1. Introducción
La palabra líder, es vista por todos como algo que todos queremos ser,
ciertamente hay personas que este titulo lo traen desde niños y vemos
como desde pequeños son los “lideres” de su grupo de amigos, luego lo
son en la escuela y continúan cultivando este adjetivo en sus empleos.
En este, nuestro siglo XXI, la palabra líder ha retomado importancia en
las empresas. Se necesita de gente capaz de dirigir y lograr que sus
subordinados hagan la diferencia ante tanta competencia e innovación que
encontramos en los mercados.
Sin duda la globalización ha sido una herramienta muy importante para
todos los países, pues permite diversificar y llevar nuestros productos
a limites antes no imaginados, pero exige que estemos al día en cuanto a
la tecnología, creatividad e innovación y para eso se necesita de una
persona capaz de lograr los objetivos planteados.
Nuestra mentalidad al respecto es que no se trata de ser líder porque se
heredo el poder o se voto para que obtuviera el liderato. Ser líder es
asumir la responsabilidad y plantearse estrategias que llevaran a
desarrollar la empresa, logrando que el equipo de trabajo pueda
encaminarse a lograr los resultados planteados y diferenciar nuestros
productos o servicios en este mundo de competitividad.
2. Líder del siglo XXI
La obligación de prepararse para un futuro digitalizado y globalizado ha
puesto de manifiesto la necesidad de un liderazgo nuevo y distinto,
innovador, apasionado, sensacional. Se trata de líderes que tienen un
sueño e ideas únicas y que suponen una autentica ventaja competitiva. El
líder tradicional medio no sobrevivirá en el próximo milenio. Si
queremos ser competitivos, tenemos que adoptar él ultimo tabú, construir
a partir de la emoción y la imaginación.
Las corporaciones de nivel mundial del siglo XXI utilizaran colectivos
de individuos con talento, apasionados y diversos que evolucionen
constantemente. Los líderes de estos moldearan lo que es, en esencia, el
genio colectivo. Como quiera que el entorno competitivo haya cambiado
fundamentalmente, la gestión estratégica del talento es la clave para
conseguir ventaja competitiva. Gestionar la adecuación al puesto y la
forma en que los individuos trabajan en la organización sé esta
convirtiendo rápidamente en el dilema fundamental del liderazgo, El
liderazgo se ha convertido en la tarea de aprovechar creativamente la
tensión ente fuerzas opuestas. Esto es ya evidente, y a medida que nos
adentramos ene l nuevo milenio, las implicaciones de liderar y vivir en
un mundo pleno de dualidad, dilema y paradoja se harán más obvias.
Según Starr R. Levine, las cualidades de liderazgo basadas en el valor
ayudaran a los líderes a aprender, adaptar y responder positivamente en
el nuevo milenio. Señala motivada por valores íntimos que construye
relaciones de confianza a trabes de la comunicación eficaz. El líder por
la misma naturaleza de estas cualidades, se centra en impulsar hacia
delante a las personas y a las organizaciones, enseñando a sus empleados
e incrementando su competencia. En este capitulo, Levine presenta siete
principios que definen los elementos de la transición con el éxito del
siglo XX al siglo XXI.
3. La creación del valor
Manifiesto del management del nuevo milenio.
Los directivos de la mayor parte de las empresas consideran a las demás
como competidoras, y de hecho lo son. Pero en cierto sentido, Las
empresas tratan de conseguir grandes beneficios. El mercado desata las
fuerzas que hacen caer los precios hasta el nivel de los costes
variables. Las empresas tratan de crecer, de diversificarse, de
globalizarse de hacerse grandes y poderosas.
Las fuerzas del mercado trabajan para romperlas, para hacerlas más
insignificantes y despojarlas de todo poder. El competidor último de
toda empresa, grande o pequeña, no es otra empresa, sino el mercado. Una
empresa no sobrevive o prospera más que cuando puede batir al mercado, y
pierde su derecho a existir cuando no es este el caso.
Si todo esto le parece demasiado abstracto o teórico, recuerde todos los
consejos que ha recibido recientemente: dar a sus directivos notables
incentivos basados en el rendimiento, implantar en la empresa precios de
trasferencia basados en el mercado. Se trata en todos estos casos de
esfuerzos por trasladar a su organización las reglas del mercado, para
hacer que se parezca mas al mercado. Por supuesto que debe hacer algunas
de estas cosas si quiere adoptar hábitos saludables.
Si imitar al mercado es tan malo, ¿Por qué se aconseja hacerlo tan
insistentemente? ¿Porque están tan centradas las empresas en sus
competidores? ¿Que alternativas hay? Creemos que las respuestas a estas
preguntas están en suposiciones sobe individuos e instituciones que han
provocado que muchos mantengan esta visión del managemet, los directivos
adopten colectivamente una filosofía de la gestion muy distinta.
Esta filosofía basada en un conjunto alternativo de suposiciones tanto
sobre los individuos como sobre las instituciones, nos aporta creencias
muy diferentes sobre el papel de la empresa en la sociedad, sobre las
relaciones entre los empleadores y los empleados y sobre las funciones
del management y de sus exigencias como profesión. Sobre todo postula un
contrato moral muy diferente entre el individuo, la empresa y la
sociedad.
Las empresas se encuentran en medio de un conjunto de fuerzas de
competencia que arrojan a cada una de ellas contra todas las demás. Así
una empresa es vista en competencia no solo con sus competidores
directos, sino también con sus proveedores, con sus clientes, y con
cualquier otro competidos potencial que amenace con sobrepasar las
barreras que le impiden entrar en los negocios de la empresa, o con
encontrar sustitutivos de los productos o servicios de la empresa, de
aquí sale la conclusión de que el Management es incentivar al poder de
la empresa sobre sus proveedores y clientes y encontrar modos de
mantener acorralados a lo competidores actuales y futuros, con el fin de
proteger las ventajas estratégicas de la empresa y de obtener el máximo
provecho de ellas.
La esencia de esta teoría sencilla es que una empresa prospera más
cuando más capaz es de capturar el valor inserto en sus productos y
servicios. Su objetivo, entonces, es centrarse en el mejor modo de
apresar todo valor existente en su medio. El problema es que otros,
tanto clientes como proveedores competidores, quieren hacer lo mismo. Si
hay competencia genuina, libre, las empresas no pueden obtener
beneficios por encima del valor de mercado de sus recursos.
El propósito de la estrategia, es por lo tanto impedir tal competencia
abierta y libre: aspirar al trozo más grande de la tarta, al tiempo que
se impide a los demás hacer lo mismo.
Para la sociedad cuanto más competencia haya ente las empresas, mejor.
Pero dado que la competencia es una batalla por la apropiación, la
lección para la empresa individual es clara: restringir a la competencia
para conservar el máximo valor para uno mismo. Pero dado que la
competencia es una batalla por la apropiación, la lección para la
empresa individual es clara: restringir la competencia para conservar el
máximo valor para uno mismo.
4. Las empresas como creadoras del valor
El contraste ente estas dos visiones de la empresa se pone de manifiesto
si comparamos los enfoques en torno a la gestión de Norton y 3M, con los
de Westinghouse y ABB. Los directivos de Norton y Westinghouse Vivian en
el mundo de suma cero, de perro come perro, de la teoría estratégica
tradicional. Cuando encontraban una empresa que creaba un producto o una
línea de negocios atractivos la compraban. Cuando se encontraban con que
el mercado de un producto determinado era demasiado competitivo para que
ellos pudieran dictar las condiciones a sus compradores y proveedores,
vendían esos negocios. Su forma de gestionar se centraba
fundamentalmente en la apropiación del valor no solo frente a sus
clientes y proveedores, sino frente a sus propios empleados.
En 3M y ABB, por el contrario, regia una filosofía diferente de la
gestión. Mientras que Norton trataba de desarrollar modelos de
asignación de recursos estratégicos cada vez mas sofisticados, toda la
estrategia de 3m se basaba en la lógica de crear valor mediante la
innovación continua. El mismo negocio de suministro de equipos que
abandonaba Westinghouse por considerarlo poco atractivo, lo rejuvenecía
ABB, en parte por sus inversiones en productividad y en nuevas
tecnologías para mejorar la funcionalidad de sus productos o su
adecuación a nuevos mercados.
La diferencia entre estas empresas no consiste solo en que 3M y ABB se
centran en la innovación y en la mejora, al tiempo que Norton y
Westinghouse en que esta diferencia de objetivos procedía de creencias
muy distintas sobre la empresa. Los directivos de Norton y Westinghouse
pensaban en sus empresas en términos de mercado: compraban y vendían
negocios, creaban mercados internos allí donde podían y trataban a las
personas de acuerdo a las reglas del mercado. Conseguían lo que querían
mediante incentivos conformados por el mercado. Las personas empezaron a
comportarse como si estuvieran en un mercado.
Al pensar en sus empresas en términos de mercado, Norton y Westinghouse
se convencieron en las victimas de una lógica el mercado en la que todo
lo que podían hacer era esforzarse por conseguir mas eficacia en todo.
Su estratégica se centraba totalmente en la mejora de productividad y en
la reducción de costes. Sus estructuras para controlar el comportamiento
recompensaban la autonomía, al tiempo que perfeccionaban sus elaborados
sistemas para monitorizar el rendimiento, Con el fin de eliminar los
menores focos de desperdicio. Pero eso no podía producir innovaciones y
no porque no quisieran que fuera así explícitamente, sino sencillamente
porque la lógica del mercado que adoptaron internamente no sirve más que
para mejorar la eficacia de las actividades existentes.
A la empresa que quiera cambiar la innovación y nuevo valor se le pide
generalmente que produzca cierto nivel de aminoración, es decir que
sacrifique algunas eficacias, con el fin de asignar recursos a
actividades que no producen los mayores beneficios inmediatos y esto es
así porque hay un cierto conflicto enquistado entre el hecho de tratar
de extraer la mayor productividad posible de las actividades existentes
y la voluntad de realizar sacrificios de eficacia a corto plazo, con el
fin de invertir en innovaciones. Incluso las innovaciones que abren un
camino nuevo comienzas sus vidas a menudo con desventaja sobe las
alternativas existentes, y solo alcanzan su potencial pasado en cierto
tiempo. El problema es que cuando la gente actúa sola, y solo en su
propio interés, la empresa pierde su autentica esencia como institución
de la sociedad moderna.
En un mercado en el que se ponen relativamente menos trabas al
comportamiento, se anima a la gente a llevar a cabo solo y todos los
intercambios económicos en los que ven claramente ganancias
individuales. Como los mercados no tienen propósito ni visión por si
mismos, pueden suprimir implacablemente las ineficacias asignando
recursos entre una amplia fama de alternativas y ajustándolos y
reasignándolos continuamente a nuevas alternativas, a medida que
emergen. De hecho esta es la esencia de la fuerza del mercado. Pero al
operar en el mercado la gente tiende a evitar aquellas transacciones
cuyo éxito depende de la acción de otros, particularmente si esos otros
tienen alternativas más atractivas y se ven animado a perseguirlas.
5. Las empresas y la sociedad
Durante el siglo XX, las corporaciones han ganado una cantidad enorme de
legitimación social, que ha sido tanto causa como consecuencia de su
éxito colectivo. En medio de un declive general de otras instituciones,
(partidos políticos, iglesias, la comunidad, incluso la unidad familiar)
las corporaciones empresariales han aparecido como las instituciones
quizás más influyentes de la sociedad moderna, no solo por el hecho de
crear y distribuir una gran parte de su riqueza, sino también por haber
proporcionado un contexto social a la mayoría de las personas y haber
actuado, por tanto como fuente de satisfacción individual y de auxilio
social.
Pero en las últimas décadas del siglo las corporaciones y sus directivos
adolecen de una profunda ambivalencia social. La mayoría de directivos
que hemos encontrado creen que su principal papel consiste en crear
valor, y están muy lejos de pensar que sus empresas son agentes de
destrucción del bienestar social.
Su culpa reside en su falta de voluntad para afrontar explícitamente el
papel que sus empresas juegan en la sociedad, o para articular una
filosofía moral para su propia profesión. Y mediante este acto de
omisión han dejado que sean economistas, científicos, periodistas
políticos, etc., quienes definan el orden normativo que conforma las
opiniones públicas sobe ellos mismos y sobre sus instrucciones. Estas
percepciones, a su vez, han sucedido a muchos directivos a pensar en sus
empresas en términos muy estrechos y en proceso, les han convertido en
victimas inconscientes de la lógica apropiación del valor y han
debilitado su capacidad para crear nuevo valor para la sociedad.
Este nuevo contrato moral de crear valor para la sociedad no solo es más
satisfactorio para los directivos sino también una base más eficaz para
proteger y expansionar sus empresas. El problema de la estrategia de
apropiación de valor es que al final es una postura de auto derrota. Es
como una estrategia de mantenerse detrás de la marea, y al igual que la
marea, la capacidad de otros para superar las defensas de una empresa no
se puede mantener a raya siempre. Con tal estrategia la empresa se
encuentra cada vez mas arrinconada, pues que la apropiación de valor
exige mas esfuerzo cada vez hasta que al final no queda valor alguno el
que apropiarse. Tales empresas al pensar en si mismas como un mercado
acaban por sucumbir al mercado.
6. Crear valores para las personas
Las relaciones con los empleados de las empresas que se rigen por el
concepto de ser entidades económicas que se apropian de valor, se fundan
también en normas de apropiación. El personal se convierte en recurso
del que la empresa puede extraer valor para alcanzar sus objetivos
económicos, como cualesquiera otros de los que participan en explotación
injusta de los trabajadores. Pero en los países que cuentan con una
infraestructura legal en el campo del empleo y al menos con alguna forma
externa de mercado de trabajo, generalmente esto se traduce en alfo más
benigno. Con este contrato la empresa garantiza a sus empleados el
puesto de trabajo, a cambio de la disposición de estos a realizar
diligentemente las tareas asignadas y a atenerse a las estrategias, las
reglas y las normas establecidas por la dirección.
7. El contrato de trabajo tradicional
Pensar en la oferta de seguridad en el empleo como explotadora de la
gente, va en contra del sentido común, porque no es así como surgió este
acuerdo, ni como la mayoría de los empleados y los empleadores piensan
de esta relación. Pero aunque pueda parecer generosa, esta relación de
cambiar seguridad por lealtad ha permitido históricamente en las
empresas extraer el mayor valor posible de sus empleados.
No se puede hacer objeto de propiedad a las personas, como a las
maquinas. Pero al igual que ocurre con las maquinas, las personas
alcanzan su máximo valor para la empresa cuando se especializan en sus
asuntos y actividades. Cuando más específicos son los conocimientos y
capacitaciones del empleado para el conjunto singular de clientes,
tecnologías, equipos etc. De la empresa, más productiva y eficaz será la
empresa en todo lo que haga.
Cuando no hay seguridad en el empleo, los empleados dudan en invertir su
tiempo y energía en adquirir los conocimientos y capacitaciones
especializados que puedan ser muy útiles para la empresa, pero que
pueden tener un valor muy limitado fuera de ella. Cuando no existe la
seguridad de la asociación a largo plazo, las empresas carecen de
incentivos para comprometer recursos en ayudar a los empleados a
especializarse en los conocimientos específicos que le interesan a ella.
La seguridad en el empleo proporciona una base viable para que tanto
los unos como la otra hagan tales inversiones. La empresa se beneficia
directamente de dicha especialización, en términos de eficacia y
productividad. Pero también indirectamente porque cuanto más se
especializa el empleado en las actividades singulares de la empresa,
menos atractivo tendrá para otro empleador potencial. Esto no solo hace
que los empleados tengan menos movilidad sino que reduce también su
valor de mercado y permite a la empresa pagarle menos y exigirle
lealtad.
Pero sea explotador o no, este contrato difine una relación viable. Los
empleados desarrollan el conocimiento y las capacidades especiales que
precisa el negocio del empleador con lo que incrementan la eficacia de
la empresa, pero cambien reducción sus capacitaciones y movilidad.
Mientras que la empresa asume el resigo de garantizar el empleo de por
vida, los empleados prometen lealtad y obediencia, lo que permite a los
directivos crear estrategias y ponerlas en practica eficientemente.
La relación tradicional entre la empresa y el empleado tiene otro
problema relacionado más estrechamente con el impacto en la motivación y
el comportamiento del empleado. Los contratos que cambian obediencia por
empleo crean un clima de dependencia que es antitético de la asignación
distribuida de responsabilidad por el rendimiento, que demanda el nuevo
entorno competitivo, así mismo la ley de señores y siervos que esta
implícita en el viejo contrato psicológico no la aceptan ya muchas
personas, especialmente los jóvenes en un contexto social cambiante. Los
jóvenes no están dispuestos a olvidar su creatividad, su iniciativa y su
autonomía a cambio del derecho a vivir en una jaula dorada.
8. El nuevo concepto moral
La nueva filosofía del management tiene que fundamentarse en un contrato
moral diferente con el personal, si quiere resolver esta tensión. En
este contrato cada uno de los empleados asume la responsabilidad de
rendir como “ el mejor de la clase” para la empresa a la que pertenece,
y se compromete a someterse a un proceso continuo de aprendizaje que es
necesario poder mantener ese rendimiento en medio del cambio continuo.
Como contrapartida, la empresa se compromete a asegurar no la
dependencia de la seguridad en el empleo sino la libertad de cada
individuo para emplearse como estime más conveniente.
Este nuevo contrato moral es más que un giro sobre las antiguas
políticas de recursos humanos de las empresas para justificar despidos,
representa un cambio fundamental en la filosofía del management, que
pasa de ver al personal como activo corporativo de cuyo valor se puede
apropiar, a considerarle como una responsabilidad y un recurso a los que
añadir valor. Su adopción implica rechazar el paternalismo e incluso la
arrogancia que subyace en los contratos laborales de por vida. Al
reconocer que solo el mercado puede garantizar empleo y que el
rendimiento del mercado fluye no de la omnipotente sabiduría de alta
dirección, sino de la iniciativa, la creatividad y las capacidades de
los empleados.
La responsabilidad de rendir trae aparejadas demandas aun más incomodas.
Los que trabajan al final de la línea no pueden esperar ya que sea la
alta dirección la que tome decisiones desagradables, pero necesarias...
Son ellos los que tienen que tomar la iniciativa cuando hay que reducir
activos, que recortar gastos cuando se disparan y que tomar la decisión
de incrementar la productividad o de reducir efectivos cuando vean que
se puede hacer el mismo trabajo con menos personas. La racionalización
no puede seguir siento una eliminación de puestos de trabajo cada diez
años, decidida por un programa de alta dirección para toda la empresa,
sino una actividad corriente como parte del continuo proceso de mejora y
llevada a cabo por empleados que están al final de la línea. Las
empresas tienen que esforzarse para asumir que el hecho de aceptar estas
duras expectativas es totalmente distinto de mimetizar el mercado. Estas
acciones tienen que estar encaminadas a proteger y mejorar la
empleabilidad de los individuos tanto a incrementar la productividad y
la eficacia de la empresa.
Los altos directivos aseguran la La alta dirección apoya las
iniciativas
competitividad de la empresa y la seguridad de los empresariales de los
empleados y les asegura su
de los empleados y les asegura su
empleabilidad
puestos de
trabajo
9. Conclusiones
Según vayamos investigando mas sobre el tema de management, podemos
encontrar que lo podemos aplicar a un sin numero de actividades.
No importa a que tipo de negocio nos dediquemos o lugar geográfico de
nuestra organización, inclusive al departamento para el cual laboremos
es necesario saber liderar.
Tenemos que ser capaces de hacerlo de la mejor manera posible,
proponiendo metas superiores, no conformándose con la evolución de los
negocios y sus productos, el mundo esta cada vez más cambiante y se
necesita ir un paso adelante que la competencia.
Para ser líder se necesitan gran cantidad de atributos, y no físicos, se
necesita tener mucha capacidad y deseo de superación. Anteriormente los
pueblos creían que sus lideres ya nacían siendo lideres, que lo traían
en la sangre, hoy por hoy sabemos que ser líder es mostrarse capaz de
enfrentar retos. Debe tener una mente abierta al cambio y ser capaz de
proponer estrategias globales y totalizadoras.
El buen líder sabe como compensar a sus subordinados y sabe que para
lograr sus objetivos y estrategias no basta con tenerse a sí mismo,
necesita trabajar en equipo, necesita comprometer a su equipo a que
juntos lograran evolucionar y llevar a su empresa mas allá de las
perspectivas.
Podemos concluir diciendo que un líder acepta la autoridad porque se
sabe capaz de avanzar, de presentar estrategias en los momentos mas
difíciles de su empresa y que sabrá siempre apoyar y coordinar a su
equipo de trabajo teniendo conciencia del mundo globalizado en el que
compiten y saber llevar sus productos y servicios delante de la
competencia.
10. Bibliografía
Management Siglo XXI, Subir Chowdhury
Editorial Prentice Hall
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