INTRODUCCIÓN
El mundo está saturado de objetos y cosas gracias a la increíble
prosperidad de una parte de él. Lo preocupante es que también la mente
de los que lo habitan están llenas de objetos y cosas, que apenas nos da
tiempo y oportunidad de pensar en algo más. Hace mucho tiempo descubrí
con asombro que en las enciclopedias recientes no aparece la palabra
“amor”, tampoco “felicidad” o “vida” fuera de su sentido biológico;
tristemente reconocí que sólo tratan de objetos y cosas de las que se
está rebozando.
Diversas maneras de despersonalización caracterizan las formas más
frecuentes y difundidas en la época actual. Es innumerable la cantidad
de hombres y mujeres de nuestro tiempo que fácilmente tienden a creer lo
que la sociedad tiene como cierto e intenta persuadirlos de que son
simples organismos de existencia limitada condenados a la aniquilación
tras la muerte. Si hacemos historia, durante miles de años el hombre ha
creído que era una realidad perdurable, que no se extinguiría un día
cualquiera, que trascendería hacia otra vida aún mejor y ahí tendría que
dar cuentas de su conducta a Dios su creador. Hoy en día está muy lejos
que nuestros jóvenes entiendan este tipo de concepto. No conocen a Dios,
no saben que el amor es lo que mueve a los seres humanos, que la función
que deben desempeñar aquí en la tierra es la de manifestarse, de ser
feliz. La no trascendencia acarrea, entre otras cosas, la inseguridad y
flaquea el concepto existencial de los seres humanos que esporádicamente
recurren al suicidio para evadir a este mundo que lo encuentran cruel.
Hace mucha falta reconocernos como seres humanos. Para ello carecemos de
evaluación y discernimientos éticos, aunado a que estamos desprovistos
de autoaceptación y seguridad que nos permitan generar las propias
elecciones, decisiones y acciones. Es urgente que los hijos, padres,
compañeros de trabajo, etc., caigan en la cuenta de que son personas con
todas sus consecuencias. He aquí la importancia de este trabajo, que
radica en ofrecer alternativas de desarrollo integral, con el fin de
aceptar que son hombres y mujeres magníficos, diseñados a imagen de
Dios. De aceptar también que han sido dañados en el desarrollo de sus
vidas y que pueden sanar si así lo deciden.
La mayoría de los seres humanos vivimos sin un rumbo definido; para
ello, te presento este método, que de una manera sencilla te apoyará
para que elabores tu Plan Estratégico Personal. Finalmente leerás
algunas estrategias, para que te reencuentres contigo mismo y te des la
oportunidad de decidir en tomar el control de tu vida. Este documento es
un apoyo para ordenar tu actitud ante los retos que se presenten en tu
vida y llegar a la cima del éxito manejando adecuadamente tu
inteligencia emocional. Es un instrumento de reflexión y definición, que
te permitirá programar las acciones, cerrando ordenadamente la brecha
entre lo que eres y lo que elegiste ser. Los propósitos son los
siguientes:
· Sanar a tu niño interior.
· Visualizar a dónde quieres llegar.
· Precisar objetivos a corto, mediano y largo plazo como hombres y
mujeres multidimensionales.
· Identificar y aprovechar las oportunidades.
· Tener planes específicos en cada una de las áreas personales de
desarrollo.
· Evaluar tus realizaciones.
· Desarrollar una profunda actitud mental positiva y persistente hacia
tus objetivos.
· Provocar ideas que te hagan mejor.
Desde el momento de nacer, se activó tu potencial y se detonó en ese
instante tu capacidad para lograr cosas, tanto positivas como negativas.
Tus talentos innatos se activaron y todo quedó listo para que los
aprovecharas si quisieras o para que los anularas con tus actitudes y
acciones. Voy a repetir algo muy trillado: Tienes el poder para hacer de
tu vida lo que quieras. Ojalá que te decidas a hacer algo magnífico,
algo que permita a todos los hombres y mujeres recordarte con agrado.
Ojalá que hoy mismo te hagas el propósito de dejar huella, de
transformar tu zona de influencia con una vida ejemplar. No hay
imposibles para una mente y un corazón con voluntad de triunfo.
¿QUIÉN ERES?
Desde tiempos inmemorables has vivido con la incertidumbre de no saber
quién eres. Las respuestas siempre han sido aproximaciones de los hechos
de lo que crees ser, por ejemplo: Yo soy el hijo de Socorro y Ernesto,
el papá de Olivia, Ernesto y Fabiola; el esposo de Alma. O bien, me
describo de acuerdo al rol que estoy jugando en la sociedad: Soy un
ingeniero, soy un ser humano con sentimientos, etc.
Vives en una gran problemática que persiste y persistirá, mientras no te
ubiques en tu propio camino, que consiste en precisar: ¿dónde estás?
¿Dónde quieres ir? ¿Qué debes hacer? Esto sólo se consigue si defines
antes el ¿Quién eres? Es el camino definitivo para encontrarte y
desarrollarte integralmente en todas tus dimensiones, para comprender el
verdadero significado del éxito y para ser, el capitán de tu mente.
Lo más específicamente humano consiste en ser persona. Por serlo tienes
una conciencia autoreflexiva y crítica. Gracias a ella puedes alcanzar
un alto grado de integración orgánica en tu personalidad. Por lo mismo
apareces como un ser único, irrepetible e insustituible. Y sobre todo,
puedes relacionarte con los demás y crecer en integración con ellos si
desarrollas tu responsabilidad, libertad y capacidad de amar.
Ser persona es una característica general; vale para todos los hombres.
Que cada uno sea único significa que cada cual sea merecedor de
justicia, respeto y amor, no sólo por ser persona, sino por ser
irrepetible, individual e insustituible. Y siendo capaz de
autoconciencia reflexiva, tienes sentido crítico para discernir desde el
corazón qué es lo mejor y cómo debes hacerlo para aumentar el valor
ajeno y el propio (González, 1999).
Un escrito de Virginia Satir te ayudará a reflexionar sobre “¿Quién
eres?” Te lo presento:
“En todo el mundo no hay nadie exactamente como yo, aunque hay personas
que tienen partes que se parecen a mí. Por lo tanto, todo lo que sale de
mí es auténticamente mío, porque yo solo lo elegí. Todo yo soy
responsable de mi cuerpo, y lo que este hace; mi mente, incluyendo mis
ideas y pensamientos; mis ojos, incluyendo las imágenes que perciben;
mis sentimientos, incluyendo mi coraje, alegría, frustración, amor,
desilusión o excitación; mi boca, incluyendo las palabras justas o
injustas que de ella salen; mi voz, incluyendo los tonos que acompañan
mis ánimos; y todos mis actos… sean estos para otros o para mí mismo. Me
pertenecen mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores; me
pertenecen todos mis triunfos y éxitos, todos mis fracasos y errores;
como todo lo mío me pertenece, puedo llegar a familiarizarme conmigo
mismo; y al hacer esto puedo amarme y aceptarme y aceptar todas las
partes de mi cuerpo. Entonces puedo hacer posible que todo lo que me
pertenece, trabaje para lograr lo mejor de mí. Sé que hay aspectos de mí
mismo que me confunden y otros que no conozco, pero mientras me conozca
y me ame, puedo buscar valerosamente y con esperanza la solución a mis
confusiones y la forma de conocerme más. La manera como luzca, como
parezca a los demás, lo que diga o haga, lo que piense o sienta en un
momento determinado, soy yo. Esto es auténtico y representa dónde estaba
en ese momento; cuando más adelante analice cómo lucía y se escuche lo
que dije o hice, y cómo pensé y sentí, algo parecerá no encajar. Puedo
descartar lo que me parece estar fuera de lugar y conservar lo que sí
encajó, es decir algo nuevo para reemplazar lo que descarté; puedo oír,
ver, sentir, pensar, hablar y actuar. Tengo los instrumentos para
sobrevivir, para acercarme a los demás, para ser productivo, para sacar
del mundo las personas y cosas ajenas a mí. Me pertenezco y por lo tanto
puedo manejarme, yo soy yo, y yo estoy bien.”
Nada intensifica tanto el sentimiento de inseguridad, como el
sentimiento de ser temporal; de vivir dentro de una pausa en la
eternidad y después habremos desaparecido para siempre. Para la mayoría
de nosotros es devastador pensar que no formamos parte de un patrón
eterno; y que, por el contrario, somos un eslabón de la cadena de la
humanidad. Solamente un eslabón.
Para adquirir tranquilidad necesitamos saber el propósito que tenemos en
este mundo. Si entendiéramos que el propósito de estar aquí es el gozar
al sentir y al expresar el yo, y por tanto, crecer; si aceptáramos que
somos el ser más magnífico, notable y espléndido que Dios haya creado,
no habría de sentir temor nunca.
Dentro de la literatura he leído algunas ideas para describir el ¿Quién
Soy? En especial he tenido en la mente esta fábula: Érase un rey que
salió a pasear dentro de sus dominios; con él iba su corte. En el pretil
de una casa, el rey se dio cuenta que estaba recargado un campesino
completamente ebrio; lo tomó de los brazos y lo llevó a su palacio. Al
llegar a dicho lugar, lo mandó asear y vestir con los mejores ropajes, y
le proporcionó alojamiento en una de las habitaciones más bellas del
castillo. Cuando despertó el susodicho, (ya se han de imaginar cómo
reaccionó), gritó asustado al verse dentro de tanto lujo, e incluso
llegó a pensar que estaba soñando. Los sirvientes se acercaron y le
pidieron que se tranquilizara, que no debería temer, porque él era el
hijo del rey. El hombre por supuesto que no les creía. Momentos después,
lo invitaron a bajar al comedor y al ver los manjares que ahí se
encontraban, se abalanzó con voracidad sobre ellos para tomar los
mejores. Pacientemente los sirvientes le dijeron: No te desesperes, todo
es tuyo, ¿no te das cuenta que eres el hijo del rey? De tanto escuchar
que era el hijo del rey, que este hombre se lo creyó y empezó a actuar
como un verdadero príncipe. Él verdaderamente desempeñó su papel de
acuerdo a lo que le hicieron creer que era. De la misma forma Dios nos
adopta como sus hijos y como tal deberíamos actuar.
Por lo general pensamos que no somos lo bastante buenos, lo bastante
maravillosos, lo bastante puros, como para ser una parte de Dios. Al
tener este tipo de pensamientos hemos negado por mucho tiempo el aceptar
saber quiénes somos, o quizá nadie nos lo ha dicho.
¿Qué dice Dios que eres?
Carlos G. Vallés, en su libro Crecía en Sabiduría anota lo siguiente:
“La persona se define en sus decisiones. Mi identidad se revela en las
opciones que tomo. Me hago la pregunta fundamental de mi existencia
¿Quién soy yo? Y voy respondiéndola, día con día, en cada acción que
realizo. La pregunta filosófica, ¿Quién soy yo?, tiene una respuesta
práctica: ¿Qué hago yo? ¿Qué es lo que decido, escojo o prefiero? La
suma de esas opciones, serias o ligeras, trascendentes o leves, rápidas
o dilatadas, es la que va determinando, sumando a sumando, el resultado
total de mi personalidad. Mis decisiones labran, golpe a golpe, el
perfil de mi alma, y lo revelan al labrarlo. Mi timidez o mi confianza,
mi alegría o mi pesimismo, mi inseguridad o mi independencia, se
manifiestan en las posturas que adopto ante las situaciones que van
surgiendo en mi vida. Para conocerme a mí mismo, debo examinar mis
decisiones.” La reflexión que realiza este autor, me hace reflexionar en
la gran responsabilidad que tenemos tu y yo en nuestras manos para
decidir lo que queremos ser realmente. He aquí que la libertad, la
inteligencia y la voluntad, son los tres elementos integradores para
labrar la verdadera identidad.
Otra parte muy conmovedora en el pensamiento de Vallés, es cuando
manifiesta: “Para mí, la mayor aventura de mi vida es conocer a Jesús. Y
la mejor manera que he encontrado de vivir esa aventura consiste en ir
descubriendo cómo se conoció Jesús a sí mismo; cómo el niño de Nazaret
‘crecía en sabiduría’, en edad y en gracia ante Dios y ante los hombres
(Lc 52:2). El principio de sabiduría al menos en el Oriente, es
conocerse a sí mismo, porque en la plenitud del conocimiento propio, en
cuanto refleja, asimila e integra el conocimiento de todo lo que existe
alrededor de uno (en personas y acontecimientos, en naturaleza y en
vida), resulta la riqueza de la persona en unidad de visión y en
profundidad de carácter. ‘Conócete a ti mismo’ era y es la primera
lección y la última meta de la primera sabiduría.”
Conocer a Jesús es una oportunidad para los creyentes y no creyentes
para conocerse a sí mismos. Jesús en una de sus travesías le preguntó a
sus discípulos: ¿Quiénes dicen los hombres que es el hijo del hombre?
Esta pregunta impactó a los amigos de Jesús, que toda su vida giró en
torno a ello. Ahora te toca preguntarte: ¿Y quién dices tu mismo que
eres tu?
Jesús sabía desde el principio de sus días quién era. ¿Qué hubiera
sucedido si Jesús no hubiera sabido su propia identidad? ¿Si ni siquiera
se hubiera dado cuenta de sus dones? ¿Qué tal si se hubiera percatado de
manera gradual como nos pasa a nosotros? Quizá Él supo desde temprana
edad que tenía una vocación especial y nada más esperaba el momento en
el que pudiera llevarla a cabo. De cualquier manera, Jesús manifiesta su
parte humana al recurrir al desierto para reafirmar su identidad. La
experiencia del desierto fue parte de su formación y su destino, como
ahora lo es el tuyo y el mío.[1]
En el desierto se experimenta una transformación que mientras te
encuentras dentro del proceso, te causará dolor; sin embargo ese
sufrimiento es el detonador, que gradualmente te dará la fuerza
suficiente y necesaria para seguir desarrollándote. Para ejemplificarte
a detalle este asunto recurro nuevamente a Jesús cuando en el desierto
se le presentaron opciones muy claras y cada una de ellas estaba
relacionada con sus dones especiales.
Cuando el demonio dijo a Jesús: Póstrate ante mí y el mundo será tuyo,
Jesús respondió: No. El demonio dijo: Para satisfacer tu hambre, diles a
estas piedras que se conviertan en panes. Otra vez Jesús le respondió:
No. Tírate del pináculo del templo y prueba tu poder de vida eterna.
Jesús miró a Satanás y le dijo: No. Y finalmente después de cuarenta
días de estar a prueba en el desierto, siguió siendo una persona que
tenía muy claro quién era y para qué había sido llamado. Jesús se vio
tentado a utilizar sus dones de manera egoísta, pero lo superó. No es
mera coincidencia que sólo después de la experiencia del desierto, Jesús
comenzara a utilizar las palabras “Yo soy”, para describirse a sí mismo.
Recuerda que esta expresión también fue usada en el Antiguo Testamento.
Cuando Moisés le dice a Dios ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y
saque de Egipto a los hijos de Israel? Y Él le respondió: Ve, porque yo
estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: Cuando
hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre el monte. Dijo
Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo:
El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me
preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? Y respondió Dios a
Moisés YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO
SOY me envió a vosotros (Éxodo 3:1114). La simplicidad de esta frase
enfatizó su poder ante ellos. Entonces la frase “Yo soy” refleja todo el
poder creativo que existe en el universo.
Uno de los principales problemas para identificarnos, surge cuando la
mayoría de nosotros va por el mundo, sin brújula, sin un propósito,
buscando imitar a los demás, en vez de ser uno mismo, pretendiendo tener
unos más que otros por el solo deseo de “Yo tengo” más que el “Yo soy”,
utilizando el contenido ególatra que tanto nos gusta manejar. Ahí están
los miles y miles de personas (entre los que están los seres humanos que
lo tienen todo), inmersas en la angustia y desesperación. Son aquellas
personas que han dejado de ser el capitán de su alma y viven con la idea
equivocada del éxito; que han pasado experiencias frustrantes en su
matrimonio, creando hijos amargados y frustrando las vidas de sus
prójimos.
Debemos comprender que el éxito debe significar la objetiva valoración
de que estamos viviendo y desarrollando al máximo nuestro potencial como
personas integrales, con dimensiones físicas, mentales, sociales y
espirituales, hasta llegar a ser todo lo que queremos y debemos ser. El
éxito personal no se determina comparándonos con otros, sino comparando
nuestros logros con nuestras capacidades. Una persona es número uno
cuando hace lo mejor posible con aquello de que dispone diariamente. Si
eres barrendero, sé el que deje más limpia su área de trabajo; si te
tocó ser carpintero haz los mejores muebles; si eres una estrella sé la
que más brille.
Las palabras tienen poder y Jesús siempre habló con palabras llenas de
amor, poder y confianza acerca de sí mismo. Esto solamente lo entienden
los hombres que saben lo que son. Una vez platiqué con un campesino
maya[2], muy querido en la comunidad, que me relató acerca de la cosecha
de maíz que se le perdió. Todo lo que platicó acerca de él, fue
positivo. La gente que tiene éxito, habla bien de sí misma. En ninguna
parte del evangelio, Jesús se humilló. Jesús se conocía completamente y
estaba lleno de amor propio. Sus afirmaciones del “Yo soy” fueron la
energía que le hizo actuar hacia el camino correcto.
Algunas veces creemos que somos un montón de sustancias químicas, o que
somos una máquina complicada puesta en piloto automático, o como un
organismo entrenado para salivar a tiempo. Si pensamos así, no existe
mucho futuro para quinientos pesos de agua, grasa y magnesio. Una
máquina no tiene un corazón, una mente, una conciencia y sobre todo un
espíritu.
La concepción del mundo está formada de acuerdo a las experiencias que
has creado tu mismo. La gente y las situaciones que te rodean reflejan
la forma de lo que sientes acerca de ti mismo. Las personas con las que
estás relacionado, representan las diversas facetas de tu propia
responsabilidad.
Empieza hoy a crear un universo que refleje tu grandeza. Puedes recrear
el jardín que te rodea. Jesús dijo: El reino de los cielos está en ti.
Ya has pasado años construyéndote una identidad y un mundo que la
refleja y le da validez. La reestructuración de ese mundo circundante te
puede tomar más tiempo y esfuerzo del que estás dispuesto a dedicarle, a
menos que tengas presente que la búsqueda de tu identidad, es lo más
importante de tu vida. No existe persona o tarea alguna sobre lo que tu
tengas más responsabilidad, que la de ser fiel contigo mismo. Una vez
que Dios es reconocido en ti, por ti mismo, aquellas tareas que juzgas
importantes se volverán simples.
Para descubrir nuestra verdadera identidad, guiémonos por la intuición y
por el análisis. El análisis intelectual es aceptado sólo cuando se
trata de problemas prácticos y lógicos, para los cuales deseamos obtener
información que sea aceptada por la ciencia. El intelecto es una forma
analítica; es una faceta temporal creada por ti para hacer resaltar tu
experiencia y expresión de esta vida. Utilizar solamente dicho intelecto
para decidir quiénes somos es insuficiente. Para ello es necesario
percibir intuitivamente lo que creemos que somos, para que de ambas
formas nos acerquemos más a nuestra realidad.
¿Cómo eras de niño?
Cuando fuiste un niño, ¡eras tan feliz! Los niños no tienen que hacer
nada para ser perfectos: Ya lo son y se comportan como si lo supieran;
se saben en el centro del mundo. No tienen miedo de pedir lo que quieren
y expresan sus emociones libremente. Se sabe cuando un niño está
enojado; de hecho, todos se enteran... hasta los vecinos; también se
sabe cuando está contento, ya que su sonrisa ilumina la casa. Están
llenos de amor, y mueren si no lo reciben. Los niños no soportan la
indiferencia ni la soledad, pues los niños aman su entorno y cada parte
de su cuerpo, pero cuando crecen aprenden a vivir sin dar ni recibir
amor y eso es lo que causa la pérdida de la felicidad en el adulto.
Para entendernos te explicaré algunas ideas de lo que considero es la
felicidad. Desde Sócrates, Platón, Aristóteles, hasta la época actual,
la ética ha comprobado que obrar bien y evitar el mal conlleva como
recompensa a la profunda felicidad. No es lo mismo sentirse contento que
ser feliz. Para experimentar el contento, dependemos del mundo externo.
Necesitamos chistes, fiestas, copas, ambiente. En cambio, la felicidad
brota del centro personal en forma de alegría. Por lo mismo, el que es
feliz puede encontrarse en una situación más penosa y aburrida sin
perder su gozo interior.
Gracias a la alegría, la persona siente su cuerpo dotado de agilidad,
ligereza e ingravidez. Su mirada es brillante, y sus gestos de apertura
y abrazo. Vive el presente y disfruta todo lo bueno y bello que
encuentra a su paso. Es comunicativa, colaboradora, pronta para
perdonar, dispuesta a aprender de las demás personas, capaz de contagiar
su gozo y sentido del humor.
¿Cómo se convierte el corazón humano en un manantial de alegría?
Mediante la posesión libre y altruista de los valores. Y ¿cómo los
hacemos propios? A través de la acción.
De acuerdo con Aristóteles no hay necesidad de esperar la muerte para
ser felices. Ya en la tierra experimentamos la felicidad por la práctica
de las virtudes. En consecuencia, nos aclara: “Puesto que la felicidad,
según nuestra definición, es cierta actividad del alma, dirigida por la
virtud perfecta, debemos estudiar la virtud. Ése será un medio rápido de
emprender mejor la felicidad misma.”
Bradshaw edita el libro Volver a la Niñez; en dicho documento, este
autor hace un análisis y anota: “Todo es interesante y emocionante para
el niño. Él posee una necesidad innata por saber, experimentar,
explorar, observar y tocar. La curiosidad conduce al niño al
descubrimiento de sus manos, nariz, labios, genitales y sus dedos;
finalmente lo lleva a descubrir su Yo. La expectación y la curiosidad
son la energía que impulsa al niño hacia nuevos horizontes. Esta chispa
es indispensable para su crecimiento. La expectación y curiosidad forjan
una especie de interés que despierta la esperanza en que hay más por
conocer”.
El mismo autor expone que el niño es:
1. Optimista. La chispa natural que posee el niño lo empuja a explorar
de una manera placentera, espontánea. Los niños por naturaleza, piensan
que el mundo es amistoso; tienen esperanza; para ellos todo es posible.
Este optimismo innato es parte esencial de nuestros dotes naturales y es
parte de lo que se denomina fe infantil.
2. Ingenuo. La ingenuidad es parte del encanto y atracción del niño; es
el núcleo de su inocencia. Los niños viven el momento y están orientados
al placer. Aceptan los extraños acertijos de la vida. No distinguen
claramente entre el bien y el mal. Los niños están orientados a la vida.
Al principio sus movimientos carecen de dirección, porque están tan
interesados en todo, que les es difícil escoger una cosa. Por ello, el
niño se inmiscuye en lugares prohibidos, toca cosas no seguras y prueba
sustancias nocivas.
3. Dependiente. Por naturaleza, son dependientes y necesitan de apoyo.
El niño no puede satisfacer sus necesidades mediante sus propios
recursos, por lo que tiene que depender de otros para cubrir dichas
necesidades.
4. Emotivo. Dos emociones son propias de los infantes, la risa y el
llanto. El sentido del humor es una de las más grandes cualidades
innatas de los seres humanos, todo hombre tiene el don de la risa y
sabemos que la vida es más llevadera cuando se tiene sentido del humor.
El lado opuesto de la risa es el llanto. Los humanos son los únicos
animales que lloran y esto tiene un especial valor de supervivencia para
el niño. Sus arrullos de alegría y risa gorgojeante nos acercan a ellos,
estableciendo un vínculo simbiótico que todos los infantes necesitan.
Sus lágrimas son señales de auxilio que nos impulsan a ayudarlo y a
reconfortarlo.
5. Elástico. La elasticidad es la habilidad que poseemos para
recuperarnos del dolor causado por la interacción de nuestro entorno.
Los niños son elásticos por naturaleza. Mientras más pequeños son, más
elásticos serán. Cuando un niño aprende a caminar se hace patente su
elasticidad. Observé a un bebé de un año que pretendía ponerse de pie.
Cada vez que hacía el intento se caía. Un par de veces lloró levemente,
pero después emprendía una vez más la tarea, hasta que logró su
propósito al cabo de cuando menos cinco intentos.
6. Flexible. Relacionada estrechamente con la elasticidad se encuentra
la flexibilidad de conducta, que permite al niño conocer conductas en
respuesta a cualquier patrón de socialización al que quede expuesto. Tal
flexibilidad es una característica específica de los humanos y es un
fuerte indicio de salud mental. La elasticidad y la flexibilidad son el
resultado de nuestra habilidad para adaptarnos a situaciones nocivas.
7. Jugador incansable. Los niños poseen un sentido natural de libertad,
y cuando se sienten seguros, se mueven con gran espontaneidad; estas
cualidades, la libertad y la espontaneidad, forman la estructura del
juego. El juego es la forma en que el niño trasciende la repetición del
hábito pero, conforme crece, a menudo pierde de vista esta cualidad del
juego y llega a considerarlo como algo cursi. No debemos olvidar que el
juego es parte de nuestra naturaleza; veamos a nuestro entorno y notemos
que todos los animales juguetean; sin embargo, el juego en los niños
tiene un alcance mucho mayor porque la imaginación del infante desempeña
un papel esencial. Si consideramos a la infancia como una etapa de juego
libre y creativo, podemos percatarnos de que todo ser humano tiene la
capacidad de jugar; nuestros más grandes logros tecnológicos y
científicos son saltos de la imaginación a los que se deben nuestras más
grandes invenciones, descubrimientos y teorías.
8. Íntegro. Aunque el niño es inmaduro posee un sentido de integridad,
de ser. En otras palabras, se siente conectado y unificado dentro de sí
mismo. La sensación de integridad es el verdadero significado de la
perfección, y en este sentido, cada niño es perfecto. La integridad
también hace al niño especial, único y maravilloso. Nadie es exactamente
como él. Esta singularidad hace a cada niño verdade-ramente precioso.
Precioso significa raro y valioso.
9. Espiritual. Los niños son espirituales por naturaleza. Los niños son
místicos ingenuos. Pero es una espiritualidad ingenua, sin crítica. Más
tarde será la esencia de la espiritualidad madura y reflexiva. La
espiritualidad involucra lo más profundo y auténtico en nosotros:
Nuestro verdadero yo porque cuando somos espirituales, estamos en
contacto con nuestra singularidad. La espiritualidad involucra también
la sensación de conexión con algo más grande que nosotros mismos. Los
niños son creyentes naturales; saben que existe algo más grande que
ellos mismos.
10. Amoroso. Los niños están entre otras cosas, predispuestos al amor
y al afecto. Sin embargo, el niño primero debe ser amado para después
ser capaz de amar. Aprende a amar siendo amado. Ningún infante tiene la
capacidad de amar en el sentido maduro, altruista. Más bien él ama a su
manera, de acuerdo a su edad. El crecimiento saludable del niño depende
de que alguien lo ame y lo acepte incondicionalmente. Cuando esta
necesidad es satisfecha, la energía de amar del niño queda liberada, de
modo que pueda amar a otros.
Tu fuiste así. Todos fuimos así. Luego empezamos a escuchar a los
adultos que nos rodeaban y les creímos, ahora negamos nuestra
magnificencia, nuestra condición de niños y nos llenamos de creencias
que lo único que hacen es limitar nuestro desarrollo y alejarnos de la
felicidad al no poder administrar y disfrutar de los recursos que nos
rodean y que Dios nos ha puesto en nuestro entorno[3]. Ahora usas una
máscara para interactuar en la vida, ocultas tu propia identidad por el
miedo de ser avergonzado, de ser lastimado nuevamente. Proteges al niño
herido que vive dentro de ti, porque no deseas que siga sufriendo; pero
aunque tu no lo desees, el niño herido se manifiesta a cada momento y
bloquea tu desarrollo y sigues sufriendo. Esa es la razón por la que te
recomiendo tomes la decisión de analizar tu infancia y sanar las heridas
que ocasionan que actúes de esta manera y que tengas los resultados que
ahora tienes en tu vida. Alguna vez oí: Dime qué infancia tuviste y te
diré quién eres, y creo que tiene sentido afirmar esto, porque las bases
más importantes de tu conducta de adulto se encuentran en la infancia,
(aunque posteriormente fuiste añadiendo elementos que te ayudaron a
construir tu propia personalidad) y si esta etapa fue tormentosa, tus
resultados en la vida adulta lo serán en igual manera. Allí se reflejará
la base que tuviste, y eso solamente tu lo puedes remediar.
Se inicia el proceso de cambio rindiéndote a lo que ahora eres y después
toma acción en tu vida. En este libro encontrarás algunas herramientas
para sanar a tu niño herido y además te presento alternativas para que
tomes decisiones para tu propio desarrollo. Los conceptos que vas a leer
a continuación quizá no son nada nuevos para ti y posiblemente ya lo
estés aplicando en tu vida. Si no los estás usando adecuadamente, tal
vez tengas hoy en día resultados parcialmente aceptables.
¿Qué te sucedió en la niñez?
¿Cómo has perdido la condición de niño? Si tus padres, maestros,
familiares y amigos te reprimieron en tu infancia y te bloquearon el
espíritu de asombro ante la vida, esto propició que te encerraras en ti
mismo y ahora temas correr riesgos. Tu vida gradualmente se fue
convirtiendo en una gran carga, más que una aventura. Analiza la
situación que has vivido hasta hoy y acepta esa realidad como primer
paso para sanar tu vida. Ríndete a lo que eres, y reconoce cómo fuiste
dañado en tu infancia y en tu adolescencia. Sin miramientos, acepta que
te hicieron daño, acepta quién te hizo daño y cuánto es el daño que
padeces para poder tomar acción en tu recuperación.
Para que trabajes en tu desarrollo y aprendas a vivir nuevamente, es
necesario que vuelvas a sentir el dolor, recurriendo a la misma infancia
para desahogarte lo suficiente. Aquí el sufrimiento juega un papel
importante, donde las lágrimas te ayudarán a oxidar la armadura que te
ha atrapado en estos últimos años de tu vida.
En los párrafos que siguen encontrarás algunas cuestiones que
posiblemente se asemejen a tu caso. Te propongo te detengas a
reflexionar en cada sección y te remontes a la historia de tu propia
vida. Hace dos años fui a una conferencia que ofreció Cristóbal
Montealegre y relató: “No andemos en la vida como los topos que
transitan debajo del suelo y no saben a ciencia cierta qué existe arriba
de ellos. Es importante que nos demos la oportunidad de salir a la
superficie de vez en cuando para evaluar dónde estamos y dónde queremos
ir en nuestra vida.”
La pérdida de optimismo y confianza
Si perdiste el optimismo y la confianza y ahora eres vulnerable, quizá
fuiste herido por alguien, te avergonzaron y tu confianza desapareció.
El vínculo que te hacía tener confianza y avanzar de manera proactiva
queda cortado; de esta manera te volviste ansioso y temeroso. Si estas
actitudes persistieron, te tornaste pesimista. Recuerda que necesitas
tornarte optimista, porque esta actitud es la única en donde la realidad
adquiere un valor positivo; te permite apreciar el lado brillante de las
cosas. Todo es cuestión de enfocar adecuadamente tus sentimientos.
Si la gente con quien interactuaste en tu infancia, llámese padres,
parientes, maestros, hermanos, etcétera, tuvieron una infancia
turbulenta, ellos poseen un niño herido en su interior y sus propias
necesidades les impedirán satisfacer las necesidades de los demás. De
esta manera, o les disgustarán las necesidades de los niños, o
intentarán satisfacer sus propias necesidades, convirtiéndolos en una
extensión de ellos mismos al usarlos. Como el caso de Ricardo. Él es un
joven que en su lenguaje solamente se escuchan calamidades, se queja de
todo y no tiene confianza en sí mismo. Cada vez que sus compañeros de la
escuela se ponen de acuerdo para realizar un trabajo, él se encarga de
hacerlos sentir que no van a poder con ello y como consecuencia es el
promotor de la desilusión. Ricardo vive con su padre y su madrastra. Su
madre los abandonó cuando él tenía seis años y creció escuchando siempre
las quejas y las fatalidades de su padre alcohólico, que en resumidas
cuentas le transmitió a su hijo.
Cuando se abusa de un niño o se le avergüenza, su confianza y apertura
desaparecen. Si estas situaciones se repiten constantemente, se torna
pesimista como el caso de Ricardo.
La pérdida de felicidad y entusiasmo
La felicidad y el entusiasmo de un niño, pueden ser rápidamente
bloqueados. Si al niño herido que lleva nuestro padre en su interior le
reprimieron las risas, él se las prohibirá a sus propios hijos. Tal
padre recomendará a sus hijos lo siguiente: No rías demasiado fuerte;
deja de hacer tanto ruido; no seas tan escandaloso, y otras frases por
el estilo. Los niños que le reprimieron su risa y su alegría, se
convirtieron en pequeños sombríos y estoicos.
Algunos padres reprimen sistemáticamente el llanto de los hijos en la
creencia que les hacen fuertes; los hombres no lloran, afirman. Esto es
evidentemente falso. Recuerdo a mi abuela paterna, que fue huérfana
desde temprana edad y quedó en poder de su abuela. En ese tiempo la
educación era muy rígida y a los huérfanos se les exigía que de alguna
manera pagaran lo que recibían en alimentación y techo. Tenía que
trabajar duro y constantemente recibía instrucciones y regaños de todos
sus parientes. Una de las prohibiciones fue que no se le permitía
llorar, ni en casos de dolor extremo como cuando recibía castigo físico.
A través de los años, se hizo una mujer aparentemente insensible que no
podía manifestar sus sentimientos, ni cuando murió su hijo en 1992. Al
regreso del panteón, después de sepultar a mi tío Rodolfo, me acerqué a
ella y le acaricié sus canas; y con su carita triste y los ojos perdidos
me dijo: No puedo llorar; me duele mucho aquí (me señaló el pecho).
Creo..., creo... que estoy llorando por dentro a mi hijo que sepultamos.
Mi abuela murió años después, y en los últimos meses de su vida regresó
a la infancia. Ella pensaba que era una niña y que mi madre era su
abuela. Le tenía mucho miedo a mi mamá.
La codependencia
Los niños necesitan seguridad y una orientación positiva de las
emociones para entender sus propias señales internas. También requieren
ayuda para aprender a separar sus pensamientos de sus sentimientos.
Cuando el ambiente familiar está lleno de violencia (emocional, física y
sexual) el niño se siente desprotegido. Con el tiempo su habilidad para
valorarse a sí mismo se pierde. Sin una vida interna saludable, se
exilia intentando hallar satisfacción en el exterior. Esto se llama
codependencia, y es un síntoma de la existencia de un niño herido en el
interior de una persona. La conducta codependiente indica que no fueron
satisfechas las necesidades de la infancia de la persona.
Ramón es un amigo mío que vive con una actitud alerta hacia todo lo que
sucede. Teme que en cualquier momento alguien pueda traicionarlo. Parece
ser que su conducta tiene su origen en la infancia, cuando tenía
escasamente 12 años. A esa edad tal parecía que en el hogar de Ramón
todo marchaba a la perfección, hasta que una mañana lluviosa y fría se
encontraba en la escuela y empezó a sentirse mal del estómago. Pidió
permiso y se fue a casa. Al llegar a su hogar, sorprendió a su mamá
platicando con un señor elegante (como él mismo lo describe) en la sala.
Buscó a su padre dentro de la casa y al no encontrarlo le causó mucho
coraje la actitud de su madre. Con el celo natural de los niños, le
pidió explicación de la visita no grata de ese hombre y ella le
respondió: Ramón, tu no tienes ningún derecho a inmiscuirte en mi vida.
Ramón calló por el miedo a represalias de su madre. Pasaron los días y
una tarde al regresar de la escuela, entró a su casa y la encontró
totalmente vacía. ¡Mamá se había ido y se había llevado todo! Lo más
desesperante de la situación fue que a él lo había dejado, lo había
abandonando mamá, y se sintió desprotegido. A él no le quedó más remedio
que sentarse a llorar en la banqueta, hasta agotársele las lágrimas.
Pasaron las horas y llegó la noche junto con papá y ambos lloraron el
abandono y la soledad que sentían. Ramón sueña y espera una caricia, un
abrazo, una atención de alguien. Actitud que no ha llegado aún.
Se espera que todas las personas que llevan un niño herido en su
interior sean agradables, calladas o sufridas, pero sucede al contrario;
ese niño herido que llevan en su alma es responsable de mucha de la
violencia y crueldad que impera dentro del seno familiar y lo que es más
grave, se autocastigan reproduciendo de alguna manera la poca
comprensión que tuvieron en su infancia. Necesitamos entender claramente
que en cierto sentido, somos dependientes toda nuestra vida. Siempre
necesitamos amor e interacción. Nadie es tan autosuficiente que no
necesite a nadie más. Conforme envejecemos, requerimos ser necesitados.
Cuando crecemos de manera saludable, en algún momento nos volvemos
generativos y nos interesamos en la vida misma.
La conducta ofensiva
La conducta ofensiva es la principal fuente de destrucción humana, ésta
tiene su origen en la violencia padecida en la infancia y del
sufrimiento y dolor experimentados por esa situación. El niño herido e
impotente se convierte en un adulto ofensor. Es necesario comprender que
cuando un pequeño es objeto de cualquier tipo de abuso, en realidad se
le está preparando como un ser ofensivo y programado para someter a sus
seres queridos por medio de amenazas y ofensas. Sobre todo, el más
afectado de padres ofensores es el niño, que a la larga se identifica
con su ofensor y justifica sus acciones y se siente culpable de la
infelicidad que cree causarles, En el área de la psicología le llaman
síndrome de Estocolmo; estas manifestaciones son frecuentes en los casos
de secuestro, cuando el secuestrado se identifica con el secuestrador e
inclusive lo defiende. Para sobrevivir al dolor, el niño se identifica
con su ofensor. La violencia física, sexual o emocional es tan
aterrorizante que el niño pierde su identidad cuando sufre un abuso.
Quizá a ti te ha pasado algo semejante y si no es así, trae a tu mente
recuerdos de algún amigo de la infancia que fue maltratado en su hogar y
recuerda la manera de cómo justificaba los actos ofensivos que le
propinaban defendiendo a sus padres de una forma alarmante. Recuerda a
esos niños con su mirada perdida y sonrisa triste, siempre triste.
Sabemos que la mayor parte de la conducta ofensora tiene su origen en la
infancia, pero no siempre es resultado de la violencia. Algunos seres
ofensivos fueron echados a perder por sus padres complacientes y
consentidores, que les hicieron sentirse superiores a los demás. Esos
niños consentidos creyeron que merecían un trato especial de parte de
todos y que lo que ellos hacían era siempre lo adecuado. Perdieron todo
sentido de responsabilidad, pensando que sus problemas eran siempre
causados por otros. Estos niños consentidos se transforman en adultos
ofensivos, egoístas, irresponsables, flojos, etc. La verdad, estos
adultos con su niño herido de esta manera sufren mucho, por la actitud
que asumen ante la vida, además que ocasionan un enorme daño a sus seres
queridos; llámense hijos, familiares, amigos, compañeros, etc., como el
caso de Sarita; ella es una profesionista muy inteligente que ocupa un
puesto importante en una institución. Sarita presenta con frecuencia una
actitud voluble hacia el personal y retoza con sus sentimientos a su
antojo; tal parece estar en su recámara jugando caprichosamente con sus
muñecas. Dentro de la institución, si alguien manifiesta alguna actitud
que no está de acuerdo con su modo de percibir la vida, definitivamente
la elimina bajo el pretexto de no estar cumpliendo con sus funciones. La
actitud posterior que manifiesta Sarita es de inocencia; de estar ajena
a la situación que ha ocasionado, incluso, su modo de hablar y de mirar
es el de una frágil y adorable niña de mamá. Es claro que se desentiende
emocionalmente del caso, como una manera de evadir su propia
responsabilidad. En cuanto al testimonio como ejecutiva es pobre;
frecuentemente llega tarde a las reuniones, no cumple con los acuerdos
tomados, no es eficiente. Sarita definitivamente fue echada a perder en
su infancia, consintiéndola en demasía y consecuentemente presenta una
actitud inestable y sufre bastante cuando no logra realizar sus antojos.
En este caso, el adulto con un niño herido por haber sido consentido
irresponsablemente en su infancia, puede tener actitudes agresivas con
más sutileza y astucia que en otras condiciones.
La pérdida del amor
El niño necesita ser amado incondicionalmente. En algunas ocasiones los
padres se alejan tanto de sus hijos, que los hijos realmente ya no los
identifican como modelos, ya no pueden espejearse en ellos. Lógicamente,
si el niño no puede verse reflejado en sus padres, el niño no sabrá
quien es él. Cada uno de nosotros fue un nosotros antes de convertirnos
en un yo. Necesitábamos necesariamente un rostro/espejo que refleje
todas las partes de nosotros, necesitábamos saber cuánto importábamos,
qué actitudes nuestras nos tomaban en serio, qué parte de nuestro ser
era aceptada y merecedora de cariño y qué parte no; también
necesitábamos saber que podíamos depender del amor de nuestros padres.
Estas fueron nuestras saludables necesidades narcisistas. Si no fueron
satisfechas, nuestro sentido del “yo soy” resultó dañado.
La necesidad del narcisismo del niño herido, saboteará sus relaciones de
adulto, porque no importa cuanto amor se le dé, nunca será suficiente.
Este adulto no puede ver sus necesidades porque realmente son las
necesidades de un niño. Y los niños necesitan a sus padres todo el
tiempo. Sienten esta necesidad por naturaleza, no por elección. Las
necesidades de un niño son de dependencia, es decir, necesidades que
deben ser satisfechas por otros. El adulto con un niño herido de esta
forma, buscará vorazmente el amor y la estimación que él o ella no
tuvieron en la infancia. En algunas ocasiones esta búsqueda se hace
infructuosa, y solamente ocasiona al adulto decepciones cada vez más
severas. Éste es el motivo de un gran número de divorcios, del abandono
de los hijos, de la búsqueda incesante de amigos que al final esclavizan
y huyen, etc.
Hay casos en que no existe herida aparente, como el de David, que a
pesar que no conoció a su padre, recibió todo el cariño de su abuelo
materno, que prácticamente le ofreció el amor que requería y la
oportunidad de desarrollar su nosotros y reafirmar su yo. Actualmente
David es estudiante de Ingeniería y es un joven con ganas de vivir. Un
niño requiere ser amado, es inadmisible que un pequeño crezca sin amor.
Generalmente el niño sin amor muere. Esto trae a mi mente una escena que
se desarrolla en un hospital en la noche de navidad. Afuera de este
nosocomio, se escuchaba el bullicio que invadía el silencio
característico de los pasillos. Llenaban el ambiente los cohetes y las
carcajadas de los niños que ansiosos esperaban a que repicaran las
campanas a las doce de la noche anunciando la navidad, para que
acompañados de sus padres abrieran los regalos que les tenían preparado
desde días antes. Todo era alegría, y esta alegría contrastaba con las
carreras de los doctores y las enfermeras que aligeraban el paso para
terminar sus actividades e ir al encuentro de sus seres queridos. Uno de
los médicos se percató que un niño se le acercaba y en la penumbra lo
reconoció. Era un niño que estaba solo y sus facciones estaban marcadas
por la muerte y sus ojos parecían pedir disculpas o quizá permiso para
ser visto aunque sea la última vez. El médico se acercó, y el niño lo
tocó con suavidad y le dijo: Dígale a alguien..., y continuó muy
quedito: Dígale a alguien que yo estoy aquí.
La pérdida de seguridad
Cuando los padres o tutores no inspiran seguridad, se desarrollará en
los niños un sentido de desconfianza. El mundo les parece un lugar
peligroso, hostil, impredecible. Por tanto, el niño debe estar siempre
alerta y tener todo bajo control. Piensa: Si yo lo controlo todo,
entonces nadie me podrá sorprender descuidado y lastimarme. Lo primero
que debemos aprender en la vida es que los otros (papá, mamá, el mundo
exterior) son dignos de confianza. Si podemos confiar en el mundo,
seremos capaces de confiar en nosotros mismos. Aunque hay que tener
cuidado en este aspecto, porque la confianza debe saber darse. Mucha
gente ha sufrido por haber dado de más a quien no debía. Les voy a
contar una fábula que se refiere a una piara de puercoespín. Ellos
estaban pasando una noche muy difícil. El frío les ocasionaba que se
mantuvieran temblando, y poco a poco se fueran acercando unos a los
otros hasta que se lastimaban con sus espinas. El dolor, les hacía
retirarse con desesperación. Al estar retirados unos de otros, el frío
les volvía a calar sus cuerpos y nuevamente se reunían hasta punzarse de
nuevo para después retirarse bruscamente. Sólo estuvieron quietos hasta
que encontraron la distancia adecuada de tal suerte que recibieran el
calor unos de otros y que no se dañaran con sus espinas. Así es la
seguridad en la confianza.
Esta fábula es parecida a lo que padeció Mariela al morir sus padres en
un accidente automovilístico. Al quedarse sola optó por irse a vivir con
unas compañeras de la universidad en una casa rentada. Mariela
frecuentemente tenía problema con ellas y se tornaba insoportable la
convivencia. Lógicamente el aprovechamiento que tenía en la escuela era
precario y su vida social era un caos. Esta situación fue aprovechada
por su novio y en la “prueba de amor” la dejó embarazada y la abandonó a
su suerte. En su desesperación buscó consuelo en el alcohol y estuvo a
punto de perder a su bebé. Mariela entonces optó por recurrir a sus
compañeras en una actitud de víctima que al principio funcionó a la
perfección. Ese acercamiento la mantuvo tranquila una temporada pero, al
percibir que sus compañeras la estaban manipulando haciendo que
abandonara sus estudios y teniéndola como sirvienta en la casa, con el
pretexto de que no tenía dinero para mantenerse y había que ganárselo,
toma la decisión de hablar con ellas y plantearle lo que sentía y lo que
esperaba en su vida. Las muchachas comprendieron y la apoyaron. Mariela
tuvo a su hijo. Actualmente vive en la misma casa, trabaja por las
tardes y continúa sus estudios universitarios. En resumidas cuentas
Mariela encontró la distancia exacta para la convivencia en su nueva
situación.
Las diferentes actitudes que tenemos ante los seres humanos varían,
jugamos un papel diferente con cada uno de ellos, y está condicionado a
la experiencia que hemos tenido con la persona que nos estamos
comunicando. Es diferente el trato que presentamos con nuestros padres,
con nuestros hermanos, con cada uno de nuestros amigos; porque con ellos
hemos experimentado diferentes situaciones que marcan la pauta de la
confianza que vamos a tener hacia ellos. Es evidente la actitud de
desconfianza cuando la persona nos es desconocida. Pero ante todo, y
ante todos; si queremos llevar la fiesta en paz, es necesario que como
el puerco espín, mantengamos una distancia prudente para que no nos
lastimen y para que no lastimemos a la gente y aprovechando el calor de
los seres humanos de manera prudente. Esto nos proporciona seguridad.
Las emociones
Para comprender cómo el niño herido que se aloja en tu interior actúa
para satisfacer necesidades pendientes desde la infancia y traumas no
resueltos, tenemos que entender algunas de nuestras emociones, porque la
principal fuerza motivadora en nuestras vidas es la emoción y es el
combustible que nos mueve a defendernos y a satisfacer nuestras
necesidades básicas.
La ira nos impulsa a defendernos, y con la ira protegemos y luchamos por
nuestros derechos.
El miedo nos orilla a huir ante el peligro y también nos permite
discernir para la toma de decisiones; es decir, por un lado nos protege
del peligro, nos impulsa a correr y buscar refugio y por otro nos
permite arriesgarnos con la fuerza necesaria.
La tristeza nos hace llorar. Las lágrimas nos ayudan a aliviar nuestro
dolor porque con la tristeza lamentamos nuestras pérdidas y liberamos
nuestra energía. Cuando no podemos lamentarnos, no podemos acabar con el
pasado. Toda la energía emocional relacionada con nuestra pena o trauma
se congela, trata de liberarse a sí misma. Con esta energía no te puedes
expresar de una manera natural, se manifiesta en conducta anormal; a
esto se le llama representación exterior. La representación es una de
las maneras más devastadoras con que el niño herido que llevamos en
nuestro interior, sabotea nuestras vidas.
Reproducir en nosotros mismos los abusos sufridos en el pasado se
denomina representación interior. Nos castigamos a nosotros mismos en la
forma en que nos reprimían en la infancia. Algunos adultos se castigan a
sí mismos si cometen algún error; se llenan de críticas: ¡Qué estúpido
soy! ¡Cómo pude ser tan idiota!, etc., algunas veces hasta se golpean en
la cara para castigarse de sus propios errores, reproduciendo los
momentos cuando su madre lo golpeaba en la cara cuando él era un niño.
Tengo un alumno en la Universidad que está empeñado en repetir que él no
es inteligente, que es tonto, que no merece estar estudiando, y aunado a
estas expresiones explica que su padre lo humilló en su infancia, que
tuvo abusos físicos de parte de su padre, pegándole hasta con la hoja
del machete. Este muchacho se comporta como una verdadera víctima,
porque todo lo que hace, lo realiza esperando resultados mediocres para
poder seguir teniendo razón de lo que expresa y continuar con la ruta de
autocastigo que se ha impuesto.
La emoción que no se liberó en el pasado a menudo se vuelve hacia uno.
Si no se te permitió expresar tu ira en el pasado, entonces encausas en
tu interior toda la rabia que se genera. El resultado es que tiendes a
la depresión, apatía, ineptitud, incapacidad de realizar las metas en tu
vida, entre otras cosas.
La energía emocional que no fluye hacia el exterior puede causar
problemas físicos, como desórdenes intestinales, dolores de cabeza,
dolor de espalda, de cuello y tensión muscular, artritis, asma, ataques
cardiacos y cáncer. Ser propenso a peripecias en la vida, es otra forma
de representación interior. Uno mismo se inflige castigo a sí mismo
cuando se teme que te suceda tal o cual situación. Recordemos a Job que
dijo: Se me hizo realidad lo que tanto he temido...
La siembra de creencias
A los niños fácilmente se les siembra de creencias que pueden
transformarle la realidad. Padres equivocados a menudo les hacen creer a
sus hijos que su conducta es directamente la responsable de los
sentimientos de otra persona. Algunas frases comunes de este tipo son:
Estás matando a tu madre; mira lo que has hecho... has incomodado a tu
madre; ¿estás satisfecho? Has enfadado a tu padre, entre otras.
Otro de los factores, que llenan de creencias a los niños, lo anota
Vallés en otro de sus libros (Te quiero, te Odio); y sugiere que son las
personas que de alguna manera tienen influencia en ellos. Nacemos dentro
de la historia y de la sociedad, y tanto la historia como la sociedad
están compuestas de hombres y mujeres con sus ideas, sentimientos,
sueños y prejuicios. Todo esto se nos comunica a través de gestos y
palabras, de conversaciones íntimas o de publicidad universal. Padres,
parientes, maestros, predicadores y conocidos se nos acercan, tratan con
nosotros y dejan su marca en nuestro ser con sus palabras y su ejemplo,
su consejo y su crítica, sus opiniones y sus juicios. Todo cuenta, todo
influye, y la clave de mucho de lo que hacemos y pensamos más tarde en
la vida ha de buscarse en la influencia temprana de quienes teníamos en
nuestro alrededor.
Muchos adultos que albergan en su interior frustraciones infantiles, se
mueven entre el miedo, el abandono y el temor de quedar entrampados.
Algunos están permanentemente aislados por su miedo a ser agraviados por
otra persona. Otros, se niegan a dejar uniones nocivas por el terror de
estar solos. La mayoría fluctúa entre los dos extremos.
Es triste cuando los niños saben que al nacer causaron un desengaño a
sus padres: El padre deseaba un niño y nació una niña; mamá deseaba una
niña y dio a luz un varoncito. El niño llega a sentirse avergonzado de
su género, lo cual más adelante puede provocar una actitud sexual
sumisa. Los niños víctimas del desprecio y humillación paternal a menudo
adoptan conductas sexuales sadomasoquistas.
Juan desconfía de la gente y constantemente se desprecia. Actualmente se
refugia en el alcohol y vive a la expectativa. Su desempeño académico es
deficiente. Al indagar sobre su infancia supe que su madre le confesó
que no debió nacer, que su concepción fue un descuido cuando su padre
alcohólico intentó reconciliarse con ella, puesto que los había
abandonado años atrás. Al saber el padre que su esposa estaba
embarazada, tomó la decisión de irse de nuevo. Actualmente Juan tiene
una vida intranquila.
Con cada uno de los sucesos en tu desarrollo vas creando un sistema de
creencias y tu vida la experimentarás de acuerdo a la forma que creas
que es. Tu sistema de creencias mantiene tu atención enfocada en ello y
niega que haya alguna otra verdad más allá de ella misma. De acuerdo con
ese mapa de creencias que has formado vas a esculpir tu vida, recuerda
que todo lo que tiene tu atención, también tiene tu intención.
Podemos caer en la situación de cerrarnos ante el cambio, y no
permitimos que la nueva evidencia altere las creencias concebidas
previamente. Vemos nuestra identidad y nuestra existencia evidenciada
sólo por antiguas creencias. La forma como se afirman las antiguas
creencias, es creando y examinando situaciones, de tal forma, que
validan lo que previamente creímos que era cierto.
Nuestras mentes subconscientes son archivos de recuerdos. Sin embargo,
no son archivos pasivos, que abiertamente reciben nueva información. El
ego es el dueño del archivo de tu subconsciente y rehúsa a aceptar
cualquier información para el archivo que no esté de acuerdo con la
filosofía de los primeros documentos. Esos primeros documentos (primeros
recuerdos) son los que enseñaron a nuestro ego las bases de cómo y
cuáles son los documentos que se deberán aceptar y, al recibir
información nueva, le proporcionamos a nuestro ego una alternativa,
donde son evidentes todos los archivos nuevos (experiencias). Nuestro
ego, o se rehúsa a aceptar nuevos documentos (experiencias) o los mutila
y los distorsiona hasta que estén de acuerdo con los primeros documentos
(creencias).
Cualquier creencia bien arraigada tiende a perpetuarse. Por otra parte,
cuando la información nueva llega a tu mente y es aceptada, tiende a
sustituir la información antigua relacionada con el mismo tema. La
última experiencia es por lo general la que permanece.
Si te caíste de un árbol, te entró miedo y no volviste a subir, lo que
permanece en tu mente es el miedo de subir al árbol y volver a caerte.
Si te caíste y te levantaste y aun con miedo, te subiste de nuevo, lo
que permanece en tu mente es tu capacidad para subir a un árbol. La
visualización es un recurso fundamental para instalar la experiencia en
el sistema nervioso. Cuando una visualización está bien hecha, al
cerebro no le importa si aquello realmente ocurrió en el mundo físico o
sólo en tu imaginación.
Cuando dos creencias antagónicas conviven simultáneamente en el cerebro
surgen conflictos internos. Al igual que cuando se actúa de manera
incoherente con las propias creencias. Imagina que una parte de ti
piensa de un modo y la otra parte de un modo distinto. Te encuentras
dividido en tu interior, y en esta situación de conflicto siempre hay
una pérdida de energía. Cuando aparece un conflicto de esta naturaleza,
la tendencia es siempre minimizar las diferencias y, como resultado, una
de las partes queda alterada. Si, por ejemplo, crees que fumar es
perjudicial y sigues fumando te colocas entre la creencia y la acción.
Algunas creencias limitan el desarrollo de nuestra vida, limitan nuestra
actuación ante la vida. Las creencias ocasionan que actuemos de formas
diversas al comportarnos de diferentes maneras para evitar que nos dañen
nuevamente. Las creencias que limitan, son las que fueron creadas sobre
todo en la infancia. Aquel día que te ridiculizaron, que te rechazaron,
que te dijeron que no valías. Y lo creíste, y lo sigues creyendo. Te
sigues diciendo lo poco que te sientes ser y lo poco que crees valer. Es
difícil que un ser humano lleno de creencias que limitan, acepte el
éxito. Cuando el éxito llega a sus manos, lo rechazará, lo apartará;
porque se sentirá no merecedor de tal distinción; y se preguntará
constantemente: ¿Cómo es posible que un hombre sin valor tenga éxito?
Así piensa Daniel. Él es ingeniero Civil y se encarga de hacer los
concursos en una empresa de la construcción. Su mayor deseo es dirigir
una obra en campo. Cuando se le da la oportunidad de hacerlo le entra
tanto miedo, que este miedo se transforma en un detonante para
embriagarse y por supuesto que la obra que ha iniciado la abandona y los
resultados son decepcionantes. Actualmente sigue elaborando los
concursos y espera otra nueva oportunidad, que lo más seguro es que se
repita la historia de fracaso hasta que no cambie la creencia del “no
valor”.
Las creencias que limitan nos hacen evadir la realidad, algunas veces
con actitudes agresivas; otras veces evitando las responsabilidades, es
como ir por la vida sin metas definidas, sin compromisos; de manera
irresponsable, evadiendo; siempre evadiendo. Y al final de nuestros
días: Una muerte esperada dentro de la mediocridad.
Los modelos equivocados de disciplina
Los niños necesitan padres que sean modelos de autodisciplina. Aprenden
lo que realmente hacen sus padres[4]; no de lo que dicen que hacen,
cuando los padres dejan de ser modelos de disciplina, el niño se
convierte en indisciplinado; cuando los padres emplean la disciplina
rígidamente, el niño se vuelve sobredisciplinado. El niño indisciplinado
es flojo, se la pasa perdiendo el tiempo, es mal agradecido, se rebela,
voluntarioso, terco y actúa impulsivamente. El niño sobredisciplinado es
rígido, obsesivo, sobrecon-trolado y obediente, complaciente con la
gente y devastado por la vergüenza y la culpa. Sin embargo, la mayoría
de nosotros, que poseemos en nuestro interior un niño herido, fluctuamos
entre la conducta indisciplinada y sobredisciplinada. En la escuela es
común tener compañeros que presentan comportamientos de indisciplina y
sobredisciplina; ambos son un dolor de cabeza para nosotros los
maestros. En especial me voy referir a Antonio cuando cursó su carrera
universitaria. Sus padres le proporcionaron todo lo necesario y también
le dieron sobreabundancia, pero a cambio de ello le exigían resultados y
le marcaban la conducta intachable que debería presentar. No toleraba
tener un nueve de calificación porque sentía que el mundo se le venía
encima y persuadía a sus maestros obsesivamente hasta lograr que le
subieran de calificación. Él por lo general andaba solo pues consideraba
que nadie podía tener el privilegio de andar con él porque consideraba
inferiores a sus compañeros de escuela. Ya se deben imaginar la soledad
tan terrible que embargaba el corazón de este joven, porque la soledad
más grande no es física, sino emocional.
Las distorsiones del pensamiento
Los niños son absolutistas. Esta cualidad del pensamiento infantil se
manifiesta por una polaridad de todo o nada. Si no me amas, entonces me
odias. No hay términos medios. Si mi padre me abandona, entonces todos
los padres son iguales. Los niños son lógicos, esto se pone de
manifiesto en lo que se ha denominado razonamiento emocional. Me siento
de cierta manera, por lo tanto las cosas deben ser así. Si me siento
culpable, debo ser una mala persona.
Jesús se suicidó el año pasado cuando contaba con 21 años de edad, él
era estudiante de quinto semestre de la Licenciatura en informática y
frecuentemente nos reuníamos porque ambos pertenecíamos al taller
literario de la universidad. Como hijo único de madre soltera vivía una
situación muy especial (Esto que les voy a plantear no le sucede
necesariamente a todo hijo de madre soltera). Parece ser que se sentía
culpable de la situación en que vivía mamá que por cierto estaba plagada
de necesidades de todo tipo. Eso puede haber sido el detonador para que
tuviera una actitud absolutista de “todo o nada” y pensar
insistentemente que él era malo y que no merecía vivir. Estaba siempre
triste y callado con un silencio que asustaba. Pocas veces me pude
comunicar abiertamente con él y en una de esas veces me contó que estaba
viviendo en unión libre con una compañera de la misma universidad. Una
mañana me avisaron que lo habían encontrado muerto en su habitación. Ya
se deben haber imaginado la impresión que me causó esa noticia que me
solté a llorar inconsolablemente. Al otro día al entrar a la ciudad
donde se encuentra la universidad me topé frente a frente con el cortejo
fúnebre, me estacioné y estuve en su sepelio. Al finalizar una compañera
de él de la universidad se me acercó, me abrazó llorando y me dijo:
¿Verdad que Jesús era bueno?. Yo le dije que sí, así nos quedamos un
buen rato hasta que la gente se fue retirando del panteón.
Los niños necesitan ejemplos saludables para aprender a separar el
pensamiento de la emoción: Pensar en los sentimientos y sentir el
pensamiento. Los niños piensan egocéntricamente, por ello se
personalizan todo. Si mi papá no tiene tiempo para atenderme debe ser
porque no soy bueno, porque hay algo mal en mí. Los niños interpretan
así la mayoría de los abusos que sufren. La egocentricidad es una
condición natural de la infancia que puede prolongarse a la edad adulta
si no es superada, no un indicio de egoísmo moral. Los niños y algunos
adultos no son plenamente capaces de considerar el punto de vista de
otras personas.
Cuando los niños no aprenden a separar el pensamiento de las emociones,
al convertirse en adultos utilizan el pensamiento para evitar emociones
dolorosas. Separan sus cabezas de sus corazones, por así decirlo.
El vacío
El niño herido de la infancia también contamina la vida adulta con una
ligera depresión crónica experimentada como vacío. La depresión es el
resultado de que el niño tenga que adoptar un yo falso, dejando atrás su
verdadero yo. Este abandono del verdadero ser equivale a dejar un hueco
en el interior de uno mismo (agujero en el alma). Cuando una persona
pierde su yo auténtico, pierde contacto con sus verdaderos sentimientos,
necesidades y deseos. Lo que experimentan, en cambio, son los
sentimientos requeridos por el falso yo. Tener un falso yo es actuar la
vida. El verdadero yo, nunca está presente.
Sentirse vacío es una manera de depresión crónica, ya que se sufre por
la pérdida del verdadero yo. Todos los adultos padecemos depresión
crónica en cierto grado. El vacío también aparece en forma de apatía.
Cuando se acerca Carmen a platicar conmigo, por lo general está ausente
y al preguntarle cómo está, me contesta: Profe, me siento sola, vacía;
no le encuentro sentido a lo que hago. El estado de ánimo que presenta
se lo atribuyo a que, cuando Carmen estaba en secundaria falleció su
madre, y posteriormente la corrió de su casa el padrastro. Pasaron los
meses y Carmen se encontró en el mercado del pueblo con su hermano más
pequeño. Fue hacia él y lo abrazó con entusiasmo. El niño la rechazó
inmediatamente y le dijo que estaba equivocada, porque su padre le
informó años atrás, que su hermana había muerto en un accidente poco
después de fallecer su madre.
Cuando nuestro niño interior está herido, nos sentimos vacíos y
deprimidos. La vida es irreal; estamos allí pero no participamos de
ella. Este vacío conduce a la soledad. Como nunca somos en realidad
nosotros, nunca estamos verdaderamente presentes. Y aunque la gente nos
admire y se aferre a nosotros, nos sentimos solos.
El abandono
Los padres hacen que sus hijos sientan lástima de ellos mismos, al no
tener tiempo para ellos. Un padre alcohólico o una madre codependiente
no pueden atender debidamente a sus hijos. Al alcohólico lo absorbe la
bebida, y la codependiente (madre) la absorbe el alcohólico. Simplemente
no pueden prestar la debida atención a sus hijos. Lo mismo sucede cuando
los padres se hallan bajo tensión crónica, incluyendo las adicciones al
trabajo o a las actividades religiosas; los desórdenes al comer, las
adicciones a controlarlo todo o al perfeccionismo; o a las enfermedades
físicas y mentales. Cualquiera que sea el desorden, cuando a los padres
los absorben sus cuestiones emocionales, ellos no pueden prestar la
debida atención a sus hijos. Cuando yo era joven recuerdo a un amigo que
siempre se quejaba: Dios me quitó a mis padres. El hecho era que papá y
mamá estaban todo el tiempo en la iglesia y se olvidaban de su hijo. Los
padres de familia con problemas no pueden ofrecer a sus hijos lo que
necesitan, porque ellos mismos están necesitados.
El abuso sexual
Cuando se presenta el abuso sexual, el niño es utilizado por los adultos
para su placer. Así el niño aprende que la única manera en que él puede
ser importante es realizando actos sexuales con el adulto. Como
consecuencia, el niño crece con la idea de que debe ser un gran
compañero sexual o sexualmente atractivo para que alguien realmente se
preocupe por él. Existen muchas formas de abuso sexual, entre las cuales
se encuentran las no físicas, que muchas personas ni siquiera las
consideran formas de abuso y que pueden ser las más nocivas.
Para entender el abuso sexual no físico o emocional necesitamos
comprender que una familia es un sistema social gobernado por sus
propias leyes. Las leyes más importantes de los sistemas familiares son:
· La familia puede ser definida solamente por la interrelación de sus
miembros, no por la suma de sus partes.
· Todo el sistema opera sobre un principio de equilibrio, de modo que si
un miembro altera ese orden, otro miembro lo compensará. Por ejemplo la
actitud de un padre borracho, irresponsable, puede ser compensada por
una madre abstemia, muy responsable. Una esposa iracunda, histérica,
puede ser equilibrada por un esposo ecuánime, de modales finos, y hablar
pausado.
· Todo el sistema está reglamentado. En los sistemas positivos las
reglas son negociables y abiertas; en los sistemas negativos, las reglas
son rígidas e inflexibles.
· Los miembros del sistema desempeñan diferentes papeles para mantener
sus necesidades de equilibrio. En los sistemas familiares saludables,
los papeles son flexibles y compartidos; en los sistemas nocivos, los
papeles son rígidos y estáticos.
Un elemento fundamental en el sistema familiar es el matrimonio. Cuando
el matrimonio presenta una alteración en su intimidad, surge el
principio de equilibrio y complementariedad. La familia necesita un
matrimonio saludable para estar balanceada. Al faltar ese equilibrio, la
energía dinámica del sistema empujará a los niños a crearlo. Si el papá
no está satisfecho con la mamá, es posible que se dirija a su hija para
satisfacer sus necesidades emocionales. La hija se convierte así en la
consentida del padre. Asimismo, el hijo puede convertirse en el pequeño
hombrecito de la madre, o su hombre significante, en lugar del papá. Los
niños se hacen cargo del matrimonio de los padres y son utilizados para
aliviar la soledad de los padres. A menudo un padre es rechazado
sexualmente, pero sus necesidades sexuales siguen presentes. Una niña
puede sentirse molesta por los besos constantes y el manoseo del padre.
En general cuando el niño es más importante para el padre que su esposa,
se habrán presentado las condiciones para que surja el abuso sexual
emocional. Esto se convierte en un abuso porque el padre utiliza al niño
para satisfacer sus propias necesidades. Tal conducta invierte el orden
de la naturaleza. Los padres deben dar a los niños tiempo, atención y
orientación; no utilizarlos para satisfacer sus propias necesidades.
El abuso físico
El abuso físico también inflinge herida espiritual. El niño que es
golpeado, difícilmente podrá creer que es un ser especial, maravilloso y
único. ¿Cómo puede pensarlo si está siendo lastimado físicamente? El
castigo físico corta el vínculo interpersonal con un padre. Imagina cómo
te sentirías si tu mejor amigo llegara y te abofeteara. No tenemos idea
de cuántas familias violentas hay. Estas estadísticas quedan ocultas en
las salas de emergencia de los hospitales, en la vergüenza familiar y,
sobre todo, en el terror a las represalias si se habla de más.
En nuestro medio es frecuente encontrarse con niños que son sometidos
mediante el castigo físico. A estos niños se les reconoce porque están
constantemente temerosos hacia lo que pueda suceder en su entorno que
pueda lastimarlos. Conocí a un joven llamado Ángel y cursaba a duras
penas el sexto semestre en la universidad. Su plática era de
sometimiento y de derrota. Empleaba palabras como: Yo soy muy tonto; yo
me voy a buscar una novia fea porque no creo me acepte una muchacha
bonita; no merezco que la gente me quiera porque en verdad soy malo, y
así por el estilo. Cuando las circunstancias eran adversas y se le
dañaba, entonces él confirmaba su teoría de mediocridad y se sentía
hasta cierto punto resignado y hasta decía: ¿Ya ves que tengo razón? Sin
darse cuenta este joven, con su actitud ayudaba a las personas a tener
un enfoque hacia sus defectos y lógicamente hacía realidad lo que tanto
temía. La vida de este muchacho fue de sometimiento físico de parte de
su padre. Aun conserva las cicatrices en la espalda y en las piernas de
los castigos que se le inflingía.
Golpear a las mujeres y niños es una tradición antigua y persistente en
casi todas las culturas. Todavía se cree que el castigo corporal modela
a nuestros hijos, pero lo que no sabemos los padres es que existen
evidencias de que el castigo corporal tiene efectos secundarios
duraderos. Sólo en un sentido pervertido puede un niño creer que se le
ama cuando es golpeado, abofeteado o amenazado.
Abuso emocional
El abuso emocional también provoca una herida espiritual. Gritar a los
niños altera el valor que tienen de sí mismos. Los padres que llaman a
sus hijos estúpidos, tontos, idiotas, locos, etc., los hieren con cada
palabra. El abuso emocional se presenta también en forma de severidad,
perfeccionismo y control. El perfeccionismo produce una honda sensación
de vergüenza recurrente. No importa lo que hagas, nunca se consiguen
resultados. Todas las familias basadas en la vergüenza usan el
perfeccionismo, el control y la culpa como reglas de manipulación. Nada
de lo que digas, hagas, sientas o pienses estará bien. No debes sentir
lo que sientes, tus ideas son locas, tus deseos tontos. Consecuentemente
se encuentran fallas en tu comportamiento.
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