Evolución de la industria nacional argentina. Tercera Parte

Autor: Lic. Pablo Peyrú, Lic. Roberto Verna Etcheber

Comercio internacional

02-2004

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7. 1976....ÉPOCA DE GRANDES CAMBIOS

En la década del setenta se registraron cambios bruscos de orientación en el mercado mundial, pero tuvieron enorme repercusión en la Argentina; sus efectos continuaron a lo largo del tiempo hasta modificar el rumbo nacional y la posibilidad misma de la industrialización.

El primero de ellos fue el shock petrolero de 1973, que fue la suba de precios de todas las materias primas que favoreció a los bienes pampeanos. Ese aumento logró que las exportaciones argentinas treparan en montos inesperados en 1974. Por primera vez en varias décadas, el país registraba un saldo positivo en la balanza comercial.  

Otro fenómeno decisivo en el ámbito mundial que impacto en la Argentina, fue la expansión de un nuevo mercado financiero poco regulado, con excedente de liquidez y dispuesto a prestar dinero sobrante.  

El tercer fenómeno decisivo fue el avance de la ideología monetarista, que logró sentar sus reales en el cono sur para efectuar sus ensayos de política económica. El rumbo adoptado por Chile después del golpe militar de 1973 fue seguido por el equipo económico argentino e imitado en Uruguay un par de años después. Los monetaristas ignoraron la producción, para ellos formaba parte de una rama secundaria de la economía (curiosamente denominada el “Sector real”). La Argentina comenzó a sufrir las consecuencias de ese enfoque adoptado durante el gobierno militar, su aplicación quebró el sistema productivo y modificó de raíz la vida económica y social.  

La importación comenzó tímidamente en 1977, creció en 1978 y se convirtió en torrente en 1979-80, a medida que el gobierno fomentaba ese ingreso. El saldo del comercio exterior volvió a ser negativo.  

7.1. Navegando contra la corriente

La industria entró en la crisis de 1975-76 en las mejores condiciones de su historia. Venía de varías décadas de crecimiento continuo, signado por algunas crisis coyunturales, y estaba en un proceso de expansión que la había llevado, hacia 1974, al uso de toda su capacidad instalada, mientras se lanzaban los nuevos proyectos de expansión de las ramas básicas.

El ciclo de políticas sucesivas que se contrarrestaban mutuamente no se repitió. El péndulo se detuvo en un extremo; la persistencia de las elevadas tasas de interés sufridas desde 1975 y la apertura indiscriminada a las importaciones fueron cambiando la economía Argentina. Esos factores, junto con los cambios en la demanda local, sorprendieron a la industria y, lentamente, cobraron su precio.

Algunas firmas endeudadas, las más audaces, optaron por la venta de activos fijos para pagar sus compromisos, reducir costos y contraer estructuras; se achicaron pero lograron sobrevivir. Otras quedaron a la espera de una refinanciación “blanda” que nuca llegó. Sobrevivir en la coyuntura resultaba más imperioso que la perspectiva de crecer. Fue así que, muchas empresas se despojaron de sus ingenieros y especialistas no ligados a la producción, abandonando toda visión del futuro y deteriorando cualquier capacidad de implementar un cambio.

No todas las empresas fueron afectadas por el funcionamiento perverso del nuevo mercado financiero. Algunas se vieron beneficiaron, sea porque disponían de un cash flow positivo o porque podían tomar créditos a bajo interés en el exterior para re-prestarlo a tasas elevadas en el mercado local.

Estas empresas se transformaron en agentes financieros que tenían una fabrica. La fabrica era un activo valioso en ese juego pues servia como garantía para tomar nuevos créditos.

Las empresas se compraban o vendían en función de su capacidad para ese juego antes que para producir. Las compras y ventas sucesivas de plantas obsoletas con ese fin se aprecian claramente desde 1978 en adelante.

Un gran número de empresas clásicas desapareció en ese remolino. El mercado bursátil, donde se podía comprar el paquete de control de algunas empresas a muy bajo precio, fue un ámbito privilegiado de esas maniobras. Lo mismo ocurrió con muchas otras; con el tiempo se convirtieron en depósitos, supermercados, shoppings, esperando caer sobre la piqueta para dejar espacio libre a nuevas actividades.

El atraso cambiario sorprendió a la industria en un momento en que se mantenía el impulso inercial hacia la actividad exportadora.

La caída de las exportaciones fabriles quedó disimulada en las estadísticas globales debido al ingreso de la oferta de las plantas promocionadas en el período anterior. Estas nuevas plantas entraban en producción en un mercado local contraído y debían salir al exterior para sostener su actividad. Esas plantas contaban con la dimensión y la eficiencia técnica necesarias para salir al mercado mundial, y lo hicieron rápidamente. Su éxito es una consecuencia de la promoción anterior y no de la apertura. La corriente de ventas de productos petroquímicos, aluminio y siderurgia generada en las plantas que se inauguraban, contrarrestó la decadencia de otras exportaciones fabriles. El predominio de bienes modernos con relativa complejidad técnica de la etapa anterior, dejo paso a las ventas de bienes manufacturados más simples.

El atraso cambiario posibilito el ingreso de bienes competitivos de la industria local, que fue alentado por sucesivas medidas oficiales. El equipo económico tendió a favorecer por medios diversos esas importaciones que, afirmaba, servían para controlar el precio de la oferta local y obligarían a ésta a mejorar la calidad de su producto. En breve plazo, algunas empresas se hicieron importadoras. Recorriendo en sentido inverso la evolución seguida en la época del treinta. Otras subsistieron mediante acuerdos con empresas externas, que las convirtieron en simple armadoras de las piezas que les enviaban, dejando de lado su actividad productiva y tecnológica. Solo pocas mantuvieron sus plantas a la espera de un cambio de política.

7.2. La política oficial

El equipo que reasumió el poder en 1976 dejo seguir los proyectos fabriles promocionales del período anterior, recién después que terminaron los trámites formales de los casos más grandes, comenzó a restringir, o eliminar, los beneficios de la promoción para los proyectos industriales.

Este gobierno firmó generosos subsidios para quienes se radicaran en algunas zonas del interior del país, que en los primeros años no tuvieron mayor efecto debido a la inexistencia de incentivos derivados de la situación económica del país. A partir de 1983 generaron un problema mayor, muy pronto comenzaron las empresas a trasladarse a esos lugares para captar dichos beneficios, dicho avance provoco el cierre de la empresas ya existentes en las zonas consideradas por el gobierno “peligrosas” por la concentración de mano de obra (Buenos Aires, Córdoba y Rosario).

Los análisis mostraron que el costo de divisas de importar las partes era mayor que si importaran el producto terminado. Los gobiernos siguientes encontraron problemas para resolverlo debido al costo social que involucra un cambio de reglas.

La política industrial, como se ve, tuvo importantes consecuencias en la evolución del sector fabril, pero el fenómeno mas impactante fue el derivado de la nueva estrategia financiera y, sobretodo, el endeudamiento que ella genero en poco tiempo.

La deuda es entonces, la cuestión principal de la política económica Argentina y la causa central de una crisis que todavía no se ha resuelto pese a las afirmaciones optimistas de algunos voceros apresurados.

En 1981 se estaba, quizás, todavía a tiempo de revertir la situación industrial, pero no fue así, la restricción perentoria impuesta por la deuda externa impidió esa reacción.

7.3. El caso simbólico: SIAM

El caso representativo de esta crisis es el protagonizado por SIAM, la empresa metal mecánica que había pasado a control estatal a comienzos de la década del setenta. SIAM era un gran complejo formadas por tres plantas ubicadas en el conurbanos, en el que fabricaba equipos electromecánicos, caños con costura y sus clásicos electrodomésticos para el hogar, que ocupaban a 10.000 trabajadores y disponían de mayor eficiencia que en la década del sesenta. Era una empresa clave por su origen y sus características aunque, debido a la crisis, se había desprendido de sus filiales en el exterior ( Brasil, Chile y Uruguay). Guido Di Tella, hijo del fundador decía en 1977, poco antes de perder el control de la firma, que “ los países necesitan símbolos para representar sus metas o sus destinos, y yo creo que SIAM es un poco eso para la Argentina, como ( en otros países lo son ) Ford, Fiat o Peugeot”. La evolución de SIAM, por eso, es un símbolo del camino seguido por la industria Argentina. (27)

En pocos años el grupo SIAM se convertía en una sombra de si mismo. En 1978 quedaban sólo 4.800 trabajadores de los 10.000 anteriores y la actividad se contraía sin cesar. El gobierno había decidido privatizarla, tarea que se llevo a cabo en un proceso demasiado sinuoso para ser efectivo. La primera oferta de venta con una base de 96 millones de dólares, realizada en 1979, no tuvo eco porque no se dio a conocer el pasivo de la misma que debía afrontar el comprador. El año siguiente se fue en aprestos. El 23 de marzo de 1981, un día antes de entregar el cargo, el presidente de la nación firmó el decreto 427, que establecía la liquidación de la sociedad y el cese del interventor que había luchado por su subsistencia. El gobierno prefería cerrarla antes que permitir que funcionara. La medida era un espejo de la guerra sucia dirigida contra la empresa.

La liquidación no se llevo a cabo pero el decreto provoco la inmovilidad comercial de SIAM, que no podía operar en esas condiciones. La intención de privatizarla continuó en 1981, pero solo se llego a la propuesta de dividirla en sus 3 plantas para venderlas por separado.

En 1985, las tres plantas se vendieron a empresas que operaban en las respectivas áreas de negocios: la de electrodomésticos pasó a Aurora; la de equipos, a Sade ( del grupo de Pérez Companc), mientras que la planta de SIAT sufrió algunos avatares. Se vendió cuando estaba por decidirse la obra del gasoducto Loma De Lata-Buenos Aires, que podía asegurar su actividad. El gobierno optó por el grupo Bridas. Apenas 5 meses después, Bridas vendió el control a Techint, dueño de Siderca.

Mas tarde SIAT cambio de nombre de modo que la marca SIAM quedó apenas para el uso de una línea de heladeras domésticas (hechas por Aurora).

La orgullosa empresa que pretendió ser un símbolo del destino industrial de la Argentina desapareció.

7.4. El condicionamiento de los empleados

La política económica modificó el comportamiento de los empresarios locales. Su aplicación les demostraba, en el duro lenguaje de los hechos que la producción era penalizada. La política económica forjaba una disciplina perversa dado que consolidaba un mercado en el que predominaba el criterio especulativo y las facilidades para exportar.

La política económica ofrecía, como siempre, estímulos y castigos. Quienes se adaptaban a la misma, asumiendo las reglas del mercado financiero y la apuesta importada, se beneficiaban claramente; quienes ensayaban resistir perdían, a menos que se mantuvieran en nichos protegidos del mercado o que gozaran de alguna forma de favor oficial.

Poco a poco, la industria como grupo generó ahorros que se desplazaban hacia otros sectores de la economía, o bien hacia el exterior, como fuga de capital. Los estudios disponibles estiman que, desde fines de la década del setenta, la inversión neta fabril (entendida como la diferencia entre la inversión bruta y la depreciación de los equipos instalados) resulto negativa. (28)

La política económica comenzó a ofrecer, además, opciones alternativas en negocios en torno del aparato del Estado a través de la llamada “privatización periférica”. Debido a la las resistencias políticas y sociales a una privatización masiva de las empresas públicas, se comenzaron a desmembrar actividades con el objeto de otorgarlas al sector privado en condiciones tales que aseguraban una elevada tasa de ganancia.

La casi totalidad de esas transferencias de negocios creaba mercados en los que no había transparencia ni operaba la lógica competitiva. En cada caso había compradores únicos, o vendedores únicos, y contratos a largo plazo que aseguraban ingresos con mínimo riesgos a sus tomadores.

Un estudio realizado en 1981 mostró que siete actividades promovidas por el Estado habían atraído el interés de no menos de siete grupos económicos que se diversificaban en ellas. Esa experiencia señalo el camino para que esas áreas formaran el corazón de las privatizaciones decididas una década más tarde: petróleo, gas, teléfono, construcción pública, finanzas, minería y actividad nuclear (29). La rentabilidad de esas operaciones desplazó el interés de los empresarios, que se volcaron hacia ellas. Encontraban así una nueva vocación; en lugar de la industria, cada vez más riesgosa y exigente en términos de tecnología y organización, operarían servicios protegidos y amparados por un Estado que, contra lo que demostraban los hechos, decía que buscaba instaurar la competencia.

El estudio mencionado concluyo que se estaba forjando un nuevo tipo de empresa, cuyos mayores trazos eran claros: grandes, de capital local, actuando como conglomerados diversificados y operando en mercados no competitivos que creaba la iniciativa oficial.

Una década más tarde ese proceso alcanzaría su punto culminante con los cambios estructurales y la política de privatizaciones que reorganizó la economía Argentina y término de definir la estructura industrial del país en los umbrales del siglo XXI.

7.5. El cambio social

Los trabajadores fabriles fueron sometidos a una doble represión: la física la generada por el cierre de establecimientos y la eliminación de empleos. La primera destruía a los lideres y activistas y provocaba el miedo entre los restantes. La segunda les quitaba sus fuentes de ingreso y los alejaba de su grupo de referencia. El largo periodo de expansión del número y mejora de la calidad técnica de los trabajadores llegó a su fin, con efectos que se extendieron a lo largo del tiempo.

En una primera etapa, la represión afecto a la capacidad de acción de los sindicatos. El despido y la persecución de los activistas contrajo el poder del aparato de protesta pero no redujo de igual modo la actividad y la fuerza de los trabajadores.

La demanda de mano de obra especializada seguía siendo superior a la oferta. Con el paso del tiempo esa demanda se achico; el cierre de fábricas y la reducción de personal disperso a los trabajadores y destruyo en gran medida su fuerza social.

Los mas afectados fueron los sectores donde se requerían mayor calificación, como la rama mecánica y la electrónica. Renault redujo su nomina de 12.000 trabajadores en 1975 a 6.000 en 1980; otras plantas de Córdoba, y las empresas automotrices en general, aplicaron recortes semejantes. El cierre de las demás dejo en la calle a miles de obreros calificados.

Gran parte de los cesantes encontró solución en el trabajo por cuenta propia: el manejo de autos de alquiler o la atención de pequeños comercios.

Los fenómenos negativos eran incipientes y solo adelantaban el proceso que siguió y se fortaleció en la década del 90, pero todos ya se manifiestan en ese periodo: eliminación de todo estimulo a la industria igual que a todo sistema tecnológico; reducción numérica y deterioro social de los grupos interesados o ligados a ella, desde obreros hasta técnicos y empresarios; fortalecimiento del modelo primario rentístico y de las actividades de orden especulativo y financiero, desplazamiento del discurso dominante desde el énfasis de la producción hacia el elogio del consumo; apertura importadora sin esfuerzos en la dirección contraria. Lo opuesto de todo de lo que se lleva acabo en los países que realmente se desarrollan y tienden a ocupar un espacio en el mercado mundial.  

8. 1990: ATRAVESANDO TIEMPOS DIFÌCILES (30)

La crisis de la deuda iniciada en la Argentina en 1981 marcó el comienzo de un largo período de ajuste signado por la deuda externa y la inflación.

La inestabilidad política se veía sumamente agravada por dicha crisis económica, cada coyuntura creaba un efecto multiplicador y disolvente del desequilibrio financiero. La repetición de estas reacciones “disciplinaron” a los sucesivos gobiernos, quienes se manejaban dentro de una nueva era de inestabilidad, llamada la era de los “golpes de mercado”.

La crisis oriento a los responsables del gobierno a adoptar soluciones de corto plazo limitadas a la atención del sistema financiero y de crédito quedando el sector industrial y productivo subordinado a esas prioridades.

Desde junio de 1975 hasta marzo de 1981 la inflación se mantuvo en el orden del 300% de promedio anual, haciendo que el ahorro se volviera líquido para evitar los efectos de la inflación o para beneficiarse de sus oportunidades potenciales.

Como consecuencia de ello, la inversión fija mostró una continua e intensa tendencia descendente y la capacidad fabril se mantuvo estancada cuando no en abierta caída, buscando adaptar su estructura y características al nuevo contexto económico.

La inflación se contuvo en 1991 para dar lugar a la estabilidad, su implementación creó exigencias que resultaron tanto o más crueles que las sentidas durante la crisis inflacionaria, sin poder solucionar los problemas de la década del ochenta, que se presentaron nuevamente, sólo que en distintas formas.

8.1. Los ciclos del desconcierto

En la década del ochenta la actividad industrial se vio sometida a ciclos breves pero intensos que se agravaban a medida que se repetían. Su producto cayó en 1981/82, se recuperó algo en 1983/84 para volver a caer a comienzos de 1985. El Plan Austral volvió a darle impulso hasta1987 pero enfrentó una nueva caída en 1988 y un derrumbe en 1989/90, antes de una nueva recuperación.

La falta de incentivos de un mercado que no crece, y para peor oscila intensamente, fue un factor de desestímulo de los productores, cuya onda negativa se extendía a sus proveedores de partes e insumos, La misma preocupación se repitió en diversas ramas de fabricantes de bienes durables y aún en las de consumo.

A lo largo de la década del ochenta, diversas empresas comenzaron a ofrecer parte de su producción en los mercados externos con la esperanza de disponer de una base que amortiguara los efectos negativos de esa variación, contando con promociones y subsidios de diverso tipo. El primer acuerdo de integración con Brasil firmado en 1986, así como otros convenios regionales que se consolidaron mas tarde en el MERCOSUR, ofrecieron un estímulo adicional a dichas exportaciones. Esos intentos volvieron a modificarse abruptamente hacia 1990, debido al nuevo valor del tipo de cambio que se implantó desde entonces y agregó otro factor de desestímulo empresario. Las condiciones negativas del contexto resultaban tan fuertes que frenaban cualquier intento de inversión a largo plazo.

Los ensayos de promoción se repitieron con el mismo fervor pero el mismo fracaso, entre 1984 y 1988, para caer vencidos ante el torbellino inflacionario de 1989 y el brusco cambio de tendencia ocurrido entonces. A partir del cambio de gobierno se lanzó un intento sistemático de desarme de todo el sistema de promoción fabril montado desde la década del 30.

8.2. El desmantelamiento del sistema

Las rebajas de aranceles destrozaron implacablemente el antiguo sistema proteccionista. Las tarifas bajas se combinaron con el nuevo valor del tipo de cambio para dar lugar a una avalancha de bienes importados que afectó las posiciones de una amplia fracción del espectro fabril. El gobierno suspendió los planes de promoción industrial y redujo beneficios ya concedidos, aparte de recortar sus plazos de vigencia. Por otra parte, eliminó el Banco Nacional de Desarrollo. Sus recortes presupuestarios afectaron al INTI, así como a buena parte del complejo oficial de ciencia y técnica. La suspensión definitiva de otros esfuerzos de desarrollo fabril de tecnología avanzada, como los ensayos con misiles que llevaba a cabo la aeronáutica, fueron acompañados por la suspensión de las actividades de la fábrica militar de aviones.

Este cambio profundo de orientación de la política hacia la industria no impidió que se tomaran algunas medidas que continúan la trayectoria del pasado. Las más conocidas protegieron a un sector especial (el automotor) y algunas empresas grandes, cuya importancia económica y presencia política resultaron adecuadas para defender sus posiciones.

8.3. Las respuestas fabriles

La industria se dividió, objetivamente, en sectores con evoluciones distintas y hasta abiertamente contradictorias. Las empresas automotrices mostraron el mayor dinamismo del conjunto a partir de 1991, medido por sus ventas y sus exportaciones, que llegó a “arrastrar” hacia arriba las cifras del producto fabril.

Las empresas aceiteras también expandieron sus operaciones impulsadas por la mayor oferta de oleaginosas, y fueron acompañadas por otras ramas específicas del sector alimentario, como la elaboración de cerveza y de leche, la cual se incrementó con fuerza semejante y fue apoyada por la demanda de Brasil posterior al Plan de Estabilidad, que puede absorber los excedentes creados por ese aumento de oferta.

El reposicionamiento de la rama alimenticia, que ofrece posibilidades de avance en el MERCOSUR, atrajo el interés de las transnacionales, que tienden a liderar el proceso frente a la retirada de muchos empresarios locales.
La electrónica se redujo a un mínimo, la producción de máquinas herramientas, los astilleros y la fabricación de equipos ferroviarios lo hicieron también.

La mayoría de los exportadores de aquellos rubros fabriles que lideraban el proceso en los sesenta y setenta tendieron a ser desplazados; en su lugar surgieron las empresas promocionadas entonces, las cuales no pueden dejar de producir y por eso exportan el excedente, pero tampoco pueden superar su nivel productivo sin nuevas inversiones; en la situación actual, sus exportaciones encuentran un mínimo y un máximo que depende de la evolución de la demanda local.

El precio de los bienes que ofrecen (commodities) se fijan en los mercados mundiales y tienden a ser mucho más bajos que los que obtienen los bienes más sofisticados y están sometidas a intensas oscilaciones coyunturales.

El desplazamiento de los antiguos productos fabriles por estas commodities explica porqué el precio unitario de las exportaciones fabriles locales cayera a menos de la mitad entre 1978 y 1988. Los posibles resultados positivos de ese esfuerzo exportador, medido en volúmenes, se neutraliza en buena medida por el bajo valor cobrado por los mismos. (31)  

• Evolución de las exportaciones totales del país, años 1984 a 2001, serie estacionalmente ajustada:  

• Evolución de las exportaciones de manufacturas de origen industrial, años 1984 a 2001:

• Evolución de las importaciones totales del país, años 1991 a 2001, serie estacionalmente ajustada:

 (*) Datos provisorios

El grueso de las importaciones argentinas en el año 2001 se concentra en los rubros Materias Primas y Bienes Intermedios (7340M U$S), seguido por Bienes de Capital (4188M U$S), bienes de consumo (3995M U$S) y Piezas y Accesorios para Bienes de Capital (3402M U$S).

8.4. Los cambios en el contexto

Los cambios en el panorama global pueden observarse en el camino seguido por algunas ramas respecto de las expectativas previas. Esos desvíos permiten esbozar un balance de los cambios de frente ocurridos en estos años.

Un caso característico lo ofrece la siderurgia, los planes de comienzo de la década del 70 suponían que esa industria “madre de industrias” seguiría creciendo para atender al mercado interno a un monto variable entre 11 y 18 millones de toneladas de acero para 1985. La realidad fue otra. La demanda de mediados de la década del 80 se mantuvo por debajo de la mitad del mínimo esperado por hipótesis; la oferta local tuvo que terminar buscando salidas en el exterior para sus excedentes.

El cambio en la estructura de la industria refleja en parte el reemplazo de la oferta local por las importaciones. El estancamiento de la siderurgia debería mantenerse en el futuro, pues la creación del MERCOSUR favorece objetivamente a la oferta brasileña (que dispone de yacimientos de hierro y adecuadas economías de escala) y reduce incentivos al desarrollo local.

Los mismos cambios se aprecian en la petroquímica, las ambiciosas ideas del crecimiento sectorial basado en la provisión a bajo costo de insumos del que el país dispone (petróleo y gas) terminaron abruptamente cuando se decidió llevar esos productos al precio internacional como parte de la apertura de la economía Argentina.

La industria del cemento es otra de las ramas de gran inversión de capital que sufrió el desfasaje entre sus perspectivas y la realidad. Hacia fines de la década del ochenta las tres empresas de esa rama que concentran más del 90% de la producción, encararon proyectos que duplicaron su capacidad instalada hasta llegar a más de diez millones de toneladas por año. Sin embargo, la rama no logró operar a mucho más de la mitad de su capacidad productiva debido a la situación del mercado y a su escasa posibilidad de exportar por el elevado costo del transporte de ese producto.

8.5. La estrategia defensiva

Todos los indicadores señalan que la industria tendió a sostener una estrategia defensiva basada en el mejor aprovechamiento de los equipos existentes, en la tendencia a la reducción de personal (cuyos costos en dólares se encarecieron a niveles insospechados en el período anterior) y en la decisión de realizar sólo las inversiones necesarias para subsistir. Esa estrategia recorta las posibilidades de crecimiento global pero protege a las firmas del riesgo derivado de los cambios en el contexto.

Cuando la capacidad instalada se colma y el mercado lo demanda, la firma debe asumir las inversiones mayores que provoquen el cambio estructural.

Hasta ahora, la industria local sigue la primera etapa de la evolución mencionada (de inversión defensiva), y la historia relatada sugiere que ella va a encarar una opción en un futuro previsible: el retiro definitivo de la empresa del mercado (como ya ocurrió otras veces) o su renovación (como se espera). Ningún elemento indica que la suerte está echada, pero la perspectiva no permite demasiado optimismo.

8.6. La inclinación hacia los servicios

La industria comenzó a ser vista como una proveedora de bienes de mala calidad, cuyos precios se mantenían elevados pese a los ingentes subsidios recibidos. El cambio de status de dicha actividad coincidió con la expansión acelerada de otras áreas, en especial de los servicios de todo tipo. La creación de oportunidades en ese sector, vía las privatizaciones de empresas existentes o concesiones decididas con ese propósito, generó un efecto de atracción hacia el capital y los empresarios. Los individuos con espíritu abierto encontraron en esas actividades la válvula de escape a sus inquietudes, que no encontraban en el ámbito industrial.

El atractivo de los servicios, incluyendo la importación de bienes, generó un desplazamiento del interés de los empresarios y del capital, que afectó a otras actividades en las condiciones locales que presentaban ambas variables. La rentabilidad de los servicios se ve fortalecida por su rápida rotación, que permite recuperar el capital, y los correspondientes beneficios, en plazos más breves que los típicos de las inversiones en nuevas implantaciones industriales. La evolución de los grandes grupos económicos hacia los servicios comenzó a mediados de la década del setenta, acorde con los cambios en la política económica nacional, y se fortaleció con la experiencia de los años siguientes. A comienzos de la década del ochenta se podía apreciar que varios de los grandes grupos locales estaban ubicados en las actividades de servicios periféricos a las empresas del Estado, como primer paso de sus avances posteriores hacia el control de las mismas para cuando se lanzara el cada vez más previsible, y demandado, programa de privatizaciones. Esas actividades ofrecen la ventaja de que no deben enfrentar la competencia, sea porque operan como monopolios naturales o por las características de sus mercados, factor que las diferencia netamente de las expectativas que ofrecen las áreas productivas.

Las fábricas ya no ocupaban el centro de atención de sus propietarios.

Parece una ironía que ése haya sido el diagnóstico del equipo económico de Martínez de Hoz, en el cierre de su gestión de cinco años, un informe oficial decía: la activa participación del Estado en la economía ha provocado distorsiones, como el progresivo aguamiento de la clase empresaria nacional, que ha tendido, en muchos casos, a desarrollar actividades complementarias o periféricas a la propia actividad estatal, con bajo riesgo y alto rendimiento. (32)

La experiencia de los grandes se repite entre los medianos y pequeños, que tienden a seguir la misma tendencia aunque la información disponible no permite precisar la dimensión de esos cambios.

El desplazamiento del empresariado nacional desde el sector fabril hacia otras actividades fue acompañado por la inversión extranjera que priorizó el sector de servicios local. Las mayores inversiones de ese carácter entraron en los servicios o actividades de renta como el petróleo. Los reducidos casos de ingreso de empresas transnacionales al ámbito industrial ocurrieron mediante compra de empresas locales, que reducen aún más las filas de empresarios argentinos. Esas transferencias de las acciones de control incluyeron a varias empresas grandes y líderes, y se concentraron en particular en la rama de alimentos, que ofrece perspectivas potenciales de expansión debido a las ventajas naturales del país y el atractivo del Mercosur. Ese renovado interés se explica también por la apertura política al ingreso de capitales externos en la rama tradicional de alimentos después de varias décadas de protección a los propietarios locales, iniciadas, de un modo u otro desde la propuesta de Pinedo en 1940.

Uno de los resultados fue que las tres mayores fábricas de galletitas, cuyos propietarios formaban parte de la elite industrial desde el siglo pasado o comienzos de éste, cambiaron de mano en un par de años.

Las facilidades para entrar en los nuevos negocios de servicios de elevada rentabilidad y el desplazamiento de algunos empresarios por el ingreso irrestricto (pero no masivo) del capital extranjero en nichos selectos, son elementos adicionales que operaron contra la decisión local de invertir en fábricas. El largo ciclo de ventajas de precio para la fabricación nacional y privilegios para sus propietarios llegó a su fin sin que la industria haya terminado de asentarse en la economía nacional.

8.7. La pérdida de capital humano

La contracción de la clase obrera industrial coincide con la expansión de la ocupación en las tareas de contenido más pobre, algunas de las cuales son humanamente degradantes. El avance de la pobreza y la desocupación contribuye a reducir el salario de los que trabajan; ese resultado, que puede resultar funcional para los empleadores en el corto plazo, reduce la posibilidad de educar a los hijos de los trabajadores actuales, que deberían ser el capital de la industria futura. La degradación social, que afecta al presente, extiende una amenaza sobre las posibilidades del futuro.

La expansión relativa de algunos rubros agrarios, la pesca y la extracción de petróleo no alcanzan a compensar la ausencia de la industria. Su aporte no es lo suficientemente dinámico para crear las riquezas que el país necesita, ni ofrece la capacidad para generar empleo suficiente. La escasez de producción limita las posibilidades de reparto, agravando la situación de los más pobres, la falta de dinamismo del sector productivo reduce las posibilidades reales de oferta de empleo. 

La crisis industrial comienza a orientar el panorama social y económico argentino en la dirección de otras naciones pobres de América Latina, a las que el país siempre se sintió cercano en términos de cultura y origen pero muy distante por su nivel de desarrollo y los ingresos de sus habitantes.
 
Evolución del volumen físico de la producción industrial
(Base índice 1993 = 100)  

• Estimador Mensual Industrial período 1994 - 2001

 

 

 

9. CONCLUSIONES

9.1. La situación actual de la industria

La industria sufrió en ésta última década un retroceso gravísimo. Sin embargo no se trata de un retroceso uniforme u homogéneo, hubo sectores que avanzaron, hubo cambios de gravitación de unas ramas sobre otras, cambios tecnológicos, notables cambios de propiedad en el aparato industrial a favor de las empresas extranjeras y hubo cambios de gran importancia en las relaciones laborales.

Es importante tener conciencia del desarrollo alcanzado por la industria Argentina décadas atrás, con todas sus limitaciones, para advertir la magnitud del retroceso sufrido.

“El PBI (Producto Bruto Interno Industrial) llegó a representar, o a superar, la tercera parte del nacional (lo que significa bastante más de la mitad de lo aportado por los sectores directamente productivos), ocupando una quinta parte, y más de la población económicamente activa” (33). A su vez “En 1990 el volumen de producción habría apenas recobrado los niveles de 1970, en tanto que descendían a las dos terceras partes los guarismos correspondientes al personal ocupado y a las horas trabajadas” (34). Según publicaciones oficiales “la producción manufacturera en 1990 es casi un 10 % inferior a la de 1970. 

La década del 80 fue una década perdida para la industria” (35).

Es decir que el proceso de desindustrialización se remonta mucho más atrás que esta última década. En 1970 los trabajadores industriales eran el 28 % del personal ocupado, en 1999 descendieron al 18 %, y entre 1973 y 1993 cerraron 15000 establecimientos industriales, o sea un 15 % del total. Por tanto es un elemento esencial a considerar cuando se juzgan los datos de su evolución en los 90, dado que el punto de referencia es uno de los escalones más bajos de los últimos años.

La Argentina fue hacia la década del 50 y 60 el país mas avanzado en cuanto a desarrollo industrial en América Latina, con una industria aeronáutica y espacial, con un dominio avanzado de la tecnología nuclear, una industria automotriz propia en la década del 50, una industria de armamentos muy importante y con anterioridad a todos los demás países de la región una industria electrónica avanzada.

De todos esos avances obtenidos por nuestro país en materia de desarrollo industrial, en la actualidad sólo queda el recuerdo.

En un sentido contrario, otro elemento que no resulta contenido en una mera comparación estadística, lo constituye la desintegración del aparato industrial, que en la actualidad se ve obligado a aprovisionarse de bienes intermedios de producción en el exterior, mientras anteriormente se fabricaban en nuestro país.

En cuanto a esta última década podemos identificar diferentes ciclos en la evolución de la industria

1) Un ciclo expansivo a partir del inicio de la Convertibilidad en 1991, fundamentalmente a partir del restablecimiento del crédito interno (el “efecto cuota”). La mayoría de los sectores industriales experimentan un crecimiento importante (insistimos que la base de 1990 era sumamente baja), siendo los más destacados, material de transporte (especialmente automotores), productos de plástico, celulosa y papel, productos de madera, muebles y colchones, productos de cuero y calzado, bebidas. Los únicos sectores que retroceden respecto de 1990 son textiles y metales y sus fundiciones. Este periodo se extiende hasta fines de 1994, en el cual la producción industrial global crece en un 34.6%. No obstante en ese periodo se profundiza notablemente la expulsión de trabajadores por la industria y el empleo Industrial disminuye un 13.5% (que venía descendiendo desde mediados de la década del 70). Mayor producción, menor ocupación, mayor explotación de los trabajadores.

2) Un ciclo de estancamiento y retroceso desde fines de 1994, como consecuencia del impacto de la llamada “crisis del tequila”. Este periodo se extiende hasta el II trimestre de 1996. Las ramas más castigadas durante ese lapso son: textiles, prendas de vestir, productos de vidrio, productos de madera, productos de plástico, automotor, y materiales de construcción. Se profundiza la caída del empleo industrial, que cae otro 8.5%. Los efectos sobre la producción industrial se atenúan en parte por el inicio de una onda exportadora hacia Brasil, que ponía en ejecución el Plan Real. Las consecuencias más agudas de esta crisis duran aproximadamente un año.

3) Un nuevo ciclo de recuperación desde mediados de 1996 hasta fines de 1998. En este periodo se produce una expansión importante de las exportaciones industriales. A partir de 1993 y hasta 1997 se incrementan en un 100%, arribando a una meseta, ya que en 1998 retroceden ligeramente. Uno de los motores principales de ese crecimiento es la exportación de automotores a Brasil, que colabora en casi el 20% en ese aumento. Otros sectores que contribuyen en una proporción significativa son la exportación de petróleo y las manufacturas de Origen Agropecuario (complejo oleaginoso), ambos de baja generación de valor agregado y ocupación de trabajadores (36).

Pese al incremento de la Producción Industrial, continúa el proceso de disminución del número de trabajadores ocupados, salvo durante 1997 en que crece un 1.5%.

4) Un ciclo de retroceso desde fines de 1998, como consecuencia de la crisis llamada “asiática” y en particular de la devaluación brasileña de enero de 1999, del cual aún no hemos salido.

La producción industrial decrece en el periodo 1999/2000 en un 15% aproximadamente. En esa caída influye poderosamente el sector automotor cuyas ventas en el mercado interno caen un 22% durante 1999 y un 19.2% en el 2000, pese a la vigencia del Plan Canje. La disminución de la actividad industrial no solo se origina en la caída del consumo, sino también en la de la inversión, que hasta el 3er trimestre del 2000 suma 8 trimestres consecutivos en descenso, con una reducción acumulada del 22%.

La industria de la construcción acumula un descenso entre los dos años del orden del 20%, estando en solo un 8% por encima de su nivel de actividad de 1993. Sólo en el primer semestre de 1999 la industria reduce su dotación en 52000 trabajadores, una cifra similar a la reducción operada durante toda la crisis del “tequila”.

Las ramas que sufrieron el mayor impacto durante 1999 son, además de vehículos automotores, la metalmecánica, neumáticos y textiles. Durante el 2000 la industria estuvo estancada en términos globales según el INDEC y, según estimaciones privadas retrocedió un 2.8% (37).

En ese marco durante el año 2000, algunas ramas tuvieron un comportamiento más dinámico respecto a 1999, como el sector químico (especialmente agroquímicos), automotores (que pese a la abrupta caída de ventas apuntada, aumentó su producción por la mayor demanda de Brasil), o el sector siderúrgico (excluido laminados planos y acero para la construcción).

En una visión panorámica de la última década se puede advertir que, en 1999 la producción industrial total estaba casi en los niveles de1993 y a fines del 2001 no hubo recuperación. Si consideramos el crecimiento de la población entre estos años, la industria ha tenido un franco retroceso.  

Estimador Mensual Industrial período 1994 - 2001  

La “Argentina viable” era y es para algunos sectores, la Argentina agraria, exportadora, agroindustrial y productora de petróleo y gas. La Argentina productora de bienes industriales, intermedios o finales, es un país “del pasado”. “Da lo mismo producir acero que caramelos, hay que producir lo que cuenta con ventajas comparativas” se dijo en la década del `70, y ese fue el concepto que inspiró en lo esencial la política gubernamental desde 1976, y particularmente en la última década.

Para este proyecto es viable aquello que está en sintonía con la “Globalización”, que es la manera elegante de decir, que no entra en conflicto con los intereses comerciales de las potencias mundiales y que se corresponde a las áreas que éstas y un reducido sector de la elite Argentina, están interesados en desarrollar en nuestro país, por la alta rentabilidad que ofrecen.

Desde ya, que esto no tiene en cuenta si, para ese modelo, sobra más de un tercio de los habitantes del país, o si nos retrotrae a una situación semicolonial.

Por consiguiente, la desindustrialización, el retroceso y la desarticulación de la estructura industrial no han sido el resultado no deseado de crisis externas que golpearon la economía Argentina, sino el resultado de una política que se aplicó, con variantes en estos años.

9.2. Efectos del dominio extranjero

La participación de las empresas formalmente reconocidas como extranjeras entre las 200 principales representaba en 1993 el 43.8% del total, ascendiendo en 1998 al 69.2% de ese total, y se acentuó notoriamente en estos dos últimos años (38). Mientras en 1993 las empresas reconocidas como de capital nacional y las asociaciones de éstas con empresas extranjeras generaban el 50,7% del valor de éstas grandes empresas industriales, en 1997 ese porcentaje se había reducido al 31%, del cual solo un 20% corresponde a empresas de capital nacional. En alimentos, bebidas y tabaco las empresas extranjeras acrecientan su participación del 55.3% al 65.8%; en combustibles, químicos y plásticos pasan del 54,4% al 85,1%; en maquinarias, equipos y vehículos pasa del 68,9% al 82,5%, y así sucede en la totalidad de las ramas fundamentales de la industria (39).

Pero el avance del capital extranjero en la industria no es tan sólo cuantitativo. Por vía de las privatizaciones de empresas públicas han pasado a controlar ramas enteras de la industria, como Techint al adquirir la exSomisa. En la alimentación las empresas extranjeras, fundamentalmente Norteamericanas o Francesas, controlan todas las grandes empresas del rubro como Terrabusi, Bagley, Canale Tang, Milka, Toblerone; participan casi controlando La Serenísima, Oleaginosa Moreno, e incluso empresas de rubros menores como Havana, Fredo, etc.

A su vez estos monopolios al controlar las grandes cadenas de comercialización (Carrefour, Wall Mart, Norte, Disco), y, en asociación con un reducido número de holdings como Pérez Companc o el grupo Roggio, controlan lo esencial de los servicios públicos privatizados, como las comunicaciones, el transporte, la generación y transporte de energía, los combustibles, los bancos y las finanzas, cierran un círculo de hierro sobre la industria y la producción nacional.

La creciente extranjerización de la industria acentúa poderosamente la dependencia y la distorsión de la actividad industrial, genera inmensos vacíos en el “tejido” industrial que son cubiertos por productos importados, y ocasiona la ruina y desaparición de una parte muy importante de la industria nacional en este sector. Se reduce drásticamente la investigación y el desarrollo en favor de la importación de tecnologías traídas desde las casas matrices. Estas determinan, desde EE.UU o Europa, qué se debe producir y cómo, al margen de cual es el interés nacional sobre el particular.

Así sucede en la industria automotriz, donde los monopolios deciden en sus países de origen, qué modelos producir en nuestro país y cuáles importar, en función de sus estrategias mundiales y regionales. En la industria petrolera, Repsol produce y exporta petróleo crudo y sin refinar, porque conviene a sus intereses. En la actividad minera, se desarrolla la extracción y se exporta mineral sin procesar porque conviene a los intereses de las empresas que explotan los yacimientos. Y lo mismo sucede en las distintas ramas de la industria.

La integración de la cadena de producción fabril “para adelante” y “para atrás” no le interesa a estos monopolios, que se guían por sus intereses.

En el área industrial, un caso notable es el de YPF-Repsol, que ha obtenido ganancias fabulosas con el aumento del precio del crudo, de las que en Argentina no quedó nada. “Así, mientras las tasas de utilidades sobre ventas de las 20 mayores petroleras en el mercado mundial fluctúan entre el 3,3% y el 6%, las de YPF lo hacen entre el 12,8% y el 17,9% “(40).

El otro camino es la concentración de la producción en las grandes empresas, en todas las ramas. La reducción en el número de empresas afecta con mayor impacto a las pequeñas y medianas. En el conjunto de la economía crece el tamaño medio de los establecimientos, como consecuencia de la desaparición de miles de pequeñas y medianas empresas. La quiebra de éstas es otro factor que ayuda a la expulsión de trabajadores industriales. La participación de las grandes empresas en la industria manufacturera crece del 36% en 1993 al 40% en 1997, y en la actualidad algunas estimaciones la colocan en aproximadamente el 50%. En el mismo periodo, su participación en la exportación pasa del 55% al 65%.

Incluso la versión oficial admite que” la concentración, la mayor presencia de las firmas extranjeras, plantean algunos interrogantes de cara al futuro en torno al tipo de transformaciones en la industria” (41).

A su vez entre las grandes empresas industriales hay una tendencia a disminuir el tamaño medio de los establecimientos, como consecuencia del proceso de tercerización, de la mayor utilización de insumos intermedios importados y para disminuir el nivel de los conflictos laborales.

En 1993 sobre 321 grandes empresas industriales, 85 contaban con más de 900 trabajadores, 127 entre 400 y 900, y 109 tenían menos de 400 trabajadores. En 1997 las cantidades pasan a ser sobre un total de 322 empresas: 78 con más de 900, 130 entre 900 y 400, y 114 de menos de 400. Este fenómeno responde también al relativo desplazamiento de las industrias con mayor empleo de trabajadores por aquellas de menos ocupación y mayor empleo de capital fijo.

La extranjerización, el peso inmenso de los monopolios y la correlativa concentración de la estructura industrial es el otro rasgo característico de los cambios operados en la última década.

9.3. Reconfiguración de la estructura Industrial

Los procesos antes apuntados han originado brutales cambios en el empleo industrial y en el parque industrial de distintas regiones. Para ello basta observar la masiva desaparición de industrias en el sur del Gran Buenos Aires, la aparición de “pueblos fantasma” como Cutral-Co o Tartagal, la desaparición de la industria metalúrgica de Rosario o de maquinaria agrícola en Santa Fe o la desoladora situación de San Nicolás (asiento de la exSomisa) en la provincia de Buenos Aires.

Simultáneamente han surgido nuevas concentraciones industriales, principalmente vinculadas al procesamiento de recursos naturales, con elevados niveles tecnológicos en algunos casos, como el Polo Petroquímico de Bahía Blanca y el complejo oleaginoso en la Provincia de Santa Fe principalmente, que en 1998 participaba con un 21% del total de las exportaciones argentinas y que incrementó su producción en más de un 150% en la década, y ha generado a su alrededor a un número importante de industrias que lo abastecen de maquinarias y equipos, algunos de los cuales se exportan.

Otros casos son por ejemplo, la industria lechera que ha tenido un crecimiento muy importante, o el sector limonero, cuya producción se concentra en un 80% en la Provincia de Tucumán. En la actualidad la Argentina es el primer exportador mundial de limón fresco (concentrando el 17, 9% de las exportaciones mundiales) y es a su vez el principal país industrializador del limón del mundo en términos relativos, contando con 16 plantas para ese fin, y más de 10 localizadas en la provincia de Tucumán.

En estos casos, como ha sido característico en los últimos años, este crecimiento y estas “reconversiones” no han generado progreso y bienestar sino que se edificaron sobre la ruina de miles de productores, cañeros o tamberos para los casos que hemos mencionado.

En el Gran Buenos Aires, creció la concentración industrial en la zona Norte, también afectada, como el resto del sector, por un proceso de expulsión de miles de trabajadores de las grandes plantas radicadas en la zona, como Ford, Volkswagen o Terrabusi. Se desarrolló el Parque Industrial de Pilar que ocupa a más de 3000 trabajadores.
 
Conclusiones finales  

1) El signo principal de ésta década ha sido la desindustrialización. Según los datos disponibles, en la actualidad, la industria manufacturera se ha reducido al 16 % del PBI y los trabajadores industriales son alrededor del 18% del total de asalariados del país. A su vez la industria de la construcción representa aproximadamente el 5% del PBI y ocupa aproximadamente al 3% de los asalariados. La minería representa el 1.5% del PBI y ocupa al 0.2% de los asalariados. Es decir que estas actividades, actualmente, suman un cuarto del Producto Bruto o del total de trabajadores asalariados.

2) El otro rasgo principal ha sido la concentración y extranjerización de la estructura industrial. Las industrias de capital nacional, participan con tan sólo el 20% del valor agregado bruto generado por las principales empresas, que en la actualidad concentran aproximadamente el 50% del valor generado por la industria. Las empresas de capital nacional que no forman parte de ese reducido círculo, pese a que son la mayoría y ocupan una porción muy importante de los trabajadores, han reducido notablemente su participación en las ventas, la producción y la generación de valor.

3) La Argentina, desde el punto de vista industrial, no avanzó en la última década, sino que retrocedió enormemente. Pese a ello, sería erróneo considerar que retrocedió hasta volver a ser un país agrario como a principios de este siglo y hasta la década del 40, pero su perfil industrial ha sido gravemente desfigurado y deteriorado, y su futuro industrial está seriamente comprometido (42).

4) Argentina es un país industrial, que ha venido adoptando un perfil esencialmente agroindustrial con un peso determinante en la explotación o transformación, con baja incorporación de valor, de recursos naturales, en alguna de sus formas, sea como elaboradores de productos del agro o proveedores de insumos para éste, en lo que se ha logrado un alto grado de especialización y modernización. Con un peso muy importante del sector de la energía, tanto en el petróleo, el gas, y la industria petroquímica. Existen a su vez conglomerados industriales muy gravitantes, fundamentalmente en la exportación, como la industria automotriz, la producción de caños de acero o la producción de aluminio. Subsiste, pero con un peso relativo atenuado, un importante sector de producción de bienes intermedios y bienes durables, de consumo y de producción, que aún constituyen una parte importante del aparato industrial y son el sector en donde existen en mayor medida las pequeñas y medianas empresas nacionales.

Del total de las inversiones de los monopolios extranjeros en la industria, en la última década, el 70% se orientó a cinco ramas industriales: Material de Transporte (22.0%), Química y Petroquímica (17.1%), Alimentos (15.2%), Refinación de petróleo (13%) y Bebidas (12.8 %).

Otro sector que creció en forma importante es la extracción de minerales, a través de yacimientos como Bajo de la Alumbrera (1997), Cerro Vanguardia (1998) y Salar del Hombre Muerto (1998). Es una de las pocas actividades industriales en crecimiento en la región del NOA, y en la que el 91% de la actividad está en manos extranjeras. No obstante, la política de estas empresas de reducirse a la exportación del mineral sin establecer una industria de transformación y la gran distancia de los yacimientos a los puertos de exportación va a significar un obstáculo importante para su crecimiento.

5) En definitiva los sectores más favorecidos en estos últimos años son ramas altamente concentradas, de escasa generación de valor agregado y reducida utilización de mano de obra.  
_______
 
NOTAS  

1. Dorfman (1940) y varias historias contadas en revistas de la UIA de la década del sesenta.
2. Se presenta la situación general de la industria en el siglo pasado basados en las obras de Ferns (1960) y Dorfman (1940) y las demandas productivas (El saladero), un estudio de Montoya (1970-71).
3. Citado por Ferns (1960), página 79.
4. Citado en Maludirie y Gazzano (1888).
5. Citado por Dorfman (1970), páginas 298 – 300.
6. La producción de las usinas eléctricas se vende a las industrias que tienen motores que funcionan con esa energía, de modo que no es posible sumar la potencia instalada por unos con la consumida por los otros aunque ese error se repite en buena parte de la literatura disponible.
7. El texto de este capitulo se inicia en base a las obras generales de historia y al trabajo de Scobie (1977) así como los textos de Schvarzer (1977 y 1993b).
8. Un informe de Pablo Lavenir al Ministerio de Agricultura, escrito en 1901, adelantaba que no había progresos en el proceso fabril de los ingenios y que el “Peso del azúcar extraído por 100 de caña ha quedado igual (en décadas) si es que no ha bajado”.
9. La frase es un comentario de Rosenzvaig y Bonano (1993), página 68.
10. “Clase empresaria de uniforme” es el nombre que se le ha dado en Schvarzer (1978-79) por su rol como empresarios fabriles.
11. Citado por Wright (1981), página 160; Drosdof (1972), páginas 20 y 41.
12. Las perspectivas de la posguerra se basan en los textos del Consejo Nacional de Posguerra (1945), la Memoria de 1944 del Banco Central, el trabajo de Llach (1984) y los análisis de Dorfman (1944) sobre las exportaciones industriales.
13. El enfrentamiento con los EE.UU utiliza los trabajos de Escudé (1983) y Rapoport (1980).
14. La apuesta a gran Bretaña considera en especial las menciones sobre las relaciones entre la Argentina y Gran Bretaña que surgen de los estudios de Drosdoff (1972) y Wright (1981) aparte de los referidos a las relaciones internacionales del país.
15. Las instituciones de la posguerra se basa en el estudio de Schvarzer (1981a) sobre el Banco Nacional de Desarrollo y el trabajo de Novick (1986) sobre el IAPI.
16. Citado en los informes de las Comisiones Investigadoras sobre los casos CADE, Italo y Ansec.
17. El texto de este capitulo parte de tres trabajos de Schvarzer (1980a, 1987a y 1993b) y datos censales de 1954, 1964 y 1974.
18. Se trata de Feueilin y Hannan (1941).
19. Citado en Mallon y Sourrouille (1973), página 120.
20. La frase esta en la página 137 del segundo informe, tomo III, perteneciente a la CGE y el CFI (1963).
21. Este proceso se trata en Mallon y Sourrouille (1973), páginas 130 a 137, así como en Katz (1977), que presentan lo esencial de lo mencionado en el texto.
22. El texto de este capitulo incluye menciones al libro de Servan Schreiber (1968); en Katz (1974, 1976 y 1985); INTI (1974); FIEL (1972); Sercovich (1974-75) y Sourrouille (1976).
23. Uno de los primeros que marcó con fuerza esta idea fue Diamand (1969).
24. La estimación es de Sourrouille (1976).
25. M. Grondona en Visión (27/02/1970).
26. El texto de este capitulo sigue varias obras de Schvarzer sobre la política económica en el periodo de Martínez de Hoz, recopiladas en Schvarzer (1986); en análisis de la producción fabril en Schvarzer (1987); resultados de los censos económicos (1974 y 1985) y Memorias de SIAM presentadas en la bolsa.
27. La frese de Di Tela está tomada de declaraciones a la revista Competencia, N° 8, Buenos Aires, Julio de 1967.
28. Un estudio de FIDE (1988) estima que la inversión en equipos durables de producción ( que no son solo fabriles) se redujo a un mínimo en 1979-80 y se hizo negativa a partir de entonces; de allí que el stock de capital correspondiente alcanzara un máximo en 1980 y cayera luego de modo continuo.
29. La tabla que resume esa información sobre ramas y grupos esta en Schvarzer (1986), página 446.
30. Este capitulo resume diversos trabajos de Schvarzer (1990b; 1993a, b y c; 1994; 1995a, c).
31. El cálculo de los precios unitarios de las exportaciones fabriles está en Kosacoff (1994), páginas 124-139, mientras que el análisis de la posible oferta de esas plantas se trata en Schvarzer (1993).
32. Véase el “ Informe de Política Industrial (1976-81)” publicado en el Boletín Semanal del Ministerio de Economía, de fecha 09/02/1981,
33. Ingeniero Adolfo Dorfman. Caracterización del estado actual de la industria argentina. Argentina hoy, crisis del modelo 1995, Ediciones Letra Buena, Página 110.
34. Ingeniero Adolfo Dorfman. Caracterización del estado actual de la industria argentina. Argentina hoy, crisis del modelo 1995, Ediciones Letra Buena, Página 111.
35. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción- Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno.
36. La exportación de manufacturas, tanto de origen Industrial como de origen Agropecuario, crecieron de forma importante en todo el período 1990/1998, aún durante el efecto “tequila”, y en el caso del automotor creció en un 350 %. Por el efecto “automotores a Brasil” las de origen industrial crecieron más que las de origen agropecuario.
37. Ver Ámbito Financiero 26/01/01 “Definitivo, no subió producción en el 2000”.
38. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción- Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno. Página 150.
39. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción- Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno. Página 150.
40. Página 12. 12/01/01 Suplemento Cash. Mariano Montenegro sobre la base de datos de la Dirección de Cuentas Internacionales del Ministerio de Economía.
41. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción- Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno. Página 16.
42. El 65 % de las exportaciones argentinas, aunque muchas de ellas contengan un valor agregado muy bajo, proceden de algún proceso manufacturero. Pese al incremento de la participación de la importación, la mayor parte de los bienes intermedios de uso industrial y de los bienes de consumo, aún se fabrican en nuestro país. Además la Argentina tiene una larga e importante historia industrial, que a pesar del proceso de desindustrialización se conserva como una fuerza latente, en millares de empresas y de trabajadores. Sería un gravísimo error entender a nuestro país como otros del continente de estructura esencialmente agraria, sobre todo a la hora de pensar en como romper el actual cepo estructural y encarar un camino de desarrollo autónomo y autosostenido.  

BIBLIOGRAFÍA  

· Kosacoff. La Industria Argentina “Proceso de Reestructuración Desarticulada”. CEPAL/Alianza Bs. As. 1993.
· Ferrer, Aldo. La Industria Argentina, “El Devenir de una Ilusión, desde 1930 hasta nuestros días”. Ides Bs. As. 1989.
· Kasacoff. Industria Argentina, “Desarrollo y Cambios Estructurales”. CEPAL/Alianza Bs. As. 1989.
· Dorfman. Historia de la Industria Argentina. Solar-Hachette 1970.
· Kasacoff. La Industria Argentina en Transformación. CEPAL/Alianza Bs. As.1994.
· Schvarzer, Jorge. La Industria que Supimos Conseguir. Planeta 1996.
· Revista Informe Industrial. Septiembre 1990.
· Testa, V. La Evolución de la Industria Argentina. Peña 1986.
· Censos Nacionales Industriales. 1914, 1935, 1954, 1964, 1974. INDEC.
· Boletines Industriales “INDEC Informa”. 1990 a 2001.
· Boletines Estadísticos FIDE. “Coyuntura y Desarrollo” 1980 a 2002.
· FIDE. Anuarios Estadísticos. 1989 a 2001.
· INDEC. Estadísticas de Productos Industriales. 1990 a 2001.

CEPAL. Las Inversiones en la Industria Argentina en la Década del Noventa. 1998.

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