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I. INTRODUCCIÓN
Ningún problema de la política económica contemporánea, es tan crucial y
complejo como el considerar la privatización y la reforma del sector
público de una economía. Estos aspectos de la política pública, se
encuentran íntimamente relacionados con los grados de intervención
económica del estado y con la regulación de los mercados. También se
hallan orgánicamente vinculados a otros aspectos, tales como la
asignación óptima de los recursos públicos, la provisión de los bienes
públicos, y la distribución de la riqueza de la sociedad.
Uno de los rasgos de la ideología neoliberal es el dogma de las
privatizaciones. Las privatizaciones como imperativo absoluto, sin
discusión, sin reflexión, sin discriminaciones, sin discernimiento
acerca de qué bienes colectivos conviene –por su peculiar índole, por su
peculiar funcionamiento, por el peculiar ámbito de la economía en que se
encuentra- transferir a la actividad privada.
Privatizaciones, sin más, a cualquier precio, de cualquier modo,
cualesquiera sean las consecuencias, cualesquiera sean los efectos y
costos sociales, y su impacto sobre el bien común.
A continuación definimos que es la privatización, siendo éste un término
que se utiliza para expresar y abarcar una gran variedad de ideas; es
extraordinariamente ambiguo. Expresa una gran multitud de conceptos de
diversa amplitud y profundidad.
Mas adelante nos adentramos en el contexto mundial y en América Latina
en el cual se hicieron las privatizaciones en nuestro país.
También veremos el proceso de privatización en Inglaterra y porque tuvo
una gran influencia en las privatizaciones que se realizaron en nuestro
país anterior a la década de los noventa y porque muchas de las
privatizaciones fueron realizadas por presiones con el F.M.I.
Analizaremos el por qué de las privatizaciones, cuales fueron las causas
o los motivos que las impulsaron.
Veremos las privatizaciones realizadas en los gobiernos del Dr. Raúl R.
Alfonsin y del Dr. Carlos S. Menem.
Y por último, haremos una comparación entre dos años de privatizaciones
y para concluir tomaremos “Segba y Entel” como dos casos prácticos para
analizar.
II. NOCIÓN GENERAL
La palabra "privatización" es un término que se utiliza para expresar y
abarcar una gran variedad de ideas. En general, puede decirse que la
palabra privatización es un término extraordinariamente ambigüo. Expresa
una gran multitud de conceptos de diversa amplitud y profundidad.
El término "privatización" constituye, pues, de hecho, una aceptación
muy amplia en la que se engloban desde el sentido estructural de a quién
pertenece una empresa, hasta el punto de vista sustantivo, de como se
llevan a cabo las actividades de una empresa dentro de la disciplina de
las fuerzas de mercado.
La privatización abarca y comprende una amplia gama de posibilidades que
van desde la total desnacionalización en un extremo hasta la completa
sujección a la disciplina del mercado en el otro. Se ha descrito
frecuentemente como un término paraguas, que incluye una gran diversidad
de políticas ligadas únicamente por el hecho de implicar un
reforzamiento del mercado en detrimento del Estado o del sector público.
Comprende, por lo tanto, desde el cambio de propiedad de la empresa del
sector público al privado, pasando por la liberalización o desregulación
de las actividades previamente restringidas al sector público, hasta la
provisión de bienes y servicios en determinadas condiciones, por
empresas del sector privado antes adscritos en exclusiva al sector
público.
III. RAZONES DE LA PRIVATIZACIÓN
No resulta tarea fácil exponer los motivos determinantes de la
privatización. Efectivamente, no existe, en general, una exposición
sistemática de los mismos, sino que hay que extraerlos de los discursos
ministeriales, de los debates parlamentarios y de un país a otro, y aún
dentro del mismo país, varían de una época a otra. Además, los
argumentos que se suelen esgrimir para justificar la privatización son
muy diversos cuando no diametralmente opuestos. Por todo ello, es
bastante complejo proporcionar un cuadro general y sistemático de los
mismos.
Sin embargo, una primera serie de motivos podrían agruparse bajo la
denominación de razones de tipo ideológico. Razones de esta naturaleza,
son particularmente intensas y explícitas en Gran Bretaña y Francia. Se
trata, fundamentalmente, de un sentimiento anti-Estado o anti-sector
público, que pretende hacer retroceder la participación estatal en la
vida económica, puesto que su intervención erosiona la responsabilidad
personal y minimiza la iniciativa individual. En Francia, consiste en
una tendencia en contra del dirigismo o Colbertismo, y en Gran Bretaña,
se trata de una reacción, en contra del semi-colectivismo de la era de
la posguerra. Esta corriente anti-estatal es común también, aunque con
mucha menor intensidad, a otros países europeos, aunque no tiene mayor
importancia en Italia, España, Bélgica o Alemania.
Otra razón de tipo ideológico, podría ser también la creencia de que las
empresas públicas y los servicios proporcionados por el Estado, limitan
la elección de los consumidores, al disfrutar de posiciones de monopolio
dentro del mercado. Y finalmente, podría también considerarse como razón
ideológica, el deseo y la intención expresada por muchos gobiernos de
fomentar un "capitalismo popular", haciendo partícipes de la propiedad
de las empresas privatizadas a sus empleados. Esta intención ha dado muy
buenos frutos en determinados casos, y ha constituido un rotundo fracaso
en otros.
Otro segundo grupo de razones podrían aglutinarse bajo la denominación
de motivos de tipo económico. Estos motivos son de diferente alcance y
pretensión, según los distintos países. Así, en Inglaterra se pretende
lograr, por medio de la privatización, un cambio definitivo en las
estructuras de la economía. En Francia entre 1986 y 1988, en cambio, se
pretende conseguir un cambio en las reglas del juego de la economía. En
ambos casos, las finalidades son muy ambiciosas y de alcance muy
general. Se trata de proceder a una liberalización de prácticamente
todos los mercados y conseguir así competitividad en todas las empresas,
evitar los monopolios, y alcanzar una mayor eficacia.
Otra razón de carácter económico, la constituye precisamente, el
objetivo de lograr una mayor eficacia sometiendo las empresas estatales
a la disciplina del mercado. Se trata, en definitiva, de enfrentarlas
con las sanciones que la economía de mercado implica, tales como la
amenaza de quiebra y el peligro de la absorción. Pero esto supone,
naturalmente, partir del principio de que las empresas públicas son
mucho menos eficientes que las empresas pertenecientes al sector
privado, lo cual, es tan solo, probablemente, una verdad a medias, o
válida solamente en determinados casos.
Una razón más, también, de tipo económico, esta constituida por el
objetivo de conseguir, por medio de la privatización, una
racionalización de la cartera de activos de la empresa privatizada y una
reorganización de las estrategias de inversión. Este motivo,
precisamente, ha sido el que ha impulsado diversos procesos de
privatización del Instituto Nacional de Industria en España.
Otra razón, ésta de tipo socioeconómico, estriba en que las presiones
fiscales son mucho más fuertes sobre las empresas del sector público que
sobre las del sector privado, y con sus excesivas exigencias sobre el
nivel de salarios, alto nivel de empleo y trabajo ineficaz, hacen casi
imposible su saneamiento financiero.
Y un motivo más para privatizar, muy ligado a los de tipo económico, lo
constituye la reorganización de la "dirección" de las empresas públicas.
Efectivamente, la privatización puede facilitar la superación de las
incoherencias directivas de estas empresas, y poder proceder a una
racionalización de sus estructuras directivas, viciadas frecuentemente
por factores políticos. Sin embargo, experiencias muy recientes en
Francia, España e Italia han demostrado que no es preciso poner en
marcha, para ello, un proceso de privatización, puesto que estos
objetivos pueden alcanzarse perfectamente dentro del mismo sector
público, sin necesidad de transferencia de propiedad alguna.
Otro tipo de razones para privatizar, está constituida por los factores
de carácter financiero. Es evidente, que la venta de los activos
pertenecientes a empresas estatales constituye una fuente de ingresos
muy importante, que pueden ingresarse en las áreas del Tesoro. De todos
modos, constituye un tema muy delicado, que exige una administración
rigurosa.
Otro motivo de este tipo, lo constituye también el hecho de que la
privatización facilita enormemente el acceso a los mercados de capitales
internacionales de una forma mucho más rápida y directa.
Otra razón, también de carácter financiero, la constituye el hecho de
que al procederse a la privatización de una empresa estatal, se cortan
de raíz los subsidios y subvenciones que se les estaban concediendo a
empresas casi constantemente deficitarias.
Y una razón más de tipo financiero, consiste en que el proceso de
privatización es capaz de ampliar el mercado de valores, introduciendo
en él a muchos y nuevos inversores, y profundizarlo, a la vez, mediante
al acceso al mismo de importantes empresas con fuertes posiciones en el
mercado.
Otros argumentos de diversa índole, que aconsejan proceder a la
privatización, son los siguientes: En primer lugar, cuando una empresa
pública ha sido creada o nacionalizada en su día, para conseguir el
logro de determinados objetivos, y estos han sido ya alcanzados, o no
interesa ya su realización, esta empresa puede ser perfectamente
privatizada. En segundo lugar, una empresa puede privatizarse con el fin
de aligerar una carga administrativa que resulte demasiado pesada para
el Estado, ya bien sea por la falta de medios de la Administración, o
por la falta de personal capacitado. Ambos motivos de privatización son
muy frecuentes en países en vías de desarrollo.
IV. OBJETIVOS DE LA PRIVATIZACIÓN
Es evidente que resulta muy difícil deslindar entre las razones o
motivos de la privatización, y los objetivos que se persiguen al ponerla
en práctica. Es casi imposible, en efecto, distinguir con claridad entre
el por qué de la privatización y el para qué de la misma. Ambas
consideraciones se encuentran íntimamente relacionadas y totalmente
imbricadas en su origen y desarrollo. Unas veces, la una es primero, y
la otra después, o a la inversa, o simplemente, las dos son la misma
cosa.
No obstante, de forma totalmente ideal, pueden establecerse ciertos
objetivos o fines a alcanzar en todo programa de privatización, que
resulten claramente autoevidentes. Estos serían los siguientes, muy
esquematicamente bosquejados:
1) Que las decisiones de dirección y de gestión de las empresas
privatizadas resulten completamente despolitizadas.
2) Conseguir una mayor eficiencia en el rendimiento de las empresas
privatizadas.
3) Alcanzar un mayor grado de competitividad en las empresas,
liberalizando el mercado, para, precisamente, así obtener una mayor
eficacia.
4) Procurar que los bienes y servicios proporcionados por las empresas
privatizadas expresen los costes reales.
5) Que las inversiones realizadas reflejen el verdadero coste del
capital utilizado.
6) Incrementar los fondos del Tesoro mediante la venta de los activos
públicos.
7) Evitar el despilfarro que supone el mantenimiento de subvenciones
continuas a empresas con pérdidas permanentes, y cortar así el déficit
del presupuesto.
8) Ampliar el mercado de capitales permitiendo el acceso al mismo de
nuevos inversores.
V. MODALIDADES DE LA PRIVATIZACIÓN
Las diferentes modalidades de la privatización pueden agruparse
fundamentalmente en tres tipos o categorías muy amplias. Estas son: 1)
Transferencia de la propiedad de los activos públicos al sector privado.
2) Concesiones, contratos, y subastas públicas para la provisión de
bienes y servicios por parte de las empresas del sector privado y 3)
Liberalización o desregulación de los mercados de monopolio legales,
haciendo especial referencia a la libertad de entrada y de acceso a
nuevas empresas en el mismo.
La elección de una u otra modalidad dependerá de los objetivos que se
persigan y del tipo de actividad económica que se considere. Sin
embargo, pueden originarse situaciones conflictivas entre los objetivos
a alcanzar en el proceso de privatización, especialmente entre los
objetivos financieros y las posibles mejoras de la eficiencia. En
efecto, el valor de los activos públicos en venta, es mayor cuanto mayor
sean los privilegios monopolísticos que la empresa privatizada, o en
proceso de privatización, retenga en su poder. Pero, entonces, en este
supuesto, el objetivo de la eficiencia no se logrará, puesto que, de
esta forma, el monopolio privado podrá fijar los precios a unos niveles
superiores al coste marginal. La ausencia de competencia, en este caso,
impedirá el mejoramiento de la eficiencia productiva.
1. TRANSFERENCIA DE LA PROPIEDAD DE LA EMPRESA PUBLICA
Existen básicamente cinco métodos para proceder a la transferencia de la
propiedad de una empresa pública. Estos son:
a) La venta directa
Esta forma de privatización, generalmente bastante extendida, consiste
simplemente en la venta global de la empresa pública a una compañía
perteneciente al sector privado. Esta forma de venta es muy usual y se
practica para la mayoría de los países. Este tipo de ventas directas se
suelen producir a iniciativa del gobierno, aunque, en ocasiones, son las
compañías privadas las que realizan sus propuestas de compra en cuanto
se pone en marcha un programa de privatización.
b) La oferta de venta pública
Este procedimiento de privatización, especialmente puesto en práctica
por los países industrializados, constituye la fórmula mas ampliamente
extendida de transferencia de la propiedad de la empresa pública. Sin
embargo, la complejidad técnica de sus fases de preparación y posterior
desarrollo, restringen su utilización a las empresas estatales de mayor
magnitud. Entre los objetivos que suelen perseguir los Gobiernos al
poner en práctica una oferta de venta pública, figura el alcanzar una
"democratización" del accionariado de las principales industrias del
país. Este deseo de promover un "capitalismo popular" tiene por
finalidad, fundamentalmente, el crear grupos de interes favorables a la
privatización, evitar la excesiva concentración de capital y demostrar
que el proceso de privatización no pretende favorecer únicamente a
determinados grupos económicos fuertes, estableciendo una oligarquía.
Por otra parte, la participación popular en el capital social de la
empresa pública privatizada, puede constituir también un poderoso
instrumento de protección contra una posible renacionalización en el
futuro.
Esta forma de privatización es también la más compleja desde el punto de
vista técnico. Los riesgos que se derivan de una oferta pública de
venta, tanto para el Gobierno como para los pequeños ahorradores que
pretenden atraer, exigen que se seleccione cuidadosamente a la empresa
que se pretende privatizar a través de este procedimiento. En efecto,
promocionar una oferta pública de una empresa que se encuentra en
dificultades financieras, puede resultar muy difícil y arriesgado.
Incluso puede también resultar preciso el proceder a la restructuracióin
financiera de la misma, con la consabida consecuencia de despidos,
reformas estructurales, etc. Todo ello se evitaría si la empresa
disfrutara de una situación financiera saneada.
Por otra parte, la posición de la empresa en el mercado puede originar
ciertas dificultades. En efecto, si se privatiza una empresa que detenta
una posición de monopolio en nombre del interés público, al privatizar
una empresa de este tipo los beneficios van a parar, efectivamente, a
los accionistas privados, por lo que podrían ser considerados como una
explotación del consumidor. Todo lo cual, entraña la necesidad de
promulgar una serie de normas que establezcan un control sobre los
precios y los beneficios.
Por otro lado, si la empresa estatal objeto de oferta pública de venta,
no es monopolística, este tipo de problemas no se presentan. Los
beneficios se contemplan como una prueba de la eficacia operativa de la
empresa, y no se hace precisa la existencia de una regulación de la
actividad de la misma.
Este método ha sido aplicado especialmente en Inglaterra y Estados
Unidos.
c) Adquisiciones de empresas por su personal
Las compras de empresas estatales por parte de sus directivos y
empleados constituye otro método de privatización que tiene cierta
importancia en numerosos países, pero de forma especial en Inglaterra.
No obstante, este procedimiento de privatización, que teóricamente
parece sencillo y adecuado, no deja de ofrecer en la práctica ciertos
problemas, como la valoración de los activos, la reestructuración de la
empresa, y con toda probabilidad, una serie de cuestiones de tipo
socioeconómico. El ejemplo más significativo y a la vez de mayor éxito,
fue la adquisición por parte de sus directivos y personal en general, de
la National Freight Corporation en 1982, que sirvió de precedente a
otras muchas ventas similares que le siguieron en este país, como la
British Leyland y alguna más. Este método también se ha utilizado en
otros muchos países, entre ellos Canadá, Francia e incluso Turquía.
d) Venta de acciones y activos públicos
La venta de acciones y activos públicos a compradores del sector
privado, sean estos entidades o particulares, constituye la forma de
privatización más generalmente utilizada en los países menos
desarrollados, precisamente por su sencillez y rapidez.
Esta modalidad de transferencia de la propiedad de la empresa, puede
adoptar dos formas: Una, la venta total del patrimonio de la empresa;
otra, la venta de cierto número de activos públicos, normalmente
realizada a través del procedimiento de licitación.
Cabe resaltar el hecho de que la posibilidad de participación
minoritaria en la propiedad de la empresa, constituye un acontecimiento
mucho más frecuente y casi general, en este tipo de transferencias.
e) Incrementos del capital no suscrito
Un incremento de capital que no se encuentra abierto a la suscripción
para la mayoría del público accionista, permite la posibilidad de acceso
a la propiedad de la empresa, a inversores privados y particulares. Se
trata, pues, de una transferencia parcial del capital de la empresa. Su
existencia se justifica por el hecho de que la mayoría de los posibles
compradores carecen de recursos financieros suficientes para cubrir esta
ampliación. Su práctica es relativamente frecuente en los países en vías
de desarrollo.
2. CONTRATOS DE CONCESIÓN, FRANQUICIAS Y CONCURSOS PÚBLICOS PARA LA
PROVISIÓN DE BIENES Y SERVICIOS PÚBLICOS
a) Concesión
Una concesión implica el traspaso de poderes del concedente (la
administración) al concesionario (un particular). Existen dos
modalidades. 1) La concesión de servicios públicos en la que el Estado
encomienda a un particular la organización y funcionamiento de un
servicio público por un determinado lapso. La retribución del
concesionario es el precio pagado por los usuarios. 2) La concesión de
obra pública: la administración contrata a una empresa para la
realización de la obra a la que no le paga un precio por ella sino que
le otorga por un plazo determinado la explotación de la obra que se
construye.
Las concesiones pueden ser onerosas o gratuitas e incluso subvencionadas
en el caso de actividades no rentables. En los casos de modalidad
onerosa, en general los concesionarios pagan al Estado un canon cuyo
monto, forma y regularidad de pago se establecen en los contratos.
El pago del canon no implica en sí mismo una transacción de balance de
pagos, ya que es una operación entre una empresa residente y el Estado.
Sin embargo, cuando en un consorcio participan inversores extranjeros,
el mismo es tomado como una empresa de inversión directa. Por lo tanto,
las utilidades que genera se registran en la cuenta corriente y los
flujos de reinversión, aportes de capital, deuda con matrices y cambios
de manos se incluyen en la cuenta financiera.
En este tipo de contratos, los sectores más dinámicos fueron los de
comunicaciones (Televisión y radio), construcción de rutas y caminos, y
transporte terrestre. La aplicación de esta modalidad se inició en 1990
cuando se privatizaron a través de concesiones, rutas nacionales y dos
canales de televisión estatales.
b) Franquicia
Las franquicias constituyen otro instrumento de privatización, que
consiste fundamentalmente en la concesión, casi siempre con carácter
exclusivo, de la prestación de un servicio público a una entidad
privada. Una franquicia en exclusiva consiste en un adjudicación de
privilegios monopolísticos a una empresa privada para que proporcione un
servicio determinado, con precios regulados por una dependencia del
Gobierno.
En este procedimiento de privatización, como en el método de la
contratación pública, el gobierno es el ordenante y una entidad privada
es la productora. Sin embargo, ambos sistemas se diferencian por la
forma de pago al productor. El Gobierno es el que paga al productor en
el caso de los bienes o servicios contratados, y en cambio, en el
supuesto de la franquicia, es el consumidor el que paga al productor por
los bienes o servicios prestados.
El sistema de franquicia es particularmente aplicable en aquellas
circunstancias en las que el Gobierno desea controlar las
características del servicio, o aquellas otras en las que la
financiación se realiza a través de subvenciones gubernamentales. En
este sentido, sectores, tales como los transportes, en general, líneas
aéreas, etc. son los candidatos ideales para la aplicación de esta
modalidad.
Aunque no sin problemas, la franquicia constituye un procedimiento muy
atractivo para compaginar la eficiencia y la competitividad. De hecho,
se han conseguido logros muy importantes en la provisión de ciertos
servicios, como el de la recogida de basuras, servicios de limpieza,
etc. Sin embargo, en otros sectores que presentan por lo general
dificultades de regulación, y de un peso económico muy importante, tales
como el agua, energía, etc., la fran quicia plantea problemas de cierta
consideración.
c) Concursos de contratación pública
Se trata de una concepción de la privatización, considerada desde un
punto de vista mucho más amplio que el expuesto en la sección anterior.
Ahora, se trata ya de contemplar, no la transferencia de la propiedad de
la empresa pública al sector privado, sino de proceder a la
privatización de la actividad de la propia empresa pública. Es, pues,
una perspectiva mucho más amplia.
En este sistema de contratación pública, la empresa privada es la
productora del bien o servicio, y el Gobierno el ordenante. En este
método de contratos públicos, el Gobierno es el que: 1) Expresa las
demandas de bienes y servicios públicos solicitadas democráticamente; 2)
Inspecciona la provisión de los bienes y servicios por parte del sector
privado; 3) Proporciona el pago de tales servicios al contratista.
La decisión de contratar con empresas privadas la provisión de servicios
públicos o cualquier otra realización, no significa, en modo alguno, un
fracaso de la actividad gubernamental, sino simplemente que se busca la
manera de conseguir mejores logros mediante el aprovechamiento de las
capacidades especializadas del sector privado.
Esta experiencia de privatización ha sido practicada, especialmente,
por Estados Unidos, Inglaterra, gran parte de Europa Occidental y Japón
y ha originado un extraordinario éxito de ahorro de los costes, que a
nivel municipal han llegado a alcanzar incluso del orden del 40 al 60
por cien en USA.
3. LIBERACIÓN O DESREGULACIÓN
Este método de privatización es el más simple de todos. Por medio de él,
el Gobierno se limita a derogar las normas que impedían a la iniciativa
privada competir con el monopolio estatal. Con frecuencia la
desregulación no consiste solamente en suprimir regulaciones
preexistentes, sino también en promulgar una nueva normativa destinada a
modificar las condiciones de la competencia en un mercado determinado.
La desregulación desempeña un papel muy importante en la liberalización
de las restricciones existentes que condicionaban o impedían la entrada
en un determinado mercado. Si el mercado que se liberaliza es
perfectamente competitivo, las ganancias que se obtienen en la
eficiencia de la asignación de recursos, indudablemente, se producirán.
Sin embargo, se ha recomendado la regulación, o incluso la
nacionalización, en la circunstancia de un mercado de monopolio natural,
como remedio para conseguir unos precios óptimos y una asignación de los
recursos eficaz. Esta opinión no es siempre compartida, señalándose el
hecho de que retirar las barreras que obstaculizan la entrada en el
mercado constituye un instrumento mucho más eficaz que proceder a su
regulación. (Baumol, 1986, p. 38).
Debe ponerse de relieve, no obstante, que estas observaciones críticas a
la regulación, no se refieren a la regulación en si misma considerada,
sino más bien a la forma en que esta se pone en práctica. Es necesario,
pues, establecer unos modos de regulación que, teniendo en cuenta sector
por sector, y mercado por mercado, se adaptan plenamente a la realidad
de cada caso concreto.
VI. EFECTOS DE LA PRIVATIZACIÓN
El proceso de privatización debe contemplarse desde la perspectiva de
ver hasta donde es capaz de llevar a cabo la consecución de sus dos
objetivos más importantes, que son: el mejoramiento de la situación
financiera del Estado, y el incremento de la asignación y la eficacia
productiva de la economía. El logro de estos dos efectos macroeconómicos
puede muy bien reflejar la situación financiera y competitiva de cada
una de las empresas en particular.
a) Efectos sobre la eficiencia económica de la empresa.
En primer lugar, desde el punto de vista teórico, puede alcanzarse la
conclusión de que los mecanismos del mercado de capitales y la exigencia
de obtener unos beneficios para satisfacer a los accionistas,
constituyen un sistema más seguro y rápido para estimular la
rentabilidad de una empresa, y no la concesión de subvenciones e
inversiones realizadas por el gobierno, que a falta de su coherencia, en
la mayoría de los casos, suelen ser dirigidas a satisfacer necesidades
políticas a corto plazo, más que a motivos de rentabilidad a largo
plazo. Además, al ponerse en práctica una gestión del personal más
flexible y eficaz, y al enfrentarse también competitivamente con otras
empresas del sector, constituyen factores, que contribuyen a una mejor
eficiencia operativa y económica de la empresa.
Sin embargo, en la práctica, no se puede formular con carácter general
el principio de que el sector público sea más ineficiente que el sector
privado; lo que ocurre es que el primero se encuentra mediatizado en su
actuación por una serie de factores políticos extraeconómicos, incluso
conflictivos entre sí, la mayoría de las veces. Por otra parte, no
pueden aplicarse métodos científicos de comprobación generalizada,
puesto que resulta imposible que la prestación de un mismo servicio sea
gestionada a la vez por el sector público y el sector privado y en las
mismas circunstancias, por lo que la diferencia en el rendimiento puede
ser debida a factores exógenos a la economía.
Lo único que puede decirse, en términos objetivos, es que los burócratas
tienen menos probabilidades de gestionar correctamente una empresa, que
los empresarios del sector privado. Pero, como sucede en las principales
cuestiones políticas, ésta afirmación es más materia de opinión que
principio general riguroso.
b) Efectos sobre la situación financiera del Estado.
Es evidente, que la privatización consiste no solo en un programa
político y económico, sino que también supone una transacción
financiera. Y esta transacción financiera puede revestir diversas
características y ser de una cuantía y magnitud muy diferentes.
En muchas privatizaciones, la cantidad de dinero que pasa del sector
privado al público es muy pequeña, y las ventajas financieras para el
Gobierno son muy a largo plazo y casi intangibles. Pero, sin embargo, en
las ventas importantes de bienes públicos tienen un efecto inmediato y
directo sobre el presupuesto fiscal y la deuda pública. En efecto, en la
práctica, las principales ventas que se han realizado, tales como
British gas, en Gran Bretaña, Paribas, en Francia, etc..., el impacto
presupuestario inmediato fue enorme.
Sin embargo, una vez realizada la venta, sus resultados deben incluirse
inmediatamente en el presupuesto, con el fin de evitar serios problemas
financieros para el Gobierno. Caso de no hacerse así, puede originarse
un ritmo en el proceso de privatización artificialmente alto, que
desemboque, en ocasiones, en un cierto despilfarro financiero.
c) Efectos sobre el mercado de capitales.
En primer lugar, todo proceso de privatización genera una enorme
expansión de los mercados financieros, al introducirse en él nuevos
inversores.
En segundo lugar, otro efecto positivo de la privatización, consiste en
que el volumen de capital del mercado de valores ha experimentado un
enorme auge que ha cristalizado en un aumento de las carteras de
inversión de las entidades financieras, y en una capitalización general
del mercado.
Finalmente, otro tercer efecto positivo del proceso de privatización,
estriba en la profundización del mercado, permitiendo el acceso o
introduciendo en el mismo, a compañías privadas, que de otra forma no
podrían acudir a él. La disponibilidad de fondos de financiación, se ha
incrementado enormemente en aquellos países en los que se han llevado a
cabo las privatizaciones.
Por último, simplemente poner de relieve que en todo proceso político de
poner en marcha la privatización, debe de fomentarse y estimularse que
los activos públicos en venta se distribuyan entre el mayor número
posible de nuevos inversores, y esto, no por razones de justicia y
expansión del mercado solamente, sino, sobre todo, por propio interés
político y económico para que el proceso privatizador pueda llevarse a
cabo, favoreciendo la creación de grupos de intereses comprometidos
directamente en el proceso de privatización.
d) Efectos sociales de los programas de privatización.
Su principal objetivo social consiste en incrementar el nivel de
bienestar social, evitando la existencia de desequilibrios regionales.
Entre estos objetivos redistributivos figuran la consecución de precios
bajos, proporcionar salarios elevados, etc. Sin embargo, como norma
general, puede afirmarse que las empresas estatales han fracasado en
llevar a feliz término esta función social, especialmente, en lo que se
refiere a las clases más económicamente débiles y desprotegidas.
Por otro lado, los efectos sociales de la provisión de bienes y
servicios por empresas privadas puede encontrarse condicionada por las
siguientes razones:
En primer lugar, si las ganancias derivadas de la reducción de los
costes van a revertir a favor del consumidor o de los nuevos
propietarios de la empresa, va a depender, tal como expresa la teoría
microeconómica, del grado de competitividad al que la empresa
privatizada se encuentre sometida.
En segundo lugar, la reducción de los costes de la empresa como
consecuencia de la modernización de las técnicas de producción y de la
reducción de los salarios en el reajuste realizado, se traducirá en una
simple transferencia de renta de los empleados de la empresa a los
consumidores del bien producido.
Y finalmente, el Estado utiliza frecuentemente a las empresas públicas
para suministrar ciertos bienes de alcance general, tales como productos
alimenticios básicos, agua, carbón, energía petrolífera, etc. o
determinados servicios tales como el transporte por ferrocarril,
transporte urbano, etc., pero a precios subsidiados, y por lo tanto,
artificialmente bajos. En estas circunstancias, la privatización no
conduce a un descenso de los precios, sino más bien a un ahorro en las
cargas del presupuesto nacional. Esto puede permitir al Gobierno la
posibilidad de utilizar estos recursos financieros en proyectos de tipo
social, tales como la educación, la vivienda, y prestaciones sanitarias.
Todo ello, no son más que consecuencias debidas al proceso de
privatización.
Por otra parte, otro aspecto muy importante del impacto social de la
privatización, consiste en que se la ha utilizado como mecanismo para
transformar a los trabajadores en propietarios de las empresas en las
que desempeñan su trabajo. Esta extensión de la propiedad de la empresa
entre sus propios trabajadores ha sido bastante considerable en Gran
Bretaña.
VII. LAS PRIVATIZACIONES EN EL CONTEXTO MUNDIAL
Las privatizaciones son un fenómeno o tendencia que afecta a todos los
países. Esta tendencia está inserta como una política de racionalización
del Estado moderno, dentro del proceso global de transformación de las
economías nacionales.
Los procesos de privatizaciones que se dan en la mayoría de las
regiones, subregiones y países del mundo contemporáneo, obedecen a una
intencionalidad de hacer más racional la acción de los gobiernos y hacer
más eficaz el funcionamiento de los mecanismos de Estado.
En este contexto, en muchas realidades nacionales, están en desarrollo
procesos de venta, de fusión y desincorporación de empresas públicas,
así como la decisión de entregar actividades que tradicionalmente
controlaba el sector público, como son: electricidad, petróleo,
ferrocarriles, correos y telégrafos, agua potable y otras. Esta
reducción de la actividad estatal, en la producción de bienes y
servicios, responde como a un consenso de aceptar como inevitables las
privatizaciones para reducir, así, las dimensiones y frenar las
tendencia al crecimiento de la propiedad pública.
Con la crisis que sufren los países socialistas, y el desprestigio de la
economía centralmente planificada, esta situación ha fortalecido las
ideas neoliberales, entre las cuales destaca aquella que sostiene:
"...las empresas públicas en general, no son reconocidas por su eficacia
y buen desempeño económico." Por ello, se ha ido imponiendo la corriente
ortodoxa de pensamiento que sugiere la venta, fusión, desincorporación y
liquidación, en particular de las empresas industriales públicas. La
justificación que se da en estos casos es la de ampliar o mantener el
gasto social y no utilizar una parte importante del presupuesto nacional
en el desarrollo de este tipo de empresas que compiten con las del
sector privado.
Por otra parte, se plantea una posición con respecto a la política
pública de redefinir el papel del Estado en materia de intervención en
la economía nacional. Aquí surge toda una línea de acción para enfrentar
la crisis; tal línea se sustenta en una comprensión neoliberal de
reducir el sector de empresas públicas para ampliar la actividad
productiva del sector privado; aunque la visión de este objetivo
estratégico de la postura neoliberal se esconde tras la política de
sanear las finanzas públicas para reducir el déficit fiscal.
Este objetivo estratégico definido en las políticas de estabilización y
desarrollo, responde a una tendencia mundial que tiene connotaciones
particulares, dado que tiene relación con el proceso de Globalización de
los mercados, y de avance de la penetración del capital extranjero en
las economías nacionales. Situación aprovechada por los empresarios
privados que presionan al Estado y a los gobiernos para que la
privatización signifique un proceso ajustado a una política económica y
a un redimensionamiento del sector para estatal de la administración
pública a una escala menor, como una forma de dar fuerza a toda una
estrategia continental de ajuste y de reinserción en la economía
mundial, así como de ubicación en una nueva regionalización de todos los
países medianos y pequeños.
Muchos autores sostienen que el proceso de privatizaciones corresponde a
un avance de las ideas neoliberales en contra de la intervención
estatal, y se ubica en una ofensiva a escala mundial, la cual responde a
las exigencias del proceso de Globalización de la economía y de
regionalización que fortalece la penetración de las empresas globales
(transnacionales) en las economías internas de los países de desarrollo
medio y atrasados. Esta ofensiva ha sido dirigida, en todos los países,
en contra de las empresas públicas, alegando deficiencias
organizacionales y malos manejos administrativos de tipo financiero,
productivo y de personal de las mismas. Sin embargo, hay que reconocer
que esta ofensiva y crítica a la gestión pública ha sido justa en
algunos casos, en donde el comportamiento burocrático y la corrupción de
los altos ejecutivos de las empresas públicas han marcado un
procedimiento de gestión que ha sido duramente criticado por la opinión
pública de muchos países de las diferentes regiones.
VIII. EL PROCESO DE PRIVATIZACIONES EN AMÉRICA LATINA
En América Latina, el proceso de privatizaciones se ha dado en un
contexto político complejo.
Se puede decir que inicia con las dictaduras militares, surgidas en el
cono sur durante la década de los años setenta, las cuales desmantelaron
los sistemas de empresas públicas mediante la venta, fusión y
liquidación de las mismas. Este proceso responde a una cierta forma de
inducción proveniente de los países industrializados (del norte) que han
puesto en práctica la política de privatizaciones como uno de los
elementos claves para hacer avanzar sus programas estabilizadores y de
reconversión industrial, así como fortalecer el proceso de
Globalización. Además, los organismos financieros internacionales (Fondo
Monetario Internacional, Banco Mundial y la Banca privada internacional)
han propiciado la privatización en todo el continente.
Las empresas públicas, en América Latina, han jugado un papel importante
en el desarrollo económico y social, así como en la consolidación de los
Estados nacionales e independientes de la región.
Sin embargo, la crisis de la deuda externa, los problemas actuales de
modernización de la administración pública, la apertura comercial y el
nuevo trato al capital extranjero, han creado condiciones en muchos
países latinoamericanos para impulsar las privatizaciones como un
proceso de aprendizaje y modernización productiva que pretende cambiar
décadas de intervención del sector público en la economía de cada
realidad nacional del área; sin embargo ". Se reconoce la necesidad de
encarar pragmáticamente este tema, también se quiere destacar que la
discusión, con frecuencia, no toma debida consideración de la
conveniencia y de las dificultades para privatizar empresas públicas."
IX. EL PROCESO DE PRIVATIZACIONES EN INGLATERRA
Los "altos costos" de la carga social fueron duramente criticados por la
derecha "ultra". La Sociedad Mont Pelerín, fundada por Hayek en la
inmediata postguerra y difundida dogmáticamente desde Chicago por
Friedman. Efectivamente, un nuevo contexto mundial -en especial la
crisis del petróleo - y en concurrencia la pérdida de rentabilidad, más
una despiadada política internacional en materia financiera, marcaron
las economías europeas. EE.UU. con Reagan e Inglaterra con la señora
Thatcher, impulsaron la doble demonización: 1) la del "imperio del mal"
representado por la URSS y sus países satélites, cuyas economías
burocratizadas y centralizadas no funcionaban y eran incapaces de
sostener una competencia estratégica a nivel armamentístico. La
implementación del sistema de defensa llamado "guerra de las galaxias"
marcó un hito fundamental en esta batalla que, finalmente, ganó EE.UU.
con la implosión de la URSS; 2) La del Estado benefactor, comenzando por
Inglaterra. Privatizaciones salvajes, desregulaciones económicas y
laborales. Recortes y privatización de la Seguridad Social.
Cuidadosamente programada, lo que se ha dado en llamar "una ideología
económica" del mundo a aplicar "fuesen cuales fuesen las condiciones y
las culturas del lugar", tiene como componentes: estabilidad de precios,
equilibrio presupuestario, desregulación y privatizaciones a ultranza,
libertad absoluta de movimientos de capitales, competitividad descargada
de la "ganga" social, etc.
Universalizada, y aplicada duramente a través de los organismos
internacionales bajo su control en todo el mundo, esta doctrina de nueva
("neo") no tienen absolutamente nada; ha concentrado hasta límites no
concebibles hace treinta años la riqueza y extendido por todo el planeta
la pobreza, generando una inestabilidad permanente en las economías de
los países dependientes -ahora llamados "economías emergentes" y
sembrando incertidumbres políticas y desastres sociales de los que no
están a salvo los propios países centrales, que abierta o
silenciosamente la han impulsado.
X. EL PORQUE DE LAS PRIVATIZACIONES
Puede hablarse de las privatizaciones como una tendencia de la política
económica seguida por los diferentes países, es evidente que el inicio
de tal tendencia como fenómeno significativo hay que situarlo en Gran
Bretaña, donde ha constituido la pieza emblemática del “thatcherismo” ya
desde los primeros años 80. Y tanto en Gran Bretaña como en otros
paciesen que la política de privatización ha tenido una cierta entidad,
está no se ha limitado al venta total o parcial de empresas públicas al
sector privado, sino que, además, los programas se han extendido a dos
tipos de medidas: la desregulación de determinadas actividades
(acompañada a veces de la eliminación de monopolios legales) y a la
introducción de criterios “mercantiles”, de mercado o de “empresa
privada” no solo en la gestión de empresas públicas sino también en
determinadas áreas de la Administración Pública.
Respecto de las privatizaciones en sentido estricto (la venta de
empresas públicas, o de una parte se sus acciones, al sector privado).
El argumento principal de los gobiernos que la han impulsado ha sido el
de la mejora de la eficiencia económica ha sido probablemente uno de los
más utilizados; basado por supuesto en la idea de que la titularidad
pública de las empresas iba en muchos casos acompañada de una gestión
ineficiente.
No obstante, la evidencia empírica ha ido mostrando que los gobiernos
parecen haber perseguido una cierta mezcla de objetivos con las
privatizaciones. Y así, junto a la idea de que la gestión privada (o el
sector privado, o la iniciativa privada) es más eficiente que la gestión
estatal y que por lo tanto conviene reducir el peso económico del
Estado, se observan también objetivos como el de aliviar el déficit
fiscal mediante la venta de empresas públicas o el de “disciplinar” a
los trabajadores y usuarios de determinadas empresas públicas
fuertemente deficitarias, pasándolas a las reglas de juego habituales en
las relaciones de mercado; (esto tiene que ver directamente con la idea
que reúne un relativo consenso de que las reivindicaciones sindicales
tienden a ser más radicales y exitosas frente a las empresas públicas
que frente a las privadas).
Por otra parte, no todos los programas de privatizaciones han sido
llevados a cabo por gobiernos conservadores como el de Thatcher en
Inglaterra o el de Chirac en Francia. Ha habido, por ejemplo,
importantes en Italia, con un gobierno de coalición; en México, con el
gobierno del Partido Revolucionario Institucional; y en España, con el
Partido Socialista en el gobierno.
Sobre las formas de privatización
La conclusión general que puede extraerse de las experiencias de
diferentes países es que bajo la etiqueta privatizaciones se engloban
medidas o acciones bien distintas, aunque con el objetivo común de
disminuir al implicación de los poderes públicos en la actividad
económica
Transferencia de la propiedad de empresas públicas al sector privado
Esta es la forma estricta de privatización y representa efectivamente el
grueso de las operaciones realizadas en países como Gran Bretaña,
Francia, España o Argentina. En unas ocasiones la transferencia de
propiedad es total mediante la venta en bloque de la empresa a un grupo
privado, como en loa casos de las españolas SEAT, Maquinista o ENASA y
el de la Argentina Aerolíneas Argentinas. La otra modalidad ha
consistido en la venta de acciones en bolsa respecto a determinadas
empresas públicas, reservándose generalmente el Estado un porcentaje de
capital minoritario. Esta ha sido la vía de privatización típica de Gran
Bretaña y Francia (donde no hay que olvidas que los respectivos
gobiernos conservadores tenían el propósito programático de fomentar un
cierto accionario popular mediante las privatizaciones), en la que
destacan casos como los de British Gas, Bitish Telecom., Saint-Gobain y
la Societé Genérale; y es una opción que también se ha seguido en España
con respecto a empresas públicas que venían siendo claramente rentables
, como son los casos de REPSOL, EMDESA o ENCE.
De igual forma han sido importantes las privatizaciones parciales en las
que el Estado mantiene la mayoría del capital. De este tipo son todas
las llevada a cabo en Austria y en Italia, así como las programadas en
Francia durante la etapa de gobiernos socialistas y los casos españoles
en que se han sacado a bolsa paquetes de acciones, como el de REPSOL,
EMDESA y ENCE, entre otras.
Desregulación / privatización.
Este segundo tipo de operaciones de privatización ha consistido en la
desregulación o desmonopolización de actividad de la empresa pública,
posteriormente acompañada o no de transferencia de propiedad al sector
privado. Lo que más destaca en estos casos de grandes empresas públicas
es la política de liberalización de servicios públicos, siguiendo un
proceso que responde al siguiente esquema-tipo: Eliminación del
monopolio legal a favor de la empresa pública, si ese era el caso; pasar
a organizar la empresa como sociedad anónima, o como varias sociedades
anónimas –una para cada actividad diferenciada- agrupando estas en un
holding; y, sobre esta nueva base jurídica, establecer criterios de
gestión de empresa privada. Simultánea o posteriormente, este proceso es
o no completado en el sentido jurídico de la propiedad, sacando el
Estado a Bolsa acciones de la nueva empresa. Casos importantes de
desregulación / privatización han sido la antigua compañía de autobuses
británica, al British Telecom. Y la mayor parte de las operaciones de
privatización llevadas a cabo en Venezuela.
Algunos expertos ponen en duda, no obstante, que pueda hablarse en
realidad de desregulación en estos casos. Simultáneamente a la
privatización / desmonopolización se han creado oficinas estatales
específicas encargadas de la regulación del respectivo sector, ante la
evidencia de que , desde una perspectiva social, las actividades no
podían dejarse al resultado del juego del libre mercado.
Privatización organizativa.
Como parte de la amplia corriente privatizadora, hay que destacar una
variante de lo anterior, consistente en la simple adopción de formas y /
o de gestión privados (mercantiles) para determinadas empresas públicas
que generalmente se mantiene como tales. A operación significa, en
primer lugar, que dejan de ser entidades de derecho público y pasan a
regirse por el derecho privado, mediante su transformación /
constitución en sociedades anónimas; y , en segundo lugar significa que
se les pasa a fijar un determinado objetivo financiero que generalmente
toma como punto de referencia la meta de la autofinanciación. Casos
significativos en esta línea son los antiguos entes estatales en Italia
y en Irlanda. La RTV y el Servicio de Correos de Holanda, así como el
London Transport Authority y el Servicio de Correos de Gran Bretaña.
Las principales consecuencias son que el personal deja de ser
funcionario público para pasar al estatus típico definido pro el
contrato laboral, y que la empresa pasa a estar sujeta a una disciplina
financiera más estricta (lo que a su vez puede conllevar o no una cierta
subida relativa de las tarifas para los usuarios / consumidores).
Hay que destacar que, en algunos casos, esta privatización organizativa
– que se inicia por cambiar la forma jurídica de la propiedad pública-
es como un primer paso para una posterior privatización pura, es decir,
transferencia de propiedad al sector privado.
Privatización de actividades de al Administración Pública.
Esta adopción de formas de gestión privadas se ha ido extendiendo de las
empresas estatales a la Administración Publica, especialmente en países
europeos. Cada vez son más numerosos los ejemplos de segregación de
actividades de la Administración Pública para constituir agencias con
autonomía de gestión. Es decir, un proceso, de hecho, de creación de
nuevas empresas públicas. Un paso más allá en este proceso y nos
encontramos con la actual tendencia a que la actividad segregada se
transfiera al sector privado; por ejemplo, los servicios de inspección
del Ministerio de Finanzas de Holanda.
Privatización de la gestión (contracting out)
Finalmente, otro tipo de operaciones surgido como parte de los procesos
de privatización ha sido la privatización de la actividad de empresas
públicas, en el sentido de cesión al sector privado de la gestión de la
actividad de la empresa, pero sin transferencia alguna de propiedad
sobre el patrimonio (contracting out). Esta ha sido la vía seguida en
Gran Bretaña, pro ejemplo, con los astilleros públicos. Como empresa
pública su patrimonio era tan importante (terrenos e instalaciones
especialmente ) que su privatización pura fue considerad financieramente
inviable por el gobierno; como alternativa, ya tras un largo proceso
legislativo, fue sacada a concurso al gestión de su actividad como
empresa, lo que implicaba la transferencia de la plantilla del personal.
El contracting out supone por tanto un cambio efectivo de titularidad,
si bien no respecto al patrimonio, que pertenece publico.
Una modalidad de menor alcance es la subcontratación de la gestión de
entidades públicas a empresas privadas (en un sentido parecido a cuando
se subcontrata al exterior el servicio de limpieza de la empresa); en
estos casos la plantilla y la titularidad de la gestión sigue siendo
pública actuando la empresa privada concesionaria por delegación- o
responde a alguna fórmula mixta. Un ejemplo de este tipo de
subcontratación de la gestión lo tenemos en el programa de reforma de la
gestión de los centros hospitalarios que está llevando a cabo el
Institut Catatá de la Salut de la Generalitat de Catalunya.
Es de destacar la diferencia de procedimiento seguido en las
privatizaciones. Unos países han seguido un modelo similar al de Gran
Bretaña y Francia, sometiendo el proceso de privatizaciones a un
programa gubernamental explícito, posteriormente concretado en una
legislación regulador , generalmente de larga y difícil gestación y
respecto a la cual ha sido notable la oposición sindical. Este es el
caso de Turquía, Filipinas y Brasil (además de los dos citados) . Otros
han seguido, sin embargo, lo que podríamos denominar el modelo
italo-español, consistente en la simple venta de acciones de empresas
publicas, sin apoyarse en ninguna ley específica ni decisión política
explícita al respecto. Ese ha sido el procedimiento seguido –además de
en España e Italia- en Alemania Federal, México, Argentina y Venezuela,
entre otros.
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