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7. 1976....ÉPOCA DE GRANDES CAMBIOS
En la década del setenta se registraron cambios bruscos de orientación
en el mercado mundial, pero tuvieron enorme repercusión en la Argentina;
sus efectos continuaron a lo largo del tiempo hasta modificar el rumbo
nacional y la posibilidad misma de la industrialización.
El primero de ellos fue el shock petrolero de 1973, que fue la suba de
precios de todas las materias primas que favoreció a los bienes
pampeanos. Ese aumento logró que las exportaciones argentinas treparan
en montos inesperados en 1974. Por primera vez en varias décadas, el
país registraba un saldo positivo en la balanza comercial.
Otro fenómeno decisivo en el ámbito mundial que impacto en la Argentina,
fue la expansión de un nuevo mercado financiero poco regulado, con
excedente de liquidez y dispuesto a prestar dinero sobrante.
El tercer fenómeno decisivo fue el avance de la ideología monetarista,
que logró sentar sus reales en el cono sur para efectuar sus ensayos de
política económica. El rumbo adoptado por Chile después del golpe
militar de 1973 fue seguido por el equipo económico argentino e imitado
en Uruguay un par de años después. Los monetaristas ignoraron la
producción, para ellos formaba parte de una rama secundaria de la
economía (curiosamente denominada el “Sector real”). La Argentina
comenzó a sufrir las consecuencias de ese enfoque adoptado durante el
gobierno militar, su aplicación quebró el sistema productivo y modificó
de raíz la vida económica y social.
La importación comenzó tímidamente en 1977, creció en 1978 y se
convirtió en torrente en 1979-80, a medida que el gobierno fomentaba ese
ingreso. El saldo del comercio exterior volvió a ser negativo.
7.1. Navegando contra la corriente
La industria entró en la crisis de 1975-76 en las mejores condiciones de
su historia. Venía de varías décadas de crecimiento continuo, signado
por algunas crisis coyunturales, y estaba en un proceso de expansión que
la había llevado, hacia 1974, al uso de toda su capacidad instalada,
mientras se lanzaban los nuevos proyectos de expansión de las ramas
básicas.
El ciclo de políticas sucesivas que se contrarrestaban mutuamente no se
repitió. El péndulo se detuvo en un extremo; la persistencia de las
elevadas tasas de interés sufridas desde 1975 y la apertura
indiscriminada a las importaciones fueron cambiando la economía
Argentina. Esos factores, junto con los cambios en la demanda local,
sorprendieron a la industria y, lentamente, cobraron su precio.
Algunas firmas endeudadas, las más audaces, optaron por la venta de
activos fijos para pagar sus compromisos, reducir costos y contraer
estructuras; se achicaron pero lograron sobrevivir. Otras quedaron a la
espera de una refinanciación “blanda” que nuca llegó. Sobrevivir en la
coyuntura resultaba más imperioso que la perspectiva de crecer. Fue así
que, muchas empresas se despojaron de sus ingenieros y especialistas no
ligados a la producción, abandonando toda visión del futuro y
deteriorando cualquier capacidad de implementar un cambio.
No todas las empresas fueron afectadas por el funcionamiento perverso
del nuevo mercado financiero. Algunas se vieron beneficiaron, sea porque
disponían de un cash flow positivo o porque podían tomar créditos a bajo
interés en el exterior para re-prestarlo a tasas elevadas en el mercado
local.
Estas empresas se transformaron en agentes financieros que tenían una
fabrica. La fabrica era un activo valioso en ese juego pues servia como
garantía para tomar nuevos créditos.
Las empresas se compraban o vendían en función de su capacidad para ese
juego antes que para producir. Las compras y ventas sucesivas de plantas
obsoletas con ese fin se aprecian claramente desde 1978 en adelante.
Un gran número de empresas clásicas desapareció en ese remolino. El
mercado bursátil, donde se podía comprar el paquete de control de
algunas empresas a muy bajo precio, fue un ámbito privilegiado de esas
maniobras. Lo mismo ocurrió con muchas otras; con el tiempo se
convirtieron en depósitos, supermercados, shoppings, esperando caer
sobre la piqueta para dejar espacio libre a nuevas actividades.
El atraso cambiario sorprendió a la industria en un momento en que se
mantenía el impulso inercial hacia la actividad exportadora.
La caída de las exportaciones fabriles quedó disimulada en las
estadísticas globales debido al ingreso de la oferta de las plantas
promocionadas en el período anterior. Estas nuevas plantas entraban en
producción en un mercado local contraído y debían salir al exterior para
sostener su actividad. Esas plantas contaban con la dimensión y la
eficiencia técnica necesarias para salir al mercado mundial, y lo
hicieron rápidamente. Su éxito es una consecuencia de la promoción
anterior y no de la apertura. La corriente de ventas de productos
petroquímicos, aluminio y siderurgia generada en las plantas que se
inauguraban, contrarrestó la decadencia de otras exportaciones fabriles.
El predominio de bienes modernos con relativa complejidad técnica de la
etapa anterior, dejo paso a las ventas de bienes manufacturados más
simples.
El atraso cambiario posibilito el ingreso de bienes competitivos de la
industria local, que fue alentado por sucesivas medidas oficiales. El
equipo económico tendió a favorecer por medios diversos esas
importaciones que, afirmaba, servían para controlar el precio de la
oferta local y obligarían a ésta a mejorar la calidad de su producto. En
breve plazo, algunas empresas se hicieron importadoras. Recorriendo en
sentido inverso la evolución seguida en la época del treinta. Otras
subsistieron mediante acuerdos con empresas externas, que las
convirtieron en simple armadoras de las piezas que les enviaban, dejando
de lado su actividad productiva y tecnológica. Solo pocas mantuvieron
sus plantas a la espera de un cambio de política.
7.2. La política oficial
El equipo que reasumió el poder en 1976 dejo seguir los proyectos
fabriles promocionales del período anterior, recién después que
terminaron los trámites formales de los casos más grandes, comenzó a
restringir, o eliminar, los beneficios de la promoción para los
proyectos industriales.
Este gobierno firmó generosos subsidios para quienes se radicaran en
algunas zonas del interior del país, que en los primeros años no
tuvieron mayor efecto debido a la inexistencia de incentivos derivados
de la situación económica del país. A partir de 1983 generaron un
problema mayor, muy pronto comenzaron las empresas a trasladarse a esos
lugares para captar dichos beneficios, dicho avance provoco el cierre de
la empresas ya existentes en las zonas consideradas por el gobierno
“peligrosas” por la concentración de mano de obra (Buenos Aires, Córdoba
y Rosario).
Los análisis mostraron que el costo de divisas de importar las partes
era mayor que si importaran el producto terminado. Los gobiernos
siguientes encontraron problemas para resolverlo debido al costo social
que involucra un cambio de reglas.
La política industrial, como se ve, tuvo importantes consecuencias en la
evolución del sector fabril, pero el fenómeno mas impactante fue el
derivado de la nueva estrategia financiera y, sobretodo, el
endeudamiento que ella genero en poco tiempo.
La deuda es entonces, la cuestión principal de la política económica
Argentina y la causa central de una crisis que todavía no se ha resuelto
pese a las afirmaciones optimistas de algunos voceros apresurados.
En 1981 se estaba, quizás, todavía a tiempo de revertir la situación
industrial, pero no fue así, la restricción perentoria impuesta por la
deuda externa impidió esa reacción.
7.3. El caso simbólico: SIAM
El caso representativo de esta crisis es el protagonizado por SIAM, la
empresa metal mecánica que había pasado a control estatal a comienzos de
la década del setenta. SIAM era un gran complejo formadas por tres
plantas ubicadas en el conurbanos, en el que fabricaba equipos
electromecánicos, caños con costura y sus clásicos electrodomésticos
para el hogar, que ocupaban a 10.000 trabajadores y disponían de mayor
eficiencia que en la década del sesenta. Era una empresa clave por su
origen y sus características aunque, debido a la crisis, se había
desprendido de sus filiales en el exterior ( Brasil, Chile y Uruguay).
Guido Di Tella, hijo del fundador decía en 1977, poco antes de perder el
control de la firma, que “ los países necesitan símbolos para
representar sus metas o sus destinos, y yo creo que SIAM es un poco eso
para la Argentina, como ( en otros países lo son ) Ford, Fiat o
Peugeot”. La evolución de SIAM, por eso, es un símbolo del camino
seguido por la industria Argentina. (27)
En pocos años el grupo SIAM se convertía en una sombra de si mismo. En
1978 quedaban sólo 4.800 trabajadores de los 10.000 anteriores y la
actividad se contraía sin cesar. El gobierno había decidido
privatizarla, tarea que se llevo a cabo en un proceso demasiado sinuoso
para ser efectivo. La primera oferta de venta con una base de 96
millones de dólares, realizada en 1979, no tuvo eco porque no se dio a
conocer el pasivo de la misma que debía afrontar el comprador. El año
siguiente se fue en aprestos. El 23 de marzo de 1981, un día antes de
entregar el cargo, el presidente de la nación firmó el decreto 427, que
establecía la liquidación de la sociedad y el cese del interventor que
había luchado por su subsistencia. El gobierno prefería cerrarla antes
que permitir que funcionara. La medida era un espejo de la guerra sucia
dirigida contra la empresa.
La liquidación no se llevo a cabo pero el decreto provoco la
inmovilidad comercial de SIAM, que no podía operar en esas condiciones.
La intención de privatizarla continuó en 1981, pero solo se llego a la
propuesta de dividirla en sus 3 plantas para venderlas por separado.
En 1985, las tres plantas se vendieron a empresas que operaban en las
respectivas áreas de negocios: la de electrodomésticos pasó a Aurora; la
de equipos, a Sade ( del grupo de Pérez Companc), mientras que la planta
de SIAT sufrió algunos avatares. Se vendió cuando estaba por decidirse
la obra del gasoducto Loma De Lata-Buenos Aires, que podía asegurar su
actividad. El gobierno optó por el grupo Bridas. Apenas 5 meses después,
Bridas vendió el control a Techint, dueño de Siderca.
Mas tarde SIAT cambio de nombre de modo que la marca SIAM quedó apenas
para el uso de una línea de heladeras domésticas (hechas por Aurora).
La orgullosa empresa que pretendió ser un símbolo del destino industrial
de la Argentina desapareció.
7.4. El condicionamiento de los empleados
La política económica modificó el comportamiento de los empresarios
locales. Su aplicación les demostraba, en el duro lenguaje de los hechos
que la producción era penalizada. La política económica forjaba una
disciplina perversa dado que consolidaba un mercado en el que
predominaba el criterio especulativo y las facilidades para exportar.
La política económica ofrecía, como siempre, estímulos y castigos.
Quienes se adaptaban a la misma, asumiendo las reglas del mercado
financiero y la apuesta importada, se beneficiaban claramente; quienes
ensayaban resistir perdían, a menos que se mantuvieran en nichos
protegidos del mercado o que gozaran de alguna forma de favor oficial.
Poco a poco, la industria como grupo generó ahorros que se desplazaban
hacia otros sectores de la economía, o bien hacia el exterior, como fuga
de capital. Los estudios disponibles estiman que, desde fines de la
década del setenta, la inversión neta fabril (entendida como la
diferencia entre la inversión bruta y la depreciación de los equipos
instalados) resulto negativa. (28)
La política económica comenzó a ofrecer, además, opciones alternativas
en negocios en torno del aparato del Estado a través de la llamada
“privatización periférica”. Debido a la las resistencias políticas y
sociales a una privatización masiva de las empresas públicas, se
comenzaron a desmembrar actividades con el objeto de otorgarlas al
sector privado en condiciones tales que aseguraban una elevada tasa de
ganancia.
La casi totalidad de esas transferencias de negocios creaba mercados en
los que no había transparencia ni operaba la lógica competitiva. En cada
caso había compradores únicos, o vendedores únicos, y contratos a largo
plazo que aseguraban ingresos con mínimo riesgos a sus tomadores.
Un estudio realizado en 1981 mostró que siete actividades promovidas por
el Estado habían atraído el interés de no menos de siete grupos
económicos que se diversificaban en ellas. Esa experiencia señalo el
camino para que esas áreas formaran el corazón de las privatizaciones
decididas una década más tarde: petróleo, gas, teléfono, construcción
pública, finanzas, minería y actividad nuclear (29). La rentabilidad de
esas operaciones desplazó el interés de los empresarios, que se volcaron
hacia ellas. Encontraban así una nueva vocación; en lugar de la
industria, cada vez más riesgosa y exigente en términos de tecnología y
organización, operarían servicios protegidos y amparados por un Estado
que, contra lo que demostraban los hechos, decía que buscaba instaurar
la competencia.
El estudio mencionado concluyo que se estaba forjando un nuevo tipo de
empresa, cuyos mayores trazos eran claros: grandes, de capital local,
actuando como conglomerados diversificados y operando en mercados no
competitivos que creaba la iniciativa oficial.
Una década más tarde ese proceso alcanzaría su punto culminante con los
cambios estructurales y la política de privatizaciones que reorganizó la
economía Argentina y término de definir la estructura industrial del
país en los umbrales del siglo XXI.
7.5. El cambio social
Los trabajadores fabriles fueron sometidos a una doble represión: la
física la generada por el cierre de establecimientos y la eliminación de
empleos. La primera destruía a los lideres y activistas y provocaba el
miedo entre los restantes. La segunda les quitaba sus fuentes de ingreso
y los alejaba de su grupo de referencia. El largo periodo de expansión
del número y mejora de la calidad técnica de los trabajadores llegó a su
fin, con efectos que se extendieron a lo largo del tiempo.
En una primera etapa, la represión afecto a la capacidad de acción de los sindicatos. El despido y la persecución de los activistas contrajo el poder del aparato de protesta pero no redujo de igual modo la actividad y la fuerza de los trabajadores.
La demanda de mano de obra especializada seguía siendo superior a la
oferta. Con el paso del tiempo esa demanda se achico; el cierre de
fábricas y la reducción de personal disperso a los trabajadores y
destruyo en gran medida su fuerza social.
Los mas afectados fueron los sectores donde se requerían mayor
calificación, como la rama mecánica y la electrónica. Renault redujo su
nomina de 12.000 trabajadores en 1975 a 6.000 en 1980; otras plantas de
Córdoba, y las empresas automotrices en general, aplicaron recortes
semejantes. El cierre de las demás dejo en la calle a miles de obreros
calificados.
Gran parte de los cesantes encontró solución en el trabajo por cuenta
propia: el manejo de autos de alquiler o la atención de pequeños
comercios.
Los fenómenos negativos eran incipientes y solo adelantaban el proceso
que siguió y se fortaleció en la década del 90, pero todos ya se
manifiestan en ese periodo: eliminación de todo estimulo a la industria
igual que a todo sistema tecnológico; reducción numérica y deterioro
social de los grupos interesados o ligados a ella, desde obreros hasta
técnicos y empresarios; fortalecimiento del modelo primario rentístico y
de las actividades de orden especulativo y financiero, desplazamiento
del discurso dominante desde el énfasis de la producción hacia el elogio
del consumo; apertura importadora sin esfuerzos en la dirección
contraria. Lo opuesto de todo de lo que se lleva acabo en los países que
realmente se desarrollan y tienden a ocupar un espacio en el mercado
mundial.
8. 1990: ATRAVESANDO TIEMPOS DIFÌCILES (30)
La crisis de la deuda iniciada en la Argentina en 1981 marcó el comienzo
de un largo período de ajuste signado por la deuda externa y la
inflación.
La inestabilidad política se veía sumamente agravada por dicha crisis
económica, cada coyuntura creaba un efecto multiplicador y disolvente
del desequilibrio financiero. La repetición de estas reacciones
“disciplinaron” a los sucesivos gobiernos, quienes se manejaban dentro
de una nueva era de inestabilidad, llamada la era de los “golpes de
mercado”.
La crisis oriento a los responsables del gobierno a adoptar soluciones
de corto plazo limitadas a la atención del sistema financiero y de
crédito quedando el sector industrial y productivo subordinado a esas
prioridades.
Desde junio de 1975 hasta marzo de 1981 la inflación se mantuvo en el
orden del 300% de promedio anual, haciendo que el ahorro se volviera
líquido para evitar los efectos de la inflación o para beneficiarse de
sus oportunidades potenciales.
Como consecuencia de ello, la inversión fija mostró una continua e
intensa tendencia descendente y la capacidad fabril se mantuvo estancada
cuando no en abierta caída, buscando adaptar su estructura y
características al nuevo contexto económico.
La inflación se contuvo en 1991 para dar lugar a la estabilidad, su
implementación creó exigencias que resultaron tanto o más crueles que
las sentidas durante la crisis inflacionaria, sin poder solucionar los
problemas de la década del ochenta, que se presentaron nuevamente, sólo
que en distintas formas.
8.1. Los ciclos del desconcierto
En la década del ochenta la actividad industrial se vio sometida a
ciclos breves pero intensos que se agravaban a medida que se repetían.
Su producto cayó en 1981/82, se recuperó algo en 1983/84 para volver a
caer a comienzos de 1985. El Plan Austral volvió a darle impulso
hasta1987 pero enfrentó una nueva caída en 1988 y un derrumbe en
1989/90, antes de una nueva recuperación.
La falta de incentivos de un mercado que no crece, y para peor oscila
intensamente, fue un factor de desestímulo de los productores, cuya onda
negativa se extendía a sus proveedores de partes e insumos, La misma
preocupación se repitió en diversas ramas de fabricantes de bienes
durables y aún en las de consumo.
A lo largo de la década del ochenta, diversas empresas comenzaron a
ofrecer parte de su producción en los mercados externos con la esperanza
de disponer de una base que amortiguara los efectos negativos de esa
variación, contando con promociones y subsidios de diverso tipo. El
primer acuerdo de integración con Brasil firmado en 1986, así como otros
convenios regionales que se consolidaron mas tarde en el MERCOSUR,
ofrecieron un estímulo adicional a dichas exportaciones. Esos intentos
volvieron a modificarse abruptamente hacia 1990, debido al nuevo valor
del tipo de cambio que se implantó desde entonces y agregó otro factor
de desestímulo empresario. Las condiciones negativas del contexto
resultaban tan fuertes que frenaban cualquier intento de inversión a
largo plazo.
Los ensayos de promoción se repitieron con el mismo fervor pero el mismo
fracaso, entre 1984 y 1988, para caer vencidos ante el torbellino
inflacionario de 1989 y el brusco cambio de tendencia ocurrido entonces.
A partir del cambio de gobierno se lanzó un intento sistemático de
desarme de todo el sistema de promoción fabril montado desde la década
del 30.
8.2. El desmantelamiento del sistema
Las rebajas de aranceles destrozaron implacablemente el antiguo sistema
proteccionista. Las tarifas bajas se combinaron con el nuevo valor del
tipo de cambio para dar lugar a una avalancha de bienes importados que
afectó las posiciones de una amplia fracción del espectro fabril. El
gobierno suspendió los planes de promoción industrial y redujo
beneficios ya concedidos, aparte de recortar sus plazos de vigencia. Por
otra parte, eliminó el Banco Nacional de Desarrollo. Sus recortes
presupuestarios afectaron al INTI, así como a buena parte del complejo
oficial de ciencia y técnica. La suspensión definitiva de otros
esfuerzos de desarrollo fabril de tecnología avanzada, como los ensayos
con misiles que llevaba a cabo la aeronáutica, fueron acompañados por la
suspensión de las actividades de la fábrica militar de aviones.
Este cambio profundo de orientación de la política hacia la industria no
impidió que se tomaran algunas medidas que continúan la trayectoria del
pasado. Las más conocidas protegieron a un sector especial (el
automotor) y algunas empresas grandes, cuya importancia económica y
presencia política resultaron adecuadas para defender sus posiciones.
8.3. Las respuestas fabriles
La industria se dividió, objetivamente, en sectores con evoluciones
distintas y hasta abiertamente contradictorias. Las empresas
automotrices mostraron el mayor dinamismo del conjunto a partir de 1991,
medido por sus ventas y sus exportaciones, que llegó a “arrastrar” hacia
arriba las cifras del producto fabril.
Las empresas aceiteras también expandieron sus operaciones impulsadas
por la mayor oferta de oleaginosas, y fueron acompañadas por otras ramas
específicas del sector alimentario, como la elaboración de cerveza y de
leche, la cual se incrementó con fuerza semejante y fue apoyada por la
demanda de Brasil posterior al Plan de Estabilidad, que puede absorber
los excedentes creados por ese aumento de oferta.
El reposicionamiento de la rama alimenticia, que ofrece posibilidades de
avance en el MERCOSUR, atrajo el interés de las transnacionales, que
tienden a liderar el proceso frente a la retirada de muchos empresarios
locales.
La electrónica se redujo a un mínimo, la producción de máquinas
herramientas, los astilleros y la fabricación de equipos ferroviarios lo
hicieron también.
La mayoría de los exportadores de aquellos rubros fabriles que lideraban
el proceso en los sesenta y setenta tendieron a ser desplazados; en su
lugar surgieron las empresas promocionadas entonces, las cuales no
pueden dejar de producir y por eso exportan el excedente, pero tampoco
pueden superar su nivel productivo sin nuevas inversiones; en la
situación actual, sus exportaciones encuentran un mínimo y un máximo que
depende de la evolución de la demanda local.
El precio de los bienes que ofrecen (commodities) se fijan en los
mercados mundiales y tienden a ser mucho más bajos que los que obtienen
los bienes más sofisticados y están sometidas a intensas oscilaciones
coyunturales.
El desplazamiento de los antiguos productos fabriles por estas
commodities explica porqué el precio unitario de las exportaciones
fabriles locales cayera a menos de la mitad entre 1978 y 1988. Los
posibles resultados positivos de ese esfuerzo exportador, medido en
volúmenes, se neutraliza en buena medida por el bajo valor cobrado por
los mismos. (31)
• Evolución de las exportaciones totales del país, años 1984 a 2001,
serie estacionalmente ajustada:

• Evolución de las exportaciones de manufacturas de origen industrial, años 1984 a 2001:

• Evolución de las importaciones totales del país, años 1991 a 2001, serie estacionalmente ajustada:

(*) Datos provisorios
El grueso de las importaciones argentinas en el año 2001 se concentra en
los rubros Materias Primas y Bienes Intermedios (7340M U$S), seguido por
Bienes de Capital (4188M U$S), bienes de consumo (3995M U$S) y Piezas y
Accesorios para Bienes de Capital (3402M U$S).
8.4. Los cambios en el contexto
Los cambios en el panorama global pueden observarse en el camino seguido
por algunas ramas respecto de las expectativas previas. Esos desvíos
permiten esbozar un balance de los cambios de frente ocurridos en estos
años.
Un caso característico lo ofrece la siderurgia, los planes de comienzo de la década del 70 suponían que esa industria “madre de industrias” seguiría creciendo para atender al mercado interno a un monto variable entre 11 y 18 millones de toneladas de acero para 1985. La realidad fue otra. La demanda de mediados de la década del 80 se mantuvo por debajo de la mitad del mínimo esperado por hipótesis; la oferta local tuvo que terminar buscando salidas en el exterior para sus excedentes.
El cambio en la estructura de la industria refleja en parte el
reemplazo de la oferta local por las importaciones. El estancamiento de
la siderurgia debería mantenerse en el futuro, pues la creación del
MERCOSUR favorece objetivamente a la oferta brasileña (que dispone de
yacimientos de hierro y adecuadas economías de escala) y reduce
incentivos al desarrollo local.
Los mismos cambios se aprecian en la petroquímica, las ambiciosas ideas
del crecimiento sectorial basado en la provisión a bajo costo de insumos
del que el país dispone (petróleo y gas) terminaron abruptamente cuando
se decidió llevar esos productos al precio internacional como parte de
la apertura de la economía Argentina.
La industria del cemento es otra de las ramas de gran inversión de
capital que sufrió el desfasaje entre sus perspectivas y la realidad.
Hacia fines de la década del ochenta las tres empresas de esa rama que
concentran más del 90% de la producción, encararon proyectos que
duplicaron su capacidad instalada hasta llegar a más de diez millones de
toneladas por año. Sin embargo, la rama no logró operar a mucho más de
la mitad de su capacidad productiva debido a la situación del mercado y
a su escasa posibilidad de exportar por el elevado costo del transporte
de ese producto.
8.5. La estrategia defensiva
Todos los indicadores señalan que la industria tendió a sostener una
estrategia defensiva basada en el mejor aprovechamiento de los equipos
existentes, en la tendencia a la reducción de personal (cuyos costos en
dólares se encarecieron a niveles insospechados en el período anterior)
y en la decisión de realizar sólo las inversiones necesarias para
subsistir. Esa estrategia recorta las posibilidades de crecimiento
global pero protege a las firmas del riesgo derivado de los cambios en
el contexto.
Cuando la capacidad instalada se colma y el mercado lo demanda, la firma
debe asumir las inversiones mayores que provoquen el cambio estructural.
Hasta ahora, la industria local sigue la primera etapa de la evolución
mencionada (de inversión defensiva), y la historia relatada sugiere que
ella va a encarar una opción en un futuro previsible: el retiro
definitivo de la empresa del mercado (como ya ocurrió otras veces) o su
renovación (como se espera). Ningún elemento indica que la suerte está
echada, pero la perspectiva no permite demasiado optimismo.
8.6. La inclinación hacia los servicios
La industria comenzó a ser vista como una proveedora de bienes de mala
calidad, cuyos precios se mantenían elevados pese a los ingentes
subsidios recibidos. El cambio de status de dicha actividad coincidió
con la expansión acelerada de otras áreas, en especial de los servicios
de todo tipo. La creación de oportunidades en ese sector, vía las
privatizaciones de empresas existentes o concesiones decididas con ese
propósito, generó un efecto de atracción hacia el capital y los
empresarios. Los individuos con espíritu abierto encontraron en esas
actividades la válvula de escape a sus inquietudes, que no encontraban
en el ámbito industrial.
El atractivo de los servicios, incluyendo la importación de bienes,
generó un desplazamiento del interés de los empresarios y del capital,
que afectó a otras actividades en las condiciones locales que
presentaban ambas variables. La rentabilidad de los servicios se ve
fortalecida por su rápida rotación, que permite recuperar el capital, y
los correspondientes beneficios, en plazos más breves que los típicos de
las inversiones en nuevas implantaciones industriales. La evolución de
los grandes grupos económicos hacia los servicios comenzó a mediados de
la década del setenta, acorde con los cambios en la política económica
nacional, y se fortaleció con la experiencia de los años siguientes. A
comienzos de la década del ochenta se podía apreciar que varios de los
grandes grupos locales estaban ubicados en las actividades de servicios
periféricos a las empresas del Estado, como primer paso de sus avances
posteriores hacia el control de las mismas para cuando se lanzara el
cada vez más previsible, y demandado, programa de privatizaciones. Esas
actividades ofrecen la ventaja de que no deben enfrentar la competencia,
sea porque operan como monopolios naturales o por las características de
sus mercados, factor que las diferencia netamente de las expectativas
que ofrecen las áreas productivas.
Las fábricas ya no ocupaban el centro de atención de sus propietarios.
Parece una ironía que ése haya sido el diagnóstico del equipo económico
de Martínez de Hoz, en el cierre de su gestión de cinco años, un informe
oficial decía: la activa participación del Estado en la economía ha
provocado distorsiones, como el progresivo aguamiento de la clase
empresaria nacional, que ha tendido, en muchos casos, a desarrollar
actividades complementarias o periféricas a la propia actividad estatal,
con bajo riesgo y alto rendimiento. (32)
La experiencia de los grandes se repite entre los medianos y pequeños,
que tienden a seguir la misma tendencia aunque la información disponible
no permite precisar la dimensión de esos cambios.
El desplazamiento del empresariado nacional desde el sector fabril hacia
otras actividades fue acompañado por la inversión extranjera que
priorizó el sector de servicios local. Las mayores inversiones de ese
carácter entraron en los servicios o actividades de renta como el
petróleo. Los reducidos casos de ingreso de empresas transnacionales al
ámbito industrial ocurrieron mediante compra de empresas locales, que
reducen aún más las filas de empresarios argentinos. Esas transferencias
de las acciones de control incluyeron a varias empresas grandes y
líderes, y se concentraron en particular en la rama de alimentos, que
ofrece perspectivas potenciales de expansión debido a las ventajas
naturales del país y el atractivo del Mercosur. Ese renovado interés se
explica también por la apertura política al ingreso de capitales
externos en la rama tradicional de alimentos después de varias décadas
de protección a los propietarios locales, iniciadas, de un modo u otro
desde la propuesta de Pinedo en 1940.
Uno de los resultados fue que las tres mayores fábricas de galletitas,
cuyos propietarios formaban parte de la elite industrial desde el siglo
pasado o comienzos de éste, cambiaron de mano en un par de años.
Las facilidades para entrar en los nuevos negocios de servicios de
elevada rentabilidad y el desplazamiento de algunos empresarios por el
ingreso irrestricto (pero no masivo) del capital extranjero en nichos
selectos, son elementos adicionales que operaron contra la decisión
local de invertir en fábricas. El largo ciclo de ventajas de precio para
la fabricación nacional y privilegios para sus propietarios llegó a su
fin sin que la industria haya terminado de asentarse en la economía
nacional.
8.7. La pérdida de capital humano
La contracción de la clase obrera industrial coincide con la expansión
de la ocupación en las tareas de contenido más pobre, algunas de las
cuales son humanamente degradantes. El avance de la pobreza y la
desocupación contribuye a reducir el salario de los que trabajan; ese
resultado, que puede resultar funcional para los empleadores en el corto
plazo, reduce la posibilidad de educar a los hijos de los trabajadores
actuales, que deberían ser el capital de la industria futura. La
degradación social, que afecta al presente, extiende una amenaza sobre
las posibilidades del futuro.
La expansión relativa de algunos rubros agrarios, la pesca y la
extracción de petróleo no alcanzan a compensar la ausencia de la
industria. Su aporte no es lo suficientemente dinámico para crear las
riquezas que el país necesita, ni ofrece la capacidad para generar
empleo suficiente. La escasez de producción limita las posibilidades de
reparto, agravando la situación de los más pobres, la falta de dinamismo
del sector productivo reduce las posibilidades reales de oferta de
empleo.
La crisis industrial comienza a orientar el panorama social y económico
argentino en la dirección de otras naciones pobres de América Latina, a
las que el país siempre se sintió cercano en términos de cultura y
origen pero muy distante por su nivel de desarrollo y los ingresos de
sus habitantes.
Evolución del volumen físico de la producción industrial
(Base
índice 1993 = 100)

• Estimador Mensual Industrial período 1994 - 2001




9. CONCLUSIONES
9.1. La situación actual de la industria
La industria sufrió en ésta última década un retroceso gravísimo. Sin
embargo no se trata de un retroceso uniforme u homogéneo, hubo sectores
que avanzaron, hubo cambios de gravitación de unas ramas sobre otras,
cambios tecnológicos, notables cambios de propiedad en el aparato
industrial a favor de las empresas extranjeras y hubo cambios de gran
importancia en las relaciones laborales.
Es importante tener conciencia del desarrollo alcanzado por la industria
Argentina décadas atrás, con todas sus limitaciones, para advertir la
magnitud del retroceso sufrido.
“El PBI (Producto Bruto Interno Industrial) llegó a representar, o a
superar, la tercera parte del nacional (lo que significa bastante más de
la mitad de lo aportado por los sectores directamente productivos),
ocupando una quinta parte, y más de la población económicamente activa”
(33). A su vez “En 1990 el volumen de producción habría apenas recobrado
los niveles de 1970, en tanto que descendían a las dos terceras partes
los guarismos correspondientes al personal ocupado y a las horas
trabajadas” (34). Según publicaciones oficiales “la producción
manufacturera en 1990 es casi un 10 % inferior a la de 1970.
La década del 80 fue una década perdida para la industria” (35).
Es decir que el proceso de desindustrialización se remonta mucho más
atrás que esta última década. En 1970 los trabajadores industriales eran
el 28 % del personal ocupado, en 1999 descendieron al 18 %, y entre 1973
y 1993 cerraron 15000 establecimientos industriales, o sea un 15 % del
total. Por tanto es un elemento esencial a considerar cuando se juzgan
los datos de su evolución en los 90, dado que el punto de referencia es
uno de los escalones más bajos de los últimos años.
La Argentina fue hacia la década del 50 y 60 el país mas avanzado en
cuanto a desarrollo industrial en América Latina, con una industria
aeronáutica y espacial, con un dominio avanzado de la tecnología
nuclear, una industria automotriz propia en la década del 50, una
industria de armamentos muy importante y con anterioridad a todos los
demás países de la región una industria electrónica avanzada.
De todos esos avances obtenidos por nuestro país en materia de
desarrollo industrial, en la actualidad sólo queda el recuerdo.
En un sentido contrario, otro elemento que no resulta contenido en una
mera comparación estadística, lo constituye la desintegración del
aparato industrial, que en la actualidad se ve obligado a aprovisionarse
de bienes intermedios de producción en el exterior, mientras
anteriormente se fabricaban en nuestro país.
En cuanto a esta última década podemos identificar diferentes ciclos en
la evolución de la industria
1) Un ciclo expansivo a partir del inicio de la Convertibilidad en 1991,
fundamentalmente a partir del restablecimiento del crédito interno (el
“efecto cuota”). La mayoría de los sectores industriales experimentan un
crecimiento importante (insistimos que la base de 1990 era sumamente
baja), siendo los más destacados, material de transporte (especialmente
automotores), productos de plástico, celulosa y papel, productos de
madera, muebles y colchones, productos de cuero y calzado, bebidas. Los
únicos sectores que retroceden respecto de 1990 son textiles y metales y
sus fundiciones. Este periodo se extiende hasta fines de 1994, en el
cual la producción industrial global crece en un 34.6%. No obstante en
ese periodo se profundiza notablemente la expulsión de trabajadores por
la industria y el empleo Industrial disminuye un 13.5% (que venía
descendiendo desde mediados de la década del 70). Mayor producción,
menor ocupación, mayor explotación de los trabajadores.
2) Un ciclo de estancamiento y retroceso desde fines de 1994, como
consecuencia del impacto de la llamada “crisis del tequila”. Este
periodo se extiende hasta el II trimestre de 1996. Las ramas más
castigadas durante ese lapso son: textiles, prendas de vestir, productos
de vidrio, productos de madera, productos de plástico, automotor, y
materiales de construcción. Se profundiza la caída del empleo
industrial, que cae otro 8.5%. Los efectos sobre la producción
industrial se atenúan en parte por el inicio de una onda exportadora
hacia Brasil, que ponía en ejecución el Plan Real. Las consecuencias más
agudas de esta crisis duran aproximadamente un año.
3) Un nuevo ciclo de recuperación desde mediados de 1996 hasta fines de
1998. En este periodo se produce una expansión importante de las
exportaciones industriales. A partir de 1993 y hasta 1997 se incrementan
en un 100%, arribando a una meseta, ya que en 1998 retroceden
ligeramente. Uno de los motores principales de ese crecimiento es la
exportación de automotores a Brasil, que colabora en casi el 20% en ese
aumento. Otros sectores que contribuyen en una proporción significativa
son la exportación de petróleo y las manufacturas de Origen Agropecuario
(complejo oleaginoso), ambos de baja generación de valor agregado y
ocupación de trabajadores (36).
Pese al incremento de la Producción Industrial, continúa el proceso de
disminución del número de trabajadores ocupados, salvo durante 1997 en
que crece un 1.5%.
4) Un ciclo de retroceso desde fines de 1998, como consecuencia de la
crisis llamada “asiática” y en particular de la devaluación brasileña de
enero de 1999, del cual aún no hemos salido.
La producción industrial decrece en el periodo 1999/2000 en un 15%
aproximadamente. En esa caída influye poderosamente el sector automotor
cuyas ventas en el mercado interno caen un 22% durante 1999 y un 19.2%
en el 2000, pese a la vigencia del Plan Canje. La disminución de la
actividad industrial no solo se origina en la caída del consumo, sino
también en la de la inversión, que hasta el 3er trimestre del 2000 suma
8 trimestres consecutivos en descenso, con una reducción acumulada del
22%.
La industria de la construcción acumula un descenso entre los dos años
del orden del 20%, estando en solo un 8% por encima de su nivel de
actividad de 1993. Sólo en el primer semestre de 1999 la industria
reduce su dotación en 52000 trabajadores, una cifra similar a la
reducción operada durante toda la crisis del “tequila”.
Las ramas que sufrieron el mayor impacto durante 1999 son, además de
vehículos automotores, la metalmecánica, neumáticos y textiles. Durante
el 2000 la industria estuvo estancada en términos globales según el
INDEC y, según estimaciones privadas retrocedió un 2.8% (37).
En ese marco durante el año 2000, algunas ramas tuvieron un
comportamiento más dinámico respecto a 1999, como el sector químico
(especialmente agroquímicos), automotores (que pese a la abrupta caída
de ventas apuntada, aumentó su producción por la mayor demanda de
Brasil), o el sector siderúrgico (excluido laminados planos y acero para
la construcción).
En una visión panorámica de la última década se puede advertir que, en 1999 la producción industrial total estaba casi en los niveles de1993 y a fines del 2001 no hubo recuperación. Si consideramos el crecimiento de la población entre estos años, la industria ha tenido un franco retroceso.

Estimador Mensual Industrial período 1994 - 2001
La “Argentina viable” era y es para algunos sectores, la Argentina agraria, exportadora, agroindustrial y productora de petróleo y gas. La Argentina productora de bienes industriales, intermedios o finales, es un país “del pasado”. “Da lo mismo producir acero que caramelos, hay que producir lo que cuenta con ventajas comparativas” se dijo en la década del `70, y ese fue el concepto que inspiró en lo esencial la política gubernamental desde 1976, y particularmente en la última década.
Para este proyecto es viable aquello que está en sintonía con la “Globalización”, que es la manera elegante de decir, que no entra en conflicto con los intereses comerciales de las potencias mundiales y que se corresponde a las áreas que éstas y un reducido sector de la elite Argentina, están interesados en desarrollar en nuestro país, por la alta rentabilidad que ofrecen.
Desde ya, que esto no tiene en cuenta si, para ese modelo, sobra más de un tercio de los habitantes del país, o si nos retrotrae a una situación semicolonial.
Por consiguiente, la desindustrialización, el retroceso y la desarticulación de la estructura industrial no han sido el resultado no deseado de crisis externas que golpearon la economía Argentina, sino el resultado de una política que se aplicó, con variantes en estos años. Incluso la versión oficial admite que” la concentración, la mayor
presencia de las firmas extranjeras, plantean algunos interrogantes de
cara al futuro en torno al tipo de transformaciones en la industria”
(41).
A su vez entre las grandes empresas industriales hay una tendencia a
disminuir el tamaño medio de los establecimientos, como consecuencia del
proceso de tercerización, de la mayor utilización de insumos intermedios
importados y para disminuir el nivel de los conflictos laborales.
En 1993 sobre 321 grandes empresas industriales, 85 contaban con más de
900 trabajadores, 127 entre 400 y 900, y 109 tenían menos de 400
trabajadores. En 1997 las cantidades pasan a ser sobre un total de 322
empresas: 78 con más de 900, 130 entre 900 y 400, y 114 de menos de 400.
Este fenómeno responde también al relativo desplazamiento de las
industrias con mayor empleo de trabajadores por aquellas de menos
ocupación y mayor empleo de capital fijo.
La extranjerización, el peso inmenso de los monopolios y la correlativa
concentración de la estructura industrial es el otro rasgo
característico de los cambios operados en la última década.
9.3. Reconfiguración de la estructura Industrial
Los procesos antes apuntados han originado brutales cambios en el empleo
industrial y en el parque industrial de distintas regiones. Para ello
basta observar la masiva desaparición de industrias en el sur del Gran
Buenos Aires, la aparición de “pueblos fantasma” como Cutral-Co o
Tartagal, la desaparición de la industria metalúrgica de Rosario o de
maquinaria agrícola en Santa Fe o la desoladora situación de San Nicolás
(asiento de la exSomisa) en la provincia de Buenos Aires.
Simultáneamente han surgido nuevas concentraciones industriales,
principalmente vinculadas al procesamiento de recursos naturales, con
elevados niveles tecnológicos en algunos casos, como el Polo
Petroquímico de Bahía Blanca y el complejo oleaginoso en la Provincia de
Santa Fe principalmente, que en 1998 participaba con un 21% del total de
las exportaciones argentinas y que incrementó su producción en más de un
150% en la década, y ha generado a su alrededor a un número importante
de industrias que lo abastecen de maquinarias y equipos, algunos de los
cuales se exportan.
Otros casos son por ejemplo, la industria lechera que ha tenido un
crecimiento muy importante, o el sector limonero, cuya producción se
concentra en un 80% en la Provincia de Tucumán. En la actualidad la
Argentina es el primer exportador mundial de limón fresco (concentrando
el 17, 9% de las exportaciones mundiales) y es a su vez el principal
país industrializador del limón del mundo en términos relativos,
contando con 16 plantas para ese fin, y más de 10 localizadas en la
provincia de Tucumán.
En estos casos, como ha sido característico en los últimos años, este
crecimiento y estas “reconversiones” no han generado progreso y
bienestar sino que se edificaron sobre la ruina de miles de productores,
cañeros o tamberos para los casos que hemos mencionado.
En el Gran Buenos Aires, creció la concentración industrial en la zona
Norte, también afectada, como el resto del sector, por un proceso de
expulsión de miles de trabajadores de las grandes plantas radicadas en
la zona, como Ford, Volkswagen o Terrabusi. Se desarrolló el Parque
Industrial de Pilar que ocupa a más de 3000 trabajadores.
Conclusiones finales
1) El signo principal de ésta década ha sido la desindustrialización.
Según los datos disponibles, en la actualidad, la industria
manufacturera se ha reducido al 16 % del PBI y los trabajadores
industriales son alrededor del 18% del total de asalariados del país. A
su vez la industria de la construcción representa aproximadamente el 5%
del PBI y ocupa aproximadamente al 3% de los asalariados. La minería
representa el 1.5% del PBI y ocupa al 0.2% de los asalariados. Es decir
que estas actividades, actualmente, suman un cuarto del Producto Bruto o
del total de trabajadores asalariados.
2) El otro rasgo principal ha sido la concentración y extranjerización
de la estructura industrial. Las industrias de capital nacional,
participan con tan sólo el 20% del valor agregado bruto generado por las
principales empresas, que en la actualidad concentran aproximadamente el
50% del valor generado por la industria. Las empresas de capital
nacional que no forman parte de ese reducido círculo, pese a que son la
mayoría y ocupan una porción muy importante de los trabajadores, han
reducido notablemente su participación en las ventas, la producción y la
generación de valor.
3) La Argentina, desde el punto de vista industrial, no avanzó en la
última década, sino que retrocedió enormemente. Pese a ello, sería
erróneo considerar que retrocedió hasta volver a ser un país agrario
como a principios de este siglo y hasta la década del 40, pero su perfil
industrial ha sido gravemente desfigurado y deteriorado, y su futuro
industrial está seriamente comprometido (42).
4) Argentina es un país industrial, que ha venido adoptando un perfil
esencialmente agroindustrial con un peso determinante en la explotación
o transformación, con baja incorporación de valor, de recursos
naturales, en alguna de sus formas, sea como elaboradores de productos
del agro o proveedores de insumos para éste, en lo que se ha logrado un
alto grado de especialización y modernización. Con un peso muy
importante del sector de la energía, tanto en el petróleo, el gas, y la
industria petroquímica. Existen a su vez conglomerados industriales muy
gravitantes, fundamentalmente en la exportación, como la industria
automotriz, la producción de caños de acero o la producción de aluminio.
Subsiste, pero con un peso relativo atenuado, un importante sector de
producción de bienes intermedios y bienes durables, de consumo y de
producción, que aún constituyen una parte importante del aparato
industrial y son el sector en donde existen en mayor medida las pequeñas
y medianas empresas nacionales.
Del total de las inversiones de los monopolios extranjeros en la
industria, en la última década, el 70% se orientó a cinco ramas
industriales: Material de Transporte (22.0%), Química y Petroquímica
(17.1%), Alimentos (15.2%), Refinación de petróleo (13%) y Bebidas (12.8
%).
Otro sector que creció en forma importante es la extracción de
minerales, a través de yacimientos como Bajo de la Alumbrera (1997),
Cerro Vanguardia (1998) y Salar del Hombre Muerto (1998). Es una de las
pocas actividades industriales en crecimiento en la región del NOA, y en
la que el 91% de la actividad está en manos extranjeras. No obstante, la
política de estas empresas de reducirse a la exportación del mineral sin
establecer una industria de transformación y la gran distancia de los
yacimientos a los puertos de exportación va a significar un obstáculo
importante para su crecimiento.
5) En definitiva los sectores más favorecidos en estos últimos años
son ramas altamente concentradas, de escasa generación de valor agregado
y reducida utilización de mano de obra.
_______
NOTAS
1. Dorfman (1940) y varias historias contadas en revistas de la UIA de
la década del sesenta.
2. Se presenta la situación general de la industria en el siglo pasado
basados en las obras de Ferns (1960) y Dorfman (1940) y las demandas
productivas (El saladero), un estudio de Montoya (1970-71).
3. Citado por Ferns (1960), página 79.
4. Citado en Maludirie y Gazzano (1888).
5. Citado por Dorfman (1970), páginas 298 – 300.
6. La producción de las usinas eléctricas se vende a las industrias que
tienen motores que funcionan con esa energía, de modo que no es posible
sumar la potencia instalada por unos con la consumida por los otros
aunque ese error se repite en buena parte de la literatura disponible.
7. El texto de este capitulo se inicia en base a las obras generales de
historia y al trabajo de Scobie (1977) así como los textos de Schvarzer
(1977 y 1993b).
8. Un informe de Pablo Lavenir al Ministerio de Agricultura, escrito en
1901, adelantaba que no había progresos en el proceso fabril de los
ingenios y que el “Peso del azúcar extraído por 100 de caña ha quedado
igual (en décadas) si es que no ha bajado”.
9. La frase es un comentario de Rosenzvaig y Bonano (1993), página 68.
10. “Clase empresaria de uniforme” es el nombre que se le ha dado en
Schvarzer (1978-79) por su rol como empresarios fabriles.
11. Citado por Wright (1981), página 160; Drosdof (1972), páginas 20 y
41.
12. Las perspectivas de la posguerra se basan en los textos del Consejo
Nacional de Posguerra (1945), la Memoria de 1944 del Banco Central, el
trabajo de Llach (1984) y los análisis de Dorfman (1944) sobre las
exportaciones industriales.
13. El enfrentamiento con los EE.UU utiliza los trabajos de Escudé
(1983) y Rapoport (1980).
14. La apuesta a gran Bretaña considera en especial las menciones sobre
las relaciones entre la Argentina y Gran Bretaña que surgen de los
estudios de Drosdoff (1972) y Wright (1981) aparte de los referidos a
las relaciones internacionales del país.
15. Las instituciones de la posguerra se basa en el estudio de Schvarzer
(1981a) sobre el Banco Nacional de Desarrollo y el trabajo de Novick
(1986) sobre el IAPI.
16. Citado en los informes de las Comisiones Investigadoras sobre los
casos CADE, Italo y Ansec.
17. El texto de este capitulo parte de tres trabajos de Schvarzer
(1980a, 1987a y 1993b) y datos censales de 1954, 1964 y 1974.
18. Se trata de Feueilin y Hannan (1941).
19. Citado en Mallon y Sourrouille (1973), página 120.
20. La frase esta en la página 137 del segundo informe, tomo III,
perteneciente a la CGE y el CFI (1963).
21. Este proceso se trata en Mallon y Sourrouille (1973), páginas 130 a
137, así como en Katz (1977), que presentan lo esencial de lo mencionado
en el texto.
22. El texto de este capitulo incluye menciones al libro de Servan
Schreiber (1968); en Katz (1974, 1976 y 1985); INTI (1974); FIEL (1972);
Sercovich (1974-75) y Sourrouille (1976).
23. Uno de los primeros que marcó con fuerza esta idea fue Diamand
(1969).
24. La estimación es de Sourrouille (1976).
25. M. Grondona en Visión (27/02/1970).
26. El texto de este capitulo sigue varias obras de Schvarzer sobre la
política económica en el periodo de Martínez de Hoz, recopiladas en
Schvarzer (1986); en análisis de la producción fabril en Schvarzer
(1987); resultados de los censos económicos (1974 y 1985) y Memorias de
SIAM presentadas en la bolsa.
27. La frese de Di Tela está tomada de declaraciones a la revista
Competencia, N° 8, Buenos Aires, Julio de 1967.
28. Un estudio de FIDE (1988) estima que la inversión en equipos
durables de producción ( que no son solo fabriles) se redujo a un mínimo
en 1979-80 y se hizo negativa a partir de entonces; de allí que el stock
de capital correspondiente alcanzara un máximo en 1980 y cayera luego de
modo continuo.
29. La tabla que resume esa información sobre ramas y grupos esta en
Schvarzer (1986), página 446.
30. Este capitulo resume diversos trabajos de Schvarzer (1990b; 1993a, b
y c; 1994; 1995a, c).
31. El cálculo de los precios unitarios de las exportaciones fabriles
está en Kosacoff (1994), páginas 124-139, mientras que el análisis de la
posible oferta de esas plantas se trata en Schvarzer (1993).
32. Véase el “ Informe de Política Industrial (1976-81)” publicado en el
Boletín Semanal del Ministerio de Economía, de fecha 09/02/1981,
33. Ingeniero Adolfo Dorfman. Caracterización del estado actual de la
industria argentina. Argentina hoy, crisis del modelo 1995, Ediciones
Letra Buena, Página 110.
34. Ingeniero Adolfo Dorfman. Caracterización del estado actual de la
industria argentina. Argentina hoy, crisis del modelo 1995, Ediciones
Letra Buena, Página 111.
35. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción-
Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno.
36. La exportación de manufacturas, tanto de origen Industrial como de
origen Agropecuario, crecieron de forma importante en todo el período
1990/1998, aún durante el efecto “tequila”, y en el caso del automotor
creció en un 350 %. Por el efecto “automotores a Brasil” las de origen
industrial crecieron más que las de origen agropecuario.
37. Ver Ámbito Financiero 26/01/01 “Definitivo, no subió producción en
el 2000”.
38. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción-
Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno.
Página 150.
39. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción-
Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno.
Página 150.
40. Página 12. 12/01/01 Suplemento Cash. Mariano Montenegro sobre la
base de datos de la Dirección de Cuentas Internacionales del Ministerio
de Economía.
41. Reporte Industrial 1999- Centro de Estudios para la Producción-
Secretaría de Industria y Minería- editado bajo el actual gobierno.
Página 16.
42. El 65 % de las exportaciones argentinas, aunque muchas de ellas
contengan un valor agregado muy bajo, proceden de algún proceso
manufacturero. Pese al incremento de la participación de la importación,
la mayor parte de los bienes intermedios de uso industrial y de los
bienes de consumo, aún se fabrican en nuestro país. Además la Argentina
tiene una larga e importante historia industrial, que a pesar del
proceso de desindustrialización se conserva como una fuerza latente, en
millares de empresas y de trabajadores. Sería un gravísimo error
entender a nuestro país como otros del continente de estructura
esencialmente agraria, sobre todo a la hora de pensar en como romper el
actual cepo estructural y encarar un camino de desarrollo autónomo y
autosostenido.
BIBLIOGRAFÍA
· Kosacoff. La Industria Argentina “Proceso de Reestructuración
Desarticulada”. CEPAL/Alianza Bs. As. 1993.
· Ferrer, Aldo. La Industria Argentina, “El Devenir de una Ilusión,
desde 1930 hasta nuestros días”. Ides Bs. As. 1989.
· Kasacoff. Industria Argentina, “Desarrollo y Cambios Estructurales”.
CEPAL/Alianza Bs. As. 1989.
· Dorfman. Historia de la Industria Argentina. Solar-Hachette 1970.
· Kasacoff. La Industria Argentina en Transformación. CEPAL/Alianza Bs.
As.1994.
· Schvarzer, Jorge. La Industria que Supimos Conseguir. Planeta 1996.
· Revista Informe Industrial. Septiembre 1990.
· Testa, V. La Evolución de la Industria Argentina. Peña 1986.
· Censos Nacionales Industriales. 1914, 1935, 1954, 1964, 1974. INDEC.
· Boletines Industriales “INDEC Informa”. 1990 a 2001.
· Boletines Estadísticos FIDE. “Coyuntura y Desarrollo” 1980 a 2002.
· FIDE. Anuarios Estadísticos. 1989 a 2001.
· INDEC. Estadísticas de Productos Industriales. 1990 a 2001.
CEPAL. Las Inversiones en la Industria Argentina en la Década del Noventa. 1998.
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