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En la anterior afirmación de Popper, subyacen los siguientes elementos problémicos; el sociólogo (o el físico) no intentan descubrir leyes, bajo el lenguaje popperiano ellos intentarían imponer leyes a la naturaleza (lo argumenta Popper desde la concepción de Kant), (Popper, 1994, p. 237) “para decirlo en palabras de Kant “Nuestro intelecto no extrae sus leyes de la naturaleza... sino que las impone a la naturaleza” ... preferiría, expresarla en la siguiente forma modificada –nuestro intelecto no extrae sus leyes de la naturaleza, sino que trata –con diversos grados de éxito- de imponer a la naturaleza leyes que inventa libremente”, una vez que no es objetivo el intento de descubrir leyes, con la ayuda del método inductivo. Otro elemento problémico es la observación sugerida Popper, la cual debe entenderse necesaria en el proceso de validación de la teoría y no en su construcción; es decir, la teoría se formula a partir de la utilización de un método deductivo y la observación permite falsear cualquier teoría científica, en tal sentido no es cualquier tipo de observación la que propone el autor, es una observación que se centra en los hechos que evidencien el no cumplimiento de lo prescrito por la teoría; la otra observación que busque confirmaciones de la teoría no es una herramienta objetiva, pues esta búsqueda de elementos confirmatorios no permite la evolución del conocimiento científico, una vez que la verdadera validación de la teoría se logra con intentos reales de falsación.
Argumenta Popper la unidad de método en la siguiente afirmación “cuando
hablamos de éxito, en física, pensamos en el éxito de sus predicciones;
y el éxito de sus predicciones puede decirse que es lo mismo que la
corroboración empírica de las leyes de la física. Cuando contrastamos el
relativo éxito de la sociología con el éxito de la física, estamos
suponiendo que el éxito de la sociología consistiría, de la misma forma
y básicamente, en la corroboración de las predicciones. De aquí se sigue
que ciertos métodos –predicciones con la ayuda de leyes y el poner a
prueba las leyes por medio de la observación- tienen que ser a su vez
comunes a la física y a la sociología”.
La corroboración empírica de la teoría ha de entenderse más que por el
cumplimiento de las formuladas, porque no se den los hechos que la
teoría prohíbe. Pero la formulación de una unidad de método no implica
el desconocimiento de diferencias entre las ciencias sociales y las
ciencias naturales; pero tales disimilitudes no impiden que la
objetividad del estudio de las mismas se desarrolle en unos esquemas
generales de intentos de imponer leyes que determinen regularidades en
los universales, más que centrados en análisis de comportamiento de los
singulares.
La objetividad es entendida en Popper no sólo como un factor de tipo
individual, sino como un factor de carácter colectivo y social; el autor
lo expresa en (Popper, 1981, p. 170-171) “es interesante que lo que
normalmente se llama objetividad científica se basa, hasta cierto punto,
en instituciones sociales. La ingenua opinión de que la objetividad
científica se basa en la actitud mental o psicológica del hombre de
ciencia individual, en su educación, cuidado y desinterés científico,
genera como reacción la opinión escéptica de que los hombres de ciencia
no pueden nunca ser objetivos. Según esta opinión, su falta de
objetividad será seguramente desdeñable en las ciencias naturales, en
las que las pasiones no se excitan, pero en las ciencias sociales, en
las que quedan implicados prejuicios sociales, preferencias de clase e
intereses personales, puede ser fatal. Esta doctrina, desarrollada con
todo detalle por la llamada “Sociología del conocimiento”, olvida
enteramente el carácter social o institucional del conocimiento
científico, porque se basa en la ingenua opinión de que la objetividad
depende de la psicología del hombre de ciencia individual. Olvida el
hecho de que ni la sequedad ni la abstracción de una materia de estudio
de las ciencias naturales impide que la parcialidad y el interés propio
influyan en las creencias del hombre de ciencia, y que si tuviésemos que
depender de su desinterés, incluso la ciencia natural sería totalmente
in-hacedera. Lo que la sociología del conocimiento olvida es
precisamente la sociología del conocimiento, el carácter social o
público de la ciencia. Olvida el hecho de que es el carácter público de
la ciencia y de sus instituciones el que impone una disciplina mental
sobre el hombre de ciencia individual y el que salvaguarda la
objetividad de la ciencia y su tradición de discutir críticamente las
nuevas ideas.
... como la investigación científica de problemas sociales tiene
necesariamente que influir en la vida social, es imposible que el
sociólogo que advierta esta influencia mantenga la debida actitud
científica de objetividad desinteresada. Pero no hay nada privativo de
la ciencia social en esta situación. Un físico o un ingeniero físico
están en la misma situación. Sin ser un sociólogo, puede darse cuenta de
que el invento de un nuevo avión puede tener una influencia tremenda
sobre la sociedad”.
En la afirmación anterior Popper hace referencia al término de
objetividad sin determinar efectivamente lo que entiende por el mismo,
aunque reconoce que no es una actitud desinteresada del científico
frente al conocimiento científico, deja la sensación de que la misma es
una actitud particular del hombre de ciencia, entendido no en el sentido
individual, sino en su condición cultural, de miembro de una sociedad.
Pero esta concepción dista mucho de la definición que da de
“objetividad” desde la teoría de los tres mundos, donde lo objetivo es
una construcción teórica o artística que se ha independizado del hombre
después de ser creado, cobrando por sí misma, autonomía e independencia.
Popper coincide con Hayek en la defensa dela libertad como fundamento
del hombre, la libertad como necesaria en el progreso del hombre, así lo
expone Hayek en sus obras “Camino de servidumbre” y “fundamentos de la
libertad”, donde la coacción solo puede ser permitida, cuando se ejerce
por parte del estado para evitar o reparar la coacción que individuos
ejercen sobre otros individuos; se expone que cualquier intento de
generalizar principios, valores y fines sociales, lo único que logra es
la tiranía del deber ser construido por un grupo de personas y que
negaría la opción que otros hombres asumieran su propio camino,
asumiendo también sus respetivas consecuencias, una vez que liberad no
pueden existir sin responsabilidad. Si asociamos el término libertad con
el de objetividad, entendiendo la objetividad desde actitud y no desde
tercer mundo, se diría que la objetividad requiere el máximo de libertad
del hombre de ciencia para investigar, de lo contrario el investigador
es un constructor de teorías de “falso conocimiento” o “ad hoc” con el
propósito de justificar las acciones presentes o futuras de quien
cancela la investigación.
Popper en similar sentido al de Hayek, expone que la ciencia no debe
intentar controlar el factor humano, una vez que si busca manipular la
naturaleza humana, se sustenta tal intento en un “capricho” de un grupo
o un individuo, actitud contraria a la ciencia misma. “Sin duda, la
biología y la sicología pueden resolver o podrán pronto resolver, “el
problema de transformar al hombre”. Sin embargo, aquellos intenten hacer
esto destruirán inevitablemente la objetividad de la ciencia y de esta
forma a la ciencia misma, ya que ambas están basadas en la libre
competencia del pensamiento; es decir en la libertad; (en este sentido y
aplicado a la ciencia social, escribió el libro “La sociedad abierta y
sus enemigos). Si se quiere que continúe el crecimiento de la razón y
que sobreviva la racionalidad humana, nunca se habrá de intervenir en la
diversidad de los individuos y de sus opiniones, fines y propósitos
(excepto en casos extremos, cuando la libertad política esta en
peligro); incluso la llamada, tan satisfactoria emocionalmente, a una
común tarea, por excelente que sea, es una llamada a abandonar toda
rivalidad de opiniones morales y la mutua crítica y discusión causadas
por esas opiniones. Es una llamada a abandonar el pensamiento racional”.
La anterior consideración popperiana expone la relación directa que
existe entre la libertad y la objetividad, entre la objetividad y el
progreso del conocimiento, en tal sentido, la racionalidad crítica exige
la defensa de condiciones de libertad como criterio fundamental para el
desarrollo del conocimiento científico objetivo. “El evolucionista que
pide control científico de la naturaleza no advierte lo suicida que es
esta petición. El resorte y motor de la evolución y el progreso es la
variedad del material que puede llegar a ser objeto de selección. En
cuanto concierne a la evolución humana, lo es “libertad de ser singular
y distinto del vecino”, “de estar en desacuerdo con la mayoría y seguir
el propio camino”. El control holistico, que llevaría no a la igualación
de los derechos humanos, sino a la de las mentes humanas, significaría
el final del progreso”
El trabajo de Popper al enmarcarse dentro de la línea de la lógica de la
investigación, traza límites con la historia de la ciencia y con los
análisis que pretenden entregar a la historia y a la sociología un papel
más importante, que el de anecdotario de ensayos y errores; situación
que le permite al profesor Antonio Beltrán en la introducción al texto
de Kuhn “¿Qué son las revoluciones científicas?”, hacer el siguiente
comentario (Kuhn, 1995, p. 13) “pronto vendría Popper a crítica las
tesis centrales del empirismo lógico, defendiendo el falsacionismo
contra el verificacionismo, el método hipotético-deductivo contra la
inducción y proponiendo como problema básico el del crecimiento de la
ciencia. Pero eso no acercaba en lo más mínimo la filosofía de la
ciencia a la historia de la ciencia. Por el contrario Popper pone más
énfasis aún en que ambas cosas no sólo son distintas sino que la
historia está subordinada a la filosofía de la ciencia. Formulara así lo
que llama “principio de transferencia”. Esta es una de las joyas
popperianas que luce así -“todo lo que es verdad en el dominio de la
lógica, lo es también en el método científico y en la historia de la
ciencia”-“
Lakatos expone que la historia debe nutrirse de la filosofía de la
ciencia y viceversa, para ello toma la frase de Kant “la filosofía de la
ciencia sin historia de la ciencia es vacía; la historia de la ciencia
sin filosofía de la ciencia es ciega”. Sus tesis las presenta de la
siguiente forma (Lakatos, 1983, p. 134) “se defenderá que: a) la
filosofía de la ciencia suministra metodologías normativas con las que
el historiador reconstruye la “historia interna”, ofreciendo de este
modo una explicación racional del crecimiento del conocimiento objetivo;
b) dos metodologías rivales pueden ser evaluadas con ayuda de la
historia (interpretada normativamente); c) cualquier reconstrucción
racional de la historia debe ser complementada mediante una historia
externa (socio-sicológica)”. Tal aseveración de Lakatos permite
encontrar una diferencia con respecto a la objetividad en el estudio de
la ciencia; mientras para Popper la objetividad la impone el estudio
lógico de la investigación, desde el análisis de las estructuras de las
teorías y su validación; para Lakatos el estudio del conocimiento
objetivo exige un análisis desde la filosofía de la ciencia y desde la
historia de la ciencia.
Bajo la anterior concepción, Popper considera objetivo los lineamientos
desarrollados bajo los criterios lógicos, que supeditan las demás
consideraciones sobre la ciencia que se hacen desde estudios diferentes
a los de la lógica de la investigación científica; a lo que el profesor
Beltrán contrapone la afirmación de Koyré “la historia del pensamiento
científico no es enteramente lógica. Por eso, para comprender su
evolución hay que tener en cuenta factores extra-lógicos”[11]
La dicotomía puede superarse delimitando las disciplinas y reconociendo
en ellas de forma individual su autonomía, su independencia y
objetividad; formulando que tienen igual objeto material de estudio “la
ciencia”, pero cada una tiene un objeto formal de estudio muy particular
(filosofía de la ciencia, historia de la ciencia, sociología de la
ciencia, sicología de la ciencia); lo que permite además potenciar el
enriquecimiento teórico-práctico desde el diálogo igualitario y no
pretendidamente jerárquico entre las mismas; de donde se puede concluir
que no existe un mayor grado de objetividad en una de estas disciplinas
de forma per se y a priori, sino que cada una tiene su campo de acción
específico y la objetividad se determina a partir del estudio crítico de
las mismas.
El trabajo conjunto entre filosofía de la ciencia e historia de la
ciencia no disminuye la objetividad a ninguna de las dos disciplinas,
por el contrario las puede fortalecer, como se expone en (Kuhn, 1995, p.
19) “la historia de la ciencia puede contribuir a salvar la brecha que
hay entre los filósofos de la ciencia y la propia ciencia, y puede ser
para ellos una fuente de problemas y datos”.
El profesor Beltrán expone que las consecuencias de la discusión en la
que participa o inicia Popper frente a la distinción entre la “lógica de
la justificación” y la “lógica del descubrimiento” o “contexto del
descubrimiento” ha llevado a Popper a defender argumentos que lo
ubicarían en una actitud no crítica, contraría al modelo pro el
expuesto, en los comentarios siguientes del profesor Beltrán se
evidencia tal crítica donde analiza la reacción de Popper frente a la
propuesta kuhniana, que pone en tela de juicio la objetividad popperiana
(Kuhn, 1995, p. 33-37) “la reacción de Popper no fue una muestra de su
racionalismo crítico que había postulado, o quizá si lo fue. El hecho es
que haciendo extensibles las consecuencias que la inconmensurabilidad
tenía en su lógica a las dimensiones históricas y sicológicas, la
rechazaba como un “dogma peligroso” e insistió desde entonces, sin más,
en la afirmación de la racionalidad y el progreso según sus criterios.
Al aceptar la existencia de la “ciencia normal” era para decir que “el
científico normal” tal como Kuhn lo describe, es una persona que habría
que compadecer. Parece que si el análisis lógico de los productos
científicos o la metodología popperiana consiste en esforzarse por
elaborar unas reglas metodológicas que nadie usa, para una ciencia que
nadie hace, podemos preguntarnos qué sentido tiene todo esto.” Cita
Beltrán las posturas de Sneed, Stegmüeller y Moulines entre otros,
quienes encontraron sumamente importante la obra de Kuhn y sobre Popper
afirman “la versión de Popper o sus antecesores es, efectivamente
insostenible porque con su “imitación dela manera de proceder
matemático” utiliza un concepto de teoría inadecuado”
Feyerabend ha sido uno de los grandes críticos de Popper, al respecto se
presentaran unas de las críticas más significativas que él presentó al
racionalismo crítico en el texto “Diálogos sobre el método”, donde con
respecto a Popper dice que “no es un filósofo, es un maestro de escuela”
sobre la crítica de Popper a Freud y la admiración que siente por
Einstein, expone el siguiente comentario: “no ha existido nunca el
monstruo del “psicoanálisis” tal como es descrito por Popper. Cuando
Freud salió a la luz pública estaba solo. Tenía ciertas ideas que fue
desarrollando, contrastando y modificando. La teoría de Freud y Breuer
constituye la primera etapa de este desarrollo. Según esta teoría, la
histeria se debe a eventos traumatizantes y puede curarse ayudando al
paciente a recordar y revocar dichos eventos. La teoría no sobrevivió.
Se descubrió que no siempre es suficiente el recuerdo del evento y se
descubrió además que las supuestas curaciones sólo sustituyen unos
síntomas por otros. En consecuencia, Freud volvió a modificar su teoría.
Luego, sus discípulos y colaboradores empezaron a criticarle. Se
consiguió así la sicología individual y la sicología de Jung. La
teoría de la relatividad nunca condujo a semejante proliferación de
puntos de vista ni a semejante plétora de críticas. Muy al contrario,
cuando la teoría especial de la relatividad tropezó con su primera
dificultad, Einstein no se impresionó por ello. Subrayó que la teoría
era simple, que tenía sentido para él, y que no estaba dispuesto a
abandonarla. Posteriormente ridiculizó a quienes se impresionaban por la
“verificación producida por pequeños efectos” como solía llamar, de
forma un tanto irónica, a los procedimientos de contrastación. Así que
ya ve usted, la explicación que aduce Popper de la situación histórica
no profundiza mucho y es incorrecta incluso en la superficie...”, “...
lo que usted llama la “Teoría de Popper” constituye una contribución a
la teoría de la confirmación y no tiene nada que ver con la ciencia”.
Continúa diciendo de Popper que “los enunciados contrastantes son
enunciados que supone han de obtenerse por medio de experimentos o de la
observación. Después de todo, Popper es un empirista e insiste hasta la
saciedad en ello... pues su Lógica de la investigación científica, nos
encontramos con enunciados generales y enunciados singulares. Pero ahora
no nos interesa esta deficiencia. Se trata de una deficiencia
susceptible de enmienda. Vamos a suponer en consecuencia, que el modelo
de Popper constituye una re-construcción correcta de una parte de la
ciencia; ello deja intacta la cuestión de si dicho modelo funciona en
este mundo... el problema es el siguiente. Si usted hace una
generalización y no encuentra evidencia alguna que la amenace, entonces
puede usarla en alguna tarea constructiva. Puede contrastarla, en el
decurso de la contrastación encontrará hechos nuevos y así aumentará
gradualmente tanto su conocimiento factual como su comprensión del
mundo. Si después de 50 años se ve forzado a abandonar su teoría debido
a la evidencia en contra, no se habrá producido ningún perjuicio, pues
la teoría, aunque falsa, le ha ayudado a hacer avanzar la ciencia... en
nuestro mundo, las reglas de Popper son instrumentos inadecuados para
seleccionar teorías de modo racional”.
Con respecto a al objeto de la ciencia Popper desarrolla un capitulo
(Popper, 1994, p. 181-192), de donde se sustentan las siguientes
afirmaciones:
1. Los científicos tienen diferentes metas (pero por
ello la ciencia no pierde objetividad), la ciencia carece de metas.
2. La ciencia consiste en dar explicaciones
satisfactorias de todo aquello que nos parece precisar una explicación.
3. Se deben rechazar como insatisfactorias las
explicaciones de tipo circular, por lo que se pide una explicans
(explanans) que sea contrastable independientemente.
4. Con respecto a las regularidades dice “las leyes
de la naturaleza las pensamos, más bien, como descripciones
(conjeturales) de las propiedades estructurales de la naturaleza –o de
nuestro propio mundo-
5. Concluye sobre el objeto de la ciencia “la razón es
que, una vez que se ha dicho que el objeto de la ciencia es explicar y
que la explicación más satisfactoria será aquella contrastable y
contrastada de hecho de un modo más rigurosa, sabemos todo lo que
necesitamos saber como metodólogos.
En Popper se pueden estudiar tres aspectos fundamentales: el principio
de demarcación, el rechazo a la inducción-modelo alternativo de la
deducción y el falsacionismo; los tres elementos están relacionados con
la objetividad de forma directa, a continuación se presenta cada uno de
estos tópicos y su interacción con la objetividad.
1. El problema de la inducción
La vida cotidiana ha llevado al hombre a que por “hábito o costumbre” se
anticipe a hechos, o intente interpretar sucesos pasados a partir de las
enseñanzas de las experiencias pasadas, en múltiples ocasiones las
predicciones resultan acertadas, pero ello no da certeza a la validez
universal del método; el profesor (García, 2001, p. 13) expone sobre
éste aspecto “creemos en estas leyes porque han actuado durante miles de
millones de años hasta el presente (o así nos parece), pero, como lo
insinúa Bertrand Russell un número cualquiera de casos en que se haya
cumplido una ley en el pasado “no proporciona evidencia de que se
realizará en el futuro”, la asociación de eventos pasados-futuro nos
persuade de que en el porvenir ocurrirán las cosas tal como ocurrieron
antes, o cuando menos de manera muy parecida”
La inducción conforme a lo expuesto por Popper tampoco es un punto que
permita la distinción entre ciencia y no-ciencia, una vez que la
verificación por inducción es una verificación limitada a los hechos
observados y no puede pretenderse la universalización de las
regularidades observadas con sentido universalista; en tal sentido la
inducción no es el método que permite la distinción entre la ciencia y
la metafísica; (Popper, 1994, p. 309) “La razón de ello es que el
concepto positivista de “significado” o “sentido” (o de verificabilidad,
o de confirmabilidad inductiva, etc.) es inadecuado para permitir esta
demarcación, simplemente porque no es necesario que la metafísica
carezca de sentido para que no pueda ser ciencia”.
En “La lógica de la investigación científica” (Popper, 1982a, p. 29)
resalta los problemas de la inducción e invalida el intento de solución
que ofreció Kant para superar el obstáculo advertido por Hume “el
principio de inducción tiene que ser un enunciado universal. Así pues,
si intentamos afirmar que sabemos por experiencia que es verdadero,
reaparecen de nuevo justamente los mismos problemas que motivaron su
introducción: para justificar éstas hemos de suponer un principio de
inducción de orden superior, y así sucesivamente. Por tanto, cae por su
base el intento de fundamentar el principio de inducción en la
experiencia que lleva inevitablemente, aun regresión infinita... Kant
trató de escapar a esta dificultad admitiendo que el principio de
inducción (que el llamaba “principio de causación universal”) era
“valido a priori”. pero a mi entender, no tuvo éxito en su ingeniosa
tentativa de dar una justificación a priori de los enunciados
sintéticos”
Entre las objeciones más comunes al principio de inducción pueden
encontrarse las siguientes, (García, 2001, p. 14):
a. La inferencia inductiva, no importa cuan grande sea el número de
casos particulares observados, no es concluyente.
b. El principio de inducción no puede ser una verdad puramente lógica
(como una tautología o un enunciado analítico)
c. El principio de inducción tiene que ser un enunciado sintético, pero
si se aceptase esta restricción, caeríamos en incoherencias lógicas y
finalmente nos veríamos llevados a una regresión al infinito.
d. La interpretación de la inducción en términos de probabilidad no
resuelve el problema. Conduce a un regresus a la doctrina del apriorismo
e. Aún sin la inducción es posible resolver el problema de si el futuro
será semejante al pasado
f. “Es verosímil que el futuro no sea muy diferente del pasado”, es una
regla muy vaga y poco interesante, además presupone una teoría del
tiempo en la que éste se define como un transcurrir homogéneo.
g. Las proposiciones universales, mediante las cuales se expresan las
leyes de la ciencia, no son empíricamente verificables.
Popper no acepta la inducción como criterio de definición de la ciencia y (Mardones, 1991, p. 92) se relaciona un fragmento del texto de Popper “La miseria del historicismo”, donde se hace la siguiente crítica a la inducción “... precisamente porque nuestra finalidad, se dice, es establecer la verdad de una teoría, debemos experimentarlas lo más severamente que podamos; esto es, debemos encontrar sus fallos, debemos intentar refutarlas. Solo si no podemos refutarlas a pesar de nuestros esfuerzos, podemos decir que han superado bien severos experimentos. Esta es la razón por la cual el descubrimiento de los casos que confirman una teoría significa muy poco si no hemos intentado encontrar refutaciones y fracasado en el intento. Porque si no mantenemos una actitud crítica, siempre encontraremos lo que buscamos: buscaremos y encontraremos confirmaciones y apartaremos la vista de cualquier cosa que pudiese ser peligrosa para nuestras teorías favoritas y conseguiremos no verla”. El comportamiento de validación por verificación a través de la inducción se configura entonces como un mecanismo que permite confirmar las teorías, pero no desarrolla un marco crítico que permita encontrar los errores de las mismas.
En el proceso epistemológico de crítica a la inducción, hay que diferenciar dos elementos en el conocimiento, el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación; el segundo exige el máximo de objetividad, coherencia, lógica y rigurosidad; el primero responde a todos los factores extrínsecos e intrínsecos que confluyen en el surgimiento de una teoría. Así bajo una orientación positivista extrema el desarrollo del conocimiento científico se da en tres etapas: dos de ellas no científicas y una científica, las cuales se denominan: Contexto genético (no científico), contexto de validación (científico) y contexto pragmático (no científico).2. Criterio de Demarcación
El problema de la demarcación ha preocupado a filósofos desde la época de Bacon, y desde tal época se ha creído que el método experimental inductivo es el método de la ciencia y que la distingue de la metafísica; entendiendo que la objetividad es utilizar el método de la ciencia para descubrir sus verdades, Popper nunca aceptó tal concepción, y por el contrario propuso la refutabilidad como criterio de demarcación, (Popper, 1994, p. 312) “un sistema sólo debe ser considerado científico si hace afirmaciones que puedan entrar en conflicto con las observaciones y la manera de testar un sistema es, en efecto, tratando de crear tales conflictos, es decir, tratando de refutarlo. Así, la testabilidad es lo mismo que la refutabilidad y puede ser tomada igualmente, por lo tanto, como criterio de demarcación”.Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
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