Una marca está configurada por los siguientes elementos:
Nombre o Fonotipo:
constituido por la parte de la marca que se puede pronunciar. Es la
identidad verbal de la marca.
Logotipo: Es la representación gráfica del nombre, la grafía
propia con la que éste se escribe.
Forma parte de la identidad visual de la marca.
Grafismos: Son aquellos dibujos, colores o representaciones no
pronunciables. Completa la identidad visual de la marca.
A la totalidad de la marca, cuando consta de los tres elementos
anteriormente nombrados, también se le denomina Anagrama.
Puede que quizás el nombre de la marca sea la parte más importante de la
misma puesto que es por esa denominación por la cual va a preguntar el
consumidor a la hora de la compra. Por este motivo, es importante
definir las características que debe poseer dicho nombre, (cuantas más
reúna, mejor):
Brevedad. Una o dos palabras como máximo; una o dos sílabas; en resumen:
economía visual y oral que facilita su lectura y recuerdo.
· Fácil lectura y pronunciación. Para que el consumidor reciba el
impacto del anuncio es preciso que la marca sea fácil de leer y se
pronuncie de una sola forma. Sin embargo, es posible alcanzar una gran
notoriedad incluso cuando el nombre de la marca resulta incómodo para el
consumidor mediante grandes inversiones publicitarias de "enseñanza".
· Eufonía. La audición del nombre de una marca debe resultar agradable
para el oído del consumidor. Las letras "l, r, t, d" son de gran
audición mientras que las letras "g, k" causan desagrado. Por otro lado,
"x, k, j, t, w" dan a la marca sensación de robustez.
· Memorización. El nombre de la marca se ha de poder memorizar visual
y/o auditivamente con gran facilidad.
· Asociación y/o evocación. El nombre de una marca debe ser asociado por
los consumidores al tipo de producto a que corresponde, evocando al
producto, al sonido que produce el efecto de su uso, recordando
sentimientos positivos del producto...
Pero asociar o evocar no se deben confundir con describir ya que la
marca no describe al producto sino que lo distingue, por lo tanto, el
nombre no debe hacer una descripción del producto, ya que limitaría a la
marca en un futuro frente a posibles modificaciones o desarrollo del
producto.
· Distinción. El nombre de la marca debe conferir al producto
distinción, diferenciarlo de la competencia. Asimismo, se deberán evitar
mimetismos y nombres de moda. Se ha comprobado que la estrategia de
diferenciar un producto es la que ofrece mejores resultados y beneficios
para las empresas. Esto es así porque la diferenciación permite que la
empresa se proteja contra la competencia. Una empresa que desarrolla con
éxito una estrategia de diferenciación podrá imponer a sus productos un
precio más elevado que el de la competencia. La estrategia de
diferenciación permite, además, alcanzar mejores niveles de fidelidad de
los clientes.
· Adaptación. El nombre debe adaptarse a las necesidades del envasado o
la rotulación así como a cualquier tipo de soporte publicitario.
· Sintonización con el público, tanto a nivel moral como estético.
· Protección por la ley. El nombre y el logotipo se han de inscribir en
el Registro de Patentes y Marcas, dependiente del Ministerio de
Industria, para evitar imitaciones o plagios que puedan confundir a los
consumidores.
· Nivel Internacional. Es decir, que sea válida la pronunciación (que
engloba el recuerdo, la evocación...) para los diferentes países en los
que el producto vaya a venderse.
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