que la
distribución es generalmente funcional, existen muchos recorridos de
piezas diferentes, sin que ninguno de ellos sea simple ni corto. Sin
embargo, pueden en ocasiones identificarse algunos circuitos elementales
recorridos por gran número de piezas. Un circuito elemental corresponde
frecuentemente al único recorrido posible para un tipo dado de pieza,
por razones técnicas o a causa de características de forma y de tamaño
particulares de las piezas.
Resulta así pues posible agrupar las máquinas de cada circuito elemental
y disponerlas en forma de “U”, de modo que las máquinas se sucedan en el
orden de la respectivas operaciones de fabricación. La mayoría de los
trayectos de las piezas se limitan de este modo al recorrido por una de
las células así obtenidas.
Un célula corresponde al recorrido mínimo que habría de efectuar una
pieza tratada por cada una de sus máquinas. Permite encadenar las
sucesivas operaciones relativas a una misma pieza, con lo que se hacen
mínimos los plazos. Una pieza puede en efecto fabricarse por completo en
algunos minutos, en tanto que en una fábrica tradicional serían con
frecuencia necesarias varias semanas. La creación de células suele ser
poco costosa. Los beneficios obtenidos son tan elevados que la operación
puede hacerse rentable en pocas semanas. Para ello es menester lograr
trabajadores polivalentes: cada uno de ellos ejecuta, consecutivamente,
en las diferentes máquinas de la célula, todas las operaciones relativas
a una misma pieza. En tanto que antes se requería un operador por
máquina, la polivalencia ha incrementado claramente la productividad.
Los plazos de fabricación de las piezas tratadas en las células se han
rebajado de una o dos semanas a dos o tres minutos.
Las células de maquinaria son una de las principales explicaciones de
los plazos muy cortos de fabricación y de los niveles extremadamente
bajos de almacenaje en las fábricas japonesas.
En una buena célula, las máquinas están muy próximas y los operarios se
desplazan con la pieza que tratan. La proximidad de las máquinas evita
desplazamientos importantes y garantiza un plazo mínimo, con el más
rápido encadenamiento de las operaciones.
La polivalencia y el desplazamiento de los operarios permite la
utilización de cada uno de ellos al 100% de su tiempo. Para hacer variar
el volumen de producción de una célula, basta con hacer trabajar a más o
menos operadores (hasta el límite de saturación de las maquinas).
La focalización y la puesta en línea. La focalización consiste en
dividir una fábrica en sectores independientes, cada uno de los cuales
asegura el ensamblaje de las operaciones relativas a una de las familias
de productos que trataría la fábrica inicial. Poner en línea es disponer
consecutivamente las operaciones de producción relativas a un mismo
producto, a fin de permitir su encadenamiento. La organización y el
funcionamiento de la fábrica, dividida en sectores independientes,
resultan claramente mejoradas. En cada sector puede seguirse con la
vista lo que sucede e identificar los posibles problemas. Las piezas se
localizan con facilidad. Disminuyen los riesgos de error y la falta de
piezas. Si se presenta un problema en una línea de producción ello no
repercute sobre las otras. La gestión y la planificación de cada sector
se ven además considerablemente simplificadas. La puesta en línea
conduce a importantes progresos en los planos de la eficacia, la
productividad, la flexibilidad y la reducción de plazos.
Las agrupaciones de actividades. No todos los talleres pueden ser
reorganizados enteramente en forma de células. No todas las fábricas
pueden ser “focalizadas” por productos y puestas en línea. Sin embargo,
cualquier modificación parcial por uno de tales caminos es beneficiosa.
Por lo demás, cuando las células o las puestas en línea parecen
imposibles, pueden a menudo llevarse a cabo agrupaciones de actividades.
Una primera vía para ello consiste en agrupar simplemente las máquinas y
los puestos de trabajo que efectúan las operaciones relativas a las
mismas piezas o a los mismos productos. Conviene enseguida encadenar sus
operaciones y suprimir los almacenes intermedios. En una segunda
aproximación puede pensarse en cuestionar la tradicional separación
existente entre fabricación y montaje. En la fábrica de Toyota en Long
Beach o en la de Citroën en Trémery, se encuentran máquinas junto a las
líneas de montaje, que son accionadas por los operarios del montaje
cuando tienen necesidad de piezas para ensamblarlas al producto en
curso.
La descentralización de las actividades de recepción, almacenaje y
expedición. Tratándose de actividades tradicionalmente centralizadas en
la mayoría de las fábricas, es deseable intentar descentralizarlas en el
mayor grado posible a fin de reducir los trayectos, los plazos y la
ineficacia.
10. El cambio rápido de herramientas
En las fábricas, las máquinas son con la mayor frecuencia polivalentes,
lo que permite obtener una tasa de utilización elevada, garantiza su
rentabilidad y costes reducidos de producción. Para pasar de un tipo de
producción a otro hay que cambiar “la herramienta” de la máquina. En el
ejemplo de una prensa estampadora de chapa, el cambio de tipo de matriz
necesita la sustitución de las prensas macho y hembra. Es preciso por lo
tanto desmontar la matriz –frecuentemente pesada y fija en la máquina
por medio de numerosas sujeciones-, desplazarla, colocar otra,
ajustarla, ensayar una primera pieza, hacerla controlar, comprobar la
mayoría de las veces que es defectuosa, reanudar los reglajes, etc. Este
trabajo es largo y delicado, no pudiendo ser realizada por el operario
que opera la máquina, siendo por tanto necesario en numerosos casos la
intervención de un especialista.
Por causa de su duración y coste, los cambios de herramientas no pueden
efectuarse muy a menudo, y por ello es necesario la producción
consecutiva de lotes importantes de piezas idénticas. Resultan de ello
stocks elevados, plazos largos de producción, esperas y obstáculos a la
fluidez de recorrido de los productos.
Durante decenios y todavía hoy, los creadores de máquinas herramientas
han tenido como preocupación esencial el incremento de la cadencia
instantánea de sus equipos. Lo cual correspondía a la principal
exigencia de sus clientes más importantes: los industriales que producen
grandes series. Las máquinas, en definitiva, no han sido concebidas para
un cambio rápido de herramientas, lo que explica que la operación dure
generalmente varias horas. Pero lo cierto es que la duración del cambio
de herramientas viene en gran parte condicionado por la concepción de la
máquina. Por ello sin duda, el personal de las fábricas no tiene
costumbre de intentar reducir dicha duración. La idea de reducir los
tiempos de cambio de herramientas no es, por tanto, tradicional en la
industria. Las mismas direcciones generales raramente piensan en ello,
cuando su función consiste en especial en fomentar la evolución en el
seno de sus empresas. Por tal motivo, los planes de acción que las
empresas establecen periódicamente para mejorar su productividad omiten
generalmente esta cuestión.
Una fuerte reducción de los tiempos de cambio de herramientas ofrecería
sin embargo múltiples ventajas. Aumentaría la capacidad de producción de
las máquinas y la productividad del personal. Permitiría librarse de la
producción por lotes. Resultaría de ella una fuerte baja de los plazos y
de los stocks, así como la posibilidad de utilizar las máquinas para
producir piezas en el momento en que se tiene necesidad de ellas y con
la calidad necesaria. Los problemas de la falta de piezas o del retraso
de los pedidos de los clientes se verían con ello sensiblemente
reducidos. Por tanto, mejorarían notablemente la eficacia y la
flexibilidad de la fábrica.
Para comprender el camino a seguir, basta tomarse la molestia de asistir
a un cambio de herramientas. Lo ideal es filmar en video la totalidad de
la operación para poder analizarla posteriormente con detalle y mostrar
al personal que resulta fácil mejorar la situación. Se descubren
entonces fenómenos chocantes: varias idas y venidas del operario entre
la máquina y el almacén de herramientas, situado a distancia: la
ausencia de utillaje corriente (llaves, destornilladores,....) al lado
de la máquina; espera por el operario de que estén dispuestos los medios
de mantenimiento –puente grúa, carretilla elevadora-; sistemas de
fijación que hacen perder mucho tiempo; encadenamiento deficiente de las
operaciones que se traduce especialmente en numerosos desplazamientos
inútiles alrededor de la máquina; tareas que podrían efectuarse sin para
la máquina; ausencia de gálibos de reglaje; mucho tiempo perdido en
tanteos, ensayos y reglajes complementarios antes de producir en fin la
primera pieza correcta.
Resulta fácil remediar estas deficiencias. Basta con algunas ideas muy
simples: cambio de todos los sistemas de fijación por sistemas de
bloqueo instantáneo, disminución del número de tornillos y pernos,
creación de conjuntos de herramientas ligeras situadas de modo
permanente junto a la máquina, instalación de un stock de herramientas
al lado de la máquina, herramientas transportadas por una carretilla
dedicada a la máquina, revisión de la secuencia de las operaciones,
creación de gálibos de reglaje, entre otros muchos cambios. Concebir
estas modificaciones es fácil, puede efectuarse por el mismo personal de
producción, asistido puntualmente por los especialistas del servicio de
métodos.
Un programa de reducción generalizada de los tiempos de cambio de
herramientas es un imperativo de competitividad para todas las
sociedades industriales. Lleva consigo mejoras importantes en el plano
de los plazos, de los costes y de la flexibilidad. La mejor forma de
encarar la reducción de los tiempos de cambio es tomando nota de cada
una de las operaciones que constituyen un determinado cambio de
herramientas y los tiempos que ellos consumen, posteriormente mediante
un análisis paretiano se debe determinar cuales son los pocos vitales
(aquellas pocas tareas que consumen la mayor parte del tiempo) y cuales
los muchos triviales. De tal forma deberán concentrarse en reducir los
tiempos correspondientes a aquellas pocas tareas que representan la
mayor parte del total de tiempo consumido.
Aplicación del SMED. El mismo está conformado por cuatro etapas:
1. Conocer las condiciones reales de la preparación a mejorar. Se
procede a analizar e identificar con la utilización de cronómetro los
tiempos de preparación.
2. Separar preparación interna de preparación externa. Se trata de
separar las tareas según su naturaleza en internas o externas, y
realizar las externas mientras la máquina está trabajando. De esta forma
se pueden obtener reducciones de entre un 30 a un 50 por ciento del
tiempo empleado en la preparación interna.
3. Convertir la preparación interna en externa. Esta etapa se divide en
dos fases: en la primera fase se trata de reevaluar los procedimientos
declarados como internos y, sin realizar modificaciones en los procesos,
ver si existe la posibilidad de realizar alguno con la máquina en
funcionamiento, es decir, convertirlo en externo. En la segunda fase,
que se realiza conjuntamente con la primera, trabajando con los procesos
que son intrínsecamente internos se busca la forma de convertirlos en
externos realizando las modificaciones que sean necesarias.
4. Perfeccionamiento de todos los aspectos de la preparación. Si bien
con las tres etapas anteriores es posible haber llegado a menos de diez
minutos, no por ello hemos de detenernos y conformarnos con lo
conseguido sino que, como ya nos tienen acostumbrado los japoneses,
seguiremos reduciendo el tiempo de preparación, tanto interna como
externa.
11. Mejoras usuales para el cambio rápido de herramientas
1. Evitar desplazamientos, esperas, pérdidas de tiempo, búsqueda,
necesidad de elegir. Tener junto a la máquina todo lo necesario. Ello se
logra mediante: juegos de herramientas, medidores de gálibo,
instrumentos de reglaje, junto a la máquina; materializar zonas para
colocación clasificada de útiles en casilleros; identificación, mediante
colores, de las herramientas compatibles y de sus casilleros; puesto de
trabajo espacioso, ordenado y limpio; esquemas de instrucciones situados
junto a la máquina; y utillaje ligero de la máquina (llaves, llaves
rápidas, destornilladores, martillos, etc.).
2. Dedicar medios de manutención. Suprimir esfuerzos físicos. Ello se
obtiene gracias a: carretillas portaherramientas a la altura de la
máquina; dispositivos para colocar la herramienta (rodamientos,
correderas); gatos neumáticos o hidráulicos de elevación de
herramientas; y revisión de la concepción de la herramienta para no
tener que desmontar más que una parte reducida de la herramienta.
3. Reducir los tiempos de fijación de la herramienta. Reducir el número
de pernos y tornillos; reducir la longitud de los pernos y tornillos;
reemplazar los agujeros por muescas y entalladuras (de modo tal de
evitar tener que destornillar por completo los pernos); tuercas y pernos
acanalados; fijación rápida, cierres, sistemas de encajado, bridas;
señales de posicionamiento y de centrado en las herramientas y/o en las
máquinas; y diferenciación por colores de las señales de
posicionamiento.
4. Reducir los tiempos de reglaje y de conexión. Mediante la
normalización de alturas de las herramientas, calces, señales de
colores, graduaciones, muescas; plantillas de ajuste; presencia, junto a
la máquina, de una pieza testigo de cata tipo a producir; sistemas
rápidos de conexión y desconexión; e identificación mediante colores de
cables, hilos eléctricos, tuberías, etc.
5. Efectuar tareas fuera del horario. Limpieza, mantenimiento, afilado
de herramientas; limpieza, control y contraste de gálibos; precalentado
de herramientas; y desmontaje parcial de la herramienta anterior.
6. Revisar la concepción. Normalización de las piezas a producir; y
normalización de las dimensiones de herramientas y moldes.
12. La supresión de los riesgos aleatorios
Numerosos riesgos aleatorios pueden perturbar la producción y el
funcionamiento de las fábricas tradicionales, tales como la falta de
piezas, los retrasos de envío de los proveedores, averías frecuentes de
las máquinas, defectos de calidad en los productos fabricados. Los
márgenes de seguridad toman aquí la forma de stocks elevados y de plazos
amplios, los cuales se ven acompañados de desorden, improductividad y
fuertes incrementos en los costes.
13. La fiabilidad de las máquinas
Las averías e incidentes de la maquinaria son una de las principales
plagas de la industria, no siendo raro encontrarse con fábricas en que
la tasa media de inmovilización del conjunto de los equipos es superior
al 40%. Esta falta de disponibilidad recorta gravemente la capacidad de
producción de las máquinas y, con ello, aumenta el coste medio de la
producción. Ello explica que los plazos de fabricación sean largos y
que, sin embargo, difícilmente se respeten. Constituye un obstáculo
fundamental para la rápida salida de los productos de una fábrica.
La falta de disponibilidad de los equipos es la resultante de dos
fenómenos: falta de fiabilidad y mantenimiento insuficiente. La falta de
fiabilidad explica la frecuencia elevada de averías e incidencias. El
mantenimiento defectuoso se traduce en plazos largos de reparaciones y
de puesta a punto.
Las averías e incidencias en el funcionamiento de las máquinas pueden
presentar múltiples aspectos. Se trata a veces de insuficiencias en la
concepción de las máquinas y a menudo del modo como se utilizan.
Una máquina industrial es un sistema complicado, compuesto de elementos
mecánicos, hidráulicos, eléctricos y electrónicos. Las posibilidades de
averías o incidencias son por ello múltiples. Esta diversidad de tipos
de averías o incidencias hace, en cientos casos, difícil su diagnóstico.
Explica además que parezca a priori muy delicado prever las averías. Por
ello, tradicionalmente, los servicios de mantenimiento esperan que se
produzcan las averías para luego proceder a repararlas, en lugar de
preverlas y prevenirlas.
La calidad en la concepción de los equipos progresa constantemente. Sin
embargo, la maquinaria que las fábricas han adquirido en el pasado y
debe utilizar hoy presentan a menudo algunas insuficiencias. Por
ejemplo, ciertos mecanismos son a veces inútilmente complicados, lo que
los hace frágiles. El funcionamiento de las máquinas sería más regular y
previsible si estuviera provista de detectores de anomalías, de
indicadores, de señales o reguladores. Conviene tomar nota que estas
insuficiencias de las máquinas raras veces requieren su sustitución por
equipos más recientes. En la mayoría de los casos resulta factible
mejorar la maquinaria, corrigiendo sus puntos débiles, equipándolas con
dispositivos de regulación o control de su funcionamiento. La concepción
de las máquinas puede también ser responsable de algunas reparaciones,
por ser los elementos difícilmente accesibles, poco modulares o requerir
demasiado tiempo para su sustitución.
Siendo la producción la razón de ser de las fábricas, las máquinas se
tratan de utilizar en el mayor grado posible. Resulta por tanto difícil
encontrar tiempo para su mantenimiento. Simplemente suele esperarse que
la próxima avería acontezca lo más tarde posible. A fin de aminorar sus
efectos, se aprovechan los períodos de buen funcionamiento a los efectos
de constituir un stock de reserva. Las máquinas, en consecuencia,
reciben mantenimiento insuficiente y se limpian en pocas ocasiones, de
modo que en la mayoría de las fábricas se encuentran sucias, cubiertas
de polvo, de grasa, de salpicaduras de aceite y de virutas. E igual
sucede en su entorno inmediato. Esta falta de limpieza produce efectos
nefastos sobre la fiabilidad de las máquinas. Los residuos o el polvo
amontonados, el agua o las demás impurezas originan bloqueos o averías
de funcionamiento. La capa de suciedad que cubre a una máquina impide
ver un escape de aceite, la cual presagia una ulterior avería.
Así tenemos pues, que la mayoría de las empresas tradicionales de
Occidente suele recurrir sólo al mantenimiento accidental o “curativo”,
consistente esencialmente, aparte de los engrases, en esperar que se
produzca la avería para proceder luego a su reparación.
Lo correcto es implementar mantenimientos preventivos y predictivos. El
mantenimiento preventivo consiste en efectuar sistemáticamente
intervenciones, esencialmente para cambiar elementos y dejar otra vez en
buen estado las máquinas. Las intervenciones tienen lugar tras un
período determinado de funcionamiento, medido en unidades de tiempo
(horas, días, semanas), en kilómetros recorridos, unidades producidas
(cantidades de unidades, metros, toneladas, kilogramos) o cantidades de
insumos procesadas. La periodicidad de las intervenciones viene
generalmente determinadas por un análisis estadístico de las averías
anteriores o bien por los estándares de durabilidad informados por los
proveedores.
En tanto, el mantenimiento predictivo intenta igualmente prevenir las
averías, pero apunta a lograrlo de una manera más económica y segura.
Este sistema de mantenimiento se basa en el seguimiento regular de un
equipo durante su funcionamiento, a fin de identificar sus degradaciones
y predecir las necesidades de intervención en él. El seguimiento se
efectúa esencialmente mediante la “auscultación” de la máquina vía
índice de vibraciones, de los fallos, de los acoplamientos de motores o
herramientas, entre otros. Como se dijo, éste sistema se orienta a ser
económico, al eliminar los reemplazamientos superfluos o prematuros de
componentes, propios del ,mantenimiento preventivo, además de ser más
seguro, al predecir casos de averías anormales que el sistema preventivo
puede dejar pasar.
No es posible limitarse a un mantenimiento accidental orientado a
reparar o a poner nuevamente en servicio los equipos cada vez que se
averían. Es preciso luchar contra las causas de la falta de
disponibilidad de las máquinas, siendo el objetivo para ello disminuir
en el mayor grado posible las averías o incidentes. Esta acción deberá
acompañarse de una reducción de los tiempos de reparación o de nueva
puesta en servicio, a fin de evitar que los fallos inesperados resulten
penalizadores.
La puesta en práctica generalizada del mantenimiento preventivo suele
juzgarse erróneamente de efectos lentos, en tanto que el mantenimiento
predictivo puede necesitar de un nivel de medios y conocimientos
técnicos que ciertas fábricas pueden adolecer en el corto plazo. A los
efectos de superar esta disyuntiva conviene definir acciones sencillas
que permitan reducir rápidamente y en alto grado el número de averías e
incidencias. El conjunto de tales acciones puede agruparse bajo el
término de “Mantenimiento Productivo Total”, del cual los mantenimientos
preventivo y predictivo no representan sino dos aspectos.
Las acciones a efectuar se inspiran en tres ideas simples:
1. Para reducir el número de fallos de una máquina es preciso, ante
todo, saber qué le sucede.
2. Para mejorar la utilización y el seguimiento de la máquina, hay que
implicar a su operador.
3. Dados los múltiples casos de averías o incidencias de máquinas, puede
parecer difícil reducir rápidamente su frecuencia. Basta en realidad ser
lógico: hay que empezar luchando contra los problemas principales.
Saber lo que sucede. Lo primero que ha de hacerse es situar junto a cada
una de las máquinas un cuaderno de seguimiento de su funcionamiento, a
cumplimentar por el operador cada vez que sobreviene una avería o una
incidencia. (En lugar de cuaderno puede utilizarse un software de
computación). El cuaderno debe contener información muy simple a los
efectos de hacer un análisis posterior de los fallos.
Implicar al operador. El operador de la máquina tiene un papel muy
importante que desempeñar en el logro de la fiabilidad de su equipo y en
la reducción del período de inmovilización. Debe conocer mejor su
máquina, a fin de utilizarla en las mejores condiciones y no ir más allá
de sus posibilidades. Debe vigilar de modo regular su buen
funcionamiento y encargarse de las operaciones elementales de
mantenimiento, llámense: verificación de los niveles, visores, ajustes,
entre otros. Esto le permitirá prevenir un buen número de incidencias.
Un conocimiento más profundo de su máquina hará además al operador capaz
de diagnosticar e incluso, en ocasiones, de arreglar por sí mismo, un
fallo. Un operador formado puede, por ejemplo, cambiar un fusible, una
correa, un contactor, o limpiar un montón de virutas. La intervención
directa del operador permite disminuir de modo muy notable los tiempos
de la nueva puesta en funcionamiento. Resulta de todo ello la necesidad
imperiosa que los operadores cuenten con una formación acerca del equipo
del cual hacen uso.
La experiencia muestra que existe para ello un medio de formación
excelente y poco costoso, consistente en hacer efectuar a los operadores
de manera diaria la limpieza de sus máquinas. Esta práctica viene
desarrollándose con muy buenos resultados en empresas americanas,
alemanas, francesas y británicas.
De tal manera, el operador debe proceder a limpiar regularmente su
máquina o, como mínimo, las partes activas de ella. Es conveniente que,
al mismo tiempo, verifique el estado de las principales funciones, así
como el de los visores, calibradores y otros sistemas de detección. Esta
limpieza no intenta sólo habituar al operador a la técnica de su máquina
y evitar que llame a un especialista para solucionar un problema
elemental, tiene también muchas otras e importantes ventajas. Así, en
una máquina limpia y cuidada de modo regular, es fácil ver si aparece un
escape de aceite, si se desajusta una tuerca o si un elemento se va
deteriorando. La disminución del polvo y de la suciedad contribuye a
hacer desaparecer las averías que a su vez ocasionan. En un ambiente
limpio y ordenado, para lo cual es de gran importancia la implantación
de las Cinco “S”, se ve al instante y se recoge cualquier cosa que caiga
al suelo, evitando así errores, búsquedas, pérdidas de tiempo,
despilfarros y accidentes. Mejorando de tal forma la seguridad de
hombres y máquinas (Cero Accidentes). Esta práctica tiene además un
interés psicológico considerable. Un puesto de trabajo agradable,
limpio, repintado de modo regular es apropiado para motivar y subrayar
la dignidad del operario, que se siente responsable de la máquina y de
su buen funcionamiento, y a menudo sabe ponerla de nuevo en marcha con
rapidez.
Concentrarse prioritariamente en los problemas más frecuentes. Tras una
sola semana de puesta en práctica de los cuadernos o software de
seguimiento, resulta fácil identificar los dos o tres tipos de averías o
incidencias que inmovilizan con mayor frecuencia a la máquina. Así el
uso del software SCUM ® ha permitido no sólo el mantenimiento preventivo
en función de las unidades producidas, sino además reconocer la
frecuencia de desperfectos o averías, quién efectuó la reparación (puede
tal persona no poseer los conocimientos necesarios para tal tipo de
reparación), los insumos utilizados (pueden no ser de la calidad
recomendada), además éste sistema permite detectar las causas raíces y
no sólo los síntomas (sí un problema se da con mayor frecuencia en una
máquina ello puede deberse a problemas de fondo, como la descompostura
de otro elemento afín, o la incapacidad del operario que efectuó la
reparación, o bien los insumos no son de la calidad y/o consistencia
adecuadas.
Volviendo al análisis de las frecuencias, basta para ello utilizar el
método muy simple del diagrama de Pareto. Con él puede identificarse las
reparaciones o fallas que se producen con mayor frecuencia, o bien
aquellos que generan mayor tiempo de parada. De tal forma se procede a
atacar aquellas averías que generan mayores problemas en el
funcionamiento regular de las máquinas y equipos. Detectadas las averías
de mayor importancia deben buscarse la causa raíz de las mismas e
implementar los sistemas de prevención a los efectos de su superación.
El análisis de cada problema deberá concluir por identificar su causa.
El camino a seguir para hacer luego más fiable la máquina podrá variar
según los casos.
Incidente repetitivo anormal, (ejemplo: taladro roto con mucha
frecuencia). Este caso requiere generalmente de una puesta a punto de la
máquina, de su calibrado, y una revisión de sus condiciones de
utilización.
Incidencia debido a una deficiencia de la máquina, como un mecanismo
demasiado complejo o una ausencia de regulación. Será entonces necesario
proceder al mejoramiento de la máquina.
Incidente debido a mala utilización de la máquina. Habrá que formar al
personal para que aprenda a respetar las condiciones normales de
utilización de la máquina. Esto puede en su caso acompañarse de una
mejora del equipo.
Incidente debido a la falta de mantenimiento corriente o de limpieza. El
operador debe ser encargado de la limpieza y del mantenimiento corriente
de la máquina o equipo.
Incidente debido al desgaste normal, originado por el funcionamiento de
la máquina. Es a este tipo de incidente al que se aplican los
mantenimientos preventivos y predictivos.
A más largo plazo, las diferentes acciones deberán completarse mediante
la intervención del personal de mantenimiento en el momento de la
concepción o de la elección de los futuros equipos. Será cada vez más
necesario, antes de instalar nueva maquinaria o equipo, pensar en la
fiabilidad y en el mantenimiento. La facilidad de mantenimiento
comprenderá en particular la de acceso a los elementos, su carácter
modular, la rapidez para desmontarlos y volver a montarlos. Deberá verse
ello acompañado por medios que permitan la obtención rápida de piezas,
así como de libros de instrucciones de mantenimiento, que contendrán
consignas para el diagnóstico y la identificación de las averías, reglas
de intervención urgente, esquemas de reparaciones y tareas de
mantenimiento corriente preventivo a efectuar.
El problema de la fiabilidad no puede reducirse al tratamiento de las
averías graves mediante el mantenimiento preventivo. Ha de englobarse el
conjunto de las averías e incidencias que concurren en la inmovilización
de los equipos. La resolución del problema necesita, en consecuencia, un
enfoque global, siendo las acciones apropiadas para ello las siguientes:
· Limpieza de cada máquina por su operador.
· Mejoras de las máquinas.
· Mejoras de las condiciones de utilización.
· Formación de los operadores.
· Conservación efectuada por los operadores.
· Mantenimiento preventivo.
· Mantenimiento predictivo.
· Mantenimiento desde la concepción de la máquina o equipo, mediante la
mejora de su fiabilidad y la facilidad para su mantenimiento.
A tal efecto se da a continuación un esquema del Mantenimiento
Productivo Total (TPM).
14. Mantenimiento Productivo Total
Algo vital tanto para mejorar la calidad, como para reducir los
inventarios y disminuir los tiempos ociosos tanto de máquinas como de
personal, es instaurar los sistemas de Tiempos Cortos de Preparación
(SMED) y el Mantenimiento Productivo Total.
El mantenimiento productivo total es un enfoque al mantenimiento de
equipo que resulta en que no se presente ningún paro. Este enfoque de
mantenimiento total puede ponerse en práctica con rapidez y supone
enseguida una reducción considerable de la falta de disponibilidad de
las máquinas, al mismo tiempo que disminuye los niveles de fallas o
errores, incrementa la productividad y reduce los costes.
Llevar un sistema estadístico y un Control Estadístico de Procesos para
verificar la evolución y regularidad en la evolución de las máquinas
forma parte también del TPM.
15. La calidad de la producción
Producir una pieza defectuosa que se deba desechar en medio del proceso
productivo representa por un lado la pérdida de la inversión realizada
en la pieza hasta que ha surgido el defecto, pero además provoca que
hayamos de fabricar otra pieza para sustituirla y poder continuar con el
proceso productivo, por lo que el coste total de la pieza defectuosa es
por un lado la propia pieza más los costes de reponerla.
Si disponemos una cierta cantidad de piezas del mismo tipo para si
aparece una pieza defectuosa poder reemplazarla (sistema clásico de
producción con stock de seguridad) los defectos tendrán el coste de la
pieza defectuosa pero si miramos la organización en conjunto, el coste
de mantener los stocks de seguridad para tal efecto habrá de sumarse. En
una organización que practica el Just-in-Time el que aparezca un defecto
es muchísimo más grave ya que la falta de un stock de seguridad hará que
una pieza defectuosa detenga la línea de producción. Por ello, el JIT
pone mucho más énfasis en la eliminación de los defectos.
Muchísimo más grave es no detectar la pieza defectuosa cuando ésta se
produce, ya que la inversión que se realiza en la pieza va
incrementándose por lo que al final el coste del defecto va a ser
superior. Por ejemplo, si detectamos un chasis defectuoso cuando se ha
producido el chasis los costes se reducirán al chasis, en cambio, si se
detecta al final del proceso, los costes serán el vehículo entero, o
bien, los costes que comporta el hecho de reemplazar el chasis
defectuoso, si vamos más allá y lo detecta el cliente no solamente
tendremos costes monetarios sino costes más subjetivos, difíciles de
valorar pero en cualquier caso mucho más elevados, que comporta la
insatisfacción del cliente.
Podemos concluir por lo tanto que si se pueden eliminar todos los
defectos (nivel de Calidad Seis Sigma) incrementaremos en gran medida la
productividad.
Las mejoras en la calidad pueden venir por dos vertientes:
· En primer lugar mediante un absoluto control de calidad efectuado
fundamentalmente por la maquinaria utilizada y por los propios
trabajadores de tal forma que garantice que ninguna pieza defectuosa
vaya al proceso siguiente.
· La segunda vertiente para actuar es en la mejora intrínseca de los
procesos productivos incorporados o modificando tareas que permitan
eliminar causas de defectos en la producción.
Las empresas occidentales tradicionales se han empeñado en imponer los
procesos a los operarios, ya sea a través del pensamiento del directivo
responsable, a través de estudios internos con la dedicación de personal
exclusivamente dedicado a ello, o bien mediante el auxilio de personal
externo a la empresa. En cambio las empresas japonesas, incluso las que
no aplican totalmente el Just-in-Time, han apostado por la participación
de los trabajadores para identificar los procesos en los que se pueden
establecer mejoras y decidir los posibles modos de actuar para
conseguirlas de forma colectiva.
16. Los cuatro niveles de Gestión de la Calidad
Se pueden detectar en las diversas empresas distintos niveles en los que
se puede enmarcar el sistema de gestión de la calidad, dependiendo ello
tanto del desarrollo del sistema de calidad existente, como de cuál es
el centro de atención en cado uno de ellos.
Nivel 1: Inspección. En este nivel se asume que la empresa produce
defectos de calidad y existe un equipo o departamento que se dedica
única y exclusivamente a separar los productos defectuosos de los
buenos. Tipos de inspecciones hay muchos. Éstos van desde los más
sencillos, inspección total, a inspecciones más evolucionadas basadas en
parámetros estadísticos, muestreos e inspecciones selectivas. Pero por
muy evolucionada que sea la inspección, si ésta es la única herramienta
utilizada para conseguir productos de calidad, estaremos en el nivel
bajo de los sistemas de calidad. En los sistemas de calidad más
evolucionados existe también la inspección, pero la filosofía es
totalmente distinta. No se trata de inspeccionar para eliminar los
productos defectuosos sino para comparar la calidad obtenido con la
calidad planificada, estudiar las desviaciones y corregir el proceso
para obtener la calidad deseada. Los sistemas de calidad más ambiciosos
como el Seis Sigma ni tan siquiera aceptan la posibilidad de productos
defectuosos. En estos sistemas se puede eliminar la inspección final
substituyéndola por inspecciones del proceso. Si el proceso está
controlado, la calidad final será la planificada.
Nivel 2: Control de Calidad. La aplicación de técnicas estadísticas a
los procesos productivos nos permite la obtención de informaciones muy
valiosas sobre los procesos de producción. Podemos determinar la
capacidad de un proceso, es decir, demostrar si el proceso está
suficientemente bien preparado para producir sin defectos de calidad en
condiciones normales. También nos permite determinar las causas
especiales de fallo que afectan al proceso, es decir, aunque el proceso
sea capaz, puede haber una causa especial (operario, material
defectuoso, avería, etc.) que provoque la aparición de productos
defectuosos.
Nivel 3: Aseguramiento de la Calidad. El aseguramiento de la calidad
supone un paso más en la evolución de los sistemas de calidad porque en
estos sistemas se involucra a todos los departamentos de la empresa, no
sólo al de calidad, se da mayor importancia al factor humano en la
empresa y la dirección de la empresa empieza a tomar el papel de
liderazgo en la consecución de los objetivos de calidad. No obstante,
los sistemas de aseguramiento de la calidad no son los sistemas de
calidad más evolucionados que se conocen porque tienen un objetivo de
calidad determinado y se limitan a asegurar ese nivel de calidad sin
preocuparse por superarlo. Aunque en los sistemas de aseguramiento de la
calidad más conocidos como el ISO 9000 y otros se anime a la mejora
continua, estos sistemas no son suficientemente evolucionados para
conseguir mejoras permanentes en los procesos. El hecho de que las
empresas propongan un objetivo de porcentaje de defectos aceptables y se
limiten a conseguirlo ha sido muy criticado por los gurús de la calidad
como Deming, Juran y otros, ya que es poco ambicioso y evita la mejora
de la competitividad.
Nivel 4: Calidad Total. La calidad total integra todos los elementos de
calidad de los niveles anteriores pero los amplia a todos los niveles de
la empresa y a todo su personal. Se caracteriza por una búsqueda
constante de mejora en todos los ámbitos de la empresa y no sólo los
aspectos productivos. La calidad llega hasta la propia elección
estratégica de la empresa teniendo en cuenta todos los escenarios
competitivos y poniendo la voz del cliente en el lugar más importante,
que es el que le corresponde. Es en éste nivel en el cual operan las
empresas que han implementado el Sistema Just-in-Time.
En la actualidad conviven en la arena competitiva empresas con sistemas
de calidad de distintos niveles, no obstante el incremente de la
competencia y la globalización de los mercados están empujando
inexorablemente a las empresas a desarrollar sistemas de calidad más
evolucionados.
17. Los pilares básicos de todo sistema de calidad
Los pilares sobre los cuales a manera de columnas se debe asentar todo
sistema de calidad eficaz son:
· El convencimiento de la Dirección.
· La formación de directivos y personal.
· El Control Estadístico de Procesos.
· Y, la Mejora Continua.
Convencimiento de la Dirección. El convencimiento de la Dirección es
fundamental e indispensable a los efectos de construir el Sistema de
Calidad Total. Ello resulta de fundamental importancia durante los
primeros años de funcionamiento del sistema de calidad, hasta que el
sistema esté diseñado y la idea de calidad haya realmente compenetrado
en todos los individuos de la organización. Así, la convicción de la
dirección en lo que está haciendo es necesario para cualquier tipo de
empresa. Si los directivos de una organización no saben perfectamente
cuál es la estrategia a seguir, si no tienen perfectamente definida cuál
es su política empresarial, si no dan mensajes claros a su personal, la
gestión de la empresa será deficiente.
Los sistemas de calidad se fundamentan en estrategias de mejora a muy
largo plazo, o de elementos de difícil valoración a corto plazo. Por
ejemplo, un sistema de calidad defiende los planes de mantenimiento
preventivo. Los frutos del mantenimiento se cosechan con el tiempo.
Cuando una maquinaria es nueva, por mucho o poco mantenimiento a la que
se sometida, no se observarán diferencias en el número de averías
durante los primeros tres, cuatro o más años en función del tipo de
maquinaria. El resultado se cosechará pasados estos años, cuando la
maquinaria es mucho más propensa a las averías. Lo mismo ocurre con los
círculos de mejora. Hasta que no pasa bastante tiempo, los resultados
obtenidos no se podrán observar. En definitiva, podemos asegurar que
cuanto más lejano y ambicioso sea el objetivo fijado por la empresa, más
grande debe ser el convencimiento de todos sus miembros para lograr
llegar hasta él y no caer en la tentación de abandonarlo todo.
Los sistemas de calidad plantean disyuntivas continuamente sobre si se
deben hacer las cosas por el camino fácil a expensas de lo que pueda
pasar mañana o si se debe seguir el camino difícil pero garantizando una
mejora en el futuro. Es la típica disyuntiva de los objetivos a corto
plazo o los objetivos a largo plazo. Así por ejemplo en una cadena de
montaje de se produce un defecto de calidad. Se plantean dos
alternativas: parar toda la cadena, buscar el fallo y sus causas y
encontrar una solución definitiva para que el problema no se reproduzca
aun a sabiendas de que se perderán unas horas muy valiosas, o seguir
produciendo a la mitad de velocidad para disminuir el riesgo de
productos defectuosos y poder entregar el producto pensando “y mañana ya
veremos cómo lo arreglamos”. La mayoría de las empresas sin una vocación
clara hacia la mejora continua escogerían el camino fácil. Las empresas
con un sistema Just-in-Time han de escoger la alternativa más
beneficiosa a largo plazo. Para ello, para tomar siempre la elección con
miras al largo plazo, hay que tener un convencimiento total en el
sistema de calidad y en los principios de que la calidad pasa por
escoger siempre la alternativa que más beneficie a la empresa y no
aquella que sea más sencilla.
Los sistemas de calidad, por su componente de factor humano y la
importancia de participación de todos los empleados de la empresa,
requerirá de un personal muy convencido y muy predispuesto a aceptar los
cambios e intentar la mejora diaria de los procesos. Para que el
personal esté tan implicado, la dirección tendrá que haber explicado con
profundidad las filosofías de calidad y haber demostrado con sus
actuaciones que realmente se lo cree.
Formación. Otro de los pilares sobre los que se asientan los sistemas de
calidad es la formación. En palabras del consultor japonés Ishikawa “la
calidad empieza y termina con la formación. Para promocionar la calidad
con la participación de todos, la formación ha de darse a todos los
empleados, desde el presidente hasta los trabajadores de la cadena de
montaje. La calidad es un pensamiento revolucionario en gestión, por eso
todos los procesos de pensamiento de todos los empleados deben
cambiarse. Para realizarlo, la formación ha de repetirse una y otra
vez”.
Los sistemas de calidad buscan el aprovechamiento de todas las
capacidades de los empleados de la empresa, pero no sólo las capacidades
ya demostradas, sino también las potenciales. La formación ha de ser el
instrumento que permita a los empleados convertir en habilidades reales
la potencialidad que llevan dentro.
Hay que destacar dos aspectos cuando nos referimos al concepto de
formación en los sistemas de calidad. En primer lugar la formación
mediante cursos es solamente una pequeña parte del esfuerzo formativo
total, el aprendizaje y el adiestramiento en el puesto de trabajo deben
constituir parte muy importante de la formación. En segundo lugar, si
pretendemos que el esfuerzo formativo logre la recompensa de un sistema
participativo y de aprovechamiento de todas las habilidades potenciales
de los empleados, la cultura organizativa de la empresa y las relaciones
de poder deben facilitar y potenciar ciertas aptitudes interpersonales.
En este sentido, los superiores deben saber delegar y dar
responsabilidad a sus subordinados a la vez que controlan los resultados
y los apoyan con su formación. Es muy importante la confianza en los
subordinados y el dar la libertad de movimientos para que éstos se
sientan motivados a hacer las cosas bien y en mejorarlas si es posible.
Control Estadístico de Procesos. El control del proceso, entendido como
el control de todos los factores que influyen en el proceso y que pueden
incorporar variabilidad al mismo, es vital para conseguir productos de
calidad. Se entiende por factores que incorporan variabilidad al proceso
aquellos aspectos de gestión que afectan a los procesos productivos,
esto es, mantenimiento de la maquinaria, formación del personal, métodos
de trabajo, adaptación de la maquinaria y las condiciones ambientales,
instrucciones de trabajo, entre otras.
Mejora Continua. La mejora continua desempeña el papel vital de
potenciados y encargado de mantener el sistema de calidad en el buen
camino. Todo el sistema de calidad debe buscar un único objetivo:
conseguir organizar las actividades de la empresa y crear la estructura
de gestión adecuada para permitir la mejora continua. Esta mejora
continua constituye el elemento vital en el Just-in-Time como sistema
destinado a eliminar sistemáticamente desperdicios, al tiempo que logra
de tal forma mejores niveles de calidad, productividad, costos y tiempos
del ciclo.
18. Relación con los proveedores
Las relaciones de una empresa con sus proveedores presenta generalmente
el problema de la frecuencia de las entregas, como de la localización de
los mismos, viéndose además ello agravado por la calidad incierta de los
productos entregados, el gran número de fuentes de aprovisionamiento, y
las relaciones tradicionalmente antagónicas.
La frecuencia insuficiente de las entregas. Numerosas entregas se ven
suministradas una vez al mes, o incluso trimestralmente, por sus
proveedores. Resulta de ello niveles de almacén muy elevados para las
materias primas y los productos adquiridos. Estos almacenes excesivos
deben ser manipulados, gestionados, controlados, originando de tal forma
un sin número de tareas improductivas y gastos importantes. Estos stocks
impiden a las empresas cualquier flexibilidad, constituyendo un
inconveniente respecto a cualquier modificación notoria en los planes de
producción.
La calidad incierta de los productos entregados. Las exigencias de
calidad expresadas por la empresa a sus proveedores tienen el carácter
de buenos deseos sin verse acompañados de ninguna demanda de pruebas del
control de calidad de los productos entregados. Así pues, cuando se
encuentra con algún defecto, la empresa se contenta o bien con
corregirlo por sí misma –con lo perturbador que ello resulta para la faz
productiva- o bien con devolver el pedido al proveedor. Al no poder
correr riesgos de trabajar con piezas o productos que podrían ser
defectuosos, la empresa se ve obligada a inspeccionar la calidad de los
productos que recibe, siendo ésta una actividad no generadora de valor
agregado para los consumidores y por lo tanto constituyen en sí un
despilfarro de recursos.
A los efectos de no quedarse sin insumos como resultado de la recepción
de componentes con fallas o falencias, la empresa debe gestionar un
stock de seguridad, lo cual incrementa los costes.
Un gran número de proveedores y relaciones antagónicas. El dogma de los
servicios de “Compras” en las empresas tradicionales de Occidente es que
hay que tener siempre varios proveedores por cada producto, para
hacerlos competir entre sí y obtener mejores precios, al tiempo que se
previenen los riesgos de huelga en la empresa de un proveedor.
El precio es a menudo el único criterio de elección entre varios
proveedores de quienes se sabe que tienen capacidad técnica para
fabricar el producto requerido. Se excluyen generalmente todas las demás
consideraciones, tales como la calidad, la frecuencia de envíos, los
plazos de entrega, la existencia o no de cantidades mínimas a pedir
entre otras. La empresa tiene por tal motivo miles de nombres en su
archivo de proveedores.
El proveedor, por su parte sabe que no tiene asegurada la fidelidad de
la empresa (excepto en los casos de monopolio), por lo que no puede
contar con pedidos regulares que le servirían para optimizar su
producción y reducir sus costes.
Dicto conferencias, seminarios y cursos en Centros Comerciales,
Institutos Profesionales, o a través de organizaciones de capacitación.
También organizo por cuenta propia cursos y seminarios.
Como docente realizo seminarios especiales en la UAP (Univ.Adventista
del Plata) sobre Competitividad y en la Univ. Siglo XXI sobre Control de
Gestión y Auditoría Operativa.
En cuanto a clientes y su rubro de actividades, las mismas comprenden
todo tipo de actividades y servicios, llámense empresas de transporte de
cargas y personas, empresas distribuidoras de energía eléctrica ,
clínicas y sanatorios, laboratorios de productos medicinales, fábricas
de autopartes, agroexportadoras, agroalimentarias, industrias lácteas,
fábrica de componentes electrónicos fábricas de pinturas, explotaciones
forestales y mineras, constructoras, financieras y aseguradoras,
shopping, fcas. de acoplados, fcas. de neumáticos deportivos, entre
muchas más.
Creador del:
Sistema Matricial de Control Interno (sistema destinado a la prevención,
análisis y seguimiento de fallas en el control interno).
Costometría (sistema para la determinación y análisis de costos
partiendo de los conceptos de Econometría e Ingeniería Industrial).
Poseo más de 30 trabajos publicados en más de 20 sitios de internet,
muchos de ellos correspondientes a Universidades, además gran número de
estos trabajos están siendo utilizados como material de consulta en las
mismas.
Algunas de las monografías publicadas en Internet:
1. Kaizen aplicado a la mejora continua en calidad, productividad y
reducción de costos.
2. Kaizen aplicado a las entidades de salud
3. El Kaizen aplicado a la gestión pública
4. La mejora continua aplicada a las actividades y procesos
administrativos – burocráticos
5. Kaizen aplicado a las actividades y procesos informáticos
6. Auditoría Interna – Un enfoque sistémico y de mejora continua
7. Matriz de Control Interno
8. Satisfacción del consumidor
9. Reducción de Costos – Costeo Kaizen
10. Control y Reducción de Costos mediante el Control Estadístico de
Procesos
11. Kaizen. Filosofía – Cultura y Ética de la Mejora Continua
12. Estrategia Kaizen
13. Las 5 S Plus
14. Seis Sigma – Hacia un nuevo paradigma en gestión
15. Kaizen – La mejora continua y el cuadro de mando integral
16. Calitividad
17. Kaizen y la Curva de Aprendizaje
18. Kaizen
19. Reducción de Costos – Análisis Crítico
20. Control de Gestión mediante Base de Datos para la Reducción de
Costos e incremento de la Rentabilidad
21. Gestión de Calidad para la Excelencia
22. Kaizen – Detección, Prevención y Eliminación de Desperdicios
En el caso de Matriz de Control Interno, en sólo uno de los sitios donde
se encuentra publicada la misma, ésta fue objeto de consulta por
aproximadamente 7.000 visitantes en sólo tres meses.
Además dichos trabajos han sido publicados en diversas revistas técnicas
y empresariales de Latinoamérica y España.
Recientemente he sido invitado a publicar obras para las universidades
por parte de la editorial electrónica e-libro de los Estados Unidos de
Norteamérica.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
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