RESUMEN
El objetivo de la ponencia es estudiar si en realidad las políticas de
subsidios de vivienda que se aplican en el mundo, y en particular en
Colombia, se cumplen realmente como dice la ley.
Se le dará inicio a la ponencia con una breve introducción sobre la
vivienda.
Más adelante se presentarán las políticas que tiene el FMI al respecto
de los subsidios de vivienda.
A continuación se dará a conocer cómo es la política de VIS (Vivienda de
Interés Social) con una leve mirada a algunos países, en especial
Colombia, y el sistema AFC (Ahorro para el Fomento de la Construcción).
Para finalizar la ponencia se darán las conclusiones y recomendaciones
pertinentes sobre el tema expuesto.
ABSTRACT
In this paper we discuss the applications of housing subsidies in
several countries. In the Colombian case, we also examine if such a
policy obeys the corresponding laws.
To this aim, we analyze housing subsidy policy of the IMF and some
strategies for a solving the housing problems, such as the VIS and the
AFC systems.
Some recommendations are proposed as result from this analysis.
1. INTRODUCCIÓN
La vivienda constituye un factor determinante de desarrollo social y
económico, en la medida que posibilita la disminución de la pobreza y la
miseria, la reactivación de la economía y la generación de empleo.
(Departamento Nacional de Planeación, Sin año, [en línea]).
La vivienda es el bien más costoso que la mayoría de la población puede
aspirar a adquirir a lo largo de su vida, por eso el financiamiento debe
garantizar cuotas de amortización ajustadas al ingreso de la familia,
amplios plazos y requiere un sistema de financiación propicio, confiable
y sostenible. (Arango, p. 241, 2001).
La baja accesibilidad de la vivienda a nivel mundial ha llevado al FMI
a formular estrategias para mejorar las políticas de vivienda y en
especial políticas para el subsidio de vivienda, tales como:
Regularización de la tenencia de la tierra, privatización de las
viviendas estatales, impuestos sobre la propiedad, autorización de los
préstamos del sector privado a tasas positivas y de mercado, ampliación
de las leyes de ejecución de hipotecas, introducción de instrumentos de
préstamo mejorados, creación de subsidios transparentes, concentración
en los pobres, subvención de las personas y no de las casas, examen de
los subsidios, construcción de vivienda destinada a los más necesitados.
(Mayo, p.46, 1994).
La nueva política de vivienda de interés social en Colombia, ha
adquirido una creciente dimensión desde que se puso en marcha. Sin
embargo, no ha jugado hasta ahora un papel importante en la reducción de
los déficit de vivienda pues la insuficiencia de recursos públicos para
subsidios a la vivienda ha influido de manera importante en este
resultado.
Los principales oferentes de viviendas sociales han sido empresas
constructoras privadas, las cajas de compensación familiar, y
organizaciones populares de vivienda. Esos oferentes son de muy diverso
tamaño pero aportan un ambiente de competencia en la determinación de
los precios de mercado de viviendas nuevas. (Held, 2000, [en línea])
En Colombia nace el subsidio AFC (Ahorro para el Fomento de la
Construcción) el cual es un beneficio tributario para las personas que
adquieran un crédito de vivienda. De esta forma, podrán reducir su
retención en la fuente hasta en un 30%, al ser considerado parte de su
ingreso como no constitutivo de renta. El incentivo se puede obtener
antes de cinco años de haber dado la cuota inicial para la vivienda.
(Revista cambio.com, 2001, [en línea]).
2. HISTORIA
A mediados de la década de los 40 el Estado asume la vivienda como un
asunto de interés público, incluyendo la vivienda social dentro de sus
políticas. El Estado cubre parte de los cotos de los programas de
vivienda que desarrolla, a manera de subsidio a la oferta o subsidio
“oculto” con el propósito de que estos lleguen la población más
desfavorecida. Las viviendas que ya tenían el subsidio incorporado
fueron adjudicadas bajo distintas modalidades de crédito a grupos
localizados de la población, con créditos a 20 años y cuotas fijas, con
lo que terminaba dando un cuantioso subsidio adicional, debido al
proceso de desvalorización de la moneda. (Arango, p. 241, 2001).
En el período comprendido entre 1973 y 1988 el gobierno empieza a buscar
la manera de estimular el desarrollo del sector privado de la
construcción. Se definen políticas tendientes a involucrar más
directamente a este sector, básicamente, para dotarlo de un sistema
propio de financiación de la actividad constructora privada. Es acá
donde se crea el UPAC. Este se crea como un sistema de ahorro y crédito
de largo plazo que fomentaba el ahorro social con el aliciente de que
los dineros ahorrados mantendrían su valor gracias a que eran
reajustados al índice de inflación más una pequeña tasa de interés.
(Arango, p. 242 - 243, 2001).
A partir de 1989 se da la política de fortalecimiento del mercado de
vivienda (gestión, producción, comercialización), para lo cual el poder
público debe actuar como simple facilitador. En 1991 mediante la ley 03
se crea el subsidio de demanda, con el objeto de hacer accesible la
vivienda. También se crean el sistema nacional de vivienda de interés
social y se reformó el Instituto de Crédito Territorial. (Arango, p.
244, 2001).
En las últimas décadas lo que se ha presentado como política de vivienda
en Colombia ha sido en realidad políticas de financiación de vivienda.
La legislación en esta materia ha sido una sucesión ininterrumpida de
ajustes desafortunados en la política financiera que sustenta el
funcionamiento de la vivienda social. (Arango, p. 227, 2001).
Como resultado de esta política se produjo el colapso del sistema UPAC,
después de una larga sucesión de ajustes que terminaron por hacerlo
inoperante, arrastrando miles de familias de clase media a una situación
sin salida en la cual se vieron obligadas a entregar sus viviendas por
no poder continuar cumpliendo con sus obligaciones de crédito. (Arango,
p. 227, 2001).
3. POSICIÓN DEL FMI
“El sector de vivienda desempeña en el bienestar de los países un papel
más importante que el que se suele atribuírsele, ya que afecta
directamente no sólo el bienestar de las personas sino también el
funcionamiento de otros sectores económicos. En vista de la experiencia
adquirida en todo el mundo, se ha iniciado un nuevo programa de política
en que se establecen estrategias para el sector de vivienda en las
cuales se dan mayores posibilidades y más libertad de acción a las
fuerzas económicas”. (Mayo, p.44, 1994).
El FMI propone las siguientes estrategias:
Tabla 1.
Recomendaciones del FMI para un mercado propicio de vivienda.
Instrumentos
Estrategias
Desarrollo de los derechos de propiedad
Regularización de la tenencia de la tierra, privatización de las
viviendas estatales, impuestos sobre la propiedad.
Desarrollo de financiación hipotecaria
Autorización de los préstamos del sector privado a tasas positivas y de
mercado, aplicación de las leyes de ejecución de hipotecas, introducción
de préstamo mejorados.
Racionalización de los subsidios
Creación de subsidios transparentes, concentración en los pobres,
subvención de las personas (y no las casas), examen de los subsidios.
Creación de infraestructuras
Coordinación del aprovechamiento de tierras, recuperación de los gastos,
adecuación del suministro de la demanda, mejora de la infraestructura de
los barrios de tugurios
Reglamentación del aprovechamiento de la tierra y el desarrollo de la
vivienda
Simplificación de las reglamentaciones complejas, eliminación de las
distorsiones de los precios y de las situaciones de escasez artificial.
Desarrollo de un marco de política institucional
Equilibrio de las funciones del sector público y del sector privado,
creación de un foro para administrar el sector de vivienda en su
totalidad, desarrollo de estrategias propicias, vigilancia del desempeño
del sector.
Fuente: MAYO, Stephen. Cambios estructurales en la política de vivienda.
Finanzas y desarrollo. 1994. P. 46.
Un sector de vivienda eficiente y adecuado puede aportar grandes
beneficios. Pero si no se da esto, quienes sufren las consecuencias más
graves de los fracasos de los mercados de vivienda son los pobres.
En muchos casos, los principales perdedores son los grupos a los cuales
las políticas de vivienda están destinadas a beneficiar. (Mayo, p.46,
1994).
Por ejemplo, los países de bajos ingresos a menudo necesitan hacer
hincapié en las inversiones en infraestructura, la competencia de la
industria de la construcción y los derechos de propiedad.
En los países de ingresos medianos muy endeudados, las prioridades
fundamentales son la reforma de la política fiscal y financiera, en
particular la mejora de las instituciones de financiación de la vivienda
y la reducción de las transferencias presupuestarias al sector vivienda,
así como la ampliación del desarrollo de la infraestructura. En otros
países de ingresos medianos, la reforma de las reglamentaciones para el
uso de la tierra y la construcción y el aumento de las oportunidades de
financiación hipotecaria son cuestiones clave. (Mayo, p.46, 1994).
Con este nuevo enfoque se busca apoyar las estrategias de los gobiernos,
incluidos los préstamos de ajuste, las inversiones y las operaciones de
asistencia técnica. Para los países de bajo ingreso, estas inversiones
entrañan a menudo la mejora de barrios de tugurios y la rehabilitación
de los sistemas de infraestructura urbana. (Mayo, p.46, 1994).
4. SUBSIDIOS PARA VIVIENDA
4.1 Subsidios para VIS
Las nuevas políticas de vivienda social recurren a subsidios a la
demanda de vivienda con el objeto de dotar a jefes de hogar y personas
de menor ingreso con capacidad de compra. Estos subsidios permiten a sus
beneficiarios concurrir al mercado a elegir sus viviendas, sujetos a
determinados estándares, precios y disponibilidades. (Held, 2000, [en
línea]).
En Chile, por ejemplo, la nueva política de vivienda social basada en
subsidios a la demanda y orientada al mercado ha establecido reglas
claras, transparentes y estables para los diversos participantes, y ha
ganado legitimidad y aceptación entre los jefes de familia y personas
que han postulado a subsidios habitacionales. Estos últimos han
dispuesto un sistema transparente y objetivo de acumulación de puntaje
que pondera el cumplimiento de requisitos de ahorro previo y las
características demográficas y socioeconómicas de las familias.
El Ministerio de la Vivienda y Urbanismo, a través de sus Servicios de
Vivienda y Urbanismo (SERVIU), ha asumido como regulador y supervisor de
los estándares de las viviendas sociales, como administrador del proceso
de subsidios habitacionales a nivel nacional y regional, como proveedor
"subsidiario" de viviendas progresivas y básicas a familias y personas
de muy bajos ingresos, y como oferente de crédito a las mismas. Ese
ministerio también ha extendido garantías a los créditos hipotecarios a
viviendas sociales, a fin de motivar a la banca privada a incursionar en
este segmento de mercado. (Held, 2000, [en línea]).
Para Chile el sistema de acceso a la vivienda basado en subsidios a la
demanda ha logrado dinamizar la construcción y el acceso a viviendas de
interés social, y ha motivado un significativo crecimiento en el ahorro
personal y familiar para esas viviendas. Ello ha conducido a importantes
reducciones en los déficit de vivienda, permitiendo incluso anticipar el
término del déficit habitacional cuantitativo en alrededor de 15 años.
(Held, 2000, [en línea]).
En algunos países de Europa central y oriental bajar el costo del
alquiler se convirtió en una solución importante y eficaz como subsidio
para aumentar la proporción de propiedad de la vivienda; esto por la
dificultad de conseguir vivienda propia. Luego implementaron un sistema
de crédito con tasas de interés muy bajas para facilitar la adquisición
de vivienda. (Pichler-Milanovich, 1999, [en línea]).
En Estados Unidos se puede obtener mejores subsidios, o menor tasa de
interés para el subsidio para vivienda, con trabajo para el gobierno o
de ayuda social, lo cual baja la renta de vivienda. Esto hace que se
incentive más la adquisición de vivienda. Además se puede determinar el
tamaño de los subsidios. (Wallison, 2000, [en línea]).
En Uruguay, a partir del segundo semestre de 1993, se ha venido
implementando una política habitacional basada en la entrega de
subsidios (focalizada en las familias más pobres) y requisitos de ahorro
previo. Para acceder al subsidio las familias deben estar inscritas en
el Registro Nacional de Postulantes y contar con un mínimo de ahorro
previo establecido de acuerdo al nivel de subsidio que aspira y antes de
cierta fecha previamente fijada. (Szalachman, 2000, [en línea]).
En Bolivia, en cambio, no existe un sistema de subsidios habitacionales,
ni requisitos de ahorro previo para viviendas de tipo social, y el país
ha adolecido tradicionalmente de falta de mecanismos de financiamiento
para este tipo de viviendas. (Szalachman, 2000, [en línea]).
En Colombia se crea la figura del subsidio de demanda, con el objeto de
hacer accesible la vivienda producida a los estratos de menores
ingresos. Al beneficio del subsidio tiene derecho toda familia que se
localice por debajo de un cierto nivel de ingreso (menos de 2 salarios
mínimos), que se establece como límite inferior del mercado solvente de
aspirantes a la adquisición de vivienda, y quien cumpla además con una
serie de requisitos de elegibilidad previamente establecidos. (Arango,
p. 244, 2001).
Según el artículo 51 de la constitución política de Colombia: “Todos los
colombianos tienen derecho a vivienda digna. El Estado fijará las
condiciones necesarias para hacer efectivo este derecho y promoverá
planes de vivienda de interés social, sistemas adecuados de financiación
a largo plazo y formas asociativas de ejecución de estos programas de
vivienda”. (Art. 51) (Asamblea Nacional Constituyente, p. 7, 1991).
Acorde con la modernización y apertura de la economía, aquellas
funciones que el sector privado podría ejecutar más eficientemente, como
otorgar créditos y construir viviendas, dejaron de ser actividades de
las entidades del Estado, pasando a manos de las entidades privadas y de
las cajas de compensación familiar y de organizaciones populares de
vivienda. Para ayudar a las familias más pobres, se instauró el subsidio
de vivienda directo a las familias demandantes y beneficiarias finales
de la vivienda y se eliminó el subsidio al crédito. (Departamento
Nacional de Planeación, Sin año, [en línea]).
La construcción de viviendas ha ganado importancia en los programas de
vivienda social. Mientras el INURBE destinó el 63% y el 21% de sus
recursos a programas de lotes y a viviendas usadas en 1991-93
respectivamente, casi el 80% del monto de sus subsidios se canalizó
hacia viviendas nuevas y el mejoramiento de viviendas existentes en
1994-97.
Los precios de las viviendas sociales se han situado en un rango
equivalente a US$ 5.200 y US$ 17.900 dólares, y donde este último es el
precio tope de viviendas a las cuales pueden aplicarse subsidios
habitacionales.
Los subsidios a la vivienda del INURBE en programas de la red de
solidaridad social para las familias más pobres, se han localizado en un
rango equivalente a U$ 1.950 y US$ 3.250 dólares. Ante la evidencia de
que eran insuficientes, se introdujeron programas de recuperación del
entorno residencial y de mejoramiento de viviendas para los hogares con
ingresos inferiores a dos salarios mínimos en 1994. (Held, 2000, [en
línea]).
Los hogares que no han sido beneficiarios de ningún programa de vivienda
social, y cuyos ingresos no superan los cuatro salarios mínimos legales,
pueden postular a un subsidio habitacional. Las postulaciones a
subsidios para vivienda pueden ser individuales o colectivas, y estas
últimas pueden a su vez ser dirigidas o asociativas.
Los hogares con ingresos inferiores a dos salarios mínimos han estado
sujetos a postulación colectiva y sólo a subsidios habitacionales del
INURBE. (Held, 2000, [en línea]).
Los topes máximos para los subsidios habitacionales del INURBE dependen
del tamaño de la ciudad donde se realiza el proyecto y del tipo de
programa de vivienda. En ciudades de más de 500.000 habitantes los
subsidios habitacionales han alcanzado el equivalente de US$ 3.250
dólares para la adquisición y construcción de vivienda, hasta US$ 1.950
para el mejoramiento de viviendas existentes, y hasta US$ 2.270 para la
adquisición de lotes de terreno. (Held, 2000, [en línea]).
El INURBE y las cajas de compensación familiar han calificado a los
postulantes a subsidio recurriendo a un sistema de puntaje. El proceso
de calificación ha otorgado prioridad a las mujeres jefes de hogar, a
las familias en zonas de alto riesgo y a las víctimas de desastres. Al
mismo tiempo, se han tenido en cuenta el número de personas dependientes
por hogar, el aporte de cuota inicial de los postulantes, la existencia
de compromiso de compraventa, y la vinculación de los postulantes con
organizaciones populares de vivienda.
Las normas indican que las solicitudes de subsidio habitacional se deben
atender en orden secuencial de acuerdo con los puntajes acumulados por
los postulantes y las prioridades mencionadas, en la medida que el
INURBE y las cajas de compensación familiar dispongan de recursos.
(Held, 2000, [en línea]).
Los subsidios asignados a vivienda tienen una vigencia de 18 meses. Se
estima que del monto total de subsidios asignados se ha desembolsado en
años recientes un 75%. Los importantes montos que no se han desembolsado
parecen originarse principalmente en demoras en la ejecución de
proyectos. El elevado costo y la dificultad para acceder a créditos
hipotecarios contribuyó a retardar el desembolso de los subsidios en
1997-98. (Held, 2000, [en línea]).
En cuanto a la focalización de los subsidios el INURBE ha concentrado el
73% del monto de sus subsidios habitacionales en familias con ingresos
de hasta dos salarios mínimos legales. Por su parte, las cajas de
compensación familiar han destinado el 42% del monto de sus subsidios a
hogares con esos ingresos, y el 58% de ese monto a hogares con ingresos
entre dos y cuatro salarios mínimos legales.
El subsidio promedio del INURBE se ha situado en el equivalente de US$
1.560 dólares, sin que existan grandes diferencias por tipo de solución
habitacional. Ello ha determinado proporciones de subsidio inversamente
proporcionales al precio de esas soluciones. En los mejoramientos de
vivienda esa proporción ha llegado al 90–95%; en la construcción de
viviendas para hogares con ingresos de hasta dos salarios mínimos
legales los subsidios del INURBE han representado 20-30% del valor de la
vivienda, y hasta el 40% en los programas de las cajas de compensación
familiar. En los programas para hogares con ingresos entre dos y cuatro
salarios mínimos legales, los subsidios han sido equivalentes al 10–20%
del valor de las viviendas.
La progresividad que muestran los subsidios habitacionales no han
garantizado la focalización de los programas dirigidos a las familias
con ingresos entre dos y cuatros salarios mínimos. La evidencia
disponible indica que en alguna medida los subsidios de esos programas
han sido redundantes considerando la apreciable demanda por viviendas
sociales que se ejerce sin subsidios. Sólo alrededor de un 40% de los
créditos otorgados por el sistema financiero para viviendas sociales se
habría destinado a financiar viviendas de familias beneficiarias de
subsidio. Por otra parte, se ha estimado que los hogares con ingresos de
tres o más salarios mínimos podrían adquirir viviendas sin subsidio, lo
cual también justificaría reducir el tope de precio de las viviendas
sociales (Held, 2000, [en línea]).
Lamentablemente esta política del subsidio no ha dado los frutos que se
esperaban. Aunque ha sido un factor dinamizador en la producción de
vivienda nueva, en su aplicación éste ha tenido muchos problemas: los
recursos que se han destinado para respaldarlo han estado siempre muy
por debajo de las demandas consolidadas en proyectos y calificadas como
elegibles, los recursos no se han concentrado como se pretendía en los
grupos más pobres de la población, no se han distribuido equitativamente
los beneficios del subsidio en las distintas regiones como se pretendía,
y por último, se ha caído en el viejo vicio de que cada gobierno da su
propia interpretación del subsidio, modificando su aplicación y
operación, con lo cual se ha ido restando gradualmente confiabilidad y
eficacia. (Arango, p. 244 - 246, 2001).
Es claro que deben incrementar los recursos para subsidios. El esfuerzo
fiscal es insuficiente tanto para resolver el problema habitacional como
para que el programa de vivienda subsidiada tenga impacto económico.
(CAMACOL, 2001, [en línea])
Otro de los problemas que presenta Colombia y que ha tenido una fuerte
incidencia en el déficit cualitativo, se refiere a la escasez de tierras
urbanizables y que se ha traducido en elevados precios de los terrenos.
Como consecuencia de lo anterior, ha proliferado la construcción de
barrios ilegales en zonas de alto riesgo, con graves deficiencias
urbanísticas y de servicios. Las familias que habitan este tipo de
viviendas están prácticamente marginadas de los subsidios de gobierno y
del crédito de las entidades financieras.
Para resolver estos problemas, a partir de 1994 se diseñó una nueva
estrategia dirigida a la población de menores ingresos, ofreciendo
programas de mejoramiento de vivienda y entorno y una política de
tierras para impedir que la valorización de los terrenos excluya del
mercado, por la vía de alzas de precios, a la población más pobre. Como
resultado se redujo tanto el déficit cuantitativo, que pasó de 1,1
millones de unidades en 1993 a 0,85 millones en 1997, como el déficit
cualitativo (de 3,3 millones en 1993 a 2,9 millones en 1997).
Sin embargo, el bajo el nivel de ingresos y la fuerte vinculación a
trabajos informales dificultan a los hogares de menores ingresos generar
los ahorros suficientes para financiar la cuota inicial de su vivienda,
acceder al crédito y atender el servicio de la deuda. En consecuencia,
de acuerdo con estudios recientes, pareciera que para los programas de
adquisición de vivienda, el monto de los subsidios sigue siendo bajo
para las familias con ingresos inferiores a dos salarios mínimos. Esto
involucra la necesidad de incrementar el valor unitario de los
subsidios, lo que a su vez implicaría reducir la cobertura para los
menos pobres. (Szalachman, 1999, [en línea]).
Aunque el gobierno ha tenido toda la intención de enfocar la política de
vivienda hacia los pobres, son más los trámites que deben hacer las
personas de los estratos bajos que las personas de los estratos altos,
lo que hace que el sistema de adjudicación de subsidios sea lento, se
desaprovechen dichos subsidios o que simplemente dejen a la mitad el
trámite. Además se cuestiona la trasparencia de los subsidios. (Ver
tabla 1).
4.2 Sistema AFC
El AFC es un beneficio tributario para las personas que adquieran un
crédito de vivienda. De esta forma, podrán reducir su retención en la
fuente hasta en un 30%, al ser considerado parte de su ingreso como no
constitutivo de renta. El incentivo se puede obtener antes de cinco años
de haber dado la cuota inicial para la vivienda.
En el caso de las cuentas AFC las condiciones para acceder a este
beneficio tributario es que los dineros se guarden en estas cuentas
durante cinco años o que se retiren con destino a pagos de vivienda, ya
sea para la cuota inicial o para las cuotas periódicas. En el caso de
los Fondos de Pensiones Voluntarias la condición es que los recursos no
sean retirados antes de cinco años. (Sin autor, 2001, [en línea]).
Esta herramienta para impulsar la inversión en el sector de la vivienda
de estratos medios y altos.
Podrán acceder al programa de crédito con garantía de VIS, los hogares
conformados por personas independientes y no requerirán la aprobación
previa del Fondo Nacional de Garantías. (Revista cambio.com, 2001, [en
línea]).
La mayoría de entidades especializadas en crédito hipotecario ya
montaron y están ofreciendo sus productos. Con el del beneficio
tributario, la banca hipotecaria en Colombia comenzó a mover sus
estrategias para impulsar las llamadas Cuentas de Ahorro para Fomento de
la Construcción. Las entidades especializadas en crédito de vivienda
están ofreciendo el nuevo producto con lo que buscan generar una mayor
demanda de vivienda de estratos más altos. (Sin autor, 2001, [en
línea]).
La idea del gobierno es precisamente impulsar la demanda de crédito para
vivienda en los estratos 4, 5 y 6 que ha estado más quieta que la VIS.
Especialistas en el tema consideran que los colombianos de estratos
entre 4, 5 y 6 requerían de un incentivo mayor para moverlo a adquirir
vivienda. Estamos hablando de personas con ingresos brutos entre
3.700.000 pesos y 6.000.000, según las cuentas del Icav. (Sin autor,
2001, [en línea]).
Las personas que tienen en arriendo un inmueble tienen el derecho a
deducir de la base gravable el valor de los aportes a fondos de
pensiones obligatorias y el fondo de solidaridad. Pero con la opción de
crédito hipotecario puede además, descontar el valor ahorrado en la AFC
y deducir el valor de la corrección monetaria y los intereses pagados.
(Sin autor, 2001, [en línea]).
Esta política, como tal es buena, lo que no se entiende es por que se le
dan más facilidades a las personas de estratos altos en cuanto a
reducciones de intereses e impuestos, cuando el FMI propone que debe
haber concentración en los pobres y tasas de interés positivas y de
mercado en cuanto a desarrollo de financiación hipotecaria (ver tabla
1).
CONCLUSIONES
· El no tener un sistema de financiación propicio (visto desde la
verdadera capacidad de endeudamiento para adquisición de vivienda por
parte de los grupos pobres) ha traído como consecuencia un bajo impacto
en las políticas de subsidios Colombia.
· El balance de los últimos años muestra que la política de vivienda
estuvo concentrada en la administración y distribución de los subsidios,
quedando en segundo plano otros aspectos relevantes tanto para lograr la
producción de viviendas de bajo costo, como para permitir el acceso de
las familias más pobres a ella.
· Los programas de financiación y subsidios de vivienda muchas veces no
son efectivos por la manera desigual e injusta como se reparten los
subsidios.
· La creación de una pesada carga fiscal para apoyar la vivienda no es
buena para el sector (de la vivienda) ni para la integridad fiscal.
· No se puede hablar realmente de VIS cuando los créditos que existen
para adquirir vivienda no están al alcance de la población que lo
necesita; y si no es así; ¿Quién le presta a una persona sin recursos?.
· El pobre tiene más complicado el camino para llegar a tener la
oportunidad de conseguir un subsidio para vivienda por los requisitos
que tiene que cumplir, sobre todo los salariales; mientras que a la
población pudiente hasta le dan exenciones tributarias por tomar un
subsidio AFC.
· Ha sido poca la oferta de soluciones habitacionales viables para los
grupos más pobres, quienes a parte de limitantes estructurales de
ingresos, presentan otro tipo de problemas que el sector financiero no
puede resolver.
RECOMENDACIONES
· Se debe tener en real cuenta la capacidad de la población para
sufragar el costo de su vivienda.
· De no introducirse cambios sustanciales en la política de vivienda,
esta continuará siendo inaccesible para el grueso de la población.
· Incrementar el monto de los recursos fiscales para subsidios a VIS.
· Distribuir los recursos de tal manera que la suma de subsidios
otorgados por el INURBE y Cajas de Compensación sean equilibrados con la
población de cada región.
· Usar los predios del estado en proyectos de vivienda para solucionar
la escasez de tierra: Entregar predios de propiedad del estado como
aporte a proyectos manejados a través de esquemas de fiducia, que luego
se pueden entregar al comprador como parte del subsidio.
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